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Documentos > Informe Nacional España Habitat II > Evolución de los asentamientos humanos... > http://habitat.aq.upm.es/in/a003/ab001.html

Marco general y su evolución en los últimos veinte años




1. El comienzo de una época


A la altura del quinquenio 1.970 - 1.975, un amplio equipo de intelectuales españoles vinculados al mundo universitario consideraba, en una importante obra colectiva [1], que los años 70 iban a ser una década históricamente significativa para España.

En efecto, España iba a enfrentarse a un momento crucial de su historia en un mundo que recientemente había visto cambiar un orden mundial dominado por Europa, y que contemplaba, lo que se ha denominado dramático examen de conciencia de la Iglesia Católica en torno al Concilio Vaticano II, la rebelión de los jóvenes contra determinadas tradiciones, la llegada a la Luna, y las crisis del Sudeste Asiático, del Canal de Suez o de Biafra.

Dicho momento se enmarca en el primer quinquenio del período 1976-1996 que se analiza en este Informe Nacional para Hábitat II y se concreta en la aprobación de la Constitución Española de 1978, que nace en un contexto socioeconómico de crisis recesiva según muestran los siguientes indicadores [2]:


Pero si estos son datos socioeconómicos de carácter general parece conveniente, en esta Conferencia Mundial, bautizada como "La cumbre de las Ciudades", hacer alguna referencia a los problemas más significativos con los que se encontraba el urbanismo en la España de los 70, que podemos sintetizar en los siguientes términos [3]:


Es evidente que el marco socioeconómico general era muy diferente del que en 1966 había mostrado el Informe de la O.C.D.E. sobre la economía española, que señalaba:


Por otra parte y teniendo en cuenta que el otro gran tema de la Conferencia es "Vivienda adecuada para todos" conviene hacer, también, alguna referencia al conjunto de problemas que caracterizaban el acceso a la vivienda de los ciudadanos españoles en los años 70 [4].


En el citado contexto socioeconómico, brevemente apuntado, se produce un intenso y profundo proceso de reforma política que tiene su momento culminante en la citada aprobación de la Constitución de 1978, a partir de la cual se suceden una amplia serie de modificaciones cuyos aspectos más importantes se pueden sintetizar en:


La Constitución española de 1978, se refiere a los temas objeto de esta Conferencia Mundial en su artículo 47:

"Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.
La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos
".

Y, asimismo, señala en su artículo 45:

  1. Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo.

  2. Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente,....

El nuevo marco político que nace con la Constitución de 1978 supone, también y al mismo tiempo, un nuevo marco legal que alcanza a todo el ámbito de las relaciones jurídicas en su globalidad. No parece este el lugar ni el momento adecuado para hacer una exégesis de la legalidad anterior y posterior al citado texto constitucional, pero conviene hacer mención a aquellas normas legales más directamente vinculadas a los temas de los asentamientos humanos y que, en tal sentido, configuraban en aquellos años el derecho de acceso a la vivienda:




2. La evolución general


Francisco Fernández Ordóñez, en su libro ya citado "La España necesaria", al plantearse el camino hacia la modernización de España decía:

"La funcionalidad del Estado y los mecanismos de decisión ante las grandes alternativas nacionales son las preguntas esenciales que esperan respuesta durante los próximos años".

Cuál ha sido la función global del Estado Español - entendida en el conjunto de su estructura - y cómo ha funcionado su proceso de toma de decisiones en el período 1976-1996 es lo que se intenta sintetizar aquí haciendo sólo leves referencias a los temas básicos de Hábitat II.

El término que mejor podría identificar el proceso evolutivo del período 1976-1996 sería, sin duda, el de "modernización". No sería erróneo afirmar que la mayoría de los ciudadanos entiende que con el término "modernización" en la España del período analizado se quiere hacer referencia a un adecuado acercamiento a los niveles que, en diversos parámetros -no sólo económicos - se percibían en los países del entorno europeo más próximo a España y que integran hoy con ella la Unión Europea (U.E.).

Por ello el objetivo más claramente definido en la evolución española de los últimos veinte años y que configura su marco general en los aspectos socioeconómico, político y legal ha sido, sin duda, el proceso de integración en lo que hoy es la Unión Europea, que culminó con la firma del Tratado de Adhesión en junio de 1985 y que entró en vigor a principios de 1986, lo que supuso para España muchos valores positivos, y, al mismo tiempo, muchos retos en el horizonte.

A efectos de mantener la coherencia interna de este Informe Nacional se hacen a continuación breves referencias sistemáticas a los aspectos socioeconómicos, políticos y legales del período objeto de análisis, pero sin mención expresa de las cuestiones urbanísticas y de vivienda que son objeto de un tratamiento sustantivo en otro lugar de este Informe Nacional.

