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Documentos > La Construcción de la Ciudad Sostenible > http://habitat.aq.upm.es/cs/p3/a016.html

Participación e integración social


Tomás R. Villasante


R E S U M E N

En el artículo se explican los requisitos y objetivos que debe cumplir una acción participativa para ser también sustentable. Se resumen los casos concretos españoles, con los criterios utilizados para su elección como "buenas prácticas". Finalmente, se dan recomendaciones para una sustentabilidad ciudadana que se salga de la pseudo-participación al uso.





La participación ciudadana no es sustentable como modelo abstracto


Lo que hoy entendemos por participación ciudadana ha quedado reducido a algunos Reglamentos y algunas concejalías en los Ayuntamientos. Pero en poco o nada parecen tener que ver con el reequilibrio sustentable de nuestros hábitats. Si la participación ciudadana no está sirviendo para encontrar soluciones creativas ante los problemas de degradación de nuestros espacios, entonces seguirá perdiendo sentido, pues por sí misma, burocratizada, se quedará en discusiones alejadas de las realidades candentes y cotidianas de los ciudadanos.

La participación tiene que servir para la integración social, para proyectos sustentables y adaptados a las características concretas de cada territorio. En este sentido debemos quitarle a la participación y a la integración mucho lastre heredado de viejas concepciones anquilosadas. El ejercicio que aquí presentamos no es un nuevo modelo, pero sí de los límites de los modelos propuestos y dominantes. No nos interesan modelos finalistas, sino prácticas y métodos "contra-corriente" que abran nuevas potencialidades. Sabemos que no es sustentable lo que se viene haciendo a modo de participación ciudadana, ni para los objetivos de mantener la calidad del hábitat, ni para la autoeducación de la ciudadanía en prácticas participantes.

Por eso entendemos que hay que pasar a pormenorizar en los distintos ámbitos territoriales cuáles pueden ser las "buenas prácticas", que nos permitan sentirnos -al menos- en un camino de cierta probabilidad creativa. La relación social es muy compleja y continuamente se nos escapa, por eso necesitamos entender el juego de sus redes complejas, con su variado tipo de vínculos tan cambiantes. En primer lugar, de manera muy inmediata y cotidiana, vemos la existencia de redes primarias, de familiaridad, amistad, etc, donde los vínculos son fuertes, y donde la convivencia tiene sus propias reglas peculiares en cada cultura y subcultura particular. Este ámbito último tiene, sin embargo, su importancia social pues desde estas redes primarias se codifican y decodifican todas las informaciones y energías puestas en marcha por las comunicaciones de rango más amplio y global.

Es decir si no se convence desde los grandes medios de comunicación y desde las políticas globales a las redes primarias, se empieza a larvar nuevas contestaciones a las determinaciones dominantes de nuestro consumo. Pero entre estas redes más próximas y las redes telemáticas globales, que centralizan tanta información, y que la simplifican y unilateralizan tan frecuentemente hay otras redes intermedias. Hay unas redes de "coordinación", que no son tan fuertes o densas como las primarias, sino que son "débiles", y que por lo mismo cumplen una función muy importante de mezcla, de hibridación de mensajes, de creatividad potencial. Es el espacio ciudadano, la antigua multifuncionalidad de la "plaza mayor", de la calle comercial y del "paseo", donde la complejidad de vínculos permite asomarse o esconderse, hacer demostraciones o simplemente observar.

La complejidad de los análisis de redes y de conjuntos de acción con sus vínculos y elementos nos hace pensar que no hay un modelo territorial de referencia válido (compacto o difuso), sino que es la articulación de distintos tipos de espacios (unos más difusos otros más compactos) los que mejor se adaptarán a los distintos tipos de redes de relaciones. Los ecosistemas donde se dan estas relaciones, y sus climas, marcan también el grado de concentración de tecnologías urbanísticas que sean necesarias en cada cultura. La participación de los ciudadanos y sus usos en cada momento son los que pueden marcar las necesarias adaptaciones de las formas construidas. Si hacemos un modelo muy sostenible, pero no cuenta con la implicación de las personas, igualmente estamos imponiendo algo, y acabará por no funcionar.

Porque lo sostenible no cuenta con la democracia participante y aparece confuso. Así pues hay un marco de partida para este intento de encontrar "buenas prácticas", y es que se encuadren dentro de los conceptos de "ciudad" y "sostenible". Y dentro de este marco los objetivos que nos proponemos en este capítulo deberán apuntar a los objetivos de "participación e integración social". Pero todos estos conceptos son manifiestamente ambiguos, con usos no sólo dispares sino hasta contradictorios, según los contextos en que son usados. Por eso parece inevitable hacer algunas acotaciones mínimas para podernos entender, pues las acotaciones máximas las mostrarán las propias prácticas con sus limitaciones.

"Ciudad" puede parecer la reducción a un modelo territorial que gira en torno a ella, y que en cierta medida se contrapone a lo rural, donde -por cierto- hay experiencias territoriales más cercanas a la sustentabilidad dentro de lo que llamamos hábitat. "Ciudad" también se puede entender como un ámbito más amplio que excluya las buenas experiencias en barrios o las más localizadas. Entendemos "hábitat" en un sentido que incluya experiencias rurales y experiencias de barrios, que está más cerca del concepto "habitar" (Henri Lefebvre) mucho más vital, activo y participativo. Es decir, el "con-vivir" entre personas frente a la "ciudad" como algo físico y técnico.

Los ciudadanos son los que hacen las ciudades, y aunque las personas se encuentran con territorios y hábitats que les condicionan desde que nacen, para bien o para mal, estos espacios acaban siendo transformados por los humanos. La sustentabilidad incluye lo que vaya a pasar en futuras generaciones, y por lo mismo se basa en la cultura cívica de lo que hacemos hoy y de lo que hagan mañana nuestros descendientes. En todo caso parece que sólo es posible hablar de experiencias en los hábitats, y no de experiencias de ciudades, como si éstas tuviesen una evolución propia independientemente de quienes la planifican, gestionan y usan, o abusan.

Existe una larga tradición y debate sobre conceptualizar sustentabilidad en vez de sostenibilidad, en el castellano de latinoamérica: el concepto "sostengo" es más artificial y técnico que "sustento", que parece más profundo y participativo, aparte de que suena mejor fonéticamente. Que algo sea sustentado suena a alimentación básica, mientras que si es sostenido parece dependiente externamente. Si además en las Naciones Unidas es el término oficial, ¿porqué no usarlo?. Aunque lo que importa no es la terminología, sino el contenido de lo que se haga o vaya a hacer. Es decir, que cualquier propuesta sea sustentada desde los hábitos cotidianos de la población, como condición fundamental para que alcance a futuras generaciones. Aunque, en muchos casos, lo que inicialmente se propuso como "desarrollo sostenible" se quedó en "habitabilidad" simplemente con posterioridad.

Algunos expertos plantean lo "auto-sustentable" como concepto que hace depender el futuro de la auto-promoción interna de los ciudadanos para lo que vaya a pasar con el hábitat en el próximo siglo. Pero por este camino de precisar que sin tales requisitos no podemos considerar tal o cual experiencia válida, corremos el riesgo de no encontrar ninguna con tales requisitos.

Cabe, en todo caso, diferenciar entre "habitable" y "auto-eco-sustentable" en los dos polos de lo que cabe entender por sostenible. En la mayor parte de los casos propuestos vamos a encontrar que lo construido es "habitable" en términos actuales, y locales, pero no tanto si lo referimos al futuro y a un ámbito más global de repercusión. Su sustentabilidad sería "auto" y "eco" si sus relaciones productivas internas y las relaciones con el medio garantizasen para el futuro su perdurabilidad, [E. Morin , 1994].

