Ciudades para un Futuro más Sostenible
Búsqueda | Buenas Prácticas | Documentos | Boletín CF+S | Novedades | Convocatorias | Sobre la Biblioteca | Buzón/Mailbox
 
Boletín CF+S > 8 -- Ciudad, economía, ecología y salud > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n8/acveg.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Extranjeras en la ciudad. Itinerarios de mujeres okupas e inmigrantes por el barrio de Lavapiés


Cristina Vega
Madrid (España), marzo de 1998 [1].



1. "Lavapiés, un barrio, muchos mundos"


Hace ya mas de un año inicié un proyecto de investigación en el que trataba de establecer y analizar los modos en los que algunas inmigrantes se ubican y desplazan por Madrid y más concretamente por la zona céntrica de Lavapiés y La Latina. La pregunta general sobre el sentido que estas mujeres dan a su habitar una ciudad extranjera la abordaba de acuerdo con una doble perspectiva. Se trata, por un lado, de saber qué implica para una desplazada construir un territorio en la ciudad de acogida y, por otro, de determinar sobre el terreno las transformaciones que tienen lugar a raíz de la coexistencia en un mismo espacio -que puede ser un edificio, una calle, un barrio o, en general, una ciudad- de gentes de distintas culturas y subculturas. Esto último, la denominada formación de entornos urbanos multiculturales, forma parte de una preocupación inmediata de las ciudades europeas de nuestro tiempo. Una preocupación que pone en juego planes de ordenación urbana, intereses del mercado inmobiliario, conflictos derivados de la marginación, medidas institucionales de integración social y fenómenos autónomos de cooperación que atraviesan y componen las diferencias y hacen que la multiculturalidad sea algo más que un nuevo término en el lenguaje de los políticos.

Este proyecto se desarrolla a partir de la hipótesis general de que existen modos diversos e interrelacionados de habitar, recorrer y representar la ciudad y que estos modos tienen que ver, de una parte, con la experiencia de la migración y, de otra, con la diferencia étnica y sexual. El objetivo es conocer cómo se produce esta singularidad en la experiencia urbana de algunas mujeres inmigrantes y determinar cómo se establece el vínculo entre espacio, sentido y subjetividad. Un vínculo que opera simultáneamente en dos direcciones interrogando, de una parte, sobre lo qué hacen los sujetos con el espacio, es decir, el modo en que su presencia y su actuación modifica el entorno y, de otra, sobre cómo el entorno afecta y transforma a estos mismos sujetos. Naturalmente, en un barrio multiétnico como es Lavapiés todo el mundo forma parte del espacio a interpretar. Por activa o por pasiva somos parte del paisaje cotidiano y, en este sentido, nuestros ires y venires son un indicio para el resto, materia que comunica la diversidad de nuestro vecindario y que sirve para que nos interpretemos mutuamente y nos interpreten los que vienen de paso. El lema "Lavapiés, un barrio, muchos mundos" promovido por la Red de Lavapiés en la que participan asociaciones de inmigrantes, okupas, colectivos educativos y culturales y asociaciones de vecinos expresa de manera sintética esta misma idea sobre la diversidad y comunicabilidad de los procesos de espacialización.

Una aproximación de estas características sitúa en primer plano la experiencia espacial de quien investiga, los ejes sobre los que efectúe mi propio proceso de espacialización como vecina e investigadora y, en los últimos tiempos, como alguien que vive fuera pero está siempre de vuelta. Mi percepción y actuación de barrio, la de la comunidad que constituyo junto otras mujeres que pueblan La Escalera Karakola, una casa okupada de mujeres, se hace visible en su especificidad y se presta al diálogo incierto, en ocasiones estéril y abiertamente asimétrico de lo multicultural.

Figura 1: Lavapiés, muchos barrios.

Naturalmente, abordar los distintos procesos de territorialización y su influencia en la formación de entornos multiculturales resulta una tarea sumamente ambiciosa. Esta investigación constituye primeramente un sondeo, una manera de entrar en este diálogo desde una localización concreta haciéndola evidente y reflexionando sobre el juego de miradas e interpretaciones del que inevitablemente ya somos parte.

En una primera aproximación que consistía en entrevistas abiertas y recorridos con algunas inmigrantes marroquíes de Lavapiés y La Latina, registrados con una grabadora o una cámara de video, emergieron cuestiones sumamente interesantes ligadas a la residencia, los desplazamientos y las relaciones en el entorno urbano. A título indicativo me voy a referir a alguna de las líneas de investigación que se abrieron en este primer momento [Vega , 1997]. La primera, tiene que ver con los efectos de la movilidad residencial. Algunas de las inmigrantes entrevistadas habían residido en el poblado chabolista de Peña Grande y encontraban excesivamente solitaria y compartimentada en cuanto a tiempos, espacios, labores y contactos la vida en una vivienda del centro. Las fotos y testimonios sobre la vida "aquí" y en Peña Grande ponen de manifiesto el contraste entre la segmentación espacio-temporal de la experiencia femenina en las calles y casas del centro y la que se producía en el entorno del poblado. Quedaba por indagar, entre otras cosas, el modo en que estas experiencias se relacionan con aquellas que se producían en el país de origen. La segunda, se refiere a la movilidad interurbana. La mayor parte de las marroquíes trabajan en el servicio doméstico y se desplazan a diario a zonas residenciales de las afueras como La Moraleja o Mirasierra. Esto quiere decir que una parte sustancial del día la pasan en el transporte público, que emerge con fuerza durante las entrevistas como un dispositivo que articula la vida cotidiana y, en un sentido amplio, la idea de la ciudad. Las descripciones sobre la vida en el centro indican un contraste entre los recorridos pendulares de las mujeres y las frecuentes deambulaciones masculinas por las inmediaciones de la vivienda. Un tercer aspecto a tener en cuenta es la atracción que las marroquíes sienten por la zona comercial de Gran Vía y Sol, una de las áreas predilectas de paseo. En otro lugar explicaba cómo se podía interpretar este hecho a la luz de varios fenómenos interrelacionados: los hábitos de ocio y consumo que se imponen en las metrópolis occidentales, el deseo de anonimato que hace posible el centro con sus dispositivos de control difuso radicalmente diferentes de la zonificación y segregación que articulan la ciudad fortificada [2] y la oportunidad que tienen los y las inmigrantes de regular dentro de ciertos límites las estrategias de visibilidad e invisibilidad que ofrecen este tipo de superficies lisas [Benayoun , 1988], [Vega , 1997]. Con respecto a esto último, no hay nada tan revelador como el uso que hacen las segundas y terceras generaciones de inmigrantes adolescentes de los centros comerciales en toda Europa. Mencionaré un último aspecto más anclado al entorno inmediato puesto que una de las preguntas a las que trataba de buscar respuesta es si las mujeres a las que entrevistaba manejaban la idea de barrio, en otras palabras, quería saber si encontraban pertinente la designación que recibe el área de Lavapiés y La Latina. Evidentemente, aquí el factor decisivo era el tiempo de residencia y los contactos locales. En relación al entorno de familiaridad, me sorprendieron dos expresiones recurrentes de las entrevistadas que afirmaban tajantemente, por un lado, que "no salían" y apenas si se movían por la zona y, por otro, que "no conocían a nadie". Dos afirmaciones que aunque no encajaban con la realidad que evidenciaban los itinerarios en los que ejercí de acompañante -recorridos en los que se me mostraban lugares frecuentados y en los que se producían numerosos saludos y se entablaban conversaciones con otras mujeres- revelaban dos aspectos significativos acerca de la percepción del entorno inmediato. Así pues, el sentido que estas mujeres daban a "conocer" y "salir" era distinto al mío, acaso similar al de otras mujeres nativas para las que salir no tiene nada que ver con los movimientos cotidianos por el vecindario. Indagando un poco más sobre esta cuestión salieron a relucir algunas insatisfacciones y actitudes de ambivalencia cuando no de fuga con respecto a las relaciones sociales entre marroquíes en el contexto del barrio. Según parece, el proceso de reconocimiento que hace posible la visibilidad intraétnica y que acaba por componer una extensa red de conocidas funciona a la perfección mientras que el de comunicación ocasiona muchos más problemas [3].

