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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Artículo publicado en la revista Ciudad y Territorio. Estudios
Territoriales. Vol II N. 100-101 1994.
Sin embargo, las ciudades también son lugares de innovación. Las
soluciones parten de las personas cuyas condiciones de vida están
amenazadas. Existe un gran número de señales que nos indican que
ha llegado el momento de realizar transformaciones básicas en los
procesos de producción y consumo, en la actitud y el
comportamiento de las personas y en la estructura urbana de las
ciudades.
El concepto que subyace a la reestructuración urbana ecológica
ha sido objeto de un tratamiento teórico y práctico en el marco
de un proyecto internacional de investigación comparativa. Los
cuatro elementos que integran el concepto son los siguientes:
Como ha quedado demostrado en los países industrializados con un
alto índice de urbanización, el modelo actual de desarrollo
urbano industrial lleva a un callejón sin salida. Pese a contar
únicamente con una cuarta parte de la población mundial, en estos
países se consume el 70% de la energía primaria y casi el 80% de
las materias primas totales. Esto se debe principalmente al
desarrollo de una tecnología, unas infraestructuras y unas formas
de consumo urbanas caracterizadas por la optimización lineal de
los sistemas individuales y por la separación de las funciones
urbanas correlacionadas; es decir, el trabajo, el ocio y el resto
de los aspectos de la vida están cada vez más divididos, al igual
que los modelos de producción y consumo.
La expansión de los mercados mundiales de materias primas, junto
a la internacionalización de la producción y del consumo, ha
reducido la dependencia de la economía respecto a los factores
locales. Estos procesos aparecen asociados al gran aumento de la
demanda de transporte y de la densidad de tráfico, así como al
incremento de las emisiones. En la actualidad, el tráfico es la
causa de un 23% de las emisiones de CO2, de un 71,3% de las de
NO2 y del 75% de las de monóxido de carbono, (Statistisches
Bundesamt, Datenreport 1992, p. 410).
La calefacción representa casi la mitad del consumo final de
energía de la mayoría de los países industrializados. Ello se
debe fundamentalmente a que los métodos modernos de construcción
ignoran los avances en conservación del calor y en rendimiento
energético. En los antiguos países socialistas de Europa
Oriental, el despilfarro de energía es aún más espectacular.
Durante décadas, la forma de concebir la estructura social
relacionada con la energía y la calefacción se ha opuesto
sistemáticamente a las actitudes basadas en una conciencia
ecológica. Las Torres Sears de Chicago, para muchos un símbolo
de la excelencia del urbanismo moderno, son un ejemplo de lo
lejos que pueden llegar las aberraciones de este tipo de
desarrollo técnico. Estos monstruos urbanos utilizan más energía
en 24 horas que una ciudad media de Estados Unidos de 150.000
habitantes o que una ciudad india de más de un millón de
habitantes.
El mantenimiento de un enfoque irresponsable en cuanto a la
utilización del suelo en el urbanismo moderno ha provocado graves
consecuencias ecológicas. Por ejemplo, en las grandes ciudades
europeas, el índice de ocupación de la superficie se ha
multiplicado por 10 en los últimos 100 años. Esta increíble
corrosión de la superficie se debe principalmente a la
utilización extensiva de la misma para el desarrollo de las
instalaciones, a la idea de la "ciudad basada en el automóvil"
y a la separación de las funciones urbanas.
El deterioro de la calidad de vida en las ciudades no se refleja
únicamente en un empeoramiento de las condiciones del aire o del
agua potable o en el aumento de la utilización de sustancias
tóxicas en el acabado de interiores, sino también en el
empobrecimiento de las percepciones sensitivas y en la pérdida
de orientación y de identificación de sus habitantes. Los médicos
y los psicólogos se refieren a nuestras ciudades como "la
expresión del paisaje enfermo del alma", en las que la atrofia
del mundo interior discurre paralela a la destrucción del medio
ambiente externo.
Desde el punto de vista económico, este tipo de estructura urbana
y de ocupación del espacio también conduce a un callejón sin
salida. Según los estudios elaborados por la Agencia Federal del
Medio Ambiente, los costes de la destrucción ambiental (daños
estimables) en la República Federal de Alemania en 1986
ascendieron a más de 103.000 millones de marcos (6% del PNB) y,
lo que es peor, crecen exponencialmente.
La vida urbana implica concentración y variedad: la coexistencia
de personas con diferentes antecedentes y estilos de vida. La
fascinación por las ciudades deriva de la heterogeneidad y la
diversidad, de lo conocido y lo desconocido, de los problemas y
las oportunidades.
