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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Doñana era una fiesta


Miguel Álvarez Cobelas[1]

Madrid (España), junio de 1998

...Hasta el punto de creer que yo no elegí Doñana como centro gravitatorio de mis predilecciones sino que fue Doñana quien me eligió a mí

J.M. Caballero Bonald (Tiempo de guerras perdidas)


La reciente catástrofe de Doñana debiera hacernos reflexionar a los indígenas sobre la importancia que damos a los problemas ambientales. En estos tiempos, todo se viste con el ropaje de la ecología, con el pleonasmo del medio ambiente, pero el fenómeno no es sino eso: travestismo. Y los sucesos de Doñana son la guinda del pastel.

¿Qué es DoñaAna? Un paisaje muy complejo, sin igual -desde luego- en esta Europa de nuestros pecados. Un paisaje que se ha ido generando a lo largo de mucho tiempo, primero sin intervención humana y más recientemente (dos milenios) con ella. Allí coexisten ambientes genuinamente terrestres -incluso de aspecto desértico, como los complejos dunares- con zonas de agua dulce, ecosistemas de marisma o francamente marinos, enclaves con surgencias de aguas subterráneas, acuíferos subterráneos con entradas de agua salada y un ramillete pintovariado de ambientes fronterizos, ni carne ni marisco. Doñana es inextrincable, abrumadora, inmensa y atrozmente bella; es nuestra selva "tropical", es nuestro paraíso perdido. Y olvidamos con frecuencia que también es creación nuestra: la intervención humana ha cambiado, a menudo para bien, el paisaje original, y lo ha mantenido como lo conocíamos hasta que hace unas décadas comenzara la desecación de las marismas, encontrándonos ahora esa broma pesada de los metales y el ácido.

Olvidamos también que el campo no tiene fronteras, no empieza ni acaba en unos límites que -además- son un delirio burocrático. Doñana es una red de paisajes humanizados, interconectados, cuyas relaciones, estrechas o no, apenas vislumbramos. ¿Un botón de muestra? El lugar común de la marisma como refugio de aves migradoras que, cuando se desplacen a Africa o al norte de Europa, llevarán consigo la ponzoña.

"Así que inmensa, inabarcable, ¿eh?" Sí, si queremos conocerla con métodos del XIX. No, si comenzamos a emplear los del XXI. El extraordinario desarrollo de las aplicaciones informáticas y de los modelos de simulación nos permitiría tener una idea más global de este paisaje, de lo ocurrido con él y de lo que va a pasar en los próximos meses y décadas. ¿Se está haciendo? Evidentemente, no. Se están abordando los problemas desde perspectivas muy estrechas, árboles que no dejan ver el bosque, con la mentalidad de que lo que no es "contaminación legal" no existe. Es decir, todo lo que no está tipificado en la legislación, sobra. Así, por ejemplo, se toman muestras para detectar los metales pesados en el agua, pero no sabemos nada de cómo se distribuyen y acumulan por las redes tróficas, no sabemos nada de cómo se van infiltrando en el suelo, no sabemos si ya han empezado a afectar a quienes retiran los lodos. Y, sin embargo, el aún escaso conocimiento que tenemos de los procesos naturales nos sugiere que todos esos procesos y muchos otros están teniendo lugar ya. En resumen, se está obteniendo información sobre lo inanimado, sabemos cuántos seres muertos han aparecido, pero no tenemos ni la más remota idea de lo que está pasando con los vivos de todos los pelajes.

¿Y qué decir de la pérdida del valor de nuestro mermado Patrimonio Natural? Por ahora sólo se habla de indemnizaciones a los afectados de la zona. Sin embargo, el deterioro ambiental producido en estos ecosistemas es una pérdida muy respetable en términos económicos. ¿Se medirá? ¿Quién la medirá? ¿Cómo se medirá? Si el mercado es el emperador de estos tiempos, cuantifiquemos también las pérdidas ambientales en dinerito contante y sonante.

