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Incidencia de las competencias municipales en el Cambio Climático
Rafael Córdoba Hernández| Madrid (España), junio de 2007.
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2 Malos entendidos sobre el Cambio Climático

Antes de abordar el papel que juegan o pueden llegar a jugar los municipios a la hora de enfrentarnos al Cambio Climático, debemos tener claro de qué estamos hablando.

De unos años para atrás, se está hablando con intensidad de este término, aceptando que todos sabemos lo que significa y los factores que en él intervienen, pero ¿realmente es así? Para entender qué es el Cambio Climático debemos conocer otros conceptos previos y algunas quimeras que sobre él nos han contado.

2.1 El efecto invernadero

El mecanismo del efecto invernadero

A largo plazo, la Tierra debe liberar al espacio la misma cantidad de energía que absorbe del Sol. La energía solar llega en forma de radiación de onda corta, parte de la cual es reflejada por la superficie terrestre y la atmósfera. Sin embargo, la mayor parte pasa directamente a través de la atmósfera para calentar la superficie de la Tierra. Ésta se desprende de dicha energía, enviándola nuevamente al espacio en forma de radiación infrarroja de onda larga(Figura 1).

El llamado efecto invernadero es un proceso natural por el cual los gases que están presentes en la atmósfera captan la radiación que la Tierra reemite al espacio. Dicha emisión hacia el exterior no es otra cosa que el producto del calentamiento de su superficie por la radiación solar. Así, el efecto invernadero hace que la temperatura media terrestre sea cerca de 33°C superior a la temperatura que tendríamos de no llevarse a cabo este proceso. De no producirse éste, la vida no existiría tal y como la conocemos en la Tierra.

La superficie terrestre, los océanos y los hielos son calentados por el Sol, y la energía que reciben es devuelta hacia la atmósfera como otro tipo de energía que, una vez en ella, es retenida momentáneamente por el vapor de agua y otros gases de efecto invernadero, de los cuales hablaremos más adelante.

Como resultado de este fenómeno, el planeta se mantiene lo suficientemente templado como para hacer posible la vida, pero una pequeña variación en este delicado balance de absorción y emisión de energías puede causar graves estragos. Muchas de las dinámicas humanas contribuyen en forma sustancial al incremento de dicho proceso. La quema de combustibles fósiles, la agricultura, la ganadería, la deforestación, algunos procesos industriales o los depósitos de residuos urbanos provocan el aumento de las concentraciones de estos gases de efecto invernadero en la atmósfera, por ejemplo.

Al aumentar la capacidad de la atmósfera para absorber la radiación infrarroja, nuestras emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) alteran la forma en que el clima mantiene el equilibrio entre la energía incidente y la irradiada. De no registrarse ningún otro cambio adicional, la duplicación de la concentración de gases de efecto invernadero de larga vida, proyectada para comienzos del próximo siglo, reduciría en alrededor del 2% la proporción de energía que nuestro planeta emite al espacio. La energía no puede acumularse sin más: el clima deberá adaptarse de alguna manera para deshacerse de ese excedente, y si bien un 2% puede no parecer mucho, tomando a la Tierra en su conjunto, equivale a retener el contenido energético de 3 millones de toneladas de petróleo por minuto.


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Figura 1: Esquema del mecanismo de efecto invernadero.

Fuente: UNFCC. Elaboración propia.


De este modo, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)[2] comunicó, en el año 2001, y a través de su Tercer Informe de Evaluación que «hay nuevas pruebas más fehacientes de que la mayor parte del calentamiento observado en los últimos 50 años se debe a las actividades humanas» (IPCC, 2001b:7).

Los Gases de Efecto Invernadero

Junto con el vapor de agua, el dióxido de carbono (CO2), el  metano (CH4) y otros gases como son el óxido nitroso (N2O), el hexafluoruro de azufre (SF6), los clorofluorocarbonos (CFC), los hidrofluorocarbonos (HFC) y los perfluorocarbonos (PFC) son los encargados de retener la energía que devuelve la Tierra a la atmósfera.

