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Energía y equidad. Reflexiones sobre un texto de Ivan Illich [1]
Sonia Freire Trigo
Madrid (España), diciembre de 2010.

Era un hombre intensamente bueno, pero implacablemente crítico de las instituciones y creencias que socavan la libertad y la convivencia pacífica de los hombres que luchan cotidianamente por su libertad y cultura.
Hornedo, 2003

1 Consideraciones preliminares

1.1 El personaje

Para comprender una obra no sólo es necesario conocer el contexto histórico en que fue escrita, sino también a su autor. Por este motivo, se incluye a continuación una breve descripción de aquellos aspectos vitales de Illich que se consideran especialmente relevantes para la comprensión del texto analizado.

Siguiendo un orden cronológico de exposición, debería citarse en primer lugar su ascendencia judía como un hecho relevante en su vida. En la Europa de entreguerras en la que nació, esta circunstancia no sólo le obligó a huir de su país natal, sino que le estigmatizó durante su juventud, señalándolo como diferente o raro, individualizándolo así del resto de compañeros. Pero pronto destacó entre los demás por méritos propios.

Su reconocido talento para el estudio y su portentosa memoria le permitieron adquirir una excelente formación en filosofía, teología e historia, lo que indudablemente le dotó de una capacidad inusual para analizar el presente desde una revisión histórica de las circunstancias, alcanzando conclusiones desprovistas de prejuicios y, por tanto, revolucionarias y certeras.

La etapa eclesiástica podría interpretarse como un episodio triste y complicado de su vida por los diversos conflictos que le ocasionó, pero en realidad este hecho constituye la base fundamental de los textos que escribió entre los años 60 y 70. Gracias a su experiencia pastoral en Puerto Rico y Nueva York, así como al contacto con los misioneros norteamericanos destinados en Latinoamérica, comprendió el peligro que se escondía tras la acción evangelizadora de las sociedades desarrolladas, las cuáles inducían a los evangelizados hacia una vida de progreso industrial a través de la religión.

Como quiera que estas convicciones no eran bien acogidas por parte del Vaticano, alrededor de 1966, Illich decidió abandonar la carrera eclesiástica para desarrollar libremente sus ideas, sin las limitaciones que un representante de la Iglesia debía asumir. Será en este momento cuando Illich fundará el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC), junto a Valentina Borremans, en Cuernavaca (México).

El CIDOC será el escenario de intensos seminarios sobre el futuro de la sociedad a los que asistirán personajes de la talla de Erich Fromm, Paul Goodman o Paulo Freire. Los textos publicados en los Cuadernos del CIDOC, fruto de estos seminarios, y entre los que se incluye «Energía y equidad», podrían definirse como el pensamiento destilado de mentes preclaras y conscientes del peligro que entrañaba un desarrollo tecnológico e industrial ilimitado, similar al que en esos momentos se estaba gestando.

En 1976, cuando la fama de Illich y el CIDOC eran mundiales y en todas partes se le solicitaba como conferenciante o asesor, se clausura el Centro. En opinión del autor, la labor del CIDOC ya se había cumplido y a partir de ese momento, éste corría el riesgo de institucionalizarse. Por eso, en un acto que no puede más que corroborar la enorme coherencia y valentía del personaje, decide poner punto final a esta etapa.

Alejado ya de la fama, Illich continuó investigando acerca de los efectos que el progreso industrial ilimitado estaba provocando sobre los individuos y su sociedad. Los numerosos ensayos que irá publicando hasta su muerte, entre los que se puede citar Némesis médica, El género vernáculo o H2O y las aguas del olvido, demuestran la increíble capacidad de Illich para revisar desde una óptica historicista conceptos actuales y comúnmente aceptados. Este enfoque científico, desprovisto de prejuicios, será el que le permita reflexionar de forma certera sobre dichos conceptos y descubrir en ellos los errores que encierran.

Teniendo en cuenta que este breve repaso biográfico de Ivan Illich pretende esbozar una imagen del personaje para enmarcar mejor su obra, no estaría de más terminar el apartado parafraseando a Erich Fromm, quien en una ocasión definió al autor como una persona que simplemente se había atrevido a decir que «el Rey estaba desnudo».

1.2 La tesis de partida.

Cuando el lector se enfrenta por primera vez al texto de Energía y equidad, debería tener en cuenta que en realidad está leyendo un estudio de caso empleado por el autor para demostrar una tesis ya avanzada en otro de sus escritos. En palabras del propio Illich, «Energía y equidad no es sino un postfacio de La convivencialidad». Parece lógico, por tanto, introducir un breve análisis de lo señalado en este texto antes de continuar.

