Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 46: El «nuevo paradigma» cumple 65 años > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n46/ahbre.html   
El insostenible camino por la utopía [1]
Helga von Breymann
Madrid (España), noviembre de 2010.
Resumen: Este trabajo reflexiona sobre el artículo «La Utopía, la Ciudad y la Máquina» de Lewis Mumford publicado en 1965; sobre cómo históricamente hemos ido idealizando el modelo de desarrollo de la sociedad y la economía, ocasionando graves consecuencias en las ciudades, pues ha sido en ellas donde se ha concebido la utopía y se han implantado por lo tanto las mayores reformas. Esta temática suscita controversia, ya que exacerba las discusiones constantes por los efectos desequilibrantes que este pensamiento utópico promovió y promueve aún en la actualidad. Muchas utopías anteriores y actuales se apoyaron en un modelo de desarrollo que, para distintos expertos, ha sido el mayor causante del alto grado de in-sostenibilidad actual del planeta.

En las últimas décadas se han originado constantes discusiones en torno a la problemática que viven nuestras ciudades, pues es allí donde se hacen más evidentes las disparidades y los grandes cambios de nuestra sociedad. La discriminación social, la destrucción de los recursos naturales, la sobrepoblación en los países pobres y la crisis económica, entre muchas otras, evidencian que el modelo actual es insostenible.

Como seres políticos que somos —querámoslo o no— discutimos continuamente sobre cómo podemos acercarnos a esa utópica sociedad que ha rondado nuestros más profundos anhelos desde hace milenios. Para lograrlo, hemos desafiado a los avances científicos y tecnológicos por décadas. Y es que el hecho de que la población mundial se haya casi triplicado en los últimos 60 años, pasando de ser 2.529.346.000 habitantes en 1950 a 6.908.688.000 habitantes en 2010 (NNUU, 2009), es imposible de obviar, pues desencadena una gran cantidad de problemáticas a nivel mundial. Además, las áreas urbanas son las más afectadas con el cambio, pues en 1950 solo el 28,83% de la población vivía en éstas, pero en el 2010 este porcentaje se eleva a un 50,46% y se espera que para el 2050 estas zonas lleguen a contener al 68,70% de la población total (NNUU, 2009).

Es evidente que las ciudades son cada día más atrayentes para el ser humano, pues el número de éstas en el mundo con una población superior a los 750.000 habitantes ha pasado de ser 103 en 1950 a 606 en 2010 (NNUU, 2009). ¿Pero, qué ofrecen realmente las ciudades para interesar a más de la mitad de la población mundial? ¿Qué condiciones se han dado en ellas a lo largo de la historia que las ha convertido en este polo de atracción tan poderoso?

En su artículo, Mumford nos presenta un recorrido por la concepción de la utopía y el vínculo de ésta con la ciudad y la máquina a través de la historia. Este sociólogo, urbanista e historiador ha sido quizás uno de los mayores pensadores del siglo XX en estos temas y ha desatado innumerables críticas y debates sobre la técnica, la ciudad, la sociedad y el arte, entre otras. Esta obra busca ofrecer una explicación histórica que facilite la comprensión de los factores que han llevado durante tantos siglos a visualizar la utopía como una ciudad y la relación de ésta con el discutido desarrollo que aún hoy desata tanta controversia.

Y es que al realizar un recorrido por las lecturas históricas sobre el pensamiento utópico, destacan algunos aspectos sugerentes, como la naturaleza autoritaria de éste, su concordancia con la conformación de la ciudad y su relación con los mecanismos de trabajo desarrollados. Basta con echar un vistazo al pasado para darnos cuenta que incluso las utopías más recientes han germinado sobre unos ideales similares, cargados de pensamientos de dominación, colectivismo, supresión, etc., debido en gran parte a que la consolidación de los grandes núcleos poblacionales fue agregando interminables variables que hicieron cada vez más compleja la estructura productiva, social y de poder. Esto llevó a que fuese aumentando la necesidad de mayores controles reglamentarios y morales, manifiestos ya en la comunidad política totalitaria que describió Platón hace más de dos mil años.

Mumford (1965:38) identificó estos rasgos en su estudio sobre la ciudad utópica, resaltando el «aislamiento, estratificación, fijación, regimentación, estandarización y militarización» que, según explica, se encuentran incluso —aunque en algunos casos de manera más sutil— en las utopías del siglo XIX.

Pero para comprender por qué la utopía prosperaba sobre estas condiciones es necesario recordar que los ideales utópicos se podían lograr solo a través de un esfuerzo colectivo y coordinado que estuviera bajo un estricto control y que fue lo que posteriormente desencadenó, según el autor, en la creación de una gran máquina colectiva humana que podía establecerse únicamente en una gran ciudad.

Para advertir la relación entre la utopía, la ciudad y la máquina es necesario entender qué características contiene una ciudad que la hace idónea como escenario para que germine en ella la utopía, pues solo comprendiendo la naturaleza de la ciudad podremos entender esta relación. Si buscamos los rasgos que han sido considerados para definir una ciudad como tal por distintos estudiosos de lo urbano, encontraremos algunas claves que nos remiten a las concepciones anteriormente expuestas.

