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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Federico Aguilera Klink, Departamento de Economía Aplicada.
Universidad de La Laguna.
Pamplona (España), 20-22 de Noviembre de 1996.[1]
Es misión y deber del hombre defender sus derechos y los de sus
semejantes; mas de todos esos derechos hay uno que no deberá ceder
por nada del mundo: el derecho a pensar por cuenta propia.
Tal es el sentido último del mensaje cartesiano.
(R. Frondizi, 1991 Estudio preliminar a El discurso del Método)
Dicho de otra manera, la Revolución Científica no afecta sólo a la
profundización y mejora en el conocimiento de las distintas
ciencias, sino que es, por encima de todo, una Revolución mental
que culmina con la aceptación de la existencia de un orden natural
en el Universo, pero es un orden que, aunque mantiene el papel de
Dios como creador, cuestiona la visión que existía con anterioridad
en relación con dos aspectos fundamentales: el criterio de verdad
y el método de razonamiento. A partir de ahora la verdad va a
provenir de la razón o, mejor dicho, de un empirismo racionalista
-no admitir jamás como verdadera cosa alguna sin conocer con
evidencia que lo era, es el primer precepto cartesiano- y no de la
autoridad; pero al mismo tiempo el organicismo, en el que el todo
explica a las partes, va a ser paulatinamente sustituido por una
idea mecanicista, el orden natural o el reloj universal de Newton,
en la que el todo es explicado por la suma de las partes, de ahí la
importancia del precepto cartesiano de "...dividir cada una de las
dificultades que examinare en tantas partes como fuese posible y en
cuantas requiriese su mejor solución" [Descartes , 1991:83].
En consecuencia, el conocimiento va paulatinamente adoptando un
enfoque atomista y procura aislar los elementos del universo
observado -compuestos químicos, enzimas, células, sensaciones
elementales, individuos en libre competencia y tantas cosas más-
con la esperanza de que volviéndolos a juntar, conceptual o
experimentalmente, resultaría el sistema o totalidad -célula,
mente, sociedad- y sería inteligible [Von Bertalanffy , 1976]. La
preocupación se centra en el estudio de las propiedades de cada uno
de los elementos y no de las relaciones que existían entre ellos.
Este nuevo planteamiento abre la puerta a una parcelización del
conocimiento en el que se da por supuesta la existencia de una
parcela dedicada exclusivamente a lo económico, dotada de entidad
propia y separada de la naturaleza (lo físico y lo biológico) y de
la sociedad en un sentido amplio, es decir, de lo social, de lo
ético y, en el siglo XIX, del poder.
Así pues, se inicia lentamente pero de manera continuada una
redefinición conveniente de las nociones fundamentales de la
ciencia económica y una selección de los fenómenos a analizar
centrada en aquellos fenómenos que son facilmente expresables en
valores de cambio y que son autorregulables a través del mercado,
aspecto fundamental del sistema de libertad natural. El resultado
final es claro, todas las nociones y fenómenos que no pueden
expresarse en términos monetarios ni son autorregulables, son
considerados como no económicos y quedan excluídos del campo de la
economía. Se consolida así un sistema de pensamiento o una
determinada racionalidad económica que, si bien, y en un primer
momento trata de imitar a las ciencias naturales, acaba por
olvidarse de ellas, llegando incluso a practicar un reduccionismo
que, en buena medida, impide el estudio y comprensión adecuada de
aquello que inicialmente es considerado como su principal objetivo:
la producción y distribución de la riqueza.
