Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Incidencia de las competencias municipales en el Cambio Climático
Rafael Córdoba Hernández| Madrid (España), junio de 2007.
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4 La debilidad del gigante: las ciudades

Para reducir las emisiones de GEI a nuestra atmósfera debemos ser conscientes de que nosotros hemos creado el problema, y que no ha sido otra sociedad la que ha abusado de los recursos y a la que no le preocupa lo más mínimo lo que le suceda a nuestro medio ambiente. Así pues, la especie humana, como contribuyente al problema, no puede eludir su responsabilidad de promover un cambio.

Este cambio nace de cada individuo, de cada persona, pero necesita de un soporte mayor para lograr una mejor efectividad. La mayor parte de la gente vive en las ciudades y, por tanto, es en ellas dónde debe nacer el movimiento de cambio, y dónde se debe hacer de motor del mismo.

En la actualidad, las ciudades y los pueblos no sólo crecen en tamaño y número, también están adquiriendo mayor influencia. Con la descentralización política y fiscal que se está llevando a cabo en todas las regiones, las autoridades municipales tienen mayores atribuciones (aunque capacidad insuficiente) para encargarse de los servicios locales, que afectan la vida la cotidiana de la población. Pero el movimiento no debe surgir únicamente porque en ellas viva más gente; la mayor parte de las actividades que se producen en las grandes metrópolis dañan el equilibrio de nuestra atmósfera.

La definición e identificación de lo rural y lo urbano es relativamente compleja. El proceso de urbanización dejó de ser hace mucho tiempo un mero asunto cuantitativo para pasar a ser un asunto cualitativo. Lo urbano ya no está únicamente en las ciudades. En algunas de las denominadas zonas rurales se han ido adquiriendo de forma progresiva los modos de vida considerados urbanos, así como la tecnología de las ciudades. En la actualidad, y para muchas personas, la denominada polaridad entre lo rural y lo urbano desaparece. Ahora se habla ya de metrópolis, de megalópolis, y de ciudades-mundo. Así, los datos reflejados en el Cuadro 8 pueden ser discutidos según lo que entendamos por un término u otro. De todos modos la tendencia presentada está clara y la población tiende a concentrarse en los grandes núcleos urbanos.


Cuadro 8: Evolución de la intensidad de urbanización.

Fuente: Banco Mundial (2000, pág. 2)
Población 1960 1990 2020
Población rural 87% 63% 45%
Población urbana 13% 37% 55%
Total(millones de personas) 2.500 4.900 8.100


Según datos del Banco Mundial, mientras a mediados del siglo pasado algo menos de un 30% de la población mundial (2.500 millones) vivía en las ciudades, a comienzos del siglo XXI ya habitaba en ellas más de la mitad de los seres humanos. Los últimos estudios plantean que en el año 2025 el porcentaje aumentará a cerca de un 60% (8.300 millones), hasta alcanzar en el 2050 más de 6.000 millones (tantas como hoy habitan el planeta).

Las ciudades funcionan como atractores no sólo de población, capitales y recursos, sino de todo lo que esto conlleva. Podríamos definirlas como grandes sistemas abiertos cuya estructura y pervivencia dependen de una entrada de materiales y energía (recursos naturales), que obtienen de la explotación de otros sistemas de la naturaleza.

Los flujos de estos recursos circulan desde cualquier parte del mundo hasta las ciudades y, dependiendo del modelo organizativo adoptado por la misma, la explotación de recursos aumentará o disminuirá con el tiempo. De este modo, una política enfocada a la reducción del número de vehículos circulando (y la consiguiente reducción del consumo energético) supondrá una reducción de la emisión de gases contaminantes. Del mismo modo, si una ciudad tiene la intención de cambiar su suelo agrícola por una nueva urbanización, el volumen de emisiones de GEI aumentará. Así, la presión de las ciudades sobre el entorno depende de cómo se organicen.

