Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 41: Séptimo Catálogo Español de Buenas Prácticas > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n41/afpra.html   
Ciudades y cambio global en España ¿Hacia un nuevo paradigma urbano?
Fernando Prats Palazuelo[1]
Madrid (España), febrero de 2009.
Resumen: Todo indica que, tras lo que se ha identificado uno de los períodos de crecimiento de la economía más importante de la historia, afrontamos una época cuajada de complejidad e incertidumbre en la que identificar bien los retos futuros se convierte en una cuestión fundamental para la sociedad en general y para sus centros de organización social y espacial, las ciudades, en particular.

Todo parece indicar que, más allá de las visiones condicionadas por un cierto reduccionismo economicista, es necesario afrontar un cambio de paradigma en el que la resolución de las necesidades sociales se realice respetando, a la vez, los ciclos vitales de la biosfera.

Las ciudades constituyen piezas clave del sistema humano en el planeta y también requieren reformular sus estrategias urbanas ante lo que ha venido en llamarse el Cambio Global.



Índice General

 

¿Crisis o cambio global?

¿Crisis inmobiliaria, multicrisis o, además, cambio global[2]? La llaman la tormenta perfecta al constatar que el colapso inmobiliario sólo ha constituido la primera manifestación de una crisis que también tiene que ver con el sistema financiero y la economía real, pero en la que, además, crujen los mercados mundiales relacionados con ciertos recursos y materias primas.

¿Se trata, básicamente, de la inevitable corrección de un ciclo de desordenada desregulación, voraz expansión inmobiliaria y excesos financieros globales con fuertes rasgos especulativos? ¿No estaremos asistiendo a una lectura excesivamente economicista del proceso, olvidando con sorprendente facilidad las llamadas de atención del mundo científico y de los organismos internacionales, como la ONU, sobre las consecuencias globales del desbordamiento que nuestros patrones de desarrollo ejercen sobre ciertos recursos básicos, como el petróleo[3] o los alimentos, y sobre los ciclos vitales de la biosfera, como el clima, el agua o la biodiversidad[4]?

Acertar en el diagnóstico es muy importante, porque la duración, complejidad, tratamiento y salida de la crisis será distinta en función de cómo se identifique esta; pretendidamente rápida y con capacidad de recuperar en dos o tres años las lógicas y ritmos de crecimiento precedentes si realmente se tratara sólo de un fuerte desajuste de variables económico-financieras, o más profunda, compleja y, sobre todo, diferente a otras y necesitada de definir nuevas lógicas generales si, además, refleja fuertes contradicciones entre la economía y los límites ecosistémicos del planeta[5].

Si la crisis refleja desequilibrios sistémicos, habría llegado el momento de reajustar la economía y sus variables espaciales, también con relación a las capacidades de carga del planeta, reconociendo que las lógicas de corto plazo y la continua expansión económica indiscriminada han acabado desbordando los límites de la biosfera, induciendo un impacto ecológico insostenible hacia el futuro. Y ello sin olvidar que en los próximos 50 años veremos crecer la población mundial en un 50% más (3.000 millones de nuevos seres humanos) y que, con los patrones actuales de producción y consumo, ello supondrá multiplicar por cuatro o por cinco la presión global[6] (y urbanizadora) sobre los recursos y sistemas naturales de un planeta que evoluciona pero no crece.

Por eso, no conviene olvidar que más allá del nada fácil reajuste inmobiliario, financiero y económico, subyacen cuestiones fundamentales que nos afectan a todos, y también a nuestras ciudades, como el desbordamiento de la huella ecológica mundial, el más que probable final de la energía abundante y barata (el llamado peak-oil del petróleo coincide con el crecimiento estructural de la demanda energética mundial)[7], la mitigación/adaptación con relación al cambio climático (se requieren reducciones en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) superiores al 20%-50% en los años 2020-2050)[8], o la necesidad de abordar con urgencia el creciente deterioro de los principales ciclos y ecosistemas de la biosfera (la mayoría de los ecosistemas están sobreexplotados o se utilizan de forma insostenible) tal y como informa el Millenium Assessment (ONU, 2005)[9].

Todo indica que puede haber llegado el momento de reconocer la existencia de límites ecosistémicos y de afrontar un cambio de época y de paradigma global en la que hay que pensar en optimizar las oportunidades socio-económicas y el bienestar sin exclusiones, respetando, a la vez, los ciclos vitales de la biosfera; y eso significa, especialmente para los países más desarrollados como el nuestro, abordar sin dilación un proceso de progresiva reducción de sus huellas ecológicas como condición necesaria para cualquier futuro viable a medio plazo.

¿Por qué las ciudades son tan importantes?

