Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 7 -- Especial: MUJER Y CIUDAD > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n7/aabis.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Sostenibilidad afectiva


Adriana Bisquert
Arquitecta urbanista

Madrid (España), octubre de 1998.



Introducción


En este foro de "Ciudades para un Futuro más Sostenible", y precisamente en este Boletín, quiero hacer resaltar una faceta que muchas veces queda nublada dentro de los estudios de urbanismo. Considerar que la ciudad debe ser sostenible afectivamente.

Esta consideración trae a primer plano dos temas de importante relevancia. Uno, el urbanismo de los afectos. El otro, la visión de las mujeres, la mujer como históricamente depositaria del mundo de los afectos, conocedora de la sabiduría de los lugares.

No fue difícil para mí, dedicada con entusiasmo a la pedagogía, y como vieja profesora, que lo soy, despertar en aquel colectivo la ilusión de buscar con nuevas miradas aquello que les atrae o les rechaza de sus propios lugares, donde pasan la vida. Hacerles encontrar lo inadvertido en su ámbito cotidiano, la poética que les había marcado su niñez.

Mi visión desde la gran metrópoli, Madrid, donde toda lectura es posible, ayudaba a valorar los encantos y desencantos de los pequeños municipios a los que pertenecían.

Recuerdo, también, que ellas mismas, entusiasmadas, se sorprendieron al encontrar esos lazos afectivos que, sin darse cuenta, formaban parte de su identidad.

Habiendo pasado ya un tiempo, y puesta yo, ahora, a escribir aquello, sé que me va a ser imposible hacer una crónica exacta de lo allí sucedido. Las teorías siempre están en continua matización por el pensamiento abierto. Y las reflexiones nuevas quizá refuerzan, o quizá desvían lo entonces expuesto, para replantearlo desde diferentes puntos de vista.

Mi pensamiento, lógica e intuitivamente, ha seguido caminando. Y muchas de las reflexiones que aquí aparecen han sido ya expuestas en otros foros públicos.

De todas formas, si volvemos a la base de reflexión, puede asegurarse que en este fin de milenio, poco han cambiado las cosas, el escenario que nos acompaña a nivel mundial, y eso también nos atañe, sigue siendo principalmente el mismo: que la cultura de la guerra empaña la cultura de la paz.

Si ayer nos angustiaba la guerra de Bosnia, ...los desmanes de El Zaire, ... Ruanda, ...y tanto y tanto ... Hoy son además, ...las nuevas masacres, sin sentido, en numerosos lugares del planeta, ...el proseguir con la fabricación de armas, ...el mantenimiento de las minas antipersonales, ...etc, etc. Y también la violencia tácita que aprisiona el día a día. Denunciemos la guerra. Todo tipo de guerra. Debemos denunciarla.

Las ciudades se destrozan. Mueren millares de personas. Los niños, todos lo sabemos, si se salvan, son los que más sufren las guerras. El odio, la muerte, la venganza, el hambre, forman parte de su memoria. Y si es difícil, reconstruir una ciudad, más aun lo es, reconstruir una vida.

Éstas son las palabras que un día cualquiera, meditando por la calle, se me vinieron a la cabeza, así las transcribo:



Calles


Niñas y niños, en sus soledades mudas,
cruzan las calles de ciudades amargas.
Ritmos vertiginosos modulan su caminar.

No hay paradas para el descanso, no hay tiempo.
No hay tiempo para recuperarse, y mirar y sentir,
para observar, para aprender. Para querer.

Inhóspitos espacios urbanos, de guerras sin sentido,
valores olvidados y ambiciones desmedidas,
equivocan a sus gentes.

Y entre memorias rotas, contenedores mal olientes,
semáforos, coches, vomitonas y orines,
también lágrimas de niños mojan las calles.

Recuperemos las ciudades para vivir armónicamente en ellas, para llenar sus espacios con nuestras vivencias cotidianas que nos unen con lazos afectivos a nuestros lugares. Lugares donde, momento a momento, vamos dejando el tiempo de nuestras vidas. Construyamos el lugar que nos reconforta, que da sentido al vivir.