Pero, para qué vamos a engañarnos, el camino elegido en los últimos años no ayuda a disminuir ni la presión sobre el entorno ni las emisiones de GEI.

Las transformaciones recientes en los procesos de urbanización han avivado el debate sobre el modelo de ciudad. La esencia del debate se concentra en los rasgos de extensión y compacidad de la ciudad, que se traduce en el plano sociológico sobre las condiciones urbanas que permitan garantizar la cohesión y la diversidad social; normalmente estas polémicas conducen a la oposición de dos arquetipos de ciudad: la ciudad compacta (ciudad tradicional europea) y la ciudad extensa (ciudad difusa o suburbanización).

El sistema urbano actual sigue el modelo anglosajón de ciudad difusa, y se caracteriza por tener el claro propósito de consumir ingentes cantidades de energía y otros recursos naturales como suelo, materiales, etc... El resultado es una ciudad que se difumina en el campo, ocupando áreas cada vez más extensas.

El paisaje empieza a poblarse de pequeñas agrupaciones de chalet con piscina, organizados en urbanizaciones de baja densidad y de grandes complejos de centros comerciales y de ocio. Además, la industria ya no se encuentra en la ciudad, ahora tenemos que salir a los núcleos más próximos de las grandes urbes para localizar los nuevos centros de trabajo en Parques Tecnológicos, Empresariales o Industriales. Paralelamente, la ciudad ve reducidas sus zonas verdes y de ocio, que, en este último caso,también se trasladan al extrarradio. Así, la ciudad difusa consigue tener de todo pero de una forma mucho más dispersa y separada funcionalmente.

Esta forma de actuar multiplica el consumo del suelo, de energía y de materiales y, por lo tanto, de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Además, sus usuarios sufren la segregación social al vincularse las clases de menores recursos a las periferias de las grandes ciudades y un notable deterioro del espacio público por la creciente presencia del automóvil y la reducción de la vegetación.

La forma de construcción de las ciudades constituye una cuestión importante y depende mucho de la red de transporte. En las ciudades europeas se desarrolló un sistema público de transporte urbano que ha propiciado un crecimiento mucho más compacto. Por su parte, muchas otras ciudades (principalmente en Estados Unidos) que han surgido en la época del automóvil tomaron a éste como elemento fundamental a la hora de determinar su configuración.

En la publicación Libro verde del Medio Ambiente urbano (MMA, 2007:22-27) se analizan una serie de consecuencias del proceso urbanizador que se está llevando a cabo en nuestro país, que no ayudan a frenar las emisiones de GEI:

El modelo de urbanismo que se acomoda mejor a los propósitos de reducción de emisiones es el mostrado por la llamada ciudad mediterránea. Este modelo se caracteriza por tener una compacidad y densidad no reñidas con la continuidad formal, multifuncionalidad, heterogeneidad y diversidad que encontramos en toda su extensión. Las emisiones de GEI son notablemente inferiores en este modelo. Además, en él se ahorra consumo de suelo (no produciéndose emisiones por cambio de uso del mismo), energía (la energía requerida para desplazar un automóvil crece necesariamente con la distancia y la velocidad) y recursos materiales.

Las diferencias y los problemas derivados de uno y otro modelo han sido ampliamente discutidos, y especialmente ahora cuando unos 3.000 millones de personas (la mitad de la población mundial) es ya urbana. En el Cuadro 9 se muestran las principales diferencias de ambos modelos en cuanto a la explotación del medio y el impacto que generan.

Como venimos observando a lo largo del trabajo, por causa de las actividades humanas está aumentando el nivel de GEI en la atmósfera (con inclusión del dióxido de carbono, metano, óxidos nitrosos y otros gases resultantes de los procesos industriales). Pero no todas las actividades emiten GEI, ni las que los emiten lo hacen en la misma proporción.