A partir del debate que se viene manteniendo me parece, además, que es imposible proponer experiencias de hábitats o ciudades modelo. Tanto porque no parece que existan, con los datos actuales de lo que tenemos (ejemplos que citamos), como por la propia insostenibilidad del modelo territorial europeo, que no puede funcionar sino en conflicto abierto con el sistema mundial, por nuestra cultura dominante de consumo. Por lo mismo sólo pueden existir "experiencias embrionarias", y por lo mismo parciales, bien en territorios pequeños, bien en parcelas de algún sector de actividad. Y son las fichas de estos casos (que apuntan a otros caminos de "reequilibrio auto-eco-sustentable") lo que es posible hoy analizar, y aún así con las debidas cautelas.

Si nos atrevemos a presentar una serie de buenas prácticas no es, por tanto, porque las consideremos lo óptimo, sino porque es mejor hacer algo que nada, y porque haciendo las cosas menos malas y posibles, es la mejor manera de aprender colectivamente. Y es la posibilidad también de que puedan surgir alternativas, aunque sean provisionales o parciales, es decir, la única manera de avanzar, de construir un posible futuro sustentable. Por eso nos interesan más los métodos, los programas, las mediaciones, que dieron lugar a resultados, que los modelos finales o que los apriorismos teóricos. Son las mediaciones quienes justifican los fines y no el fin quien justifica los medios. Si entre los instrumentos mediadores están la participación y la integración social hay bastantes más probabilidades de sustentabilidad que si faltan en la programación. Por eso este aspecto es transversal a todas las otras políticas y experiencias, [J. Martín-Barbero , 1987].

Los casos que vamos a tomar como ejemplos de referencia los vamos a dividir en primer lugar por ámbitos territoriales, pues no es lo mismo un ejemplo en una metrópoli de varios millones de habitantes, que en una ciudad media, un barrio, o un pueblo. En unos casos la difusión es más amplia, en otros la sustentabilidad es más concreta e integrada. Así pues vamos a intentar pasar revista a diversos ejemplos en contextos diferentes, valorando tanto lo positivo como lo negativo. Porque sobre todo lo que nos interesa es mostrar desde estos casos concretos cuales son las mejores herramientas hoy para una acción participativa y de integración social. Por eso la última parte va a centrarse en los métodos que mejor nos pueden orientar hacia los caminos de la sustentabilidad desde los propios ciudadanos.



Objetivos de participación e integración social


  1. Fomentar la participación (instituyente, creativa, alternativa, etc) desde la propia sociedad y las asociaciones que hagan real este tipo de procesos. Es decir no porque haya más asociaciones o más declaraciones o Reglamentos de participación en las ciudades, esto ya significa que hay más sustentabilidad en los programas a realizar, pues se puede estar reivindicando más consumos despilfarradores, por ejemplo. Otra cosa es si se hace con metodologías que implican procesos de profundización y concreción (entre políticos, expertos y ciudadanos), con medios, tiempo y posibilidades reales para tomar decisiones operativas y sustentables. No cualquier participación garantiza que se estén dando con la población pasos para que las futuras generaciones tengan un hábitat adecuado.

    Hablamos de participación que no es simple información ni consultas de opiniones, sino tomas de decisiones compartidas después de un conocimiento, con tiempo suficiente y mecanismos claros, de los problemas y de las alternativas. Para eso los políticos, los técnicos, y los propios ciudadanos tienen que intercambiar sus conocimientos y posiciones sobre las medidas de sustentabilidad que se deberían adoptar. Son negociaciones donde no hay una sola solución técnica, y donde lo técnico-constructivo debe verse implicado con lo social, lo económico, etc. Así serán posibles procesos instituyentes de realidades sustentables donde los ciudadanos puedan sentirse implicados y responsables.

    No se trata de repetir lo que ya se tiene, el modelo del desarrollo sostenido, porque si con la participación sostenemos el actual consumismo despilfarrador, el presente y el futuro claramente sufrirá las consecuencias. Pero tampoco de imponer tecnocráticamente una disciplina ecologista, sin que la población la asuma. Por eso se trata de construir algo nuevo, que no encaja exactamente ni con lo que proponen los técnicos, ni los políticos, ni los ciudadanos pues cada cual habrá de cambiar en función de las negociaciones y de las urgencias que sean marcadas y conscientes de la mayoría. No se trata de que en una votación o una asamblea se decida rápidamente el futuro del hábitat, sino de un proceso donde las minorías sociales (frecuentemente más conscientes de los problemas medio-ambientales) tengan posibilidad de debatir sus posiciones, y al tiempo escuchar otras problemáticas sociales o presupuestarias, que también existen y condicionan a cada comunidad.

  2. Igualdad de oportunidades y respeto a las diferencias de usos por el género, la edad, etc. no limitándose a un hábitat solo pensado para el varón, adulto, ejecutivo, con automóvil, etc., sino con características propias de la complejidad de usos de la con-vivencialidad. Los espacios mono-especializados son lo contrario de la sustentabilidad, no sólo en temas de tráfico, sino también en la construcción de la ciudadanía. Las mayorías en las votaciones pueden tener la tentación de pensar que las soluciones son simples en función de la tendencia dominante y anular la diversidad de alternativas que se pueden conjugar en un mismo hábitat. Integralidad no tiene por qué significar integración de la minoría en la mayoría, sino contar íntegramente con todas las partes de un conjunto sin menoscabar ninguna.

    Si un ecosistema natural ha de ser complejo y gana con cuantas más interacciones se producen, es porque hay una gran diversidad de seres que se relacionan en él. No sobrevive el más fuerte y los demás mueren, sino que se dan unas relaciones que crean evolutivamente una mejor complejidad, y de esas relaciones ecosistémicas es de lo que dependen todos los seres vivos, tanto los más fuertes como los más débiles. Los seres humanos entre si, y con los otros seres vivos, han de aprender a respetar la igualdad de oportunidades de todos, y para eso es básico promover unas relaciones complejas de la mayor diversidad posible. Estas diversidades de juegos permiten unos cálculos de probabilidades muy creativos que superan, participadamente, las soluciones simples y entrópicas (degradantes).

    Por ejemplo, no existe el sistema modal perfecto de transporte y tráfico, sino la combinación adecuada para cada situación concreta y para cada tipo de usuarios. El objetivo por lo tanto, de participación, no puede ser atender a lo más masivo en cada caso, sino la articulación de los distintos modos para cubrir todas las necesidades con respeto y articulación entre sus diferencias. Desde los minusválidos hasta las amas de casa, desde los jóvenes hasta los ejecutivos, no se puede buscar una vía simple que premie a unos y castigue a otros. La participación ha de contar con todos, y encontrar soluciones complejas que vayan dinamizando las infraestructuras y las relaciones. Porque el transporte no es un fin en sí mismo, sino -en todo caso lo sería- la con-vivencialidad y la sustentabilidad de la misma.

  3. Integración de los sectores populares frente a la polarización de la sociedad de los "dos tercios", lo que incluye a todos los grupos étnicos e inmigrantes. Frente a la cultura consumista del tercio dominante, que margina a un tercio de la sociedad fuera del consumo, y a otro tercio lo endeuda con consumos degradantes, cabe la reconstrucción en un bloque entre estos dos tercios de "abajo". Los más interesados en objetivos de sustentabilidad pueden llegar a ser estos bloques populares, partiendo del respeto a la multiculturalidad que presentan sus diversos orígenes, y si se entiende ésta como enriquecimiento para toda la sociedad.

    La polarización y la marginación genera procesos de violencia (y delictivos) crecientes, que afectan gravemente a cualquier intento de sustentabilidad en nuestros habitats. Las mejores soluciones técnicas en un clima social de insolidaridad y desintegración social se hacen insostenibles. Integración significa así superación de la marginación, pero no porque haya que aceptar un patrón común, sino porque se abren posibilidades para todas las opciones. No se trata tanto de tapar las bolsas de mayor pobreza, o de perseguir los delitos que van en crecimiento, sino de crear un clima de implicación social para resolver los problemas del paro, de la marginación, etc., que son las causas que desestabilizan cualquier política de hábitat que se formule.