Por ejemplo, Weber (1921, citado en Capel, 1975) consideraba como características esenciales de la ciudad la existencia de comercio, política y fuerza militar; mientras que Georg Simmel (1903, citado en Capel, 1975) señalaba una evidente despersonalización de las relaciones del ser humano. Wirth (1938, citado en Capel, 1975) identificó características intrínsecas en el modo de vivirla, como el retraimiento social, la división de roles desempeñados, el anonimato, la naturaleza temporal y utilitaria, la especialización y división laboral, la rivalidad, la economía de mercado, el valor de las asociaciones y el control político por agrupaciones. Alguacil (2008) considera la ciudad como un lugar de encuentro —entre la convivencia y el conflicto— con el propósito de avanzar en la satisfacción de las necesidades humanas. Pero quizás una constante en las distintas definiciones es la característica de contener una sociedad compleja donde brotan posibilidades de interacción social y, principalmente, facilidades para el desarrollo económico.

Esta reflexión nos recuerda que la ciudad facilita y ha facilitado por siglos el desarrollo de la fuerza de trabajo, la producción, la agrupación de los seres humanos y el orden mecánico. Todo ello, emplazado y coordinado sobre una urbe, es lo que ha permitido que esta gran máquina productiva prosperase.

A pesar de que este modelo se ha ido re-definiendo a través de los siglos, alcanzó quizás la fórmula más determinante durante la Revolución industrial, generando un impacto enorme en el concepto de ciudad que arrastramos hasta la actualidad. Sin embargo, todas estas definiciones que han ido justificando la importancia de la ciudad para el desarrollo económico, se mantienen aún en el presente. Las nuevas variantes en el modelo establecido están más relacionadas con los avances científico-tecnológicos, por lo que son producto del mismo desarrollo que venimos discutiendo.

Es decir, las nuevas teorías o hipótesis que se han venido formulando —como el concepto de ciudades globales por autores como Friedmann y Wolff (1982), Brenner (2003) o Sassen (1991) desde los años ochenta— siguen considerando sumamente importantes las grandes ciudades por ser «(...) nodos espaciales claves de la economía mundial, puntos de base localizados para la acumulación del capital(...)» (Brenner, 2003). Es decir, a pesar de los grandes avances y desarrollos, el espíritu de la gran ciudad ha seguido siendo el mismo desde hace milenios.

Sin embargo, este modelo de ciudad ha desatado grandes controversias. Durante los siglos XIX y XX se generó un gran movimiento anti-urbanista que luchaba por revertir todas esas repercusiones del desarrollo económico de las grandes urbes. Utópicos como Jonh Ruskin, William Morris o Ebenezer Howard consideraban que las ciudades —víctimas del desarrollo abrumador y del deterioro de la sociedad— eran lugares hostiles donde se ausentaban los valores y los principios morales y estéticos, por lo que buscaban la construcción de una nueva utopía basada en valores como la felicidad, la naturaleza y el equilibrio con el entorno.

Esta percepción negativa de los efectos del desarrollo se mantiene en la actualidad, especialmente en quienes son consientes de los impactos adversos que se están produciendo sobre nuestro planeta. Muchos expertos se han pronunciado sobre el tema, resaltando la insostenibilidad que se hace manifiesta continuamente y lo errados que estamos si creemos que por este camino alcanzaremos alguna sociedad ideal. Meadows (1991) señalaba en Más allá de los límites que desde la Revolución industrial ha existido un crecimiento exponencial de la economía humana y esto ha traído fuertes repercusiones sociales y medioambientales y que urge, por lo tanto, un cambio cultural y de valores que no solamente estimule «(...) nuestra creatividad tecnológica y nuestra inteligencia emprendedora, sino también nuestra sabiduría y bondad». Probablemente Sassen (2007) esté en lo correcto al afirmar que actualmente vivimos una época de distopía más que de utopía, pues este ideal no representa ningún interés para el sector monetario ni genera divisas y por lo tanto no tiene valor en nuestra realidad económica actual.

Y es que el interés y la ambición del ser humano por mejorar y acrecentar el potencial de esta gran máquina productiva han provocado grandes desequilibrios, tanto en el plano económico y social como en el natural. Sin embargo, las condiciones actuales se mantendrán mientras la sociedad no reaccione y busque un cambio en el sistema económico que las origina (Naredo, 1995). Pero, ¿somos realmente conscientes del precio que estamos pagando por el desarrollo de la técnica y la invención de esta máquina invisible?

Ahora se ha demostrado que esta creencia era una ilusión. Aunque cada invención o descubrimientos nuevos puedan responder a alguna necesidad humana general, o despierten incluso alguna potencialidad humana nueva, inmediatamente se convierten en parte de un articulado sistema totalitario que, por sus propias premisas, ha hecho de la máquina un Dios cuyo poder hay que acrecentar, cuya prosperidad resulta esencial para toda existencia y cuyas operaciones, por irracionales o compulsivas que sean, no pueden ser desafiadas y, menos aún, modificadas.

