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Alojar para el desarrollo: una tarea para los asentamientos humanos > http://habitat.aq.upm.es/iah/cepal/a006.html

Vivienda




Evolución demográfica y hogares


Si bien la desaceleración del crecimiento demográfico implica, con un cierto rezago en el tiempo, una reducción del aumento absoluto anual de la población de la región, no alivia la presión de la demanda de vivienda. Los censos de población de las rondas de 1970, 1980 y 1990 señalan un incremento sostenido del volumen anual de formación de hogares. El ritmo de este incremento ha permanecido relativamente estable en la región, y en varios países se ha acelerado.

De ocho países que disponen de información censal comparable para las últimas dos décadas, tres vieron aumentadas sus tasas de crecimiento de la cantidad de hogares: Panamá (de 2.8% a 3.6%); Paraguay (de 3% a 3.9%) y Perú (de 1.8% a 3.2%). En los restantes casos (Brasil, Chile, Ecuador, México y Venezuela), si bien el ritmo de aumento de las unidades domésticas se desaceleró, en términos relativos esta reducción fue menor que la del crecimiento demográfico. A modo de ilustración, cabe mencionar el caso de Brasil, cuya tasa de crecimiento de la cantidad de hogares se redujo de 3.1% en los años setenta a 2.9% en los ochenta, mientras la caída experimentada por el índice de crecimiento demográfico fue más significativa (2.5% a 1.9%).

Si se considera que en el conjunto de países analizados siguió elevándose la cuota anual de nuevos hogares (incluso en aquellos en que se redujo su ritmo de crecimiento), queda claro que la región deberá enfrentar una mayor demanda potencial de nuevas unidades de vivienda, cuyos índices de crecimiento bordean el 3% (véase la tabla 7 del Anexo). De tal manera, al menos en el mediano plazo, el sector no se beneficiará con la reducción de la presión demográfica que resulta del proceso de transición de América Latina y el Caribe.

De acuerdo con la información censal, se advierte también que durante las últimas décadas se produjo una reducción progresiva del tamaño medio de los hogares de la región. En el gráfico 1 se ilustra el comportamiento de ciertos países en esta esfera. Aun cuando estas tendencias deben considerarse a la luz de la evolución de los hogares de cada uno de los países, es evidente que las viviendas deberán acoger grupos residenciales con cada vez menos miembros. En términos generales, la pauta de alojamiento que adquiere la región resulta menos eficiente que la que predominaba antes, dado que exige un mayor número de viviendas. Aun cuando las soluciones habitacionales necesarias podrían ser más pequeñas cuanto más se redujera el tamaño de los hogares, los costos e instalaciones fijos que requiere cada unidad habitacional encarecen la tarea de alojar a los hogares latinoamericanos en estructuras más nuclearizadas. Por otro lado, teniendo en cuenta que, como se indica en los censos, más de la mitad del parque de viviendas cuenta con tres recintos o menos [CEPAL , 1995], la reducción del tamaño de los hogares podría ayudar a aliviar el hacinamiento habitacional que existe en muchos de ellos.


Figura 1: América Latina y el Caribe: cambios en el tamaño de los hogares


Figura 2: Estimación del número de hogares según dos escenarios de evolución


La dinámica de los hogares latinoamericanos parece responder entonces a factores bastante más complejos que las tendencias demográficas. Para determinar el volumen y las características de la demanda habitacional, es necesario hacer un análisis de la amplia gama de familias y hogares en que se agrupa hoy la población latinoamericana para compartir su vida doméstica [CEPAL , 1994b] [1] y de las tendencias que se pueden prever para los próximos años. Estos estudios son igualmente importantes al interior de los países para cuantificar, por ejemplo, la evolución de la demanda habitacional en zonas urbanas y rurales, o en los distintos niveles socioeconómicos.



Hogares y urbanización


La urbanización es un factor importante de nuclearización de los hogares. En los países que primero se urbanizaron, como por ejemplo los del Cono Sur, el envejecimiento relativo que acompaña a la disminución de la fecundidad y al aumento de la esperanza de vida aumenta el número de hogares unipersonales. A principios de la década de 1980 éstos representaban más de 10% del total en Uruguay, Argentina y Puerto Rico (12%) y más de 6% en Chile y Brasil. El proceso de urbanización favorece la preferencia por un tamaño familiar reducido, al facilitar el acceso de la mujer a los servicios de salud, la educación avanzada y el mercado laboral.

Cuando el proceso de urbanización aún está en desarrollo, puede elevarse sustancialmente la proporción de jefes de hogar debido al ingreso de una masa de jóvenes a la edad adulta. Al postular a un alojamiento, las parejas e individuos jóvenes constituyen un dinámico sector de solicitantes, dado que en general tienen mayores posibilidades de ahorrar para pagar una vivienda que las familias de más edad o tamaño.

En los países de transición incipiente y moderada, cuyas tasas de aumento demográfico son del orden de 2.5% y 3%, respectivamente [CEPAL/CELADE , 1993] y cuyas poblaciones están compuestas por un gran número de niños y jóvenes, aún se encuentran familias de mayor tamaño, muchas veces multigeneracionales o extensas, propias de sociedades con más población rural. Quizás estos hogares no busquen avanzar hoy hacia una nuclearización, pero es muy probable que modifiquen la pauta de estructuración de su grupo doméstico en cuanto adopten patrones culturales más urbanos [2].