Según los datos del Informe Stern las principales emisiones en el año 2000 fueron de origen energético. El 68% de las 42 GT de CO2 emitidas en dicho año son de este tipo, mientras que el restante 32% proviene de emisiones no energéticas. El primer grupo está formado por las emisiones procedentes de la energía (24%), el transporte (14%), la industria (14%), los edificios (12%) y otras actividades (5%). Por su parte, las emisiones de GEI procedentes de emisiones no energéticas provienen del uso de la tierra (18%), la agricultura (14%) y los desechos (3%).

En el Cuadro 9 se sintetizan las principales causas, efectos y consecuencias del Cambio Climático para los habitantes de este planeta. Una vez conocidas las causas ya sólo nos queda enfrentarnos a ellas. La mejor manera para frenar el Cambio Climático es disminuir las emisiones de dióxido de carbono a nuestra atmósfera.


Cuadro 9: Resumen de causas, efectos y consecuencias sobre las ciudades del Cambio Climático.

Fuente: IPCC (2001b)

Causas

Efectos

Consecuencias


  • Cambios de uso del suelo.
  • Producción/quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas, electricidad, transporte).
  • Aumento de temperatura media.
  • Elevación del nivel del mar.
  • Cambios en los regímenes de precipitaciones.
  • Aumento de los periodos de sequía prolongada.
  • Incremento de la frecuencia y severidad de las olas de calor.
  • Aumento del efecto de la burbuja urbana.
  • Pérdida de los principales potenciales de tipos específicos de ecosistemas.
  • Alteración en la dinámica de producción de alimentos.
  • Aumento de la incidencia de enfermedades originadas por vectores.
  • Aumento del riesgo de incendio en los bosques.
  • Desplazamiento o deslizamiento de tierras.
  • Modificación en la demanda de la energía.
  • Cambios en la disponibilidad de agua.


4.1 El cambio (climático) en las ciudades

Las ciudades, como todos sabemos, acumulan prácticamente la totalidad de la actividad económica del mundo y sufren con la máxima crudeza las distorsiones que esta misma actividad provoca. Esta relación se puede aplicar tanto a las ciudades del mundo económicamente más desarrollado como al mundo en vías de desarrollo. Pero la importancia de tomar medidas en las mismas no es idea de unos pocos. Cabe destacar como ejemplo el informe del Banco Mundial El estado de las ciudades del mundo (2004-2005), donde se señala que «es en las ciudades donde la sostenibilidad tiene seguramente su batalla más delicada».

La ciudad se ha convertido en el medio principal donde el ser humano desarrolla su vida. Este medio tiene sus propias características de funcionamiento interno, y necesita constantes medidas de corrección a favor de la salud y la calidad de vida de todos sus integrantes. La satisfacción de las necesidades y las consecuencias de las actividades humanas en las ciudades requieren de la planificación, así como de la adecuada gestión de las autoridades, pero también de la colaboración de los ciudadanos. Tenemos capacidad de elección de bienes y servicios y, además, somos amplificadores directos de la generación de residuos y de la contaminación.

De forma paralela a los efectos que puede tener el Cambio Climático en nuestras ciudades, no podemos olvidarnos de que en sí mismas ya reúnen una serie de características climáticas que las diferencian de otras aglomeraciones urbanas. Algunas de estas características reunen los siguientes aspectos:

Si las ciudades que todos conocemos se caracterizan por algo es por tener un tráfico colapsado; un sistema energético anticuado, ineficiente y despilfarrador; un ambiente irrespirable...Todos estos rasgos además de describir la ciudad producen una cantidad ingente de emisiones de GEI.

Sobre el término sostenible

Tras la aparición del informe Nuestro futuro común (1987-1988) coordinado por Brundtland, 1987 en el marco de las Naciones Unidas, se fijó como objetivo lograr un desarrollo que permita «satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas».

