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Nashira, una ecoaldea sostenible construida por mujeres para mujeres cabeza de familia y las familias que dependen de ellas (Palmira, Colombia) — ACTUALIZACIÓN

Experiencia seleccionada en el Concurso de Buenas Prácticas patrocinado por Dubai en 2014, y catalogada como BEST y finalista para alcanzar la categoría de AWARD. (Best Practices Database)
Nota del editor: Esta práctica es una actualización de Nashira, una ecoaldea sostenible construida por mujeres para mujeres cabeza de familia y las familias que dependen de ellas, buena práctica BEST de 2012. El texto resaltado en negrilla corresponde al añadido en la práctica actualizada.
País/Estado — Colombia
Región según Naciones Unidas — América Latina
Región ecológica — tropical y subtropical
Ámbito de la actuación — pueblo
Agentes — organización de base comunitaria (OBC); fundación; gobierno local; gobierno regional; gobierno central; organización no gubernamental (ONG); agencia internacional; sector privado.

Categorías — Gestión ambiental. Equidad de género e inclusión social. Modelos de producción y consumo.


Contacto Principal

Asociación de Mujeres Nashira pro Mejor Calidad de Vida — organización de base comunitaria (OBC)
Angela Dolmetsch [angela.dolmetsch@gmail.co]

Corregimiento del Bolo Alizal,
1254 Palmira (Colombia)

Tel: +572 8837855
Fax: +572 8842516


Socio

Fundación Douglas Dolmetsch Cuevas — fundación


Socio

Alcaldía de Palmira — gobierno local


Socio

Gobernación del Valle del Cauca — gobierno regional


Socio

Banco Agrario — gobierno central


Socio

La Caisse Centrale des Activités Sociales (CCAS) des Industries Électrique et Gazière (IEG) — organización no gubernamental (ONG)


Socio

Pagesos Solidaris — organización no gubernamental (ONG)


Socio

United States Agency for International Development (USAID) - Programa Más Inversión para el Desarrollo Alternativo Sostenible (MIDAS) — gobierno central


Socio

UN Hábitat — agencia internacional


Socio

Unidad Administrativa Especial de Organizaciones Solidarias (DANSOCIAL) — gobierno central


Socio

Ana Lucía Michaelis — sector privado


Resumen

En un predio de tres hectáreas, 88 mujeres cabeza de familia y las familias que dependen de ellas, muchas de ellas víctimas del conflicto colombiano, han estado cultivando la tierra durante los últimos 11 años. Naranjos, limoneros, nonis y platanales están en plena producción. Han creado sus propias huertas y, con la ayuda de lombrices, generan compostaje orgánico y lombricompuesto, que también sirve de alimento para peces y aves. Las mujeres se han organizado en 11 núcleos productivos para labores como producción de cítricos, plátanos, noni y productos derivados y huevos de codorniz, recolección y reciclaje de residuos sólidos, fabricación de productos de cerámica, piscicultura y desarrollo ecoturístico y pequeños negocios como un restaurante solar, una tienda comunitaria y un vivero de plantas ornamentales.

El primer sábado de cada mes, Nashira establece un mercado comunitario para vender sus productos utilizando su propia moneda, nashiras, que circula internamente y se cambia por moneda local. Quizás lo más importante es la construcción de las viviendas ecológicas. Cada casa tiene una habitación para visitantes que genera un ingreso extra para cada familia. El sistema de aguas residuales es particularmente innovador, pues el agua se purifica a través de humedales sembrados con plantas ornamentales. Nashira tiene su propio acueducto, que provee agua potable en una región donde el agua está contaminada por el cultivo intensivo de caña de azúcar. Cada grupo de casas pertenece a un proyecto productivo que pretende generar suficientes ingresos por familia para resolver los problemas de pobreza extrema que afectan a la población. Este grupo de 88 mujeres ya ha construido con sus propias manos 41 viviendas, y está en proceso de construir las otras 47. Las viviendas están hechas con materiales ecológicos y son financiadas por el gobierno y la empresa privada sin costo alguno para las beneficiarias.

Fechas Clave

Descripción

Situación previa a la iniciativa

Como resultado de la guerra civil, el machismo y la estructura social existente, en la zona de actuación el 33% de los hogares tienen una mujer como cabeza de familia y dependen sólo de sus ingresos para sobrevivir. Además, el 72,5% de los hogares con mujeres como cabeza de familia están por debajo del nivel de la pobreza.

