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De la participación ciudadana a la gobernanza urbana: transformaciones políticas y territoriales [1]
Alexandra Delgado Jiménez [2]
Madrid (España), 2 de octubre 2009.
Resumen: El eje central de esta comunicación es la relación de la participación ciudadana y la gobernanza urbana con el modelo de desarrollo y su componente territorial. Las transformaciones de los últimos años han reconfigurado las relaciones políticas, sociales y económicas. En ese proceso se ha impuesto una nueva gobernanza de orden global y la participación ha quedado cada vez más alejada de los centros de decisión, lo que ha supuesto la concentración de poder en unas pocas manos y la desconfianza en las instituciones, derivada de la complejidad administrativa y la falta de transparencia en la toma de decisiones. La construcción del espacio requiere de participación ciudadana y una gobernanza urbana que busque la acción pública enfocada en las necesidades reales de la sociedad —y no en los intereses económicos de élites— y que desarrolle el sentido de responsabilidad colectivo ante el entorno. La vinculación (y comprensión) de los procesos de toma de decisiones a diferentes escalas (multi-level-governance) y la puesta en valor de la escala local para las cuestiones espaciales son claves necesarias para una gobernanza urbana que incorpore la acción social como fuerza transformadora de los modelos de desarrollo y su componente territorial.

No vivimos tanto en un mundo gobernado como en un mundo atravesado por la voluntad de gobernar, alimentado por el registro constante del fallo, de la discrepancia entre las ambiciones y el resultado,y del constante requerimiento de hacerlo mejor la próxima vez.
Rose y Miller, 1992

Gouverner c´est choisir.
Pierre Mendès, 1953[3]

1 Introducción

Las transformaciones políticas y territoriales que estamos viviendo en los últimos tiempos están alcanzando una escala y una complejidad de gran interés.

Las transformaciones políticas tienen ya su espacio y protagonismo; todos entendemos que la Unión Europea toma decisiones en cuestiones antes sólo estatales y la globalización forma parte ya de nuestro vocabulario.

Asimismo las transformaciones urbanas y territoriales son también protagonistas de nuestro día a día, ya sea la inauguración del último edificio estrella, la aprobación de un nuevo desarrollo urbanístico de cifras desorbitadas o a través de los datos de ocupación de suelo, que muestran que crecemos físicamente más que en población.

Pero no siempre relacionamos ambas dimensiones y todavía subyace la idea de que son procesos separados:

Con demasiada frecuencia, sin embargo, el estudio de la urbanización se separa del estudio del cambio social y del desarrollo económico, como si de alguna manera se pudiera considerar una escena secundaria o un subproducto pasivo de cambios sociales más importantes y fundamentales.
Harvey, 1989

Como explica Harvey en su estudio sobre las transformaciones de la gobernanza[4] urbana, las sucesivas revoluciones de la tecnología, las relaciones espaciales, las relaciones sociales, los hábitos de los consumidores, los estilos de vida y demás que han caracterizado la historia capitalista no pueden entenderse sin investigar en profundidad las raíces y la naturaleza del proceso urbano.

Se pretende, en este artículo, relacionar ambos procesos, poniendo el énfasis en la gobernanza, tomada como la articulación de la toma de decisiones políticas, y el papel que ser reserva al ciudadano, es decir, a todos y cada uno de nosotros.

2 Modelo de desarrollo y relación: Medio Ambiente-Sociedad-Sociedad

Un modelo de desarrollo es un sistema de funcionamiento por el cual se quiere transformar la realidad perfectible, o una parte de ella, con el objeto de satisfacer cierto fin que, teóricamente, debiera ser un estado más perfecto que el anterior.

El actual modelo de desarrollo está basado en el crecimiento como motor de desarrollo —lo que la literatura americana denomina Growth Machine—, sin responder a necesidades sociales o habitacionales y causando nefastas consecuencias en el Medio Ambiente.

El modelo económico adoptado, incluyendo medidas de liberalización del suelo, ha supuesto un crecimiento desbordado, el desmantelamiento del estado del bienestar y la pérdida de valor de la ciudad, en cuanto a su vida urbana, ya que la ciudad se ha convertido en un producto.

