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Boletín CF+S > 42/43: Simposio Internacional Desarrollo, Ciudad y Sostenibilidad > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n42/ab-jrod.html   
Asociación y disociación de la imagen de la pobreza en conjuntos urbanos planificados y espontáneos de vivienda social
Juan Esteban Rodríguez Álvarez [1]
Pedro Etchepare Ibarra
Marianela Altamirano González
La Serena (Chile), octubre de 2009.
Resumen: La pobreza en las ciudades chilenas se concentra en los conjuntos de vivienda social, estas pueden ser planificadas y construidas por el Estado, o por el contrario, ser edificaciones espontáneas y autoconstruidas por los usuarios-pobladores. En esos conjuntos, la imagen urbana que constituyen las formas, los espacios y en general el medio ambiente, contiene un tipo de información fragmentada, confusa, de ruido visual y de desorden que es percibida como una información conocida y sintetizada por la población en términos negativos; consecuentemente se les disocia de la lectura de la imagen urbana.

Entre otros, las causas que hay detrás de la disociación y que explican las decisiones en la disposiciones de formas (volúmenes) y espacios en territorios urbanos donde se emplaza la vivienda social, subyacen en el manejo de códigos morfológico-culturales del vivir y entender la pobreza y que finalmente dan forma al paisaje urbano.



Índice General

 

1 Contenidos

Este artículo está basado en una investigación académica orientada a indagar las características de la imagen urbana de la pobreza en conjuntos de vivienda social de baja densidad. La vivienda social que aborda la investigación es el producto de políticas públicas de solución habitacional a partir de 1979[2], y también de aquellas viviendas sociales espontáneas construidas en tomas de terreno o loteos no autorizados de carácter precario anteriores a 1979; en ambos casos, se trata de viviendas cuyo costo de edificación es menor a 400 UF [3].

La hipótesis del estudio postuló que hay una parte de la imagen urbana que tiene una lectura separada, no legible y no transmisible; se trata de una imagen urbana particular, que es disociada de la imagen urbana general. En esa porción de la imagen urbana se encuentra incluida parte importante de los conjuntos planificados y espontáneos de vivienda social en los cuales se asienta la pobreza urbana (Blonda y Tironi, 2004). Las formas construidas, los espacios públicos y la percepción del medio ambiente de esos conjuntos, se soslayan, no son comprensibles, o no aportan nada en la lectura de la imagen de la ciudad, constituyendo una imagen urbana negativa que evidencia ser producto de una cultura constructiva-arquitectónica subyacente.

1.1 Los conjuntos de vivienda social y su imagen

Los grupos sociales de escasos recursos residentes en áreas urbanas se articulan en redes por medio de las cuales consiguen objetivos sociales (Altamirano e Hyrabayashi, 1997) y pueden transformar su entorno en busca de soluciones a demandas funcionales no consideradas; de paso pueden generar sus propios paradigmas de orden (Mitchell, 1956). En el caso nacional esta posibilidad permite explicar algunos comportamientos en los asentamientos espontáneos y en la toma de decisiones para abordar ampliaciones en viviendas planificadas; estas premisas se pueden verificar en una comprensión cultural de la pobreza (Lewis, 1996), y son visibles en la medida que ciertos comportamientos sociales vinculados a la pobreza expresan tipificaciones del habitar más o menos compartidas.

Por otra parte, es conocido que las soluciones a las demandas de vivienda social han traído otras problemáticas urbanas asociadas (Vargas, 2002), y por lo tanto el problema tiende a complicarse al entregar cierto tipo de vivienda que no cumple, entre otros, con las expectativas familiares de crecimiento y costumbres del habitar (Rodriguez y Sugranyes, 2004). En otro orden, la vivienda social espontánea que nace de la toma de terrenos, la Operación Sitio y otras formas de asentar viviendas precarias en el suelo urbano de la década de los setenta, obligan al Estado a intervenir, cristalizando situaciones anómalas de orden y emplazamientos, olvidando a veces que un barrio o un área determinada forman parte de un todo (Borja, 1998). Por ello, parece necesario considerar que cuando se construye una parte de la ciudad, se construye también una imagen, que aun siendo compleja, es medio significante que se debería aportar en la valoración de las partes de la ciudad (Jenks, 1981).

