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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
La historia de la humanidad es una secuencia de procesos en la cual
las distintas sociedades van afirmándose en un territorio y
tratando de extenderse hacia otros. A tal fin, luchan por controlar
de la forma más efectiva el medio natural, que van modelando a su
conveniencia. Así, cada sociedad ha logrado, con mayor o menor
éxito, imponerse y dominar un ámbito territorial a costa de otros
grupos sociales y, también, mediante una alteración, a menudo
azarosa, del equilibrio natural existente en el territorio. El
dominio del territorio por el hombre es, pues, un hecho que ha
servido, a lo largo de la historia, para mejorar las condiciones de
vida de los hombres, si bien ello se ha logrado a costa de cambios
físicos y de agresiones sobre ciertos grupos sociales.
El avance de la sociedad humana puede considerarse una tendencia
histórica, aunque se constata que está integrado por una secuencia
de avances, crisis y retrocesos. De otra parte, este avance de la
humanidad ha hecho que los ritmos temporales se hayan ido acortando
progresivamente y que los medios para transformar la realidad
material del entorno hayan sido cada vez más efectivos. Así pues,
la capacidad de transformación del territorio, unida a la
intensificación de los ritmos de transformación, ha llegado a
extender los cambios territoriales a toda la extensión de la
Tierra. Esta generalización de los cambios y el progresivo aumento
de la intensidad con que se producen ha dado lugar a situaciones
que amenazan las condiciones de vida del hombre en nuestro planeta.
De antiguo, algunos pensadores han recelado de las consecuencias de
esta lucha del hombre por dominar su entorno y han alertado sobre
las consecuencias fatales para la humanidad. Y es que se constata
que el hombre ha venido alterando seriamente la faz de la Tierra
según los medios de que disponía en cada época. Esta alteración ha
sido considerada como necesaria y positiva para que el hombre
consiguiese primero sobrevivir y luego ir mejorando las condiciones
de su existencia. En nuestro tiempo se da una situación paradójica
pues, mientras se dispone, globalmente, de medios suficientes para
asegurar al hombre una pervivencia en unas condiciones de vida
suficientes y agradables, estos medios son controlados por una
parte de los hombres sin permitirse su general disfrute. Y estos
grupos sociales promueven ciertas actuaciones que son capaces de
poner en peligro, por sí mismas, la vida humana y, además, un
conjunto de actuaciones está alterando las condiciones básicas de
la vida del hombre sobre la Tierra y ello, con tal intensidad que
se advierte claramente una amenaza cierta y directa. En efecto,
basta con pensar en las consecuencias de las explosiones nucleares
o en el proceso de desertificación y de alteración de la capa de
ozono.
Ante esta situación conflictiva, se ha ido asumiendo por la
colectividad humana la realidad del peligro y la conveniencia de
ser conscientes, en todo momento y en toda actuación, de las
consecuencias que puedan derivarse de las acciones del hombre sobre
el equilibrio de la existencia en la Tierra. De ahí, que haya
surgido la necesidad de plantearse el hecho de que todas las
decisiones y realizaciones deben enfocarse bajo la idea de que no
se amenacen las condiciones básicas de vida del hombre en el
futuro. La idea de un desarrollo sostenible va, de esta forma,
cuajando en nuestras sociedades y empieza a ser aplicada en los
diversos campos de intervención del hombre en el territorio.
En nuestras costas, un territorio cada vez mejor apreciado, se
puede seguir la evolución de su utilización por el hombre, la cual
ha generado una situación de deterioro tal que ha hecho que la vida
en el territorio litoral y el disfrute de los grandes atractivos
que ofrecen nuestras costas se hayan visto imposibilitados en gran
medida.
1. Los usos agrícolas, entre los que cabe destacar los
tradicionales de arrozales o maizales y los modernos cultivos
tempranos de hortalizas, frutas y flores. Existen ciertos problemas
que genera la actividad agrícola que han de ser considerados, tales
como los siguientes:
4. Los espacios ocupados por vías e instalaciones de comunicación
que, en bastantes casos, dificultan el libre acceso y la
contemplación del mar y el litoral y llegan a convertirse en diques
que impiden la natural evacuación de las aguas de lluvia.
