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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Francia, 23 de enero de 1998
Los trabajos de la Carta Europea de las Mujeres en la Ciudad que se
explican en este artículo, se enmarcan en un movimiento general
prevaleciente hoy en día que quiere dar más poder e influencia a
las mujeres. En efecto, a partir de los años 90 las feministas
tanto en Europa como en el continente norteamericano y en el mundo
entero, emprendieron una nueva etapa de reflexión y de acción
consistente en examinar y entender un hecho fundamental: la falta
de mujeres en los puestos de decisión en la vida pública, las
empresas y la vida política y reflexionar sobre las consecuencias
de esa situación. Los países nórdicos de Europa como Islandia,
Noruega, Finlandia, Suecia y en menor medida Dinamarca, donde las
mujeres han desarrollado unas estrategias que les permitieron
alcanzar prácticamente la igualdad hombre-mujer en los parlamentos,
han sido ejemplo de como actuar.
Los campos de la ordenación territorial y del urbanismo no deberían
ser dejados de lado puesto que precisamente son los que estructuran
la vida cotidiana del conjunto de las poblaciones y constituyen un
crisol claro de la falta de igualdad entre los hombres y las
mujeres, la cual se inscribe claramente en la organización del
espacio urbano o de la polis, en el sentido griego de la palabra.
Dentro de esos campos, la reflexión no se limita a computar el
número de mujeres que ocupan puestos de decisión sino que se dedica
a estudiar las implicaciones de esa falta y entender las sutiles
configuraciones de reflejos que hacen que las ciudades traduzcan
valores preferentemente masculinos. Resulta muy importante abordar
esos temas de manera constructiva porque ya desde hace décadas han
sido objeto de numerosas publicaciones, trabajos importantes de
investigación y de experimentación y acciones positivas. En su
primera fase, esta investigación se dirigió a las instancias
europeas entonces recién creadas y se entablaron contactos sobre la
cuestión "Ciudades y Mujeres".
¿Tienen las mujeres verdadero derecho de ciudadanía? Y, ¿cómo
podrían conseguirlo plenamente? Son las preguntas básicas abordadas
en los trabajos de la Carta de las Mujeres en la Ciudad. Con el fin
de tener intercambios transnacionales sobre las investigaciones,
estudios, reflexiones y acciones ya lanzadas sobre un tema tan
amplio en el seno de las universidades y diversas instancias dentro
de cada uno de los países europeos y particularmente entre los doce
y más tarde quince estados de la Unión europea, resultaba necesario
pedir a la Unidad para la igualdad de oportunidades entre los
hombres y las mujeres de la Comisión europea que tome cartas en el
asunto e incorpore el tema y la problemática en uno de sus
programas oficiales. A iniciativa de asociaciones y expertas muy
motivadas procedentes de varios países que declararon desear
trabajar conjuntamente, el tema se propuso y se introdujo en un
programa europeo cuyo eje principal era "las mujeres en la toma de
decisión". Los trabajos de la Carta Europea de las Mujeres en la
Ciudad son el resultado de esa acción iniciada en 1993, que ha
continuado hasta ahora y se prolongará probablemente hasta el año
2000.
Además, en las esferas de decisión, la ciudad está siempre
concebida en base a los mismos planteamientos sin tener en cuenta
los deseos de las mujeres a quienes tampoco se les pide su opinión
y si se les ocurre dar alguna, a menudo se hace caso omiso de los
temas que presentan. Así pues, en lo que a las mujeres y su "pleno
derecho a la ciudadanía" se refiere, la situación no ha
evolucionado mucho, sigue estando estancada, tanto dentro de la
enseñanza como dentro de las diversas políticas de la ciudad por el
hecho de que los distintos actores y profesionales, en su mayoría
masculinos, siguen perpetuando situaciones estáticas, más bien
arcaicas y reproducen estereotipos familiares. En efecto, la
evolución social de las mujeres sigue siendo poco tenida en cuenta
o está todavía ausente de la problemática de la ordenación urbana
y de la gestión de las ciudades. En el mejor de los casos, se puede
observar que el tema de la violencia empieza a emerger y ser objeto
de consideración.
La conclusión del informe de esta fase de la investigación
recomendaba 18 acciones a llevar a cabo para intentar colmar el
desfase existente para las mujeres, modificar el comportamiento de
los responsables de las decisiones y técnicos de la ordenación
urbana, crear una corriente de interés sobre un enfoque
diferenciado en función del sexo o del género, traducciones
aproximadas de "gender cities". Demos como ejemplo algunas de
ellas: ampliar la investigación-acción a los otros seis países de
la U.E., celebrar encuentros internacionales con el fin de
presentar los resultados de la investigación-acción, organizar
conferencias y foros de concienciación ante los organismos europeos
e internacionales de arquitectos, realizar videos sobre Mujeres y
Ciudades que estigmaticen los estereotipos y pongan de relieve los
acervos y las experiencias norteamericanas y demás, celebrar un
concurso de ideas para jóvenes arquitectas, organizar una
exposición itinerante en apoyo de seminarios y coloquios en los
municipios, realizar acciones en favor de las mujeres docentes e
investigadoras en el campo del entorno de la vida cotidiana,
etc...; intervenir de forma inequívoca en la prensa femenina y
familiar y en la prensa internacional de la construcción,
intervenir ante los responsables políticos, realizar redes de
intercambios con los países del Norte y del Sur, establecer
vínculos con diversas organizaciones para concienciarlas sobre la
dimensión del género, publicar un boletín de información semestral
con un compromiso de intercambios de interlocutores en un plazo de
cinco años, elaborar una guía de ayudas financieras destinadas a
permitir que las mujeres y asociaciones se organicen sobre esos
temas, escribir una carta de los derechos de las mujeres en la
ciudad, elaborar un cuaderno de recomendaciones conexo a la Carta,
publicar y difundir la Carta y el cuaderno de acciones positivas
con los datos de las personas recursos. Se decidió la elaboración
de una Carta porque se consideró que permitiría incluir gran parte
de las otras propuestas presentadas o bien en el mismo cuerpo de la
Carta o bien en las siguientes etapas.
