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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
La pobreza no supone sólo una carencia económica sino una situación
más global en la que las personas no pueden satisfacer por sí
mismas sus necesidades básicas ni logran desarrollar sus
potencialidades. En el mundo actual la pobreza generalmente está
ligada a la marginalidad y supone la exclusión para los pobres de
la sociedad moderna y de los beneficios que ésta ofrece (trabajo
estable, seguridad social, alimentación suficiente, salud,
educación) y de la participación activa en la generación y
ejercicio del poder social.
Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado, que le
asegure así como a su familia, la salud y bienestar, en especial la
alimentación, el vestido, la vivienda,la asistencia médica y los
servicios sociales necesarios.
Para los sectores marginales la vivienda aparece como un sueño, un
deseo insatisfecho de seguridad y pertenencia. La apropiación del
espacio es un paso de vital importancia en la mejora de sus
condiciones de vida y en el esfuerzo por preservar la identidad
cultural, la integridad personal y familiar y lograr la
autodeterminación política.
Precisamente por responder a ese anhelo interiorizado en las
personas de poseer un espacio "propio, privado e inviolable", la
vivienda supone una poderosa motivación para el ahorro y la
inversión. A esto le podemos unir que el sector de la construcción
se reconoce como clave en el desarrollo económico de una nación.
Los Estados a la hora de plantear sus políticas nacionales deberían
tener en cuenta ambos aspectos y aprovechar la potencialidad que
encierra la vivienda como impulsor de la economía y el desarrollo
nacional.
Porque lo que parece innegable, como reconoce la CEPAL en el
documento Estrategia Mundial de la Vivienda en 1992, es que "se ha
podido comprobar la incapacidad oficial para suministrar vivienda
adecuada para todos". Los gobiernos suelen intentar paliar el
creciente déficit habitacional con planes que aportan vivienda
social a un costo elevado, por lo que sólo pueden llegar a una
minoría, que por otra parte casi nunca se corresponde con los más
necesitados.
El sector privado, por su parte, produce para obtener beneficios,
por lo que tampoco ofrece una solución para estos sectores
carenciados, que terminan por construir por sí mismos sus viviendas
(cerca del 60% de las viviendas de América Latina son producidas en
el sector informal).
La confluencia de estas variables apunta a que la solución a este
problema de dimensiones descomunales pasa por la acción y el
esfuerzo conjunto de los numerosos agentes involucrados: los
ministerios, los organismos centrales, los empresarios privados,
los grupos comunitarios y los constructores informales.
La CEPAL aboga también por la necesidad de "participación
comunitaria -individual o colectiva- no sólo para la construcción
de viviendas,instalación de infraestructura o prestación de algunos
servicios, sino para la planeación y toma de decisiones sobre sus
barrios, con la asesoría técnica del sector público".
Los programas de vivienda y los subsidios han fomentado claramente
el ahorro, al acercar a sectores de bajos ingresos la posibilidad
(de otro modo inviable y sobre todo inimaginable por ellos) de
acceder a la vivienda. Para ello están dispuestos a cumplir con los
requisitos de ahorro previo. Casi un millón de libretas de ahorro
acreditan el éxito de una política, que a la vez que sirve para
consolidar el sistema, permite de paso generar importantes
ganancias inmobiliarias y activa la industria de la construcción.
El panorama resultante de la aplicación de dicho programa no es
ciertamente demasiado alentador. Desde luego las cifras que hoy
pueden ofrecer los responsables de los programas son irrefutables.
Se ha conseguido controlar el déficit de vivienda, pero si se mira
al futuro... Al haber primado lo cuantitativo sobre lo cualitativo
se ha conseguido controlar el déficit, pero para muchos no es una
solución real, ofrece espacios mínimos (cada vez más) y con ellos
problemas sociológicos y de habitabilidad.
Lo que hace el Estado
En la práctica nada de esto se ha llevado a cabo y, aunque desde el
Ministerio se habla mucho y se defiende la participación, no se ha
aprobado ninguna ley que haga efectiva lo que hasta ahora no es
sino una declaración de intenciones, que por otra parte se escucha
por doquier. Participación parece haberse convertido en la palabra
mágica.