Por otra parte, las ciudades siempre han representado el "triunfo
del hombre sobre la naturaleza", la ruptura de los estrechos
vínculos y los compromisos que le unen a ella y al medio
ambiente. Los métodos industriales de producción crearon nuevas
y atractivas posibilidades. El deseo de independencia y de
liberación del compromiso y la responsabilidad personal respecto
a la naturaleza y el medio ambiente se materializa en la
construcción y el urbanismo modernos. El individuo es
independiente hasta un nivel sin precedentes de la luz del día
y de las condiciones metereológicas, de las estaciones y de las
materias primas autóctonas, así como de los ciclos naturales de
regeneración.
Para el individuo, la consecuencia es que no tiene que
preocuparse de un gran número de tareas rutinarias. La
electricidad surge de un enchufe, el agua sale por el grifo y
desaparece por el desagüe, los desperdicios se tiran al cubo de
la basura y ya no hay que preocuparse de lo que ocurre antes o
después; la leche y el pan se compran en el supermercado, los
niños se llevan a la guardería, los enfermos a los hospitales,
los ancianos a los asilos. No nos tenemos que ocupar de los
edificios y de los barrios, porque para eso están los porteros,
las sociedades de crédito hipotecario y las instituciones
públicas. La mayor disposición de tiempo libre permite la "huida
a la lejanía": el moderno turismo de masas y otras formas de
consumo del ocio. Es ahora cuando las personas comienzan a darse
cuenta que estos avances también comportan una pérdida de la
funcionalidad y del atractivo del espacio urbano personal y la
aparición de una ciudad funcionalmente dividida, basada no en el
hombre, sino en el automóvil.
El reto ecológico que afronta la sociedad industrial no tiene que
ver sólo con los aspectos tecnológicos, sino esencialmente con
el estilo de vida y los valores sociales. En este sentido, es
necesario disponer de innovaciones y soluciones razonables desde
el punto de vista ecológico para superar los problemas de la
civilización. La historia nos demuestra que, gracias a la
capacidad de innovación de las ciudades, se pueden encontrar esas
soluciones, siempre que se tenga voluntad de sobrevivir. Así,
existe una oportunidad real de que la adaptación ambiental de la
cultura urbana industrial se incorpore al curso de la Historia
y se resuelva de forma creativa.
Resulta difícil considerar la reestructuración urbana ecológica
desde un punto de vista exclusivamente teórico. La obtención de
una solución factible depende de la estrecha relación entre la
teoría y la práctica, así como de la cooperación de las diversas
disciplinas, de los principales agentes sociales y del público
en general. Los nuevos procedimientos de planificación y las
nuevas tecnologías deben ser desarrollados y analizados en
situaciones urbanas reales y aplicados de forma progresiva con
el fin de lograr gradualmente un nuevo contexto.
Con la tecnología y las medidas organizativas disponibles en la
actualidad, ya es posible reducir drásticamente las emisiones,
ahorrar recursos y aliviar la carga que pesa sobre el medio
ambiente. En un estudio encargado a un grupo de expertos por el
Ministerio Berlinés de Desarrollo Urbano y Protección Ambiental,
se ponía de manifiesto la posibilidad de ahorrar en menos de 30
años entre el 50 y el 60% de la energía empleada en las
calefacciones, con la reducción consiguiente de las emisiones
perjudiciales en casi un 70%. Asimismo, se sugería la adopción
de las siguientes medidas: aplicar una protección térmica pasiva
de los edificios, optar masivamente por el gas, utilizar la
calefacción obtenida de la cogeneración de electricidad y de
calor. Para conseguir una reducción aún mayor del consumo de
energía y de las emisiones perjudiciales, se podría recurrir a
otras medidas como la recuperación térmica, la protección térmica
temporal, la introducción de zonas intermedias de compensación
de la temperatura o la utilización activa de la energía solar.
En cuanto al agua, se demostró que se podría ahorrar más del 20%
del agua potable mediante una inversión en tecnología amortizable
en un año. Existe la posibilidad de conseguir un ahorro de hasta
el 50% si se introduce la tecnología necesaria para la
reutilización de las aguas residuales en la limpieza del inodoro
y para el uso descentralizado del agua de lluvia. Se podría
emplear esta agua de lluvia predepurada (o incluso las aguas
residuales) para la humectación de tejados y fachadas, con la
consiguiente mejora del microclima urbano. Está comprobado que
estas propuestas y conceptos pueden aliviar simultáneamente los
problemas de escasez y de contaminación del agua.