    El objetivo de integración se convierte entonces en la construcción de la multiculturalidad social en nuestros pueblos, barrios y ciudades, donde los distintos estratos sociales, y los inmigrantes tanto de la propia península como de fuera, sean capaces de crear pautas de convivencia híbridas y creativas, y adecuadas a las nuevas necesidades de sustentabilidad. No son procesos de un día para otro, sino que pueden durar una generación o varias, y el hábitat ha de facilitar las soluciones, no tapando los problemas, sino integrándolos. Una rehabilitación o una remodelación de barrios puede servir para desplazar aún más a la población, o por el contrario para crear puestos de trabajo, espacios cooperativos, escuelas de formación, etc.

  4. Cambio de pautas de consumo que supongan un efecto combinado y sinérgico en el sentido de la sustentabilidad. Habrá que prestar especial atención a las pautas y usos de las generaciones más jóvenes que son las que van a vivir las consecuencias de las decisiones que ahora se están tomando. El cambio cultural que es posible promover desde las instituciones y las asociaciones populares es fundamental para la auto-formación y sustentabilidad de las formas de vida que se pretenden, y que debe afectar a todos los estratos sociales.

    La formación en el cambio de pautas de consumo -hacia la sustentabilidad- de la mayoría de la sociedad, hoy aparece como uno de los mayores problemas. Y no basta con demostraciones teóricas para que la sociedad asuma otras pautas de vida y de uso del hábitat, hay que construir prácticamente y con participación social ejemplos concretos de sustentabilidad que sean atractivos, porque respondan a las necesidades profundas de la población. El cambio de valores sobre el consumo no se puede producir en abstracto, y por eso es necesario construir nuevos indicadores que precisen qué es la calidad de vida en cada ciudad y en cada comarca, y si avanzamos hacia la sustentabilidad o retrocedemos.

    Los objetivos de la "participación" y sus métodos instituyentes, la "igualdad" de oportunidades, la "integración" contra la marginación, y el "cambio" en las pautas de consumo, pueden ser condiciones necesarias pero no suficientes para la sustentabilidad que se pretende en el hábitat. Aun cuando se dieran simultáneamente, sólo garantizaríamos que se dan mayores probabilidades para los procesos de "auto-eco-sustentabilidad". Se tienen que cruzar transversalmente con los objetivos de economía, energía, residuos, alojamiento, agua, accesibilidad, etc. por un lado, y por otro con la práctica que verifique estos planteamientos y los aspectos concretos que no contemplamos previamente y que siempre matizan cualquier programación al ejecutarse.




Resumen de casos concretos estudiados por ámbitos


  1. En el ámbito metropolitano de las grandes urbes, del tipo Madrid o Barcelona, analizadas en su conjunto no podemos recoger experiencias que signifiquen transformaciones en la línea de la sustentabilidad y con la participación ciudadana requerida. Pero sí podemos mostrar algunos ejemplos muy interesantes, aunque limitados hasta ahora en el espacio y el tiempo, de prácticas muy aconsejables, tal como las han llevado a cabo las iniciativas ciudadanas y lo que han supuesto, sobre todo en el campo de la vivienda y la energía, así como su articulación con las administraciones locales correspondientes.

    En Madrid a partir del año 1979 el proceso llevado por la Coordinadora de Barrios de Remodelación, significó la práctica superación del problema del chabolismo que se había heredado del franquismo, con métodos muy participativos [T.R.Villasante et al. 1989] (ver ficha). Se construyeron unas 40.000 viviendas en 28 barrios de la periferia de entonces (hoy semi-centrales), con una inversión pública superior a los 220.000 millones de pesetas. Se trata del realojo de 150.000 personas en una operación exigida primero y coordinada después por los propios vecinos desde sus Asociaciones. Es decir una operación sobre hábitats marginados que puede ser ejemplar a escala nacional e internacional. La eficiencia del sistema participativo se mostró más ágil que las formas tradicionales de la administración para hacer estos programas de hábitat.

    La participación de los vecinos se estructuró desde las Asociaciones de Vecinos de cada barrio que se reunían en una Coordinadora para todo Madrid. En cada barrio se siguieron formas diferentes de participación de acuerdo con su tradición y estructura. Por ejemplo, en algunos había "delegados de calle", es decir vecinos voluntarios que llevaban las preocupaciones a las Asambleas de todo el barrio. En las Asambleas se formaron "comisiones de trabajo" (de obras, de prensa, etc.) además de la Junta Directiva de la Asociación. Los técnicos fueron nombrados, o pactados con la administración, por los vecinos, de tal manera que eran los mismos que ya venían colaborando en el barrio, (en muchas asociaciones) y en todo caso pasaron a discutir sus propuestas con las comisiones y asambleas correspondientes.

    Las pancartas en las manifestaciones de la Coordinadora de Barrios en Remodelación proclamaban "Vivienda digna, aquí y ahora". Estas cuatro palabras sintetizan muy bien lo que se consiguió realizar, con sus éxitos y sus problemas. En primer lugar se planteó como un problema de "vivienda", alargado a la "urbanización" y sus equipamientos, pero no a los problemas del desempleo, de la capacitación cultural, etc. que pronto se hicieron presentes y que requieren ahora tratamiento especial. Pasar de la chabola al piso se consiguió para la mayoría de los madrileños que estaban en aquella situación, y además en barrios que pasaron a ser semi-centrales dentro del área metropolitana (en los años 90 se consiguió que el metro y cercanías les pongan a pocos minutos del centro).

    Pero a pesar de los nuevos edificios no se acabó con la marginación social, aunque en algunos casos si quedaron locales previstos para abordar estos problemas.

    La calidad de estos barrios y edificios en general es "digna" tal como se reclamaba, comparable o superior a las urbanizaciones de su entorno. En muchas de estas remodelaciones existieron "comisiones de control de obra" donde los propios vecinos-albañiles hacían un seguimiento de las calidades de los materiales y de su colocación. Ahora bien, no siempre los arquitectos estuvieron a la altura de hacer buena pedagogía en las asambleas de vecinos, con lo que los diseños de las torres y de las urbanizaciones resultaron demasiado duras. En parte porque los vecinos tenían prisa por salir "del barro al barrio" y en parte porque los técnicos no plantearon con suficiente paciencia introducir criterios de sustentabilidad en los edificios. Podemos hablar de aceptable "habitabilidad", sobre todo en algunas de las últimas fases realizadas, pero no propiamente de "sustentabilidad".

    El mayor éxito fue conseguir quedarse "aquí", en el propio barrio, o al menos en el distrito, cuando la amenaza era ser desplazados (como en casi todas las remodelaciones del mundo) a espacios mucho más alejados en el área metropolitana. Por una vez las rentas del suelo no fueron a parar a los especuladores, y revirtieron en lo sustancial hacia los sectores más pobres, gracias a la expropiación del suelo (con indemnización) que realizó el Ministerio, presionado por los movimientos vecinales, en los barrios de chabolas y por la no venta a urbanizadoras de los suelos que ya eran públicos. Ninguna familia ha pagado más del 10% de su salario para adquirir estas viviendas. El quedarse "aquí" fue un éxito económico aunque no siempre social, pues las formas de adjudicación rompieron demasiadas redes del tejido de convivencia que tantos años había costado construir.

