Ciudades para un Futuro más Sostenible
Búsqueda | Buenas Prácticas | Documentos | Boletín CF+S | Novedades | Convocatorias | Sobre la Biblioteca | Buzón/Mailbox
 
Boletín CF+S > 9 -- Por una arquitectura y un urbanismo contemporáneos > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n9/n9libros.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Libros


Carlos Verdaguer

Las siguientes reseñas se refieren a libros sobre algunos arquitectos que se han acercado a lo que podríamos llamar arquitectura ecológica.




Lucien Kroll: apostar por la complejidad


Atelier Lucien Kroll (1997) Bio Psycho Socio Eco 1 Ecologies Urbaines (L'Harmattan, Paris) .
Reseña publicada en versión resumida en la revista Arquitectura Viva, número 59 (marzo-abril 1998).

Que la ecología «no es una aventura técnica, sino humana, con un carácter fundamentalmente `relacional'», que «la industria debe estar dirigida por un proyecto social» o que «no es `antirracional' ni `anticientífico' querer conservar una cultura y a la vez mantenerla abierta, aditiva y receptiva» son algunas afirmaciones extraÍdas del discurso efervescente, apasionado y en ocasiones sarcástico del belga Lucien Kroll en el primero de estos dos libros, una recopilación de los proyectos de las dos últimas décadas del Atelier Kroll.
Aunque nadie mínimamente informado se atrevería a contradecirlas abiertamente, estas aseveraciones parecen rechinar en un entorno cultural como el presente, dominado por los paradigmas de la tecnología y la gestión `experta'. Si, ya en el campo de la construcción de la ciudad, lo que se defiende, además, es «una arquitectura homeopática, con un poco de acupuntura» (en lugar de una arquitectura de «las grandes formas que colonizan la trama urbana») o una «arquitectura darwiniana, que se adapte a la evolución de su medio», o «la participación en el diseño como uno de los medios de conjuntar intenciones contradictorias», la respuesta puede ser el mero desconcierto en un momento en que la reflexión parece encerrada exclusivamente entre dos polos: el de las soluciones técnicamente `eficaces' y el del atormentado debate de las formas.
No quiere decir esto que Kroll escurra el bulto respecto a estos dos polos en estos libros apasionantes: sin necesidad de referirse a ellos explícitamente, consigue reducirlos a sus proporciones adecuadas a través de un cambio radical de perspectiva. O quizás mejor habría que decir: manteniendo la misma perspectiva que lleva defendiendo en la teoría y en la práctica desde hace cuatro décadas a través de su estudio. De hecho, estos dos volúmenes de aspecto muy modesto, el segundo de los cuales consiste en una explicación detallada del `método generativo' de Kroll aplicado al diseño de un conjunto residencial para ancianos en Valenciennes, forman parte de esta concepción casi militante y tienen un claro carácter de instrumentos de trabajo.
Y es precisamente la íntima imbricación entre teoría y práctica, junto con la fe apasionada en la capacidad de los ciudadanos de decidir sobre su entorno y en la de los arquitectos para hacer arquitectura, lo que otorga tal poder de convicción a un discurso que se instala sin ambajes en la contradicción, la complejidad y la incertidumbre como el terreno más fértil para la «creación del paisaje habitado». Eso sí, sin renunciar a unas pocas certezas: «Estamos seguros de pocas cosas: la talla (aproximada) de un hombre, el sol (mejor al sur), la memoria (aún confusa) de la historia, la necesidad de confort (físico y moral)». Estas coordenadas son las que han permitido a Kroll orientarse dentro de la complejidad y construir a lo largo del tiempo una propuesta caracterizada por una serie de elementos fundamentales: la preservación de la diversidad como condición básica; la fragmentación de las escalas para aproximarlas a las manejables por el hombre; el uso de los ordenadores, en el que Kroll fue un pionero y un innovador, como herramienta para facilitar la participación y la toma de decisiones, más que como simples medios de representación; la puesta a punto de sistemas constructivos que permiten separar la estructura básica (soporte) de la secundaria (aportes), desarrollando los concebidos por John Habraken en los años sesenta para facilitar la versatilidad y la flexibilidad; la atención a las formas de producción y los recursos locales; la incorporación del tiempo al proyecto, en la seguridad de que los mejores espacios construidos son los que mejor saben evolucionar y transformarse...
Esta apuesta por la complejidad se sustenta, por una parte, en la convicción de que ampliar la paleta de recursos al servicio del arquitecto y a la vez renunciar a su autoridad incontestada no supone en absoluto una rechazo de la expresión de lo personal sino un reto creativo lleno de posibilidades que puede contribuir a fertilizar el campo cada vez más yermo y banalizado de la práctica arquitectónica. Y, por otra, en la constatación de que la dicotomía entre nostalgia por el pasado y apuesta por el futuro que intenta imponer un cierto discurso `neomoderno' reduccionista una vez despejada la neblina posmoderna sigue siendo intrínsecamente falsa: si es una cuestión de definiciones, habrá que cambiar la definición de `modernidad'.
Estas convicciones, las mismas que ha guiado a la arquitectura y el urbanismo en sus momentos más felices y que algunos `guardianes de la llama' (Erskine, Candela, Alexander, Dieste...) han conservado en estos tiempos procelosos, es ahora más oportuna que nunca, y puede ayudar a evitar la necesidad de usar el adjetivo `ecológico' para referirnos a lo que son sencillamente buena arquitectura o buen urbanismo.