Los gases que tienen esta propiedad se denominan Gases de Efecto Invernadero (GEI). Otros gases como el nitrógeno y el oxígeno, aunque se encuentran en proporciones mucho mayores en la atmósfera[3], no contribuyen al efecto invernadero. El vapor de agua presente en la atmósfera realiza una contribución importante, pero como las actividades humanas no cambian la concentración de este gas, no se le considera en este análisis.

El incremento en la concentración de estos gases no sólo contribuye a favorecer los cambios de temperatura, sino que también colabora en las variaciones climáticas en el ámbito mundial. Ejemplos de las mismas son el incremento de la desertificación, la alteración en el régimen de precipitaciones, las alteraciones en los ciclos agrícolas o el derretimiento de los hielos, que incrementarán en un futuro el nivel del mar, causando inundaciones en las zonas costeras.

El dióxido de carbono, aunque escaso y con poca capacidad de retener calor, es de vital importancia en el proceso del que estamos hablando. Se ha demostrado que lejos de ser el único causante del fenómeno del Cambio Climático, lo que hace es actuar como catalizador del vapor de agua. Su labor es calentar la atmósfera un poco, permitiéndole al vapor de agua absorber y retener más humedad, el cual más tarde calentará aún más la atmósfera.

Los cambios en el clima se producen como consecuencia de la variabilidad interna dentro del sistema climático y de factores externos (antropógenicos o naturales). La influencia de diversos factores externos en el clima permite ampliar comparaciones mediante el concepto de forzamiento radiactivo. Un forzamiento radiactivo positivo, como el que se produce por las crecientes concentraciones de GEI, tiende a calentar la superficie. Un forzamiento radiactivo negativo, que puede deberse a un aumento de ciertos tipos de aerosoles (como las partículas microscópicas suspendidas en el aire), tiende a enfriar la superficie.

En el Cuadro 1 se resumen los niveles de concentración de 1750 y 1998 y su tasa de crecimiento anual de distintos gases de efecto invernadero. La contribución de un elemento o de un compuesto al forzamiento radiactivo del Cambio Climático depende de las propiedades radiactivas moleculares del gas, de la magnitud del aumento de su concentración en la atmósfera y del tiempo de residencia de dicho elemento en la atmósfera, una vez emitido. El tiempo de residencia de un gas de efecto invernadero es una característica muy pertinente para la adopción de políticas porque las emisiones de un GEI que tenga un prolongado tiempo de residencia en la atmósfera comprometen casi irreversiblemente el forzamiento radiactivo sostenido a través de decenios, siglos o milenios, antes de que los procesos naturales puedan eliminar las cantidades emitidas.

En el Cuadro 1 se detalla dicho incremento, así como los datos de concentración del CH4 y del N2O y la tasa de incremento de la concentración de cada uno de ellos. Estos datos nos proporcionan una idea acerca del valor en que está aumentando anualmente la concentración de estos gases. También se han realizado estudios sobre la concentración de estos gases con una perspectiva temporal más extensa.


Cuadro 1: Evolución de la concentración de gases de efecto invernadero.

Fuente: IPCC, 2001b:32

Gas

Concentración preindustrial (antes de 1750) Concentración 1999 Tasa de crecimiento de concentración (1990 a 1999)

Dióxido de carbono (CO2)

280 ppm 365 ppm 1,5 ppm/año (*)

Metano (CH4)

700 ppmm 1.745 ppmm 7,0 ppmm/año(*)

Óxido Nitroso (N2O)

270 ppmm 314 ppmm 0,8 ppmm/año

Perfluorometano (CF-4)

40 ppb 80 ppb 1 ppb/año

Hidrofluorocarbono-23 (HFC-23)

0 ppb 14 ppb 0,55 ppb/año

Clorofluorocarbono-11 (CFC-11)

0 ppb 268 ppb -1,4 ppb/año

(*)El ritmo ha fluctuado entre 0,9 ppm/año y 2,8 ppm/año para el CO2, y entre 0 y 13 ppmm/año para el CH4 en el periodo 1990-1999.

