| Boletín CF+S > 9 -- Por una arquitectura y un urbanismo contemporáneos > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n9/amlux.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Dr. Arquitecto
Directora del Seminario de Arquitectura Integrada en su Medio
Ambiente y Profesora de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid.
Madrid (España), septiembre de 1988.
Señala su incidencia creciente a partir de la instalación, en
arquitecturas que habían sido construidas con anterioridad al uso
de estos sistemas, de iluminaciones artificiales eléctricas que
intentan sustituir a la luz solar sin respetar los efectos
ambientales creados por ella.
Toma como ejemplo tres edificios arquetípicos en la Arquitectura española: el Museo del Prado de Madrid, el Monasterio de El Escorial y la Mezquita de Córdoba.
La inmensa mayoría de las obras arquitectónicas reconocidas de
nuestro patrimonio edificado, así como los objetos que contienen:
pinturas, esculturas, etc., fueron proyectadas y ejecutadas en
función de su percepción con una iluminación natural.
Esa iluminación, manejada por el arquitecto, es uno de los
elementos más importantes y sutiles de la configuración de los
espacios construidos; y las luces y las sombras articulan y
significan la lectura total de las obras; sin embargo, cada vez
con más frecuencia, resulta imposible disfrutar las arquitecturas
con su iluminación original.
A la hora de restaurar los edificios, en la práctica habitual,
se refuerzan los sistemas portantes, se reponen los materiales
y rehacen los acabados, y se tiende a rescatar las decoraciones
y ornatos, respetando al máximo los elementos originales; pero
la introducción de sistemas de iluminación artificial, con
resultados que no suelen ser coherentes con las imágenes que se
percibían bajo la luz natural, pueden desintegrar la estrucutra
visual, global y parcial, del espacio arquitectónico.
Se comprende que una iluminación artificial nocturna alarga el
período de visita, uso y disfrute de los edificios; sin embargo,
lo que parece contradictorio es que este tipo de iluminación
sustituya durante todo el día a la natural, desvirtuando y
haciendo imposible la lectura del espacio pensada por los
autores, y restando la posibilidad de apreciar la variación
dinámica que con el recorrido del sol a lo largo del día,
enriquece la imagen arquitectónica.
Agrava el problema el hecho de que, muchas veces, la nueva
iluminación eléctrica está pensada con un carácter de
escenografía excesivamente grandilocuente, y atiende
fundamentalmente a dos exigencias:
Este comentario, que más que nada es una llamada de atención, se
puede hacer extensivo a muchos de nuestros edificios
monumentales, y a otros antiguos a los que van alcanzando la fama
y el progreso, voy a referirlo específicamente a tres
edificaciones arquetípicas: el Museo del Prado de Madrid, el Real
Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y la Mezquita de
Córdoba.
Edificio con un largo eje Norte-Sur en planta, buscaba el
remarcarlo lumínica y visualmente; la sucesión de espacios en
esta dirección, abiertos y cerrados, y la posición de los huecos,
permitía atravesarlo desde la entrada del Cuerpo Norte a la
Galería Central, y desde ésta al Cuerpo Sur, con el patio
incluido en el mismo, hacia los jardines exteriores; sensación
reforzada por una sucesión de contraluces hacia la orientación
mediodía.
El eje longitudinal se interrumpió y cortó al cegar el ventanal
central situado en él. Sobre el hueco al patio se encuentra
colocado el cuadro de Goya que representa "La Familia de Carlos
IV".
El Cuerpo Norte, centrado en torno a un eje vertical que ordena
los espacios principales quedaba, en el proyecto original,
abierto al exterior en la planta alta, por un hueco cenital, como
el del Panteón romano, sobre una rotonda con columnas. Hay
opiniones sobre que también podría quedar abierto el centro de
la bóveda de la rotonda en la planta inferior, que en su estado
inicial quedaba en sótano, semienterrada, debido al nivel de los
planos exteriores en esta zona, y que por tanto resultaría
oscura.
