Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Documentos > La desigualdad urbana en España > http://habitat.aq.upm.es/due/a2.html

2. Algunas cuestiones sobre la desigualdad en España.


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Antes de estudiar la desigualdad en las ciudades, conviene introducir dos temas importantes como marco del estudio de la desigualdad urbana: la desigualdad en la sociedad española y las características del sistema de ciudades.

En el apartado 2.1 se presenta una síntesis de los resultados del estudio sobre las desigualdades en España que realizó Analística en 1996 para la Fundación Argentaria. En este apartado se puede comprobar cuál es la dimensión de la pobreza en España y las diferencias intraterritoriales, así como las principales situaciones de desigualdad a nivel generacional, de genero y de clase social.

En el apartado 2.2, se aporta un estudio de la Subdirección General de Urbanismo del Ministerio de Fomento, en el que se analiza la situación actual y dinámica reciente del sistema de ciudades español. Las características de los distintos sistemas urbanos en su estructura actual y en la dinámica de urbanización de los últimos 40 años, permitirá entender mejor la situación de los barrios de distintas ciudades españolas.



2.1. La desigualdad territorial y los grupos desfavorecidos en 1991.


A pesar de que en la década de los ochenta se han producido avances notables en la equiparación de las distintas regiones españolas, las desigualdades entre regiones y provincias, o entre el campo y la ciudad, siguen siendo muy acusadas en España. De hecho las desigualdades existentes en España son, en general, más fuertes que en buena parte de los países europeos más desarrollados.

La información estadística disponible permite afirmar que, en términos generales, a lo largo de este último período se ha producido una mejora de la situación de las zonas más desfavorecidas al haber aumentado el nivel de equipamientos, infraestructuras y servicios. No obstante, también existe evidencia de que el desarrollo se ha producido en una dirección que ha reforzado la hegemonía de las ciudades y de las áreas metropolitanas haciendo disminuir las posibilidades de generación de trabajo y de rentas en las áreas menos centrales y/o más rurales.

Este cambio tiene su reflejo más palpable en el hecho de que, entre 1981 y 1991, en tanto que la población española aumentó en 1,7 millones de personas, los municipios de menos de 10.000 habitantes perdieron cerca de medio millón de residentes.

En un resumen, forzadamente simplista, puede decirse que la situación menos favorable corresponde a las regiones y provincias con mayor importancia del sector agrario y del mundo rural.

Ahora bien, respecto a algunos fenómenos, las situaciones más desfavorables se concentran en las grandes ciudades que, sin embargo, suelen ocupar mejores posiciones en los indicadores tradicionalmente utilizados para medir el bienestar, y las desigualdades en los recursos económicos y en otros componentes del bienestar.

Pero existe un conjunto de fenómenos indicadores de una situación desfavorable que tienen mayor presencia en las ciudades y que son, en general, tanto más frecuentes cuanto mayores son éstas:

El problema que se plantea es que los indicadores estadísticos disponibles no permiten apreciar una buena parte de estos problemas.

Aproximando las desigualdades a nivel regional y provincial por la tasa de paro y los gastos o rentas de los hogares, se obtiene una primera visión de las diferencias existentes, que van a condicionar los resultados obtenidos en algunos de los estudios presentados en los que la referencia es la media nacional:

Consecuentemente, en los estudios en los que se adopta como referencia para analizar la desigualdad la media nacional, resulta inevitable que el número de barrios seleccionados y la proporción de población afectada sean mucho más elevados en aquellas regiones españolas con tasas de paro más altas.



2.1.1. La dimensión de la pobreza en España.


Algunos países tienen investigaciones específicas para medir la pobreza; en otros, se deriva de información de encuestas realizadas para otros fines. Este es el caso de la práctica totalidad de los países de la Unión Europea donde los distintos países miembros realizan Encuestas de Presupuestos Familiares que son la fuente estadística utilizada con más frecuencia para realizar una aproximación operativa de la pobreza, definida como "aquellas situaciones en las que se dispone de menos del 50 por ciento de la renta disponible media por adulto equivalente, en el país de que se trate".