En su conjunto, este resultado se muestra todavía más paradójico si
se tiene en cuenta que mientras las ciencias naturales siguen
avanzando, sustituyendo la visión mecánica por la termodinámica y
el enfoque sistémico, la ciencia económica se muestra remisa a
aceptar el reto de la reformulación conceptual que va precisando
ante los cambios que van sucediendo. En este sentido, me parece
encomiable la actitud de Marshall para el que "Aunque el análisis
y el razonamiento económicos son de muy amplia aplicación, cada
época y cada país tienen sus propios problemas, por lo que es
probable que los cambios en las condiciones sociales requieran un
nuevo desarrollo de las doctrinas económicas" [Marshall
, 1982:30-31]. Por lo que respecta a la naturaleza o el medio
ambiente, la economía intenta mantenerse, en tanto que construcción
intelectual, por el procedimiento de ir ampliando y extendiendo la
valoración monetaria a todos los fenómenos que inicialmente son
excluídos de su campo de estudio. De esta manera se hace un fetiche
de la medición monetaria -ignorando la dimensión
físico-cualitativa- y, en lugar de profundizar en las cuestiones
conceptuales que atañen a la misma, en la línea sugerida por
Marshall, el problema se traslada al ámbito externo del
perfeccionamiento de los métodos estadísticos que supuestamente
facilitan dicha medición monetaria.
No obstante, me parece importante matizar estas cuestiones y no
perder de vista que el contexto científico del siglo XVIII está
inserto en un contexto social más amplio. Quizás sólo así se pueda
entender la insistencia de filósofos y economistas del citado siglo
-como Jefferson, Turgot, Condorcet y Adam Smith- en el
reconocimiento de los derechos individuales (o en el paso de
súbditos a individuos, entendidos éstos como sujetos de derechos
que deben ser respetados) y de la libertad individual, puesto que
era la única manera de limitar el poder absolutista y los
privilegios existentes para comenzar a caminar hacia el ideal
constituído por una sociedad en la que cada persona tuviese libre
acceso a las oportunidades económicas y pudiese disfrutar de la
riqueza creada por su esfuerzo [Tawney , 1972]. Del mismo modo se
puede explicar el que los economistas prestaran una atención
preferente a los procesos autorreguladores, ya que así confirmaban
el supuesto orden de la vida económica excluyendo, de paso, la
necesidad de la intervención arbitraria de las autoridades, es
decir, del Soberano y de la Iglesia.
A pesar de lo anterior, la realidad se impone y los hechos se
alejan de ese ideal expresado por filósofos y economistas, por lo
que los privilegios vuelven bajo un nuevo aspecto, ahora no son el
resultado de derechos legales desiguales que impiden el ejercicio
natural de los poderes manuales e intelectuales iguales, sino la
consecuencia de poderes desiguales resultantes del ejercicio de
iguales derechos en un mundo en el que la propiedad, los bienes
heredados y el aparato de las instituciones de clase han hecho
desiguales las oportunidades [Tawney , 1972].
En cualquier caso, la economía sufre un serio reduccionismo, que se
consolida con los autores llamados neoclásicos, y que afecta a tres
campos fundamentales [Kapp , 1978]:
Es cierto, no obstante, que Marshall indicó en sus Principios que
"La Meca del economista se halla en la biología económica más bien
que en la dinámica económica" [Marshall , 1982:xii], insistiendo en
sus Elementos de Economía Industrial que "...los economistas han
aprendido mucho de las profundas analogías que se han descubierto
entre la organización industrial, por un lado, y la organización
física de los animales superiores, por el otro lado. El desarrollo
del organismo, sea social o físico, conlleva una mayor subdivisión
de funciones entre sus partes separadas, por un lado y, por el
otro, una conexión más estrecha entre esas partes. Así pues, cada
parte es cada vez menos autosuficiente, dependiendo para su
bienestar cada vez más de las otras partes, de manera que no puede
existir ningún cambio en alguna parte de un organismo altamente
desarrollado que no afecte también a las demás partes" [Marshall
, 1949:139], pero también es cierto que Walras intenta trasladar los
modelos mecánicos de la física clásica al campo de la economía
mientras que para Jevons "la teoría económica presenta una fuerte
analogía con la mecánica estática y las leyes del cambio se apoyan
en la analogía con las leyes del equilibrio de una balanza"
[Jevons , 1965:xvii-xviii]. En suma, la economía toma como modelo a
la física y las mismas leyes de la mecánica describen las
relaciones del sistema económico mediante una correspondencia entre
conceptos económicos y físicos.