Pues bien, todos estos fenómenos concernientes a la experiencia urbana de las marroquíes merecen un estudio más detallado. Lo que me gustaría tratar en este texto, sin embargo, tiene que ver con la aproximación al espacio en tanto espacio vivenciado y, en particular, con la posibilidad de construir el itinerario como una unidad de análisis que permita dar cuenta de las diferentes estrategias de territorialidad. En este sentido, las reflexiones que voy a apuntar a continuación constituyen un esfuerzo por ir dando forma a una aproximación cartográfica que inspirándose en la idea de Henri Lefevre sobre la "ininterrumpida producción social del espacio" se articula a partir del nexo que une lo geográfico, lo rítmico y lo comunicativo. En el ámbito de lo geográfico es en el que se determinan las condiciones significativas de ubicación y movilidad; en él, se trazan los recorridos habituales y extraordinarios con el fin de mostrar el espacio conocido. El rítmico atiende a la componente temporal que se inscribe en el espacio; los ritmos de los lugares y de las acciones que en ellos se efectúan. Por último, el nivel comunicativo recoge las dimensiones corporeizadas inscritas en la ubicación y el desplazamiento; condiciones de visibilidad, accesibilidad, proximidad, seguridad, etc. El agenciamiento de estas componentes heterogéneas dan forma a la vivencia del espacio.



2. El espacio de la vivencia y la vivencia del espacio


Uno de los objetivos al iniciar la investigación era conocer los itinerarios habituales de las inmigrantes marroquíes en el ámbito más inmediato, es decir, el que se recorre a pie. Trazar los recorridos permite definir tanto el entorno de familiaridad -una segmentación compacta y bien delimitada del tipo barrio por ejemplo u otra menos coexionada que gira en torno a la vivienda y a algunas localizaciones dispersas- como los dispositivos perceptivos que lo articulan -una apreciación visual unitaria focalizada en las fachadas que determina la idea de habitar en una zona "vieja", "cutre" o "dejada", una valorización de las relaciones de proximidad ("todo me pilla a mano") o una sensación de control o peligrosidad en relación a otras figuras del entorno, tal sería el caso de la constante presencia policial para la persona "sin papeles".

Por lo general, los desplazamientos están anclados a ciertas actividades cotidianas como comprar el pan, coger el metro o ir a buscar a los niños a la guardería. Además de dar sentido práctico al espacio, estas actividades ordenan los desplazamientos en secuencias temporalizadas de acuerdo con un patrón de conducta espacial significativo más o menos estable ("a la vuelta de la guardería compro el pan porque me pilla de paso"). En ocasiones, los desplazamientos están guiados por actividades puntuales de carácter específico para las que hay que diseñar un plan. En otros casos, en los que no existe un diseño previo del recorrido, hay que improvisar y decidir el rumbo en función del tiempo del que se dispone, de las indicaciones de otras personas o de lo que se desee ir haciendo sobre la marcha. Así pues, no es lo mismo que yo le pida a alguien que me indique sus recorridos habituales a que me enseñe el barrio que conoce o efectúe una deriva. El itinerario puede ser el mismo pero no necesariamente. Se trata de desplazamientos diferentes que se articulan en torno a planes diferentes. En este sentido, cabe distinguir distintos tipos de recorridos, cada uno de los cuales estará animado por necesidades expresivas diferentes. Como explicaré más adelante, cuando pase al análisis de los itinerarios, el proceso de espacialización en tanto experiencia sensible y significante del medio se estructura en gran medida en torno a las actividades y las demandas que guían los distintos tipos de desplazamientos.

Estudiar el espacio a partir de la experiencia cotidiana difiere de otro tipo de enfoques geográficos que lo abstraen de las condiciones de tránsito y lo contemplan como una lista de elementos topográficos y una estructura de relaciones geométricas. Las convenciones cartográficas, las que operan en el diseño y lectura de un callejero por ejemplo, extraen elementos del entorno construido para servir de guía en los desplazamientos a través de la ciudad. Nada en el callejero apela a la plataforma multisensorial del transeúnte, a su memoria de los lugares o a la carga simbólica de los escenarios que lo conforman. Para leerlo es preciso estar familiarizada con el lenguaje que organiza la representación espacial de calles y manzanas y, si acaso, con los símbolos que indican el acceso al transporte público y a algunos edificios oficiales y religiosos [4].

