Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 47/48: Sobre la (in)sostenibilidad en el urbanismo > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n47/anmor_7.html   
 
Huertos urbanos en tres ciudades europeas: Londres, Berlín, Madrid
Nerea Morán Alonso| Madrid (España), 2008-2009.
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3 Conclusiones

3.1 Conclusiones del estudio

Los huertos urbanos son instrumentos útiles en la rehabilitación urbana ecológica, pues tienen influencia tanto en los aspectos sociales como ambientales de la sostenibilidad urbana.

Los huertos colaboran en la sostenibilidad ambiental de entornos urbanos, ya que son un modo de inserción de naturaleza en la ciudad: aumentan el número de áreas verdes, recuperan terrenos vacíos, aumentan la biodiversidad y colaboran en el cierre de los ciclos del metabolismo urbano (agua, materia y energía).

También son un instrumento que contribuye al diseño a escala humana de la ciudad, dotando de carácter e identidad local al espacio público, respondiendo a la diversidad social y cultural de sus usuarios, y a la complejidad de condicionantes climáticos, físicos y sociales. Si han sido correctamente diseñados, pueden mejorar la calidad ambiental y convertirse en excelentes lugares de encuentro, debido a la influencia que la cubierta verde, la vegetación y la presencia de agua ejercen en las condiciones de humedad y temperatura, asegurando un mayor grado de confort ambiental que los espacios duros o vacíos.

En la dimensión social, son espacios de participación en los que se desarrollan sentimientos de apropiación y responsabilidad. Contribuyen a la educación ambiental y aumentan la seguridad alimentaria.

Los huertos urbanos son elementos con efectos multidimensionales. En el marco de la teoría de las necesidades humanas fundamentales desarrollado por Max Neef y Elizalde (1986), los huertos urbanos pueden entenderse como un satisfactor sinérgico, que responde principalmente a la satisfacción de las necesidades de ocio, entendimiento, participación e identidad; y en menor medida influye sobre las de subsistencia, protección y creación. Desde la perspectiva de la Calidad de Vida que propone Alguacil (2000), atienden a sus distintas dimensiones (calidad ambiental, bienestar e identidad) generando una serie de efectos positivos sobre el bienestar, las condiciones ambientales y espaciales del entorno (calidad ambiental) y las necesidades de apropiación, participación y sociabilidad (identidad cultural).

Los huertos urbanos tienen una larga tradición en países del norte de Europa desde su aparición en la ciudad industrial de mediados del siglo XIX en la forma de «huertos para pobres». Las primeras leyes obligaban a las autoridades locales a proporcionar a los trabajadores parcelas para el cultivo de alimentos. En este momento tienen un objetivo básicamente de subsistencia. Con ciertas particularidades nacionales, los huertos urbanos han seguido la misma trayectoria y han tenido los mismos periodos de auge y declive.

Han sido instrumentos empleados para abastecer a la población de bienes de primera necesidad en momentos puntuales (crisis económicas, crisis energéricas), especialmente en la II Guerra Mundial, donde se emplean con un sentido patriótico y de subsistencia en una economía de guerra. A partir de los años 70 se incide en su interés como medio de autogestión, desarrollo local, integración social y educación ambiental. En la actualidad, aparte de sus valores recreativos, cobra fuerza la búsqueda de una mayor sostenibilidad urbana, mediante la inserción de naturaleza en las ciudades, y se reconoce además el aumento de la calidad de vida que supone tener acceso a alimentos frescos, ecológicos y de calidad.

El caso español tiene una evolución distinta a la descrita hasta ahora debido a las características peculiares del proceso de industrialización y urbanización en nuestro país. En primer lugar, la industrialización fue tardía y las migraciones campo-ciudad fueron una dinámica constante hasta los años 60, con una creciente extensión de suburbios chabolistas en las periferias de las grandes ciudades. Esto hace que el modelo de «huertos para pobres» se ensaye en nuestro país prácticamente un siglo más tarde que en los del norte de Europa.