Esta aproximación de la pobreza -que considera al hogar, y no a las personas, como unidad estadística básica para el análisis- descansa, por tanto, en una concepción "relativa" de la pobreza y utiliza variables monetarias (ingresos y/o gastos) para su estimación. Al tratarse de un concepto relativo, se esta considerando la pobreza como un caso particular, aunque extremo, de desigualdad en relación con la distribución de los recursos económicos.

Las regiones que concentran una mayor proporción de población en situación de pobreza no son muy diferentes de las que resultan comparando tasas de paro u otros indicadores convencionales.

Proporción de la población española bajo distintos umbrales de pobreza

Gasto 1981

Gasto 1991

Renta 1981

Renta 1991

Umbral del 10 por ciento

0,4

0,2

0,5

0,4

Umbral del 25 por ciento

3,5

2,3

3,3

2,3

Umbral del 50 por ciento

19,6

17,9

18,4

15

Umbral del 75 por ciento

42,7

41,3

41,5

39,5

Umbral del 100 por ciento

62,2

62

62,3

61,2


Fuente: La desigualdad en España. Argentaria.

La dimensión cuantitativa de la situación de pobreza relativa tiene unos límites precisos, en términos de la definición anteriormente aludida, por otra parte ampliamente asumida. En España, según puede observarse en la tabla anterior, la población en situación de pobreza relativa, tomando como referencia el umbral del 50 por ciento, se situaba entre el 15 y el 18%, en 1991, dependiendo de los indicadores que se tomen (índices de gasto por hogar o por persona, indicadores de ingresos, etc.). Cuando la referencia es la pobreza más severa y los umbrales son inferiores, la población afectada también es, lógicamente, menor.

Proporción y numero, de hogares y personas, en situación de pobreza relativa en la UE.

Hogares

Personas

(%)

Miles

(%)

Miles

EUR 12

19.170

48.628

Alemania ('88)

12

3.250

10,9

6.675

Bélgica ('88)

6,6

261

7,4

729

Dinamarca ('87)

4,2

98

3,9

200

España ('88) (1)

17,5

1.920

16,9

6.546

Francia ('89)

14,9

3.238

14,7

8.234

Grecia ('88)

20,8

711

18,7

1.868

Holanda ('88)

6,2

366

4,8

706

Irlanda ('87)

16,4

166

15,7

556

Italia ('88)

22

4.494

21,1

12.111

Luxemburgo ('87)

9,2

12

11,1

41

Portugal ('89)

26,5

839

24,5

2.532

Reino Unido ('88)

17

3.819

14,8

8.436


Fuente: EUROSTAT: Eurostat's statistical research on poverty. Ponencia presentada al Seminar on the Measurement and Analysis of Social Exclusion, Bath, Inglaterra 17 y 18, junio 1994. El paréntesis indica el año al que se refiere la Encuesta de Presupuestos Familiares utilizada; en el caso de España, se han utilizado los resultados de la Encuesta Continua de 1988.

En las estimaciones de pobreza existentes para diversos países europeos, las proporciones de población y de hogares afectados son substancialmente diferentes. Como se puede apreciar en la tabla siguiente, Grecia, Portugal e Italia se situaban por delante de España en la fecha de referencia; en tanto que las estimaciones correspondientes a Francia, Irlanda y Reino Unido no se alejan mucho de las españolas.



2.1.2. Características generales de la desigualdad en España hoy.



Las desigualdades relativas son, al inicio de la década de los noventa, menos acusadas en España que en los años anteriores. Ha disminuido la concentración de los ingresos y de los gastos, y también la incidencia de la pobreza.

La generalización de los sistemas de educación y sanidad publica, así como las substanciales mejoras en el sistema de pensiones y la creación de salarios de integración, han contribuido a mejorar las condiciones de algunos grupos desfavorecidos, mostrando que la actuación del sector público cumple una función claramente redistributiva. La participación en el PIB de las prestaciones de protección social aumentaron un 33% en el periodo 1980-93 pasando de un 17.5 a un 23.4%, lo que supuso un aumento de las prestaciones por hab. del 80% en ptas. constantes.