Arquitectura y Urbanismo consolidan los escenarios donde dejamos, en el tiempo, las huellas de nuestro vivir. Diferentes géneros, diferentes edades, diferentes personas, sentimos y vivimos la Ciudad de diferente manera.

Los parámetros que marcan la evolución de las ciudades, comprometen los espacios y nuestra forma de vivir. Unos son claramente visibles, reconocibles, explícitos. Otros están ocultos, ignorados u olvidados.

Es necesario e ineludible, sacar a la luz esas dimensiones ocultas que pueden dar sentido al "vivir la ciudad", cualificando el lugar en aras de una mejor convivencia. Rescatar esos parámetros que se adentran en el campo afectivo, quizá sea el mejor reto para la ciudad de hoy.

Estas reflexiones que parecen tan obvias, no siempre se evidencian con claridad. Y en el devenir, en el que muchas veces nos sentimos envueltos, las olvidamos, para caer en una competitividad exacerbada o una rutina alienante.

Mi intervención se limitó a llevar a la reflexión la Arquitectura y el Urbanismo, por eso la dediqué a la Ciudad. Busqué, para analizarla, el sesgo que sabía iba a tener más eco entre las sabias mujeres, el olvidado por la mayoría de los profesionales y que no por ello deja de ser imprescindible: analizar desde el campo de los afectos.




Vivir la ciudad

[1]

Castellón (España), 1997.



Espacio. Mujer. Urbanismo. Arquitectura. Ciudad.

Reflexiones previas
Parándonos a analizar los espacios, que actualmente conforman las ciudades, los que ahora utilizamos, nos resultan infinidad de lecturas. Cierto es que esas lecturas suelen ser distintas, en términos generales, según las hagan los diferentes colectivos que las habitan. Y muchos espacios se viven de diferente manera, según la cultura. Por ello también existe una diferente percepción según el género. Hoy por hoy es así, pero no podemos olvidar que, dado como nos desenvolvemos en este dichoso planeta, quizá no en mucho tiempo seamos seres mutantes, que ni género ni nada.

Espacio y Género actualmente es un tema novedoso, sólo está aun esbozado, necesita irlo recorriendo con dedicación, con esmero, como con una lupa si es preciso, para que nos aclare tantas y tantas incógnitas que aun permanecen, sin haber sido casi ni enunciadas.

Respecto a la creación arquitectónica, cuando es la mujer la que se pone a proyectar, como creadora, como formalizadora de los espacios, le acompaña esa diferente cultura de cómo históricamente los ha usado y los ha vivido.

El hombre desde que nace ya está insertado, de una determinada manera, en el devenir de la organización social, del sistema que históricamente ha marginado a las mujeres. La mujer por el hecho de serlo, ya desde que nace, está fuera de muchos campos, y tiene que luchar, mucho más que el hombre, para conseguir que la admitan. El sistema ha sido inventado por los hombres.

Precisamente, por estar la mujer fuera de él, o mejor dicho, relegada a cumplir con los papeles que "ellos" le han asignado, su visión lejana del funcionamiento de ese sistema es más nítida. Es más fácil, para ella, encontrar la postura crítica, que ellos desde dentro no son capaces de vislumbrar.

Lo que pasa es que, cuando entra, muchas veces colabora al mantenimiento del propio sistema, olvidando su nítida visión global y crítica. Cuando nos acercamos a analizar estos casos, no podemos olvidar el cómo se comporta el género femenino, las mujeres, cuando acceden (por fin) a campos de naturaleza intelectual y cultural que siempre han sido ocupados por los hombres.

Entonces, entra en acción el mundo competitivo por parte de ellos y también de ellas. La necesidad para ellas de tenerles que hablar con sus propias palabras (las de ellos), para que ellos entiendan, lo que ellas piensan y sienten, supone un esfuerzo añadido para conseguir hablar en otros términos, que una vez conseguido se suele apropiar de ellas. Y es un reto difícil de soslayar.

La influencia del modelo de mujer históricamente aceptado, y esas actitudes que a veces, sin remedio, hay que tomar, deforman, empañan, desvían u ocultan, las primeras razones claras, transparentes, de la justificación de los espacios que proponen.

Sin embargo, esa clarividencia para analizar, para proponer, para crear desde sus propios parámetros, nunca la puede erradicar de dentro de sí. Se puede tapar, ignorar, despreciar u ocultar ..., pero nunca llega a desaparecer.