Hasta aquí, la ecología, la economía, la misma raíz griega. ¡Ah, la sociedad! Otro cantar. Estamos hablando de una catástrofe anunciada al menos desde hace dos décadas y en otras muchas ocasiones después. Desde la apertura de la mina de Aznalcóllar, se han estado vertiendo metales pesados poco a poco Guadiamar abajo. El último no ha sido sino un episodio adicional de los muchos ocurridos, aunque bastante más terrible. Los arquitectos (Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos 17: 12-19, 1978), los ecologistas, algún investigador del CSIC, habían avisado a la opinión pública, a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, a la Junta de Andalucía, a los Ministerios de Obras Públicas con todos sus cambios nominales, a la Unión Europea, a todo Pichichi. Pedrito y el lobo. El lobo, tan convocado, no tuvo más remedio que acudir.

A continuación, el sainete trágico: el esperpento. Los trastos van de la cabeza de una administración a otra. Las acusaciones de fogueo surcan el éter. Y cuando hay tanto responsable, los de verdad, los judiciales brillan por su ausencia. Por lo menos, hasta ahora, cuando -afortunadamente- no ha muerto nadie. Aún.

¡Cuántas opiniones! Todo el mundo opina, es gratis, no cuesta nada. Una babel de trivialidades, rasgado de vestiduras, sandeces y alguna ideica aprovechable asfixiada en el lodo de la descoordinación y el caos cañí. Y es cañí la quema de naves avanzada por el consejero de Medioambiente de la Junta de Andalucía, que puso su cargo a disposición ayer mismo como quien dice, recién abordado por el primer micrófono y la primera cámara de televisión. Y astrakanesca la figura de la Sra. ministra, apostando por el absoluto control de la situación a la media hora del "accidente", que nos hace rejuvenecer rememorando aquella imagen color sepia del baño de Fraga. Y bananera la pose del máximo dirigente de Boliden, tomado un avión con la urgencia del caso, para hacerse cargo de los desperfectos al mismo pie de la escalerilla. Brindis al sol a coste cero.

La cacareada sociedad civil preserva su memoria para otros asuntos. Dos mil personas en la manifestación por Doñana en Madrid. Medio millón en La Cibeles para celebrar la séptima copa de europa del real madrid. Comisión de investigación sobre el desastre, denegada por el parlamento con los votos al alimón de pp y psoe. El estrambote: "quien contamina, paga", pero parece más ajustado a este sainete el enfoque de Dario Fo, "aquí no paga nadie"; bueno, nadie, no, los pagos de toda clase de gastos se harán con dinero de la Unión Europea, con nuestros impuestos.

¿Y el conocimiento, ese pariente pobre de la acción? Va tirando, gracias. Hay muchos, muchísimos estudios sobre Doñana antes de la catástrofe. Se saben multitud de cosas sobre todo lo que vuela, nada o anda por allí a dos patas, a cuatro o a más y también sobre el medio circundante. Pero es demasiado sectorial, demasiado estrecho, se sabe mucho de muchísimos aspectos, pero nadie se ha ocupado de darnos una idea integral, global, e-co-ló-gi-ca de las interacciones entre el ambiente, la economía y la sociedad del paraje, fundamental para decidir sobre la pregunta del millón: ¿qué hacer?.

Así que o se cambia el rumbo o habremos de encomendarnos, por enésima vez, a la Blanca Paloma. En fin, Doñana era una fiesta y el ambiente es un florero.