Volver al índice.



Ralph Erskine, el guardian de la llama


Collymore, Peter (1994) The Architecture of Ralph Erskine (Academy Editions, Londres. 224 páginas) .
Reseña publicada en versión resumida en la revista Arquitectura Viva, número 41 (marzo-abril 1995).

Después de escuchar a Ralph Erskine hablar sobre su obra y su filosofía en el congreso de la UIA celebrado en Estocolmo y Helsinki en 1992 bajo el adecuado título de `Eco Logical Architecture', era difícil sustraerse a la inquietante impresión de hallarse ante una preciosa especie amenazada por la extinción. Y no precisamente por el irresistible encanto, el humor inconfundiblemente británico y la envidiable energía que desplegó este altísimo y erguido anciano (cumplió 81 años en febrero de 1995) a lo largo de todo el congreso, sino por la descorazonadora constatación de que las cosas tenían que andar muy mal dentro del mundo de la arquitectura (y el mundo en general) para que hubiera que recurrir al adjetivo `ecológico' como último refugio de lo que en buena lid no era sino sentido común. Y ni siquiera este cobijo se demuestra ya muy seguro, pues, como el mismo Erskine no dudó en señalar entonces a pesar de su optimismo innato y de su profundo amor por la naturaleza, la ecología está pasando a convertirse en otra más de las modas que utiliza como combustible contaminante el mundo mediático.
Nacido en Gran Bretaña en 1914, y emigrado en 1939 a Suecia, donde ha permanecido casi ininterrumpidamente hasta ahora, Ralph Erskine no ha sido ciertamente una figura excéntrica o marginal dentro del mundo de la arquitectura. Muy al contrario, pertenece plenamente a la mejor tradición racional y humanística de la arquitectura moderna que alcanzó sus momentos heroicos en el período de entreguerras y se desarrolló plenamente entre las ruinas dejadas por la segunda gran conflagración europea gracias a la voluntad de reconstruir el mundo a partir de unas bases mejores. Lubetkin, Tecton y el Team Ten fueron sus faros al iniciar su carrera, aunque su primer trabajo en Inglaterra fue en la garden city de Welwyn, un dato, por otra parte, significativo en vista de su trayectoria posterior como creador de algunas de las promociones residenciales más influyentes entre los años cincuenta y setenta (entre ellas, la de Byker en Gran Bretaña con su famoso edificio pantalla The Wall).
Enemigo de misticismos y ampulosidades de toda índole, él mismo se ha calificado siempre de auténtico funcionalista, en el sentido exuberante y multifacético que tuvo en un principio el término antes de pasar a convertirse en sinónimo exclusivo de `juego de volúmenes bajo la luz' (una de las definiciones más perniciosamente reduccionistas que se pueden haber dado nunca de la arquitectura). Sus artículos y la presentación de sus proyectos para las zonas árticas en el congreso de los CIAM de 1959 son un claro ejemplo de su concepción del funcionalismo, en la que intervienen las consideraciones científicas y el estudio minucioso de las soluciones vernáculas para dar lugar a propuestas en las que el elemento utópico está siempre al servicio de la calidad de vida comunitaria. Había sido precisamente esta concepción la que lo había conducido a Suecia, el país donde las ideas del Movimiento Moderno sobre vivienda social y arquitectura pública se llevaron a cabo más literalmente durante la primera posguerra. Convertido en uno de los más insignes representantes de la arquitectura sueca, Erskine contribuyó en gran medida a evitar que, como ocurrió en el resto de Europa, los aspectos más banales y adocenados del racionalismo convertido en estilo adquirieran preponderancia sobre las propuestas más realmente innovadoras.
Más cercano a la estirpe de los Wright y los Aalto (merecedor, por tanto de ese otro calificativo vagamente despreciativo: `orgánico´, que él rechaza) por su atención a las condiciones topográficas y climáticas del entorno y a las cualidades tectónicas de los materiales, se distingue de ellos, y en general de la gran mayoría de los componentes de las vanguardias heroicas, por una visión de lo social mucho menos `idealista' y más centrada en el concepto de desigualdad. Este enfoque, producto en gran parte de su formación cuáquera y muy próximo al socialismo llamado utópico, le ha llevado a conceder gran importancia, por una parte, al papel del usuario en el proceso de diseño, en consonancia con muchas de las corrientes más politizadas de finales de los setenta en favor de la participación, y por otra, al problema de la pobreza y de la desigualdad entre el Norte y el Sur, lo cual le convierte en precursor de algunas tendencias actuales (aunque no predominantes, ciertamente, en el mundo de la arquitectura).
Aunque el `estilo´ y las indagaciones puramente formales han permanecido siempre deliberadamente en un segundo plano en su obra, y a pesar del afán de integración en el entorno de sus edificios, éstos presentan una serie de rasgos que los hacen inconfundibles, evocadores de una suerte de `constructivismo de rostro humano'. En cualquier caso, es la suya una arquitectura que asume plenamente su condición de tal y, por tanto, sólo se entiende y disfruta plenamente en contacto directo con ella.
El libro de Peter Collymore sobre su obra que se acaba de publicar es, en realidad, una versión revisada y puesta al día del editado por Granada Publishing en 1982 (y del que existe versión española de Gustavo Gili de 1983), e incluye los proyectos y las obras realizadas por el arquitecto en esta fructífera década, entre ellos los de la Universidad de Frascati en Estocolmo y los edificios de oficinas de Londres (el famoso The Ark) y de Gotenburgo (el Lilla Bommen, que incorpora algunos rasgos insólitos dentro de la obra de Erskine). Aunque la calidad fotográfica del libro de Academy dista mucho de ser perfecta, la obra constituye una buena ocasión para acercarse a la obra y el pensamiento de uno de los más conspicuos herederos de la tradición humanística de la arquitectura moderna.