Si analizamos la Región Metropolitana de Madrid (RMM) —la cual se tomará como ejemplo de los diferentes procesos que se están estudiando— en el periodo 1985-2007 en ésta ha crecido la población, ha crecido fuertemente su cuerpo físico, pero sobre todo han crecido el coste y el consumo de dicha región. La RMM se ha vuelto más insostenible.

Esta dinámica se encuentra enmarcada en los cambios de ocupación del suelo que se están dando en Europa, aunque posee características singulares. La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) considera estos cambios una explosión urbana descontrolada ya que la tasa de cambio de suelo no se corresponde con la tasa de crecimiento demográfico. Se trata de crecer para crecer, o lo que es lo mismo, de urbanizar para aumentar el Producto Interior Bruto (PIB), tomando éste como único referente del desarrollo.

Una aproximación al modelo de desarrollo a través del análisis de las relaciones que se dan en dicho modelo, tanto de los seres humanos entre sí y con el mundo físico y el territorio muestra que existen diferentes tipos de relaciones: entre los individuos y la actividad organizada de la especie, la actividad social y su efecto sobre el medio ambiente y el medio ambiente en relación con el bienestar de los humanos —cambio climático, contaminación, epidemiología, etc.— (Lipietz, 2002). Para el análisis de las transformaciones políticas y su reflejo territorial se muestran de mayor interés las relaciones de la Sociedad con el Medio Ambiente y la relaciones Sociedad-Sociedad.

La actividad social sobre el medio ambiente tiene efectos de gran importancia, destacando que «la vinculación de las personas con el medio en el que viven es el primer paso para una reflexión sobre el modelo de desarrollo que estamos produciendo. Y para que se produzca esta vinculación, para desarrollar el sentido de responsabilidad ante el entorno, tanto físico como social y cultural, en el que vivimos, es necesario reforzar los mecanismos de participación en la construcción y transformación de ese medio.» (Laboratorio Urbano, 2004).

Dentro de la relaciones Sociedad-Medio Ambiente, se incluyen algunas disciplinas como la geografía humana o la economía dominante que se interesa por los efectos de la sociedad organizada en el territorio con ramas como la economía industrial, la economía regional, la economía rural o la economía del transporte (Lipietz, 2002).

Entre las distintas disciplinas que relacionan la Sociedad con el Medio Ambiente destacan el urbanismo y la ordenación territorial, que en la actualidad están siendo herramientas al servicio de la ideología dominante para la transformación del territorio.

La planificación urbana se ha convertido en uno de los instrumentos del crecimiento, en la línea de las ideas imperantes de desarrollo unido a productividad. Se ha pasado de un sistema industrial apoyado en la productividad y la eficiencia a un sistema competitivo actual en el que impera la tasa de crecimiento tomada en relación al PIB real e ingreso per cápita, sin considerar otras cuestiones (sociales, medioambientales); la cuestión de fondo en ambos casos ha sido el crecimiento.

Es necesario repensar esta disciplina para que pueda estar al servicio de la Sociedad y el Medio Ambiente y alejarse de la actual visión economicista y productivista de la ciudad y el territorio, planteando una refundación, es decir, transformando radicalmente los principios ideológicos para adaptarlos a un fin distinto: la construcción colectiva de la ciudad tomando como base las necesidades sociales y considerando el marco ambiental y permitiendo de una manera coherente las actividades económicas.

La relación Sociedad-Sociedad, o relación entre los individuos y la actividad organizada de la especie, conlleva en la actualidad una relación desconcertantemente compleja entre la economía, la sociedad y el estado. Algunas disciplinas que estudian dichas relaciones son la economía política, la política social y la geografía económica, o los economistas que se interesan por las relaciones de poder en la producción y distribución del producto.