Además de esta separación entre lo económico y lo físico, la
separación se amplía a la ética y el poder ya que se supone que el
estudio conjunto de todos ellos carece de sentido en un mundo en el
que sólo existen relaciones entre átomos independientes. Sin
embargo, y a pesar de que se suele atribuir a Adam Smith la
legitimación de esta separación, una lectura atenta y conjunta de
la Teoría de los Sentimientos Morales y de La Riqueza de las
Naciones no parece avalar precisamente dicha responsabilidad
[Aguilera , 1991]. Como ha señalado Gramm, "...la interpretación de
Smith ha sido influenciada por un selectivo proceso de filtración
que ha permitido que ciertos puntos de vista permanezcan visibles
y otros no, un proceso profundamente conducido por ideología, poder
y todo aquello que gobierna los intereses profesionales o
disciplinares, incluídas las sentidas necesidades de ortodoxia y
heterodoxia en economía, cada una de las cuales ha tenido sus
propios dogmas y preconcepciones del pasado y del presente" [Gramm
, 1973:190] o, en palabras de Martín "...el principal defecto de los
intérpretes de Smith ha sido no tener presente sus propios
objetivos, que consistieron en dar al mundo una completa filosofía
social, un sistema explicativo total. De aquí la extrema dificultad
de abordar un estudio sistemático de Smith, que ha quedado
historicamente a disposición de los economistas, quienes le han
atribuído justamente el título de padre de la economía y a cambio
han ofrecido una interpretación parcial y deformada de su
pensamiento" [Martín , 1980:122].
Por lo que respecta al poder, es el propio Adam Smith el que al
referirse al establecimiento del Gobierno Civil reconoce que, "en
la medida en la que se instituye para la seguridad de la propiedad,
se instituye, en realidad, para la defensa del rico contra el pobre
o de quienes tienen alguna propiedad contra quienes carecen de
ella" [Smith , 1965:674]. Ahora bien, al referirme al poder, no
estoy pensando sólo en términos de poder político o de poder
económico. Entiendo, de acuerdo con Strange, que tiene más
capacidad explicativa distinguir entre poder relacional y poder
estructural, aunque ambos están relacionados. El primero se refiere
al poder que posee A, es decir, cualquier persona, empresa u
organismo público, para obligar a B a hacer algo que B no haría por
su propia voluntad. El segundo se refiere al poder "...para
conformar y determinar las estructuras de la economía política
global, dentro de las cuales otros Estados, sus instituciones
políticas, sus empresas y [no menos importante] sus científicos y
otros profesionales, tienen que trabajar. El poder estructural
confiere, en suma, el poder de decidir cómo habrán de hacerse las
cosas, el poder de conformar los marcos dentro de los cuales los
Estados se relacionan entre sí, se relacionan con la gente o se
relacionan con las corporaciones. Esto es así porque en una
relación, el poder relativo de cada parte es mayor o menor si una
de las partes tiene tambien la capacidad de determinar la
estructura que enmarca a la relación" [Strange , 1988:25]. Lo que
significa, en definitiva, que el poder estructural constituye el
poder para establecer y cambiar las reglas de juego -marco
institucional- así como para hacerlas cumplir.
En este sentido, se puede afirmar que el olvido del poder nos ha
llevado a los economistas a ignorar, casi por completo, las
relaciones existentes entre la economía y el marco institucional.
En efecto, si aceptamos que la economía constituye una actividad
institucionalizada, en el sentido de que está regulada o sometida
a unas normas, leyes o reglas de juego, el estudio de la economía
no debería limitarse a las transacciones de mercancías "dado un
marco legal" sino, también, al estudio de la formación de ese marco
y de cómo influye y condiciona al conjunto de las transacciones de
mercancías, es decir, al estudio de las "transacciones
institucionales", en términos de Bromley, puesto que cada
estructura de derechos define una estructura de costes y de
beneficios, de oportunidades y de restricciones [Bromley , 1989].
Dicho de otra manera, "Para los economistas, tiene poco sentido
discutir los procesos de intercambio sin especificar el marco
institucional bajo el cual tienen lugar los intercambios, puesto
que dicho marco afecta a los incentivos para producir y a los
costes de transacción" [Coase , 1992:718].