Otros factores político-institucionales, como los Fondos Europeos y el Estado de las Autonomías, han tenido su reflejo en la mejora de las infraestructuras y equipamientos a lo largo y ancho del territorio. Asimismo, el desarrollo económico ha reducido el peso de las ocupaciones menos cualificadas y peor remuneradas.

Sin embargo en los 90 existen síntomas de agudización de algunas situaciones de desigualdad, que afectan a colectivos específicos, apareciendo nuevas formas de marginación y de exclusión: se ha consolidado una tasa de paro elevada con grupos en situaciones de desempleo con difícil acceso al mercado laboral (larga duración, sectores básicos, etc.), que afectan especialmente a trabajadores con escasos recursos económicos (que dificultan el autoempleo), profesionales (experiencia laboral, formación inadecuada, dificultad de adaptación, etc.) y sociales (hogares con mas cargas para el trabajador como los monoparentales o con varios hijos, etc.).

La dualización es un peligro anunciado pero no una tendencia, al menos hasta 1991. De hecho la pobreza en el ámbito nacional esta estabilizada en torno a un 20% entre 1974 y 1991.



Principales situaciones de desigualdad.


Las desigualdades generacionales son superiores a las que se observan según genero, clase social o lugar de residencia:

Las desigualdades entre varones y mujeres siguen siendo importantes aunque en la historia reciente se ha producido un progresivo acercamiento entre las posiciones de ambos géneros:

La clase social continúa siendo una variable fuertemente discriminante en relación con las condiciones de vida:



Una aproximación a los colectivos pobres y excluidos.


Es difícil el conocimiento de los colectivos más próximos a situaciones de pobreza y exclusión social. No se dispone de cuantificaciones precisas, entre otras causas por su dispersión territorial, y las situaciones de marginalidad e ilegalidad de algunos de sus protagonistas.

La pobreza (línea del 50%) disminuyó ligeramente, afectando al 18.1% (entre el 15 y el 18.5% según los indicadores que se utilicen) de la población española, es decir a unos 7 millones de hab. Esta población podría considerarse como precarizada por su situación económica y, por lo tanto, con serias dificultades de integración social.

La incidencia de la pobreza es superior en los ancianos, aunque ha disminuido mucho en el ultima década, y, sin embargo ha aumentado entre los jóvenes. Los hogares más afectados son los formados por ancianos y los monoparentales (en los que el 94% de los casos tienen a una mujer como sustentador principal). Los grupos sociales en los que hay mayor incidencia son los trabajadores agrarios y los parados de larga duración.

La pobreza severa (línea del 25%) afecta a unas 885.000 personas, un 2.3% de la población española. Una estimación realizada por M. Gaviria, de la dimensión de la población afectada por pobreza severa o exclusión en España la sitúa entre 1.5 y 2 millones de personas.

Entre los grupos más afectados por la pobreza, según estimaciones de algunos expertos, se encuentran: mujeres con cargas familiares no compartidas, personas entre 58-65 años con pobreza severa y hogares en los que nadie trabaja con serias dificultades para ser empleados.

Por otro lado, los grupos principales en procesos de exclusión, siguiendo de nuevo la opinión de distintos expertos, pueden ser: personas de etnia gitana, inmigrantes extranjeros de países exteriores a la UE, muchos de ellos en situación ilegal, y transeúntes o sin-techo.



2.1.3. La distribución regional de la desigualdad en España.


El análisis de las desigualdades territoriales a través de las tasas de paro y las rentas de los hogares, permite una primera visión de las diferencias regionales existentes.