Lo que quieren los pobladores
Las familias chilenas de bajos ingresos esperan que el Estado les
facilite el acceso a una vivienda, a la que tienen derecho. Aún a
sabiendas de la baja calidad y de lo reducido del espacio
disponible, la vivienda supone la inserción en un sistema, en un
modo de vida que han aprendido a identificar con lo deseable y
respetable.
Hay diferentes formas de presionar por una vivienda. En la
actualidad ya no hay prácticamente tomas ilegales de terrenos,
campamentos de pobladores, pues los chilenos saben que si esperan
y siguen los cauces establecidos, acabarán por ser incluidos en
alguno de los programas estatales de vivienda, así que no les
conviene enfrentarse al Estado.
¿Y sobre la participación? ¿Cuál puede ser la función del sujeto
social? No está claro, menos en Chile, un país en el que todavía se
siente el pasado reciente de una dictadura como una rémora en la
capacidad de la gente de asumir el protagonismo de sus vidas.
Lo que se podría imaginar
Hay quienes prefieren seguir pensando que con la participación
activa de los pobladores en la toma de decisiones sobre lo que
quieren que sea su casa y su ciudad,se pueden generar en la base
social nuevas potencialidades y capacidades, lograr la
autovaloración personal, el cultivo de la amistad y la experiencia
en organización y en principios prácticos elementales de gestión y
administración.
Pero para eso no basta con que se creen las figuras, los canales y
los organismos, se hace necesaria la voluntad de los beneficiarios,
la asunción de responsabilidades. En cualquier caso, los problemas
de los sectores populares no se resuelven sólo en el ámbito local,
y es difícil compatibilizar la "lucha individual" por el acceso a
una vivienda, que muchas veces conlleva la competencia con los
semejantes; compatibilizar esa lucha individual, decía, con la
lucha colectiva necesaria para plantear reivindicaciones más
generales y la transformación global de la sociedad. No parece que
se pueda exigir de los pobladores esa toma de postura. Es lícita la
preocupación por la vivienda de la propia familia, y el Estado
chileno ha sabido canalizar ese deseo de propiedad, de seguridad y
estabilidad y, si con la dictadura se transformó a los pobladores
de sujetos activos en pasivos, con la democracia parecen continuar
primando sujetos disciplinados y obedientes y en su mayoría
pacientes.
Con el gobierno militar en 1973 se desarticula el movimiento
poblacional. "Con la implantación de un modelo económico neoliberal
basado en el libre mercado, los pobladores pasan de una condición
de sujetos sociales a ser meros objetos de política social".
Continúan existiendo juntas de vecinos, pero cambió la ley que las
regía, y sus dirigentes serán designados por los cuadros técnicos
del gobierno, desvinculándose así de las demandas y voluntad de los
pobladores.
La población a pesar del miedo a la represión comenzó a organizarse
de nuevo para sobrevivir. Se establecen así los "comedores
solidarios" u "ollas comunes", los huertos familiares y "comprando
juntos". Las tomas de terreno eran sin embargo inviables ante la
fuerte represión militar. Con el tiempo fueron aumentando su peso
político, llevaron a cabo movilizaciones y paros para presionar al
gobierno y lograr la obtención de una vivienda.
Las autoridades se vieron obligadas a aportar alguna solución, que
se tradujo en el traslado de pobladores a la periferia
metropolitana, donde se les asignó un terreno en propiedad,
subsidiado en gran parte. La segregación espacial actual de
Santiago es en gran medida consecuencia de aquellas operaciones,
que reunieron a los sectores de menos recursos en algunas comunas
periféricas (entre ellas la que hoy se conoce como Huechuraba).
Cuando llegó el gobierno democrático la mayor parte de los
campamentos habían sido erradicados o radicados, y no se volverán
a producir tomas masivas. La nueva administración se centra en la
dotación de servicios básicos a los asentamientos que no cuentan
con ellos. El Estado ofrece un programa que acerca la vivienda a
sectores de bajos ingresos que no podrían acceder de otra forma, y
las organizaciones vecinales han asumido un papel considerable como
gestores en el proceso.
Las Juntas de Vecinos por su parte deben velar por el progreso de
la población del sector. Este progreso se ve en temas como el
alumbrado público, la pavimentación, actividades culturales y
deportivas... Las Juntas de Vecinos representan además a la
población ante las autoridades, elevan sus demandas a la Oficina de
Desarrollo Comunitario.