Si el cambio global tiene ese carácter sistémico ¿no tendrá esa misma consideración su proyección sobre el urbanismo planetario? ¿No constituirán las ciudades piezas clave del reto global? Sin duda que sí y así lo expresó M. Strong (1992) en la clausura de la Cumbre de Río, afirmando que, finalmente, la batalla de la sostenibilidad global se decidiría en las ciudades. Tres temas merecen destacarse al respecto.

En primer lugar, recordar que las ciudades acogen ya, y de forma creciente, a la mayoría de la población mundial[10] ; que constituyen los nodos centrales de las principales redes de producción, distribución, redistribución y consumo de la especie humana; y que, como tales, tienen una incidencia determinante sobre la alteración de los principales ciclos biofísicos y químicos globales. Nuestra sociedad se urbaniza a marchas forzadas y un buen indicador de esa tendencia se cifra en que las ciudades europeas absorben ya el 75% de la energía consumida en la región, en su mayoría procedente de los llamados sectores difusos (tráfico, edificación, alumbrado, calefacción etc.)[11] sobre los que las instituciones locales tienen fuertes competencias.

En segundo lugar, hay que recordar que las ciudades están perdiendo a marchas forzadas su concepción integrada con la naturaleza; cada día son más ineficientes y cada vez operan más como ecosistemas abiertos con costes inviables de energía, suelo, recursos y residuos; proyectan formas de vida y relación urbana de alto consumo e impacto ambiental; y generan huellas ecológicas y energéticas que desbordan sus territorios y exportan los impactos correspondientes a otros espacios y tiempos.

Finalmente, cuando el principal reto actual se cifra en torno a la inteligencia y la capacidad de acción para afrontar el cambio global, las redes de ciudades y ciudadanos emergen como protagonistas imprescindibles, como centros de información, innovación y difusión de valores y como detentadores de competencias, recursos de acción y proximidad social con gran potencia de transformación.

¿Hacia un estatuto global de sostenibilidad urbana en España?

Si el reto es tan amplio y crucial, también será necesario levantar la mirada y redefinir nuevos paradigmas, objetivos y planes de acción en nuestras ciudades; sencillamente, necesitamos ser lúcidos e imaginar un futuro capaz de afrontar los retos del cambio global. Y para ello, podría resultar útil trabajar en el diseño de un Estatuto Global de Sostenibilidad Urbana, innovador y ambicioso que, sacando el máximo partido de las amplias competencias locales de nuestro país (suelo, planificación urbana y rural, edificación, movilidad, residuos, agua, etc.), pudiera servir de referencia para dar un auténtico salto adelante, con objetivos potentes y precisos a corto y medio plazo (2010, 2020 y 2030), en las ciudades.

Tal Estatuto podría ser muy útil para ese cambio de ciclo histórico, entre otras, por las siguientes razones: facilitaría una comprensión integrada y coherente de cómo afrontar, en concreto y desde las ciudades, el nuevo ciclo histórico, contribuyendo de forma sustantiva a superar los retos del país; serviría para algo tan necesario como superar en positivo la década especulativa, ofreciendo un nuevo tiempo y un nuevo rumbo que podrían convertirse en un referente-país para el renacimiento de nuestras ciudades[12]; permitiría, también, sintetizar los nuevos paradigmas urbanos, afirmar nuevas pautas de actuación y, sobre todo, proponer nuevos objetivos y plazos concretos en ciertos temas clave (energía y clima, agua, biodiversidad, etc.); y podría alimentar, con propuestas interesantes el necesario proceso de innovación jurídico-institucional, para su adaptación a una nueva era histórica.

Además, por su potencial proyección política y social, el Estatuto podría fortalecer ciertas iniciativas europeas sobre el tema[13] , el recientemente aprobado Libro Verde y Estrategia del Medio Urbano en España[14] y algunas otras actuaciones impulsadas, entre otros, por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP)[15].

Un nuevo paradigma urbano coherente con la necesaria reducción de la huella ecológica global

Se trata de inaugurar un nuevo ciclo urbano en el que la resolución de las necesidades sociales se realice al margen de las tradicionales lógicas basadas en la expansión urbanística indiscriminada y del correspondiente crecimiento ilimitado del impacto ambiental.

El nuevo paradigma se basa en una visión integrada de la ciudad, de sus contenidos sociales, ambientales y económicos, y en la resolución de dichas necesidades sociales de forma compatible con la reducción del impacto ecológico mediante la contención del crecimiento indiscriminado, el reciclado y revalorización de la ciudad existente y la multiplicación de la ecoeficiencia urbana.