Cuando surge una circunstancia que pone en evidencia esa mirada distinta, la mujer no sólo la recupera como parte de su identidad, la valora y la reivindica como necesidad ineludible en el sistema, en la organización de nuestra sociedad.

No es nada sorprendente, constatar que, una vez abierto este tema de la Mujer como creadora de los espacios que conforman nuestros escenarios para vivir, surjan grupos y grupos de mujeres que quieren, que necesitan, reunirse para dilucidar y para reflexionar sobre su diferencia o no en el entendimiento de los espacios. Así ha surgido el "Seminario Permanente: Ciudad y Mujer", el "Colectivo de mujeres urbanistas", el de "La Mujer construye", y otros muchos más.

Ahora, que ya vamos siendo un número bastante significativo de mujeres profesionales de la arquitectura, se multiplican y se extienden estas reuniones donde ponerse a reflexionar para encontrar, a veces descubrir, esos parámetros ocultos que subyacen en nuestra cultura ancestral. Parámetros que han quedado olvidados en el reflexionar sobre la ciudad y que hay que rescatar.

No es difícil entender que estas reflexiones se planteen en ámbitos principalmente femeninos, donde las mujeres se reúnen, para escuchar de una forma conjunta ese eco, ese profundo eco que de una manera u otra todas llevamos dentro, y entra en resonancia.

El eco se va encontrando, y esa reflexión conjunta que va surgiendo entre las mujeres, en mi opinión, no puede quedarse, exclusivamente, en el mundo intelectual femenino, aunque necesariamente tiene que surgir así, sólo de mujeres.

Es importante sacarlo a la luz de todos, e invitar a la reflexión común, contrastarlo con los pensamientos de los demás, con las otras reflexiones sobre la ciudad, con aquellos otros, pocos muy pocos, que desde el pensamiento alternativo, tanto mujeres como hombres, han puesto en duda nuestros espacios de hoy, la forma de generarlos, su producción especulativa, que evidencian y ponen de relieve los parámetros de análisis y creación que se asemejan a los nuestros.

Pero, no es menos cierto que la mujer, en estos campos del pensamiento, es aún poco solidaria. Falta rodaje y tiempo. Muchas veces usa armas equivocadas de competitividad. Otras, se "quema" en el camino. Llevamos poco tiempo en estas lides, por eso es importante que alguien siga, que la llama no se apague. He ahí la ilusión constante de saber que alguien va a recoger el testigo, a pesar de los momentos de desánimo.

Hoy, la voz de los grupos de mujeres que reivindican estas dimensiones debe conseguir plataformas públicas de expresión. Debemos trabajar entre nosotras, pero si sólo trabajamos entre nosotras caemos en el mismo error que han caído ellos, los hombres, los que de siglos y siglos han mantenido (y hoy aún muchas comunidades mantienen) la voz de las mujeres en silencio.

Igual podría decirse de otras voces, las de los ancianos, los emigrantes, los discapacitados, y sobre todo las de los niños, que es si cabe peor, pues ellos ni siquiera tienen voz. En una palabra, los marginados. La ciudad, así diseñada, margina para facilitar su uso (exclusivamente uso) a los "ejecutivos", los que ejecutan la vida, la suya propia y la de los demás. Pues la ciudad se produce, se usa, pero no se crea.

La cultura de la paz construye sus cimientos sobre los espacios colectivos. Espacios donde sea posible la alternativa, la voz distinta, el contraste, la reflexión conjunta donde nace la crítica analizada que da paso a la comprensión, la tolerancia, al respeto mutuo, a la solidaridad.

Y, en la creación de la ciudad, la que une a la vida, la que ofrece el espacio digno sobre el que se construye la convivencia pacífica, tenemos mucho que decir las mujeres. ¡Qué pocas veces los arquitectos han reivindicado la ciudad para vivir! Casi todos estos movimientos han surgido en las asociaciones de vecinos, y sólo algunas veces les "acompañan" los arquitectos.

