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Boletín CF+S > 49: Octavo Catálogo de Buenas Prácticas Españolas > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n49/acmen.html   
Pobreza y Exclusión social: buenas prácticas para la inclusión
Carmen Meneses Falcón[1]
Madrid (España), abril de 2011.

Pobreza y exclusión social. Dos conceptos complementarios

Diversos autores han planteado que el concepto de exclusión social quiere recoger aspectos y dimensiones más amplias que las que contempla el concepto de pobreza (Cabrera, 2002; Raya, 2004; Subirat et al., 2005). Con anterioridad a la utilización y aparición del concepto de exclusión social, las privaciones humanas eran caracterizadas como pobreza, recogiendo principalmente las carencias de necesidades básicas materiales en la que muchas personas se encontraban, de forma que la ausencia de recursos materiales imposibilitaba la participación en el consumo de bienes y en las condiciones de vida de una sociedad determinada.

En este sentido, se ha planteado una tipología de representaciones de pobreza en Europa (Simmel, en Hernández Pedreño, 2008): en primer lugar, la pobreza integrada, por la cual las personas pobres serían numerosas pero no estarían estigmatizadas, situadas en territorios que tradicionalmente se han considerado poco desarrollados; en segundo lugar, la pobreza marginal, que conformaría un grupo menor de población, al que se le consideraría como inadaptado y estigmatizado socialmente, y, por último, la pobreza descalificadora, que aglutinaría a un colectivo de población numeroso, al que se ha expulsado de la esfera productiva y que con anterioridad estaba integrado. Estas personas se encontrarían en situaciones de vulnerabilidad debido a la precariedad en el acceso a recursos básicos. A éstos sería a los que competería el concepto de exclusión social.

La participación en todas las esferas de una sociedad no se reduce exclusivamente a un aspecto económico y material, aunque éste sea muy importante. Existen otros obstáculos que impiden dicha participación. Se pueden tener recursos económicos muy bajos y no encontrarse excluido socialmente. Para recoger estas dimensiones y características, que el concepto de pobreza no contemplaba, emerge el término exclusión social.

La exclusión social es un proceso dinámico y acumulativo de barreras y dificultades que apartan de la participación en la vida social a personas, familias, grupos y regiones, con relaciones desiguales con el resto de la sociedad. La exclusión social lleva implícita una serie de características (Cabrera, 2005; Subirats et al., 2005):

  1. Es estructural, puesto que sus causas no se encuentran situadas en el plano individual sino en la estructura de las sociedades postindustriales, que genera acceso desigual a los recursos, así como espacios de desintegración y no participación, expulsando hacia los márgenes a sectores de población, o territorios. La merma del Estado de Bienestar y de los niveles de protección social han contribuido a acrecentar los procesos de exclusión y pobreza.
  2. No es una situación fija, sino un proceso dinámico, cambiante, que puede modificarse en diferentes sentidos, desde zonas de integración a zonas de exclusión, y nuevamente de integración. El riesgo y la vulnerabilidad son conceptos importantes en esta situación dinámica y las buenas prácticas de intervención y los recursos apropiados pueden hacer reversibles los procesos de exclusión.
  3. Es relacional, de relaciones construidas en el acceso desigual a los recursos con el resto de la sociedad, es decir, de carencia de relaciones de ciudadanía.
  4. Es multidimensional, pues no contempla una sola dimensión como conductora de los procesos de vulnerabilidad y exclusión, sino diferentes aspectos del desarrollo humano.

Esta multidimensionalidad es lo que permite hablar de forma diferenciada de pobreza y exclusión social. Como ha planteado Cabrera (2002), hablamos de pobreza cuando nos referimos principalmente a la privación de recursos materiales y económicos, mientras que utilizamos exclusión social cuando queremos incluir la ausencia de participación en la esfera no sólo económica, sino política, cultural y social, es decir, cuando se carece de los derechos de ciudadanía. Además, hace referencia a las dinámicas dentro/fuera de la sociedad en la participación de las personas y grupos en distintas esferas de integración, como son el mercado de trabajo, las relaciones sociales y familiares o la vivienda (García Laso, 2003). Más concretamente estas dimensiones que componen la exclusión social son:

Estas dimensiones se interrelacionan entre sí, puesto que una única dimensión no satisface las necesidades de las personas, grupos o comunidades. La acumulación de carencias en cada una de estas dimensiones genera una privación múltiple que limita las posibilidades de desarrollo y las salidas de la exclusión.