Mumford, 1965:53

Aunque se han hecho cuantiosas reflexiones sobre estos temas con la intención de alertar sobre los límites ecológicos existentes, sobre las consecuencias negativas de los procesos tecnológicos globales, sobre los efectos de los mercados ilimitados, sobre nuestras ciudades, nuestra economía, nuestra ecología, aún continúan los debates sobre cuál sería el modelo ideal al cual deberíamos responder.

A pesar de que el texto fue escrito en 1965 —por tanto no considera los innumerables avances tecnológicos y científicos que se han desarrollado con una rapidez impresionante en los últimos años, ni los efectos que este desarrollo ha producido en el mundo y sus sociedades—, conserva la absoluta vigencia que tuvo hace ya 45 años. Mumford, veía cómo se difuminaba la responsabilidad en los procesos que estaban aconteciendo y cómo sus consecuencias transformaban todos estos ideales en tristes realidades sin una clara consumación.

Al final, la utopía se funde con la distopía del siglo XX, y de pronto nos damos cuenta de que la distancia entre el ideal positivo y el negativo no fue nunca tan grande como habían sostenido los defensores o los admiradores de la utopía.

Mumford, 1965:38

Bibliografía

Alguacil, Julio.  (2008)   «Espacio público y espacio político. La ciudad como el lugar para las estrategias de participación»,   Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, v.7, n.20, pp. 199-223. 

Brenner, Neil  (2003)   «La formación de la ciudad global y el re-escalamiento del espacio del Estado en la Europa Occidental post-fordista»,   Revista EURE, Santiago, v.29, n.86 , pp. 5-35. 

Capel, Horacio  (1975)   «La definición de lo urbano»,   Estudios Geográficos, n.138-139, pp. 265-301. 

Friedmann, J. y G. Wolff  (1982)   «World city formation: an agenda for research and action»,   International Journal of Urban and Regional Research, UK. 6: pp. 309-344. 

Friedmann, J.  (2005)   «Globalization and the emerging culture of planning»,   Progress in Planning, pp. 183-234. Vancouver, Canada. 

Howard, Ebenezer  (1898)   To-morrow: A Peaceful Path to Real Reform.   s.d. Se cita la edición de 1945: Garden Cities of To-morrow.Con prefacio de F.J. Osborn y una introdución de Lewis Mumford. London: Faber & Faber. 168 pp. 

Imaz, Eugenio, et al.  (1966)   Utopías Del Renacimiento. Tomás Moro: Utopía; Tomaso Campanella: La Ciudad Del Sol; Francis Bacon: Nueva Atlántida.   México: Fondo de Cultura Económica. 

Manuel, F. E. y M. Mora.  (1982)   Utopías y Pensamiento Utópico.   Espasa-Calpe. 

Meadows, Donella, et al.  (1991)   Beyond the limits.   London: Earthscan Publications Ltd. Versión castellana Más allá de los límites del crecimiento en Alonso, E, Ecología y Desarrollo: Escalas y problemas de la dialéctica desarrollo-medio ambiente. Madrid: UCM (1996), pp. 57. 

Mumford, Lewis  (1965)   «Utopia, the City and the Machine»,   DAEDALUS, Journal of the American Academy of Arts and Sciences Cambridge, n.94, pp. 271-292. Se cita la versión castellana de Frank E. Manuel, (ed) La utopía, la ciudad y la máquina en Utopías y pensamiento Utópico, España: Espasa-Calpe, 1982, pp. 31-54. 

Naredo, Jose Manuel  (1995)   «Sobre el origen, el uso y el significado del término sostenible»,   Documentación social, n. 102, pp. 129-147. También en Naredo et Rueda (comp.) La construcción de la Ciudad Sostenible, 1996: http://habitat.aq/cs/p2/a004.html

NNUU  (2009)   Datos y proyecciones de Naciones Unidas.   Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población. 

Sassen, S.  (1991)   La Ciudad Global: Nueva York, Londres, Tokio.   Princeton, N.J.: Princeton University Press. 

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Simmel, G.  (1903)   Die Grosstädte und das Geistleben.   Versión castellana en Choay F. El urbanismo, utopías y realidades. Barcelona: Edit. Lumen (1970). 

Weber, M.  (1921)   Die Stadt   Versión inglesa The city. Illlinois: The Free Press, Glencoe (1958). Existe versión castellana La Ciudad. Madrid: La Piqueta (1987). 

Wirth, L.  (1938)   «Urbanism as a way of life»,   American Journal of Sociology, 44, pp. 1-24. Versión castellana de Víctor Sigal, Buenos Aires: Ediciones Tres (1962). 

Notas


[1]: El artículo original se publicó en inglés en 1965 con el título «Utopia, the City and the Machine» en el número 94 de la revista DAEDALUS: Journal of the American Academy of Arts and Sciences. La versión en castellano corresponde a la publicada por Frank E. Manuel, (ed.) Utopías y pensamiento Utópico, Espasa-Calpe, España, 1982. (1966) pp. 31-54.


Edición del 25-1-2012
Revisión: Mariano Vázquez
Edición: Susana Simón Tenorio
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