Principios de referencia

La resolución de las necesidades sociales con un menor impacto ecológico requiere renovar, también, los principios que han de regir la acción urbana y que han de reflejar los más generales y propios de la sostenibilidad global[16]. Estos principios son:

Temas clave y objetivos estratégicos en tiempos necesarios

Por su carácter concreto y operativo, este tercer componente, constituye la pieza clave y de mayor valor añadido específico del Estatuto; su apuesta más innovadora y comprometida con relación al cambio global.

Para entender la potencia del contenido de este apartado, en cuanto significa la corresponsabilidad de las ciudades en el cumplimiento de ciertos objetivos estratégicos globales, cabe imaginar el paso adelante que supone el compromiso de las instituciones locales españolas con el proceso de Kioto, manifestando su disposición a alinearse y a establecer mecanismos de acción y seguimiento con relación a sus objetivos en los años 2012, 2020 y 2030.

Instrumentos, programas y marco jurídico-institucional

Junto a los contenidos, conviene considerar las herramientas, programas y el marco jurídico-institucional necesarios para cumplimentarlos.

El estado de la cuestión en España; la experiencia de Habitat 2008

La participación como miembro del jurado español de la convocatoria Habitat 2008, me ha permitido reflexionar en torno a dos cuestiones interesantes: sobre la conveniencia, o no, de proceder una relectura y actualización de Habitat, acorde con el nuevo ciclo proyectado por el cambio global sobre el medio urbano; y sobre cuál es el estado de la cuestión de nuestras ciudades en España.

A continuación, expongo sintéticamente mis reflexiones, referidas no sólo a Habitat 2008, producto de algunos trabajos sobre buenas prácticas realizados con la colaboración de las arquitectas I. Castro, A. Gómez, Ma A. Orduña y P. Rivas.

Reflexionemos sobre el cambio global y las ciudades. Los procesos y acontecimientos en marcha invitan a que todos, incluido el Programa Habitat, reflexionemos sobre lo que significa el cambio global en general y en las ciudades en particular. Como he expresado a lo largo de este texto, mi opinión es que iniciamos un nuevo ciclo histórico que requiere reformular los paradigmas urbanos así como, muy especialmente en los países más ricos, la paulatina reducción de la huella ecológica inducida por las ciudades.

La cultura urbana en España sigue viva, pero requiere renovarse a fondo. A pesar del empobrecimiento general inducido por la década especulativa, el país ha seguido y sigue produciendo experiencias y testimonios de indudable interés aunque, tal vez, necesiten más energía, más innovación y más profundidad para adaptarse a los nuevos tiempos.

Sabemos lo suficiente para empezar a cambiar. Se puede concluir que la emergencia del cambio global puede y debe constituir una excelente ocasión para que España redefina sus estrategias urbanas, lo que, lejos de provocar reacciones de temor o carácter defensivo, ha de interpretarse en clave de reto y oportunidad para llevar adelante el renacimiento urbano en el país.

Las buenas noticias informan que, a pesar del apagón de la última década, España sigue contando con los recursos humanos, el conocimiento y la experiencia suficientes para iniciar un salto adelante que, como se ha dicho, requiere más liderazgo institucional, más innovación en las ciudades y más corresponsabilidad activa por parte de la sociedad civil para, entre todos, mejorar no sólo el medio urbano, sino también la habitabilidad general del planeta.

Referencias bibliográficas

AA.VV.  (1994)   Carta de Aalborg: Carta de las ciudades europeas hacia la sostenibilidad.   Aalborg. 

ONU  (2005)   Millenium Assesment.   Organización de las Naciones Unidas. http://www.millenniumassessment.org/en/Index.aspx (consultado el 29 de octubre de 2009). 

AA.VV.  (2006)   Cambio Global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra.   Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ministerio de Educación y Ciencia. 

AA.VV.  (2007)   Carta de Leipzig sobre ciudades europeas sostenibles.   Leipzig. 

AA.VV  (2007)   Urbanismo y democracia. Alternativas para evitar la corrupción.   Madrid: Fundación Alternativas. 

AA.VV.  (2008)   Cambio Global. España 2020's. El reto es actuar   Madrid: Fundación de la Comisión Nacional de Medio Ambiente (CONAMA) y Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid. http://www.cambioglobal.es/cambioglobalenlared.html (consultado el 29 de octubre de 2009). 

AA.VV.  (2008)   El final de la era barata del petróleo.   Barcelona: Editorial Icaria. Colección Antrazyt, 271. 234 pp. 