Según Gerd (1973)[4] la imagen urbana —«Stadtbild»— es «la totalidad de las impresiones visuales que el observador recibe de la ciudad». En tanto Hernández (2000), especifica que por imagen urbana se entiende el conjunto de elementos naturales y artificiales (lo construido y lo natural) que constituyen una ciudad y que forman el marco visual de sus habitantes, tales como: colinas, ríos, bosques, edificios, calles, plazas, parques, anuncios, etc. Podría sostenerse entonces que la imagen urbana es una resultante y que cada parte que la compone es necesaria y esta incluida allí por la simple razón de ser parte de la ciudad; la imagen urbana, sin embargo, es también un significante en la medida que hay signos contenidos en los planos de la expresión (Meissner, 2003) y por lo tanto sujeto a la interpretación. Es en ese contexto que la imagen proyectada no convoca a todos los actores urbanos cuando se trata de abstraerla, explicarla y trasmitir su mensaje, así, hay una imagen urbana destacable, de rasgos definidos y asociados a valores culturales como la identidad local (Lynch, 1998), pero hay otra imagen, una imagen urbana que se asume como información conocida que trasmite un mensaje confuso, de lectura negativa y que finalmente se separa de la imagen urbana trasmisible o reconocible.

En el análisis de los casos referentes que abordó el estudio, la revisión de la imagen urbana del barrio Estación de Concepción y la imagen urbana del sector de Ribera Norte en la ciudad de Concepción[5], antes y después de la intervención del Estado, permitió constatar que en la imagen disociada hay al menos cinco aspectos presentes, y que identifican una imagen urbana con problemas, entre otros: «saturación de información o ruido visual, la existencia de espacios urbanos inexpresivos, la definición de un perfil urbano irregular o indefinición de él, la baja participación comunitaria en la búsqueda de identidad común del conjunto y la faltas de hitos de calidad que permitan una orientación»[6]. Estos aspectos se observaron para ejecutar un diseño de una primera pauta de evaluación de imagen con problemas y, por lo tanto, que permitiera obtener o verificar la calidad de sujetos de análisis de cuatro sectores poblacionales propuestos para el estudio.


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La imagen lograda, a diferencia de conjuntos anteriores de vivienda social, es de calidad y se integra en la imagen urbana de Concepción.

Figura 1: Fotografías de antes y después, Ribera Norte, Concepción, Chile.

Fuente: Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU)


La pauta de verificación de la imagen en problemas se aplicó a los conjuntos sometidos a análisis, dos de esos conjuntos de vivienda de gestación espontánea[7] y dos conjuntos de viviendas planificadas y construidas por el Estado[8], inscritas en el marco de políticas urbanas diferenciadas en el tiempo y sujetas a la generación de loteos y construcción de vivienda simultáneas. Los resultados de la verificación permitieron comprobar que podrían ser sometidos a una evaluación de su imagen urbana, por cuanto presentan una imagen en problemas y por lo tanto con tendencias a la disociación.

Posteriormente, y para conocer los rasgos distintivos de la imagen urbana presente en los conjuntos de vivienda seleccionados, se diseñó una metodología para la evaluación específica de la imagen urbana, se incorporaron conceptos sobre la imagen de la ciudad (Lynch, 1998), la imagen urbana (Gerd, 1973), el estudio de la imagen en zonas patrimoniales (Hernández, 2000), y aspectos cualitativos de la imagen urbana según aproximaciones teóricas de Michael Trieb [9].

La síntesis de la imagen en el modelo metodológico está expresada en parámetros que explicitan su composición, en cada parámetro el estudio recurre a palabras claves (tag) definidas según tres aspectos de evaluación; así se sintetizó en palabras claves la desagregación de la imagen según una lectura sensitiva y de expresión sobre lo formal y una lectura medioambiental (Carrasco, 2004; Weiten, 2006)(véase Cuadro 1).


Cuadro 1: Ejemplo de estudio de parámetros

Caso del conjunto de viviendas sociales Villa San Francisco, Concepción Chile. Elaboración propia.
ParámetrosEvidenciaDescripción
Definición de los bordes. i-ab-jrod2.jpg No se perciben claramente, las calles de borde no delimitan una situación particular. Palabras claves:
  • Formal: funcional
  • Sensitivo: invisible
  • Medioambiental: resultante

Definición e indefinición de formas y espacios significantes.

i-ab-jrod3.jpg No se encuentran espacios significantes, hay exceso de discursos morfológicos desvinculados, cada forma es un hecho aislado. Palabras claves:
  • Formal: aglomerado de individuos
  • Sensitivo: ruidoso visualmente
  • Medioambiental: fragmentado