Los valores comunes de los gases de efecto invernadero de larga duración son del orden de mol/mol (partes por millón: ppm), nmol/mol (partes por mil millones: ppmm) y fmol/mol (partes por billón:ppb).


Durante el milenio anterior a la Era Industrial, las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera se mantuvieron relativamente constantes. Sin embargo, desde entonces las concentraciones de muchos de esos gases han aumentado directa o indirectamente, debido a las actividades humanas. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ha ido aumentando desde la Revolución Industrial hasta nuestros días.

El potencial de calentamiento, indicado en el Cuadro 2, es una medida del efecto comparado con el dióxido de carbono, ya que no todos los gases absorben la radiación infrarroja de la misma manera ni todos tienen igual vida media en la atmósfera. Cuanto mayor sea esa capacidad, mayor será su Potencial de Calentamiento Global (PCG).

Un gramo de algunos de los CFC produce un efecto entre seis mil y siete mil veces mayor que un gramo de dióxido de carbono, pero como la cantidad de este elemento en la atmósfera es mucho mayor que la del resto de los gases de la tabla se toma esta sustancia como referencia.

Hay que tener en cuenta que los compuestos sintetizados por el ser humano, que no existían en la atmósfera de forma natural, son más difíciles de procesar por los sistemas naturales; por ello, sus emisiones tienden a permanecer en la atmósfera más tiempo que las de aquellos de origen natural.


Cuadro 2: Gases de Efecto Invernadero.

Fuente: OECC e IPCC (2001b:35)
Gas Fuente emisora Persistencia de las moléculas en la atmósfera (años) Potencia de Calentamiento Global (PCG CO2 =1) Contribución al calentamiento

Dióxido de carbono (CO2)

Quema de combustibles fósiles, producción de energía eléctrica (37%) y transporte (22%), procesos industriales (19%), cambios de uso del suelo, producción de cemento 5 a 200 (*) 1 60%

Metano (CH4)

Agricultura, ganadería y manejo de residuos. Deforestación, fugas de gas y respiración de plantas y suelos por efectos del calentamiento global 12 (**) 23 20%

Óxido Nitroso (N2O)

Quema de combustibles fósiles, agricultura y cambios de uso del suelo 114 (**) 296 6%

Hidrofluorocarbonos (HFCs)

Refrigerantes líquidos 12 1.300 a 1.400 14%
Clorofluorocarbonos (CFCs) Refrigerantes, aerosoles y espumas plásticas 65 a 100 6.200 a 7.100 14%
Hexafluoruro de azufre (SF6) Aislantes eléctricos 3.200 22.200 14%
Perfluorocarbonos (PFCs) Incineración de plásticos 50.000 8.600 14%

(*) No puede referirse un sólo periodo de vida para el CO2 dados los diferentes índices de absorción por diferentes procesos de eliminación.

(**) Este periodo de vida ha sido definido como un tiempo de ajuste que tiene en cuenta el efecto indirecto del gas en su propio tiempo de residencia.


2.2 El Cambio Climático

Hace alrededor de 65 millones de años un asteroide gigante entró en colisión con la Tierra y, según las estimaciones científicas, el choque arrojó tanto polvo a la atmósfera que dejó al mundo en tinieblas durante tres años. La luz solar se redujo en gran medida, impidiendo el crecimiento de numerosas plantas; las temperaturas descendieron; la cadena alimenticia se rompió y muchas especies, incluidas las más grandes que jamás hayan existido sobre la faz de la Tierra, desaparecieron.

Tal es, cuando menos, una teoría dominante que explica la extinción de los dinosaurios. Incluso aquellos que no fueron alcanzados directamente por el asteroide sucumbieron a la postre. La catástrofe que acabó con los dinosaurios es sólo una dramática ilustración de cómo un cambio climático puede fomentar el desarrollo de una especie o liquidarla.