Durante las entrevistas con las mujeres marroquíes quedó claro que estas convenciones se alejan de manera clara de sus prácticas de orientación. El siguiente croquis, dibujado por Tamou con el fin de mostrar el entorno de familiaridad, pone de manifiesto que si bien la entrevistada advierte la utilidad de la representación del plano, desconoce el método que permite conectar gráficamente los puntos que señalan los lugares mediante los segmentos lineales que indican el trazado. Esta experiencia de intraducibilidad de los mapas pero también de dificultad a la hora de dibujar un croquis se repitió en más de una ocasión, a veces con resultados muy negativos puesto que para las entrevistadas era un reflejo de su analfabetismo y falta de instrucción. En ocasiones, mi propia tendencia hacia el mapa, en tanto modelo privilegiado de representación espacial en Occidente, oscurecía otro tipo de estrategias de orientación en las que el lenguaje cobraba mayor peso.

Figura 2: Primer itinerario.

En estos casos, el problema que supone desplazarse por un área desconocida de la ciudad o explicar fuera del terreno cómo llegar al lugar de destino se solventa de distintas maneras. Tamou acude a su hijo de catorce años, él contempla el mapa y apela a la memoria que su madre guarda de los hitos, de los enclaves significativos o simplemente hace alusión a las designaciones que ella conoce. Los nombres se entremezclan con localizaciones relativas, índices espaciales y temporales que cobran valor durante la enunciación, y con recreaciones verbales del escenario en las que se evocan dimensiones subjetivas que nada tienen que ver con la estructura de medición extensiva sino con relaciones de proximidad ("muy cerca de nosotros") o valorizaciones acerca del bullicio, la comodidad o la iluminación [5].

Tanto la percepción locativa como la memoria que guardamos de los lugares se construye sobre una base multisensorial que sitúa al propio cuerpo como referencia inmediata sobre la que componer las relaciones de proximidad. Los elementos visuales -el cartel luminoso de un supermercado, las obras de rehabilitación o la parada del autobús- sirven de estímulo y juegan un papel central a la hora de moverse. De entre todos ellos, extraemos aquellos que nos resultan pertinentes por ser más llamativos, porque forman parte del dispositivo de orientación que mejor manejamos o porque están integrados en la red de actividades que guían nuestros pasos. De este modo, los estímulos circundantes que se perciben de forma fragmentada al modo de flashes se convierten en elementos significantes, en secuencias para la comunicación. Acción, percepción multisensorial e interpretación se integran en un proceso dinámico de construcción espacial cuyo resultado lo constituye un circuito complejo hecho de actuaciones, sensaciones y significados que transitan lo social.

El objetivo de los mapas cognitivos consiste en poner de manifiesto las operaciones mentales que emplean los sujetos para resolver los desplazamientos. Según algunos autores, la observación es la única vía que permite exteriorizar fielmente la imagen mental del espacio vivenciado [de Castro , 1997]. Las relaciones geométricas del mapa son incapaces de reproducir la riqueza de estímulos y el proceso dinámico que los conecta como parte de una acción social significante. El dibujo, como acabo de explicar, no está exento de problemas. Por otra parte, la memoria sobre la que se asienta el relato de la actuación espacial está sometida al olvido y no siempre permite reproducir con precisión la complejidad del escenario. Sólo el comportamiento observable, concluyen estos autores, constituye una base fiable para una geografía de la vida cotidiana. Para elaborar un mapa cognitivo se emplean cuestionarios cuyo fin es suscitar la competencia que orienta el desplazamiento: los elementos topográficos relevantes, las denominaciones, las relaciones de proximidad que los articulan, etc. Evidentemente, este procedimiento se adecúa al análisis empírico de la resolución de desplazamientos pero no resulta apropiado a la hora estudiar la valorización del espacio que, de este modo, queda reducida a una matriz de proximidades. A esta limitación hay que sumarle la falta de atención al proceso comunicativo que se pone en marcha cuando alguien evalúa el espacio cotidiano. El espacio connotado, espacio filmado, designado, narrado, memorizado pero también recorrido (como muestran los estudios de proxémica) se articula como parte de un acto de comunicación y, de este modo, deja de ser simplemente el escenario de fondo sobre el que se desarrollan los acontecimientos de la vida. Más allá de los ires y venires que se dejan observar, la territorialización expresa significados que se componen de manera más o menos coherente en un discurso. Nuestros movimientos, los de nuestros cuerpos sexuados, cuerpos con sus marcas, sus posturas y disposiciones son materia de expresión y son inevitablemente un soporte para la interpretación realizada por otras gentes. Desde este punto de vista, las percepciones que extraemos del espacio para convertirlas en significado vuelven a él conformándolo como entidad significante, como hecho cultural.



3. Itinerarios en el entorno de familiaridad: el barrio que conoces


La grabación y filmación de varios trayectos por el barrio de Lavapiés junto a mujeres inmigrantes pone de manifiesto la estructura de algunos itinerarios urbanos, así como las percepciones que organizan el proceso de espacialización en tanto acto comunicativo. Junto a estos itinerarios y precisamente por la necesidad de recoger y evaluar mis propios procesos de territorialización me voy a referir a dos trayectos que expresan una parte de lo que se ve en Lavapiés: la experiencia de reapropiación y resignificación del espacio urbano que es la okupación. Hoy por hoy el diálogo entre inmigrantes y okupas está en ciernes y cuenta con una breve historia de encuentros y desencuentros de los que esta investigación forma parte. Algunas experiencias como la de habitar El Laboratorio, la organización de actividades en este mismo Centro Social Autogestionado a cargo de Al-Madrasa, la constitución de la Red de Lavapiés donde se discute y actúa en relación a temas comunes como el Plan de Rehabilitación [6] o la pérdida del espacio público, algunos encuentros entre AMAL y la Escalera Karakola o el taller intercultural para mujeres "Encuentro y Contraste" que está funcionando en la actualidad en esta casa de mujeres son parte de esta incipiente historia. Prepararnos para estas experiencias significa, entre otras cosas, dotarnos de mejores instrumentos de (auto)observación y (auto)análisis que nos permitan actuar sobre nuestro entorno en un momento crucial de transformaciones urbanas e intercambio cultural.

Mi propuesta de trazar cartografías se desarrolla a partir del análisis de algunos fragmentos de vida en la calle, fragmentos sobre los que aún no es posible extraer conclusiones generales pero sí algunas reflexiones sobre las que ir avanzando. Trataré de describir brevemente cuatro instancias de desplazamiento a la luz de la aproximación al espacio desde la vivencia que he esbozado anteriormente.