Finalmente, y por lo que respecta a la separación entre economía y
naturaleza, Naredo ha expresado de manera acertada el reduccionismo
practicado al mostrar cómo partiendo de la economía de la
naturaleza o de la biosfera se pasa, tras sucesivos recortes a una
economía en la que sólo se tienen en cuenta los objetos que se
consideran productibles. No obstante, en la actualidad se está
intentando hacer un viaje de vuelta desde la economía de los
objetos productibles a la de la naturaleza, pero sin cambiar las
nociones que sustentan ambos conjuntos, algo que, si bien y en
principio, parece tener un cierto éxito académico con la extensión
de las llamadas técnicas de valoración monetaria del medio
ambiente, dudo personalmente de su viabilidad pues el problema al
que nos enfrentamos no es tanto de técnicas como de renovación
conceptual y de apertura de los estrechos límites en los que se ha
encerrado la economía. De hecho, era Hicks el que señalaba que
"debido a que el campo de los fenómenos con los que trata la
economía es tan estrecho, los economistas están continuamente
dándose cabezazos contra sus límites" [Hicks , 1979:22]. Sin
embargo, un viaje de vuelta que aspire al éxito requiere el
replanteamiento de los fenómenos económicos, de los conceptos y, en
definitiva de la racionalidad y de las premisas del conocimiento.
Lo anterior indica que es prácticamente imposible considerar los
hechos económico-monetarios como aislados de la naturaleza y del
resto de las parcelas del conocimiento. Es más, ocurre lo
contrario, es decir, que lo económico está inserto en ellas por lo
que es factible retomar la noción aristotélica de economía como
gestión de la casa o del planeta. Más concretamente, "...los
sistemas económicos están íntima y recíprocamente relacionados con
los otros sistemas y, en este sentido, son fundamentalmente
sistemas abiertos. Es posible que el considerar a la economía como
un sistema cerrado resulte conveniente desde el punto de vista
metodológico y le permita a la teoría económica formular sus
conceptos y teorías de acuerdo con los cánones de la lógica
matemática formal, pero ello tiende a perpetuar una equivocada
percepción de la realidad, que reduce nuestro horizonte teórico"
[Kapp , 1978:128].
Además, la ecología nos enseña que el hombre no utiliza recursos
naturales de manera aislada, sino que utiliza y se apropia de
ecosistemas [Toledo , 1985], proceso de apropiación que ha sido
correctamente interpretado por Norgaard (1984, 1994) como un
proceso coevolucionista -Desarrollo Coevolucionista- en el sentido
de que existe una interdependencia mutua entre el ecosistema y el
sistema socioeconómico que exige, a su vez, una mutua adaptación de
ambos sistemas. Es decir, en la medida en la que el sistema
socioeconómico modifica los sistemas biológicos, se ve obligado a
su vez a adaptar el primero a los cambios introducidos en el
segundo, de manera que sea capaz de comprender los efectos de las
modificaciones sobre los ecosistemas -de adquirir un nuevo
conocimiento- , que le permita usar adecuadamente los mismos, para
lo cual necesita crear nuevas instituciones, tanto en el sentido de
nuevas normas sociales de comportamiento como en el sentido de un
nuevo marco de relaciones internacionales que tienda hacia el
cambio en los estilos de vida.
Desde este punto de vista, la Economía Ecológica se plantea como un
sistema de conocimiento diferente que acepta como punto de partida
que la economía es un sistema abierto para estudiar cómo se
interrelaciona la actividad económica con los ecosistemas y con
los sistemas sociales y cómo se influyen de manera mutua. Es más,
se podría decir que la Economía Ecológica pretende comprender la
posición del hombre en un mundo que está siendo simultaneamente
creado y destruído por el hombre. Por eso, el objeto de esta
economía consiste en el estudio del proceso de la creación social
y de la destrucción y la transformación ecológica [Proops
, 1989:66]. Más concretamente, "...la economía ecológica ha de
preocuparse, en primer lugar, de la naturaleza física de los bienes
a gestionar y la lógica de los sistemas que los envuelven,
considerando desde la escasez objetiva y la renovabilidad de los
recursos empleados, hasta la nocividad y el posible reciclaje de
los residuos generados, a fin de orientar con conocimiento de causa
el marco institucional para que éste arroje ciertas soluciones y no
otras en costes, precios y cantidades de recursos utilizados, de
productos obtenidos y de residuos emitidos" [Naredo , 1994:378].