Tanto en Gran Bretaña como en Alemania hemos encontrado una sucesión de leyes en las que se va adaptando la regulación de los huertos urbanos, obligando a los ayuntamientos a reservar suelo para este uso, ampliando el acceso a toda la población (no sólo a los obreros), protegiendo a los usuarios (compensaciones por desalojo, obligación de realojo, limitación de la renta), y estableciendo medidas de control para evitar el cambio de uso y asegurar que las autoridades locales cumplan las determinaciones de la ley (representación de las asociaciones de hortelanos en el gobierno local). En el caso español la única legislación estatal al respecto no parece que haya sido de utilidad a pesar de su conveniencia, debido al bloqueo que sufrió en sus inicios debido a intereses particulares, lo que ha hecho que se mantenga en el olvido y no se haya adaptado a las nuevas condiciones políticas y sociales, aunque tampoco haya sido derogada.

Para la protección de los huertos existentes y el aumento de su número parece necesaria la cobertura legal que les da la legislación y su reconocimiento efectivo en las regulaciones de uso del suelo. Aún en el caso de estar reconocidos legalmente, los huertos urbanos se ven amenazados por las presiones urbanizadoras, sobre todo en espacios centrales de la ciudad, y son habituales los realojos en zonas más alejadas, lo que dificulta la accesibilidad de los hortelanos.

Uno de los principales problemas para la consolidación de este tipo de proyectos en Madrid es que no hay tradición municipal de reconocer los huertos como un uso del suelo adecuado o beneficioso. La desconfianza de los ayuntamientos puede deberse entre otros motivos a la picaresca asociada a las ocupaciones de terrenos que a veces derivan en urbanizaciones ilegales. En general, son pocas las iniciativas municipales de huertos didácticos y de ocio en el área metropolitana.

La deriva que han sufrido los huertos del Parque Lineal del Manzanares da una muestra del poco interés del gobierno municipal de Madrid por el fomento de los huertos urbanos. En el año 83 son inventariadas 50 parcelas de huerto en precario en San Fermín; el Plan General del 85 ordena el ámbito calificándolo como sistema general: parque urbano y cuña verde con 5 hectáreas para el uso de huerto de ocio. Esta ordenación no se desarrolla y en el Plan General del 97 se mantiene el parque lineal en un ámbito a desarrollar mediante un Plan Especial, en el que se destinan 4 hectáreas para el realojo de los huertos. Por último, una modificación de este Plan anula esta reserva aunque la ordenanza mantiene el uso de huerto de ocio como tolerado. El tramo 1 del parque ya está ejecutado y en el lugar donde estaban los huertos se levanta ahora la Caja Mágica. El tramo 2, que ha incluido huertos de ocio en algunas de sus propuestas de ordenación, actualmente se encuentra paralizado.

Los huertos definidos por ley (allotments, schrebergärten) estudiados en este trabajo tienen características similares: se sitúan en terrenos municipales, las autoridades locales se encargan de las infraestructuras (abastecimiento de agua, accesibilidad) y de su mantenimiento y alquilan las parcelas a los vecinos que las solicitan. Es obligatorio el cultivo de fruta o verdura para autoconsumo y en general no se puede pernoctar en ellos. El tamaño de las parcelas varía en los casos estudiados entre los 100 m2 en Londres y los 200-400 m2 en Berlín.

El papel de las asociaciones de hortelanos ha sido decisivo para la protección de estos espacios en los momentos en que se veían amenazados por políticas desfavorables. Esto ha sido posible por su capacidad de movilización, que les sitúa en una posición ventajosa para negociar con los ayuntamientos. En Berlín la Landesverband Berlin der Gartenfreunde consigue que el Plan de Usos del Suelo de 1994 reconozca como tales el 85 % de los huertos comunitarios existentes. En Reino Unido la legislación establece que para prescindir de un terreno de allotments el ayuntamiento debe consultar a la National Society of Allotment and Leisure Gardeners y también a los usuarios del emplazamiento.