El primer desplazamiento forma parte de un ejercicio de autoanálisis que se realizó al inicio de esta investigación. El objetivo era poner de manifiesto mi propia visión del barrio de Lavapiés y la de otras tres mujeres que caminaban con cámaras fotográficas. El Lavapiés que yo enseño tras la cámara ilustra claramente las cuestiones que yo deseaba investigar: el sentido de las fronteras del barrio, el papel de las fachadas en la percepción de la idea de lo viejo (una valorización que anda en la cabeza de muchos vecinos) y la sensación que produce el peculiar trazado del barrio con calles muy inclinadas y laberínticas. Según puso de manifiesto más en el trazado de mi recorrido sobre el mapa, la ruta seguida reproduce los límites que yo pongo al barrio [7] con calas en algunas calles en las que quiero destacar algunos elementos significativos como el contraste entre edificios viejos y otros de reciente construcción, la estructura de las corralas, el estado de algunos edificios abandonados y/o ruinosos y las obras de rehabilitación. A pesar de mi insistencia en mostrar los aspectos del espacio edificado que he señalado, el video reproduce algunas escenas de la vida cotidiana del barrio: un hombre recogiendo cartón, ancianos hablando en el parque, un grupo de gente sin techo bebiendo al sol, la actividad de venta al por mayor de la calle Mesón de Paredes, los gitanos vendiendo fruta en la esquina de Encomienda, el mercado de Antón Martín, la presencia policial o las dificultades de una anciana para moverse entre las obras y los coches. Hay, así mismo, algunas imágenes de las tiendas de comestibles marroquíes y de algunas mujeres que caminan por la calle. Se puede decir que el itinerario sigue un plan de acción del que yo no era muy consciente en aquel momento y que dicho plan está diseñado fundamentalmente en torno a una de las cuestiones que quería indagar desde el comienzo: las transformaciones del espacio edificado y su impronta subjetiva.

Figura 3: Segundo itinerario.

Figura 4: Encuentros en el barrio.

El segundo video, realizado por un grupo de okupas de la Escalera Karakola, responde a un programa totalmente distinto. Las okupas atraviesan el barrio justo por el centro sin seguir una ruta preestablecida. No existe un lugar de destino y el recorrido se va decidiendo sobre la marcha aunque responde, en gran medida, al deseo de comunicar una forma de transitar el espacio que se hace de encuentros, lugares y acontecimientos escasamente programados. Este deseo de comunicar y reflexionar sobre la relación con el medio es, en último término, el que impulsa a las okupas a coger la cámara. En el video se muestran calles en las que se ubicaban okupaciones anteriores, edificios vacíos susceptibles de ser okupados y algunas localizaciones y actividades que podríamos calificar como pintorescas: conversaciones entre vecinas, una mujer tendiendo la ropa y contemplando la calle desde el balcón, el interior de algunas tiendas antiguas de comestibles y una peluquería donde se puede ver un cristo adornado con flores de plástico. Durante la deriva se desarrollan una serie de acciones espontáneas que tienen que ver con elementos del espacio que, de algún modo, salen al paso y estimulan la intervención de las okupas. En el video se muestran escenas en las que se rebusca en un contenedor, se recoge una escalera abandonada o se les pregunta a unas niñas, vecinas de la antigua okupa de Lavapiés 15, qué saben de las okupaciones del barrio.

Pasemos al tercer itinerario. En esta ocasión, se trata de un desplazamiento guiado por Zuhra, una marroquí que lleva menos de un año viviendo en la calle Calatrava, y a la que yo le he pedido que me enseñe los lugares que frecuenta diariamente. El desplazamiento tiene lugar tras una breve entrevista y empieza en la guardería a la que Zuhra lleva a su niña en la calle Espada después de haber ido a buscar a su hijo a la salida del colegio. A partir de ese momento efectuamos un recorrido que ella realiza diariamente y que une el colegio, la guardería y su casa. Por el camino, entramos en algunos comercios que pillan de paso: la pescadería de Esgrima, la panadería de Mesón de Paredes y la carnicería marroquí situada junto a su casa. Zuhra ubica otros lugares frecuentados como el mercado de la Cebada, el Día y el Simago de Toledo y algunos puntos que sirven de referencia para la orientación como el 7 Eleven de Toledo por el que tuerce hacia su casa o la plaza donde venden los gitanos el domingo y a la que lleva a sus hijos a jugar. Mientras realizamos esta ruta me habla de otras áreas de la ciudad como la casa y la zona donde vivía antes, los lugares en los que trabajó anteriormente o el consulado donde conoció a su marido recién llegada a Madrid; comenta algunas cosas sobre cómo llegó a España tras haber emigrado a Francia junto a su hermana y después a Arabia Saudí, y me explica los problemas que tiene actualmente con la renovación de la residencia, la falta de trabajo y su relación con conocidos marroquíes en el barrio. De camino se encuentra con varios grupos de mujeres marroquíes, se detiene a saludarlas y me explica de qué las conoce. En realidad, el trayecto en el que yo hago de acompañante no se desvía ni un ápice de su ruta diaria. Zuhra integra este recorrido "especial" en el plan general que ya tenía previsto. En él, no dejo de leer la presión de un cotidiano veloz y agobiante.

Figura 5: Tercer itinerario.

Figura 6: Dos vecinos de Lavapiés.