Debido a la complejidad de dichas relaciones se hace necesaria una combinación de análisis, pasando de un acercamiento multidisciplinar más clásico, en el que se sientan todos los diferenciados disciplinados a la mesa, e interdisciplinar, en el que hay un intento de ponerse en el lugar del otro, a otro postdisciplinar, ya que las circunstancias se hacen más importantes que la propia disciplina (Zehar, 2008).

La gobernanza supone un reto en este aspecto porque hace viable la toma de decisiones y la acción pública relacionando la Sociedad, el Estado y los agentes económicos.

3 El papel de la participación ciudadana y la gobernanza urbana

Según indican Rose y Millar (1992), con el liberalismo, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, nace un nuevo concepto de sociedad civil como terreno de libertades políticas, exterior a las actividades del estado pero que debe ser fomentado y alimentado desde esa misma esfera estatal para que pueda realizar sus tareas de limitación de poder estatal.

El liberalismo marca el momento en el que se abandona el sueño de una sociedad completamente administrada y el gobierno se enfrenta a una esfera con sus propias formas de regulación interna.

Este desplazamiento tiene dos consecuencias inmediatas: el poder se enfrenta con sujetos provistos de derechos, que no pueden ser suspendidos por el Gobierno, y el Gobierno se enfrenta a una serie de procesos que no puede gobernar porque no tiene suficiente conocimiento acerca de ellos.

En la medida en que el gobierno liberal aspira a gestionar una esfera exterior a la política sin destruir su autonomía se vuelve plenamente pertinente la noción de acción a distancia. Esta noción va a su vez asociada a la noción de contractualización que implica la producción de un marco contractual para la relaciones entre el ciudadano y el Gobierno (se abre, desde distintos puntos del cuerpo social, un marco disciplinario —prisión, hospital— para todos aquellos que incumplan el contrato).

3.1 El papel de la participación ciudadana

En este marco de sujetos provistos de derechos, el concepto de participación se define como la capacidad y derecho de los habitantes/ usuarios/ ciudadanos de analizar, criticar y transformar el medio en el que viven (Laboratorio Urbano, 2004). Por ello, el derecho de los ciudadanos a ser informados, el derecho a ser consultados y el derecho a tomar parte (Funes Rivas, 2003) alimentarían las legítimas aspiraciones de participación.

Esta participación ciudadana cobra cierto significado cuando se relaciona con la producción del espacio, una de las principales transformaciones territoriales unidas a la acción política.

Para el movimiento ciudadano, la participación es y debe ser, de forma simultánea, un medio, un método y un fin; entendiendo por participación el compromiso y la actuación de un gran número de ciudadanos y ciudadanas en la escena y la agenda de las políticas municipal y regional e, incluso, de las políticas nacional e internacional en la medida en que éstas tienen un claro reflejo sobre la ciudad y sobre las redes de ciudades.
Pérez Quintana, 2005

3.2 La gobernanza urbana

Si por gobierno se entiende la matriz históricamente constituida que articula todos los movimientos, estrategias y aspiraciones políticas de las autoridades (económicas, legales, técnicas, etc.) que aspiran a modificar y moldear la conducta y las creencias de los otros actuando sobre su voluntad, sus circunstancias o su entorno (Rose, 1992), la gobernanza se considera una forma de concertación de la acción pública, incluida en el gobierno.

Respecto a la gobernanza, se puede considerar que existen dos visiones o corrientes principalmente, una basada en stakeholders y otra basada en la teoría del conflicto.

En la primera corriente, basada en stakeholders[5], se plantea que los diferentes agentes implicados, Administración Pública, sector privado y ciudadanía, tendrían un capital que poner en valor.

Se podría hablar entonces de un consenso político y, en su vertiente territorial, también. El territorio sería el espacio de acuerdo, en él cada sector tendría mucho que negociar y ganar.

Una segunda visión de la gobernanza nos acercaría a la teoría del conflicto[6], es decir, de cómo la lucha capital-trabajo se ha diluido y se ha diseminado en diferentes luchas, de las cuales una de las principales es la lucha por el entorno, ya sea considerándolo Medio Ambiente, territorio, paisaje o ciudad. Se tomarían por una parte los diferentes grupos y movimientos y por otra parte, la distribución de conflictos en el territorio.

