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Coste físico
Eduardo Espinosa Sánchez
Madrid (España), mayo de 2007.[1]


Índice General

 

Definiciones

El diccionario de la RAE define coste como: «Gasto realizado para la obtención o adquisición de un bien o servicio». Este gasto se entiende habitualmente referido al dinero «tras aislar y consolidar su reflexión (la economía) en el universo autosuficiente de los valores monetarios» (Naredo, 2006:3).

Naredo y Valero (1998:191) ofrecen una definición diferente: «Consideramos el coste, como el sacrificio de recursos que ha sido necesario para producir algo ... puede objetivarse sumando todos los recursos puestos en juego». En este caso los recursos se refieren al conjunto de materiales y energía involucrados en los procesos productivos y no a su traducción monetaria, ya que poco después define el precio como algo diferente del coste y que «se forma en el intercambio, en el mercado», este sí, referido al dinero.

Origen de las dos definiciones

La distinta consideración de los factores que intervienen en el cómputo del coste en las dos definiciones anteriores es reflejo de como se incorpora el problema de la asignación de recursos en los dos enfoques principales respecto al objeto de estudio de la economía:

La diferencia entre economía y crematística fue explicada por Aristóteles en su libro Política. La primera es el estudio del abastecimiento material del oikos o de la polis, es decir, de la casa familiar o de la ciudad; la segunda, el estudio de la formación de los precios en los mercados. ... la diferencia entre economía y crematística es exactamente la que trazamos ahora entre ecología humana y economía; entre el estudio del uso de energía y materiales en ecosistemas donde viven hombres y mujeres, y el estudio de las transacciones en el mercado.
Martínez Alier (1992:11)

El estudio de la evolución de esta distinción en los últimos dos siglos, lo explica con mucha claridad Naredo (2006:cap.1) que revisa «la noción usual de sistema económico con la que acostumbran a razonar los economistas y los sucesivos recortes que se fueron operando en su objeto de estudio hasta aislarlo del mundo físico, para ver después los caminos por los que se intenta conectar de nuevo la reflexión económica con el entorno físico y territorial». Las distintas formas mencionadas de intentar reunir la economía, en su enfoque contemporáneo, y su medio ambiente van a permitir profundizar en la definición de coste y en algunas otras definiciones relacionadas dependientes de la misma.

Enfoques actuales y conceptos vinculados

Los diversos caminos para esta reintegración son descritos por Naredo:

Por un lado está la llamada economía ambiental, que aborda los problemas de gestión de la naturaleza como externalidades a valorar desde el instrumental analítico de la economía ordinaria, que razona en términos de precios, costes y beneficios monetarios reales o simulados, y que es la más extendida en el mundo académico de los economistas. Por otro lado está la llamada economía ecológica, que considera los procesos de la economía como parte integrante de esa versión agregada de la naturaleza que es la biosfera y los ecosistemas que la componen... Entre ambas ha surgido también una economía institucional que relativiza los óptimos formulados por la economía estándar, al advertir que vienen condicionados por la definición de los derechos de propiedad y de las reglas del juego que el marco institucional le impone, tratando de identificar aquellos marcos cuyas soluciones se adaptan mejor al logro de objetivos de conservación del patrimonio natural o de calidad ambiental socialmente planteados...
Naredo (2006:13)

Además de estas tres visiones de la posible reintegración entre la economía y la ecología, que tienen en común la duda, más o menos amplia, sobre si los mecanismos habituales de mercado recogen en la actualidad o pueden llegar a recoger los costes medioambientales, Antonio Estevan describe otra:

La visión neoliberal ... Lo que estos autores proponen para cancelar el debate sobre los costes sociales es ... la extensión de los títulos de propiedad privada a todos los recursos naturales y derechos colectivos, y la eliminación o reducción al mínimo de las trabas administrativas y los costes de las transacciones entre particulares.
Estevan (1995:3-4)