Otra teoría muestra cómo los seres humanos evolucionaron cuando la tendencia a la disminución de las precipitaciones (hace unos 10 millones de años) estuvo seguida (hace cerca de 3 millones de años) por un brusco descenso de las temperaturas mundiales. Los primates superiores, parecidos a los simios, del gran valle del Rift en África, solían refugiarse en los árboles, pero como consecuencia de esta variación climática de larga duración, los bosques fueron reemplazados por praderas. De este modo, terminaron encontrándose en una planicie vacía mucho más fría y seca que su hábitat anterior, resultando así sumamente vulnerables ante los predadores.

Ante este hecho, la desaparición total era una posibilidad concreta, y los primates aparentemente se adaptaron con dos saltos evolutivos: primero adoptaron la postura erecta, que les permitió recorrer largas distancias a pie, con las manos libres para transportar a sus hijos y llevar alimentos; y luego sus cerebros se volvieron mucho más voluminosos, aprendieron a manejar instrumentos y se volvieron omnívoros.

Desde entonces, las variaciones climáticas han esculpido el destino de la humanidad, y el ser humano ha reaccionado en gran medida adaptándose, emigrando y desarrollando su inteligencia. Durante las últimas glaciaciones, los niveles oceánicos descendieron y los seres humanos se desplazaron a través de puentes continentales desde Asia hacia América y las islas del Pacífico. Se han dado cuantiosas migraciones, innovaciones y también catástrofes. Algunas de éstas han tenido su origen en pequeñas fluctuaciones climáticas, como unos pocos decenios o siglos de temperaturas levemente superiores o inferiores a la media, o sequías prolongadas. La más conocida recibe el nombre de Pequeña Era Glaciar, y aconteció en Europa a comienzos de la Edad Media. Provocó hambruna, insurrecciones y el abandono de las colonias septentrionales en Islandia y Groenlandia. El ser humano ha sobrellevado durante milenios los caprichos climáticos, recurriendo a su ingenio para adaptarse, incapaz de influir en fenómenos de tal magnitud.

El éxito notable que hemos logrado como especie bien puede habernos llevado a un callejón sin salida. El crecimiento demográfico ha alcanzado un punto tal que haría muy difícil una migración en gran escala en caso de que un cambio climático de grandes proporciones la hiciera necesaria; y los productos de nuestra inteligencia han conducido a una situación desconocida en el pasado.

Anteriormente, el clima mundial hacía cambiar a los seres humanos; ahora parece que estos últimos están cambiando el clima. Los resultados todavía son inciertos, pero si las predicciones actuales se confirman[4], el cambio climático que tendrá lugar en el próximo siglo será de una amplitud sin precedentes desde los albores de la civilización humana.

Conocidos estos cambios, todavía hay gente que se pregunta las causas de la alarma generada en los últimos años. La respuesta es bien sencilla: estos cambios formaban parte de un proceso natural y ahora se deben fundamentalmente a la actividad humana.

Estas variaciones se debieron a intercambios naturales producidos en el equilibrio energético entre la energía solar entrante y la energía remitida por la Tierra hacia el espacio. Las causas naturales de esas variaciones son diversas, y van desde las erupciones volcánicas hasta los cambios en el ángulo del eje de rotación de la Tierra con respecto al plano sobre el que se traslada, o los cambios en la órbita de traslación de la Tierra.

A mediados del siglo XX aumentaron los estudios sobre cuestiones ambientales. Así, los registros termométricos nos indican que la temperatura media de la superficie ha aumentado entre 0,3ºC y 0,6°C desde finales del siglo XIX (con un intervalo de confianza del 95% de ± 0,2°C).


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Figura 2: Reconstrucción de las temperaturas medias del hemisferio norte durante el último milenio (en azul; en negro, versión suavizada; en gris, intervalo de confianza del 95%; y en rojo, datos instrumentales del último siglo).