La exclusión social se muestra de forma diferente en cada sociedad y estado, determinada por las estructuras sociales, políticas y económicas en cada uno de ellos. Por otra parte, se relaciona con otros factores que pueden aumentar la vulnerabilidad hacia la exclusión como son la edad, el sexo y el género, y la etnicidad. En la medida que los estados fortalezcan y crezcan sus sistemas de protección y seguridad y eliminen las actuaciones segregacionistas en el acceso a los recursos, reducirán la vulnerabilidad y la exclusión social en sus sociedades.

¿Quiénes viven los procesos de exclusión social?

El 17% de los europeos, alrededor de 85 millones de personas, carecen de los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas, en una de las zonas más ricas del planeta (EUROSTAT, 2010). Sin embargo, esta proporción puede ser mucho mayor si se contabilizan las personas y grupos que se encuentran en situación de vulnerabilidad hacia la exclusión social.

Diversos estudios han puesto de relieve una serie de situaciones o circunstancias que viven personas o grupos con mayores probabilidades de vulnerabilidad a la exclusión social, o que ya viven un proceso de exclusión social (Raya, 2004). Sin ánimo de ser exhaustivos, podemos destacar como colectivos principales los siguientes:

Estos colectivos de personas no se encuentran en una situación estática de vulnerabilidad o exclusión social, sino que tienen reducidas sus posibilidades de participación como ciudadanos y pueden cambiar. En la medida que las intervenciones sociales sean preventivas y reparadoras, y no paliativas y reproductoras (Estivill, 2003), se podrá erradicar dicha exclusión social.

Buenas prácticas de inclusión

Las buenas prácticas son referenciadas en muchos contextos y disciplinas, y existen multitud de publicaciones acerca de lo que se considera un buen hacer en cada una de ellas. Por tanto, existen unos criterios que permiten decidir si una actuación puede ser considerada como una buena práctica o no. Eso significa que puede servir de modelo para otras actuaciones y por tanto se le da un reconocimiento público de la misma.

Podemos considerar una buena práctica de inclusión social a aquella que tiene en cuenta todas las dimensiones que contribuyen a los procesos de exclusión social, e incide, en mayor o menor medida, en cada una de ellas, atendiendo a sus posibilidades y recursos. Por tanto, se trata de acciones que permiten la inclusión social de las personas, grupos y comunidades.

Partiendo de los criterios del Concurso de Naciones Unidas, una buena práctica de inclusión social debe tener en cuenta:

Referencias bibliográficas

Cabrera Cabrera, P.  (2002)   «Cárcel y Exclusión social»,   Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, número 35, pp. 83-120. 

Cabrera Cabrera, P.  (2005)   Nuevas tecnologías y exclusión social. Un estudio sobre las posibilidades de las TIC en la lucha por la inclusión social en España.   Madrid: Fundación Telefónica. 

Estivill, J.  (2003)   Panorama de la lucha contra la exclusión social. Conceptos y estrategias   Ginebra: Oficina Internacional del Trabajo. 

García Laso, A.  (2003)   El concepto de exclusión social,   en VVAA, Análisis económico de la exclusión social. Madrid: Consejo Económico y Social. 

Hernández Pedreño, M. (coord.)  (2008)   Exclusión social y desigualdad.   Murcia: Universidad de Murcia. 

La Parra, D. & Tortosa J.M.  (2002)   «Procesos de exclusión social: redes que dan protección e inclusiones desiguales»,   Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, número 35, pp. 55-64. 

Raya, E.  (2004)   «Exclusión social y ciudadanía: claroscuros de un concepto»,   Revista de Ciencias Sociales, número 9, pp. 1-9. 

Subirats i Humet, J. & Gomà Carmona, R. & Brugué Torruella, J.  (2005)   Análisis de los factores de exclusión social.   Bilbao: Fundación BBVA. 

Notas


[1]: Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad de Comillas. Experta en el VIII Concurso Internacional Dubai 2010, en las áreas temáticas de Gobernabilidad Urbana y Género y Lucha contra la Exclusión Social


Edición del 27-09-2011
Revisión: Rebeca Fernandez Yunquera
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