Puntos dinámicos referentes.

i-ab-jrod4.jpg Evidencia situaciones referentes producto del azar, entre ellos el área verde resultante de la protección a las líneas de alta tensión. Palabras claves:
  • Formal: indefinido
  • Sensitivo: ambiguo
  • Medioambiental: fragmentado

Evidencia de costumbres y usos.

i-ab-jrod5.jpg Uso residencial con pequeño comercio, juego en las calles, peatonalidad. Palabras claves:
  • Formal: residencial
  • Sensitivo: fragmentado
  • Medioambiental: vivencial

Color/ presencia de verde/ otros.

i-ab-jrod6.jpg El verde es esporádico, pero hay cierta evidencia en el paisaje por líneas de árboles. Palabras claves:
  • Formal: esporádico
  • Sensitivo: discontinuo
  • Medioambiental: azaroso

Calidad de la atmósfera urbana percibida

i-ab-jrod7.jpg Se aprecia un exceso de discursos morfológicos que construyen una atmósfera de desorden. Palabras claves:
  • Formal: indefinido
  • Sensitivo: desordenado
  • Medioambiental: de baja calidad


El estudio consideró además, dentro de la metodología, la aplicación de encuestas de autoevaluación, diseñadas de modo diferenciado para los conjuntos de vivienda social planificados y los espontáneos, a fin de obtener la autoevaluación de los pobladores, tanto del contexto como del resultado autoconstructivo, sea ésta por ampliación de una situación existente o como autoevaluación constructiva de la vivienda (véase Figura 2).


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Figura 2: Ejemplos del análisis gráfico de las encuestas

Elaboración propia


2 Conclusiones

2.1 Sobre la disociación

Se desprende de la lectura de los parámetros de desagregación de la imagen urbana de los conjuntos tratados en el estudio que hay evidencia suficiente para sostener que la imagen urbana en problemas es una imagen urbana disociada, y que parte de las causas que condicionan ese resultado, tienen un aporte desde la concepción teórica y práctica del diseño de arquitectura y desde la autoconstrucción de los pobladores, la cual incluye una codificación que condiciona los resultados[10]; la información que se desprende del resultado de las encuestas muestra complementariamente que hay otros códigos culturales manejados por lo pobladores-autoconstructores que son aplicados en la vivienda social de generación espontánea y a las ampliaciones de la vivienda planificada, ambos grupos de códigos generan un metalenguaje que permite afirmar que la imagen resultante es en realidad producto de un esfuerzo constructivo por cristalizar formas vinculantes con el ver y el sentir la pobreza.

La autoevaluación realizada a los usuarios indica que se es consciente colectivamente de poseer una mala imagen, y que se desearía cambiar; esta lectura de la imagen urbana de los conjuntos es también la que perciben los ciudadanos, y explicaría en parte fenómenos como la segregación urbana, condicionada por las características físicas de la guetización urbana de los conjuntos (Brain, 2007).

2.2 Sobre la codificación

Código en la vivienda planificada: producto de lo compacto, completo y homogéneo detectado: el timbre morfológico.

Los conceptos compacto, completo y homogéneo aparecen como palabras claves en las muestras que el estudio aborda, pero son también evidentes en otros contextos de vivienda social nacionales y aun internacionales[11]. En Chile son los conceptos clásicos en el producto de las políticas habitacionales hasta el año 2000, sin embargo no se puede asumir que son sólo conceptos pensados para ser aplicados a la vivienda social, por cuanto podrían ser consecuencia de un manejo eficiente de los recursos en la idea de cumplir metas cuantitativas como lo demuestra la evidencia; sin embargo, son conceptos angulares en el contexto de la imagen no deseada de la vivienda social, así lo compacto resulta sinónimo de pequeño, mínimo, ahogante, y que gatilla el florecimiento de todas las formas de crecimiento que define en el paisaje la aglomeración de individuos morfológicos. Lo completo constituye el concepto fundamental que posibilita que esas formas no sean pensadas para la ampliación como sí ocurre con algunos buenos ejemplos de vivienda social más actual[12], finalmente, lo homogéneo es sinónimo de falta de identidad, con lo cual se asume como algo natural buscarla, acción que finalmente agrega información y sobresatura el paisaje.