En el aspecto socioeconómico general España puede quedar reflejada mediante la evolución de los siguientes parámetros [5]:


En el aspecto político la evolución española en los últimos veinte años ha venido marcada, en el ámbito nacional, por un sólido proceso de consolidación de las estructuras democráticas basada en sistemáticas consultas electorales en diversos ámbitos y, en el ámbito internacional, por una clara voluntad de integración en la Unión Europea y, a través de ella o en coordinación con la misma, de colaboración con todos los países del mundo y con los organismos internacionales.

En el marco de la legalidad general puede decirse que el período 1976-1996 se caracteriza por una intensa actividad legisladora tanto de las Cortes Generales como de las Asambleas Autonómicas para adecuar a la Constitución de 1978 todas las estructuras jurídicas anteriores a la misma, tanto en el ámbito competencial como en la modernización de las instituciones jurídicas de cualquier naturaleza.

Los veinte años transcurridos desde la primera Conferencia son, sin lugar a dudas, unos años de importantísimas transformaciones sociales, políticas, económicas y, como resultado de todo ello, también territoriales.

Estas transformaciones, que se inician con la desaparición del antiguo régimen, la transición a la democracia, la integración en Europa (con sus efectos de fuerte reconversión de sectores industriales y agrarios) y la nueva configuración territorial del Estado, originan cambios en las estructuras económicas y sociales y, de modo particular, en las tendencias demográficas y migratorias

Por otro lado, en estos años aparecen otros fenómenos que podemos denominar como los efectos "perversos" del desarrollo:


Figura 1: Mapa de España: Densidad Municipal por Población de Hecho. 1991.



3. Los cambios demográficos


La evolución demográfica de nuestro país en los últimos veinte años, se caracteriza por un proceso de "precipitada convergencia" con los modelos demográficos de nuestro entorno europeo

Efectivamente, los veinte años que transcurren desde 1970 a 1991, suponen para España desde el punto de vista demográfico, la transformación hacia una estructura poblacional propia de países industrializados, desarrollados y democráticos. Esta estructura demográfica se caracteriza por los siguientes rasgos:

El primer rasgo, puede verse claramente reflejado en la figura 2, que representa la evolución de la población por períodos intercensales desde principios de este siglo hasta el último censo (1991).
Vemos como el punto de inflexión se sitúa en el decenio 1960-1970 para, a partir de ese momento, iniciar un declive cada vez más pronunciado.

Figura 2: La población en España. Evolución intercensal. Período 1920-1991.

La figura 3 muestra cómo ha evolucionado nuestra población desde 1970. Se trata de las pirámides de población correspondientes a 1970 y 1991 que pasan de una forma típica de país en vías de desarrollo, a la propia de una país desarrollado. La drástica reducción de la base de la pirámide en 1991 nos señala la evolución de la natalidad en esos años.

Figura 3: Pirámide de población de España. (Población de hecho 1970-1991).

Los componentes del crecimiento vegetativo (natalidad y mortalidad), quedan reflejados en las figuras 4 y 5.

Figura 4: Tasas de natalidad en España. Evolución en el período 1975-1991.

Figura 5: La mortalidad en España. (Período 1980-1990).

Figura 6: La mortalidad infantil. Evolución de las tasas de mortalidad.

Mención especial cabe hacer, dentro del fenómeno de la mortalidad, de la evolución de la mortalidad infantil, como indicador del nivel de desarrollo de un país. En este sentido, la figura 6 nos muestra la evolución de este fenómeno, uno de los más espectaculares en cuanto a mejoría general de las condiciones de vida: En todos los casos, la reducción de la mortalidad supera el 50%, correspondiendo el avance más importante a los niños menores de un día, que han visto reducida la incidencia de la mortalidad en casi un setenta por ciento en 1988 con respecto a 1979. Sin duda este es un hecho de gran trascendencia, que incluso se cita como una de las causas principales del descenso sin precedentes de la fecundidad en España: la casi completa seguridad de la supervivencia del niño hace innecesario el tener muchos hijos para asegurar la descendencia.

Disponemos, por tanto, de una estructura demográfica caracterizada por una fuerte reducción de la natalidad, una fuerte reducción de la mortalidad (aunque debido al envejecimiento de la población, haya subido en el último trienio, aún seguimos teniendo las tasas de mortalidad más bajas de Europa), y con una drástica reducción de la mortalidad infantil.

En lo que se refiere a los procesos migratorios, estos constituyen, sin duda, uno de los fenómenos sociodemográficos que más ha condicionado el modelo territorial español.

