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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Madrid (España), junio de 1996.[1]
La expresión "mujer de la calle" entraña una connotación negativa
frente a la de "hombre de la calle", término que por el contrario
es depositario de los valores que conforman el pensamiento
convencional del conjunto de la sociedad.
Esta diferencia en el uso del lenguaje, puede servir de ejemplo
para reflejar la concepción negativa que el papel de las mujeres
está desarrollando en la sociedad, y especialmente en el ámbito
concreto de la ciudad.
La concepción de la ciudad actual está pensada por planificadores
masculinos, que diseñan el espacio urbano a la medida de las
necesidades de la rutina diaria de los varones. Las mujeres, que
por el contrario desarrollan una pluralidad de funciones sufren
serias dificultades para poder realizar las tareas cotidianas
basadas fundamentalmente en un número importante de desplazamientos
dentro del barrio (hacer la compra, llevar a los niños a la escuela
o al parque, acompañar a los ancianos a los centros de salud, etc.,
a lo que hay que añadir en muchas mujeres el trabajo fuera de
casa).
Esto hace que las mujeres sean especialmente sensibles a los
cambios que se realizan en su entorno más inmediato[2], ya que
cualquier modificación puede ocasionarles inconvenientes
adicionales a los que ya padecen. Cuando en un barrio se comienzan
las obras de una nueva infraestructura (un aparcamiento, un paso
subterráneo, un nuevo varó, etc..), las mujeres son las primeras en
oponerse a ella, debido a que saben que la introducción de este
nuevo elemento repercutirá negativamente en su actividad; más
tráfico rodado producirá situaciones de más riesgos para los niños,
y por lo tanto la necesidad de prestarles más atención.
El comportamiento de las mujeres en los desplazamientos urbanos
está directamente relacionado con los mapas mentales percibidos por
el colectivo femenino. No se trata de modificar los comportamientos
de la mujer sino simplemente de analizar cuál es la situación
actual.
Esta cuestión ha sido profundamente estudiada desde la Geografía
del Género, lo que ha permitido llegar a algunas conclusiones:
El autoaprendizaje del espacio desde la infancia es un elemento
fundamental a la hora de reconocer el espacio que nos rodea. Está
comprobado que a las niñas se les da mayor protección que a los
niños, que se las vigila más y se las tutela constantemente, frente
a los niños a los que se les da más libertad para explorar en lo
desconocido a edad más temprana.
Casi todos los juegos y deportes de los niños están orientados al
dominio del espacio (éste es el caso del football o el rugbi)
mientras que las niñas participan en deportes en los que en ningún
momento se invade el campo contrario (el boleibol, el tenis, etc.).
Otro aspecto muy relacionado con el reconocimiento del espacio y
con la movilidad de las mujeres es la actitud de éstas frente a los
"lugares prohibidos". Muchas mujeres están inseguras cuando tienen
que utilizar la calle o el metro durante las horas nocturnas. Esta
inseguridad no se corresponde en muchos casos con peligros
objetivos, pero subjetivamente las mujeres perciben estar expuestas
a un mayor número de riesgos durante la noche. Una encuesta
realizada por la revista internacional Brigitte reveló que un 53%
de las mujeres no salían solas de casa durante la noche, frente a
un 10% de los varones que se encontraban en situaciones parecidas.
La sensación y el peligro real han aumentado desde la irrupción del
automóvil en las calles de nuestras ciudades, los niños no pueden
desarrollar de forma autónoma desplazamientos que hace no muchos
años eran comunes, como el ir a la calle a jugar o a la escuela,
esta situación colabora a incrementar el trabajo de las madres.
Esta sensación de riesgo se traduce en datos reales de atropellos,
en el año 1994 fueron 13.981 los accidentes con peatones víctimas,
siendo 1.008 las personas que fallecieron por esta causa.
En la Tabla 1, se observa la relación existente entre los permisos
de conducción de turismos y el género. Se han incluido todas
aquellas personas poseedoras del permiso de conducir con categoría
B1, eliminándose las licencias correspondientes a profesionales del
sector de la carretera como es el caso de los permisos para
conducir camiones, autobuses o turismos para el servicio público.
En este sentido es importante destacar la escasísima participación
femenina en este sector de actividad.
| CATEGORÍA | VARONES | MUJERES | TOTALES |
| B1 | 5.659.436 | 5.115.767 | 10.775.203 |
| B1-EB1-A2 | 2.392 | 315 | 2.707 |
| B1-A2 | 3.425.198 | 252.229 | 3.677.427 |
| B1-A1 | 133.470 | 33.534 | 167.004 |
| TOTALES | 9.220.496 | 5.401.845 | 14.622.341 |
Del conjunto de la población española, únicamente el 37,61% de la
población (unos 14.622.341 habitantes) están en posesión de una
autorización que les permita conducir turismos. La gran mayoría
unos 24,3 millones de mujeres, ancianos, disminuidos físicos y
psíquicos, los que por razones económicas no pueden disponer de
vehículo o aquellas personas que simplemente no desean el automóvil
como medio de transporte, no pueden de ningún modo moverse de forma
autónoma en coche.