El código que se detecta dice relación con la figura repetitiva que plantea el diseñador para dar solución a lo compacto, completo y homogéneo, que lleva su sello personal en un intento de aportar algo propio al diseño, un timbre morfológico; este código es un eslabón importante del metalenguaje técnico porque genera una impresión falsa de cambio, cuando en realidad se trata de más de lo mismo, finalmente ninguna porción o parte en los conjuntos es identificable, con lo cual la información se transforma en una cacofonía que define un sujeto morfológico sin identidad, calzado en la trama que lo contiene.

Código en la vivienda planificada: serie de plantas levantadas —la caja-celda.

La planificación de los conjuntos de vivienda social determina una escala de vida para los futuros usuarios desde una visión de alturas, sin considerar lo peatonal, lo cercano, ni una reflexión sobre el afuera en el habitar anterior (campamentos, allegados, otros); así, la información que constituye la imagen urbana es producto de una resultante de series de planos, los que posteriormente se transformarán en fachadas difusas (Márquez, 2003). Se verifica que el diseño responde a la generación de series de formas básicas de plantas cerradas como rectángulos o cuadrados que son levantadas, siendo escasos los espacios intermedios que la imagen podría capturar como socializados o socializadores necesarios para el habitar (Haramoto, 1987), es decir, no se incorpora el espacio exterior en la propuesta. Se plantea entonces para la serie pocas posibilidades de apertura, de dialogo con el exterior. El código que queda en evidencia es la restricción, la caja-celda, una restricción que aporta pobreza a las posibilidades de relación interior-exterior reguladas.

Código en la vivienda planificada: lo invertebrado —la mancha.

Se detecta una analogía compleja que plantea la carencia de bordes y partes reconocibles en los conjuntos planificados que aborda el estudio; la falta de bordes morfológicos o bordes reales sintetiza la ocupación del territorio sin limitarlo, se trata de ocupar lo extenso sin definir una estructura o vertebras significativas. El estudio evidencia que no se generan estructuras de bordes en los conjuntos que definen áreas, porciones o partes reconocibles morfológicamente por los usuarios, tampoco se detecta que algunas de las intervenciones posteriores alcance algún valor que las sitúe en el contexto como hito, o referentes, o aporte color con capacidad estructurante, por ello no hay formas ni espacios significantes, ni se detectan puntos de interés conformados en los conjuntos, con ello se refuerza la idea de lo homogéneo. El código implícito es la mancha, la cual se extiende sin límites, ocupa espacios urbanos y completa cada parte del área urbana en que se emplaza la vivienda social, la mancha no presenta caracteres especiales reconocibles. Con el paso de los años la mancha muta, cambia de aspecto, se ensucia.

Código en la vivienda espontánea: lo uterino —la isla.

En ambos conjuntos espontáneos existe una dirección que explica el sentido de las fuerzas constructivas de la autoconstrucción de viviendas, es dirección-acción, se dirige siempre hacia un interior, la vivienda se genera entonces como una unidad aislada o que responde a un tipo de agrupamiento aislado aun con complejas situaciones de emplazamiento, por ello nunca conectada a su entorno.

La idea de lo propio, se intensifica por medio de la aplicación de elementos morfológicos singulares que tienen por objetivo acentuar la identidad, de expresar seguridad ante la invasión exterior (rejas, barrotes y otras defensas), de sostener un discurso propio e individual que en la imagen urbana no tiene sentido, por cuanto la escala en que esto ocurre es muy pequeña debido al parcelamiento normativo obligado de los lotes, así, en la escala de la imagen urbana todo se fragmenta, siendo el resultado final el ruido visual.

El código que evidencia esta parte del lenguaje, y que esta presente en el autoconstructor, es la construcción de una isla, un código que se abre a todas las posibilidades discursivas de la morfología pero desconectado siempre de lo contextual.

Código en la vivienda espontánea: sin regulación —vivir en lo extenso.

La libertad para expresar discursos de formas (que incluye en las conformaciones planos, líneas, colores, texturas) sin restricción es vinculante con una visión de libertad intrínseca, propia de lo extenso, de lo no limitado ni regulado. La evidencia que sustenta la lectura de los parámetros, muestra que en los conjuntos de vivienda espontánea del estudio, la libertad está sujeta o en función solamente de los recursos disponibles, así cada discurso es una monografía en el espacio.