Además de su enfoque general, aparece explícito en alguna de las definiciones un concepto clave respecto del cual se pueden distinguir entre sí con mucha claridad, que es el de coste externo. Este concepto lleva asociados el de coste privado y coste social, y fue definido por Pigou en 1920:

Coste externo es la diferencia entre el coste privado y el coste social de las actividades económicas. El coste privado es el que soporta, a través de las relaciones contractuales (basadas en precios y otras remuneraciones formalmente establecidas) un agente económico determinado para acceder a la producción, posesión o disfrute de un bien. El coste social es el que soporta el conjunto de la sociedad como efecto de la misma operación, y excede al coste privado siempre que en el curso de la producción o intercambio de referencia se genera alguna clase de efectos negativos sobre terceros. ... los costes externos no aparecen explícitamente en las relaciones económicas reguladas por el mercado...
Estevan (1995:1)

Se puede comparar esta definición con las realizadas por Azqueta (1996:5) y Field (2003:77), para comprobar que son sustancialmente iguales.

A continuación se agrupan las diferentes visiones según su posición respecto a los costes externos, siguiendo la propuesta de Estevan (1995)Esta descripción se ordena según tres apartados:

Neoliberal

«La principal seña de identidad de este conjunto de planteamientos es el rechazo de la intervención estatal en la economía» (Estevan, 1995:3) partiendo de la base de que «en un mercado idealmente competitivo confluyen toda suerte de agentes económicos quienes, actuando de manera racional, generan, a través de su interacción, unos precios... [que] son los que determinan finalmente la solución al problema de la asignación de unos recursos escasos» (Azqueta, 1996:4).

«Este rechazo (a la intervención estatal), sin embargo, hace gala de eclecticismo en la medida en que es especialmente radical en lo que se refiere a la actuación del estado en materia de control y redistribución, pero mucho más atenuado respecto al papel del sector público en la promoción económica» (Estevan, 1995:3).

La diferente aceptación de la intervención estatal en según qué ámbitos es muy significativa al referirse en ambos casos a los costes externos de las actividades económicas, con la diferencia de que en el primero se refiere al control por parte del estado de los negativos y en el segundo al fomento de los positivos; Antonio Estevan traza en su artículo el paralelo en el origen y sentido de ambas externalidades.

«La principal seña de identidad de este conjunto de planteamientos es el rechazo de la intervención estatal en la economía» (Estevan, 1995:3) partiendo de la base de que «en un mercado idealmente competitivo confluyen toda suerte de agentes económicos quienes, actuando de manera racional, generan, a través de su interacción, unos precios... [que] son los que determinan finalmente la solución al problema de la asignación de unos recursos escasos» (Azqueta, 1996:4).

También se basa en que, según Robert Solow (1974:1-14), «el mundo puede continuar, de hecho, sin recursos naturales, de manera que el agotamiento de los recursos es una de esas cosas que pasan pero no es una catástrofe ... otros factores de producción, especialmente el trabajo y el capital reproducible, pueden servir de sustitutos...»[2]

Los economistas neoliberales llegan a negar el concepto de externalidad negativa, según explica Estevan:

para ello, parten del análisis de Coase (1960) sobre las modificaciones que deben realizarse en el marco institucional para que el mercado internalice los costes sociales —básicamente, según Coase, la extensión de la propiedad privada a todos los bienes o derechos que estén o puedan estar afectados por efectos negativos provocados por terceros— y concluyen que el concepto de coste externo de Pigou es esencialmente erróneo: lo que se percibe como coste social no es sino el vacío de propiedad...

Existen varias vías ... para demostrar la inconsistencia de este argumento: ...recurrir al examen de las situaciones concretas que aparecen en la gestión de los recursos naturales ... difícilmente cabe concebir como un método adecuado de gestión de recursos la privatización de la capa de ozono o del clima... ...la maximalización de la rentabilidad económica de una propiedad ... no garantiza su conservación a largo plazo.