Hoy las cosas van cambiando. Las asociaciones ciudadanas tienen voz y se potencia el asociacionismo, aunque muchas veces puede ser manipulado. Las reivindicaciones por los derechos de la mujer van dando sus frutos poco a poco. Son ya bastantes más las que acceden a puestos de trabajo, donde su toma de decisiones repercute en la ciudad y en sus gentes desde otras perspectivas. Y empiezan a surgir esas dimensiones olvidadas, donde los afectos dejan paso a espacios vivideros, a lugares donde la ciudad se amabiliza.

No quiero, sin embargo, dejar de señalar aquellos casos, que de hecho existen, en que la mujer accede al campo profesional o político siguiendo el modelo "masculino". Olvidan, o quieren olvidar, esos parámetros con dimensiones emocionales que hacen sentir, proyectar y decidir, dentro del afecto, de la ternura, del querer, del proporcionar el cobijo afectivo, tan necesario.

En algunos otros casos, el hombre, acostumbrado a separar el mundo del trabajo del de su casa, va tomando conciencia y valorando en su medida el campo de los afectos. Por eso es importante que recupere la corresponsabilidad, ya que todavía su negligencia es admitida como connatural por muchas mujeres que sienten además el síndrome de culpabilidad.

Traspasar el mundo de los sentidos y entrar en el de los sentimientos es el salto que debe dar el Urbanismo.



El urbanismo de los afectos


Las ciudades sólo pasan a tomar parte de nuestras vidas cuando su recuerdo nos evoca algo allí sucedido. Cuando en cierto modo nos ha afectado, para bien o para mal, pero ha dejado huella en nuestra memoria. Y la ciudad ha sido su escenario.

Entre tantas formas de afectar, yo quiero centrarme aquí en el sentido del lenguaje corriente, el que viene a tener relación con el campo afectivo, con la afectividad, con lo afectuoso (no con lo afectado). Siguiendo la acepción con que María Moliner define afecto como: sentimiento intermedio entre la simpatía y el cariño.

Bajo ese sesgo de "lo afectivo", la ciudad nos aparece con una lectura diferente, muy diferente. Una lectura que nos relaciona la ciudad con dos conceptos (términos) que hoy me gustaría enunciar y analizar aunque sólo sea con unas pocas pinceladas que ayuden a poner en el campo de la reflexión el pensamiento de muchos: la memoria y el tiempo. El tiempo y la memoria, dos dimensiones relacionadas íntimamente, tan imprescindibles y tan olvidadas en los campos del urbanismo, pero que hacen ciudad para quien la habita.

El ser humano siempre, donde quiera que esté y como esté, busca crear el cobijo, es connatural en él, construir su morada donde impregne sus afectos, sus vivencias, los momentos que le comprometen y los lazos que le arraigan al lugar. Lo necesita para ir construyendo su propia identidad.

Donde no hay vivencias, no puede surgir la convivencia. Y entonces, también los lugares colectivos nos son ajenos, no nos pertenecen, no nos sentimos ligados a ellos. Por eso allí aparecen las huellas de la desidia, de la violencia, de la ignorancia. Y no nos pertenecen porque no sólo nos son ajenos, incluso nos sentimos agredidos por ser tan inhóspitos.

La ciudad, la mayoría de las veces, se diseña para el modelo de "aquél" que se transporta en coche privado, que utiliza la calle sólo como vía de circulación y que la horada, la invade, la maciza, sin ningún respeto, para sacar la máxima plusvalía, para amontonar viviendas, aparcamientos, o simplemente para invertir.

Los demás, ...los ancianos, las mujeres, los discapacitados, o los niños, ...quedan fuera de esa carrera, o se refugian en cuatro columpios mal colocados, o se deslizan por rampas inaccesibles,... No se ha contado para su diseño con la voz del experto en pedagogía, ni en geriatría, ni ...pero, al final, todo parece "cumplir" la normativa. Y no hay espacios para el afecto.

El campo de los afectos ha pertenecido históricamente al mundo de las mujeres. En la mayoría de las ciudades, las decisiones han sido tomadas predominantemente por los hombres, ya sean políticos o técnicos; y los espacios se han organizado desde una óptica diferente a la que aquí se expone, lejana, muy lejana al mundo de los afectos.