Volver al índice.



Glenn Murcutt: acariciar la tierra


Fromonot, Françoise (1995) Glen Murcutt. Opere e progetti (Electa, Milán, 161 páginas) .
Reseña publicada en versión resumida en la revista Arquitectura Viva, número 42 (mayo-junio 1995).

Al australiano Glen Murcutt le gusta citar un dicho aborigen: «Debes tocar la tierra ligeramente», que, por sí mismo y aplicado con rigor, podría constituir un verdadero programa de acción y un criterio infalible de análisis para que la arquitectura contemporánea saliera de su ya excesivamente prolongada fase de ensimismamiento narcisista. De hecho, dentro de este breve lema están contenidos prácticamente todos los principios de la llamada `arquitectura verde', de la cual Murcutt, junto con Ralph Erskine, Sverre Fehn, Lucien Kroll, Ton Alberts y algunos otros pocos nombres ilustres más, se ha convertido por mérito propio en uno de los ejemplos más conspicuos.
Y, desde una perspectiva ecológica dogmática, esto podría resultar extraño en alguien que, como Murcutt, nacido en 1936, comenzó sus pasos en el mundo de la arquitectura bajo la influencia de Mies, Neutra y toda la escuela californiana (los Eames, Ellwood, Koenig, etcétera), quienes ejercieron una enorme influencia durante la posguerra en la obra de los arquitectos australianos (Neville Gruzman, Bill Lucas, Sidney Ancher...). Lejos de renunciar a esta herencia, Murcutt la ha desarrollado a lo largo de una obra constituida principalmente por casas unifamiliares en entornos de muy baja densidad, explorando al máximo la interpenetración entre espacio interior y exterior propia de este enfoque e incorporando todo tipo de elementos de adecuación climática basados en la atenta observación de ejemplos aborígenes y de los primeros pioneros. El resultado es una serie de pequeños edificios de aspecto al tiempo simpático y elegante, y plenamente integrados en el riguroso entorno del bush australiano, que demuestran que la arquitectura auténticamente ecológica se mueve tanto al margen de las modas y los estilos mediáticos como de los a prioris doctrinales.
Poco conocido en España, a pesar de ser un veterano, esta monografía profusamente ilustrada permite acercarse a su obra a través de un texto muy bien documentado que la engloba dentro de su marco de antecedentes e influencias y da cuenta de sus principios y temas esenciales.

Volver al índice.