Estevan (1995:5-6)

Respecto a la teoría económica, la definición de objetos económicos realizada por Walras (1874) les da tres características fundamentales: que sean apropiables, intercambiables y productibles (Naredo, 2006:8). Coase (1966) se centra en la primera propiedad, que sean apropiables, y «...omite las otras dos condiciones —que fueran objetos valorables[3] e intercambiables» (Estevan, 1995:6).

Autores de referencia: Walras (1874); Coase (1960) y Cheung (1978).

Ambiental e institucional

En este segundo apartado se agrupan dos de los enfoques anteriormente expuestos, el ambiental y el institucional, por considerar que coinciden en lo fundamental: la aceptación del marco de la economía de mercado, basada en la monetarización y con una cierta intervención de los organismos públicos, y la existencia de los costes externos y su voluntad de integrarlos en los análisis de coste-beneficio.

Recordando la definición de economía ambiental dada por Naredo (2006:13) vemos que coincide con la descripción realizada de la economía institucional por Estevan (1995:7) en que ambas contemplan «la necesidad de internalizar los costes externos, y establecen que la internalización debe basarse, siempre que sea posible, en la asignación de valoraciones monetarias a tales costes, para cargarlas a continuación sobre los agentes económicos que los ocasionan».

La diferencia entre ambas está en donde se pone el acento de la acción: la primera en la valoración monetaria de esos costes para poder así internalizarlos y la segunda en las «transformaciones de los marcos institucionales vigentes con vistas a facilitar la internalización sistemática de los costes externos, principalmente mediante la utilización de nuevos instrumentos fiscales y el endurecimiento de las reglamentaciones técnicas y de los mecanismos de control estatal».

A continuación vamos a describir algunos de los métodos utilizados para la valoración de los costes externos. La clasificación utilizada proviene de una síntesis entre las realizadas por Estevan (1995) y Azqueta (1996), la primera de las cuales es una clasificación esquemática y la segunda una descripción bastante pormenorizada de los mismos con abundantes ejemplos desarrollados, pero que coinciden en el enfoque y son complementarias.

Ambos autores reconocen como base para la valoración el concepto de coste de oportunidad entendido como «el valor del mismo en términos de su utilización alternativa» (Estevan, 1995:12); o dicho de otra manera: «el uso de cierto recurso de una forma determinada supone un coste de oportunidad equivalente al valor del uso alternativo más valioso al que podrían haberse destinado» (Field, 2003:178).

Este concepto de coste, formulado por Friedrich von Wieser en 1914 en su Teoría de la Economía, hace énfasis en las posibilidades de beneficio alternativas a la elegida para valorar bienes que carecen de mercado a través de su relación con otros que sí lo tienen, mientras que el concepto de coste habitual se refiere al gasto necesario para la producción. En los distintos métodos de valoración de los costes externos que vamos a estudiar, el concepto de coste alternativo o de oportunidad se hace útil al no haber gasto para la producción del bien.[4]

Contabilización de daños: se refiere a los posibles gastos para paliar o reparar el efecto sobre el medio ambiente de una determinada actuación. En este caso «resulta dudosa la consideración de tales costes como externos, puesto que la cobertura de los daños ... está previamente acordada ... sobre la base de contraprestaciones monetarias y relaciones contractuales» (Estevan, 1995:13).

Un ejemplo de esto sería la reposición de la vegetación en una obra pública.

Costes de prevención (costes evitados): «identifican un determinado coste externo con el coste monetario en que hay que incurrir para evitar su aparición. Normalmente el sistema de prevención se apoya en la incorporación de tecnologías o medidas correctoras que implican la realización de determinadas inversiones... en tales casos, la evaluación monetaria de los costes de prevención ofrece escasas dificultades» (Estevan, 1995:14). Es decir «el bien ambiental objeto de análisis está relacionado con algún bien privado... como sustitutivo de una determinada función de producción» (Azqueta, 1996).