5. Los usos urbanos. La ocupación progresiva del suelo para los
usos urbanos, con la consiguiente pérdida de los usos
tradicionales, la alteración del medio a causa de la urbanización
y la edificación, la deficiente o inexistente depuración de las
aguas residuales vertidas por los núcleos de población son los
problemas más graves con los que se enfrenta el litoral español.
6. Los usos turísticos y de recreo. Las urbanizaciones, las
construcciones de hoteles, apartamentos y chalés, los puertos
deportivos y otras instalaciones turísticas son las implantaciones
que mayor impacto han producido en la estructura física del
territorio litoral. Así, son notorios estos problemas generados por
las realizaciones turísticas:
8. Finalmente, existen algunos enclaves arqueológicos y culturales
que han de ser adecuadamente valorados y conservados.
En España, es necesario asegurar un buen uso de la costa en su
utilización urbana pero, además, es imprescindible garantizar las
oportunidades turísticas que ofrecen nuestras áreas litorales,
puesto que son la base de una buena parte del progreso económico de
las áreas litorales. A tal fin, es preciso contribuir a atajar la
progresiva degradación del litoral, pues así se garantizará la
calidad de vida en la costa.
Los casos de degradación del litoral a los que hay que hacer frente
son muy diversos y es preciso contribuir, en cada caso, a la
recuperación de la costa. Podemos destacar los casos más notables:
Cualquier actuación en el territorio litoral y toda decisión que le
pueda afectar debe tener en cuenta las características que se
derivan de su especial condición de ser el espacio en que se
encuentran la tierra y el mar. Así, hay que tener en cuenta que el
borde litoral es constantemente remodelado por el mar en una acción
en que concurren el efecto del viento y de las mareas. Además, la
arena que aporta la red hidrográfica al litoral y forma las playas,
se mueve a lo largo del litoral a la vez que el viento produce un
continuo movimiento longitudinal de las arenas litorales y que la
acción de las mareas y del viento genera un movimiento transversal
de la arena de las playas de forma constante. De otra parte, es
preciso tener presente el comportamiento del mar frente a los
obstáculos terrestres, ya que el mar, en su movimiento continuo, va
perdiendo su fuerza cuando se encuentra con una playa, pero en el
caso de chocar con un elemento vertical y resistente, lo hace con
tanta más dureza cuanto más fuerte es la resistencia que se le
opone. En efecto, la evolución natural del perfil de la playa a lo
largo de las estaciones anuales nos demuestra ese comportamiento ya
que, en las tormentas de los equinoccios, el mar arrebata a las
playas gran parte de la arena que es arrastrada a bancos próximos
a la costa pero, después, el movimiento del mar va devolviendo, en
circunstancias naturales, la arena desde esos bancos a las playas.
Otra característica fundamental a recordar es la de que las aguas
próximas a las costas son el más activo núcleo generador de la vida
en el mar, por lo cual hay que considerar siempre las eventuales
incidencias de cualquier actuación en la costa o de los usos del
litoral sobre la fauna y la flora marinas.
Conviene recordar los tipos de actuaciones que se realizan con
objeto de conservar y proteger la costa. Nos encontramos con
actuaciones de defensa de la costa como la demolición de espigones
innecesarios o perjudiciales, la construcción de espigones, en
general sumergidos o semisumergidos, la reparación de diques y
espigones, la construcción, reconstrucción y reparación de muros
afectados por los temporales, la reparación de escolleras, la
defensa de muros y el dragado de rías y desembocaduras de ríos. Se
realizan actuaciones en las playas, tales como la mejora y
ampliación de playas, su defensa y regeneración, su reparación,
reperfilado y remodelación, la creación de nuevas playas, la
alimentación, inversión y trasvase de arena, la estabilización de
playas y dunas, el desescombro y despedregamiento de playas, el
derribo de construcciones situadas sobre la arena y el
acondicionamiento y ordenación de la utilización de las playas.