La gobernanza es, en todo caso, un constructo que se desarrolla para poder describir los intentos de poner en marcha un nuevo estilo de gobierno, poniendo énfasis en la cooperación entre el gobierno y otros actores.

Se puede referir la gobernanza política entendiendo ésta como la inclusión de los actores sociales y de los ciudadanos en las redes de elaboración e implantación de las políticas públicas (Mayntz, 1999), lo que no trae como resultado la pérdida del control público en los procesos de toma de decisiones, pues, en última instancia, las autoridades públicas ostentan recursos para tomar la decisión final, de tal manera que el control jerárquico y la autorregulación no son mutuamente excluyentes, sino complementarios como elementos de una forma de ejercicio de la gobernanza mediante el fomento de la cooperación horizontal (Iglesias, 2005).

La multiplicidad de centros de decisión e instituciones no ha impedido la paulatina concentración de poder en unas pocas manos, siendo patente la percepción por parte de las sociedades occidentales de que muchos de los aspectos más relevantes de la vida cotidiana se deciden en organizaciones no sujetas a sufragio (Paramio, 2002).

Esta grave situación, con una mayor complejidad de las instituciones a la par que la concentración del poder en pocas manos, hace que los ciudadanos se alejen del entendimiento de la ciudad y sus políticas; no pueden decidir sobre el espacio en que habitan, el cual ven transformado sin necesidad y sin su opinión, ya que la ciudad se ha convertido en una mercancía y las operaciones sobre ella cada vez más rentables.

En esta situación, el Libro Blanco de la Gobernanza Europea surge para reformar la gobernanza europea. La Unión Europea (UE) responde a un sistema complejo de gobierno cuyo funcionamiento los ciudadanos apenas entienden. Esta falta de entendimiento ha llevado a que los ciudadanos confíen cada vez menos en su capacidad para realizar las políticas que necesitan.

El Libro Blanco propone abrir el proceso de elaboración de las políticas de la UE con el fin de asociar a un mayor número de personas y organizaciones en su formulación y aplicación, lo que se traducirá en una mayor transparencia y en una mayor responsabilización de todos los participantes.

Los cinco principios políticos que cimientan las propuestas del Libro Blanco de la Gobernanza Europea son la apertura, participación, responsabilidad, eficacia y coherencia (Comisión Europea, 2001). La participación queda incluida como una de las acciones de la gobernanza. Es de destacar que la gobernanza propuesta desde Europa, recopila cuestiones tradicionalmente del sector público (apertura, responsabilidad, coherencia), del privado (eficacia) o de la acción colectiva (participación). A continuación se resumen las principales ideas que incorpora el citado libro sobre la gobernanza:

La aplicación de estos cinco principios refuerza los de proporcionalidad y subsidiariedad. Desde la concepción de las políticas hasta su aplicación efectiva, la elección del nivel en el que ha de actuarse y la selección de los instrumentos utilizados deben estar en proporción con los objetivos perseguidos (Comisión Europea, 2001).

Tras el Libro Blanco de la Gobernanza Europea, han seguido otras dos comunicaciones de la Comisión Europea (CE): en 2003, Gobernanza y Desarrollo y en 2006, La gobernanza en el consenso europeo sobre la política de desarrollo. Hacia un enfoque armonizado en la Unión Europea —este último sobre países en vías de desarrollo— que tratan de desarrollar la nueva gobernanza europea.

En la comunicación Gobernanza y Desarrollo se considera que la gobernanza constituye un componente esencial de las políticas y reformas orientadas a la reducción de la pobreza, la democratización y la seguridad mundial. De ahí que el desarrollo de la capacidad institucional, especialmente de cara a la buena gobernanza y a la aplicación del Estado de Derecho, sea una de las seis vertientes de la política comunitaria de desarrollo a las que se concede una atención prioritaria en los programas de la CE en los países en desarrollo.