Entendido de este modo, el desarrollo sostenible es un concepto mucho más amplio que el de protección del medio ambiente, ya que implica una preocupación por las generaciones futuras y por la salud e integridad de nuestro entorno a largo plazo. El desarrollo sostenible implica no sólo la preocupación por la calidad de vida, sino que se preocupa por la igualdad entre las personas en el presente, por la igualdad intergeneracional y por el aspecto social y ético del bienestar humano. Además, establece que el desarrollo sólo debe continuar en la medida en que los sistemas naturales y humanos lo puedan soportar.

Este concepto, que al igual que otros muchos está de moda, ha llegado a las grandes urbes. Pero no han llegado en su totalidad, sino que se ha quedado con la parte más comercial o la que más vende, puertas afuera del ayuntamiento. Se ha creado un sinónimo entre sostenibilidad y los aspectos verdes de la fórmula.


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Figura 8: Concepto de desarrollo sostenible

Fuente: Elaboración propia.


El desarrollo económico acelerado del último siglo está relacionado con un mayor uso de los recursos naturales para ser utilizados por unos sistemas de producción cada vez más eficientes, y se produce al mismo tiempo que un espectacular incremento de la población mundial, particularmente de la urbana. Todo esto ha llevado a que la huella ecológica de las ciudades sea cada vez mayor, de modo que el territorio no afectado es cada vez menor en el planeta.

El alto grado de multivocidad que han alcanzado palabras como «sostenibilidad» o expresiones como «desarrollo sostenible» ha generado un claro vacío de contenido en las mismas. Esta tendencia ha restado credibilidad a las políticas relacionadas con el tema cuando, tras más de una década de programas y aplicaciones, no se observa que el propósito tantas veces enunciado de la sostenibilidad esté contribuyendo de modo efectivo a reconvertir los sistemas urbanos hacia modelos ecológicamente más viables y socialmente más recomendables que los actuales. Ejemplos de que la situación ha empeorado en nuestro país desde que se puso de moda el discurso de la sostenibilidad urbana son que la ocupación territorial, el urbanismo y la construcción registran hoy patrones de comportamiento menos ecológicos que hace diez o quince años, a la vez que se acentúan los signos de polarización social.

La acentuación de los elementos ambientales se puede explicar por la simplificación del concepto en vista a su difusión entre la ciudadanía. Como ya señalamos en capítulos anteriores, en un momento en el cual el término sostenible ha pasado de ser un vocablo exótico a una expresión de uso casi generalizado, ha llegado la hora de reivindicar los otros elementos que conforman este pensamiento y que tienen que ver con otras esferas, y no generalizar con la afirmación de que plantando un árbol ya hemos contribuido a salvar el mundo.

La ciudad ha de ser considerada como un sistema complejo que requiere de una serie de instrumentos adaptados a un gran número de circunstancias. Aunque el sistema es confuso, se deben buscar soluciones simples que resuelvan más de un problema a la vez o que puedan combinarse entre sí.

Por estas razones, no podemos hablar de soluciones globales o recetas aplicables a todas las ciudades, sino de distintas aportaciones que se pueden hacer de modo local para mejorar globalmente nuestro medio ambiente.

Los cambios de uso del suelo

A medida que se intensifica la actividad económica en las ciudades, se observa un incremento de la demanda de transporte, en particular por carretera y vía aérea. Independientemente del aumento de la eficiencia o de la mejora de los vehículos, no se han conseguido reducciones considerables en la calidad del aire ni en las emisiones de gases de efecto invernadero. Así, la mejora obtenida ha quedado más que anulada por el aumento del transporte de pasajeros y mercancías.