Tabla 1
Estimaciones y proyecciones del número de hogares en el año 2025

Las estimaciones y proyecciones del número hogares son útiles para cuantificar las necesidades habitacionales. Como toda simulación, los cálculos pueden tener diferentes grados de complejidad. En este caso se recurrió a una metodología simple a fin de presentar una magnitud aproximada de la cantidad de hogares latinoamericanos y caribeños según los países. El parámetro empleado fue el número medio de personas por hogar resgistrado en los censos nacionales de población y vivienda celebrados entre la ronda de 1970 y la de 1990.

Las proyecciones se efectuaron en el marco de dos escenarios. En el primero, el número medio de personas por hogar consignado en el último censo disponible se mantuvo constante hasta el año 2025 y se aplicó a las proyecciones de población vigentes del CELADE hasta dicho período. En este escenario no se consideró la reducción del tamaño de los hogares observada en la región.

El segundo escenario supuso una tendencia descendente del número medio de personas por hogar; por tal motivo se lo ha denominado de "nuclearización acelerada", debido a la disminución de la fecundidad, el envejecimiento de la población y el aumento concomitante de los hogares de ancianos solos o en pareja, además de la independización temprana de los jóvenes. La hipótesis utilizada fue la evolución lineal de este indicador, desde la última cifra censal disponible hasta una cifra considerada factible en el año 2025, a la luz de su desarrollo histórico. Para los países en plena transición demográfica y en una etapa avanzada de transición (grupos III y IV de la tipología del CELADE), donde resulta probable una dinámica de nuclearización más activa o rápida, esta cifra se fijó en 3 personas. Para los países en una etapa de transición incipiente o moderada (grupos I y II de la misma clasificación), con mayores tasas globales de fecundidad y estructuras de edades más jóvenes, el indicador se fijó en 3.5 personas por hogar. Evidentemente, este escenario arroja un mayor volumen de hogares, lo que se traduce en una mayor presión sobre el subsistema habitacional.




De acuerdo con estimaciones realizadas para 19 países a partir de un total de 96 millones de hogares, en el año 2000 se alcanzaría una cifra de 112 a 123 millones de unidades domésticas, y de 151 a 224 millones al cabo de otros 25 años. Dado que el proceso de urbanización de la región continúa y no existen otros antecedentes sociodemográficos que hagan prever un vuelco de la tendencia acentuada de nuclearización familiar, parece adecuado esperar un fuerte incremento de los hogares. Según este escenario (véase la figura 2), en el período 1990-1995 la formación de hogares alcanzaría una cifra superior a los 2.5 millones al año en la región. Mientras las políticas de vivienda no cubran al menos estos volúmenes de necesidades, se sumarán al déficit preexistente y lo abultarán cada vez más.



Disponibilidad de viviendas, hogares y pobreza


La posibilidad real que tienen las familias para acceder a una vivienda independiente (sea formal o informal) también se relaciona con la conformación de los hogares. Si los hogares que se forman o se trasladan a los centros urbanos pueden ocupar un sitio y levantar una vivienda con cierta facilidad, será posible una mayor diferenciación. Una explicación del bajo promedio de personas por hogar que se registra en Bolivia, pese a que es un país en etapa de transición demográfica incipiente, puede ser la relativa facilidad de acceso al suelo que tiene la población para establecer su vivienda. Cuando, por el contrario, se restringe la posibilidad de acceder a un alojamiento diferenciado, sea formal o informal, las nuevas familias que se constituyen dentro de la población de menores ingresos deben allegarse a otros hogares. Estas restricciones a la autonomía doméstica de la familia se dieron en algunos países como consecuencia del fuerte control de la expansión ilegal de los asentamientos precarios en los años ochenta, acompañado de una muy reducida producción habitacional. Al reanudarse luego una atención habitacional masiva, muchas familias allegadas perciben la oportunidad de acceder a una vivienda propia y se constituyen en un sector importante de la demanda de nuevas viviendas.

La vivienda puede facilitar la subsistencia de las familias pobres. Los hogares que necesitan complementar sus ingresos apoyándose entre varios miembros han optado por arreglos domésticos transitorios o definitivos de convivencia entre varias familias [CEPAL , 1994a]. Estas estrategias domésticas fueron la respuesta reiterada frente al escenario de políticas de ajuste de los años ochenta, cuando en muchos centros urbanos los hogares pobres sufrieron la agudización de los problemas del hacinamiento.

Las estrategias de "allegamiento" o "arrimo" pueden tener connotaciones de distinto signo. Por una parte, si los miembros que se incorporan son hábiles y capaces de aportar sus ingresos o trabajo doméstico, los arreglos brindan flexibilidad y beneficios económicos para el grupo familiar. Debido a esta estrategia hay menos pobreza dentro de los hogares extensos que en hogares pobres de menor complejidad. Por otra parte, si los allegados no perciben ingresos significativos, la familia receptora debe prorratear sus entradas entre el conjunto de miembros, protegiendo así a los más vulnerables. En los hogares pobres, los afectados por la extrema privación presentan mayores índices de personas por hogar y tasas de dependencia demográfica que los hogares pobres no indigentes.