El principal problema de este enfoque es que se reduce la dimensión real del problema ya que sólo se contempla aquello que ha sido directamente afectado, fijando el máximo coste externo en el nivel del coste de prevención que es resultado de un análisis parcial.

Además, tanto este método como el anterior «son de reparación, sólo son aplicables a problemas que ya están presentes» (Estevan, 1995:18).

Como ejemplo está la reducción de emisiones de fluor que afectan a la producción de carne, y cuyo desarrollo detallado explica Azqueta (1996:cap.4).

Preferencias expresadas (métodos indirectos): este método «se basa en el análisis de situaciones reales en las que los consumidores o usuarios han mostrado comportamientos que permiten deducir, en términos monetarios, el valor que atribuyen a determinados valores ambientales, culturales o sociales» (Estevan, 1995:15).

Se distinguen dos formas principales de valoración: en el método del coste-viaje, el disfrute de un bien ambiental implica el consumo de algunos bienes privados, mientras que en la valoración hedonística el bien ambiental es una de las características del bien privado.

Ejemplos de ambos son la valoración de un parque natural por medio del método coste-viaje, y la del ruido que afecta a una vivienda mediante la valoración contingente, que describe y calcula para casos concretos Azqueta (1996:cap.5-6).

Preferencias hipotéticas (métodos directos): «en los numerosos casos en que no existen referencias monetarias de ninguna clase para construir sobre ellas metodologías de cálculo de los costes externos se ha recurrido al enfoque de las preferencias hipotéticas ... se trata de averiguar la valoración subjetiva que los ciudadanos atribuyen a ciertos recursos ambientales o culturales que son o pueden ser objeto de deterioro a causa de una determinada actividad económica» (Estevan, 1995:16).

Existen distintos métodos como la disposición al pago o la valoración contingente, en las que se intenta saber cuánto estaría alguien dispuesto a pagar por un determinado bien que está fuera del mercado mediante encuestas más o menos dirigidas, y el de las preferencias indicadas, en el que se ofrecen «alternativas de actuación con sus correspondientes ventajas y costes asociados, para su jerarquización por el entrevistado».

Los dos métodos basados en las preferencias dependen absolutamente de las circunstancias concretas y del método empleado con «discrepancias (que) llegan a ser hasta de uno o dos ordenes de magnitud, impidiendo de hecho cualquier aproximación razonable a una supuesta valoración» (Estevan, 1995:18).

Azqueta (1996:cap.7) presenta un ejemplo muy interesante sobre la valoración contingente del impacto de una autopista en la ciudad de Barcelona.

Sobre este enfoque y el conjunto de sus métodos, Antonio Estevan (1995) concluye que «la economía ambiental estándar cae una y otra vez en situación de bloqueo. Las evaluaciones monetarias ... resultan plenamente vulnerables a cualquier crítica de orden técnico ... mientras los problemas de fondo se mantienen inatacados.»

Autores de referencia: Pigou (1920); Daly (1977); Brundtland (1987); Pearce & Turner (1995).

Ecológico

El tercer enfoque sobre la posible reunión entre economía y ecología es la llamada economía ecológica, que como ya hemos visto «considera los procesos de la economía como parte integrante de esa versión agregada de la naturaleza que es la biosfera y los ecosistemas que la componen» (Naredo, 2006:13).

Con este objetivo se desarrollan métodos de análisis y formas de medida que «hace abstracción de quiénes son los perjudicados y, por tanto, trasciende los límites de las contabilidades monetarias habituales... que obligaron a definir los costes sociales por contraposición a los privados» (Naredo y Valero, 1998:288). De esta manera «los daños ambientales o los residuos no son tratados como externalidades del sistema, cuyo impacto se trata de valorar ocasionalmente, sino como parte de su funcionamiento normal» (Naredo, 2006:15) asumiendo, como vimos en la definición de coste­--que se podría adjetivar como físico, por oposición al monetario-- que, en el análisis de los procesos, incluimos los recursos necesarios para producir algo.