Las tasas de paro son muy diferentes, sobre todo las femeninas, llegando a duplicarse entre regiones y a triplicarse entre provincias. Las regiones con más paro son Andalucía, Extremadura y Canarias, y las provincias, Cádiz, Málaga y Badajoz, que tenían en 1993 un tercio de su población activa desempleada, cuando la media española era del 22.7%. Asturias y País Vasco tienen las mayores proporciones de parados de larga duración.

En los últimos cinco años, la evolución de la tasa de paro ha sido más favorable en la cornisa Cantábrica, Cataluña, La Rioja y Madrid, y han mejorado respecto a la media nacional regiones desfavorecidas como Extremadura, Andalucía y Castilla-León. La proporción de contratos temporales es muy superior en Extremadura y Andalucía.

El tamaño del municipio es discriminante tanto en el gasto total familiar como en su estructura, y de forma inversa en la proporción de hogares que poseen vivienda propia y en el tamaño de las viviendas.

En cuanto a la tenencia de automóviles el valor disminuye en el estrato de más de 500.000 hab, respecto al anterior. Las grandes ciudades dan los valores más desfavorables en indicadores de necesidades y tiempo de transporte y de contaminación atmosférica y acústica, así como en delincuencia, (especialmente Madrid).

La desigualdad en materia de educación (población analfabeta y sin estudios), alcanza valores próximos al 40% en Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía.

El análisis de la pobreza por regiones sobre la base de la clasificación, según deciles del conjunto nacional (A en la tabla), de los ingresos de los hogares, sitúa en las posiciones más desfavorables (suma de los tres primeros deciles) a Extremadura, Andalucía, Canarias, Murcia y las dos Castillas, junto con Ceuta y Melilla que son casos especiales de pequeñas ciudades. Sin embargo si la clasificación se hace para los deciles internos de cada región (B en la tabla), las que tienen más desfavorecidos son Cataluña, Madrid, Murcia y Navarra.

Proporción de personas según deciles de ingresos del conjunto nacional (A) y de la Comunidad Autónoma (B), por Comunidades autónomas. 1991.

Deciles

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

Total

Andalucía

A

8,3

11,0

11,6

11,7

10,8

10,9

9,8

9,1

8,9

7,9

100

B

6,0

7,3

8,6

9,6

10,3

10,6

11,4

11,5

11,9

12,7

100

Aragón

A

6,2

7,1

9,0

9,5

9,0

12,1

12,3

12,6

13,2

9,0

100

B

5,5

6,5

8,2

8,8

10,6

10,9

11,3

12,3

12,5

13,2

100

Asturias (Principado de)

A

3,4

4,8

6,3

9,3

12,2

13,1

13,7

15,2

10,5

11,7

100

B

5,0

6,7

9,5

9,1

9,8

10,4

11,3

12,3

12,5

13,4

100

Baleares (Islas)