Los parámetros globales de este proceso pueden establecerse en los siguientes términos:


Esto último tiene dos consecuencias inmediatas: Por un lado, se desestructura totalmente el mundo rural, que queda con una población escasa y envejecida, creando un desequilibrio territorial difícil de superar.

Por otro lado, se produce un aluvión de gente a las ciudades que estas no son capaces de "digerir" de una forma racional, creándose una estructura urbana desordenada, marginal, de baja calidad y segregada social y espacialmente del resto de la ciudad.

Las migraciones interiores han contribuido decisivamente a configurar el acelerado proceso de urbanización de estos últimos veinte años.

En el período 1974-1980 se atenúan apreciablemente los desplazamientos que caracterizaron la década de los sesenta aunque aún se mantienen cifran importantes (algo más de tres millones de personas).

A partir de 1981 los flujos se reducen (alrededor de dos millones de personas), pero con una diferencia cualitativa importante: los grandes centros urbano-industriales dejan de ser los principales centros de acogida y comienzan a perder población en favor de los núcleos urbanos de menor tamaño. Por otra parte, las zonas tradicionalmente expulsoras de población, comienzan a tener saldos positivos. Se invierten, por tanto, la magnitud y la tendencia.

Figura 7: Movimientos migratorios interiores en España. Evolución en el período 1941-1991.

Figura 8: Movimientos migratorios de extranjeros a España. Evolución en el período 1960-1991.


Figura 9: Mapas de saldos migratorios positivos por provincias entre 1961 y 1991.

Figura 10: Mapas de saldos migratorios negativos entre 1961 y 1991.

En los mapas de las figuras 9 y 10, podemos ver la territorialización del fenómeno de la migración interior en España a lo largo de los tres períodos más característicos: 1961-1970, 1971-1980 y 1981-1991. En los tres primeros se presentan las provincias con saldos positivos en los tres períodos. En el período 1961-1970, que es cuando se produce el mayor número de desplazamientos interiores (algo más de cuatro millones de personas), tan solo quince provincias de las cincuenta con que cuenta España, mantienen saldos positivos, de estas, Madrid y Barcelona concentran el 64% del total de saldos positivos del período. La zona mediterránea se manifiesta como altamente receptora de inmigración, mientras que Andalucía, las dos Castillas y Extremadura son las regiones que más expulsan población. Tan solo Andalucía, se recupera en el último período y pasa a tener un papel de receptora de población inmigrante. Sin duda en este fenómeno se encuentra la base del proceso urbanizador acelerado en nuestro país

Por otra parte, la inmigración extranjera en España es, sin duda, uno de los fenómenos sociodemográficos más importantes de los últimos años, no tanto por su volumen, como por la novedad que representa en un país que ha sido tradicionalmente expulsor de población al exterior.

En la figura 8 se puede ver la evolución que ha seguido en nuestro país el número de residentes extranjeros desde 1960 a 1991.

La depresión en el año 1989 tiene como explicación el hecho de que en ese año se depuraron los datos del Ministerio del Interior, y de la entrada en vigor de la ley de Extranjería. En cualquier caso, en el período 1986-1991, se produce un salto cualitativo, de tal forma que en solo seis años 119.000 extranjeros se hacen residentes en España, es decir, unos 20.000 anuales. Este hecho adquiere todavía mayor relevancia si tenemos en cuenta que la emigración de españoles al extranjero se reduce a unas 90.000 personas en ese mismo período.

Las consecuencias sociales y económicas de este hecho son importantísimas al ser un fenómeno nuevo que afecta a personas de ámbitos culturales, étnicos y lingüísticos diferentes y conlleva, por ello, problemas de integración social importantes. Por otro lado y a diferencia de lo que sucedió con las corrientes migratorias de españoles al extranjero de los cincuenta y sesenta, no se trata de una inmigración inducida o "deseada", sino que se produce en un momento de crisis económica con elevadas tasas de paro en España.

La Unión Europea, Iberoamérica y África del Norte son las zonas que aportan más residentes extranjeros en España, notándose últimamente un notable incremento de personas procedentes de los países de la Europa del Este.

Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente

Fecha de referencia: 31-05-1997


1: Fraga, M., Velarde, Juan y del Campo, Salustiano [1972-1974] La España de los años setenta (Madrid. Ed. Moneda y Crédito)
2: Fernández Ordóñez, Francisco [1980] La España necesaria (Ed. Taurus, Madrid)
3: Díez Nicolás, Juan La urbanización y el urbanismo en la década de los 70 (Obra colectiva antes citada)
4: Navarro Álvarez, Eduardo La política de vivienda (obra colectiva antes citada)
5: Ministerio de la Presidencia [1995] España mejor en Europa: los diez primeros años (Madrid)

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