Se definen cuatro principios básicos en el análisis ecológico, según Estevan (1995:19):

Reconocimiento de los límites ecológicos: por oposición a la «sustituibilidad infinita de los recursos naturales por capital y trabajo, sobre la que se apoya la economía estándar ... existe una amplia gama de necesidades humanas que no es posible satisfacer sin contar con una cierta base de recursos naturales en condiciones adecuadas de cantidad y calidad. Ello implica que los procesos económicos que conllevan la transformación física o el deterioro de de los recursos naturales no pueden crecer indefinidamente.»

Titularidad colectiva de los recursos naturales: la amplia aceptación y el respeto de los límites anteriormente mencionados se debe basar en un acceso equitativo a los recursos naturales para toda la población, en sus distintos ámbitos de vida.

Globalidad e interconexión: «el análisis ecológico percibe los procesos económicos como procesos indisolublemente unidos a los fenómenos físicos sobre los que se apoyan ... Ello impone la extensión del campo de análisis de cualquier problema de generación de efectos ambientales hasta cubrir todas las derivaciones y conexiones físicas del problema, independientemente de cuales sean las fronteras productivas y sectoriales convencionales de la actividad económica.»

La interconexión se refiere a la integración de los distintos ámbitos que están relacionados con cada actividad productiva, de los que «hay que aceptar la existencia simultánea de diferentes sistemas de valores». Estos distintos valores a los que se refiere son los ambientales, monetarios y sociales.

Irreductibilidad monetaria de los valores ambientales y sociales: «los valores ambientales y sociales no pueden ser reducidos a unidades monetarias», lo que lleva al «rechazo de la universalidad del valor de cambio como unidad de medida aplicable a la totalidad del mundo físico y sociocultural, y también, por lo tanto, el rechazo de la posibilidad de que la asignación de valores de cambio a sucesivos conjuntos de externalidades permita obtener un método eficiente para afrontar el problema de los costes externos».[5]

Los métodos que utiliza este enfoque para comprender el alcance de las actividades humana hacen hincapié en la componente material de los mismos, y en su relación con la valoración monetaria utilizada por la economía convencional.

Entre los que se refieren en exclusiva a la componente física de los procesos, se pueden destacar las Estimaciones del requerimiento total de materiales de la civilización industrial Naredo y Valero, 1998:cap.6 en el que se hace un cálculo razonado de las cantidades de agua y aire, de la fotosíntesis y de las rocas y minerales utilizadas por el conjunto de la especie humana valorando cada una según su naturaleza.

Para el estudio concreto de las relaciones entre la economía convencional y su medio ambiente se desarrolla «un enfoque complementario a ambos planteamientos, el de los flujos físicos y el del capital natural. El enfoque propuesto permite calcular, a partir de un estado de referencia, el coste físico de reposición de los recursos minerales de la corteza terrestre acercando así por primera vez el tratamiento económico de esta categoría de recursos a la del capital reproductible ... [para] trascender el escollo que ... plantea el hecho de que el análisis económico ordinario valore los stocks de recursos que nos ofrece la naturaleza atendiendo a su coste monetario de extracción --y manejo-- y no al que exigiría su reposición. Con lo que se ha primado la extracción frente a la recuperación y el reciclaje --donde los costes de reposición se han de sufragar íntegramente--» (Naredo y Valero, 1998:18). Esto se realiza sentando las Bases para una teoría general del coste físico de los procesos económicos fundamentada en la termodinámica, ya que «en todos los proceso físicos ... se pierde energía utilizable --o exergía--, la función del coste exergético puede aportar una base objetiva para medir los costes físicos» (Naredo y Valero, 1998:288).