La idea principal, o tesis, que Illich plantea en La convivencialidad es que las sociedades en vías de desarrollo deben imponer límites al progreso industrial, para evitar que en ellas se produzcan las nefastas transformaciones socioculturales que ya experimentan las sociedades desarrolladas.

Illich identifica diferentes efectos perversos provocados por el progreso industrial sobre el hombre y, en todos ellos, el elemento común que los define es la pérdida de libertad del individuo y de su capacidad para expresarse, pensar y obrar como ser individual.

Pero, ¿cómo ha podido producirse tal transformación sin que la sociedad se haya revelado? Precisamente por la ausencia de límites al desarrollo tecnológico. En pos de un mejor modo de vida, o bienestar, la sociedad ha permitido que el desarrollo tecnológico perfeccionase herramientas primero, máquinas después y autómatas por último, que aliviasen el esfuerzo de habitar. Pero debido a esta dependencia del bienestar, el individuo se ha vuelto débil y sumiso ante las instituciones, la tecnología y el progreso, las verdaderas productoras y controladoras del bien deseado.

La paradoja de esta sumisión está en que el estándar de vida ideal sólo es posible para unos pocos individuos, ya que los recursos naturales no son suficientes para proveerle a todo el mundo el nivel de confort soñado. En consecuencia, el individuo se somete cada vez más a sus dominadores con la esperanza de alcanzar un pedazo del bienestar ideal, quedando completamente anulado como ser libre.

Ante tal panorama, Illich plantea como única solución para garantizar una sociedad libre y en equilibrio con su entorno el establecimiento voluntario de unos umbrales de crecimiento por parte de la sociedad.

Reconocer la necesidad de imponer dichos umbrales implica reconocer que por mucho que la tecnología perfeccione el rendimiento de los recursos, éstos llegarán a agotarse. Asimismo, implica reconocer que sólo estableciendo dichos umbrales se hará posible un nivel de vida digno y accesible a todo el mundo. Y por último, implica reconocer que dichos umbrales permitirán al individuo tener más control sobre su forma de habitar, liberándolo de la dependencia de la tecnología.

En resumen, en La convivencialidad Illich identifica cuáles son los grandes mitos que amenazan a la sociedad y al individuo, y contra los que se debe luchar: el progreso, la tecnología y las instituciones. El objetivo del texto, y de otros escritos entre los que se encuentra Energía y equidad, será descubrir las mentiras que esconden dichos mitos y proponer los modos de combatirlos.

2 El estudio de caso

Para demostrar la tesis propuesta en el texto anterior, Illich realiza en Energía y equidad un análisis de la industria del transporte y sus efectos perversos sobre la sociedad.

En el texto, los mitos de progreso, tecnología e instituciones aparecen perfectamente englobadas bajo el concepto de crisis de energía, pues en él se esconden las mismas mentiras que en los anteriores, es decir:

En consecuencia, Illich sostiene que la crisis de energía no puede ser un motivo para perfeccionar la obtención de energía de consumo, sino que debe ser la razón para reducir los niveles de consumo de energía. Sólo así será posible garantizar una sociedad equitativa, en la que todos tengan acceso a idénticos niveles de bienestar. En palabras del propio autor:

[...] no puede existir sociedad que merezca el calificativo de socialista cuando la energía mecánica que utiliza aplasta al hombre e, inevitablemente, pasado un cierto punto, la energía mecánica tiene tal efecto. Existe una constante K. Esta constante indica la cantidad por la cual hay que multiplicar la energía mecánica utilizada para todos los fines en la sociedad. No puede existir aquella combinación de sociedad socialista, en tanto K no quede dentro de unos límites. La sociedad debe ser considerada como subequipada para una forma de producción participatoria y eficaz, mientras K no alcanza el valor del límite inferior. Cuando K pasa a ser mayor del valor del límite superior, termina la posibilidad de mantener una distribución equitativa del control sobre el poder mecánico en la sociedad. [...] existe en cada sociedad concreta un nivel de energía de rendimiento mecánico dentro del cual puede funcionar de manera óptima un sistema político participatorio.
Illich, 1985: 21

El ejemplo del que se sirve Illich para ilustrar lo anterior es el de la circulación, sobre la que analiza el efecto provocado por la acción de los tres mitos.