Una de las características más destacadas de los cambios de la estructura familiar en América Latina y el Caribe es el aumento de las familias encabezadas por mujeres. De los trece países para los que se dispone de información, sólo en Perú y Paraguay el porcentaje de hogares con jefatura femenina disminuyó levemente entre las décadas de 1980 y 1990. La gran mayoría de las mujeres que declaran ser jefas de hogar no tienen cónyuge y dirigen solas sus familias. Salvo contadas excepciones, los hogares encabezados por mujeres (sean extendidos, compuestos o nucleares) presentan índices de pobreza mayores que aquellos cuyos jefes son hombres. A principios de los años noventa, los hogares de jefatura femenina estaban sobrerrepresentados dentro de los indigentes (de manera particularmente visible en países como Venezuela, Costa Rica y Paraguay) [CEPAL , 1994a]. En los hogares encabezados por mujeres sin cónyuge y con tres o más hijos se dan las condiciones más propicias para activar mecanismos de transmisión intergeneracional de la pobreza, tales como el trabajo infantil, una alta tasa de repetición, la deserción escolar y el conjunto de condicionantes de baja adquisición de capital educativo [CEPAL , 1994a].



Los alojamientos existentes


De acuerdo con la información censal de 19 países, a comienzos de los años noventa la región contabilizaría un parque habitacional de 93 millones de viviendas particulares. En términos generales, dos de cada tres viviendas serían aceptables para alojar a los hogares latinoamericanos. Las restantes viviendas presentan deficiencias que, según su gravedad, pueden hacerlas recuperables o irrecuperables (véase la figura 3) [3].

Existen diferencias importantes en la calidad del parque habitacional de los diferentes países. Como se señala en la tabla 4, los países con mayor proporción de viviendas adecuadas son Argentina, Chile, Cuba, Uruguay y Venezuela, mientras que las disponibilidades menores, en términos porcentuales, serían las de Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Bolivia y Perú. La población de los tres países centroamericanos registra un crecimiento natural y niveles de ruralidad altos, mientras que en Bolivia y Perú, países más urbanizados, los sistemas urbanos son poco consolidados y acusan proporciones elevadas de hogares en condiciones de pobreza.


Figura 3: América Latina y el Caribe (19 países): composición promedio del parque habitacional


Las viviendas que requieren reparación son de materiales potencialmente aceptables pero tienen muros, pisos o techos que deben mejorarse sustancialmente. Los porcentajes de las viviendas recuperables oscilan, según el país, entre menos de 12% (Chile, Cuba y Venezuela) y cerca de 30% del total, conforme a los parámetros implícitos en los respectivos censos (Perú, República Dominicana, Brasil, Guatemala y Honduras). Cabe señalar que, pese al volumen de casi 21 millones de viviendas recuperables, las políticas habitacionales de la región no muestran una mayor inclinación a instrumentar programas de mejoramiento habitacional.

Las viviendas que se estiman irrecuperables son aquellas que, por su estado generalizado de deterioro o precariedad, exigen un reemplazo tan sustancial de sus componentes materiales que, en la práctica, deben reconstruirse en su sitio o reemplazarse en otro lugar. Este segmento, que alcanza a 12.5 millones de viviendas, incluye habitaciones altamente deterioradas y hacinadas en los cascos centrales de las ciudades, viviendas improvisadas o provisorias, ranchos y chozas, entre otras. En promedio representa más de 15% del parque y, para algunos países como El Salvador o Nicaragua, más de 30%.



Tenencia de la vivienda


América Latina y el Caribe es una región de propietarios: dos de cada tres viviendas están ocupadas en régimen de propiedad, cifra que, comparada con otras regiones, puede considerarse alta. La información de los censos de la década de 1990 confirma que esta situación no es exclusiva de los países más urbanizados o con mejores indicadores de desarrollo, sino que incluye un conjunto de países con diversa situación habitacional y social, como Honduras, Panamá, Perú, México y Venezuela, en los cuales el porcentaje de viviendas en régimen de propiedad se eleva a más de 70%.

Tabla 2
Viviendas en régimen de propiedad (%)
País 1960 1970 1980 1990
Argentina 59 59 68 68
Chile 39 54 63 68
Ecuador - 63 67 68
Panamá 59 63 67 76
Venezuela - 71 75 76
FUENTE: Para 1960, 1970 y 1980: CEPAL, Anuario estadístico de América Latina y el Caribe, Santiago de Chile, varios años; para 1990: censos de vivienda.


La tenencia en propiedad parece haberse acentuado en las últimas décadas, aunque ya en los años setenta era predominante. Entre otros factores, habrían contribuido a esta situación los incentivos a la propiedad y la compra de vivienda en los sectores social y comercial. Si se considera la alta proporción de vivienda no regularizada en el mundo en desarrollo, la estabilidad dominial que muestra la región constituye una condición socioeconómica positiva.

Según estudios del Banco Mundial [CNUAH , 1995], la regularidad dominial se ha reflejado en un aumento de hasta 60% del valor comercial de las viviendas, lo que incrementa sustancialmente el activo de las familias. Además, estas viviendas tienen mayores probabilidades de contar con infraestructura sanitaria en el futuro, de manera que la seguridad de la tenencia brinda un incentivo para que las familias deriven recursos propios para el mejoramiento de su vivienda. Se puede afirmar, entonces, que la alta proporción de propietarios de la región representa un factor que contribuye a elevar el ingreso, la calidad de vida y las oportunidades de capitalización de las familias.