    El "ahora" también se consiguió teniendo en cuenta que en poco más de cinco años estaba todo el grueso de la operación en marcha, aunque esto supuso demasiadas precipitaciones. Con unos precios tan bajos se priorizó la vivienda en propiedad individual antes que sistemas cooperativos o de alquiler, dado que la inestabilidad política y social del momento presionaban a la mayoría para tener un seguro con la vivienda además de un techo. Esto repercutió también en que las propias Asociaciones de Vecinos, auténticas protagonistas de la operación, hayan tenido una profunda crisis posterior. Las familias ya tenían su vivienda y se dedicaron a ella, los técnicos pasaron a ser contratados por las administraciones, y solo algunos voluntarios continuaron con los problemas comunitarios y los que aún siguen del desempleo, marginación, cultura, etc.

    En Barcelona la experiencia que nos parece más interesante es además la más actual, posterior a las propias Olimpíadas del 92, que tanta fama le han dado a la ciudad. La movilización de los voluntarios que se produjo para colaborar con las Olimpíadas nada a tenido que ver con la sustentabilidad. Más bien después de las Olimpiadas y a propósito de la Agenda 21 de la Cumbre de Río sobre Medioambiente, es cuando se inicia en Barcelona el debate sobre la no sustentabilidad del modelo desarrollado hasta la fecha. Se crea la Plataforma "Barcelona Estalvia Energia" (ahorra energía) en la que participan la Federación de Asociaciones de Vecinos, el sindicato Comisiones Obreras, y varios grupos ecologistas. La Plataforma supera actualmente los cien mil ocios. Posteriormente se han incorporado otros sindicatos y grupos ecologistas. Según el Reglamento de participación de Barcelona a partir de 10.000 socios se puede solicitar una Audiencia pública para debatir con el Ayuntamiento los temas solicitados.

    Se convocó esta primera Audiencia pública en Abril de 1993 con gran repercusión en la prensa, y se debatió sobre las 28 iniciativas ciudadanas presentadas en torno a transporte, residuos, urbanismo y fiscalidad. Es decir con un contenido claro de reequilibrio sustentable frente al modelo de ciudad heredado. El resultado fue un compromiso municipal para redactar un primer Programa de Medioambiente municipal, un Referéndum sobre tráfico, la adhesión a la declaración de "ciudades para la protección del clima", y la posibilidad de que la Plataforma interviniera en el Pleno municipal para defender su iniciativa.

    Aunque muchos de los compromisos se han quedado en declaraciones sin plazos ni presupuestos concertados, sí se han ido consiguiendo algunos avances. Por ejemplo el aumento de los kilómetros de carril-bici, las zonas de "trafico calmado" (como en La Ribera, 10 km/hora máximo con prioridad para peatones y ciclistas). También se han iniciado auditorías energéticas de los edificios municipales, y la energía solar térmica se ha empezado a poner en guarderías y polideportivos, y el gas natural en los autobuses. Pero también hay puntos negros como la construcción de una incineradora de residuos, el desvío del río Llobregat, o el uso que se pretende del Parque Natural de Collserola. De hecho el Plan Estratégico de Barcelona sigue sin considerar el medio ambiente como eje central de sustentabilidad, y aún no ha invitado a los ecologistas al proceso de toma de decisiones.

    Pero lo más interesante desde el punto de vista de la participación y la integración social es el proceso interno de la Plataforma. De un Dossier de enero de 1996 de Barcelona Estalvia Energia extraigo estos interesantes comentarios. "Esa es la razón que nos impulsa -no sin contradicciones- a encarar desde el ecologismo los problemas económicos y sociales, a integrar desde el sindicalismo la experiencia del trabajo en el entorno, a incorporar desde el movimiento vecinal nuevas dimensiones al concepto de calidad de vida". Se trata de superar la tendencia de algunos movimientos a actuar como grupos de presión "de un solo asunto", pues esto permite tomas de decisión más opacas y "convierte a los gobiernos en árbitros de una resultante de fuerzas contrapuestas". La Plataforma cita el capítulo 28 de la Agenda 21, la Carta de Aalborg, y el Quinto Programa de Acción Medioambiental de la Unión Europea, para reclamar procesos descentralizados de participación que caminen a formas de democracias participativas.

    Hay nuevas iniciativas en marcha de la Plataforma, pero de entre todas destacamos el paso dado en Junio de 1995 por esta Plataforma para impulsar un Foro Civic "Barcelona sostenible" siguiendo "la experiencia iniciada por el Panel Cívico de la ciudad de Seattle, en los Estados Unidos, y por la New Economics Foundation junto a diversas ciudades de Gran Bretaña, entre otros lugares". Su cometido es hacer participativos la elaboración de indicadores de calidad de vida por el "método de aproximaciones sucesivas" hacia la sustentabilidad de las ciudad. Para ello tres comisiones (ecología, economía, social) con expertos reconocidos elaboran una lista de índices que cada año someterán a discusión de este Foro de entidades cívicas, universitarias y la propia prensa, para alertar y educar a la ciudadanía en los nuevos valores que se hacen imprescindibles para la sustentabilidad.

    Estos dos ejemplos metropolitanos ilustran bastante bien los cambios que se están produciendo en los movimientos sociales y en los procesos de participación. El caso de la remodelación de los barrios de Madrid es el último de una lucha exitosa del tipo de los de países del Sur por el hábitat, mientras que el caso de Barcelona, Estalvia Energia y Foro Civic, nos muestra ejemplos de las nuevas propuestas de movimientos del Norte por la sustentabilidad y la democracia participativa. También las nuevas Cooperativas de Vivienda en Alquiler para Jóvenes, en varios barrios y ciudades del área metropolitana de Madrid, vienen a plantear que se está iniciando un nuevo ciclo de formas de participación e integración social.

  2. Las ciudades de tipo medio parece que tienen más posibilidades de un equilibrio sustentable, sobre todo aquellas con una estructura de ciudad antigua y de movilizaciones por una calidad de vida a escala convivencial. Hay bastantes ciudades en la península que esta calidad de vida se nota sólo con pasear por ellas, pues la gestión de la última década, sobre todo de los primeros Ayuntamientos democráticos, ha impedido el deterioro que la última década franquista había empezado a imprimir. Pero el que se mantengan los edificios y la estructura urbana básica, no nos habla de cómo lo viven sus ciudadanos y de los costos que han de pagar por ello. Una hermosa ciudad como Donostia/ S.Sebastian tiene unos precios del suelo prohibitivos, y una conflictividad inquietante. Otros ejemplos son las "ciudades-dormitorios" alrededor de las grandes urbes, que pasaron de pueblos a modernas urbanizaciones, pero cuyo carácter dependiente metropolitano casi no les permite políticas autónomas de sustentabilidad.

    Tomamos tres ejemplos de ciudades que han intentado explícitamente Planes Estratégicos con importantes componentes medioambientales. Una histórica del norte, Girona; una del centro y dormitorio, Alcobendas; y una del sur e histórica, Córdoba. En las ciudades históricas (y tenemos bastantes además de las ya declaradas "patrimonio de la humanidad") el elemento clave fue la redacción de un Plan Especial de Reforma Interior (PERI) que en la medida que contó con los intereses de los comerciantes y de los residentes ha tendido a mejorar la habitabilidad que ya traía la ciudad preindustrial, largo tiempo olvidada y en degradación creciente. El caso de Girona es especialmente interesante por el cambio de imagen tan espectacular de unas traseras que dan a un río, que hoy se convierten en motivo de atracción turística por sus nuevos colores cálidos. Para la participación ciudadana es muy importante estos elementos visibles que hacen creíbles las voluntades públicas.

    En Girona la relación de los equipos técnicos con los comerciantes de algunas calles del centro histórico, y la incidencia en atraer un turismo de fin de semana, parece que es el eje central, tal como lo muestran las reuniones mensuales para la elaboración del proyecto, y las reuniones semanales durante la ejecución de obra. Para esto la disponibilidad del equipo técnico a la participación ciudadana con un método adecuado es básico, y que se genere y/o amplíe el tejido asociativo sobre intereses concretos y muy tangibles. Pero la redacción del Plan estratégico, Pla de Ciutat, orientado en esa misma dirección, sin embargo descansa básicamente en el impulso municipal, y aunque participan 130 entidades formalmente, es más habitable/sostenible que auto-eco-sustentable.