Además de las emisiones, el impacto del transporte está ligado a la ocupación del suelo. Los datos del Observatorio de Sostenibilidad de España (OSE) sobre los cambios del uso del suelo en nuestro país no son muy alentadores. El problema no remite, sino que va en aumento. Según un informe realizado por dicho organismo en el año 2006 «la superficie destinada a autopistas, autovías y terrenos asociados aumentó según el Informe [...] Cambios de Ocupación del Suelo en España, y siguiendo la metodología empleada en el Corine Land Cover (CLC), un 148%; la dedicada a complejos ferroviarios un 20,29%; zonas portuarias un 18,64% y aeropuertos un 6,6%» (OSE, 2006:38). Como ejemplo, diremos que si en 1987 las autopistas, autovías y terrenos asociados ocupaban cerca de 40.000 ha. en nuestro país, en el año 2000 la cifra había aumentado cerca del 225% y superaba las 90.000 ha.

Las emisiones energéticas de las ciudades

Pero el problema no reside únicamente en la cantidad de habitantes que van a residir en las ciudades, sino que también hemos de pensar en que toda esta gente necesitará comer, ir al trabajo, estar caliente en invierno...Todo esto se traducirá en un aumento notable de los recursos que tenemos en la actualidad.

Las ciudades son foco del crecimiento económico y del proceso de Cambio Climático. De acuerdo con el informe Población y futuro urbano del Instituto de Población en Washington «las ciudades sólo ocupan un 2% del total del suelo del planeta pero albergan un 50% de la población mundial, consumen el 75% de sus recursos y generan el 75% de los residuos».

Las secuelas del crecimiento incontrolado al que nos someten la planificación urbana y las infraestructuras son, entre otras, un alto grado de uso energético poco eficiente y la contaminación del aire y del agua. Debido a la gran concentración de personas e infraestructuras, las consecuencias del Cambio Climático se expresan de manera más intensa.

Como podemos ver en la Figura 9, a la concentración de dióxido de carbono en el aire contribuyen los tubos de escape de los automóviles y las emisiones industriales; pero otro papel importante lo asumen la calefacción y el empleo de electrodomésticos. Los sectores productivos que más dióxido de carbono emiten son los energéticos (gas y electricidad), el cemento, las refinerías, la siderurgia, las grandes químicas, la cerámica, el papel y el vidrio.


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Figura 9: Emisiones de dióxido de carbono según sectores productivos.

Fuente: IPCC (2001b). Elaboración propia para Temas ambientales clave para un planeamiento sostenible. DUyOT, ETSAM.


4.2 Los puntos débiles de las urbes

Los defensores de la vida en la ciudad entienden que lo beneficioso de la misma radica en la cantidad de recursos y actividades que tiene. Sin embargo, depende de donde vivas: en un relativamente pequeño radio de actuación puedes tener una oferta considerable tanto de ocio, cultura y gastronomía, como de servicios sanitarios, pero si vives en el campo ya te puedes ir olvidando de los grandes espectáculos de la Gran Vía madrileña, de la oferta cultural del eje Prado-Recoletos, de la oferta culinaria del casco madrileño o de los servicios médicos de grandes hospitales. Aparentemente «no hay color».

A priori parece difícil entender que las ciudades puedan ser las principales perjudicadas por los efectos del Cambio Climático. ¿Cómo se puede hacer ver al ciudadano que toda esa oferta puede desaparecer de un día para otro? Las ciudades vienen a ser como Goliat, y como él tienen, al menos, un punto débil.

Nuestra sociedad se basa en dos grandes pilares. Por un lado está nuestra capacidad para cultivar la suficiente comida para sustentar a un gran número de personas que se ocupan de tareas distintas a la de cultivar; y por otro, nuestra capacidad para vivir en grupos lo suficientemente grandes como para mantener importantes instituciones. Estas aglomeraciones se conocen como ciudades.

El éxito de las ciudades se ha basado históricamente más que en su eficacia económica, en su capacidad de garantizar la libertad de los ciudadanos y su responsabilidad social. Pero ante el Cambio Climático éstas han de buscar nuevas aptitudes para su continuidad en el tiempo.

La mayoría de la población mundial vive, trabaja, se mueve y consume en las ciudades. En nuestras grandes urbes se originan la mayor parte de las emisiones de GEI así como la inmensa mayoría de los residuos sólidos domésticos, de los residuos industriales y de los residuos hospitalarios.