Por otra parte, al cubrir con vegetación las áreas no utilizadas,
como patios, tejados y fachadas, se multiplicarían por diez las
superficies "verdes" ecológicamente activas en las ciudades. Con
ello se conseguiría que las plantas absorbiesen una considerable
cantidad de polvo y contaminantes, con lo que se reducirían de
forma significativa las temperaturas locales en las zonas
urbanizadas y se elevaría el contenido de oxígeno y de humedad
en el aire.
La contaminación acústica podría atenuarse parcialmente adoptando
fachadas más blandas y porosas y tejados cubiertos de vegetación.
La población urbana podría incluso autoabastecerse en parte con
las hortalizas cultivadas en invernaderos situados en los
tejados. Otro efecto importante de esta ampliación de las zonas
verdes sería el cambio de los hábitos de los ciudadanos en su
tiempo libre, con la correspondiente reducción del tráfico.
Por último, se hace referencia al tema de la basura. Ya a finales
de la década de 1970 se observó que los llamados "desechos" eran
en realidad "materiales valiosos". En un hogar berlinés compuesto
por tres personas se produce una media de 810 kg de "desechos"
por año. De éstos, unos 615 kg podrían reutilizarse. Aunque
únicamente se reutilizase el 50%, la reducción de desechos en una
ciudad como Berlín con aproximadamente 3 millones de habitantes
se situaría en torno a los 1,2 millones de toneladas anuales. Se
sugirieron las siguientes actuaciones: evitar la generación de
desechos, recoger por separado los materiales y los desechos
(vidrio, papel, sustancias orgánicas y químicas, metales,
residuos), preparar abonos con los desechos orgánicos y
establecer estaciones de reciclado.
La documentación contenida en varios informes demuestra que una
transformación basada en factores ecológicos es posible en todas
las ramas y todos los sectores de la economía. Por desgracia,
sólo una pequeña parte de este conocimiento ha sido difundido y
llevado a la práctica. El "alivio ecológico" proporcionado por
la instalación de los convertidores catalíticos en los
automóviles se ha visto más que compensado por la ampliación del
tráfico rodado y por la utilización de vehículos más grandes con
más caballos de potencia. En lugar de una reducción, en la
mayoría de las ciudades se aprecia un incremento de las
sustancias contaminantes. Incluso conceptos tan loables como el
de ahorro de agua y el de aumento de las zonas verdes en la
ciudad se han ignorado plenamente.
Basándose en estas y otras experiencias, el Centro Científico de
Berlín organizó proyectos de demostración en el marco de un
proyecto internacional de investigación comparada en el ámbito
de la reestructuración urbana ecológica. Se compararon las
estrategias a nivel de barrio con las aplicadas en Polonia en la
antigua Checoslovaquia, mediante la comprobación de la
transferibilidad de los conceptos y el desarrollo de una teoría
basada en la práctica y de una estrategia para la acción. Uno de
los resultados obtenidos fue el concepto de "reestructuración
urbana ecológica", en el que se incluyen los cuatro elementos
esenciales siguientes:
Figura 3. Ocho puntos de orientación ecológica.
No es necesario renovar totalmente los criterios teóricos y
prácticos para reformar las interacciones entre la sociedad y el
medio ambiente. Más bien se deben sistematizar los principios que
inspiran una tecnología compatible social y ambientalmente y unas
formas de instalación, verificadas por siglos de experiencia.
Esta visión es la que se recoge en la terminología de los "ocho
puntos". De este modo, se estableció una base para el debate
crítico de la reestructuración urbana ecológica.
Al elegir los materiales de construcción y diseñar los productos,
es importante considerar el ciclo completo de producción, consumo
y depósito, así como los efectos que causa sobre las personas y
el medio ambiente. En concreto hay que tener en cuenta el origen,
los métodos de producción y el transporte de las materias primas,
la utilización de la energía y el tratamiento de los residuos.
Los factores de valoración de cada uno de los materiales deberán
integrarse en todas las actividades de planificación.
Puesto que la mayoría de las relaciones naturales y cíclicas de
la arquitectura, el urbanismo y los sistemas técnicos ya no se
pueden experimentar mediante los sentidos, la sensibilidad y la
responsabilidad se debilitan y surge la indiferencia respecto de
lo que es bueno o malo para la vida. Por ejemplo, la percepción
del agua en la ciudad se limita al recorrido entre el grifo y el
desagüe, por lo que nadie se preocupa de lo que ocurre antes o
después.