No obstante, cabe señalar que los promedios nacionales no reflejan la realidad de los estratos más pobres, que registran la mayor proporción de tenencia irregular. Los países deberían considerar la implementación de políticas de regularización dominial que abarcaran los bolsones rurales y urbanos de vivienda no regularizada. Se trata de un asunto particularmente importante en los países del Caribe y Centroamérica, donde abundan los no propietarios y las viviendas rurales sujetas a complejos sistemas de tenencia. Por otra parte, podría estimarse acertada la asignación de las viviendas sociales en propiedad por parte de las políticas públicas que operan en la región, ya que la estabilidad implícita en este régimen ha resultado una buena motivación para que la familia colabore en el mejoramiento y cuidado de su vivienda o participe en la consolidación del barrio y la ciudad.

Lo anterior no excluye la necesidad de considerar otras formas de tenencia que se ajusten a la creciente movilidad que implica la urbanización y los nuevos escenarios de apertura. Las familias probablemente quieran modificar su ubicación residencial ante nuevas expectativas de empleo o ingreso. Las políticas deberían incluir la flexibilidad de la tenencia, aun para la vivienda destinada a sectores de menores recursos, para hacer posible que las familias se trasladen de ciudad, de barrio o de vivienda a medida que se les presentan nuevas oportunidades de empleo o progreso.



Déficit cuantitativo y cualitativo


Se puede estimar que, en promedio, de cada 100 hogares latinoamericanos, 60 habitan en viviendas adecuadas, 22 en viviendas que necesitan mejoras y 18 en alojamientos de extrema precariedad (irrecuperables) o en calidad de allegados en las viviendas de otros grupos familiares [4].

Según estas estimaciones, el déficit cuantitativo de la región, vale decir, el número de viviendas faltantes, alcanzaría a unos 18 millones de unidades. Sin embargo, también se aplicarían en este caso las observaciones anteriores relativas a la probable subestimación de los núcleos domésticos. Si consideramos los cálculos de los núcleos familiares adicionales de algunos países [Mac Donald , 1994], el número de viviendas faltantes llega a unos 20 millones. Dado el aumento anual de la cantidad de hogares previsto para el período 1990-1995 por concepto de formación de nuevas unidades de demanda, se hacen necesarios otros 2.68 millones de viviendas al año. En consecuencia, si en los próximos años la región no es capaz de alcanzar un ritmo de construcción acorde con estas dimensiones, el déficit cuantitativo seguirá abultándose. En Brasil y México, por ejemplo, el solo aumento de los hogares establecería una necesidad anual superior a los 900 000 y 530 000 viviendas, respectivamente.

Con arreglo al índice de carencias cuantitativas netas respecto del total de hogares, los países se dividen en cuatro grupos. En un primer grupo, de bajas carencias (menos de 15% de los hogares sin viviendas o en viviendas irrecuperables), se ubican Costa Rica, República Dominicana y Uruguay; en un nivel moderado, entre 15 y 19 viviendas faltantes por cada 100 hogares, estarían Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Guatemala, Honduras y Paraguay; en un nivel alto de carencias, con porcentajes inmediatamente superiores al promedio (entre 19 y 25 de cada 100 hogares), se ubicarían Ecuador, México, Panamá y Venezuela; en el cuarto grupo, con un porcentaje de carencias superior a 25% de los hogares, se encontrarían Bolivia, Perú, El Salvador y Nicaragua (véase la tabla 10 del Anexo).

El déficit cualitativo es aún más pronunciado que las carencias netas, ya que alcanza a más de 20 millones de viviendas. Si bien podría parecer menos grave desde el punto de vista de la urgencia social, su efecto económico es importante en el mediano plazo. Si los problemas cualitativos de las viviendas no se atienden oportunamente, puede aumentar el parque irrecuperable y en consecuencia también el déficit cuantitativo. De hecho, la oferta insuficiente de programas de mejoramiento en la región, además de las restricciones de recursos, que no permiten que las familias de menores ingresos hagan las mejoras necesarias por sí mismas, dificultan el buen mantenimiento del parque y favorecen la tugurización y el abandono de viviendas. Los porcentajes de viviendas recuperables oscilan entre cerca de 10% y más de 25% del total, como sucede en Guatemala, Colombia, Brasil, República Dominicana, Perú y Nicaragua (véase la tabla 3).



Tabla 3
Medición de las necesidades de vivienda y estadísticas censales

Dada la crónica limitación de la capacidad para atender las necesidades de vivienda en niveles que garanticen por lo menos que el déficit no seguirá aumentando, ha surgido en el debate habitacional la idea de que no es necesario calcular el déficit, si de todos modos los recursos disponibles no permiten construir lo suficiente. Más allá de estos planteamientos, es incuestionable que podrán mejorarse los programas si se dispone de un conocimiento objetivo de la magnitud, la composición y la distribución geográfica de las carencias habitacionales.

Desde esta óptica, los datos sobre las carencias de vivienda que se presentan en este documento no constituyen una calificación de desempeño de los países ni pretenden establecer magnitudes exactas de déficit. Para los países respecto de los cuales se dispuso de información detallada y actualizada, fue posible identificar con mayor precisión las deficiencias habitacionales. En los casos de información muy agregada, la precisión puede ser menor. La colaboración directa de algunas instituciones nacionales de vivienda también permitió ajustar las estimaciones efectuadas.

A partir de los últimos censos de vivienda celebrados en 19 países de la región, se clasificó el parque según la información sobre materiales predominantes y tipologías de vivienda.