Fecha de referencia: 31-7-1998


1: N. del E.: Este es el texto básico que utilizó el autor en su intervención en el acto que, con motivo del día mundial del Medio Ambiente, se celebró en Madrid el 4 de Junio de 1998, con la catástrofe de Aznalcóllar como telón de fondo. Posteriormente el texto circuló a través de la red, sobre todo de la científica española, concitando la adhesión al mismo de las personas que se listan a continuación. La intención era conseguir su publicación en alguno de los periódicos nacionales de España. Hasta donde sabemos no se consiguió: un claro ejemplo de los problemas informativos con que se topan las cuestiones ecológicas tal y como también señala Estevan en su artículo. En la lista se indica el nombre, el número del documento nacional de identidad y el lugar de trabajo:

Miguel Álvarez Cobelas, 1.498.267
Científico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid (primer firmante)

Juan Pablo Albar Ramírez, 70.027.176
Investigador de Pharmacia, Centro Nacional de Biotecnología, CSIC, Madrid

Gregorio Álvaro Campos, 1.808.155
Prof. Asociado, Fac. Químicas, Univ. Complutense, Madrid

Francisco Araujo Armero 378.534 Científico del Museo de Ciencias Naturales de Madrid

Antonio Bello Pérez, 41.872.739
Científico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

Manuel Benítez Gilabert, 1.074.997
Técnico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

Pablo Campos Palacín 6.934.735
Científico del Instituto de Economía y Geografía del CSIC

María José Carmona Navarro 19.093.281
Profesora titular de Ecología , Univ. De Valencia

Francisco Castejón, 17.157.916
Madrid

María Arias Delgado, 176.254
Científica del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

Julio Díaz Jiménez, 51.330.813
Prof. Titular, Univ. Autónoma, Madrid

Elena Domingo Díez de la Lastra, 51.321.329
Profesora, I.E.S. Ciudad Escolar, Madrid

M. Sagrario Fernández Casado, 51.433.535
Técnica del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

José Fernández López 50.036.256
Científico del Museo de Ciencias Naturales de Madrid

Avelino García Álvarez, 51.441.904
Científico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

Félix García Rosillo, 50.819.978
Investigador del Inst. Energías Renovables, CIEMAT, Madrid

José Luis González Rebollar, 1.352.759
Científico de la Estación Experimental del Zaidín, CSIC, Granada

Félix Hernández Álvarez, 50.130.563
Científico del Instituto de Economía y Geografía del CSIC

Javier López Linage 72.011.985
Científico del Instituto de Economía y Geografía del CSIC

Luis Lubián Chaichío, 31.188.228
Científico del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía, CSIC, Cádiz

Jesús Pastor Piñeiro, 32.301.607
Científico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

M. Jesús Pujalte Domarco, 21.409.458
Prof. Titular, Fac. Biología, Univ. Valencia, Valencia

M. Antonia Rodrigo Alacreu
Prof. Ayudante, Fac. Biología, Univ. Valencia, Valencia

Juan Carlos Rodríguez Murillo, 10.971.179
Científico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

Carmen Rojo García-Morato, 22.531.986
Prof. Titular, Fac. Biología, Univ. Valencia, Valencia

Salvador Sánchez Carrillo, 50.185.847
Científico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

Agustín Sánchez López, 1.152.407
Científico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

Antonio Sanz Brau, 18.873.259
Prof. Titular, Fac. Biología, Univ. Valencia, Valencia

Manuel Serra Galindo 19.461.697
Prof. Titular de Ecología, Univ. de Valencia

Oscar Soriano Hernando
Científico del Museo de Ciencias Naturales de Madrid

Alfonso del Val Rodríguez, 2.476.479 Consultor ambiental, Madrid

Emilio Valerio Martínez de Muniain, 14.932.634
Madrid

Fernando Valladares Ros, 50.819.099
Científico del Centro de Ciencias Medioambientales, CSIC, Madrid

Mariano Vázquez Espí, 50.801.376
Prof. Titular, E.T.S. Arquitectura, Univ. Politécnica, Madrid

José Luis Velasco 2.050.685
Científico del Museo de Ciencias Naturales de Madrid

Valentín Villarroel Ortega, 7.489.685
Prof. Titular, E.T.S.I. Telecomunicaciones, Univ. Politécnica, Madrid)

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