Los temas que se consideran de relevancia para la mejora de la gobernanza son, entre otros, la lucha contra la pobreza, la seguridad, la corrupción, la inmigración y también algunos procedimientos como el diálogo estratégico, la implicación de países socios y la integración en los planteamientos sectoriales (Comisión Europea, 2003).

En relación con las ideas de gobernanza que propugna la Unión Europea, en mayo de 2007, se aprobó la última Agenda Territorial europea (Comisión Europea, 2007). Este nuevo compromiso territorial europeo tiene como punto focal la cohesión territorial, un concepto menos nítido que el de su predecesora, la Estrategia Territorial Europea de 1999, Hacia un desarrollo equilibrado y sostenible del territorio europeo, e incorpora por primera vez el concepto de nueva gobernanza territorial[7]. Se trata de un proceso cooperativo permanente, implicando a todos los agentes, lo que principalmente deriva en dos procesos: colaboraciones público-privados para la ejecución de las políticas y transparencia (y publicidad) de las responsabilidades de gobierno, así como de las políticas aprobadas, en este caso, en el seno de la Unión Europea.

Otros instrumentos en materia territorial, como el Convenio Europeo del Paisaje, adoptado por España en 2007, incorporan el paisaje como un reto y una oportunidad en términos de gobernanza. Su complejidad interna, surgida de la articulación de procesos naturales y sociales, conduce inevitablemente a la coordinación de políticas sectoriales de incidencia paisajística, y de las distintas escalas de gobierno del territorio, a la cooperación entre lo público y lo privado (Mata, 2008).

4 Transformaciones políticas y territoriales en la escala global

Las fuertes transformaciones que han ocurrido desde mediados de los últimos 70 años en las formas de gobierno —con cambios políticos, sociales y económicos— están relacionadas con el cambio tecnológico, la globalización y las crisis económicas y políticas; los nuevos movimientos sociales y políticos también han tenido un impacto de desestabilización (Jessop, 2002). Estas transformaciones del estado moderno en sociedades capitalistas se han producido principalmente en Norteamérica, Europa del Noroeste y Australia y están relacionadas con la crisis del fordismo.

Tras la crisis, surgieron modelos llamados neo-fordistas o neo-tayloristas que buscaban flexibilizar las relaciones mercantiles, no sólo entre las unidades de producción sino también en la relaciones capital-trabajo. El trabajo pasa a convertirse en una simple mercancía susceptible de alquilarse o repudiarse a voluntad por el empleador.
Lipietz, 1990

En estos últimos años, el Estado capitalista se ha caracterizado por incluir nuevas formas de regulación y de gobierno, incorporando la globalización así como transformando el estado de bienestar.

A este respecto, Jessop se pregunta si el nuevo tipo de Estado capitalista (en su forma neoliberal) que está emergiendo actualmente ofrece una solución, planteándose finalmente la necesidad de alternativas (Wright, 2002). Respecto a la transformación del gobierno, cabe pensar que el concepto de soberanía ya no se podrá aplicar exclusivamente al Estado y se inicia, por tanto, un periodo de reestructuración del poder.

El poder político se ejerce hoy a través de una profusión de alianzas cambiantes entre diversas autoridades en proyectos de gobierno de una multitud de facetas de la actividad económica, la vida social y la conducta individual (Rose, 1992). Además, esta transformación tiene claramente dos procesos y dos escalas, la fragmentación-heterogeneización se contrapone así a la globalización-homogeneización, dando lugar a una tensión entre lo local y lo global.

La forma espacial de estos nuevos modelos surgidos tras la crisis del fordismo no es solamente desarrollo o extensión espacial, sino también regulación espacial. La proximidad se convierte en la condición de las interacciones económicas y sociales, mientras que para la jerarquía fordista se podía desarrollar sobre una topología dominada. Resulta, por tanto, una remetropolización tendencial de las formas urbanas.

La urbanidad post-fordista se apoya en la movilización organizada del territorio. Toma la forma de la metropolización, pero sobre todo, de redes articuladas de sistemas locales más pequeños y organizados.