    Las medidas técnicas de transporte, agua, y protección de la naturaleza parecen más convencionales y no tan participativas, pero el "Programa Pobreza III" seleccionado y apoyado por la Comisión Europea si introduce una sustancial mejora metodológica con la "Acción-investigación-redefinición". Es decir, plantea criterios de coordinación, partenariado, y evaluación que vayan integrando los recursos, las acciones y los actores sociales. Pero las dependencias financieras y el acceso a la vivienda pueden estar lastrando el proceso, además de que estos conceptos de participación integrada necesitan partir de los propios afectados para ser realmente eficaces.

    Alcobendas es una ciudad dormitorio al norte del área metropolitana de Madrid, pero que se ha planteado un Plan estratégico que habla de Eco-ciudad, transporte público, ciudad educadora, 0,7% de ayuda al desarrollo, etc. Se basa en el éxito del Museo Acciona, la proximidad de dos campus universitarios, el desarrollo de centros cívicos, teatro, parques, co-generación. Para la elaboración de este Plan se han realizado 12 mesas de debate con expertos y profesionales, y los vecinos han contestado 4.017 encuestas, en una población de 85.000 habitantes. El que se consulte a la población la elaboración de un Plan no quiere decir que sus resultados vayan a ser sustentables.

    Por ejemplo, en la presentación de la gestión del Plan nos aparece el concepto de "crecimiento sosegado, casi tan necesario como el equilibrio", que se concreta en las autovías que les unen con Madrid, una ampliación de suelo industrial para unos 12.000 empleos, y 3.500 nuevas viviendas que harán crecer Alcobendas por encima de los 100.000 habitantes para el año 2005. Efectivamente el reto de estas ciudades dormitorio está en su reequilibrio interno de eco-ciudad, o seguir creciendo en dependencia de la metrópoli que le marca sus necesidades expansivas. La participación activa de los ciudadanos para lograr un cambio de orientación hacia el reequilibrio de eco-ciudad pasa a ser fundamental.

    Córdoba es un caso que conjuga muy variadas experiencias participativas y de habitabilidad/sostenibilidad, sin que su Plan Estratégico haya sabido recoger todas esas potencialidades. Por ejemplo la buena rehabilitación de su centro histórico o la remodelación de barrios marginados como "las Palmeras y las Moreras", o más recientemente el plan integral de reciclado de residuos urbanos. Sin embargo el Plan estratégico deslumbrado por la llegada del AVE opina que la ciudad depende "excesivamente de recursos endógenos" y que tiene ahora una gran "capacidad para expansionarse". Aquí se plantea además un problema fuerte porque efectivamente los "barrios no están integrados entre si" y se plantea que al soterrar el ferrocarril se cree ahí un amplio espacio de nueva centralidad. Pero no es lo mismo un centro que articule las centralidades de barrios (Córdoba tiene 300.000 habitantes), que una nueva centralización expansiva que rompa el equilibrio y la habitabilidad de la ciudad.

    En 1993 pusimos en marcha en los 7 distritos de Córdoba un plan de "Investigación-Acción-Participativa" (IAP) que debería completarse con unos "Presupuestos Alternativos e Integrales" (PAI). La primera parte de auto-diagnósticos participados se desarrollo en pocos meses en todos los distritos de acuerdo con la Federación de Asociaciones de Vecinos y los técnicos de los Centros Cívicos municipales, con buenos resultados de participación entre vecinos, técnicos locales e investigadores. La segunda fase para poner en marcha los PAI, solo tres distritos lo acometieron con sus asambleas de una veintena de asociaciones, sus comisiones de trabajo, y la movilización social correspondiente, en torno a un objetivo central de calidad de vida para el distrito. Por lo menos se pudo demostrar que estas IAP/PAI son viables cuando se acometen con interés a estas escalas descentralizadas.

    Pero al tiempo hemos de señalar la desconexión con otros planes sectoriales muy participados como el de residuos, o más técnicos y globales como el propio Plan Estratégico. Un plan de Reducción, Reutilización y Reciclaje de residuos para toda una ciudad como Córdoba sólo puede realizarse bien con participación ciudadana. Para ello se vienen realizando programas permanentes con 40 colegios desde hace siete años sobre higiene urbana, un autobús que recorre semanalmente cada barrio con información, programas en la Televisión local, información puerta a puerta, y un equipo técnico especializado en información, y también con capacidad de inspección y sancionadora. El reparto del compost para tiestos de macetas, las bolsas de plástico reciclado, o el papel reciclado que se reciben son elementos muy positivos y concretos que animan la sustentabilidad de la iniciativa.

  3. Comprobamos con todo lo dicho que los programas de participación e integración social vienen funcionando mejor y con características más sustentables a escala de barrio, o sectorial, que a escala de ciudad, aún siendo éstas de tipo medio. En estas escalas más descentralizadas podríamos aportar unos treinta casos que merecen reseñarse en distintas ciudades (unos veinte ya los presentamos en el Congreso de Córdoba de 1992 sobre Participación ciudadana, (y algunos los añadimos en [T.R. Villasante , 1995]). Por razones de extensión nos vamos a limitar a exponer ejemplos de los cuatro tipos que nos parecen más característicos de lo que se ha venido realizando en la última década en participación e integración social en nuestras ciudades: Planes Comunitarios, Parques y actuaciones medioambientales, Planes de juventud, Programaciones de investigación-acción-participativa.

    Los Planes Comunitarios se han venido realizando en barrios de Valencia, Andalucía, Galicia, Canarias, Madrid, etc., y la metodología de la que han partido la han expuesto en sus propios documentos de trabajo (o bien en textos de [Marco Marchioni , 1992]). En unas Jornadas recientes se presentaron resultados de los cuatro Planes Comunitarios de Galicia (realizados en barrios de El Ferrol, La Coruña, Santiago y Vigo).Estos planes comunitarios empezaron de muy diversas maneras, por temas más concretos como las "drogodependencias", pero sus técnicos se dieron cuenta pronto que tenían que ampliar sus objetivos a aspectos más integrales, incluso para poder responder al tema por el que habían empezado.

    Se trata de un proceso progresivo, tal como lo cuenta Ricardo Costa, (1995): Tienen una fase de diagnóstico y otra de programación. En el diagnóstico distinguen entre lo "estático" (datos, encuestas) y lo "dinámico" con entrevistas a personas relevantes y prácticas de "investigación participativa". La fase programática cuenta con una Asamblea, Junta coordinadora, comisiones de trabajo, y comité técnico, para desarrollar los programas específicos y además para su evaluación regular. Equipos de técnicos y voluntarios dirigen cada servicio especializado, y suele haber bastantes, por lo que estos Planes Comunitarios son un buen inicio de integralidad y sustentabilidad para estos barrios.

    El planteamiento es muy interesante, pero en la práctica se puede caer en un gestionismo de servicios que "quema a las personas" implicadas y no proporciona otras de recambio (tal como nos han comentado en algunos de ellos). No siempre el diagnóstico es una crítica más allá de lo evidente, que permita relanzar un proceso instituyente capaz de promover nuevos ánimos y nuevas personas implicadas. Sobre estos Planes se puede consultar también el Plan Comunitario de Carabanchel Alto (Madrid) o el libro colectivo (1992). Cabe, de acuerdo con la evaluación, que nuevas "audiciones" sirvan para retomar algún tema sentido, movilizador y crítico, que dé pie a nuevas saltos sociales de tipo instituyente.