A

4,8

5,7

6,1

8,5

11,5

6,5

13,4

12,9

16,2

14,3

100

B

6,1

5,3

9,3

10,1

9,7

10,9

12,1

11,4

12,6

12,5

100

Canarias

A

8,2

10,1

10,6

11,6

8,5

9,7

8,9

8,5

12,6

11,2

100

B

6,9

6,8

8,4

9,3

9,9

10,2

11,3

10,9

12,4

13,9

100

Cantabria

A

3,6

6,9

5,7

8,4

11,6

9,5

13,6

12,9

19,2

8,6

100

B

6,5

6,5

9,6

7,7

10,3

12,1

12,2

12,0

12,9

10,2

100

Castilla-La Mancha

A

8,2

13,3

13,1

9,9

10,5

10,9

9,0

7,9

9,8

7,5

100

B

4,5

6,7

8,5

9,6

9,9

10,7

11,3

12,4

12,7

13,6

100

Castilla y León

A

7,7

8,2

10,1

9,1

10,8

11,5

11,3

9,9

10,7

10,9

100

B

5,4

6,5

8,3

8,9

10,0

10,9

12,2

11,8

12,7

13,3

100

Cataluña

A

3,4

4,3

7,0

7,4

8,8

10,8

12,1

12,7

14,3

19,4

100

B

5,5

7,4

8,7

9,2

11,0

10,5

11,3

11,3

12,6

12,5

100

Comunidad Valenciana

A

5,7

7,6

9,8

10,9

11,8

12,0

10,8

11,5

11,0

9,0

100

B

5,2

7,3

8,5

9,4

10,3

10,8

11,3

12,0

12,5

12,6

100

Extremadura

A

15,2

13,1

13,8

12,1

11,5

10,6

6,6

6,5

6,0

4,7

100

B

6,0

7,2

7,8

8,2

10,3

10,8

12,0

11,9

13,1

12,7

100

Galicia

A

4,7

8,4

8,6

9,7

10,5

10,6

12,6

11,9

12,5

10,6

100

B

4,7

7,6

8,3

8,9

10,1

10,1

12,3

12,3

12,7

12,9

100

Madrid (Comunidad de)

A

2,6

2,5

5,2

8,4

8,5

10,6

13,1

14,5

16,0

18,5

100

B

6,0

8,2

9,3

10,1

9,5

10,8

10,9

11,2

12,1

11,9

100

Murcia (Región de)

A

8,0

11,9

9,7

13,2

10,4

9,8

10,0

7,9

9,6

9,5

100

B

6,8

8,0

8,7

8,6

10,4

9,9

11,3

12,1

12.6

11,6

100

Navarra (Comunidad Foral)

A

1,9

3,7

4,8

9,3

8,4

11,5

11,7

15,5

15,0

18,2

100

B

5,7

7,9

9,5

9,2

10,0

11,0

10,8

10,9

12,1

12,8

100

País Vasco

A

3,2

4,8

4,2

7,4

9,4

11,5

12,2

14,5

13,9

19,0

100

B

5,7

7,2

9,1

10,1

10,2

10,4

10,8

11,5

11,7

13,3

100

Rioja (La)

A

2,1

6,2

7,3

9,0

9,1

9,7

9,0

13,4

13,7

20,6

100

B

5,7

7,3

8,2

9,2

10,9

9,8

10,4

12,7

12,8

13,1

100

Ceuta y Melilla

A

14,0

9,6

12,9

11,8

8,9

11,3

3,1

8,9

10,0

9,6

100

B

7,6

7,3

7,8

9,1

10,5

10,0

12,2

11,9

12,2

11,4

100

Total

5,7

7,4

8,7

9,7

10,1

10,9

11,2

11,4

12,1

12,6

100


Fuente: Encuesta de Presupuestos Familiares 1990/91. Principales Resultados. INE

La desigualdad dentro de cada región es similar entre todas ellas pero tiende a ser más acusada en las regiones ricas que en las regiones pobres. El análisis de la proporción de personas en los tres deciles inferiores de ingresos, en distintas regiones, respecto al conjunto nacional, o respecto al propio conjunto regional, ofrece los siguientes resultados:



2.2 El sistema de ciudades español.


Situación actual y dinámica reciente, del sistema de ciudades español.

Antes de entrar a analizar el sistema de ciudades, hay que tener en cuenta la peculiar estructura municipal española, por la importancia que ésta tiene sobre la información estadística disponible. Esta división administrativa, resultado de distintos procesos históricos, ha dado lugar a un mapa municipal con fuertes diferencias entre las distintas Comunidades Autónomas.

Podemos establecer una tipología básica en cuanto al tipo de asentamiento, que contendría tres grandes categorías:

En las Figuras 1 y 2 se muestran las características del sistema de ciudades a través de los rangos de población municipales del padrón de población de 1996.

El primer gráfico, muestra con claridad el proceso urbanizador en España a lo largo del siglo: en 1900, aproximadamente el 70% de la población vivía en municipios inferiores a 10.000 hab, en tanto que en 1996, algo más del 70% de la población vive en municipios mayores a ese tamaño, siendo especialmente notable el incremento de los municipios superiores a 100.000 hab, si bien, en las décadas recientes toman protagonismo los municipios intermedios (10 - 100.000 hab), en detrimento de las grandes (más de 500.000 hab), que ven disminuir su peso a partir de 1981.