El cuarto itinerario surge del mismo modo que el anterior, es decir, tras una breve entrevista en la guardería de la asociación religiosa Rosalía Rendo pero en lugar de integrarse en el itinerario cotidiano da origen a una cita al día siguiente. Kifah, una mujer iraquí que vive en la calle Amparo desde hace tres años, me explica que al día siguiente tiene tiempo libre y que entonces podemos hablar y me puede enseñar los lugares del barrio que conoce. El itinerario comienza en el local de la asociación de vecinos La Corrala, donde Kifah acude a un curso de alfabetización. La ruta seguida mantiene algunas de las trazas de sus itinerarios habituales aunque, de algún modo, se desarrolla como un paseo en el que va decidiendo el recorrido. Desde Cabestreros bajamos a la plaza de Agustín Lara donde nos sentamos un rato a charlar. Kifah suele traer a sus hijos a jugar a esta plaza aunque ahora la evita a raíz de una discusión que ha tenido con una mujer marroquí. Mientras estamos en la plaza, Kifah evoca los lugares cercanos que conoce: el médico en Tribulete, la iglesia de Embajadores y el Simago de la plaza de Lavapiés. Desde aquí volvemos a subir por la calle Mesón de Paredes donde me indica la panadería en la que compra el pan a 25 pesetas, la misma a la que acompañé a Zuhra días antes. Cruzamos la plaza de Cabestreros hacia la calle Amparo y me muestra su portal, volvemos a subir para girar en dirección a la calle del Olmo donde está el colegio al que van sus hijos. Una vez más, Kifah señala a medida que avanzamos otros lugares que le vienen a la memoria: al fondo de la calle del Olmo se distingue a lo lejos el mercado de Antón Martín. De vuelta a la calle Amparo me habla de cosas que sabe de algunos de los comercios de venta al mayor que están junto a su casa, algunos cotilleos sobre comerciantes árabes y magrebíes asentados en el barrio. Parece evidente que, dado el tiempo de residencia en Lavapiés, Kifah sí maneja una imagen cohesionada del barrio y no duda en compararla con la de otros en los que preferiría vivir.

Figura 7: Cuarto itinerario.



4. El barrio según se mire


Mi propuesta de tratar los desplazamientos como unidades en las que lo geográfico -los recorridos y ubicaciones de cada cual- se articula como un proceso comunicativo implica analizar el modo en que cada desplazamiento está atravesado, de una parte, por la expresividad de quien lo ejecuta y, de otra, por las lecturas que se realizan de todo aquello que conforma el entorno, incluidos los cuerpos que lo transitan. La marroquí con yellaba [8] desplazándose por el vecindario o posicionándose en los lugares estratégicos, tal y como hace Fátima cuando se sienta en la plaza de Agustín Lara y espera a que pasen las otras marroquíes que conoce, se hace visible para ciertos otros y otras: los hombres marroquíes, las mujeres marroquíes, la policía o el tendero, a veces, imperceptible y anónima entre el tráfico urbano que tiene lugar más allá del entorno inmediato, en las calles comerciales, en el metro y en los grandes almacenes. Esta imagen, cada vez más común en las calles de Lavapiés, se presta a miradas que se realizan desde otros ángulos más o menos establecidos: el institucional, el de los distintos vecinos nativos o el de la investigación. Y, más allá de la mirada individual, se entreteje con los imaginarios de la ciudad y, en particular, con uno en proceso de formación: la imagen muchas veces perversa y coloreada de la ciudad multicultural.

La estructura de desplazamientos y posicionamientos pone de manifiesto los ejes sobre los que se articula la territorialidad. La deriva situaciacionista, la ruta turística, la deambulación del flaneur tan distinta a la del marroquí en busca de trabajo, el tránsito por los "no-lugares", la ubicación estratégica de la sin techo, el camello o el vendedor ambulante, la racia nocturna del grupo de nacis, la ruta del bacalao, la concentración silenciosa, la street rave, la okupación o la salida de un minuto para hacer un recado expresan una subjetividad que se ha compuesto con y como espacio. Normalmente, los desplazamientos se anclan a áreas específicas de la ciudad -los lugares históricos, las avenidas y centros comerciales, la periferia, etc.- y a localizaciones del espacio construido -los soportales, el aparcamiento, la plaza, etc.-, tienen sus propios ritmos y tiempos, sus rutas más o menos prefijadas, sus hitos personales y colectivos, sus formas particulares de movilidad-posicionamiento, sus disposiciones hacia el contacto y la comunicación y sus focos de apercibimiento. De manera que podemos leer en cada desplazamiento una articulación significante de elementos sumamente heterogéneos que están hechos de cuerpos con marcas y uniformes, hábitos cargados por experiencias con memoria o elementos espaciales diseñados por urbanistas que actúan de acuerdo con planes institucionales e imperativos de mercado. La cartografía es el resultado de esta operación compositiva.

Retomemos, a la luz de estas observaciones, los trayectos que he descrito anteriormente. En primer lugar, es importante subrayar que el desplazamiento de Zuhra no constituye un aparte, no da lugar a una situación en la que la relación con el espacio se organice en torno a otros principios que no sean los del trayecto que se ejecuta a diario. El desplazamiento reproduce fielmente una práctica cotidiana que conecta una serie de localizaciones: el colegio, la guardería, los comercios y la vivienda. Se desarrolla de acuerdo a un ritmo acelerado, no hay paradas ni contactos gratuitos. El carrito de la niña se choca contra los pivotes de las aceras, el niño que está constantemente pidiendo que le compren algo y exponiéndose a los peligros del tráfico y al ajetreo de la calle hace difícil el paseo y la conversación. Zuhra busca a su marido con el que ha quedado en la pescadería pero sigue adelante y a la carrera hacia su casa, en un momento dado volvemos sobre nuestros pasos, no está en la pescadería. Seguimos adelante. Para ella, el espacio se organiza claramente en torno a los recursos. Los diálogos rápidos y espontáneos que se originan durante el trayecto constituyen un acto de reconocimiento, un saludo en el que se expresa interés por la familia de la otra, se trata sobretodo de intercambio de información sobre precios, papeles y posibles trabajos. No hay tiempo para mucho más. Zuhra me explica que le gusta el barrio porque las tiendas están próximas, porque hay de todo y sabe perfectamente dónde hay que ir para ahorrar en sus compras diarias y conseguir todo aquello que necesita. Me dice que esta zona es tranquila, a mi me parece una locura total y me aclara la distinción entre Lavapiés y su calle en La Latina donde dice hay poca gente marroquí, sólo dos familias. Y pienso, como en otras ocasiones, que la visibilidad y el reconocimiento étnico juega un papel fundamental que, al experimentarse como plagado de problemas, hace que muchas mujeres se replieguen hacia su casa y reduzcan los contactos con otras marroquíes a una red extensa de conocidas que obliga a la cautela. Para Zuhra, su calle y su casa constituyen una frontera. Lavapiés es una zona de tránsito, una zona marroquí, a la que acude a recoger a sus hijos y en la que de paso hace algunos recados. Zuhra lleva a sus hijos a jugar a la plaza de Vara del Rey, mucho más próxima a Calatrava -en el triángulo que separa La Latina de Lavapiés que es donde se sitúa el Rastro- en lugar de quedarse en la plaza de Cabestreros (junto a la guardería), donde sería mucho más fácil encontrarse con otras conocidas marroquíes y donde sus hijos podrían jugar con otros niños marroquíes de la zona. El desplazamiento, indudablemente integrado en el hábito diario, pone de manifiesto tres ejes del proceso de espacialización: (1) la rentabilización de los recursos como referencia espacial estructuradora de las relaciones de proximidad, (2) la centralidad de la vivienda [9] y la calle -ámbitos de posición y no de movilidad- en contraposición con el tránsito acelerado por el área de Lavapiés y (3) la percepción de un espacio problemático de copresencia marroquí en la calle.

Kifah, al contrario que Zuhra, crea una situación específica cuyo fin es el de "mostrar el barrio que transita". Así pues, el desplazamiento de Kifah tiene un carácter mixto. Por un lado, escenifica un desplazamiento habitual: el camino desde el colegio de sus hijos hacia su casa. Por otro, tiene las características de un paseo en el que los lugares no son únicamente recorridos sino también mostrados, evocados y valorizados. A medida que nos acercamos a un lugar, Kifah evoca otras localizaciones que, aunque no recorremos, se encuentran trabadas en la experiencia cotidiana; desde los puntos altos de la calle del Olmo señala el mercado de Antón Martín, desde la Plaza de Agustín Lara recuerda sus visitas a la iglesia que está justo al otro lado. Paseamos, nos sentamos en Agustín Lara, hecho que da lugar a toda una serie de historias en las que Kefah habla de su percepción de las marroquíes y, más allá, de la comunidad de marroquíes. Kifah las ve en el parque, por la calle, hablando unas con otras porque se conocen y con sus familias. Para ella, Lavapiés es también una zona marroquí; en sus relatos pareciera que Lavapiés es una zona exclusivamente marroquí, que lo marroquí lo abarca todo de manera amenazante. "Yo -dice Kifah- no tengo ninguna esperanza con gente aquí en el barrio... sólo con mi vecina Lía, nada más". Para Zuhra lo marroquí es demasiado absorbente, se corre el peligro de meterse demasiado en los asuntos de unas y otras. Para una iraquí, en cambio, lo marroquí simboliza la soledad y el desarraigo (Kifah se debe creer que todas las marroquíes de su edad se han podido traer a sus madres). Simboliza también una exclusión que encuentra en el espacio del barrio referencias étnicas más fuertes que la presencia de la población nativa y que le recuerdan como nada su condición de extranjera en la ciudad. Si, por un lado, el itinerario junto a Kifah tan orientado hacia los recursos como el de Zuhra, por otro, introduce un nivel de evocación y reflexión sobre el entorno, de historias sobre el barrio según las cuales, los problemas -asuntos de papeles, trabajo y convivencia- se entretejen con sus sentimientos de extrañamiento en Lavapiés y, en general, en Madrid.

Yo creo que Kifah no es una extraña en Lavapiés; la he visto hablar con sus vecinas de corrala, acudir al curso de alfabetización, la he visto con las monjas de Rosalía Rendo y la he escuchado contando cosas sobre el colegio de la calle del Olmo. Me la he encontrado varias veces caminando por el barrio y siempre he pensado que existe una ambivalencia que la hace moverse mucho más libremente por Lavapiés que otras mujeres inmigrantes, más visibles e identificables para ciertos otros -hombres y mujeres, nativos y llegados de otros lugares- pero que al mismo tiempo la hace sentirse más extranjera y desubicada que nadie. La operación de distanciamiento y reflexión sobre el espacio que origina el recorrido con Kifah, un recorrido a caballo entre el itinerario cotidiano y un paseo especial, indica varias cosas. Algunas son tan evidentes como que el tiempo de residencia determina la reflexividad espacial y la capacidad de evocar y componer el espacio con la experiencia. No obstante, este hecho no implica necesariamente un sentimiento de pertenencia, un reconocimiento reflexivo en relación a otras figuras del entorno. Y en este sentido, convivir en un barrio culturalmente diverso pone de manifiesto que la diversidad se interpreta de modos muy diferentes dependiendo de la posición étnica y sexual de cada cual. El asentamiento de inmigrantes marroquíes contrasta con el de otros grupos, en este caso, el iraquí. En el caso de Marruecos, la religión, las costumbres y la proximidad del país de origen contribuyen a la visibilidad y la identificación intracultultural en el lugar de acogida. Seguramente las distintas historias de migración y las condiciones en el país de origen juegan un papel clave a la hora de percibir y evaluar las diferencias culturales. La presencia de lo marroquí es, a estas alturas, un hecho incuestionable. Sin embargo, lo que desde un afuera minoritario no son más que ventajas pueden, desde otra perspectiva, experimentarse de manera ambivalente o convertirse, sin más, en inconvenientes y recursos para el control y contra el anonimato. En este sentido, cabría contrastar estas miradas sobre Lavapiés como territorio marroquí -la de Zurha desde dentro y la de Kifah desde fuera- con la de otras mujeres para comprobar hasta que punto responde a visiones colectivas sobre el territorio.

Me gustaría referirme muy brevemente a los otros dos itinerarios descritos: al barrio que yo muestro y al que recorren las okupas de la Karakola. Se trata de dos itinerarios sobre los que hemos reflexionado juntas en ocasiones anteriores y que nos han hecho pensar en un proceso de territorialización muy intenso que, en otro lugar, interpretaba en relación a un imaginario cohesionado de Lavapiés para el que hemos empleado metáforas como la del laberinto, la montaña y la tela de araña [Vega , 1997]. A pesar de sus diferencias, estos recorridos expresan una visión acerca de lo viejo y abandonado en contraposición con lo reconvertido y apropiado por la rehabilitación y los intereses del mercado de la construcción y, más allá, por lo viejo okupado y refundado como espacio colectivo de autonomía frente a la ordenación institucional. En realidad, nuestras derivas y deambulaciones componen algunos núcleos de sentido que ordenan el espacio filmado como un territorio existencial acotado, territorio seguro y amenazado, territorio de visibilidad sobre el que desarrollar estrategias de invisibilidad, territorio marcado con carteles y pintadas, territorio desde el que contemplamos la diversidad cultural y, como para el resto de los que lo habitan, territorio de recursos materiales y comunicativos.

Figura 8: Actividades sociales en Lavapiés.

La filmación de Lavapiés que anima estos ejercicios en los que enseñamos el barrio que conocemos expresa una mirada ambivalente, de atracción y repulsión simultanea, hacia lo viejo. El imaginario de lo viejo y degradado -no sólo en lo que concierne al espacio edificado sino a la gente mayor que lo habita- es una construcción del barrio que también aparece, a su manera, en el discurso institucional de la rehabilitación y en el de los vecinos -de renta antigua, ruinosos, desauciados, rehalojados o en inmuebles en muy malas condiciones- que llevan más tiempo en esta parte del casco histórico de la ciudad. Así, mientras por una parte la valorización del barrio como un lugar viejo va unida al imaginario de abandono, por otra, se evalúa positivamente y se asocia a la posibilidad de intervenir sobre el espacio. Enfrentada a la propuesta de rehabilitar y lo que implica para la regeneración urbanística y vecinal emerge la de rehabi[li]tar que alude, por un lado, a la reocupación del espacio dejado y, por otro, a las condiciones de habitabilidad. Junto a ella convive el imaginario de la diversidad cultural, del reconocimiento a las diferencias y su capacidad para afincarse y resistir a la apropiación del espacio que regula el mercado disfrazado de administración. Sin embargo, este imaginario sigue siendo aún hoy sumamente abstracto y superficial. Tanto como las imágenes de las marroquíes que mostramos en nuestros videos y con las que, en ocasiones, nos limitamos a colorear un entorno amenazado del que apenas si hemos atravesado el umbral. Al atravesarlo, aunque sólo sea siguiendo los pasos de algunas mujeres, es posible darse cuenta de la complejidad que supone no ya la convivencia sino el conocimiento de las distintas vivencias que tienen lugar en un mismo territorio. Acercarse a esta fuente de construcción del territorio ha de consistir, antes que nada, en una invitación para el autoconocimiento. Y luego, una llamada de atención sobre la perspectiva que es múltiple y en muchas direcciones como muestra la mirada de Kifah sobre la presencia pública de lo marroquí. Cartografiar el espacio vivenciado -componer las trazas del recorrido con los ritmos y la expresividad corporal- es un modo de hacer más densa la mirada sobre los mundos que habitan cualquier barrio multiétnico en la Europa de hoy. Para ello no basta con componer discursos a la multiculturalidad al margen de los intercambios reales. Como tampoco basta provocar el contacto para luego eliminar o hacer invisible las dimensiones étnicas, sexuales y, por encima de todo, económicas que determinan el devenir de dicho contacto y su influencia en el imaginario colectivo de la ciudad.



Referencias bibliográficas


Ainley, Rosa (ed.) (1998) New Frontiers of Space, Bodies and Gender. (Londres: Routledge) .

Benayoun, Chantal (1988) "Les étrangers dans la ville. Les chemins du cosmopolitisme" (en Simon-Barouh, I. y Simon, P. (eds.) Les etrangers dans la ville. Le regards des sciences sociales, Paris: L'Harmattan.)

Betancourth, Carlos (1990) "La virtualisation et les villes-mondes multiculturelles" (en Simon-Barouh, I. y Simon, P. (eds.). Les etrangers dans la ville. Le regards des sciences sociales, Paris: L'Harmattan.)

Brah, Avtar (1993) "Re-framing Europe: Engendered racisms, ethnicities and nationalisms in contemporary Western Europe" (en Feminist Review, 45: 9-28.)

Davis, Mike (1990) City of Quartz: Excavating the future of Los Angeles. (Londres: Verso.)

de Castro, Constantino (1997) La Geografía de la Vida Cotidiana. De los Mapas Cognitivos al Prejuicio Regional. (Barcelona: Ediciones del Serbal.)

Farrar, Max (1997) "Migrant spaces and settlers' time: forming and de-forming an inner city" (en Westwood, S. y Williams, J. (eds.) Imagining Cities. Scripts, Signs, Memory, Londres: Routledge.)

Gilroy, Paul (1994) "Urban social movements, 'race' and community" (en Williams, P. y Chrismac, L. (eds.) Colonial Discourse and Post-colonial Theory. A Reader, Nueva York: Columbia University Press.)

Harvey, David (1996) "Social justice, postmodernism, and the city" (en Fainstein, S y Campbell, S. (eds.) Readings in Urban Theory, Oxford: Blackwell.)

Jerierski, Louise (1995) "Women organizing their place in restructuring economies" (en Garber, J. y Turer, R. (eds.) Gender in Urban Research, Urban Affairs Annual Review 42, Londres: Sage.)

Johnston-Anumonwo, Ibipo, McLafferty, Sara y Preston, Valerie (1995) "Gender, race, and the spatial context of women's employment" (en Garber, J. y Turer, R. (eds.) Gender in Urban Research, Urban Affairs Annual Review 42, Londres: Sage.)

Keil, Roger, Wekerle, Gerda y Bell, David (1996) Local Places in the Age of the Global City. (Montreal: Black Rose Books) .

Khader, Bichara (1996) "La ciudad árabe de ayer a hoy". (Revista de Occidente, 185: 63-85) .

Lefebvre, Henri (1996) Writtings on cities. (Trans. E Kofman y E. Lebas, Oxford: Blackwell.)

Lutz, Helma (1991) "Migrant women of 'Islamic background'. Images and self-images". (MERA Ocasional paper, 11: 1-33.)

Negri, Toni y Vincent, Jean-Marie (1995) "Banlieue et ville: un regard philosophique". (Futur Antérieur. La Ville-Monde Aujourd'hui. Entre virtualité et ancrage, 30-31-32: 188-208.)

Petrillo, Agostino (1996) "L'insicurezza urbana in America". (Aut Aut 275: 71-92.)

Querrien, Anne (1995) "La ville en transversales". (Futur Antérieur. Nouveaux Territoires Urbains, 29: 11-18.)

Sassen, Saskia (1996) "The global city" (in Fainstein, S y Campbell, S. (eds.) Readings in Urban Theory, Oxford: Blackwell) .

Savage, Mike y Warde, Alan (1993) Urban Sociology, Capitalism and Modernity. (Macmillan: Basingstoke) .

Simonsen, Kirsten (1997) "Modernity, community or a diversity of ways of life: A discussion of urban everyday life" (en KSlltorp, O., Elander, I., Ericsson, O. y Franzén, M. (eds.) Cities in Transformation-Transformation in Cities. Social and Symbolic Change of Urban Space, Aldershot: Avebury.)