    Hay también muchas experiencias de recuperación de espacios naturales hechas con participación ciudadana (desde los que citamos en las fichas de 1992, del tipo de un parque en Alcoy, hasta los proyectos de Manzanares Sur en el barrio de San Fermín, en Madrid). Aquí nos vamos a centrar en la experiencia del Parque Miraflores de Sevilla, por ser un proceso ejemplar. Tomamos como referencia el artículo de José Carmona (1992) del Comité Pro Parque Educativo Miraflores, unos folletos de este Comité, de la Asociación de Vecinos San Diego, de la Casa de Oficios, y el libro de Pedro A.Luque (1995)

    Aunque la ficha del Ayuntamiento de Sevilla señala el inicio en 1994, todos los documentos señalan que el proceso se inicia en 1982-83 con distintos tipos de reclamaciones ciudadanas, y que desde 1990 el Comité Pro Parque ya está gestionando allí los inicios de la recuperación de la finca de 86 hectáreas, declarada desde 1988 "Bien de Interés Cultural" por la Junta de Andalucía.

    El trabajo por la Educación de adultos en los barrios de San Diego y Pino Montano, dará lugar al Seminario de Ciencias Sociales del Distrito Macarena, en los primeros años 80, que es desde donde se va a lanzar esta iniciativa ciudadana. Los últimos años 80 se pasan en luchas vecinales contra la Ronda Norte que corta el Parque para dar acceso a la Expo (y se pierde), y el conseguir apoyos institucionales para una escuela-taller y la declaración de "bien de interés cultural" (que se consiguen). Hay que tener en cuenta que es a partir de los vecinos como se descubren un sistema de riegos (del siglo XVI), una torre Almohade (siglo XII), una villa romana, etc. y se inician un programa de huertos (escolares y de ocio), itinerarios pedagógicos y un Aula de la Naturaleza, Casa de Oficios (en 1992), etc. La administración sólo va a remolque.

    Lo más interesante de este proceso es en primer lugar la intencionalidad de construir una "identificación colectiva" en las barriadas masificadas del norte de Sevilla a través de un elemento emblemático como el Parque Miraflores. En segundo lugar que van descubriendo la necesidad de combinar reivindicaciones e iniciativas de gestión (apoyos institucionales y autogestión de algunos servicios). En tercer lugar el saber combinar el que "están brotando las lechugas" en los huertos, es decir, "ser eficaces" sin caer en el "gestionismo", y al tiempo un fuerte contenido pedagógico, "espacios educativos", para garantizar generacionalmente la sustentabilidad del Parque y de su función difusora cultural en todos los ciudadanos que lo usan y visitan.

    Los procesos de educación de adultos son muy importantes de cara a la sustentabilidad, como también lo demuestran las Asociaciones de Vecinos de Palma de Mallorca, donde además han sabido defender su patrimonio histórico haciendo sus programas para una Televisión local. El problema educativo de los más jóvenes en Zaragoza se ha planteado a través de la experiencia muy interesante de las Casas de la Juventud. Esta Federación de Asociaciones juveniles se está extendiendo por todo Aragón, y el tipo de actividades que promociona tienen una intencionalidad de educación para la sustentabilidad. Dentro del apartado auto-educativo nos parece lo más reseñable de los muchos "planes jóvenes" que se han iniciado en diversos municipios. Tomamos de sus publicaciones el siguiente resumen:

    "Durante el curso 1992-93 participaron 80.657 jóvenes en actividades de difusión y 16.795 en Proyectos Interasociativos -lo que llamamos "consumidores de actividad"-, 2.592 alumnos en cursos -lo que llamamos usuarios-, 4.756 miembros de grupos estables -gente que participa de una a cinco veces a la semana en su colectivo, desde juegos de rol a feminismo o ecología-, 241 animadores voluntarios y 408 representantes en juntas directivas -los dirigentes de las Casas-. Además tenemos una veintena de técnicos remunerados... gestionamos una página gratuita en la totalidad de los periódicos aragoneses... La FCSJ cuenta con un presupuesto de 125 millones de pesetas, 100 fruto de la aportación municipal y 25 de recursos propios". Lo más llamativo es la capacidad para auto-organizarse, y hasta nombrar a su propios técnicos, y realizar proyectos de cierta sustentabilidad a partir de los propios jóvenes por sí mismos, en los Grupos Estables. Si bien es verdad que por contraste con otros grupos "disidentes", puedan caer en un espacio solo gestionista y clientelar [Colectivo I.O.E. , 1996] en algún caso.

    Ilustración: Relación entre prácticas de democracia participante



    Praxis de la participación/iniciativas ciudadanas para la integración social
    Prácticas/
    Fases
    Reglamentos N.I.P. P. Comunitarios IAP/PAI
    Negociación
    inicial
    Administración y
    Asociaciones en
    litigio
    Administración,
    técnicos y
    asociaciones en
    litigio
    Administración
    y/o asociaciones
    y/o técnicos
    Administración
    asociaciones y
    técnicos
    Objetivos Complementación
    de la democracia
    representativa
    Consenso por
    cada tema
    suscitado
    Dinamización
    comunitaria por
    autodiagnóstico y
    programaciones
    Dinamización
    instituyente para
    constituir una programación
    movilizadora
    Grupos de
    Trabajo
    Representantes
    de la
    Administración y
    de las
    Asociaciones
    Selección al azar
    de vecinos del
    censo
    Equipo técnico en
    contacto con los
    dirigentes
    sociales
    Grupos mixtos de
    técnicos y
    voluntarios
    Información Precedentes de
    Participación
    Documentación
    técnica con
    asesores
    neutrales
    Datos
    socioeconómicos
    y participación de
    las asociaciones
    Datos
    socioeconómicos,
    mapeo del tejido
    asociativo e
    informal
    Diagnóstico Talleres sobre
    propuestas de
    Reglamento
    Talleres del
    "núcleo" con
    expertos y
    autorizades
    Informadores
    privilegiados y
    coloquios de calle
    "Triangulación de
    entrevistas y
    grupos de
    discusión para
    "conjuntos de
    acción"
    Propuestas Proyecto de
    Reglamento y
    Consejos
    Dictámen
    ciudadano
    Programación de
    distintas líneas
    de intervención
    sectorial
    Selección de un
    tema generador y
    autosustentable
    Acuerdos En el Pleno
    municipal
    No vinculante
    para la
    Administración
    Respaldo de
    diferentes
    administraciones
    Comisiones que
    salen de una
    Asamblea (con
    apoyo técnico si
    es factible)
    Ejecución Organigrama con
    Participación de
    Asociaciones en
    Consejos
    consultivos
    Acuerdo
    consensuado de
    las partes
    sancionado por la
    Administración
    Coordinación de
    servicios abiertos
    por la
    Administración
    Difusión,
    formación, toma
    de decisiones y
    evaluación por las
    asociaciones y
    técnicos
    implicados



    En el gráfico y cuadro adjuntos tratamos de diferenciar cuatro formas diferentes de entender la participación ciudadana de base. Ya hemos hecho referencia a los Reglamentos de los municipios más avanzados, y también a los planes comunitarios, y ambos muestran enfoques de conjunto de todos los problemas locales. Pero la I.A.P/P.A.I y los Núcleos de Intervención Participativa (N.I.P) parten de síntomas singulares y concretos, de situaciones de importancia a partir de las cuales se plantea la conflictividad fundamental. En el caso de los N.I.P se trata de elegir una especie de jurado ciudadano, que durante una semana (en que son remunerados), han de estudiar los pros y contras del conflicto que se les plantea hasta llegar a un consenso, y elaborar un dictamen no vinculante para la Administración.