El estudio de caso comienza distinguiendo dos tipos de circulación: el tránsito de personas y el transporte motorizado. Sobre ellos estudiará los aspectos de velocidad y aceleración, comparando el modo y el grado en que cada tipo de circulación influye en la configuración territorial, en la distribución espacial del tejido social y en el tiempo disponible para las relaciones sociales.

Illich nos va mostrando en este análisis cómo el desarrollo ilimitado de la industria del transporte, en pos de un supuesto progreso, no sólo modifica terriblemente el territorio, sino que además reduce nuestra libertad de movimientos sobre el espacio, condenándonos a ser usuarios del transporte (público o privado), a ser consumidores obligatorios, para no quedar marginados del resto de la sociedad. La consecuencia paradójica de este desarrollo tecnológico es la disminución del tiempo social disponible en nuestra vida diaria frente al aumento del tiempo invertido en nuestros desplazamientos cotidianos.

El contexto generado por la industria del transporte se puede resumir del siguiente modo:

Atravesándolo a pie, el hombre transforma el espacio geográfico en morada dominada por él. [...] La relación hacia el espacio del usuario de transportes se determina por una potencia física ajena a su ser biológico. El motor mediatiza su relación con el medio ambiente y pronto lo enajena de tal manera que depende del motor para definir su poder político. Él perdió la fe en el poder político de caminar.
Illich, 1985:29

El claro monopolio que la industria del motor ejerce sobre la vida cotidiana (Illich, 1985:40) no es percibida por la sociedad como una amenaza. Y esto debe entenderse, tal y como insiste Illich una y otra vez, como un síntoma de desactivación de la sociedad, propiciada por la falta de tiempo social y la dependencia absoluta de los tecnócratas del transporte.

La solución que Illich plantea al problema de la crisis de energía en la circulación es la de establecer una velocidad límite para el transporte motorizado. La medida evitaría la dispersión territorial que sufren las ciudades actualmente, y en consecuencia, se invertiría toda la situación antes expuesta.

La dificultad de aplicación de dicha medida no pasa inadvertida para el autor, siendo él mismo el que define los problemas para llevarla a cabo: la existencia de umbrales de velocidad diferentes para peatones y motoristas; la dependencia técnica de la sociedad, que la imposibilita para optar por otros modos de transporte; y el modo en que se debería decidir dicho límite (en asamblea ciudadana, por votación democrática...).

A la vista de lo anterior, Illich dibuja tres escenarios posibles que clasificaría a los países en:

  1. Subequipados: aquellos países que no disponen de las infraestructuras necesarias para el uso de la bicicleta, ni puede dotar al ciudadano de una (Illich, 1985: 53).
  2. Superindustrializados: aquellos en los que la vida social está dominada por la industria del transporte, jerarquizando las clases sociales, acentuando la escasez del tiempo, etc. (Illich, 1985:53).
  3. Madurez tecnológica: aquellos países que alcanzan un equilibrio entre el transporte motor y el tránsito a pie y en bicicleta. Los límites de uno y otro no pueden fijarse exclusivamente desde la técnica, sino desde un proceso político de la comunidad, que será la que decida cuándo merece la pena traspasar unos límites u otros (Illich, 1985:53).

La conclusión del texto es que una sociedad convivencial debería adoptar el tercer escenario, donde los límites al progreso del transporte garantizan la libertad del individuo para moverse sobre el territorio libremente. Esta no dependencia de las instituciones del transporte, así como la no dependencia de cualquier otra institución, es lo que permite a la sociedad tomar parte activa en su progreso, como un colectivo de individuos libres que interactúan entre sí.

3 Reflexiones contemporáneas

Aunque el objeto de análisis del presente artículo era el texto de Energía y equidad, se ha podido comprobar que este no es más que el eslabón de una cadena de pensamiento sólida que gira entorno al mundo en que vivimos.

Y hablo en presente, aunque sus escritos tengan más de treinta años, porque ha quedado igualmente clara la absoluta vigencia de los textos aquí referidos. Cuando uno lee el capítulo «5.2 De la catástrofe a la crisis», de La convivencialidad, no puede más que sorprenderse al descubrir la descripción exacta de la crisis actual:

[...] Dentro de muy corto tiempo, la población perderá la confianza, no sólo en las instituciones dominantes, sino también en los gestores de la crisis. [...] Un suceso imprevisible y probablemente menor servirá de detonador a la crisis, como el pánico en Wall Street precipitó la Gran Depresión. Una coincidencia fortuita pondrá de manifiesto la contradicción estructural entre los fines oficiales de nuestras instituciones y sus verdaderos resultados. Lo que es ya evidente para algunos, de golpe saltará a la vista de la mayoría: la organización de toda la economía dirigida a un mejor-estar es el obstáculo mayor al bienestar [...].
Illich, 1985

Pero la vigencia de los textos de Illich no sólo se debe a las conjeturas (tristemente) certeras sobre la sociedad actual, sino que se debe, fundamentalmente, al enfoque holístico que tiene sobre los hechos. Empleando un símil médico, Illich no se centra en resolver el síntoma del paciente, sino que se preocupa de encontrar las causas que originan su enfermedad.