Por consiguiente, la labor del urbanismo consiste en desarrollar
nuevas formas de mediación entre las cualidades de la experiencia
urbana y las posibilidades de los elementos naturales. La
creación de espacios para las plantas en los tejados de los
edificios y a su alrededor o el fomento de elementos
arquitectónicos de pequeña escala que interactúen entre sí y con
la naturaleza son ejemplos de esa nueva mediación. El objetivo
es contribuir a que los habitantes de las ciudades experimenten
la riqueza de los cilos naturales.
Hoy en día, la orientación respecto al genius loci supone
relacionar la arquitectura y el urbanismo con la historia de un
lugar determinado. Así, el genius loci significa considerar la
ciudad y los barrios que la componen como una herencia viva del
pasado. Los edificios deben integrarse conscientemente como
eslabones en la cadena de la historia.
El establecimiento de una nueva simbiosis sostenible entre la
economía y el medio ambiente exige la aplicación de instrumentos
innovadores, como los impuestos sobre recursos, los recargos
sobre las emisiones, la facturación de acuerdo con el consumo
realizado, la responsabilidad ambiental, las ordenanzas de
construcción adecuadas, la legislación sobre planificación y las
subvenciones estratégicas. Además, es necesario crear las
condiciones apropiadas para la aparición de nuevas formas de
cooperación entre los sectores formal e informal de la economía
y entre la administración y sus administrados para lograr la
coplanificación, la coproducción y la corresponsabilidad en la
formación de los hábitats locales.
La política ambiental ha registrado un importante avance gracias
a la aportación de las redes municipales descentralizadas, cuyo
nuevo impulso parte de la base de la sociedad. Existen varias
sugerencias para financiar estos proyectos de "ayuda a la
automejora". Aparte de los fondos del Banco Mundial, de la OCDE
y de la OMS, es posible asignar el dividendo de la paz, es decir,
los gastos en armamento, a esta clase de actividades.
En el mencionado proyecto internacional, la elección de varios
"módulos" permitió avanzar en la especificación de los tres
ámbitos de actuación.
Figura 4. Módulos y ámbitos de actuación.
Estos módulos hacen referencia a las áreas de planificación
nuevas y establecidas, las políticas, los instrumentos y las
propuestas de investigación que tienen una especial importancia
para la reestructuración urbana ecológica. Un primer paso para
la puesta en marcha de las estrategias consiste en convocar a
diversos interlocutores (personas, instituciones y asociaciones).
A continuación, se formulan las tareas, se identifican los
obstáculos para su realización, se llega a acuerdos sobre las
soluciones y finalmente comienza la aplicación.
Se ha elegido el término "módulo" porque ilustra el principio de
que la propia eficacia de su función y su capacidad dependen de
su aplicación conjunta. Las posibilidades de aplicación
individual son limitadas. Esto no significa que se deban tener
en cuenta necesariamente todos los módulos al planificar y
aplicar los proyectos. El esquema modular es más bien una
estructura utilizada para reconocer los enfoques de actuación
adecuados en una situación específica, teniendo en cuenta las
características de cada caso.
Para la aplicación de la reestructuración urbana ecológica, han
resultado útiles tres categorías de medidas (se dispone ya de los
manuales prácticos en los que se detallan):
Se deben desarrollar soluciones ambientales para la ciudad que
tengan en cuenta las verdaderas condiciones de vida y trabajo en
los barrios y los distritos. Es necesario acometer la integración
de la planificación y de las estructuras propias de la ciudad,
como los sistemas de eliminación de desechos, consideradas en las
actualidad como meros elementos técnicos y funcionales, y
organizadas sin tener en cuenta las interrelaciones con el resto
de estructuras.
En un contexto de creciente urbanización de densificación de la
cultura postindustrial, se debe desarrollar en los barrios una
relación entre el hombre y el medio ambiente nueva y sostenible.
La nueva ética de comportamiento debe basarse en métodos
renovados de participación y corresponsabilidad.
Figura 5. Espacio interactivo para vivir, construcción y diseño.
Es necesario reorganizar la arquitectura y el diseño urbano para
construir infraestructuras a pequeña escala y redes comunitarias
que permitan poner en contacto a los habitantes de las ciudades
con los procesos y las funciones que en ellas se realizan. Para
ello, es imprescindible respetar las condiciones locales y tener
en cuenta los diversos tipos de individuos así como las
estructuras y los procesos urbanos.
Actualmente, al analizar la aplicación de medidas de ecología
urbana, se considera que los barrios y los distritos constituyene
l nivel espacial y funcional dentro de la ciudad más apropiado
para el desarrollo y la comprobación de las nuevas conexiones,
entre los modernos sistemas urbanos descentralizados y los
anteriores centralizados, ya sean éstos de carácter técnico,
político, social o económico. Las primeras aproximaciones a esta
cuestión han puesto de manifiesto que la organización de los
programas debe depender de la situación particular de cada
comunidad.
El tratamiento de los residuos exige la coordinación a nivel de
barrio de medidas como la reducción de volumen, la recogida de
materiales reciclables, tóxicos o de otro tipo y su
transformación en abono. Crear jardines comunitarios y parques
de barrio, recuperar y cultivar la tierra y cubrir de vegetación
los tejados y las fachadas son algunas de las medidas necesarias
para mejorar el microclima. También se precisa de la cooperación
en los barrios para descentralizar los sistemas de abastecimiento
de agua: agua de lluvia, aguas residuales y aguas subterráneas.
En los barrios modelo deberían establecerse medios para atenuar
el tráfico y límites de velocidad, además de recuperar y
reutilizar la superficie en beneficio de los peatones, los
ciclistas y la ampliación de las zonas verdes. Por último, el
nivel de barrio es importante para poner a prueba sistemas de
conservación de la energía y de suministro térmico, como las
centrales de cogeneración de energía descentralizadas, las
centrales térmicas locales, las tecnologías de intercambio de
calor y las tecnologías solares.
Las estrategias de comunicación ambiental deben desarrollarse en
conexión con los "módulos" de orientación más técnica. La
experiencia demuestra que las alternativas tecnológicas resultan
ineficaces cuando no se completan con información, educación y
formación. Se debe ofrecer a los residentes nuevas oportunidades
profesionales y de formación que les permitan acceder a un empleo
remunerado, pero que también les capaciten para favorecer y
apoyar la iniciativa individual y la participación en la
organización de la vida diaria del barrio.
Debido a la aplicación de nuevos proyectos de construcción y a
las nuevas demandas en la sanidad y otros servicios, se abren
nuevas posibilidades al empleo y la profesionalización en el área
de la ecología. A la reconstrucción ecológica del medio ambiente
hay que sumar la transformación ecológica de la producción y de
las actividades de servicios. Las actividades relacionadas con
la ecología sólo experimentarán un verdadero avance cuando la
organización de la vivienda, el empleo y el consumo favorezca
dichas actividades sin implicar un excesivo coste adicional ni
en tiempo ni en dinero. Es pertinente constatar la necesidad de
establecer un conjunto de medidas ecológicas a nivel de barrio.
La reconstrucción urbana ecológica puede representar un campo
beneficioso para las actividades a pequeña y mediana escala
emprendidas a nivel de barrio, así como para las empresas de
mayor dimensión, con lo que se crearían nuevos mercados y puestos
de trabajo.
Es importante destacar el establecimiento de los requisitos
adecuados para situar a la productividad económica, la
creatividad tecnológica y la motivación social en una dirección
que contribuya a mejorar las condiciones ambientales en el barrio
y en la ciudad. El desarrollo de estrategias sociales,
ambientales, políticas y económicas integradas supondrá un reto
fundamental, especialmente en los barrios de las ciudades más
afectadas por ese tipo de problemas.
Utilizando las ecoestaciones como infraestructura, se podría
desarrollar una red que incluyese las organizaciones
descentralizadas y de orientación ambiental que cubran los
aspectos comerciales, culturales y de servicios y que se centren
en la reestructuración ecológica y en las oportunidades de
mercado en los barrios.
Las ecoestaciones deben incorporar oportunidades y situaciones
que permitan a los individuos y a las instituciones apoyarse
mutuamente. Dando respuesta a la demanda de nuevos métodos
integrados y de trabajos sobre planificación y diseño, las
ecoestaciones pueden convertirse en importantes "símbolos de
planificación y diseño" para afrontar los desafíos de nuestro
tiempo.
Con las ecoestaciones, se pretende abordar los problemas locales
surgidos a escala del barrio, así como las funciones urbanas y
regionales. Inicialmente, se podrían establecer redes de
ecoestaciones en las ciudades, para posteriormente conectar éstas
entre sí a nivel nacional e internacional a través de las
tecnologías de la comunicación. Estas redes permitirían organizar
intercambios de experiencias locales, regionales e
internacionales y fomentar el apoyo mutuo junto a la cooperación
sobre proyectos o basada en la investigación.
La instalación de redes de ecoestaciones a nivel de barrio es
especialmente significativa, porque es en ese nivel en el que
convergen los aspectos micro y macro de las estructuras urbanas
y porque favorece la reorganización de las condiciones económicas
y sociales respecto a la reestructuración ecológica. En el ámbito
local, las personas se ven directamente afectadas por los
problemas y oportunidades de participación y de compromiso.
Figura 7. Moritzplatz (Berlín). Estado inicial de la zona a
principios de los 80.
Este proyecto, realizado en Berlín-Kreuzberg, se basa en una
infraestructura descentralizada desarrollada mediante un proceso
de planificación interdisciplinar y participativo. Su parte
fundamental es la aplicación y el establecimiento en el barrio
de una red de "módulos" ambientales coordinados que incluyen un
sistema integrado de energía, calefacción y a gua corriente
diseñado para complementar a los sistemas centrales de la ciudad.
Los resultados de la planificación ya han demostrado que la
construcción de una infraestructura de esas características
(central de calefacción para los edificios, sistema de
cogeneración de energía para la industria, conducciones paralelas
de suministro de agua) podría reducir el consumo de energía en
calefacción en un 50% y el de agua potable en la misma
proporción, con lo que el plan es económicamente factible. Aunque
el proyecto de demostración de los conceptos de la renovación
ambiental continúa en Moritzplatz, hasta ahora sólo se ha llevado
a cabo cada elemento por separado. Simultáneamente, se están
probando muchas de estas ideas en otros lugares de Berlín.
Un factor decisivo para la aplicación del proyecto es la
"comunicación ambiental". En Moritzplatz, el enfoque de este
factor se basa en el hecho de que ya no se considera a los
residentes en el área como meros consumidores pasivos sino en
cómo elevar el grado de comprensión ecológica de los residentes
y de otras personas afectadas y en hacerles participar en un
desarrollo gradual de los conceptos de energía, agua y residuos.
Figura 8. Moritzplatz: Módulos y Medidas.
El proyecto de Moritzplatz hace hincapié en un enfoque de diseño
socioecológico, que implica conseguir que las dimensiones
ambiental y social de la tecnología vuelvan a ser
"experimentables" y visibles. Otro de los conceptos esenciales
es el desarrollo de una "ecoestación", entendida como un centro
de comunicación, económico y de servicios, de orientación
ambiental. Se considera a los residentes en el área como
participantes activos en el desarrollo de su barrio.
Dos son los factores que han resultado primordiales para la
puesta en práctica de los conceptos ecológicos integrados:
Figura 10. Planos de localización de la manzana 6 en Kreuzberg.
Este proyecto, que afecta a 106 apartamentos y a parte de una
manzana de viviendas de Berlín-Kreuzberg, fue financiado por el
programa federal experimental de vivienda y diseño urbano, con
el objetivo de llevar a la práctica un sistema de distribución
de agua integrado, descentralizado y planificado para la
participación local. En esencia, se trata de un ejemplo de
enfoque local para facilitar el tratamiento y la utilización del
agua residual y de lluvia y conseguir ahorrar en el consumo de
agua potable. Su diseño socioecológico ofrece a los residentes
locales la oportunidad de experimentar el agua de una forma que
fomente el respeto por este elemento vital, del que con
frecuencia se hace un mal uso.
Figura 11. La manzana 6 tras la puesta en marcha del proyecto en
1988.
Las medidas correspondientes son las siguientes:
También se ha tenido en cuenta la conexión entre los resultados
positivos y las reacciones sociales. Es importante señalar que
los residentes de la manzana 6 son similares a otros inquilinos
de las viviendas públicas de Berlín. El alto grado de interés por
intervenir en la planificación y la gestión del proyecto se debe
en gran parte al enorme esfuerzo de asesoramiento y a los
programas de participación de los residentes. Éstos han
organizado su propia asociación ("Vida ecosocial"), después de
celebrar varios seminarios de planificación y han asumido la
responsabilidad de parte del mantenimiento de los sistemas de
distribución de agua (por ejemplo, la limpieza de los estanques
de tratamiento). Se ha desarrollado una nueva pauta de calidad
para el estilo de vida urbano: un sistema técnico cuyo
funcionamiento se basa en la organización social y el
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Fecha de referencia: 30-4-1998
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