Prats, F.  (1997)   «Sostenibilidad y políticas urbanas y locales: el caso de las ciudades españolas»,   La construcción de la ciudad sostenible. Primer catálogo español de buenas prácticas, http://habitat.aq.upm.es/cs/p3/a011.html 

Notas


[1]: Arquitecto urbanista.
[2]: Aunque el cambio global es un término abierto a diversas interpretaciones, en este texto se utiliza el criterio delimitado en la publicación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) del mismo título y se refiere «al conjunto de cambios ambientales afectados por la actividad humana, con especial referencia en los procesos que determinan el funcionamiento del sistema tierra», sin que ello signifique ignorar la relación de dichos cambios con los sistemas económicos y sociales que los inducen.
[3]: Todo indica que la última caída de los precios tiene que ver con la recesión económica y que, en todo caso, estamos asistiendo al final de la era del petróleo abundante y barato.
[4]: El Premio Nóbel P. Crutzen propone identificar la era actual como el Antropoceno, por la influencia determinante de la acción humana sobre el planeta.
[5]: Sobre el cambio global existe una amplia bibliografía y fuentes de información. Ver las seleccionadas en el texto referenciado del CSIC en la nota 1 y en el Informe Cambio Global España 2020's editado por las fundaciones de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) y de la Universidad Complutense de Madrid.
[6]: Ver múltiples fuentes en el artículo de F. Prats del Primer Catálogo de Buenas Prácticas de Hábitat.
[7]: Existen múltiples valoraciones en esa dirección, entre ellas las de la Agencia Internacional de la Energía que augura problemas para cubrir la creciente demanda en torno a 2012. Ver el libro publicado en 2008 por la Editorial Icaria y Antrazyt El final de la era barata del petróleo.
[8]: Acuerdos vinculantes de la Unión Europea (UE) (20% s/1990) e indicativos del G8 (50% s/2008).
[9]: Dicho informe identifica que el 70% de los ecosistemas reciben un impacto creciente y que el 57% ya están sometidos a un impacto moderado, alto o muy alto.
[10]: La ONU estima que el 50% de la población ya es urbana y ese porcentaje crece al 70% en los países desarrollados.
[11]: En España, el factor climático reduce el consumo energético del sector de la edificación (residencial y de servicios) y la movilidad urbana aproximadamente al 50% del total del país.
[12]: Salvando las distancias, hay que recordar cómo la Carta de Aalborg (1994) constituyó un referente movilizador e impulsó un movimiento/red por la sostenibilidad que actualmente congrega a cerca de un millar de ciudades europeas.
[13]: La propia Carta de Leipzig (2007) y las Directivas Europeas sobre el agua y sobre la evaluación inicial de planes y programas, constituyen piezas profundamente innovadoras que abren nuevas e interesantes pautas de trabajo en Europa.
[14]: Esta iniciativa ha sintetizado muy bien el cómo abordar una serie de temas clave en las ciudades, aportando con ello una base fundamental a la idea de cifrar, entre otros aspectos, un menú de objetivos necesarios para el cambio.
[15]: La FEMP ha impulsado iniciativas importantes en torno a cuestiones centrales del cambio global como, por ejemplo, la Estrategia local del cambio climático.
[16]: Los principios formulados se basan en posiciones planteadas desde la ONU en programas centrales como el Milenio, el Análisis de Ecosistemas, el Cambio Climático, etc. concretadas a las condiciones de nuestro país.
[17]: Precisamente, habría que evaluar la posibilidad de aprovechar el parón inmobiliario para reconsiderar las desaforadas clasificaciones de suelo urbanizable que, heredadas de la ‘década especulativa’, llegan a triplicar, cuadruplicar y quintuplicar la oferta residencial con relación a la población actual en muchos municipios del país.
[18]: La fundación Alternativas ha realizado un excelente trabajo sobre el tema con el título de Urbanismo y Democracia.
[19]: Huella ecológica u otro tipo de indicador sintético (como los flujos del metabolismo urbano) que resulte apropiado y viable para cifrar la sostenibilidad global de las ciudades.
[20]: A incorporar la consideración del efecto sumidero de los ecosistemas locales.
[21]: Con relación a los programas clave, tiene especial interés un Programa Demostración de las Administraciones Públicas cuyo impacto local, en la mayoría de los temas apuntados, suele ser significativo.
[22]: La propia Ley del Suelo 8/70, aunque insuficiente para lo que aquí se plantea, por ejemplo, ya contempla la necesidad de atender a principios generales de movilidad, garantía de suministro de agua, de eficiencia energética... y protección del medio ambiente (Art 10.c) o la necesaria realización de informes con relación a la disponibilidad de recursos hídricos (Ar 15.3). Y la Ley 9/2006 que transpone la Directiva Europea sobre la evaluación de impactos de planes y programas ya contempla, en su Anexo 1, la necesidad de informar sobre una temario muy completo. En otro orden de cosas, es imprescindible profundizar en medidas serias contra la especulación urbanística.


Edición del 21-10-2009
Revisión: César Corrochano Barba
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