Por todo lo anterior, y de igual manera que la Revolución
Científica del siglo XVIII no se puede entender separada de un
contexto intelectual, ideológico y social que cuestiona un sistema
de conocimiento limitado por la actuación arbitraria de la Iglesia
y el Estado, a la vez que una situación política y una distribución
de poder, la Economía Ecológica o Socioecológica intenta
desarrollar una escuela de pensamiento algunos de cuyos principales
compromisos políticos son, de acuerdo con Jacobs [Jacobs , 1996] los
siguientes: la sostenibilidad ambiental, la redistribución justa de
la renta y de la riqueza, tanto dentro de una sociedad como entre
diferentes sociedades, la redistribución justa del poder
especialmente a través de formas más participativas de democracia
y la promoción de la diversidad cultural, la eliminación de las
discriminaciones por razón de sexo, el control social de las
fuerzas de mercado y el cuestionamiento del comportamiento de
mercado como el único criterio de racionalidad económica, las
mejoras en el bienestar definido como un desarrollo cualitativo
personal y social en lugar del aumento en el consumo [al menos por
encima de ciertos niveles de renta]. En suma, la Economía
Socioecológica intenta cambiar no sólo el sistema de conocimiento
sino también el propio sistema sobre el que se razona para evitar
el reduccionismo y la parcelación practicados por el sistema de
conocimiento dominante.
Por eso me parece oportuno insistir en una advertencia de Einstein
que en pocas líneas muestra acertadamente una reflexión
metodológica cuya precisión resulta muy difícil de igualar. Así,
"una proposición es correcta cuando, dentro de un sistema lógico,
está deducida de acuerdo con las reglas lógicas aceptadas. Un
sistema tiene contenido de verdad según con qué grado de certeza y
completitud quepa coordinarlo con la totalidad de la experiencia.
Una proposición correcta obtiene su verdad del contenido de verdad
del sistema a que pertenece" [Einstein , 1986:18]. Dicho de otra
manera, cada lógica o cada racionalidad tiene un ámbito propio de
aplicación, a la vez que cada racionalidad se forma o se construye
en el contexto de cada ámbito, lo que nos puede llevar a hablar en
términos de racionalidad cultural -existiendo en consecuencia
tantas racionalidades como culturas- y no de una única racionalidad
universalmente aplicable.
En mi opinión, Einstein señala implicitamente dos de los aspectos
más importantes de la racionalidad a los que cada vez se les presta
más atención, a saber, su carácter contextual y su complejidad. En
cualquier caso, lo que me interesa destacar en este momento es que
Einstein está cuestionando tanto la idea de una racionalidad
económica estrecha -en línea con lo expuesto algunos años más tarde
por Sen para el que "...el hombre puramente económico es casi un
retrasado mental desde el punto de vista social. La teoría
económica se ha ocupado mucho de ese tonto racional arrellanado en
la comodidad de su ordenamiento único de preferencias para todos
los propósitos. Necesitamos una estructura más compleja para
acomodar los diversos conceptos relacionados con su comportamiento"
[Sen , 1986:202]- como la idea de que sólo existe una única
racionalidad universalmente válida en cualquier lugar y contexto.
Así, Margolis [Margolis , 1982] sugiere un modelo de utilidad dual
según el cual los individuos poseen dos funciones de utilidad, la
función conectada con las preferencias individuales o egoístas y la
función cuyas preferencias son estrictamente sociales, mientras que
Etzioni [Etzioni , 1988] razona en términos del "Paradigma
Yo-Nosotros" señalando que cada individuo sano posee un fuerte ego
pero, al mismo tiempo está inserto en un conjunto de
"Contextos-Nosotros".
De ahí que Morin emplee el término de falsa racionalidad, para
referirse a la racionalización abstracta y unidimensional que
triunfa sobre la tierra. "La inteligencia parcelada,
compartimentada, mecanicista, disyuntiva, reduccionista, rompe lo
complejo del mundo en fragmentos disjuntos, fracciona los
problemas, separa lo que está enlazado, unidimensionaliza lo
multidimensional. Es una inteligencia a la vez miope, présbita,
daltónica y tuerta; lo más habitual es que acabe ciega. Destruye en
embrión toda posibilidad de comprensión y de reflexión, eliminando
así cualquier eventual juicio correctivo o perspectiva a largo
plazo (...) Incapaz de enfocar el contexto y el complejo
planetario, la inteligencia ciega se vuelve inconsciente e
irresponsable. Se ha vuelto mortífera. [Por el contrario] la
verdadera racionalidad es abierta, y dialoga con una realidad que
se le resiste. Lleva a cabo un tráfico incesante entre la lógica y
lo empírico; es fruto del debate argumentado de ideas y no una
propiedad de un sistema de ideas. La verdadera racionalidad conoce
los límites de la lógica, del determinismo, del mecanicismo; sabe
que el espíritu humano no sabría ser omnisciente, que la realidad
conlleva misterio. Negocia con lo irracionalizado, lo obscuro, lo
irracionalizable. Debe luchar contra la racionalización que bebe en
las mismas fuentes que las suyas y que, sin embargo, no contiene,
en ése su sistema coherente que se quiere exhaustivo, más que
fragmentos de realidad. No sólo es crítica, sino autocrítica"
[Morin , 1993:69].
Creo que la referencia de Einstein y la larga cita de Morin
proporcionan mayor claridad a la argumentación que desarrollo. No
obstante debo señalar que no estoy rechazando la teoría frente a la
evidencia empírica, ya que toda evidencia empírica necesita de una
teoría que la interprete (los hechos no hablan, decía Poincaré) ni
que sean poco deseables las construcciones abstractas. Muy al
contrario, comparto con Marshall la necesidad de la deducción y de
la inducción, pero entiendo que el objetivo de toda abstracción
"...es su utilidad conceptual, su contribución a la comprensión,
explicación y predicción de la realidad [y] se convierte en un
simple dogma, y por tanto en algo no científico, si se olvidan sus
dos características: conciencia de su naturaleza ficticia y
utilidad conceptual" [Ciriacy-Wantrup , 1967:33]. De manera parecida
se expresaba Hicks, para el que "Si uno tiene claro que hay que
juzgar las teorías, no por su belleza intrínseca, ni por su valor
para apoyar [o rechazar] ideologías, sino por su capacidad
explicativa, entonces debe clasificarlas de acuerdo con el tipo de
problemas [de problemas reales] para los cuales las teorías se
consideran relevantes" [Hicks , 1979:x]. Una línea de razonamiento
similar a ésta es la que mantiene el Nobel Coase, precisamente al
recibir el citado premio, al insistir en la necesidad de
"...reducir la elegante pero estéril teorización tan difundida en
la literatura para adentrarse en los estudios que aumenten nuestra
comprensión de cómo funciona el sistema económico en la realidad"
[Coase , 1992:719].
Por eso, merece la pena insistir en que la Tierra no es la suma de
un planeta físico, más la biosfera, más la humanidad. La Tierra es
una totalidad compleja físico-biológica-antropológica. "Pero no
basta con blandir la bandera de lo global: hay que asociar los
elementos de lo global en una articulación organizadora compleja,
hay que contextualizar ese global mismo. La necesaria reforma del
pensamiento es aquella que engendrará un pensamiento del contexto
y de lo complejo" [Morin , 1993:70]. De acuerdo con este autor:
El pensamiento del contexto:
Debemos pensar en términos planetarios la política, la economía, la
demografía, la ecología, la salvaguardia de los tesoros biológicos,
ecológicos y culturales regionales, las diversidades animales y
vegetales, las diversidades culturales. Pero no basta con inscribir
todas las cosas y acontecimientos en un "marco" u "horizonte"
planetario. Se trata de indagar siempre la relación de
inseparabilidad y de inter-retro-acción entre todo fenómeno y su
contexto, y de todo contexto con el contexto planetario.
El pensamiento de lo complejo:
Hay necesidad de un pensamiento que religue lo que permanece
disjunto y compartimentado, que respete lo diverso sin dejar de
reconocer lo uno, que intente discernir las interdependencias,
| Dominantes | Alternativas |
| Atomismo: Los sistemas consisten en partes que no cambian y son simplemente la suma de esas partes. | Holismo: Las partes no pueden comprenderse separadas de sus todos y los todos son diferentes de las sumas de las partes. |
| Mecanicismo: Las relaciones que existen entre las partes son fijas, los sistemas se mueven suavemente de un equilibrio a otro y los cambios son reversibles. |
Análisis Sistémico: Los
sistemas pueden ser mecánicos,
pero también pueden ser
determinísticos aunque
impredecibles porque son
caóticos o simplemente muy
discontinuos. Los sistemas
también pueden ser
evolucionistas. |
| Universalismo: Los fenómenos complejos y diversos son el resultado de leyes universales que son pocas en número e invariables a lo largo del tiempo y del espacio. | Contextualismo: Los fenómenos dependen de de un amplio número de factores relacionados con el tiempo y el lugar. Fenómenos similares pueden ocurrir en diferentes momentos y lugares debido a factores muy diferentes. |
| Objetivismo: Podemos apartarnos o dejarnos influir por lo que tratamos de comprender. | Subjetivismo: Los sistemas no se pueden entender apartados de nosotros y de nuestras actividades, de nuestros valores y de cómo hemos adquirido el conocimiento y, en consecuencia, de cómo hemos actuado en el pasado sobre los sistemas. |
| Monismo: Nuestras diferentes maneras de comprender los sistemas complejos se funden en un todo coherente. |
Pluralismo: El conocimiento
sobre los sistemas complejos
sólo puede obtenerse mediante
modelos alternativos de
pensmiento que son
necesariamente
simplificaciones de la
realidad. Los diferentes
modelos son inherentemente
incongruentes. |
| Sistema local | Sistema dominante |
| Agricultura y silvicultura integradas. | La agricultura separada de la silvicultura. |
| Los sistemas integrados proporcionan un producto multidimensional. El bosque produce madera, alimentos, forraje, agua, etc, y la agricultura produce una variedad de cosechas y alimentos. | Cada sistema separado presenta una dimensión. El bosque sólo produce madera para su venta. La agricultura sólo produce cultivos comerciales con inputs industriales. |
| La productividad en los sistemas locales es una medida multidimensional, siendo un aspecto la conservación. | La productividad es una medida unidimensional que ignora la conservación. |
| Aumentar la productividad en estos sistemas de conocimiento requiere aumentar el producto de carácter multidimensional y reforzar la integración. | Aumentar la productividad en estos sistemas de conocimiento requiere aumentar el producto unidimensional rompiendo las integraciones y desplazando los diversos outputs. |
| La productividad descansa en la conservación de la diversidad. | La productividad descansa en la creación de monocultivos y en la destrucción de la diversidad. |
| Este es un sistema sustentable. | Este es un sistema no sustentable. |
El problema consiste en que enseñados y acostumbrados a pensar bajo
las premisas dominantes, dar el paso de atreverse a pensar bajo las
premisas alternativas no es nada fácil. Primero porque es más
cómodo seguir con la rutina habitual y segundo porque, en el fondo,
no sabemos cómo pensar bajo las nuevas premisas ya que esto exige
dejar de ser sólo economistas o sólo sociólogos o sólo....lo que
sea, es decir, exige romper las barreras departa-mentales y
disciplinares para pensar en términos trans-disciplinares, algo que
supone, además de un atrevido reto intelectual, un reto a los
intereses académicos establecidos. De hecho era Leontief el que
recordaba que "Los métodos utilizados para mantener la disciplina
intelectual en los departamentos de Economía más influyentes de las
universidades estadounidenses pueden, a veces, recordar a los
usados por los marines para mantener la disciplina en Parris
Island" [Leontief , 1982:107].
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Fecha de referencia: 31-1-1999
| Boletín CF+S > 8 -- Ciudad, economía, ecología y salud > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n8/afagu2.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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