En esta tarea se deben distinguir dos niveles de resultados. Por una parte, las estimaciones de viviendas irrecuperables calculadas a partir de las categorías de vivienda precaria empleadas por los institutos nacionales de estadísticas o vivienda ofrecen un mayor nivel de certeza. En cambio, hay que tener precaución al observar las cifras relativas a las viviendas recuperables, que en varios países pueden estar subestimadas. Es preciso que los países definan explícitamente el límite entre una vivienda adecuada y otra cuyos materiales deben mejorarse para ser considerada como tal. A ello se suma que la falta de información sobre el estado de mantenimiento de los materiales resulta una variable decisiva en la exactitud de este tipo de clasificación. En tal sentido cabe mencionar el sistema aplicado en el Censo de Población y Vivienda de Costa Rica (1984), según el cual se evalúa la situación en que se encuentra el material predominante, discriminando entre los materiales que no presentan ninguna falla o deterioro de su estructura, los que necesitan reparación de importancia, pero no un reemplazo total y, finalmente, los que deben ser reemplazados para proteger a los habitantes de la vivienda.




Al interior de los países, la tabla de carencias habitacionales muestra diferentes proporciones entre sus componentes cuantitativo y cualitativo. Mientras el componente cuantitativo predomina en países como Chile, Cuba, El Salvador y Venezuela, para otros como Brasil, Costa Rica, Honduras y República Dominicana dentro de sus carencias resulta mayor la incidencia del déficit cualitativo (véase la tabla 5). En cada caso, las estrategias habitacionales deberían considerar una combinación de programas calibrados en función de las prioridades de construir nuevas viviendas y mejorar las existentes.



Tabla 4
América Latina y el Caribe (19 países): parque habitacional (a) (1981-1993)
País Año Población (b) Hogares
estimados (c)
Viviendas particulares Viviendas
adecuadas
% Viviendas
irrecupe-rables
% Viviendas
recupe-rables
%
Argentina 1991 32.615.528 9.380.204 8.554.695 6.434.209 (b) 75,2 624.274 7,3 1.496.212 17,5
Bolivia 1992 6.420.792 1.614.995 1.614.995 880.172 54,5 406.979 25,2 327.844 20,3
Brasil 1991 145.657.806 35.517.542 34.734.715 19.490.609 56,1 5.098.394 14,7 10.145.712 29,2
Chile 1992 13.231.803 3.365.462 3.120.967 2.394.995 76,7 364.760 11,6 361.212 11,5
Colombia 1985 28.713.000 5.824.857 5.251.273 3.303.051 62,9 525.127 10,0 1.423.095 27,1
Costa Rica 1984 2.404.530 527.299 500.030 339.840 67,9 43.804 8,8 116.386 23,2
Cuba 1981 9.723.605 2.350.221 2.290.176 1.698.649 74,1 335.427 14,6 256.100 11,1
Ecuador 1990 9.648.189 2.136.889 2.008.665 1.375.212 68,4 296.609 14,7 336.834 16,7
El Salvador 1992 5.191.647 1.091.728 1.049.191 508.858 48,5 359.873 34,3 180.461 17,2
Guatemala 1989 8.663.859 1.610.994 1.591.288 874.111 54,9 283.225 17,8 433.952 27,2
Honduras 1988 4.443.721 808.222 762.117 481.658 63,2 90.921 11,9 189.767 24,9
México 1990 81.249.645 17.394.368 16.035.233 11.382.906 71,0 1.964.712 12,3 2.687.615 16,7
Nicaragua 1991 3.808.035 ... 639.531 128.545 20,1 289.994 45,3 220.992 34,5
Panamá 1990 2.329.329 541.704 524.284 365.650 69,7 86.268 16,5 72.366 13,8
Paraguay 1992 4.152.588 873.694 855.547 517.578 60,5 143.080 16,7 194.889 22,7
Perú 1993 22.639.443 4.762.779 4.427.517 2.231.469 50,4 872.221 19,7 1.323.828 29,8
Rep. Dominicana 1981 5.509.741 1.140.798 1.140.798 676.791 59,3 126.238 11,0 337.769 29,6
Uruguay 1985 2.955.241 902.300 823.253 685.934 83,3 40.998 4,9 104.553 12,7
Venezuela 1990 18.105.265 3.750.940 3.517.229 2.672.168 76,0 529.702 15,1 315.359 9,0
Composición promedio del parque habitacional Viviendas adecuadas: 63.1% Viviendas irrecuperables: 14.0% Viviendas recuperables: 23.0%
Fuente: CEPAL, elaborado sobre la base de censos nacionales. Para El Salvador: Ministerio de Planificación y Coordinación del Desarrollo Económico y Social (MIPLAN), Encuesta de Hogares, 1992-1993; para Guatemala: Instituto Nacional de Estadística (INE), Encuesta nacional socio-demográfica, 1989; para Nicaragua: información proporcionada en 1994 por el Instituto Nicaragüense de Fomento Municipal (INIFOM) y el Organismo Sueco de Desarrollo Internacional (OSDI); para Colombia: estimaciones del Instituto Nacional de Reforma Urbana y Habitacional (INURBE), Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (Hábitat) (CNUAH) y Departamento Nacional de Planeación (DNP); para Uruguay: información proporcionada por el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.

a La clasificación del parque corresponde a estimaciones sobre la base de información relativa a los materiales predominantes de construcción y al tipo de vivienda. En ausencia de tal información, o cuando fue necesario complementarla, se recurrió a las variables de servicios sanitarios (véase el cuadro 9 del Anexo).