Establecimiento de prioridades

Como el proyecto estaba destinado a mujeres con bajos ingresos y sus familias, que habían sido desplazadas de las áreas rurales, era indispensable contar con una tierra fértil y apta para producir alimentos. En esta región el agua está contaminada, por lo que otra prioridad ha consisitido en cubrir la necesidad de una fuente de agua potable para la comunidad. Dada la pobreza endémica de las mujeres, ha sido especialmente importante que las viviendas no tuvieran costo alguno, ni hipoteca, ni cuota. De este modo se evitaba el peligro de pérdida de la vivienda por demora en los pagos. Por último, el empoderamiento de la mujer ha sido siempre una prioridad básica para el proyecto.

Formulación de objetivos y estrategias

Este es un proyecto dirigido a mujeres cabeza de familia con el objetivo de aliviar la pobreza. La ecoaldea Nashira ofrece a estas mujeres una vivienda ecológicamente sostenible, mejorando su calidad de vida, sin costo financiero alguno. Esto sirve como punto de partida desde el cual ejercer actividades productivas generadoras de ingresos. La iniciativa ha sido promovida por la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia.

Igualmente, se han aprovechado los subsidios del gobierno para vivienda de interés social y las donaciones del sector privado para la construcción de 88 viviendas y de los servicios públicos de acueducto y alcantarillado, generando además ingresos de proyectos productivos con la construcción de estructuras comerciales sostenibles.

Movilización de recursos

Por parte del sector privado, se ha recibido la donación del terreno donde se construyó la ecoaldea.

El gobierno ha proporcionado diversas ayudas, como los subsidios para vivienda de interés social. A nivel local, el Municipio de Palmira y el Departamento del Valle del Cauca han cofinanciado las viviendas. Las políticas de Acuavalle han servido para mejorar el suministro de agua. La colaboración con DANSOCIAL tiene como objetivo ayudar a las personas pobres.

El proyecto ha contado con el apoyo de varias agencias internacionales: el programa MIDAS de USAID y el Fondo para la Juventud Urbana de ONU Hábitat.

Por último, diversas fundaciones privadas han colaborado con el proyecto proporcionando ayudas financieras y/o técnicas : Pagesos Soldaris de Cataluña (España), CCAS de Francia, y Operation Groundswell de Canadá. La Fundación Douglas Dolmetsch, entre otras, ha ayudado tanto financiera como técnicamente, así como con el esfuerzo de las mujeres que fueron a trabajar a España. Change the World ha contribuido con innovaciones ecológicas como el horno solar. Artistas internacionales dirigidos por la comisaria de arte sueca Veronica Wiman, escogieron a Nashira como un lienzo abierto y diseñaron los espacios lúdicos y recreacionales para niños y adultos, además de la página web http://www.lavidaesunteatro.org. Otro grupo de profesionales jóvenes han creado un banco de tiempo para asesorar a Nashira tanto en la parte técnica como en la administrativa y la cultural.

Perfil Financiero

Socio 2006 2007 2008 2009 2010 Total
Fundación Douglas Dolmetsch 85.000 5.600 5.600 5.600 5.600 107.400
Municipio de Palmira 160.000 11.300 - - - 171.300
Departamento del Valle del Cauca 25.300 - - - 145.000 170.300
Gobierno Colombiano (Subsidio de Vivienda de Interés Social) 208.000 - - - - 208.000
CCAS - - 10.000 12.000 14.000 36.000
Associació de Pagesos Solidaris - - 75.000 - 20.300 95.300
USAID - MIDAS - 20.000 - - - 20.000
UN Hábitat - - - 25.000 - 25.000
DANSOCIAL - - 8.000 - - 8.000
Donaciones privadas - 5.000 2.000 5.000 4.000 16.000
Presupuesto total 478.300 41.900 100.600 47.600 188.900 857.300

Datos expresados en dólares estadounidenses.