Fuente: IPCC, 2001a:27


En la Figura 2 (también conocida como palo de hockey) podemos observar cómo la década de los noventa ha sido la más cálida, al menos en el hemisferio norte. El Tercer Informe de Evaluación (2001), también alerta de que los últimos estudios sobre las series de temperatura indican que las temperaturas mínimas presentan una tendencia a aumentar el doble que las máximas (0,2 y 0,1°C por década, respectivamente).

Si el ritmo de crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero continúa como hasta ahora, la comunidad científica estima que la temperatura media del planeta se incrementaría cerca de 3°C para finales del siglo XXI. En cualquier caso lo que sí parece claro es que estas variaciones térmicas no serán homogéneas en todo el planeta; en algunas regiones pueden llegar a ser bastante mayores. Como resultado de este efecto, el sistema climático global se verá alterado con un aumento de temperaturas, modificaciones en los regímenes de precipitaciones en muchas regiones e incrementos de la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos, generadores de inundaciones y sequías. Pero el calentamiento global no sólo tiene efecto sobre las temperaturas, sino que también actúa sobre el nivel del mar.[5]

2.3 Escenarios del Cambio Climático

Familias de escenarios

Con el fin de adelantarse a las posibles consecuencias que nos depara el Cambio Climático, el Primer Informe de Evaluación del IPCC (1990) presentó un escenario en el que se asumía un futuro en el cual no se podía hacer prácticamente nada para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Las consecuencias de este escenario podían compararse con los resultados de otros tres escenarios en los que se producía un control en distintas medidas. Estos modelos fueron actualizados con la aparición del Segundo Informe de Evaluación del IPCC (1996) y por último en 2001 con la aparición del Tercer Informe del IPCC.

En el último de estos informes se presentan un total de 40 escenarios resultantes (35 de los cuales contienen datos sobre toda la gama de gases necesarios para forzar los modelos climáticos). A través de dichos escenarios se pretende describir de manera coherente las relaciones entre las emisiones y su evolución. Para la realización de una cuantificación de los escenarios se optó por desarrollar cuatro líneas evolutivas diferentes. El conjunto de escenarios basados en una misma línea evolutiva constituye una familia de escenarios.

Básicamente los escenarios se diferencian en dos dimensiones. La primera de ellas estudia si en el futuro la sociedad estará más preocupada por la economía o por el medio ambiente. Los cuatro escenarios centrados en la economía se conocen como escenarios A, mientras que los escenarios preocupados por el medioambiente y el desarrollo sostenible se denominaron como escenarios B. La segunda dimensión se centra en el grado de orientación global o regional de la predicción. Los cuatro escenarios globales recibieron el número 1, mientras que los orientados regionalmente tomaron el número 2.

Las principales características de las cuatro líneas evolutivas y familias de escenarios son las siguientes[6]:

Escenarios de referencia

Cabe destacar que ninguno de los anteriores escenarios incluye otras iniciativas relacionadas con el clima, lo que significa que ninguno de ellos se basa explícitamente en la hipótesis de cumplimiento de la Convención Marco sobre el Cambio Climático o de los objetivos de emisiones del Protocolo de Kioto.

Dada las diferentes consideraciones de los distintos modelos, los resultados son tremendamente dispares. De este modo, conducen a concentraciones de dióxido de carbono muy diferentes en el futuro (de 540 a 970 ppm en el año 2100, es decir, de un 90 a un 250% más que las 280 ppm de 1750). El informe apunta que «las medidas destinadas a estimular el almacenamiento de carbono en los ecosistemas terrestres podrían influir en la concentración atmosférica de CO2, pero el límite superior de la reducción de la concentración de CO2 con ese método es de 40 a 70 ppm», concluyendo que «es prácticamente seguro que las emisiones de CO2 procedentes de los combustibles de origen fósil seguirán siendo el factor dominante de las tendencias que regirán la concentración atmosférica de CO2 durante este siglo» (IPCC, 2001b:54).