Eladio Dieste y las formas del bienestar


Junta de Andalucía (ed.) (1996) Eladio Dieste 1943-1996 (Consejería de Obras Públicas y Transportes. DGAV de la Junta de Andalucía. Sevilla-Montevideo. 306 páginas) .
Reseña publicada en versión resumida en la revista Arquitectura Viva, número 52 (enero-febrero 1998).

El nombre de Eladio Dieste (Montevideo, 1917) podría enmarcarse sin estridencias dentro de un ámbito historiográfico extenso en el que se encuadrarían desde iconos arquitectónicos del siglo XX como Frank Lloyd Wright o Alvar Aalto hasta maestros heroicos y aún en activo como Ralph Erskine o Félix Candela.
Este ámbito de contornos indudablemente difusos posee, sin embargo, un núcleo fuerte de rasgos comunes que la historia reciente de la arquitectura, por una cuestión de mero contraste, ha contribuido a poner aún más de manifiesto, arrinconando definitivamente tanto la falsa dicotomía entre corrientes apolíneas, geométricas y minerales, basadas en la razón y en la técnica y, en consecuencia, progresistas, y corrientes dionisíacas, expresivas y orgánicas, basadas en la emoción y el trabajo manual y, por tanto, románticas y conservadoras, como la disyunción especular e igualmente falsa que invierte los términos para identificar vanguardismo con libertad de formas y conservadurismo con orden geométrico. Basta con pensar en cualquiera de las obras de los arquitectos citados para comprobar que difícilmente podrían incluirse en ninguno de estos polos.
Para enunciar el conjunto de rasgos que todos ellos comparten, nada más adecuado que recurrir a las viejas categorías vitruvianas, venustas, firmitas y utilitas, cada vez más pertinentes en un momento en que la primera de ellas parece haber reducido a sus dos compañeras a la condición de esclavas. Pues si algo tienen en común con el dictum del tratadista romano las figuras enumeradas es una concepción de la arquitectura como punto de encuentro entre las preocupaciones estéticas, técnicas y sociales, y la busca de un difícil equilibrio que, cuando se produce, da lugar a obras en las que, en palabras de Dieste, «el uso sabio, humano e imaginativamente rico del espacio produce una intensa felicidad». Conseguir el bienestar se convierte así en el único objetivo verdaderamente progresista, cuya fácil enunciación no oculta la complejidad de los medios necesarios para alcanzarlo, algo de lo que todos los grandes arquitectos han sido siempre muy conscientes, como lo han sido del papel privilegiado que podía tener la arquitectura en la construcción de un nuevo paradigma multidisciplinar.
Y en ese sentido, como indica la recientemente desaparecida Marina Waisman en el magnífico ensayo introductorio a este libro, la obra de Dieste y sobre todo, el talante con el que ha sido abordada, suponen «un signo visible del punto de inflexión que tarde o temprano debería producirse en la corriente histórica de la arquitectura, cerrando el ciclo del pensamiento analítico para inaugurar un nuevo ciclo, presidido por el pensamiento holístico».
Así, la emoción puramente estética que producen las imágenes de las tensas bóvedas de cerámica armada de Eladio Dieste, de las superficies alabeadas de los muros de sus naves e iglesias, de sus texturas al tiempo ásperas y elegantes, se hace más profunda cuando se comprueba que son el resultado de un proceso en el que se aúnan el respeto por el entorno y la tradición con el afán de innovación técnica y la búsqueda de la inteligibilidad, todo ello dentro del marco de un concepto de economía, que el denomina `cósmica', basado en el aprovechamiento más eficaz de los recursos materiales y humanos disponibles en el lugar. Y es esta constatación la que lleva a no sorprenderse al descubrir, además, que Dieste, al igual que su colega Félix Candela, con el que le unen muchas afinidades, es dueño de un discurso sabiamente articulado y de deliciosa lectura producto de la reflexión continua sobre la experiencia.
Tanto los textos introductorios como el catálogo de proyectos y textos del autor, así como el cuaderno que lo complementa con los cálculos estructurales para el diseño de bóvedas de cerámica armada, convierten este volumen editado por la Junta de Andalucía con ocasión de una exposición itinerante en un estimulante recordatorio de que la arquitectura puede ser mucho más que un ejercicio gastronómico para alimentar la mirada.

Volver al índice.

Boletín CF+S > 9 -- Por una arquitectura y un urbanismo contemporáneos > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n9/n9libros.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
 
Ciudades para un Futuro más Sostenible
Búsqueda | Buenas Prácticas | Documentos | Boletín CF+S | Novedades | Convocatorias | Sobre la Biblioteca | Buzón/Mailbox
 
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid Universidad Politécnica de Madrid
Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad
Departamento de Estructuras y Física de la EdificaciónDepartamento de Urbanística y Ordenación del Territorio