El Tiempo y la Memoria




El Tiempo:

El tiempo que tardamos en trasladarnos, el horario que cumplimos en el trabajo, las horas que nos marcan diferentes acontecimientos, la propia organización de la vida doméstica, ... todo nos habla de cómo funciona la ciudad.

Si representamos sobre un plano de la ciudad, las dimensiones del tiempo que dedicamos a idas y venidas, en los diferentes momentos del día, las estancias prolongadas, o mínimas, que nos retienen en los diferentes lugares, podremos visualizar un análisis de nuestra vida que a veces pasa inadvertido.

Si, además, esa imagen representativa la cruzamos con las que resultan de otras personas, ya sean de nuestro entorno próximo o circunstancial, descubriremos gráficamente las posibilidades que nos ofrece, o no, la ciudad para relacionarnos, para vivir nuestras soledades, a veces tan necesarias, a veces tan repudiadas, para crear vivencias y para poder convivir.

Y quedarán plasmados en un plano, los tiempos inertes en que sólo nos trasladamos, los itinerarios rutinarios, los estáticos o los dinámicos, los que facilitan ritmos acompasados o velocidades extremas, las estancias largas, cortas o reposadas, ... Y el plano de la ciudad nos irá mostrando los espacios donde nuestra relación afectiva va a poder arraigarse o no, y de qué distintas maneras.

Desde no hace mucho, la "Geografía del Tiempo", como disciplina académica, está elaborando en este sentido trabajos, reflexiones, teorías, que descubren luces muy interesantes para desenmarañar las relaciones entre las gentes y sus ciudades. Aportan datos de una sociología aplicada que puede ser determinante en el Urbanismo. Pero en la práctica del Urbanismo, el urbanista que proyecta la ciudad aún trabaja de espaldas a estas disciplinas que se quedan en elaborar teorías, para luego utilizarlas como adorno en las memorias de los planes.

Sin el tiempo no puede crearse "el lugar". La diferencia entre sitio y lugar es trascendental en la configuración del espacio, y está tamizada por el tiempo. El espacio edificado necesita que el tiempo bañe sus muros, sus vacíos, y se impregnen de historias, de afectos, de memorias, de hechos sucedidos en y con el tiempo suficiente.

Entonces, el sitio (construcción) pasa a ser un lugar (arquitectura). Pues cuando un espacio construido tiene la capacidad y la posibilidad de convertirse en lugar, estamos refiriéndonos a un espacio arquitectónico. Porque la Arquitectura es el arte que incorpora la dimensión del tiempo en el espacio. El tiempo humano.

El ritmo a que nos hace vivir la ciudad, nos fragmenta el tiempo para asignarlo a diferentes actividades y ello repercute en nuestra relación, con la posibilidad de crear afectos que cualifiquen el lugar.

En este sentido, las mujeres italianas presentaron una propuesta de ley con el título: "Le donne cambiano i tempi", donde intentan racionalizar para no desperdiciar y disfrutar el uso de los tiempos.

También en Noruega, con un gobierno formado en su mayoría por mujeres, se acomodó el horario oficial en función de la hora de las entradas y salidas escolares.

Tenían que ser precisamente grupos de mujeres los que avisaran y reestructuraran el uso de los tiempos en la ciudad. Y es que las dedicaciones de los diferentes tiempos tienen mucho que ver con los afectos. Las noruegas quieren que cuando sus niños vuelvan de la escuela, encuentren la presencia de sus seres queridos en el hogar. Antes, de forma constante, siempre estaba la madre. Ahora que la mujer ha entrado en el campo laboral, habrá que diseñar la cuidad con unas características de funcionamiento distintas, sin tener que renunciar a las relaciones afectivas.

Tanto la dimensión del tiempo como la del espacio, no son las mismas en el niño que en el adulto. Para darse cuenta no hay más que recordar nuestra infancia donde aparecen esos veranos larguísimos, en los que hasta se crecía mucho, aquellas vacaciones que daban tiempo a tantas cosas. Luego los años se pasan sin darse cuenta.

Aparte de esa diferencia de escala que separa la percepción del tiempo entre la infancia y la madurez, donde ya el tiempo se nos va entre los dedos, conviene recordar también que, además, el tiempo es elástico. Quiero decir con ello, que se estira y se encoge, y un mismo minuto medido de reloj a veces se nos hace eterno, y otras se esfuma casi sin captarlo, ya seamos niños o mayores. Todo ello tiene mucho que ver con la configuración de los espacios.