Proceso

El primer problema al que la iniciativa tuvo que hacer frente fue la obtención de la tierra. La Municipalidad de Cali se había comprometido a construir las viviendas en tierras de su propiedad pero el alcalde terminó judicializado y el proyecto se paró. Finalmente e consiguió que el municipio de Palmira, vecino a Cali, se encargara del proyecto. Se seleccionó una finca de 33.000 metros cuadrados sembrada de plátanos y cítricos por la que el dueño pedía el equivalente de 300.000 dólares estadounidenses. El negocio estaba casi cerrado cuando el alcalde tuvo que renunciar. Los dueños que no querían perder el negocio se pusieron en contacto con la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia, mentora del proyecto, y le ofrecieron la tierra a un precio mucho más bajo, 75.000 dólares. Se buscó financiación a través de diversas entidades hasta que finalmente la Fundación Douglas Dolmetsch costeó la tierra.

En poco tiempo había ya 88 mujeres participando en el proyecto, divididas en grupos de ocho. En esos días el gobierno abrió una convocatoria para vivienda rural de interés social. Un arquitecto especializado en construcción con escombros y en la fabricación de paneles que podían ser manejados por mujeres asumió voluntariamente el proyecto, que sólo empezó a tomar forma dos años después. Con una pequeña financiación del gobierno local se comenzaron 4 proyectos de producción de conejos, de huevos de codorniz, de patos y de cuyes. El único proyecto que aún subsiste es el de huevos de codorniz, ya que los demás han sido remplazados por proyectos más rentables.

Otro de los problemas que tuvo que ser abordado era la falta de agua potable y la gestión de las aguas residuales. Las poblaciones vecinas toman agua no apta para consumo humano y las aguas residuales terminan sin tratamiento alguno contaminando el río Bolo. Mediante el envío de una petición de ayuda vía internet se logró que la Associació de Pagesos Solidaris de Cataluña se interesara y con la ayuda de USAID y Acuavalle, organización departamental para solucionar los problemas del agua, se logró una solución satisfactoria. El diseño lo hizo Cinara de la Universidad del Valle.

En 2009 se terminaron las primeras 41 viviendas y 41 mujeres se mudaron con sus familias. Mediante un convenio con la Universidad Cooperativa de Colombia, pasantes en psicología, acuden a ayudar en la resolución de conflictos. Nashira tiene una junta directiva elegida por consenso, compuesta de una presidenta, una secretaria, una tesorera y un miembro de cada núcleo productivo en siete comités administrativos incluyendo el de resolución de conflictos. Las otras 47 viviendas tienen ya aprobado el subsidio de vivienda y están en proceso de construcción.

Lecciones aprendidas

La primera lección aprendida consiste en que una comunidad basada en la solidaridad, la ética del cuidado y principios matriarcales es viable en pleno siglo XXI. Las comunidades ancestrales precolombinas que veneraban la maternidad, como la cultura Malagana que floreció cerca de donde está hoy Nashira, eran posiblemente más pacíficas. No es inconcebible que el movimiento del matriarcado, sobre cuyos principios se ha construido Nashira, sea el movimiento del futuro.

La segunda lección es que una ecoaldea para mujeres de escasos recursos es viable. Las ecoaldeas no son sólo para los hippies. La propiedad horizontal no es elitista y también sirve a los más necesitados.

La tercera lección demuestra que si la gente más rica del mundo desea ayudar a los más pobres, aquellos que tengan más de tres casas deben donar un terreno para construir un proyecto de vivienda ecológico y sostenible para 100 familias de bajos ingresos. Los beneficiarios deben ganarse la vida dentro de la ecoaldea y tener seguridad alimentaria, y las viviendas deben edificarse por autoconstrucción para que no tengan préstamo ni cuota inicial.

La cuarta lección se traduce en que, si bien es un proyecto para mujeres cabeza de familia, sus compañeros deben participar desde el principio para que comprendan la filosofía de la ecoaldea. En el caso de Nashira, los hombres llegaron cuando el proyecto estaba terminado y a algunos les ha costado trabajo aceptar que las mujeres toman las decisiones, además de que no son aceptables ni el alcoholismo ni los malos tratos. Tres hombres han sido excluidos de la ecoaldea por estas razones. Las mujeres, al ser autosuficientes, también se han dado cuenta de que no es necesario tolerar el maltrato por la dependencia económica hacia sus parejas.