Partiendo de esta idea, una lectura entre líneas de los textos de Illich nos permite entender que lo que sucede en el mundo en que vivimos es fruto de nuestro modo de vida y, por tanto, sólo modificando esto último podremos modificar los efectos sobre nuestro entorno.

Esto que parece tan sencillo de concluir implica en realidad un alto grado de coherencia y valentía por parte de la sociedad. Comprender que nuestros actos provocan determinados efectos nos lleva, indudablemente, a asumir la teoría de los umbrales de crecimiento como el único modo posible que el ser humano tiene de vivir equilibradamente en el planeta.

Sin embargo, la mayor parte de los planes, programas, convenios y tratados que hoy en día hablan de sostenibilidad, entendiendo esta en su triple dimensión, no son más que propuestas de perfeccionamiento tecnológico del sistema en que vivimos, pero no suponen un cambio radical del mismo. En este sentido, se escuchan frases del tipo «aumentar la inversión en energías renovables», «aumentar la fertilidad de los suelos», «aumentar la eficacia del transporte», pero en raras ocasiones se plantean ideas de reducir el consumo energético, reducir el consumo de bienes o reducir la necesidad de desplazamientos.

Desgraciadamente, todo lo que se podría decir sobre sostenibilidad ya está dicho pero nada se ha puesto en práctica. Sólo cuando cada uno de nosotros deje de tener miedo a la libertad que podemos alcanzar con otro modo de vida, dejaremos de someternos a un sistema que nos anula como individuos y que avanza hacia un horizonte cada vez más cruel.

4 Referencias bibliográficas

Fromm, Erich  (1942)   The fear of freedom,   Londres: Routledge. Edición española: El miedo a la libertad, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica (2009). 

Hornedo, Braulio  (2003)   «Semblanza de Illich»,   La Jornada Semanal, México D.F: UNAM. Número 411. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2003/01/19/sem-braulio.html (Consultado: enero de 2011). 

Illich, Ivan  (1973)   Tools for Conviviality.   Londres: Calder & Boyars. Edición española: La convivencialidad, México D.F: Editorial Joaquín Moritz, Grupo Editorial Planeta (1985). Disponible en: http://habitat.aq.upm.es/boletin/n26/aiill.html

Illich, Ivan  (1974)   Energy and Equity,   Londres: Marion Boyars Publishers. Edición española: Energía y equidad, México D.F: Editorial Joaquín Moritz, Grupo Editorial Planeta (1985). 

Robert, Jean  (2002)   «En memoria de Ivan Illich»,   Boletín CF+S, Número 26: Ivan Illich. Disponible en: http://habitat.aq.upm.es/boletin/n26/ajrob.es.html

Sanz, Alfonso  (2004)   «Illich y el desvelamiento del mito»,   Boletín CF+S, Número 26: Ivan Illich. Disponible en: http://habitat.aq.upm.es/boletin/n26/aasan.html

Saravia, Manuel  (2004)   «El significado de habitar»,   Boletín CF+S, Número 26: Ivan Illich. Disponible en: http://habitat.aq.upm.es/boletin/n26/amsar.html

Funadciónn Everis  (2010)   Informe Transforma España. Versión 1.0,   Fundación Everis. Disponible en: http://www.scribd.com/doc/43836897/Informe-Transforma-espana (consultado: enero de 2011). 

Notas


[1]: El presente artículo tiene como objeto el análisis del texto «Energía y equidad», del filósofo, historiador y teólogo Ivan Illich. El texto original, en inglés, fue traducido al español en 1974 por Verónica Petrowitsch, con la colaboración del autor, y desde entonces se ha publicado en diferentes editoriales de habla hispana. Para la ocasión se ha utilizado la edición de 1985, publicada por la editorial Joaquín Mortiz S.A. (México), del Grupo Editorial Planeta.


Edición del 25-1-2012
Edición: César Corrochano Barba
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