Aparte de los huertos legales existen numerosas iniciativas no regladas por ley, como los jardines comunitarios, las granjas urbanas, y los diversos proyectos informales de cultivo en vacíos urbanos. Se trata de iniciativas de gestión comunitaria con diversas condiciones de implantación: en terrenos públicos o privados, mediante ocupaciones o cesiones, por lo que en general se encuentran en una situación más expuesta que la de los huertos protegidos por la legislación.

En cuanto a la localización de los huertos urbanos en dos de las ciudades analizadas (Londres y Berlín) observamos que están presentes en todo el ámbito urbano, aunque su número y extensión es mayor en los distritos o municipios más alejados del centro. La media de espacios de huerto por habitante es en Londres de 1,14 por cada 10.000 habitantes, mientras que en Berlín es de 3 espacios por cada 10.000 habitantes; esta ciudad cuenta con unas 80.000 parcelas, 1 por cada 42 habitantes.

Aunque desde mediados del siglo XX la tendencia es la disminución del número de huertos urbanos, es posible que se esté produciendo un punto de inflexión. Surgen nuevos proyectos y los existentes se reafirman gracias a la mayor conciencia ambiental de la sociedad, el interés por los alimentos sanos y producidos localmente, así como las posibilidades de cooperación en iniciativas relacionadas con la salud, la educación, la biodiversidad, la inclusión social...

En Londres existen en la actualidad diversos programas e iniciativas de apoyo y fomento de los huertos urbanos. Desde los que están específicamente encaminados a la creación de nuevos espacios de cultivo o a facilitar el contacto entre propietarios de suelo y agricultores, hasta los programas integrales enfocados en el consumo de alimentos sanos, con propuestas sobre la producción local (empresas sociales, agricultura urbana y periurbana), el transporte y la distribución (mercados ecológicos, cooperativas de consumo, comercios locales y grandes superficies...).

En el área metropolitana de Madrid existen algunas iniciativas municipales de fomento de los huertos urbanos. Es destacable el planteamiento de Rivas-Vaciamadrid, que apoya la recuperación de espacios urbanos abandonados para el desarrollo de proyectos de huertos comunitarios. En la capital diversos colectivos están cultivando huertos informales y se han dado los primeros pasos para crear una red de huertos urbanos.

3.2 Recomendaciones

Concluiremos este estudio proponiendo una serie de pautas para el desarrollo de una estrategia de implantación de huertos urbanos, como instrumentos que colaboren en una rehabilitación urbana ecológica.

Como ya hemos visto, para ser capaces de responder a las múltiples dimensiones ambientales y sociales de la sostenibilidad urbana, los huertos urbanos deben cumplir una serie de requisitos:

Para que los huertos urbanos sean un uso común en nuestras ciudades es necesario que se produzcan una serie de cambios en las políticas y normativas municipales.

En primer lugar debe existir la voluntad política de fomentar este tipo de proyectos, y aportar los recursos materiales y la financiación necesarios para su puesta en marcha. Para ello, deben desarrollarse políticas concretas para la creación y protección de los huertos urbanos.

Por otra parte, es fundamental el reconocimiento normativo de los huertos urbanos en los planes de ordenación del suelo. Los huertos urbanos deberían formar parte de la red de espacios verdes y deberían definirse fórmulas que permitan el uso en otro tipo de vacíos urbanos degradados o abandonados (cesiones obligatorias de solares), sobre todo en el centro de las ciudades, donde por lo general no existen tantas áreas verdes ni son de tanta extensión como en los barrios periféricos.

Algunos autores recomiendan la creación de una agencia gubernamental específica, que se encargue de la adquisición de terrenos, provisión de las infraestructuras, asistencia técnica y financiera y que se coordine con otras agencias: planeamiento, vivienda, transporte, economía...(Lori Zimbler, 2001)

Por último, es imprescindible la participación de las asociaciones de hortelanos en los órganos de decisión correspondientes.

Para ejercer verdadera influencia sobre un modelo urbano insostenible, los huertos no pueden entenderse como elementos aislados, sino que deben estar integrados en un plan de agricultura urbana que incorpore espacios de cultivo en todas las escalas.

De este modo se logrará una mayor diversidad de objetivos ambientales, económicos y sociales.


Edición del 25-1-2012
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