Como resultado de las distintas variables, los modelos prevén un aumento de la temperatura del aire mayor en tierra firme que sobre los océanos, sobre todo en latitudes altas del hemisferio norte, y también más notable en invierno que en verano. La oscilación termométrica diaria tenderá a disminuir en muchas zonas, de forma que los ascensos de temperatura serán más acusados en las mínimas nocturnas que en las máximas diurnas.

Las previsiones para finales de este siglo indican que, con el conjunto de hipótesis A2 sobre emisiones de gases, la temperatura media global del aire superficial será 3°C mayor que la del periodo 1961-1990, como aumento más probable, aunque podría tener algún valor comprendido entre 1,3 y 4,5°C. Para las hipótesis B2, con menor aumento de la concentración de dióxido de carbono, la temperatura aumentaría entorno a los 2,2°C (de 0,9 a 3,4°C).


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Figura 3: Cambio anual medio de la temperatura (sombreado en colores) en el escenario B2 del IE-EE para el período 2071-2100 en referencia al período 1961-1990 y se simularon con MCGAO (Unidad: °C).

Fuente: IPCC, 2001b.


Estos aumentos de temperatura provocarán una disminución del número de heladas y un aumento de las olas de calor. En el ámbito doméstico provocará una disminución de las necesidades de calefacción en invierno, así como un incremento de la demanda de aire acondicionado en verano. Además, la combinación de temperaturas más elevadas con una mayor humedad ambiental hará que también aumente la frecuencia de días bochornosos. Por su parte, los promedios globales de vapor de agua, evaporación y precipitación también está previsto que aumenten, pero en el ámbito regional se observan diferencias, hasta el punto de que en algunos lugares pueden disminuir.

Tanto los escenarios de emisiones A2 como B2 del Informe Especial sobre Escenarios de Emisiones (IE-EE), indican una probabilidad de aumento de las precipitaciones tanto en verano como en invierno en las latitudes altas. Durante el invierno también se observan aumentos en las latitudes medias del hemisferio norte, en las zonas tropicales de África y en la Antártida, y durante el verano en el sur y el este de Asia. Por su parte, en Australia, América Central y el África meridional se registra una disminución constante de las lluvias durante el invierno.

Según el Informe del IPCC (2001), y tal como se viene observando en los distintos modelos climáticos, existe una estrecha correlación entre la variabilidad interanual de las precipitaciones y el promedio de las precipitaciones. Es probable, de este modo, que si el promedio de las precipitaciones aumenta en el futuro, también aumente la variabilidad. De igual modo ocurriría a la inversa, de tal manera que únicamente en las zonas en las que descienda el promedio de las precipitaciones, es probable que la variabilidad de éstas disminuya. En la Figura 4 podemos apreciar los cambios medios de las precipitaciones para el periodo 2071-2100 en el escenario B2.


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Figura 4: Cambio anual medio de las precipitaciones (sombreado en colores; unidad: mm/día) en el escenario B2 del IE-EE para el período 2071-2100 en referencia al período 1961-1990, simulación con MCGAO.

Fuente: IPCC, 2001b.


Proyecciones de los cambios futuros en los fenómenos extremos

El clima de un área geográfica viene caracterizado por una cierta probabilidad de distribución de la ocurrencia de eventos del tiempo. Aquellos eventos con valores alejados de la media, como olas de calor, sequías e inundaciones, es poco probable que ocurran. Estos eventos estadísticamente menos probables son los fenómenos extremos.

En todas las regiones del mundo, con climas diferentes, los ecosistemas naturales (terrestres, acuáticos y marinos) así como las sociedades humanas, están adaptadas a dichos climas y más o menos desajustadas a los eventos extremos.

Un gran porcentaje de la población humana vive bajo la amenaza de eventos de origen climatológico, tales como olas de calor, tormentas tropicales, marejadas, sequías, inundaciones, El Niño-La Niña, etc. La vulnerabilidad socioeconómica y ambiental los coloca en riesgo de desastre.

Los eventos extremos causan importantes impactos negativos bajo el clima presente, y con el Cambio Climático se proyecta un incremento en la duración, frecuencia e intensidad de dichos eventos, así como un cambio en la forma en que se desarrollan, que producirá mayores impactos que los cambios en las variables medias.