Suele decirse que el tiempo cura las penas, y es cierto. Al menos, las reposa, las ubica en nuestra memoria con las connotaciones de la distancia que da serenidad, y nuestra propia memoria se vuelve espacio que recoge el tiempo. Y es que el tiempo, la memoria y el espacio conforman nuestra relación afectiva con la ciudad, de ahí mi interés en dedicar esta intervención al urbanismo de los afectos.



La Memoria:

Heredamos los rasgos físicos, heredamos el carácter, heredamos las "propiedades" que desgraciadamente producen desigualdades sociales. Pero la memoria, la memoria no se hereda, la vamos construyendo a la par que nuestra propia vida.

Con la memoria de los lugares pasa lo mismo: es la historia la que los rellena de miles y miles de recuerdos, y ya no son solamente los nuestros. La ciudad es, por tanto, la misma para todos, pero distinta para cada uno. Y hay recuerdos personales que nos ligan al lugar, y otros propios del lugar que nos cuentan su historia. Una ciudad sin memoria es una ciudad muerta.

Quiero traer a colación, los acertados versos de César Vallejo, que yo aún recuerdo recitados, de forma magistral, por Santiago Amón. Los dos personajes, hoy ya desaparecidos, pero siempre queridos, fueron pioneros en hablar de la ciudad y de la casa desde la reflexión afectiva. Así son:

- No vive ya nadie en la casa -me dices- todos se han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues, que todos han partido.

Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas están más muertas que las viejas, porque sus muros son de piedra o de acero, pero no de hombres. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente de hombres, ...

(el poeta, quiso decir hombres y mujeres, personas, seres humanos, ...todos lo sabemos. Es el lenguaje, que aun sigue silenciando a las mujeres.)

Nuestro primer cobijo es el claustro materno. Después nacemos en diferentes cunas, y los espacios que albergan esa cuna que se mece, también albergan nuestras primeras memorias del lugar.

Estos espacios no tienen ubicación ni dimensión precisa, aunque sí real. En la percepción del niño, además de relacionarse en una escala diferente del adulto, se achican, se agrandan, cambian de forma, se reducen, a veces desaparecen, o se amontonan, aunque estén en diferentes sitios. El niño los va mesurando, según la implicación afectiva que estos espacios le ofrecen.

Y así, luego recordamos ...enormes habitaciones, ...estrechos pasillos interminables, ...escaleras y escalones pequeños y grandes...

Pero estos espacios, aunque existen, son inventados e imaginarios. Al final, los espacios de nuestra infancia son los lugares donde hemos ido depositando el tiempo de nuestra niñez, y ése es nuestro auténtico patrimonio. Lugares que se ubican sin identificarse con posesiones de diferente clase social. Son rincones, a veces en la calle, otras en el campo, en los caminos, en las casas,... muchos en las casas, en las propias y en las ajenas. Y en esa memoria diversificada en diferentes lugares, que nos hace recordar deformadamente, vamos construyendo, como ya he dicho, día a día nuestra identidad.

Cuando E. Haro Tecglen recuerda su infancia en "el niño republicano", nos cuenta:
Mi memoria es vaga y es incierta. A veces he tratado de arrancar de ella para siempre algunas cosas vividas, algunas personas, algunos momentos.: para no sentirlos. Se paga luego. No se corta limpiamente, como con bisturí, se arranca, con las garras, y se hacen jirones con otros recuerdos enlazados. Aunque queden con obstinación martilleante los recuerdos reprimidos, prohibidos, acallados: no se les vence. El recuerdo no sólo destruye, sino que construye. Odia el vacío. Inventa con irresponsabilidad.

Los espacios concretos, con olores y colores, con luces, sonidos, proporciones, ...con su realidad física donde el tiempo ha dejado la huella del afecto, se convierten en hitos referenciales y escenarios que se fijan a nuestra memoria. Escenarios que nos arraigan al lugar, a los que deseamos volver de vez en cuando, y no sólo con el recuerdo, con la necesidad de ocuparlos, de nuevo, para reconfortarnos.