La tesis final y vinculante para todos los casos que levanta este estudio, sostiene que este código relaciona el vivir en los conjuntos de vivienda social espontáneo con el vivir en lo extenso o lo rústico[13](campo) que en su forma más urbana es el vivir en campamento (Marquez, 2003). Lo anterior viene a explicar que usos y costumbres de la migración rural no se han cambiado, sólo se han adaptado a la escala predial restringida de la ciudad.

Código en la vivienda espontánea: construir lo indefinido —lo ameboideo.

La discontinuidad se expresa fuertemente en la imagen y llega a constituir ruido visual, ello ocurre entre otros (exceso de información) por la dispersión o fragmentación de las formas y espacios.

Las encuestas señalan que no hay visión ni propia ni profesional detrás de los esfuerzos iniciales de lo construido, por lo tanto la forma final no pasa por la ideación, la proyectación o lo previsto; de esa forma el código que subyace en la construcción de algo que resulta definido en la medida que se construye es lo ameboideo formal.

Probablemente, este código que rige las formas de la pobreza, tiene en la indefinición y en la explosión de la caja-celda de la vivienda planificada, una fuente inagotable de posibilidades.

3 Reflexión final

Los códigos descritos, dispuestos por planificadores-diseñadores y usuarios en los conjuntos de vivienda social tratados, son capaces de articular formas y espacios de manera de proponer un metalenguaje en las formas, y consecuentemente trasmitir un mensaje que normalmente coactúa como disociador de la imagen urbana, separando y forzando a lecturas asumidas de antemano o estereotipadas (pobreza) (Meissner, 2003); consecuentemente, la imagen urbana de conjuntos espontáneos o planificados de vivienda social, definidos en el marco de este estudio, no trasmite la verdadera identidad ni los valores de quienes viven en esos conjuntos.

Los códigos descritos potencian ciertos aspectos negativos del mensaje de imagen resultante, ello ocurre a partir de la acción inicial de construcción de un conjunto de viviendas sociales planificadas, con lo cual, esa porción de la imagen se disocia inmediatamente de la imagen urbana, situación que no ocurre cuando hay cambios fundamentales en el diseño y conciencia de una imagen resultante como el caso de Ribera Norte en Concepción.

Se requiere una urgente revisión por cuanto esta codificación podría escapar a los buenos deseos de la últimas propuestas políticas tendientes a mejorar cualitativamente la vivienda social; además, en un escenario futuro que implique el diseño de una política de recuperación, renovación, reciclaje o revalorización de los conjuntos de vivienda social del tipo que trata este estudio, es conveniente tener presente la forma en que actuará sobre los códigos descritos.

Finalmente, la vivienda espontánea de carácter social es el resultado de una cultura latente y persistente en el tiempo, la cual podría no estar en sintonía con lo que es construir la ciudad o vivir en ciudad, por ello resulta urgente la asesoria profesional y la comunicación colectiva sobre lo que significa vivir en la ciudad.

4 Bibliografía

Altamirano, T.; Hirabayashi, L.  (1997)   «Migrants, Regional Identities and Latin American Cities»,   Society for Latin American Anthroplogy Publications Series, The Society for Latin American Anthropology and the American Anthropology Association, volumen 13. 

Blonda, Laura A.; Tironi, Manuel  (2004)   «Nueva pobreza urbana. Vivienda y capital social en Santiago de Chile, 1985-2001»,   EURE, Santiago: Universidad de Chile, Predes/RIL Editores, volumen 30, número 91, pp. 118-120. ISSN 0250-7161. 

Borja, Jordi  (1998)   Ciudad real y ciudad ideal, significado y función del espacio urbano moderno.   Barcelona: CCCB, editor Subirós Pep. 

Brain, Isabel; Cubillos Gonzalo; Sabatini, Francisco  (2007)   Integración Social Urbana en la nueva Política Habitacional.   Chile: PUC, Dirección de Asuntos Públicos. 

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Haramoto, E; Chiang, P.; Sepúlveda, R.; Kliwadenko, I.  (1987)   Vivienda social: tipología de desarrollo progresivo.   Santiago de Chile: Universidad Central de Chile. 

Hernández, Xavier  (2000)   La imagen urbana en las ciudades con patrimonio histórico,   en Sexto Taller de Imagen Urbana en Ciudades Turísticas con Patrimonio Histórico, Coordinación Nacional de Monumentos Históricos. Gobierno de México. (Ponencia) 

Jenks, Charles  (1981)   El lenguaje de la arquitectura postmoderna.   Barcelona: Gustavo Gili. 