Otro estudio muy revelador es el realizado sobre los Flujos de agua, energía, materiales e información en la comunidad autónoma de Madrid y sus contrapartidas económicas (Naredo y Frías, 1988).

El análisis ecológico de un proceso se enfrenta con la dificultad de que «la trama de interrelaciones es realmente densa y compleja, y sólo puede ser desentrañada mediante análisis detallados de los procesos físicos asociados» (Estevan, 1995:22) --de los que el reseñado anteriormente sobre el coste de reposición de los minerales es un ejemplo-- además de que le corresponde una «necesidad de establecer circuitos de información sobre la dimensión física y territorial de las actividades económicas ordinarias ... necesidad de información que no ha sido satisfecha» (Naredo, 2006:39). En otro orden de cosas, tampoco parece fácil hacer asumible en la actualidad la existencia de un límite ecológico al crecimiento de la economía de mercado convencional.

Autores de referencia: Podolinsky (1881); Geddes (1884); Soddy (1921); Kapp (1966); Georgescu-Roegen (1971); Naredo & Valero (1998).

Conceptos relacionados

Coste: Sacrificio de recursos físicos- conjunto de materiales y energía- que ha sido necesario para producir algo, que puede objetivarse sumando todos los recursos puestos en juego.

Precio: traducción de los costes físicos a unidades monetarias, según las normas establecidas por un mercado de intercambio.

Economía: Administración eficaz y razonable de los bienes.

Crematística: (Del gr., arte de ganar dinero). Interés pecuniario —relativo al dinero en efectivo— de un negocio.

Coste de oportunidad: Mecanismo indirecto para la valoración de costes no incluidos en los precios de mercado basado en la comparación (en términos monetarios) del valor de un recurso consumido y del valor del uso alternativo más valioso. (Véase: Economía ambiental.)

Coste externo / externalidad: Diferencia entre el coste privado y el coste social de las actividades económicas. (Véase: Economía neoliberal, Economía ambiental.)

Coste privado: Economía ambiental (Véase: Economía neoliberal.) Aquel que soporta un agente económico, a través de relaciones contractuales como precios y otras remuneraciones, para acceder a la producción, posesión o disfrute de un bien.

Coste social: Economía ambiental (Véase: Economía neoliberal.) Aquel que soporta el conjunto de la sociedad por efecto de una operación entre agentes económicos, incluyendo los efectos negativos sobre terceros.

Economía ambiental: escuela económica que aborda los problemas de gestión de la naturaleza como externalidades a valorar desde el instrumental analítico de la economía ordinaria, que razona en términos de precios, costes y beneficios monetarios reales o simulados.

Economía ecológica: escuela que considera los procesos económicos como parte integrante de la naturaleza, integrada por la biosfera y los ecosistemas que la componen.

Economía neoliberal: escuela que considera que la extensión de la propiedad privada solucionaría el problema de asignación de recursos escasos, rechazando la intervención estatal en la economía.

Conclusiones

La presente definición de coste pretende poner en duda la que se realiza habitualmente desde la economía convencional, partiendo de la existencia de un límite ecológico al crecimiento.

Para ello, en un primer momento se la presenta acompañada de una posible definición realizada desde la economía ecológica, lo que muestra la diferencia entre ambas maneras de comprender la relación entre los procesos físicos y su valoración monetaria. Se describen ambos enfoques, además de las economías ambiental e institucional como propuestas para intentar integrar los procesos físicos en la economía monetaria.

En paralelo, se definen diversos tipos de coste como son el coste externo y el de oportunidad —que intenta valorar algunos de los aspectos no recogidos en las valoraciones monetarias convencionales—, o el coste físico —que describe el conjunto de implicaciones materiales, y es base del análisis ecológico—, que acompañan, justifican o sostienen estas visiones, según el caso.