Los estudios realizados por el IPCC concluyen que es muy probable que aumente el número de días calurosos y las olas de calor en casi toda la superficie terrestre. Se proyecta que estos aumentos serán más acentuados sobre todo en las zonas en las que disminuya la humedad del suelo. De este modo, se prevé que la temperatura mínima diaria aumente en casi toda la superficie terrestre y que el ascenso será por lo general mayor en los lugares en que se retraiga la nieve y el hielo.

Efectos de los distintos cambios que el Cambio Climático puede llegar a provocar son:

Se dispone de pruebas de observaciones que nos indican que los cambios regionales del clima, particularmente los aumentos de la temperatura, influyen ya en la actualidad en un conjunto heterogéneo de sistemas físicos y biológicos de muchas partes del mundo.

Ejemplos de los mismos son la contracción de los glaciares, el deshielo anticipado de las superficies de ríos y lagos, el alargamiento de las estaciones de crecimiento de latitudes medias a altas, los desplazamientos de las zonas de plantas y animales y hacia mayores altitudes, las disminuciones de algunas poblaciones de plantas y animales, o el florecimiento temprano de árboles. Del mismo modo, algunos sistemas sociales y económicos también pueden verse influenciados por el aumento reciente de la frecuencia de inundaciones y sequías en algunas zonas.

Los sistemas naturales pueden ser especialmente vulnerables al Cambio Climático, dada su limitada capacidad de adaptación, pudiendo algunos de estos sistemas sufrir daños significativos e irreversibles. Entre los sistemas naturales que están en peligro se incluyen los glaciares, los arrecifes de coral y atolones, los manglares, los bosques boreales y tropicales, los ecosistemas polares y alpinos, los humedales de praderas, y los remanentes de tierras de pastoreo nativas. Aunque pueda aumentar la abundancia o la extensión de algunas especies, el Cambio Climático hará que sean más graves los peligros actuales de extinción de las especies más vulnerables y la pérdida de la diversidad biológica.

Para que nos demos cuenta de lo que supone la variación de temperaturas que vamos a sufrir irreparablemente, se puede poner de ejemplo lo que ocurre al ascender por una montaña. Cuando subimos por un cerro, cada cuatrocientos metros la temperatura baja más de medio grado Celsius. Es este enfriamiento el que hace a las montañas ser lo que son y no meras adaptaciones apenas diferenciadas topográficamente de las tierras que la rodean. De este modo, un aumento térmico de entre 1 ºC y 3 ºC provocará una migración de las especies acondicionadas a ciertas temperaturas unos metros más arriba, donde ahora disfrutarán de la temperatura de su anterior hábitat. Pero habrá especies animales y vegetales que no puedan emigrar más alto ya que la cima de la montaña no se puede mover, provocando su inevitable extinción.

Las especies no sólo se desplazarán en altitud sino también en latitud. El Cambio Climático hará en nuestro país que Andalucía sea más africana, Castilla-La Mancha más andaluza y Cantabria más castellana. Los animales y vegetales se desplazarán hacia el norte peninsular. Pero este desplazamiento no será posible en todos los casos. El principal problema con el que se encontrarán muchas de estas especies vendrá dado por las barreras humanas, como las ciudades o las grandes llanuras cultivadas, que difícilmente podrán ser traspasadas. Se estima que cerca del 30% de las especies podrían desaparecer de la faz del planeta entre 50 y 100 años.

Experiencias similares ya se están viviendo en nuestro planeta. Así, a finales del año 2004 se tenía constancia ya de la aparición de pasto antártico en el Ártico, lo que supone una importante pérdida de la potencia reflectora o albedo. Como dato cabe señalar que la nieve recién caída refleja casi toda la luz (entre el 80% y el 90%), mientras que el agua, por ejemplo, no llega al 10%.