La situación en 1996 por Comunidades Autónomas, muestra en primer lugar el escaso número de municipios con más de 500.000 habitantes que tan sólo se presentan en cinco de las diecisiete CC.AA: C. de Madrid, Catalunya, C. Valenciana, Andalucía y Aragón. Las cuatro primeras tienen además un apreciable volumen de población residente en municipios de más de 100.000 hab, a pesar de tener grandes ciudades.

Por otro lado, en cinco CC.AA., la población residente en municipios de menos de 10.000 habitantes es superior al 40%, aproximándose esta proporción al 60% en el caso de Extremadura. Estas cinco Comunidades tienen en común su localización en el interior peninsular. En el extremo contrario está la Comunidad de Madrid la que, a pesar de su localización interior, tiene el mayor grado de concentración de la población en municipios de más de 50.000 habitantes.

Los desequilibrios existentes en la distribución actual del poblamiento son claros, como denota la existencia de grandes comunidades en extensión como Aragón, en que la en más de un 50% de la población reside en la capital de la Comunidad Autónoma, sin que por otro lado exista ningún otro municipio con más de 50.000 habitantes. Tan sólo cinco CC.AA. (Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía), tiene representación de todos los estratos de población considerados, siendo Madrid, la que menos porcentaje de población se agrupa en municipios inferiores a 10.000 habitantes y la que más población agrupa en los de más de 500.000 habitantes, manifestando, por tanto, su carácter netamente metropolitano.

Características territoriales del sistema de ciudades.

Analizando el sistema de ciudades, desde una óptica territorial integrada, se vislumbran los principales ejes de desarrollo existentes y las zonas con una desestructuración territorial más fuerte.

Como se aprecia en el mapa de 1996, hay dos zonas, Madrid y Barcelona, que tanto por el volumen de población de sus ciudades principales, como por el gran número de ciudades intermedias y pequeñas que las rodean se sitúan a un nivel superior al resto.

Figura 3: sistema de ciudades por volúmenes de población

En 1960, en la provincia de Madrid había 5 ciudades con más 10.000 habs. que pasaron a ser 33 en el año 1996. Este fenómeno ha provocado una pérdida muy fuerte del peso relativo de la capital sobre el conjunto, pasando de suponer un 87% del total del conjunto de la población urbana en 1960 a solo un 57% en 1996. El crecimiento de los municipios de su entorno se produjo generalmente a partir de pequeñas poblaciones cercanas a la capital en el recorrido de las carreteras nacionales principales, situándose los municipios de mayor crecimiento en las carreteras de Extremadura, Andalucía y Barcelona.

En Barcelona el proceso ha sido similar aunque partiendo de una situación muy diferente en el año 1960. En ese año en la provincia ya existían 25 ciudades con más de 10.000 habitantes pasando a ser 63 en el año 1996. El peso relativo de la capital sobre el conjunto ha pasado de suponer un 54% del total del conjunto de la población urbana en 1960 a solo un 33% en 1996. El desarrollo, realizado sobre la red de ciudades preexistentes ha tenido un gran impacto en el frente litoral y en los valles interiores.

En otro nivel, se encuentran los desarrollos de las zonas litorales mediterráneas e insulares, siendo las más destacadas:

En la zona norte peninsular, aunque los crecimientos demográficos también han sido importantes, estos se han desarrollado principalmente sobre la red de ciudades preexistente, aunque se podrían destacar los siguientes procesos:

En el interior peninsular, y ya comentado el fenómeno madrileño, la estructura del sistema de ciudades es muy similar a la situación de 1960:



Procesos vinculados a la formación del sistema de ciudades.