Lewis, Oscar  (1996)   The culture of poverty.   USA: Scientific American, volumen 215. 

Lynch, Kevin  (1998)   La imagen de la Ciudad.   Barcelona: Gustavo Gili. 

Márquez, Francisca  (2003)   Identidad y fronteras urbanas en Santiago de Chile.   Santiago de Chile: SUR Corporación. Artículo basado en los proyectos de investigación Fondecyt 1020266 y 1020318; Ford/Sur, Historias de ciudadanía entre familias pobres urbanas: La incidencia de las políticas sociales locales, Núcleo de Investigación de Antropología Urbana, Universidad Academia de Humanismo Cristiano. 

Mitchell, J.  (1956)   «The Kalela Dance»,   Rhodes-Livingstone Papers, Manchester: Manchester University Press, número 27. 

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Meissner, Eduardo  (2003)   Teoría del signo en arquitectura.   Concepción: Universidad de Concepción

Rodriguez, Alfredo; Sugranyes, Ana  (2004)   «El problema de vivienda de los con techo»,   EURE, Santiago, diciembre, voluemen 30, número 91, pp. 53-65. ISSN 0250-7161. 

Vargas A. Mónica  (2002)   Violencia en Santiago. Percepciones de sus habitantes.   Santiago: Mago editores, ISBN: 956-82-4901-X. 

Weiten, Wayne  (2006)   Psicología: Temas y variaciones.   Cengage Learning Editores, 296 pp. 

Notas


[1]: Departamento de Urbanismo, Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la Universidad de Concepción.
[2]: La Política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979 abrió las posibilidades para construir viviendas planificadas y construidas con aportes del estado a través de un subsidio en áreas rurales incorporadas a los límites urbanos, al liberalizar esto, ello hizo propicio la extensión de los límites urbanos y el crecimiento de zonas periféricas extensas.
[3]: Artículo 6.1.2. de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones.
[4]: Albert Gerd es Doctor Ingeniero, profesor titular de la Cátedra de Urbanismo y Planificación Regional y Local de la Universidad Técnica de Manchen.
[5]: Intervención de radicación de 1400 unidades de viviendas familiares en el borde costero norte del rio Bio-Bio, llevada a cabo por el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo, la Municipalidad de Concepción, el gobierno regional y otros organismos entre 1995 y el año 2000 en Concepción.
[6]: Publicación para estudio en pregrado, Imagen urbana, de la División de Ingeniería y Arquitectura, Tecnológico de Monterrey (http://www.mty.itesm.mx/dia/deptos/ar99-813/IntrDis/ImagenUrbana.doc).
[7]: La estrella de Michaihue en la Comuna de San Pedro de la Paz y Villa San Francisco en la Comuna de Concepción.
[8]: Los Paltos 2 en la comuna de la Granja en Santiago y población La Esperanza en la comuna de Penco en Concepción.
[9]: La entrevista a Michael Trieb está disponible en CA (1993).
[10]: Coactúa con los otros aspectos descritos para identificar una imagen en problemas.
[11]: Esta idea es posible visualizarla en las soluciones de viviendas sociales a gran escala llevadas a cabo en Alexandra, en las afueras de Johannesburgo, Sudáfrica (véase http://www.alexandra.co.za/).
[12]: El Proyecto Elemental nace como una iniciativa de un grupo de investigadores de laPontificia Universidad Católica de Chile (PUC), el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo, Chile-Barrio, las secretarías de Vivienda y Urbanismo, los gobiernos regionales, municipios, y Organismos no Gubernamentales, como Un techo para Chile, que buscan mejorar las condiciones del habitar urbano mediante un nuevo paradigma de vivienda social, el caso más conocido es la Quinta Morroy, Iquique, Chile (véase http://www.elementalchile.cl/).
[13]: La investigación aborda el origen de los habitantes de los conjuntos espontáneos Villa San Francisco y La Estrella de Michaihue, además revisa la historia migratoria campo-ciudad desde el año 1920 en Chile, constatándose que parte importante de los habitantes de esos conjuntos migraron desde zonas rurales, pequeños pueblos rurales, o son primera generación en la ciudad.


Edición del 9-3-2010
Edición: Raquel Antízar Mogollón
Teresa Asensio Gallego
Boletín CF+S > 42/43: Simposio Internacional Desarrollo, Ciudad y Sostenibilidad > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n42/ab-jrod.html   
 
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