Es curioso que además la posesión de este permiso no tiene una
distribución homogénea entre los géneros. El 63,05% corresponde a
varones (que se concentran sobre todo en el estrato de edad entre
los 25 y 45 años, es decir jóvenes activos fundamentalmente) y el
36,9% restante son los carnets de las mujeres. En el conjunto de la
población española únicamente pueden conducir 5.401.845 mujeres
frente a los casi 10 millones de varones.
Esta valoración no pretende más que ser una escueta exposición
sobre cuál es la realidad de la que partimos. En este sentido,
conviene hacer un repaso sobre los escasos estudios sobre movilidad
femenina que se han realizado en nuestro país.
Todas las fuentes consultadas reflejan el número importante que
representan los desplazamientos peatonales, más del 51% [4] del
total de los viajes. Los desplazamientos que tienen como objeto
realizar las tareas relacionadas con el hogar llegan a representar
el 71,3% de todos los que se hacen por esta causa; en este sentido
es lógico deducir que la mayor parte de estos viajes a pie son
realizados por mujeres.
La ciudad cada vez es más dificultosa para realizar este tipo de
desplazamientos. El automóvil se ha adueñado de gran parte de los
espacios y de los itinerarios pensados para el peatón. Son muchas
las mujeres que no saben por dónde ir con su carro de la compra o
con la silla de su bebe.
La "Encuesta de Formas de Vida ", realizada en Madrid en 1989
reflejaba que la movilidad de la mujer no trabajadora era de
dimensiones más reducidas que las del hombre, este dato se confirma
igualmente en la ciudad de Barcelona, donde se desarrolló una
Encuesta Metropolitana sobre las "Condiciones de vida y los hábitos
de la población" en 1986 y 1990, de tal forma que se deducía que
incluso la movilidad de aquellas mujeres que trabajaban,
desarrollaban su actividad laboral en un espacio también más
reducido, más próximo al hogar que el de los hombres.
Esta situación da como resultado una ciudad en la que las zonas
peatonales existen por exclusión del espacio que no ocupan los
automóviles. El espacio para desplazarse a pie es de por sí ya
escaso. En la ciudad de Madrid, la superficie dedicada a acera
representa el 30,66% del total de viales públicos[5].
Esto supone una desigualdad abismal en el reparto de la inversión,
que deja en clara desventaja a las mujeres y a otros colectivos a
la hora de cubrir sus necesidades. Sólo para hacerse una idea 1 Km
de acera costará entre los 10 y los 20 millones de pesetas,
mientras que 1 Km de autovía o autopista se encuentra entre los
1.000 y 2.000 millones por kilómetro.
A pesar de la claridad de la información, las administraciones
siguen derrochando dinero en proyectos absurdos para intentar
solucionar la movilidad de ese escaso número de ciudadanos
conductores, y sabiéndose como se sabe que este modelo de
transporte tiene consecuencias ambientales muy negativas: emisiones
de contaminantes atmosféricos y acústicos, derroche energético,
efecto barrera para los paisajes y las poblaciones, consumo de
suelo, siniestralidad (en 1994 la carretera registró 5.615 muertos
y más de 100.000 heridos de diferente consideración). Por lo tanto
se podría afirmar que las mujeres, como usuarias mayoritarias de
medios de transporte no contaminantes o escasamente contaminantes
son en menor medida responsables de los efectos ambientales del
planeta.
Por esta razón la ciudad deberá favorecer lo cotidiano, lo cercano,
lo próximo, etc., y rechazar las actuales ciudades cada vez más
desparramadas por el territorio. Estos continuos urbanos segmentan
los usos del suelo y destruyen la vida de barrio y aislan a las
mujeres, creando espacios monofuncionales que enfatizan el
anonimato en unas ciudades globales, cuya única apuesta es la
competitividad.
Hay que proponer soluciones a los conflictos de movilidad, teniendo
como escala los desplazamientos a pie; de esta forma, el
protagonista de la calle será de nuevo el peatón. Con medidas de
este tipo las mujeres y los que de ellas dependen (niños, ancianos,
enfermos, etc.) verán mejorar su calidad de vida, consiguiendo
mayor libertad en el uso de la ciudad.
Esta propuesta no puede desligarse de otras medidas centradas en el
fomento del transporte público para los desplazamientos más largos.
Por eso es necesario que estos medios adapten su diseño a las
necesidades de desplazamiento de las mujeres (dejando un espacio
para colocar la bolsa o el carrito de la compra, el cochecito del
bebe, etc.).
Los espacios públicos deben ser diseñados para favorecer la
integración de las mujeres. Las medidas, en muchas ocasiones son
únicamente pequeños cambios (iluminación adecuada durante la noche
o impidiendo los usos terciarios en los bajos de los edificios). La
planificación debe ser pensada con plazas, calles y galerías
abiertas, evitando la construcción de pasos de peatones
subterráneos.
En una ciudad donde la movilidad femenina sea un elemento
fundamental en la planificación, deberá abrirse un elemento que
articule la participación directa de las mujeres en la toma de
decisiones.
García Ballesteros y Bosque Sendra, Joaquín (1989). El espacio
subjetivo de Segovia. ( Madrid. Editorial Universidad Complutense.)
Consorcio Regional de Transportes (1988). Encuesta de Movilidad
Metropolitana.
Área de Medio Ambiente (1994). Anuario Estadístico del Ayuntamiento
de Madrid. (Departamento de Limpieza Urbana. Ayuntamiento de Madrid) .
Fecha de referencia: 27-11-1998
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