    En la ficha correspondiente a los Planes Comunitarios, N.I.P e I.A.P/P.A.I se desgranan las características fundamentales y los procesos concretos que han seguido en nuestros barrios y pueblos. Aquí sí cabe hacer una valoración sobre el carácter meramente complementario de los Reglamentos y los N.I.P respecto a conseguir un consenso que empieza a ponérsele difícil a la democracia representativa, y por lo tanto a plantear unas técnicas como si pudiesen ser neutrales, o unos procesos como no vinculantes, o unos consejos, como meramente consultivos. Por eso preferimos partir de los Planes Comunitarios en la medida que se acercan a construcciones de reflexividades dando juego a las iniciativas ciudadanas. Aquí apuntamos nada más los rasgos generales de las experiencias que se van realizando, de Córdoba, Madrid, Salamanca, Vigo, etc.

    Como vemos todos estos proyectos sean de barrios concretos, de un distrito de una ciudad, o sectoriales, parten sobre todo de la iniciativa de los propios ciudadanos, pero acaban pactando algún respaldo institucional. En esta línea de desarrollar los proyectos de sustentabilidad en acuerdos entre instituciones del Estado (Ayuntamientos, Universidades, etc) y asociaciones de voluntariado (vecinales, juveniles, etc.) cabe encuadrar los programas IAP/PAI (investigación-acción-participante/programación-autosustentabl e-integral), que venimos desarrollando en diversos barrios y ciudades, y con diferentes colectivos (inmigrantes, TV local, jóvenes, minusválidos, vecinos, etc).

    Iniciamos estas practicas de I.A.P/P.A.I en Córdoba en 1993 como ya se comentó, y luego se han ido extendiendo. Se trata de una variante sobre la IAP, socioanálisis, y planes comunitarios, para dar mayor capacidad autocrítica y reflexiva al desarrollo local sustentable. Hay un primer cuestionamiento del papel de cada elemento promotor, y una negociación de las tareas al inicio de la programación, que ya tiene que marcar un salto en los compromisos adquiridos. El análisis de "grupos conversacionales" se hace desde aportes críticos cruzados: "temas sentidos" por distintas fracciones sociales, redes relacionales y evolución de sus conjuntos de acción, propuestas "generadoras" sustentables, y problemática emergente de fondo. En tercer lugar se realizan unos talleres que concretan el tema generador que debe coordinar las distintas actividades. Y finalmente se ha de realizar y evaluar lo planteado en un proceso que concretiza los saltos constructivos y reflexivos que se han venido dando desde los grupos iniciales hasta su generalización social.

  4. En el medio rural hay también experiencias de mucho interés, tanto en razón de la participación social como de las realizaciones a partir de un medio más sustentable por menos colonizado inicialmente. Las experiencias de participación en pueblos pequeños no suelen ser tan conocidas y suele incluso pensarse que son más difíciles que en las ciudades, pero hay muy buenos ejemplos que demuestran las posibilidades en cada medio rural, por muy diferente que sea. Por ejemplo Marinaleda en Andalucía, Santa Lucia de Tirajana en Canarias, Allariz en Galicia, Lena en Asturias, en Navarra desde los pueblos abandonados recuperados hasta el reciclaje de la comarca de Montejurra, etc.

    En pueblos como Marinaleda o Santa Lucia (en nuestro estudio del 92 había más) la participación y la unidad viene de atrás, de la lucha por la democracia, las costumbres de tomar las decisiones en Asambleas, las prácticas de la democracia en la gestión directa de los asuntos urbanos y medioambientales.

    Santa Lucia tiene 24.000 habitantes en 9 barrios, y desde 1979 gobierna una candidatura basada en las asambleas de barrio, que vinculan las decisiones municipales, yendo a ellas además de los vecinos, el Alcalde y los concejales que correspondan. En las asambleas de Marinaleda "participan una media de 500 a 600 personas, y hay al menos 80,90 o 100 asambleas al año... Queremos que el poder, por tanto, no sea un "poder botín", un poder para mantener el orden establecido, sino un poder que tenía que subvertir nuestros propios valores, y subvertir la moralidad que nos rodea ahora" [J.M. Sánchez Gordillo , 1995].

    En Marinaleda empezaron por los "turnos de vecinos" para recoger la basura, en los que también participaban los concejales y el Alcalde. Luego siguieron con los "domingos de trabajo voluntario", en donde se reunían de 100 a 300 personas para hacer tareas comunitarias, como arreglar calles, jardines, etc. Y luego se metieron en la autoconstrucción de viviendas. Primero hicieron una promoción aprovechando el PER (plan de empleo rural) y una ayuda de la Junta de Andalucía de "millón y pico" por vivienda. Discutieron el proyecto con un arquitecto y formaron una comisión de obra, y daban cuenta a una asamblea de los participantes. "Esas viviendas son de 4 habitaciones, tienen 90 metros cuadrados construidos, un cuarto de baño arriba y lavabo abajo, un salón de estar, una cocina, un patio trasero... y el coste de cada una fue de 3.700.000 pesetas incluyendo todos sus alrededores"(ibid).

    En el siguiente proyecto de autoconstrucción tuvieron problemas con la Junta de Andalucía porque les limitaba (la vivienda) a 66 metros cuadrados y con un proyecto técnico que no les gustaba si querían acogerse a las ayudas. Por un lado pleitearon y por otro han hecho "trucos", de manera que pueden tener construido ahora 75 metros y son ampliables a 100. La cuestión era rechazar las "viviendas para pobres" con las que la administración suele segregar a la parte de la población que tiene menos recursos económicos. Pero sobrados de recursos humanos, por estar parados muchos meses al año, el modelo de integración exigía viviendas amplias dentro de sus posibilidades económicas ( 3.500.000 pts). Desde la Junta de Andalucía el programa de autoconstrucción de viviendas, con diversas modalidades, está sirviendo para solucionar muchos casos que de otra manera serían imposibles.

    Tomemos ahora pueblos del norte, tanto en Lena (Asturias) como en Allariz (Ourense) estamos ante Concellos de población muy envejecida y muy dispersa en aldeas muy pequeñas pero que ante grandes crisis del municipio han sabido articular proyectos de desarrollo local con amplia participación de los vecinos. En Allariz son 16 parroquias y 92 núcleos de población, para poco más de 5.000 habitantes. Hoy cuentan con 11 locales sociales en las parroquias, están comunicados por un autobús que les une a la villa, se han creado nuevas asociaciones, intervienen en los Plenos municipales, etc. Todo comenzó en 1989 a partir de una movilización vecinal por la contaminación del río. Hay una cambio de gobierno municipal y desde el 90 se inicia un programa de educación de adultos, una escuela-taller, etc. Y posteriormente se va construyendo un Parque etnográfico con museos (molino, juguete, cuero, lino, etc. y una estrategia de turismo rural sustentable que merece el Premio del Consejo Europeo.

    En Navarra encontramos también buenas experiencias de participación, bien porque muchos pueblos fueron quedando abandonados en décadas anteriores y ahora son recuperados poco a poco por nuevos ocupantes que viven en comunidad (artesanías y otras labores agrarias), bien porque en zonas de cierta importancia (comarca de Montejurra) se está desarrollando una actuación piloto de reciclaje de residuos urbanos. Ya en Pamplona se había iniciado con el equipo Lorea una experiencia pionera en la década pasada, pero ahora un buen planteamiento participativo está extendiendo este planteamiento de sustentabilidad a toda una comarca, con la complejidad que esto significa.

    Los temas de defensa del patrimonio natural en el medio rural han tenido bastante mala prensa, precisamente por un mal entendimiento entre la población y las propuestas de conservación que se han venido haciendo. Ahora aparece una nueva forma de desarrollo basada en el turismo rural y el turismo verde, con distintas combinaciones según las zonas. Los casos de islas (Menorca, Lanzarote, etc.), o de rías, o de zonas de alta montaña en donde se pretenden hacer estos programas de reequilibrio hacia nuevas actividades presentan una problemática particular. Donde hay una demanda alta (islas) medidas muy proteccionistas pueden preservar un turismo de calidad, pero han de ser muy asumidas por la población, pues la tentación de ganar dinero rápido puede acabar por degradar lo que aún se conserve de calidad sustentable.

    En las zonas rurales más empobrecidas se han ido haciendo una serie de Planes Leader, apoyados por la Unión Europea, con desigual fortuna. En algunos de ellos se han planteado gastar los recursos en talleres formativos para los lugareños, algunas infraestructuras necesarias, y algunas nuevas oficinas de los técnicos que atienden todo el proceso, pero poco más. El inicio del "grupo de gestión local" ya es muy importante, y que su planteamiento sea participativo desde el propio diagnóstico debería ser un requisito imprescindible. Después habrá que tener una buena gestión que sepa conseguir recursos adicionales a los de la Unión Europea, y para ello los proyectos deben contar con buenos estudios económicos, de sustentabilidad ecológica y de respaldo social. La integralidad de estos planteamientos es lo único que puede hacer que estas comarcas no consuman en problemas internos los recursos que les llegan.




Recomendaciones para una sustentabilidad ciudadana


  1. No se trata tanto de responder al objetivo de la participación con reglamentos o concejalías en los ayuntamientos que, sin apenas presupuestos ni competencias, pretenden hablar con los vecinos para informarse o mantenerlos informados. Más bien estamos planteando que los ciudadanos sólo participan si ven claras las condiciones favorables en las que pueden decidir realmente sobre elementos concretos e importantes que les puedan mejorar su calidad de vida y las de sus hijos. La sustentabilidad se ha de basar por lo tanto más en los procesos instituyentes de democracias participantes en las gestiones locales, que en la participación ciudadana como se ha venido haciendo habitualmente en planes y reglamentos municipales.

    Las prácticas concretas de Planes comunitarios, de algunos planes de juventud, programas de reciclaje, realización de parques y otras iniciativas locales, los planes integrales (IAP/PAI por ejemplo) aplicados a casos sectoriales o de barrios, nos muestran caminos nuevos y emergentes donde se dan las condiciones normalmente de sustentabilidad, participación e integración social. Ahora que en varias de nuestras ciudades los Planes Urban (y otros) de la Unión Europea plantean la resolución de estos problemas, es preciso avanzar en prácticas que impliquen recoger estas experiencias de reequilibrio local urbano integrado. Sin duda no deben quedarse tales técnicas en repeticiones mecánicas de lo que se está empezando a realizar, pero tampoco se puede llamar participación o integración social a cualquier programa que no tenga en cuenta estas experiencias con sus aciertos y sus errores.

  2. La integralidad ha de entenderse en este sentido de complejidad que sabe conjugar las distintas especialidades profesionales y los distintos actores sociales que intervienen en cada proceso concreto. La sustentabilidad del ecosistema ha de tener en cuenta no sólo la diversidad de los componentes naturales o artificiales que lo integran, con sus variadas relaciones en proceso continuo, sino sobre todo y con mucho cuidado los elementos humanos con sus diferentes necesidades y conductas. Precisamente porque son los humanos en estas últimas décadas los que hemos puesto los ecosistemas naturales al borde del colapso, matando nuestra propia gallina de los huevos de oro. Los Planes Integrales (IAP/PAI) han de tener en cuenta tanto en el diagnóstico como en los programas a realizar, el cruce de los condicionantes económicos, de redes culturales, y de recursos medioambientales que existen en cada territorio concreto. Sólo a través de un tema generador e integral será posible movilizar las voluntades y las implicaciones en el mejor de los casos. Pues tales diagnósticos y programas apuntan a un cálculo de probabilidades de hacerlos más eficientes, pero son más condiciones necesarias que suficientes a la hora de pensar en cual pueda ser el resultado esperado. Lo que es seguro es que si no parten de esa integralidad de contemplar al tiempo la economía, el territorio y la cultura, no hay apenas probabilidad de asegurar una dirección de sustentabilidad.

  3. Las programaciones de cara a la sustentabilidad se nos están planteando en un mundo donde la marginación y la violencia hacen difícil cualquier proyecto que no tenga en cuenta la polarización creciente que las causa. Los valores de la sociedad están tensionados por atender al futuro de la humanidad y del planeta, pero también por la desesperación actual de un buen número de ciudadanos, sobre todo en las condiciones de pobreza dramática del los países empobrecidos, que difícilmente pueden atender a los llamamientos razonables de no contaminación, cuando ni ellos son los principales responsables, y sus urgencias son de vida o muerte para sus propias familias en las condiciones actuales de subsistencia. La sustentabilidad no es garantizable al margen de una mínima justicia social.

    En esta situación ganar más tiempo disponible para la auto-formación, el ocio, la calidad de vida, entre los que poseen más medios debe contribuir a repartir el trabajo entre los que puedan estar más marginados de el, y además permite tener más tiempo libre para atender voluntariamente los aspectos medioambientales y culturales de nuestra sociedad. Sin duda esto supone un cambio de valores entre los dominantes en una sociedad tan competitiva, pero realmente no nos quedan muchas más alternativas si queremos que la integración social sea algo más que buenos deseos. Como condición de la sustentabilidad está, por tanto, la implicación de todos en la sociedad que estamos construyendo. La marginación puede llevar a situaciones de desesperación social donde la barbarie vuelve a aflorar, sin justificación racional aparente, pero con toda la contundencia de sus violencias sin salidas.

  4. El cambio de valores puede llegar provocado por algunos acontecimientos dramáticos y no queridos (que a menudo han sucedido en la historia), o bien porque se vayan construyendo por la propia sociedad nuevas pautas ante los problemas que racionalmente son de prever. Sin duda las ciudades que mejor sepan darse cuenta a tiempo de cuales deben ser estos nuevos valores, serán las que menos sufran las consecuencias, y las que estén mejor preparadas para las nuevas formas civilizatorias a las que nos hemos de dirigir. En consecuencia es urgente un amplio debate entre los actores sociales en presencia sobre cuales pueden ser esas nuevas motivaciones y valores que hemos de construir para sobrevivir en las mejores condiciones.

    Una forma concreta de construir estos nuevos referentes es precisamente los Foros cívicos, que ya se están difundiendo por las diversas ciudades preocupadas por la temática de la Agenda 21 de la Conferencia de Río. Efectivamente en un Foro de estas características la colaboración de las asociaciones, sindicatos, universidad, medios de comunicación, etc. es la mejor forma de recoger cuales son las preocupaciones de los sectores más ilustrados en cada especialidad, y al tiempo también es la mejor forma de dar un aldabonazo cada año sobre cómo está evolucionando nuestra calidad de vida. Las comisiones de estudio de lo social, la economía, y la ecología local, a la vez nos informan a todos de qué pasa con nuestra sustentabilidad, y esto debe servir para que el debate nos plantee las nuevas pautas de consumo que se van haciendo necesarias.

    En resumen, que las Programaciones Integrales (IAP/PAI) en los ámbitos descentralizados, y los Foros Cívicos para la coordinación de nuevos indicadores de calidad de vida en las ciudades, son los instrumentos que nos parecen más idóneos para que se puedan dar procesos de sutentabilidad con participación en integración social. Un nuevo ciclo de experiencias se está abriendo paso tanto en las comarcas rurales como en las ciudades y habrá que estar muy atentos a cómo se vaya desarrollando pues de ante mano no hay ninguna receta que nos garantice que los procesos vayan a ir en la mejor dirección. Más bien tenemos la sensación de que las tendencias dominantes juegan en contra de la sustentabilidad del modelo, y por eso nos atrevemos a recomendar algunos instrumentos más concretos, que tanto sirven para defendernos del despilfarro y la degradación ambiental, como pueden contribuir a hacer una parte de la sociedad más creativa e ilusionante.




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Fecha de referencia: 30-06-1997

Documentos > La Construcción de la Ciudad Sostenible > http://habitat.aq.upm.es/cs/p3/a016.html
 
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