Entre las actuaciones en accesos al litoral y paseos marítimos,
podemos destacar las de reparación y las obras de seguridad en
paseos marítimos existentes, su mejora y ampliación, la
construcción de nuevos paseos, la construcción de senderos y
caminos litorales, la construcción de accesos peatonales y el
acondicionamiento de aparcamientos para facilitar un acceso
ordenado a la costa. Finalmente, entre las actuaciones en los
frentes portuarios, tenemos la remodelación de las instalaciones
portuarias, la reordenación de las áreas ocupadas por los puertos
con apertura de las ciudades al mar, la reutilización para usos
urbanos de las edificaciones y espacios de uso portuario y la
reordenación de la circulación viaria y de los usos en el ámbito de
los puertos, con su integración en la estructura general de la
ciudad.
Cuando se decide acometer una actuación en la costa y cuando se
toman decisiones que afectan al territorio litoral, es preciso
planificar, programar y gestionar todas las actuaciones en la costa
en orden a su conservación y protección teniendo en cuenta la
normativa y las determinaciones vigentes así como las
recomendaciones derivadas de experiencias anteriores. Y cuando se
prevé una reordenación o una nueva utilización del litoral o se
proyecta una obra, conviene analizar las incidencias positivas y
negativas de cualquier actuación que se vaya a desarrollar en la
costa. Así, habrá que considerar los impactos positivos, como
pueden ser la incidencia económica directa e indirecta que la obra
genera, la protección frente a la erosión y los temporales, la
protección de los recursos naturales, urbanos y turísticos, la
revalorización de la fachada marítima, la creación de un nuevo
hábitat y la mejora de las condiciones de vida que proporciona a la
población próxima y el eventual acondicionamiento de un área de
singulares características para el ocio. Pero, a un mismo tiempo,
habrá que valorar los impactos negativos, tales como las
alteraciones de la dinámica litoral no adecuadamente previstas, el
deterioro de la calidad del agua en caso de generarse con las obras
superficies de agua no fácilmente renovables, la variación de la
fauna y la flora tanto terrestres como marinas por la remoción de
superficies de arena o de rocas y la degradación del paisaje por la
alteración de la topografía y la vegetación.
En fin, la ordenación del territorio litoral ha de atenerse a las
determinaciones de la Ley de Costas y a las regulaciones de
ordenación territorial, urbanística y medioambiental. En este
sentido, es preciso recordar que los municipios del litoral deben
estar regulados mediante un Plan General o una Norma Subsidiaria y
que los planes de ordenación que afecten al litoral deben atender
y desarrollar la normativa de protección de la costa.
La protección de la costa ha sido plenamente asumida por la
sociedad, dentro de la concienciación generalizada de la defensa de
la naturaleza, para garantizar el uso del borde litoral y mantener
sus atractivos. En los últimos años, la Administración ha
desarrollado una intensa labor de conservación del litoral y ha
actualizado la legislación necesaria a tal efecto. Así, la mejora
en la situación de nuestras costas en los últimos quince años es
patente. Un papel básico en este empeño lo juega la Ley de Costas,
que consagra el principio de protección del litoral como bien
público y que constituye el elemento legal a aplicar, siendo
decisiva la colaboración de los poderes estatales, autonómicos y
municipales para lograr una eficaz protección del litoral.
Es preciso destacar que la normativa urbanística es el instrumento
más eficaz en la protección de las áreas litorales, pues permite
fijar el régimen del suelo en cada caso. Asimismo, es
imprescindible que los planes de ordenación municipal (Planes
Generales y Normas Subsidiarias) incluyan las determinaciones
precisas para proteger la costa.