Se podría hablar de que en ambos modelos, neo-fordista y post-fordista, se valora la proximidad y están unidos a procesos de metropolización, pero la primera de un modo desorganizado y la segunda, teniendo una articulación espacial.

Para entender mejor esta diferencia entre modelos Lipietz (1990) indica los caminos de diferentes países que habían estado en cabeza en el fordismo. Mientras que Reino Unido, Francia y los Estados Unidos son neo-fordistas; Alemania, Austria, Suiza y el Norte de Italia son post-fordistas.

Desde esta forma de entender los procesos urbanos, la Región Metropolitana de Madrid sería un claro ejemplo de ciudad neo-fordista por su remetropolización a marchas forzadas con una movilidad hipertrofiada pero poco organizada en el territorio.

5 Transformaciones políticas y territoriales en la escala local

Si nos acercamos a la escala local, la transformación política se ha centrado en alejar cada vez más «los procesos de toma de decisiones, que suceden casi siempre al margen de las personas que se verán afectadas por sus consecuencias, por lo que muchas de estas decisiones no responden a sus necesidades reales.» (Laboratorio Urbano, 2004).

El desarrollo sigue centrado en la ocupación de suelo, y «el gobierno se convierte en la arena en la que los grupos interesados en ciertos usos del suelo compiten por el dinero público e intentan amoldar estas decisiones que determinarán los usos del suelo resultantes» (Molotch, 1976). Esto se traduce en la relación directa entre gobierno y agentes económicos, donde la participación ciudadana no puede ser más que un obstáculo para la consecución de los objetivos: captación de plusvalías y beneficios.

Debido a las transformaciones políticas de escala global antes comentadas, dichos grupos de interés, no son sólo ya las elites locales[8] de las que habla Molotch (1976), sino que debido a la globalización, su procedencia y el lugar de la toma de decisiones es cada más lejano.

En el caso de la Región Metropolitana de Madrid, al cambio de modelo de desarrollo se le ha unido el cambio de modelo de gobernanza: se ha pasado de la intervención pública en la ciudad a otro modelo de intervención de las administraciones públicas dirigido a favorecer la acción y los intereses privados.

La actividad de esa alianza sector público-sector privado es empresarial precisamente porque es de ejecución y diseño especulativos y, por lo tanto, está perseguida por las dificultades y los peligros adjuntos al desarrollo especulativo, en contraste con el desarrollo racionalmente planeado y coordinado. En muchos casos, esto significa que el sector público asume el riesgo y el sector privado obtiene los beneficios.

[...]

El verdadero poder para reorganizar la vida urbana radica en otra parte, o al menos en una coalición más amplia de fuerzas dentro de las cuales el gobierno y la administración urbanos sólo desempeñan una función facilitadora y de coordinación. El poder para organizar el espacio deriva de todo un complejo de fuerzas movilizadas por diversos agentes sociales.

Harvey, 1989

Se trata de la interacción de la Administración Pública para eliminar obstáculos que limiten la capacidad de transformar el territorio a las fuerzas económicas. Esto supone un fuerte despliegue de la hegemonía inmobiliaria imperante, y cuyas consecuencias podemos ver con claridad en la RMM.

Por consiguiente, cuando hablamos de la transición de la gestión urbana al empresarialismo urbano que ha tenido lugar en las pasadas dos décadas, tenenemos que tener en cuenta los efectos reflexivos de dicho cambio, mediante los impactos tanto en las instituciones urbanas como en los entornos urbanos construidos.
Harvey, 1989:372

En la escala local, se ha pasado en los últimos años de la gestión de la ciudad a un denominado por Harvey «empresarialismo urbano», que se muestra en cuatro acciones principalmente, aunque la combinación de ellas proporciona la clave de los recientes y rápidos cambios que se han producido en los sistemas urbanos del mundo capitalista avanzado:

El empresarialismo urbano tiene como característica común la competencia interurbana.