Mucha gente también puede pensar, y piensa, que con el aumento de bosques, que se irían desplazando a mayores altitudes, la Tierra tendría capacidad de absorber una mayor cantidad de dióxido de carbono. Esto también es falso, puesto que cualquier beneficio en este sentido se vería sobradamente compensado por la pérdida de albedo, ya que los bosques absorben mucha más luz solar.

En la Figura 5 se representan los efectos que encarnarían el aumento de la temperatura media de la Tierra, el aumento de la variación térmica y el aumento de ambas.

La temperatura media mundial de la superficie es el promedio de la temperatura del aire cerca de la superficie de la tierra y de la temperatura de la superficie del mar. Según datos del Tercer Informe de Evaluación (TIE) durante el siglo XX, el aumento registrado ha sido de 0,6 ± 0,2 °C.

Tal y como podemos ver en la Figura 5a, el aumento de la misma haría desplazarse la curva térmica hacia las altas temperaturas. De este modo, la probabilidad de días más fríos prácticamente desaparecería, mientras que aumentaría considerablemente el riesgo de días calurosos. Pero no es esto lo peor, el desplazamiento de la curva térmica hacía los días de más calor provocaría la aparición de días mucho más calurosos. Esta opción con la curva térmica previa no existía.

Otro supuesto sería vendría dado por el aumento de la variabilidad térmica. En la Figura 5b podemos apreciar como un aumento de la misma traería importantes consecuencias para el clima. Tanto los días mucho más calurosos como los días mucho más fríos tendrían una mayor probabilidad de ocurrencia, hecho que con la curva previa no sucedía.Además, descenderían los días con temperaturas medias y aumentarían aquellos con temperaturas más frías y más calurosas.

La Figura 5c nos muestra que ocurriría de producirse ambos fenómenos de forma simultánea. Por un lado la curva térmica se desplaza hacía los días más calurosos por la influencia del aumento de las temperaturas, y por otro disminuye el número de días promedio. Esto provocaría que prácticamente desaparecerían los días muy fríos y que aumentarían de forma muy importante los días más calurosos. Además, tal y como podemos ver en la gráfica, los días mucho más calurosos ocuparían una franja bastante importante.


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Figura 5: Efectos en las temperaturas extremas.

Fuente:IPCC, 2001b.

(a) Aumento de la temperatura media, (b) Aumento de la variación térmica y (c) Aumento de la temperatura media y de la variación térmica.



Notas


[2]: El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) fue fundado en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, con objeto de asesorar sobre todos los aspectos del Cambio Climático, y en particular sobre cómo las actividades humanas pueden inducir dichos cambios y sufrir su impacto.
[3]: La atmósfera está compuesta principalmente por nitrógeno (78%), oxígeno (20,9%) y argón (0,9%).
[4]: Según el Cuarto Informe de Evaluación (2007), once de los últimos doce años (1995-2006) están en el ranking de los doce años más calurosos en los registros de temperaturas de superficie instrumentalizados (desde 1850). La tendencia lineal actualizada para cien años (1906-2005), es de 0,74 [0,55 a 0,92]ºC, por lo tanto es mayor que la tendencia equivalente estimada para (1901-2000), recogida en el Tercer Informe de Evaluación (2001), que era de 0,6 [0,4 a 0,8] ºC.
[5]: Según se desprende del Tercer Informe de Evaluación (2001), los datos de los mareógrafos muestran que el nivel medio del mar en el mundo subió entre 10 y 20 cm durante el siglo XX. Además, cabe señalar que una subida de un centímetro en el nivel del mar hace disminuir en un metro —en promedio— la anchura de las playas.
[6]: Los escenarios de emisiones del Informe Especial sobre escenarios de Emisiones (IE-EE) fueron aprobados en un informe especial denominado IPCC Special Report on Emission Scenarios (SRES) en marzo de 2000. Dichos escenarios sustituyen a los que se usaban anteriormente (IS92).
[7]: El índice de calor es la medida que refleja los efectos combinados de la temperatura y humedad.


Edición del 25-1-2012
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