El arquitecto que, al proyectar, olvida los mundos del afecto, y aísla la arquitectura de las otras dimensiones que dan sentido a los espacios, el arquitecto creador exclusivamente de imagen (en sentido peyorativo), produce una arquitectura vacía. Se inventa el orden, donde no sabe descubrirlo.

La sociedad actual respeta en exceso al arquitecto que sólo diseña espacios como objetos, como esculturas, sin pensar que deben ser espacios donde poder vivir, no sólo usar. Esto es un error que hay que ir corrigiendo, porque la crítica se queda sólo en los círculos profesionales.

La Arquitectura no va a renovar el mundo, pero hay que hacer de la Arquitectura un servicio a la sociedad y no una plataforma de exhibicionismo narcisista. El concepto de "belleza" equivocado, priva a la estética de la ética, es la falsa interpretación de lo afectivo, reduciendo lo "sensible", a lo plástico, lo perteneciente al arte plástico que se vende en revistas y modas, para evadir, sin comprometerse, las connotaciones ecológicas, sociales, humanas, que dan la verdadera dimensión a la Arquitectura.

Citando a Yehudi Menuhin: ..."en la belleza habita siempre una moral" ...los políticos, los partidos, las épocas, las circunstancias, cambian ..."lo que permanece constante es la vida en sí misma, la experiencia cotidiana, las esperanzas y los sufrimientos de las personas. Y es en este ámbito donde se inscribe la cultura".

El urbanismo de hoy, está produciendo en muchas ciudades, grandes males. Situaciones degeneradas que degeneran a sus gentes. A finales del siglo pasado, fueron los higienistas, los que asustados por el tema de la salud, transformaron el urbanismo.

Quizá sea ahora, el momento de reclamar una nueva transformación: la del urbanismo de los afectos. Por ello, si queremos hacer cultura para la paz, lo que se necesita es una revolución ética.

El reto del urbanismo de hoy consiste en plantear esa otra mirada, la del urbanismo de los afectos, en muy pocos casos conseguida, en otros perdida y en la mayoría ignorada. Esa mirada que recupera en la ciudad la escala próxima, la del día a día y crea el espacio, el entorno físico y adecuado donde tienen cabida los otros espacios, los emocionales. Se trata de dar una nueva perspectiva, un nuevo enfoque, que altere la escala de valores, porque solamente lo humano, justifica lo urbano.

Y en ese reto del urbanismo de hoy, debemos participar las mujeres, dejarnos oír y actuar. Por eso yo acabaría con un consejo, un consejo y un ruego:



La reflexión distinta


Mujeres que tenéis
en vuestras manos,
el poder sobre la creación de los espacios.

Mujeres que, quizá,
ya estéis disfrazadas
con el uniforme que enmascara.

Quitároslo.
Despreciar el poder que ciega.
Romper el silencio.
No quedaros mudas.

Y, susurrando, hablando,
cantando, llorando
o a gritos,

Dejar que se oiga
la reflexión distinta,
la condolencia afectiva,
la faceta humana,

que nos hace ver
cuándo la vida es agredida,
cuándo despreciada,
en los espacios de la ciudad.

Sabias mujeres,
no hay que callar,
enseñarles a descubrir
la poética de los lugares,
donde se arraiga la vida.

Y, de una forma solidaria,
romper esos espacios sordos,
vacíos de Arquitectura:
columnas que sostienen vanidades,
tejados que cubren miserias,
muros que separan convivencias.

Si "ellos" no saben,
pero hacen,
quitarles, también, el uniforme,
destrozarles las máscaras de escayola,
y si es preciso, dejarlos desnudos.

Mujeres, sabias mujeres,
con la mirada del corazón,
tomar las ciudades, los cobijos,
el territorio,
para poder construir
los espacios del afecto.

Nos va la vida en ello.

Fecha de referencia: 27-11-1998


1: Participación dentro del bloque temático "Arquitectura, Urbanismo y Medio Ambiente", dentro del Curso "Paz y Ecología". Universidad Jaume I, Castellón, 1997.

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Departamento de Estructuras y Física de la EdificaciónDepartamento de Urbanística y Ordenación del Territorio