Las transformaciones en las formas de gobierno, en la escala local, han traído nuevas formas de gobernanza neoliberal, unidas al urbanismo neoliberal de acuerdo con Brenner (2002), como son:

González, 2007

Estas nuevas formas de gobernanza, con su correspondiente urbanismo neoliberal, según la denominación de Brenner[9], tienen en la Región Metropolitana de Madrid uno de los máximos exponentes. Estas fuertes transformaciones han sido analizadas, entre otros, por el Observatorio Metropolitano (en una interesante investigación colectiva), enumerando algunas de las estrategias que se han adoptado en el ámbito urbanístico, y que buscaban convertir Madrid en una ciudad global:

6 La gobernanza urbana: clave de las transformaciones políticas y territoriales

La vida de los ciudadanos se desarrolla cada vez más en el ámbito de las ciudades[11]. Los problemas y también las oportunidades se concentran en las ciudades. El gobierno local, lejos de perderse en las numerosas escalas de gobierno en el actual contexto de globalización, se configura como una institución clave para la maximización de la democracia política, ampliando su papel representativo y de prestación de servicios, potenciando así la creación de ciudadanía.

La enorme atención a la producción de un buen clima empresarial local ha resaltado la importancia de la localidad como ámbito de regulación de la aportación de infraestructuras, de las relaciones laborales, de los controles medioambientales e incluso de la política fiscal ante el capital internacional.
Swyngedouw, 1989[12]

Ante la imposición de un modelo de desarrollo basado en el crecimiento físico y una gobernanza basada en el empresarialismo urbano se hace necesario recuperar el espacio de intervención para controlar, denunciar y redirigir los procesos, tomando como instrumento la participación ciudadana y teniendo como objetivo una gobernanza urbana basada en las necesidades de la sociedad, no del mercado económico. La escala local surge como la escala más adecuada para la toma de decisiones debido a la conexión entre espacio de gobierno, espacio social y espacio urbano. Por su parte, el trabajo en red se muestra como una herramienta efectiva para el conocimiento y control de las políticas territoriales, debido a la escala y complejidad de las transformaciones urbanas que estamos sufriendo.

El sistema político-administrativo local es el primer eslabón del estado democrático y como tal, instancia de participación democrática, pues ofrece un sistema donde las formas convencionales de participación y las no convencionales, son más factibles. La articulación ciudadana en foros, asociaciones, organizaciones no gubernamentales, movimientos ciudadanos, entre otros, ofrece un potencial endógeno para la creación de marcos comunicativos a través de los cuales incorporar la cooperación entre los ciudadanos y sus instituciones de gobierno.
Iglesias, 2005

Lo local emerge como el ámbito primordial en donde se concretan y manifiestan muchos de los problemas. La participación de este ámbito en la gobernanza se ha visto eclipsada por un orden mundial construido desde arriba. La alternativa a este orden puede ser el multi-level-governance, que implica ponerse de acuerdo entre las diferentes instancias de decisión. No obstante, las exigencias democráticas apuntan precisamente al ámbito local como el más proclive a la participación política en democracia (Alonso, 2005), lo que puede suponer una gobernanza urbana que incorporando la acción social, busque el equilibrio territorial.

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Worldwatch Institute  (2007)   Estado del Mundo 2007: Nuestro futuro urbano.   Centro de Investigación para la Paz. (CIP-FUHEM) Icaria Editorial 

Wright, Erik Olin  (2002)   Review   Reseña sobre el libro: Jessop, Bob(2002) The future of the capitalism state. Cambridge: Polity Press. Disponible en http://www.polity.co.uk/book.asp?ref=9780745622736 (Fecha de consulta: 08-05-2008) 

Zehar 62  (2008)   Lugares de transición 2. Manifesto of Possibilities.   Disponible en: http://www.arteleku.net/4.1/blog/zehar/?m=200802 (Fecha de consulta: 26-05-2008). 