Sostenibilidad

El proyecto Nashira es ecológico y sostenible financiera, social, cultural e institucionalmente. Los recursos recibidos como donaciones y subsidios se han utilizado en estructuras permanentes, como en la construcción de viviendas, el acueducto, el sistema de aguas residuales, el restaurante solar, las áreas de recreación y los proyectos productivos que están en diferentes estados de desarrollo. El proyecto más avanzado es la producción de huevos de codorniz, que proporciona a ocho mujeres el equivalente a un salario mínimo mensual, aproximadamente 300 dólares estadounidenses mensuales. Uno de los objetivos consiste en que, para el año 2015, cada familia gane lo suficiente para no tener que conseguir trabajo fuera de la ecoaldea. Se busca que haya seguridad alimentaria y que las familias siembren sus productos básicos, así como la cría de pollos para autoconsumo. La piscicultura debe proporcionar otra fuente de proteína, así como la leche que pronto producirá la vaca Clarabela. Nashira no tiene deudas.

Desde el punto de vista social, el proyecto busca el empoderamiento de la mujer. Los organismos de decisión por estatutos están en manos de las mujeres y los núcleos productivos tienen una mujer como coordinadora y una como tesorera.

Nashira fue concebida como una ecoaldea. Las mujeres aprendieron a reciclar, reutilizar, a hacer papel hecho a mano, a realizar compostaje de la basura orgánica. Nashira tiene un restaurante solar, donde se puede cocinar en una cocina solar parabólica y en un horno solar. El baño social es un baño seco y el compostero y sus paredes fueron hechos con botellas de agua recicladas. El medio de transporte es la bicicleta y la fuente de la Pasha Mama utiliza una biciducha.

El proyecto Nashira es reconocido nacional e internacionalmente y fue escogido entre las 20 mejores prácticas por el Instituto Colombiano de Ciencia y Tecnología Maloka.

Resultados obtenidos

10 años después, las mujeres de Nashira han construido con sus propias manos 41 viviendas financiadas por los subsidios gubernamentales, donaciones privadas y el sudor de su frente. Un cuarto extra para visitantes en cada vivienda genera un pequeño ingreso para las familias. Nashiratiene agua potable gracias a su propio acueducto. El sistema de depuración de las aguas residuales es ecológico y no contamina. Las mujeres están organizadas en 11 núcleos productivos como reciclaje y recolección de basuras del vecindario, lombricultura y compostaje, piscicultura, producción de cerámica, cultivo de frijol y batata, huevos de codorniz, noni y productos derivados y desarrollo ecoturístico y pequeños negocios como un vivero de plantas ornamentales, la tienda comunitaria y un restaurante solar.

Todos los sábados, Nashira abre sus puertas para vender sus productos y fortalecer una economía solidaria con su propia moneda, nashiras, que circula internamente y se cambia por el mismo valor que el peso.

El proyecto beneficia a 88 mujeres y sus familias, unas 400 personas, de las cuales 94 son niños. Estas familias vivían anteriormente en los cinturones de miseria de Cali y Palmira. Hoy tienen una casa, fuentes de ingresos, cultivos de autoconsumo de productos básicos, un entorno seguro y agradable y una mejor calidad de vida que otras familias de escasos recursos en otros países en desarrollo. Y, como ellas dicen, «nuestros hombres nos ayudan, pero nosotras tomamos las decisiones».

El año pasado, el Municipio de Cali impuso a las mujeres de Nashira la medalla de la ciudad en reconocimiento a la labor realizada como un proyecto replicable para solucionar el desplazamiento y la pobreza.

Legislación y políticas relacionadas

El programa de subsidios para vivienda de interés social rural del Gobierno de Colombia, tiene su origen en las siguientes leyes: Ley 3 de 1991, Decreto 1160 del 13 de abril de 2010 y varias leyes reglamentarias.

El proyecto de Nashira obtuvo los primeros subsidios para vivienda rural de interés social en la convocatoria de 2009 y los segundos en la convocatoria de 2013. También ha recibido el apoyo de la Alcaldía de Palmira, que proporciona los fondos de contrapartida para las viviendas, y del Departamento del Valle del Cauca, que financió el acueducto por medio de su filial Acuavalle. Hay un proyecto en curso en el Congreso para beneficiar a las personas desplazadas por la guerra víctimas del conflicto, que podría beneficiarse de esta experiencia.

El Municipio de Cali también ha mostrado interés en replicar este proyecto.


Edición del 30-10-2016
Revisión: Alejandro Rodríguez Sebastián
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