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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Madrid (España), 5 de octubre de 1998 [1].
Los rasgos más significativos del modelo de seguridad actual, que
he denominado seguridad como exclusión, son los siguientes:
Dos interrogantes resumen la crítica al modelo actual de seguridad
e introducen la propuesta de sistema alternativo. En primer lugar,
¿existe una única percepción de lo seguro y de lo peligroso?
En segundo lugar, ¿la definición de lo seguro es una definición
democrática? esto es, ¿quién define actualmente lo seguro?
Partimos de la base de que no todos y todas las ciudadanas tenemos
las mismas necesidades en materia de seguridad, como en muchos
otros ámbitos de la vida. Cada colectivo tiene una percepción
distinta de lo seguro y de lo peligroso. Por ejemplo, en un barrio
céntrico de una ciudad conviven ancianos, inmigrantes, jóvenes de
clase media, personas sin hogar, etc. Las vivencias y necesidades
de unos y otros van a determinar su percepción de la seguridad, que
en más de una ocasión será completamente opuesta: no es infrecuente
que lo que para un colectivo suponga seguridad, para otro pueda
producir inseguridad.
La importante carga subjetiva que influye en la seguridad se ha
puesto de relieve en las encuestas de victimización realizadas en
la presente década en nuestro país (Ayuntamiento de Barcelona) y en
otros países occidentales.
Numerosas investigaciones demuestran que el sentimiento de
inseguridad tiene escasa relación con el riesgo objetivo o con las
experiencias de victimización y depende en gran medida de otros
factores como:
Se impone por tanto concebir la seguridad ya no como la defensa de
unos ciudadanos frente a otros, sino como un gran "pacto de
convivencia" en el que todos los colectivos tengan cabida. Aquí es
importante la labor de mediación de las instituciones locales y de
las asociaciones.
Nuestro sentimiento de inseguridad tiene mucho que ver, además, con
la ruptura de la comunicación interpersonal o intergrupal, con el
estilo de vida poco comunitario que impera en nuestra sociedad y
que está llevando a los ciudadanos a abandonar paulatinamente los
espacios públicos.
Este "encerrarnos" en casa hace que veamos a los nuevos
"pobladores" de los espacios públicos y, en ocasiones, también a
los espacios en sí como amenazantes o extraños.
De esta manera, la reducción de la comunicación social produce el
abandono de los espacios públicos, se pierde el control sobre el
territorio y se consiente que lo ocupe el que es visto como "el
otro", el extraño,... y en ocasiones, como "el enemigo", trayendo
consigo un inevitable sentimiento de miedo, de inseguridad, de
pérdida del control.
En este aspecto aparece como fundamental la actuación de los
gobiernos locales y del tejido asociativo, en el sentido de
potenciar la comunicación entre personas y grupos de una misma
zona. Un ejemplo de ello son las acciones de mediación intergrupal
que se están implantando en algunos barrios de las grandes
ciudades. Por ejemplo, en la zona centro de Madrid (Lavapiés,
Latina) se ha creado la figura de los mediadores y medidadoras
interculturales, cuyo cometido es facilitar y la conviencia entre
ancianos e inmigrantes.
Además es precisa la actuación de los gobiernos locales para crear
(o al menos no impedir) una ciudad "viva", agradable al transeúnte,
ya que esta es una de las claves para fomentar la seguridad. Porque
una ciudad segura es una ciudad transitada, una ciudad en la que
los/as ciudadanos/as hagan más vida en el exterior, con actividades
en las plazas, con mercadillos, con diversiones para los niños,
etc. En fin, se trata de revitalizar los lugares públicos, los
lugares de encuentro, pues es claro que no se construye seguridad
no saliendo de casa o no dejando salir al otro.
Actualmente para prevenir la criminalidad en la ciudad y para
fomentar la seguridad, han surgido las llamadas acciones prevención
integrada o nueva prevención. Phillipe Robert, pionero en la
formulación de este tipo de acciones en Francia, las define como
"aquellas acciones que se demuestran capaces de reducir ciertos
comportamientos no deseados -no necesariamente tipificados como
delito- recurriendo a soluciones distintas a las que ofrece el
sistema penal."