Soja, Edward (1997) "Six discourses on the postmetropolis" (en Westwood, S. y Williams, J. (eds.) Imagining Cities. Scripts, Signs, Memory, Londres: Routledge.)

Vega, Cristina (1997) "Experiencing urban space. Moroccan women in the nighborhood of Lavapiés (Madrid)". (3rd European Feminist Research Conference: Shifting Bonds, Shifting Bounds: Women, Mobility and Citizenship in Europe, Univers) idad de Coimbra.

Villasante, Tomás (1995) "El habitar (ciudadano) frente al hábitat (segregado)", (en Cortés Alcalá, L. (ed.) Pensar la Vivienda. Madrid: Talasa.)

Fecha de referencia: 31-1-1999


1: Ponencia dentro del encuentro "Pérdidas en el espacio: formas de ocupar, recorrer y representar los lugares físicos y simbólicos", celebrado del 25 al 28 de marzo de 1998 y organizado por el grupo de Género y Comunicación del Instituto de Investigaciones Feministas e incluida en la publicación Pérdidas en el espacio: formas de ocupar, recorrer y representar los lugares físicos y simbólicos. Editorial Huerga y Fierro.
2: En City of Quatrz y tomando Los Ángeles como ciudad emblemática de las transformaciones urbanas de los Estados Unidos, Mike Davis caracteriza el proceso de privatización progresiva del espacio público mediante una serie de dispositivos de seguridad y vigilancia: helicópteros sobrevolando el gueto, zonas residenciales acotadas y dotadas de su propio cuerpo de seguridad armada, áreas de acceso prohibido para vagabundos y otras gentes "sospechosas", etc. La armada, áreas de acceso prohibido para vagabundos y otras gentes "sospechosas", etc. la defensa del terriotorio contra la peligrosidad y el conflicto inherente al melting-pot urbano justifican el planeamiento fortificado y traen consigo una fuerte segmentación social de la ciudad.
3: Con frecuencia me sorprendía que algunas mujeres que vivían en puntos distantes del barrio conocían y sabían de otras con las que no mantenían ningún vínculo directo o que acababan de llegar al barrio.
4: No todas las formas de representación cartográfica someten el espacio a este nivel de abstracción. En otros tipos de mapas como por ejemplo los mapas temáticos dirigidos a los turistas se destacan los monumentos y lugares de interés histórico y se trazan posibles itinerarios para visitantes que desconocen la ciudad y permanecerán pocos días en ella. En muchos de ellos y al modo de los mapas antiguos, se emplean iconos, se reproduce la forma de las fachadas y las zonas ajardinadas y se imita la topografía del área, alejándose de este modo de la estricta geometría del callejero. De este modo, los lugares pueden ser reconocidos por gentes que no los han visto antes y pueden establecerse recorridos a partir de las relaciones de proximidad entre los iconos representados o de la temática a la que alude. A pesar de apelar al contenido del espacio urbano y a las actividades que en él pueden desarrollarse, los mapas turísticos cumplen una finalidad distinta de la de aquellos mapas que van dirigidos a los usuarios habituales de la ciudad. Nada en ellos recuerda a la experiencia cotidiana del habitante urbano que trata de encontrar un calle, saber cual es la ruta más apropiada para llegar a la otra punta de la ciudad o determinar dónde se encuentra en relación a una posición conocida. Así, mientras el callejero carece de elementos que permitan reconocer el espacio en relación a la vivencia -la experiencia visual y, en general, multisensorial de quien se desplaza por la ciudad -, el mapa turístico ofrece únicamente indicaciones sobre los lugares de visita recomendada sin tener en cuenta los recorridos y usos diarios que hacen de la ciudad un espacio habitado, espacio de recursos y espacio para la acción.
5: Existe toda una serie de ejercicios de resolución de desplazamientos, algunos de ellos empleados durante las entrevistas realizadas, que iluminan no sólo las estrategias de orientación empleadas sobre el terreno y fuera del mismo sino los modos de representación que mejor se adecúan a la vivienda espacial de los sujetos.
6: Lavapiés, barrio clasificado como "área de rehabilitación preferente", está ahora mismo siendo objeto de la rehabilitación que el Ayuntamiento de Madrid puso en marcha en 1997. Como en planes anteriores y de acuerdo con los colectivos enfrentados con el plan o con algunos aspectos del mismo, la intervención pública que se prevee deja la rehabilitación en manos de particulares y empresas. Si bien la gestión corre a cargo del Ayuntamiento, la práctica económica que la determina es exclusivamente privada.
7: Los límites del barrio, en los que coincido con otras vecinas con las que he debatido sobre esta cuestión, forman un rombo irregular con la antigua judería en el centro y una frontera fluida al oeste que corresponde al área del Rastro. Las calles que acotan el barrio son Embajadores, Duque de Alba-Magdalena, Santa Isabel y la Ronda de Atocha. El vértice que da a la Glorieta de Embajadores lo identificamos como "menos barrio", en parte debido a las edificaciones de los años cincuenta y sesenta que existe en esta zona. como se puede ver en el trazado, el paseo se realiza desde dentro de los límites (y no desde fuera) con el fin de mostrar el barrio y no sólo las calles que lo acotan.
8: Vestido largo con capucha empleado por ambos sexos.
9: Este aspecto de la territorialidad emerge, una y otra vez en las entrevistas y recorridos realizados con marroquies. Las relaciones que se experimentan como más próximas y de confianza en el entorno del barrio son las que se entablan con vecinos del mismo edificio habitualmente gente de edad avanzada con la que se establece un vínculo basado en la compañía y la información. Zuhra, por ejemplo, se refiere a cómo se portaron una pareja de vecinos mayores que evitaron que su niño cayera a la calle desde la ventana cuando ella estaba haciendo un recado.

Boletín CF+S > 8 -- Ciudad, economía, ecología y salud > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n8/acveg.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
 
Ciudades para un Futuro más Sostenible
Búsqueda | Buenas Prácticas | Documentos | Boletín CF+S | Novedades | Convocatorias | Sobre la Biblioteca | Buzón/Mailbox
 
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid Universidad Politécnica de Madrid
Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad
Departamento de Estructuras y Física de la EdificaciónDepartamento de Urbanística y Ordenación del Territorio