En efecto, se trata de una investigación-acción colectiva. Al
permitir la articulación del mundo de la investigación con el de la
praxis, la Carta crea "vinculaciones" esenciales. Por ello, su
difusión activa tomó sentido pleno, como instrumento de enlace,
reflexión y acción. La Carta, concebida como un trabajo federador
y evolutivo, tiene múltiples funciones, reagrupa conocimientos
hasta entonces diseminados, descubre una problemática y propone en
un texto federador de principio, un método concreto que, con un
enfoque abierto y holístico, puede focalizar la atención sobre la
toma en cuenta de las mujeres en los ámbitos de la ordenación
urbana y del diseño de las ciudades. Por otra parte, se inscribe en
el movimiento actual de democratización de las decisiones. Está en
juego el crear una dinámica capaz de desbloquear la situación
actual porque, recordémoslo, en el campo del urbanismo, las
aspiraciones y la presencia de las mujeres están particularmente
denegadas.
En primer lugar, para contrarrestar "la invisibilidad" persistente
de las mujeres, se estaba haciendo indispensable una reacción
estratégica que permita desbloquear la situación actual, permitir
una mejor concienciación, acelerar el proceso de evolución hacia un
cambio de mentalidad de todas las personas implicadas en la
ordenación de las ciudades o de los espacios de vida y permitir una
mayor penetración de los conocimientos resultantes de los estudios
feministas todavía demasiado invisibles o marginados. Se decidió
promover un documento de apoyo que pueda servir como punto de
partida o base común de trabajo, es decir un documento que retome
los temas urbanos esenciales con un enfoque femenino. Así fue cómo
nació el proyecto de escribir una Carta que fuese específica de las
mujeres.
A nivel simbólico, parece igualmente esencial que las mujeres se
permitan "escribir el espacio", es decir que se apropien del tema
importante del futuro de la ciudad para pensar sobre la ciudad,
expresar y realizar sus ideas maestras. En efecto, construir un
texto común y federador parecía indispensable para despejar y
estimular una dinámica de reflexión y acción capaz de expresar una
filosofía diferente de la ordenación urbana. Importaba también que
la Carta pueda ser considerada como una herramienta, un abordaje
permanente, abierto y evolutivo cuyo fin sea, por una parte, la
adaptación a los distintos contextos nacionales o locales y por
otra parte la posibilidad de concentrarse sobre un flujo de mejoras
y nuevas aportaciones ocurridas a lo largo del tiempo y desarrollar
de esta forma un proceso de acciones comunes que podríamos llamar
"construir todos en el transcurso del tiempo". Importa asimismo que
este movimiento sea claramente identificable y reconocido por
todos, es decir también por los hombres de forma a que se adhieran
a los argumentos antes de adherirse al movimiento.
Por otra parte, el contexto actual de nuestras sociedades muestra
unas tendencias claramente regresivas. Los logros que las mujeres
consiguieron pacientemente gracias a las luchas feministas parecen
amenazados. Esos ataques regresivos se descubrieron claramente
durante las conferencias internacionales de la ONU y
particularmente durante la Conferencia de 1994 del Cairo sobre la
población, en la de Beijing sobre las mujeres en 1995 y durante
Habitat II "Cumbre de las Ciudades" sobre los asentamientos urbanos
de Estambul en 1996. Ese frente de resistencia muy organizado en
contra de los avances de las mujeres desvela la presencia constante
de lobbies muy potentes. Para enfrentarse firmemente a esas
posibles formas de regresión de nuestras sociedades, las mujeres
deben demostrar que existe entre ellas una fuerte cohesión y una
verdadera fuerza de propuestas que permiten hacer muy visible su
determinación de seguir adelante en el camino de la igualdad en
todos los campos. El campo de la ordenación urbana, demasiado
inexplorado todavía, es una palanca muy potente para lanzar una
nueva etapa de acción feminista.
En efecto, imprimir las iniciativas de las mujeres en el futuro de
la ciudad cobra un carácter altamente simbólico porque como lo
observó y escribió la filósofa Annah Arendt:
"La ciudad es una memoria organizada"
pero
"las mujeres son las olvidadas de la historia".
Si las mujeres todavía están poco o nada presentes en la concepción
y la gestión de las ciudades, importa ahora que participen en el
debate sobre las ciudades del siglo XXI y que puedan plenamente
expresar sus objetivos en la organización de las ciudades del
mañana. De hecho, marcar el espacio con sus intenciones es sin duda
para las mujeres una manera irreversible de franquear etapas
decisivas y de hacer que se les reconozca como ciudadanas
imprescindibles de la vida civil y política. Si además se tiene en
cuenta que el crecimiento de las ciudades es inevitable y que se
deben resolver múltiples problemas para permitir una mejor calidad
de vida a los distintos tipos de habitantes. El conjunto de
acciones propuestas por la Carta de las Mujeres en la Ciudad tiende
a dar un sentido nuevo a esta evolución cualitativa: tomar en
consideración de manera democrática las aspiraciones de las
poblaciones y en particular de las mujeres.
Los doce puntos de la Declaración se agrupan en tres grupos
distintos:
Esos son los principales elementos de la estrategia preconizada para favorecer la evolución de las mentalidades, impulsar los cambios esenciales e intentar imprimirlos de forma duradera en el corazón de la ciudad.
Fecha de referencia: 27-11-1998
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