Figura 1. Museo del Prado, en Madrid. Arquitecto Juan de
Villanueva.
En la actualidad, el óculo superior se encuentra acristalado a
dos niveles: en el intradós de la bóveda y al exterior en la
cubierta, con lo que se perdió el fuerte contraste de luces y
sombras que produciría el soleamiento directo sobre los
elementos, resultando una iluminación más atenuada y difusa. En
el lugar del posible lucernario sobre el sótano se apoya una
escultura del Emperador Carlos I.
Figura 2. Esquema de la sección del cuerpo norte, Museo del
Prado, Madrid. Comparando la iluminación natural en el proyecto
de Juan de Villanueva y en el estado actual.
Por su situación y orientación, en la iglesia se dan dos momentos
límite:
Al entrar en la iglesia, la fuerte iluminación eléctrica del
altar mayor hace que el resto se pierda como algo difuso.
El ventanal del coro, en muchas ocasiones, se encuentra atrapado
con una cortina opaca, evitando totalmente la entrada del sol
desde esa zona a lo largo del templo; eso hace imposible el
distinguir la conformación del fondo ni la decoración del coro;
entonces, durante unos minutos, se puede poner en funcionamiento
el sistema de iluminación eléctrico, y en vez de la luz
tangencial que las pinturas recibían originalmente, incide sobre
la decoración, perpendicularmente a la superficie de la bóveda,
una potente batería de focos, devastadora de colores, tonos y
formas.
Figura 3. Monasterio de El Escorial, sección según Perret.
Actualmente, al efectuar una visita a la Mezquita, todo se
conjuga para que sea francamente difícil entender este sentido
del edificio. Se accede por la ampliación de Almanzor, zona con
mayor iluminación natural que el resto (salvo la Catedral
incluida en el conjunto), con lo que los términos lejanos se
pierden en la oscuridad, y a partir de esa entrada se plantea un
camino que va contra todos los obstáculos posibles, de modo que
nunca aparezca de forma global. Al final de un serpenteante y
puntuante recorrido, saltando de una anécdota a otra, y con unos
contrastes lumínicos artificiales tales que la matización
espacial original se hace imperceptible, relumbran,
brillantemente encendidos los reflectores hacia las bóvedas de
la maxura. Día y noche, a todas horas, de modo inmisericorde, los
focos aplastan el relieve y la textura de la decoración, alteran
el color. La luz orientada hacia lo alto, y en direcciones
cruzadas, explota contra las zonas más elevadas uniformándolas.
El mihrab, alterado su sentido litúrgico e invertido en su
simbología básica, rabiosamente enfocado emite luz y calor
reflejados.
Figura 4. Mihrab y zona adyacente de la Mezquita de Córdoba.
En muchos casos bastaría con una normativa que ordenase dejar sin
encender las iluminaciones eléctricas, al menos durante el día,
en edificaciones construidas con anterioridad a su uso
generalizado. Si para ver algún elemento o detalle se utilizasen
temporalmente, que luego se apaguen, dejando el resto del tiempo
apreciar los espacios como fueron pensados y realizados, bajo la
dinámica y cambiante luz del sol.
Quizá sea ésta una de las propuestas más económicas y simples que
pueden hacerse para devolver a las obras su sentido, y a los
espectadores la posibilidad de comprensión de la Arquitectura.
Fecha de referencia: 30-4-1999
| Boletín CF+S > 9 -- Por una arquitectura y un urbanismo contemporáneos > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n9/amlux.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Ciudades para un Futuro más Sostenible
Búsqueda |
Buenas Prácticas |
Documentos |
Boletín CF+S |
Novedades |
Convocatorias |
Sobre la Biblioteca |
Buzón/Mailbox
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
—
Universidad Politécnica de Madrid
—
Ministerio de Fomento
Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad
Departamento de Estructuras de Edificación
—
Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio