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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
| Experiencias sobre rehabilitación urbana | Experiencias sobre construcción ecológica |
| Experiencias sobre energía | Actuaciones integrales |
Gloria Gómez Muñoz
Mariano Vázquez Espí
La Cumbre de Kioto sobre el Cambio Climático ha pasado, como
otras tantas, sin pena ni gloria, y lo que es peor, sin que los
países participantes hayan adoptado compromisos claros que
mejoren la situación de nuestro medio ambiente (el acuerdo de
reducción de un 5,2% de las emisiones de gases para el año 2008
no alcanza, ni de lejos, el 60% recomendado por los
científicos).[1] Sin restar valor a las buenas intenciones de los
políticos por frenar el cambio climático y el deterioro del
planeta, el problema parece estar en otras manos. Como muy bien
refleja la sabiduría popular: "a grandes males, grandes
remedios"; así que la reducción de emisiones nocivas pasaría
necesariamente por un cambio radical en el sistema energético
mundial y en nuestros estilos de vida, algo que seguramente no
veremos nosotros ni nuestros hijos e hijas.
La postura de algunos de los países más industrializados y de las
grandes empresas petroleras hace dudar mucho de que los acuerdos
sirvan de algo, ya que se han incluido toda una serie de
conceptos que van a permitir el comercio de emisiones de CO2
entre gobiernos y empresas privadas y sobre todo porque el
protocolo firmado no es de obligado cumplimiento (se puede
conseguir en la página oficial de la Secretaría de la convención
sobre el Cambio Climático).
Aún así, es importante señalar que el cuestionamiento del
crecimiento de las actividades industriales durante esta Cumbre
puede ser un primer paso hacia la búsqueda de la solución al
problema del calentamiento del planeta. De éste hay quien sigue
empeñado en dudar, pero el reciente desprendimiento de otra placa
de hielo en la Antártida, o los informes cualitativos y
detallados de campesinos en todo el mundo sobre los desórdenes
climáticos en sus regiones, hacen innecesario el uso de
sofisticados instrumentos de medida y cálculo para tener razón
y sensación del desorden que se avecina.
Aprovechando la actualidad del tema, dedicamos este nuevo número
del Boletín al cambio climático y a la construcción de nuestras
ciudades. La industria de la construcción es responsable de al
menos la mitad de la contaminación ambiental. Para evitar el
cambio climático es necesario, y prioritario, conseguir una
construcción más sostenible en el sentido amplio del término.
Quizá, en sentido estricto, lo más sostenible sería no construir
más edificios allí donde la cantidad de población permanece
estable, y empezar a reutilizar los existentes. Puesto que esto
parece imposible, lo más coherente sería actuar de la forma más
sostenible posible en todas las fases, tanto en el diseño como
en el proceso constructivo. De poco sirve usar materiales
ecológicos si nuestros edificios están mal orientados y necesitan
para calentarse una gran cantidad de energía, que se produce
diariamente emitiendo grandes cantidades de CO2.
Entre los artículos seleccionados para este boletín se incluyen
tanto las valoraciones de la cumbre de Diego Azqueta y Juan
Carlos Rodríguez Murillo, como las propuestas de acciones
concretas para reducir las emisiones, de AEDENAT, CODA y CCOO.
En medio de este monográfico, y no por casualidad, hemos situado
una reflexión abstracta y global de Antonio Valero, sobre la
Termoeconomía, como punto de partida para un uso más sostenible
de los recursos del planeta. Frente a todos los complicados
entresijos de las discusiones técnicas que hubo en Kyoto, resulta
sorprendente lo simple que resulta el balance energético global
de la Tierra. Sólo desde esas cuentas globales será posible
separar el grano de la paja en lo que se refiere a las futuras
políticas, y como Valero señala, todavía hay cierto lugar para
la esperanza.
La construcción de la ciudad requiere soluciones a diferentes
escalas, tal y como reflejan los artículos escogidos que abarcan
desde la rehabilitación ecológica de la ciudad que nos ofrece
Ekhart Hahn, pasando por una reflexión de Margarita de Luxán
sobre el diseño ecológico en las "arquitecturas de firma", hasta
propuestas de uso de materiales no contaminantes y ejemplos de
edificaciones en las que se han tenido en cuenta criterios de
sostenibilidad.
Para este monográfico nos hubiera gustado contar con información
oficial del Ministerio de Medio Ambiente, pero hasta el momento
no se ha elaborado ningún documento que marque las líneas de
actuación después de la cumbre. También contactamos con el
Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE),
que no sabe todavía si este tema se encuentra entre sus
competencias. Hemos contactado con varias otras instancias
oficiales en España, pero en la mayoría de los casos, lo más que
hemos conseguido es disfrutar de la amabilidad de la persona de
contacto. La brevísima aportación de la Empresa Municipal de la
Vivenda de Madrid (España) es una buena muestra de nuestro escaso
éxito. Esperemos que aunque lenta, la Administración pública
española acabe por dar al público por todos los medios (incluido
éste) los resultados de sus estudios sobre el particular.
Por último agradecer la colaboración de Pere Subirana sobre la
creación de una sociedad más sostenible a través de la
participación de los ciudadanos.
Fecha de referencia: 30-4-1998
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