La formación y configuración de este sistema urbano-metropolitano, ha estado íntimamente ligada a la adopción de un modelo territorial urbano-industrial que ha tenido su expresión más evidente en los grandes flujos migratorios campo-ciudad que se dieron en nuestro país en el periodo 1950-1970 y que generaron la aparición de desarrollos urbanos incontrolados en las periferias de nuestras ciudades. En estas dos décadas, casi 7.000.000 de personas se desplazaron desde sus núcleos de origen a las grandes ciudades que concentraban la mayor parte del tejido industrial, Madrid, Barcelona y Bilbao. En el periodo 1961-1970, década en la que se produjo la mayor parte del flujo migratorio (casi 4.000.000 de personas), Madrid y Barcelona concentraron el 64% del total de la corriente migratoria. También la Comunidad Valenciana, fundamentalmente las provincias de Valencia y Alicante, actúa en este periodo como receptora importante de población inmigrante.

La urbanización acelerada de estos años le ha supuesto al país costes sociales y medioambientales que representan una pesada herencia con la que cargan las ciudades españolas. Herencia que las nuevas administraciones democráticas - Gobierno nacional (1976), Ayuntamientos (1979) y Autonomías Regionales (1980-83)- han intentado restañar con sus nuevas políticas, de forma más o menos afortunada según los casos.

A partir de 1970 se produce una crisis industrial en los sectores más tradicionales, manifestada principalmente en el abandono de la industria manufacturera de los ámbitos metropolitanos, con especial incidencia en las localidades más centrales. No sólo entra en crisis el modo de producción industrial, sino que también contribuyen a este proceso los cambios en las pautas de localización derivadas fundamentalmente de la aparición de nuevas tecnologías y de la mejora general de las infraestructuras y redes de transporte, que independizan la localización industrial con fuertes demandas de espacio de los tradicionales centros urbano - metropolitanos.

Al mismo tiempo, en los últimos 20 años, la globalización económica ha tenido en el caso español efectos reforzados por las políticas derivadas de la incorporación a la UE (1985), la implantación del Mercado Único (1989) y las políticas orientadas por el proceso de convergencia de Maastricht en los últimos años. La entrada de España en la OTAN y la CEE, bajo un régimen democrático con estabilidad política, facilitó la incorporación acelerada del país al ámbito de las economías de mercado desarrolladas.

En los años ochenta se registró en el plano internacional un profundo proceso de liberalización de los movimientos de capital, en los que España se vio progresivamente implicada, adoptando una sucesión de medidas de liberalización de los mercados financieros internos, que culminaron en 1989 con las medidas de libre circulación de capitales dentro de la UE.

Por otra parte, las nuevas demandas de centralidad se producen en actividades de servicios especializados a la producción y al consumo, con demandas de espacio moderadas, pero con una fuerte generación de valor añadido. Estos cambios substanciales en el modelo productivo, bajo la premisa de una creciente globalización e internacionalización de la economía, tienen unos efectos importantes a medio plazo que se manifiestan en algunos procesos de crisis como sucede en las áreas metropolitanas y aglomeraciones urbanas del norte de España (fundamentalmente Bilbao y Asturias).

Asimismo, la aparición del fenómeno turístico como elemento principal de la economía española tiene su reflejo territorial en la consolidación de determinados ejes de desarrollo urbano en aquellas zonas con mayor potencial y atractivo turístico.

Las ciudades han mejorado notablemente su habitabilidad, en estos años, debido a políticas de equipamiento, mejora del sistema de transporte y oferta de vivienda protegida. Sin embargo las fracturas sociales derivadas de la acelerada urbanización, en la que primaba la resolución cuantitativa de la oferta de vivienda mas que el crecimiento equilibrado de la ciudad, se ha visto reforzado en los últimos años por la mayor diferenciación entre barrios apoyada en la fuerte subida de precios inmobiliarios y la suburbanización.



Conclusiones sobre el sistema de ciudades.


Como conclusiones generales sobre el sistema de ciudades español y su evolución más reciente se podrían establecer las siguientes:


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Félix Arias Goytre

Fecha de referencia: 20-10-2001

Documentos > La desigualdad urbana en España > http://habitat.aq.upm.es/due/a2.html
 
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