Notas


[1]: Esta comunicación se presentó en el seminario Un nuevo urbanismo para una sociedad transformada: Alternativas a los nuevos modelos urbanos desde una visión crítica. Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Cuenca, 4-6 de junio de 2008. Quiero dar las gracias al Observatorio Metropolitano, ya que esta comunicación no hubiera sido posible sin las sesiones de textos sobre gobernanza que se realizaron durante el curso 2007-2008. En todo caso, todas las opiniones de la comunicación son estrictamente personales.
[2]: Arquitecta urbanista.
[3]: Discurso en la Asamblea de Francia el 3 de junio de 1953.
[4]: Existen discrepancias en la traducción del término inglés governance al castellano. Algunos autores lo traducen indistintamente como gobernanza o gobernabilidad. En esta comunicación se ha optado por utilizar el término gobernanza porque la definición de la Real Academia Española (RAE) se adapta más al concepto del que se está hablando. Según la RAE, gobernanza es «arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía», mientras que gobernabilidad se define como «cualidad de gobernable (que puede ser gobernado)».
[5]: En esta segunda línea, estaría la propuesta de los profesores de Yale, Ackerman y Alstott (1999), que proponían la idea de una sociedad participante a través de la creación de una Renta Básica, proponiendo una cantidad de cerca de 70.000 dólares entregados a cada ciudadano al nacer; se trata de la idea de un capital básico en busca de una cultura de la propiedad (en la línea de una sociedad de propietarios). Con esta propuesta se trata de transmitir un proyecto liberal para superar las desigualdades abiertas por el capitalismo con una interferencia política de una sola vez en la esfera privada. Se podría hablar en este caso de un liberalismo de izquierdas.
[6]: Con la teoría del conflicto se ha estudiado más recientemente la problemática de las revoluciones y el conflicto laboral (movimientos sociales), así como las manifestaciones del conflicto social. A partir de la década de 1950 comienzan a aparecer una serie muy específica de estudios y teorías centrados en el conflicto social, como fenómeno genérico, más allá de sus manifestaciones específicas.
[7]: Este se debe, además del interés por incorporar el término nueva gobernanza territorial al objetivo principal de la Agenda de cohesión territorial, a la aprobación de la postura oficial sobre gobernanza en la Unión Europea en el año 2000. La anterior Estrategia Territorial Europea es del año 1999 y no pudo incorporar dicha preocupación.
[8]: «La ciudad y, en general, cada municipio, está concebido como el área de expresión de interés de algunas élites basadas en el suelo. Dicha élite tiene como objetivo beneficiarse a través de aumentar la intesificación del uso del suelo del área en las que los miembros mantienen algún interés común. Una élite compite, como otras élites basadas en el suelo, en un esfuerzo para inducir el crecimiento de los recursos invertidos con su propia área en oposición a otra. La Administración competente, a nivel local y otros niveles, se utiliza para ayudar a obtener el crecimiento a expensas de otros municipios en competencia. Las condiciones de la vida de la comunidad son claramente una consecuencia de las fuerzas sociales, económicas y políticas implicadas en la máquina del crecimiento» (Molotch, 1976:1).
[9]: No existe consenso en las denominaciones que surgen de los nuevos procesos, al menos en el caso del urbanismo, incluido aquí, pues para algunos autores neoliberal sólo debiera llamarse el modelo económico y sus medidas, y no afectar con esta denominación otros campos —caso del urbanismo— ya que se tergiversa su significado. Cuando se denomina neoliberal al urbanismo, no quiere decir que se permita libremente el juego del mercado, sino que, como vemos en el caso madrileño, existe una regulación a favor de ciertos grupos o élites, que conforman una oligarquía. En todo caso, se incluye aquí la denominación urbanismo neoliberal en relación al concepto que definen Brenner y Theodore (2002).
[10]: El branding es un término que se refiere a la creación de una marca, en el cual se asocien valores o un estilo de vida a esa marca. N. de E.
[11]: La población urbana sigue aumentando y superará previsiblemente en 2008 el 50% de la población mundial (Worldwatch Institute, 2007). En el caso europeo, el porcentaje de población urbana está en torno al 75% de la población (European Enviroment Agency (EEA), 2006).
[12]: Citado en Harvey(2007).


Edición del 30-6-2010
Edición: Raquel Antízar Mogollón
Boletín CF+S > 44: Tierra y libertad > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n44/aadel.html   
 
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