Por otro lado, las ciudades han sido y siguen siendo elementos clave para la civilización. Del mismo modo que fueron entidades frágiles en un pasado, también lo son en el presente; para el correcto funcionamiento de una ciudad es necesaria la circulación de flujos (alimentos, agua, energía, información...) y estos pueden verse seriamente afectados por el Cambio Climático al no estar asegurado su suministro.

Realmente, las ciudades ante el Cambio Climático actúan más como las plantas que como los animales, pues están inmóviles y dependen de intrincadas redes para el abastecimiento de agua, alimento y energía para seguir viviendo.

A la pregunta de si el Cambio Climático puede amenazar los recursos que necesitan las ciudades para sobrevivir parece haber una clara respuesta. Algunos historiadores cifran hasta en un tercio el total de civilizaciones, como la maya o la romana, que en el pasado desaparecieron a causa del agotamiento de sus recursos. De igual manera, un brusco cambio climático podría ejercer una tensión en nuestra sociedad, pues alteraría la localización de las fuentes de agua o de comida.

El agua será el primero de los recursos afectados: dado que pesa y su precio es bajo, tiene baja rentabilidad en el transporte desde largas distancias. Casi todas las ciudades obtienen sus abastecimientos hídricos de la región donde se hallan, en zonas lo bastante pequeñas como para que un Cambio Climático suave ya se deje sentir esto será un importante problema. Alimentos como el cereal, en cambio, son fáciles de transportar y a menudo vienen de lejos, lo que significa que sólo un trastorno realmente global causaría escasez en las ciudades del mundo.

Como ya hemos visto previamente, un único temporal puede producir enormes daños. Especialmente en ciudades y municipios situados en zonas expuestas a catástrofes, como la costa y la cercanía de los ríos, se convierten en la diana de catástrofes naturales.

En el Tercer Informe de Evaluación se establece que el Cambio Climático afectará a los asentamientos humanos en alguna de las formas siguientes (IPCC, 2001c: 36-39):

En el mismo documento, el IPCC (2001c:13) establece que «el riesgo directo que en más partes del mundo afecta a los asentamientos humanos como consecuencia del Cambio Climático es el de inundaciones y movimientos de tierra, agravados por el aumento previsto de la intensidad de las lluvias y, en las zonas costeras, por la subida del nivel del mar. Están particularmente amenazados los asentamientos en las vertientes de los ríos y del mar (alta confianza), pero la inundación urbana puede ser un problema en cualquier parte en la que hubiese una capacidad inadecuada de los sistemas de gestión de alcantarillas, suministro de aguas y desechos».

Lo más preocupante de esto es que cerca del 50% de la población mundial vive en las proximidades del mar (en una franja que no alcanza los cien kilómetros. de anchura), y en nuestro país la cifra no es muy distinta (los municipios costeros con cerca del 7% del territorio dan cobijo a cerca del 45% de la población) (RECC, 2006b).

Si nos fijamos en la Figura 10, podemos comprobar cuáles serían las zonas más vulnerables. También podemos valorar la distribución de las ciudades en el mundo. Europa, el este de Estados Unidos y Japón están brillantemente iluminados por sus ciudades, mientras que las zonas interiores de África, Asia, Australia y Sudamérica permanecen, por ahora, oscuras y poco pobladas.


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Figura 10: Contaminación lumínica generada por el tsunami urbanizador.

Imagen de Craig Mayhew y Robert Simmon, NASA GSFC. Basada en datos del Satélite Meteorológico del Programa de Defensa, cortesía de Christopher Elvidge, NOAA National Geophysical Data Center. Año 2000.



Edición del 25-1-2012
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Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid Universidad Politécnica de Madrid
Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad
Departamento de Estructuras y Física de la EdificaciónDepartamento de Urbanística y Ordenación del Territorio
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