En un marco tan amplio caben actuaciones de muy diversa índole y,
es posible que hasta opuestas desde el punto de vista ideológico.
A grandes rasgos cabría distinguir tres tipos de acciones de
prevención de la criminalidad:
a) Prevención social. Acciones dirigidas a mejorar la calidad de
vida de una zona. Son políticas de tipo educativo, cultural,
urbanístico, etc. En general se incide sobre las que se consideran
las causas de la criminalidad. Se trata de nivelar asimetrías
sociales y de dar respuesta a los conflictos de una zona al margen
del sistema penal (centros de mediación social, comunidades de
ayuda a toxicómanos, grupos de apoyo escolar para menores, mejora
de equipamientos...).
b) Prevención ambiental o situacional. Estas engloban a su vez dos
tipos bien distintos de actuaciones.
Las primeras son acciones destinadas a reducir las oportunidades
para delinquir. Este tipo de política encuentra su base teórica en
la llamada criminología administrativa de los países anglosajones
y tiene su base en la consideración del infractor como un sujeto
racional que actúa según un cálculo de coste/beneficio. De este
modo, modificando el ambiente, "poniéndole las cosas más difíciles"
al infractor, éste desiste. Un ejemplo claro de esto son, desde las
cámara de T.V. hasta los bancos antimendigo, pasando, por ejemplo,
por los pinchos que se han colocado recientemente en las fuentes de
la emblemática Puerta del Sol de Madrid, para impedir a los
ciudadanos sentarse en el borde de las mismas. El efecto de este
tipo de medidas, obviamente, no es fin del problema sino el
desplazamiento del mismo.
El segundo grupo de actuaciones, sin embargo, no son restrictivas
de derechos y tienen como finalidad intervenir en el medio para
crear un entorno agradable, limpio, iluminado, ya que se ha
constatado que el entorno es uno de los factores que más inciden en
el sentimiento de inseguridad. Ejemplo de ello es la mejora de una
zona degradada o la potenciación de actividades lúdicas en una
plaza considerada de riesgo. Ese tipo de acciones influyen
indudablemente en el sentimiento de seguridad de la población.
c) Vigilancia vecinal o Neighbourhood Watch. El tercer tipo de
política de prevención es la vigilancia vecinal, que tiene su
origen en los países anglosajones. Es un sistema de vigilancia
basado en la colaboración de los vecinos con la policía. Son
auténticas redes de información que se extienden en un barrio y
llegan a la policía.
Investigaciones como la realizada por Rosembaun en Inglaterra
revela que este tipo de medidas, que no está probado que reduzcan
objetivamente la inseguridad, sin embargo despierta una cierta
intolerancia y "sospecha" hacia todo forastero, desencadenando
prejuicios raciales, clasistas, etc.
En USA esto ha hecho que cada barrio de este tipo sea una "pequeña
fortaleza" en la que no puedes entrar a menos que conozcas a
alguien.
Dos notas fundamentales caracterizan las políticas de prevención
integrada:
Sin embargo sería interesante que estas acciones no se agotaran en
lo local, sino que se conectaran con políticas a nivel
regional/nacional de modo que se permita un mayor intercambio de
experiencias y una mayor financiación.
Las organizaciones cívicas y de apoyo a colectivos marginados tienen en este modelo un papel esencial. Además de la entrada en escena de estas nuevas figuras se requiere el replanteamiento de las ya existentes (como la policía) de modo que su labor no sea incompatible con las acciones de nueva prevención.
El reto, es claro, ¿queremos caminar en materia de seguridad hacia
un modelo de ciudad como los Ángeles, una ciudad dividida en
ghettos (barrios pobres) y bunkers (barrios ricos), llena de
espacios "intransitables", donde todo el mobiliario urbano está
pensado para ahuyentar al vagabundo y donde los centros comerciales
más modernos se construyen siguiendo el modelo de cárcel
"panóptica" o, por el contrario, optamos por un modelo de ciudad
abierta, tolerante con las diferencias, sin zonas prohibidas, en la
que se potencia la identidad de barrio y el contacto entre
individuos, a través de zonas peatonales y actividades en las
calles?
En suma, seguridad como bien público o como patrimonio de unos
pocos.
Fecha de referencia: 31-1-1999
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