b Las cifras correspondientes a la población son las que se consignan en los censos de los años indicados y pueden no coincidir con las estimaciones y proyecciones presentadas en capítulos anteriores. El porcentaje considerado de la población de América Latina y el Caribe en 1990 fue de 96.15%.

c Respecto de la cuantificación de la demanda, los cómputos de los hogares para Brasil, Chile, Costa Rica, Honduras, México y Panamá corresponden a los índices de personas por hogar extraídos de encuestas nacionales de hogares. Para Argentina, Paraguay y Uruguay, dada la cobertura urbana de la fuente, se estimaron los hogares urbanos adicionales agregándolos a los registrados por el censo. Para los restantes 10 países los cómputos corresponden a los hogares censales. Esta metodología no necesariamente coincide con las estimaciones nacionales, cuando éstas se basan en cómputos de hogares según información censal. Tal es el caso de México, que opera con 16.2 millones de hogares según el censo de 1990, y Argentina, que considera 8.9 millones de dólares de acuerdo con el censo de 1991.

d Incluye viviendas en la categoría "desconocidas".





Saneamiento


A principios del decenio de 1990, 73% de las viviendas contaban con suministro de agua por tubería. En 18 países, las carencias relativas más acentuadas corresponden a Paraguay (con 2 de cada 3 viviendas sin acceso a agua por tubería, según las cifras de 1992) y a Perú y Bolivia (países donde, en fecha análoga, 1 de cada 2 alojamientos carecía de agua potable). Estas cifras contrastan con las coberturas logradas en Uruguay, Panamá, Venezuela, Costa Rica, Chile y Argentina, donde la proporción de viviendas sin acceso a agua por tubería no supera el 20% de sus respectivos parques habitacionales. Aun así, en estos países las cifras absolutas de carencias denotan necesidades apremiantes (véase la tabla 7). La disponibilidad de sistemas de alcantarillado es más reducida que la de agua potable: a nivel regional sólo un 42% de las viviendas cuenta con alcantarillado. La cobertura oscila entre 50% y más (en Chile, Colombia, Costa Rica, México y Venezuela) y cifras inferiores a 25% del parque habitacional (en Bolivia Honduras y Paraguay).


Tabla 5
América Latina y el Caribe (19 países):
Estimación de deficiencias del parque habitacional y formación anual de nuevos hogares (1980-1993)


País Año Deficiencias cuantitativas (a) Deficiencias
cualitativas (b)
Déficit total (100%) (c) Aumento anual de
hogares (d)
% %
Argentina 1991 1.449.783 49,2 1.496.212 50,8 2.945.995 152.378
Bolivia 1992 406.979 55,4 327.844 44,6 734.823 44.400
Brasil 1991 5.881.221 36,7 10.145.71 2 63,3 16.026.93 3 909.000
Chile 1992 609.255 62,8 361.212 37,2 970.467 72. 000
Colombia 1985 1.098.711 43,6 1.423.095 56,4 2.521.806 2.000.00 0
Costa Rica 1984 71.073 37,9 116.386 62,1 187.459 25 000
Cuba 1981 395.472 60,7 256.100 39,3 651.572 42.000
Ecuador 1990 424.843 55,8 336.834 44,2 761.677 69.000
El Salvador 1992 402.410 69,0 180.461 31,0 582.870 31.000
Guatemala 1989 302.931 41,2 433.952 58,8 736.883 69.000
Honduras 1988 136.797 41,9 189.767 58,1 326.564 42.000
México 1990 3.323.847 55,3 2.687.615 44,7 6.011.462 535.000
Nicaragua 1991 289.994 56,8 220.992 43,2 510.986 29.000
Panamá 1990 103.688 58,9 72.366 41,1 176.054 16.000
Paraguay 1992 161.227 45,3 194.889 54,7 356.116 30.000
Perú 1993 1.207.483 47,7 1.323.828 52,3 2.531.310 105.000
Rep. Dominicana 1981 126.238 27,2 337.769 72,8 464.007 49.000
Uruguay 1985 111.812 51,7 104.553 48,3 216.366 8.400
Venezuela 1990 763.413 70,77 315.359 29,23 1.078.772 148.000
Composición promedio Déficit cuantitativo:
45.7%
Déficit cualitativo:
54.3%
Total: 100% 2 581 00 0
Porcentaje considerado de la población de América Latina y el Caribe en 1990: 96.15%

Fuente: CEPAL, elaborado sobre la base de censos nacionales y proyecciones del CELADE. Para El Salvador: Ministerio de Planificación y Coordinación del Desarrollo Económico y Social (MIPLAN), Encuesta de Hogares, 1992-1993; para Guatemala: Instituto Nacional de Estadística (INE), Encuesta nacional socio-demográfica, 1989; para Nicaragua: información proporcionada en 1994 por el Instituto Nicaragüense de Fomento Municipal (INIFOM) y el Organismo Sueco de Desarrollo Internacional (OSDI); para Colombia: estimaciones del Instituto Nacional de Reforma Urbana y Habitacional (INURBE), Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (Hábitat) (CNUAH) y Departamento Nacional de Planeación (DNP); para Uruguay: información proporcionada por el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.

a Deficiencias cuantitativas: Número de hogares - número de viviendas adecuadas y recuperables.
b Deficiencias cualitativas: Número de viviendas recuperables.
c Déficit total: deficiencias cuantitativas + cualitativas.
d Aumento anual de hogares: estimaciones del aumento anual para el período 1990-1995, según hipótesis de nuclearización para la evolución del número medio de personas por hogar.




Tabla 6
Interrelaciones entre las condiciones de vivienda, la mortalidad y el riesgo social

En América Latina y el Caribe las deficiencias que se registran en las variables relativas a la vivienda y el saneamiento constituyen un determinante reiterado del exceso de mortalidad y una característica sistemáticamente vinculada a los niveles de pobreza, el rezago socioeconómico y la inequidad territorial. Conforme a una serie de investigaciones sociodemográficas, se ha comprobado que las carencias de acceso a agua potable y a un sistema higiénico de eliminación de excretas son variables que se correlacionan de manera positiva con la intensidad de ciertas enfermedades propias de la población de mayor pobreza y la incidencia de la mortalidad infantil por grupos socioeconómicos. El CELADE analizó los factores de riesgo para la supervivencia infantil en Costa Rica. Al clasificar la calidad de las viviendas, utilizando la información censal sobre el estado del material de la casa, el aprovechamiento del agua, el servicio sanitario y el grado de hacinamiento, se estimaron indicadores de mortalidad infantil de 27 por mil en las familias que habitaban viviendas en malas condiciones, mientras la tasa correspondiente a los grupos que ocupaban viviendas adecuadas era de 16 por mil. Se concluyó que, al margen de la educación materna, la mortalidad de los niños está relacionada con el grado de deterioro habitacional, que agrega el riesgo más definitivo. Así pues, el factor vivienda constituiría un mecanismo adicional sustantivo en la generación de condiciones adversas para la supervivencia infantil.

Asimismo, una serie de estudios focalizados en el estado de salud de las poblaciones indígenas de países de la región proporciona mayores pruebas sobre las interrelaciones entre las deficiencias ambientales, la pobreza extrema y el exceso de mortalidad. En Bolivia, Guatemala, México y Perú (países que concentran alrededor de 60% de la población indígena de la región), la mayoría de la población indígena vive en condiciones de extrema pobreza y padece patrones específicos de enfermedades y tasas de mortalidad infantil muy superiores a los promedios nacionales. Según datos sobre Guatemala (1990), la cobertura de agua potable es menor de 20% entre la población de Petén y menor de 30% en la Zona Norte (áreas con gran concentración de población indígena); menos de 55% cuenta con algún tipo de saneamiento básico. En 1985 la mortalidad infantil se estimaba entre 100 y 150 por mil nacidos vivos y la esperanza de vida al nacer era de 10 a 15 años menor que la de la población general. En el caso de México, por su parte, en los estudios citados por la OPS se reitera que las condiciones de vivienda de la población indígena son bastante más precarias que el promedio nacional. La gran mayoría habita viviendas con piso de tierra, y más de la mitad (según cifras de municipios que cuentan con más de 2.8 millones de habitantes de este grupo poblacional) no dispone de ningún tipo de instalación para la descarga de aguas negras. Mientras las cinco causas principales de mortalidad en la población general mexicana corresponden a enfermedades no transmisibles, en el caso de la población indígena se cuentan entre las cinco causas tres de tipo infeccioso (enfermedades intestinales, neumonía e influenza, y sarampión), patologías a cuya transmisión contribuyen las condiciones de saneamiento y vivienda.

Fuente: Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE), Costa Rica. Los grupos sociales de riesgo para la sobrevida infantil 1960-1984, Serie A, N. 1049 (LC/DEM/CR/G.15), San José, 1987; Organización Panamericana de la  Salud (OPS), Las condiciones de salud en las Américas, Publicación científica, N. 549, vol. 1, Washington, D.C., 1994.




En vastas zonas de la región la limitada cobertura de los servicios de agua potable no se debe exclusiva ni fundamentalmente a la insuficiencia de las redes de distribución, sino a problemas relacionados con la obtención y el tratamiento del agua. En el Caribe, por ejemplo, la escasez de los recursos hídricos vuelve indispensable mejorar tanto la infraestructura como la tecnología para así elevar la captación de agua, reducir las filtraciones y controlar la contaminación de las fuentes disponibles.

La mayoría de los países latinoamericanos han logrado progresos en su cobertura sanitaria. No obstante, como se señala en el informe de la Organización Panamericana de la Salud [OPS , 1994], si bien estos esfuerzos han sido importantes en casi la totalidad de dichos países, en términos regionales no se advierte un incremento apreciable, en comparación con los indicadores de 1980 (especialmente con los de mediados del segundo quinquenio de la década pasada).

Persisten notables diferencias entre las viviendas urbanas y rurales. En el primer grupo, cerca de 73% dispone de agua potable dentro de la vivienda; en el área rural, 25% puede acceder a agua por tubería, y no necesariamente en el interior de la vivienda. Algo más de 67% de las viviendas urbanas tienen acceso a sistemas adecuados de eliminación de excretas (alcantarillado o fosas sépticas); esta cifra se reduce, en promedio, a 10% en el sector rural. En Bolivia, El Salvador, Perú y República Dominicana, los porcentajes rurales de cobertura no superan el 6% de las viviendas (véase la tabla 11 del Anexo).



Tabla 7
América Latina y el Caribe (19 países):
Infraestructuta de servicios del parque habitacional

País Año Viviendas particula res Con agua por tubería a Con alcantarillado b Con electricidad
N. % N. % N. %
Argentina 1991 8.515.441 7.873.880 92,47 3.287.078 38,60 7.957.986 93,45
Bolivia 1992 1.614.995 831.113 51,46 298.301 18,47 801.629 49,64
Brasil 1991 34.734.71 5 24.562.013 70,71 12.256.963 35,29 ... ...
Chile 1992 3.101.356 2.734.645 88,18 2.169.264 69,95 2.733.786 88,15
Colombia 1985 5.251.273 3.699.837 70,46 3.121.859 59,45 4.048.150 77,09
Costa Rica 1984 500.030 434.345 86,86 327.748 65,55 415.463 83,09
Cuba 1981 2.290.176 1.697.904 74,14 1.113.026 48,60 1.897.867 82,87
Ecuador 1990 2.008.665 1.259.638 62,71 793.178 39,49 1.559.786 77,65
El Salvador 1992 1.049.191 581.567 55,43 334.797 31,91 (c) 757.201 72,17
Guatemala 1989 1.591.288 1.017.310 63,93 422.010 26,52 794.052 49,90
Honduras 1988 762.117 480.576 63,06 155.841 20,45 301.827 39,60
México 1990 16.035.23 3 12.729.987 79,78 8.362.838 52,15 14.033.451 87,52
Panamá 1990 524.284 423.168 80,71 153.581 29,29 381.676 72,80
Paraguay 1992 855.547 269.443 31,49 65.817 7,69 493.898 57,73
Perú 1993 4.427.517 2.167.935 48,97 1.769.635 40,00 243.666 54,90
Rep.Domin icana 1981 1.140.798 631.907 55,39 292.766 25,66 ... ...
Uruguay 1985 823.253 660.847 80,27 381.581 46,35 702.912 85,38
Venezuela 1990 3.517.229 2.863.702 81,42 2.220.945 63,14 3.274.236 93,0
Región Agua por tubería: 73,15% Alcantarillado: 80,55% Electricidad: 80,55%

Fuente: CEPAL, elaborado sobre la base de censos nacionales de población y vivienda. Para El Salvador: Ministerio de Planificación y Coordinación del Desarrollo Económico y Social (MIPLAN), Encuesta de hogares, 1992-1993; para Guatemala: Instituto Nacional de Estadística (INE), Encuesta nacional socio-demográfica, 1989.
a Agua por tubería: incluye acceso a agua dentro de la vivienda, dentro del sitio y fuera del domicilio a menos de 100 metros.
b Alcantarillado: sistema de eliminación de excretas conectado a red de alcantarillado
Para Bolivia: servicio sanitario con descarga
Para Cuba: instalación sanitaria con agua canalizada en red de cloacas o alcantarillado
Para Guatemala: viviendas con inodoro
Para Paraguay: baño moderno con desagüe a red pública
Para República Dominicana: viviendas con inodoro.
c El porcentaje se refiere a hogares.

El proceso de urbanización favoreció la salud al mejorar la cobertura de los servicios sanitarios. El descenso de más de 50% de la mortalidad infantil de la región, registrado entre 1950-1955 y 1985-1990 en contextos muy distintos, puede vincularse a la ampliación de la cobertura del saneamiento básico. Asimismo, la instalación de agua potable y saneamiento en los asentamientos precarios y rurales ha motivado a las familias a mejorar y ampliar su vivenda y entorno habitacional.


Figura 4: Porcentaje de viviendas con acceso a agua por tubería.


A la luz de los efectos positivos que ocasiona el acceso a los servicios básicos sobre la población, la intensificación de los programas de saneamiento hasta lograr una cobertura amplia en áreas urbanas y rurales podría ser un factor importante para reducir la pobreza en la región.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

Fecha de referencia: 30-04-1997


1:  Si bien en general los países aceptan a la unidad doméstica como hogar, en muchos censos se consigna en esta categoría al grupo residencial, vale decir, aquel que comparte la vivienda, aunque esté compuesto de varias familias o unidades domésticas. En esos casos, los censos acusan una coincidencia entre hogares y viviendas.
2:  Dada la importancia que tiene para las políticas habitacionales el comportamiento futuro de la demanda, el hecho de que los gobiernos presten poca atención al estudio de los factores sociales, económicos, demográficos y culturales que influyen en las tendencias de aumento de los hogares al interior de sus países es motivo de preocupación. A la luz de las consideraciones que se harán sobre las particularidades de dichas tendencias, parecen inadecuadas las formas convencionales de dimensionar la demanda, ya sea aplicando a los volúmenes de población estimaciones sobre el tamaño del hogar, que normalmente son demasiado generales y desactualizadas, o bien aplicando directamente las tasas de crecimiento poblacional al conjunto de hogares.
3:  Cabe recordar, por cierto, que en una calificación precisa del parque habitacional se deberían considerar diversos aspectos relacionados con el contexto geográfico, climático y cultural en que se localizan las viviendas. Para hacer mediciones más ajustadas habrá que observar además el estado de mantenimiento de las viviendas, que en muchos casos no se consigna.
4:  Cálculos efectuados a partir de las cifras correspondientes al número de viviendas irrecuperables, adecuadas y recuperables en comparación con el total de unidades domésticas.

Alojar para el desarrollo: una tarea para los asentamientos humanos > http://habitat.aq.upm.es/iah/cepal/a006.html
 
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