La defensa del medio litoral comprende actuaciones diversas, entre
las cuales el paseo marítimo es una pieza fundamental de la
ordenación del litoral. Podemos resumir que, dentro de la
protección de la costa, los paseos marítimos deben responder a las
circunstancias físicas del territorio en que se encuentran, han de
atender a las condiciones de utilización del territorio al que
sirven y son fundamentales en la definición del límite de lo
urbanizado, a la vez que conforman la fachada principal de las
ciudades. En síntesis, podemos decir que las características de
cada paseo marítimo se deducen de su doble carácter urbano y
litoral.
Los paseos marítimos sirven para definir la correcta utilización de
la costa. Por tanto, la realización de un paseo marítimo debe
evitar impactos negativos y, en especial, la alteración de la
evolución natural del perfil de playa. Asimismo, con objeto de
respetar el carácter público del borde marítimo-terrestre, el paseo
marítimo no puede discurrir sobre terrenos ganados al mar o la
playa.
En las áreas de especial interés, ha de cuidarse la conservación de
éstas y, en consecuencia, debe regularse la utilización apropiada
de esas áreas y diseñarse adecuadamente el acceso a la costa.
En todo caso, con objeto de proteger la costa, deben restablecerse
las condiciones naturales del litoral que hubiesen sido alteradas
y han de eliminarse las construcciones sobre la arena y las obras
que hayan deteriorado el borde litoral. Es preciso, también,
garantizar el acceso público al borde del mar en el modo que en
cada caso resulte conveniente, de acuerdo con las características
naturales que concurran.
Hay que cuidar especialmente que la construcción de un paseo no
altere la configuración natural de la costa y su proyecto debe
considerar la incidencia de las mareas, las corrientes marinas y el
movimiento de la arena. Asimismo, debe asegurarse que las especies
de la flora y la fauna marinas no serán dañadas por la construcción
de un paseo marítimo y, menos aún, por la existencia de éste.
De otro lado, siendo el paseo marítimo un elemento muy relevante de
la estructura urbana de las ciudades y de las urbanizaciones al
borde del mar por las que discurre, es preciso tener en cuenta y
valorar adecuadamente las condiciones urbanas de ese lugar. Ante
todo, es imprescindible respetar la regulación y la ordenación
urbanísticas vigentes y, en tal sentido, el proyecto de un paseo
marítimo debe atender todas las prescripciones de la normativa de
protección de la costa y su construcción ha de estar respaldada por
un planeamiento urbanístico protector de la costa.
Por su relevancia, ha de prestarse atención a las características
urbanas, por lo que el paseo marítimo debe responder a su especial
situación y significado urbanos, ha de integrarse armónicamente en
la estructura urbana, ha de atender a las circunstancias de cada
tramo litoral por el que discurre y debe ser un elemento urbano de
paseo y de relajación junto al mar. Asimismo, el paseo ha de
integrarse en el conjunto de los espacios libres públicos, debe
responder a las características y necesidades de las áreas a las
que sirve y han de atenderse las necesidades colectivas que ayudan
al disfrute de las playas y del mar.
De otra parte, hay que tener presente la incidencia de la
urbanización en el paseo y, así, el paseo marítimo ha de facilitar,
de modo apropiado, el acceso público al litoral, se ha de lograr un
uso tranquilo del paseo por el peatón, el paseo marítimo debe
preservarse del tráfico rodado y los aparcamientos se situarán de
modo que no afecten a la tranquilidad del paseo. La accesibilidad
al paseo debe apoyarse en el transporte colectivo en caso de alta
utilización. En todo caso, debe asegurarse el acceso controlado al
paseo y a la playa de los vehículos de emergencia y de limpieza.
Por último, es preciso considerar, en el proyecto de los paseos
marítimos, la relación del paseo con la edificación y, por ello,
las características físicas y ambientales de las construcciones han
de ser consideradas en el proyecto del paseo. En concreto, hay que
atender a las necesidades de acceso a las parcelas que dan frente
al paseo.
Fecha de referencia: 31-1-1999
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