Referencias bibliográficas

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Cheung, Steven  (1978)   The Myth of Social Costs.   Londres: The Institute of Economic Affairs. Versión castellana: El mito del coste social, Madrid: Cuadernos del Instituto de Economía de Mercado, 2011. 

Coase, Ronald H.  (1960)   «The Problem of Social Cost»,   Journal of Law and Economics, Versión castellana: «El problema del Costo Social», Estudios Públicos, n. 45, 1992. 

Daly, Herman  (1977)   Steady-State Economics.   ?? 

Estevan, Antonio  (1995)   «Conceptos básicos del análisis ecológico.»,   Curso sobre la rehabilitación urbano-ecológica., Madrid. 
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Field, Barry C. y Field, Marta K.  (2003)   Economía ambiental.   Madrid. 
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Geddes, Patrick  (1884)   Un análisis de los principios de la economía,   Recogido en: Los principios de la Economía Ecológica, Martínez Alier J. 1995. 

Jiménez Herrero, Luís M.  (1996)   Desarrollo sostenible y economía ecológica.   Madrid. 
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Kapp, William  (1966)   Los Costes sociales de la empresa privada.   Barcelona: Ediciones Oikos-Tau. 
Martínez Alier, Joan  (1992)   La ecología y la economía.   México. 
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Naredo, José Manuel  (1987)   La economía en evolución.   Madrid. 
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Naredo, José Manuel y Frias  (1988)   «Flujos de agua, energía, materiales e información en la Comunidad Autonoma de Madrid y contrapartidas monetarias.»,   Pensamiento iberoamericano, No. 12. 
Naredo, José Manuel y Valero, Antonio (dirs.)  (1998)   Desarrollo económico y deterioro ecológico.   Madrid. 
Fundación Argentaria : Visor Distribuciones.

Pearce, D; Turner, K.  (1995)   Economía de los recursos naturales y del medio ambiente.   Madrid: Ed. Celeste. 

Pigou, Arthur  (1920)   The Economics of Welfare.   Versión en castellano: La Economía del Bienestar, Madrid: Ed. Aguilar, 1946. 

Podolinsky, Sergei A.  (1881)   El trabajo del ser humano y su relación con la distribución de la energía,   en: Los principios de la Economía Ecológica, Martínez Alier J. 1995. 

Soddy, Frederick  (1921)   Economía Cartesiana: La Influencia de la Ciencia Física en la Administración del Estado,   en: Los principios de la Economía Ecológica, Martínez Alier J. 1995. 

Solow, Robert   (1974)   «The economics of resources or the resources of economics.»,    The American Economic Review, vol. 64,

 

Walras, Leon  (1874)   Eléments d'économie politique pure.   Versión en castellano: Elementos de economía política pura, Madrid: Alianza Editorial, 1987. 

Wieser, Friedrich von  (1914)   Theorie der gesellschaftlichen Wirtschaft   [Teoría de la Economía Social] 

Notas


[1]: Este artículo forma parte del trabajo de documentación Glosario de términos clave relacionados con un urbanismo y una arquitectura más sostenibles realizado en Departamento de Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, desarrollado a lo largo del curso de doctorado Por una Ciudad más Sostenible. El Planeamiento Urbano frente al Paradigma de la Sostenibilidad bajo la tutela de Agustín Hernández Aja
[2]: Esta suposición sirve de fundamento, con mayor o menor intensidad, tanto para el enfoque neoliberal, como para el ambiental o institucional y está muy relacionado con la visión del desarrollo sostenible (frente al estado estacionario de la economía).
[3]: El problema del valor estará presente en todos los enfoques, como veremos.
[4]: En la clasificación que sigue se da como nombre principal el que emplea Estevan (1995) y entre paréntesis el que emplea Azqueta (1996).
[5]: Problema este vinculado a la reducción simplista de los procesos de producción, y de todo tipo, a su valoración monetaria.


Edición del 20-4-2011
Revisión: Carlos Verdaguer Viana-Cárdenas
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