Para pertenecer a una Junta de Vecinos es necesario pagar una cuota
social y entonces se puede participar en las actividades, tener
derecho a voto en las elecciones y recibir la cuota mortuoria (si
fallece un socio de una manzana la Junta de Vecinos pasa tres
listas con el timbre y se va pidiendo colecta. La plata reunida y
la que aporta la Junta se le entrega a los deudos), recibe
problemas de medidores rotos, de basuras, de cortar un árbol... La
Unidad Vecinal se divide encuadras.
La ley 18.893 regula las organizaciones comunitarias. Fue dictada
por el régimen militar y distingue entre organizaciones de carácter
funcional y territorial. Las Juntas de Vecinos son organizaciones
territoriales, es decir se adscriben a un territorio determinado.
Las Comunas se dividen en Unidades Vecinales. En la ley hablaban de
un mínimo aconsejable de 3 J.V. por Unidad Vecinal, en la ley
anterior y en proyecto de nueva ley se defiende sin embargo la
correspondencia de una única Junta de Vecinos con la Unidad
Vecinal, para evitar la atomización (y politización) y fortalecer
la presencia de los vecinos y su representatividad frente al Estado
(a través de las Instituciones de la Municipalidad).
1. Comités de Vivienda
Como ya se ha dicho los Comités de Vivienda se crean para postular
a una vivienda de forma colectiva. El Estado premia la postulación
en grupo frente a la individual y con ello potencia la formación de
grupos de pobladores apoyándose en una lucha común. El mayor
porcentaje de vivienda corresponde a allegados, que cuando forman
grupos se constituyen como Comités de Allegados y postulan a
Vivienda Básica, pues la prefieren a los programas de Vivienda
Progresiva.
En la Comuna de Huechuraba hay 20 comités constituidos legalmente
y postulando y otros 4 constituidos legalmente pero sin postular.
Una vez obtenido el subsidio a las familias se les entregan
viviendas próximas, con lo que no pierden los lazos establecidos
previamente. En algunos casos además el Comité no se disuelve y
pasa a preocuparse por otras mejoras para el grupo, esta
continuidad suele depender de la capacidad de liderazgo de alguno
de sus miembros.
En Huechuraba hay un campamento que intenta postular en grupo, pero
ve grandes dificultades pues algunas familias no empiezan a ahorrar
y hacen descender la puntuación total. En este grupo cuesta hacer
ver a las familias más marginales que tienen que aportar un ahorro,
y que de ello dependen no sólo sus posibilidades de acceder a un
subsidio, sino las de todo el grupo.
2. Juntas de Vecinos
Huechuraba se encuentra dividida en 14 Unidades Vecinales. Hay 18
Juntas de Vecinos y una Unión Comunal que reúne a todas las Juntas
de Vecinos. No coincide exactamente el número de unidades vecinales
con el de juntas, así por ejemplo en la Pincoya 1 hay dos
unidades, la 40 y la 40-b. Ésta corresponde a los vecinos de unos
bloques integrados que solicitaron su separación. La creación de
una nueva Junta de Vecinos tiene que ser aprobada por la
municipalidad, exige todo un proceso burocrático y formal previo.
Cada Junta de Vecinos celebra una Asamblea General cada tres meses
y una reunión de delegados cada semana. En estas reuniones se
tratan los temas que interesan a los pobladores y que son
presentados por los delegados, por ejemplo en la última se trató la
organización de las Fiestas Patrias, trabajar en el Teletón, el
problema de los camiones que pasan por los pasajes, más vigilancia,
el cambio de una feria.... Los representantes elevan estas
solicitudes o propuestas a la Municipalidad.
Dan cuenta una vez al año a la Municipalidad a través de la Unión
Comunal de Juntas de Vecinos.
3. Unión Comunal
La Unión Comunal tiene objetivos más generales que los de las
Juntas de Vecinos, vela por el buen funcionamiento de las Juntas de
Vecinos, trata los problemas entre dirigentes, controla la
administración de las finanzas. Presenta a las autoridades
problemas generales (también particulares) y presenta programas
para su financiación. Recibe subvención del Municipio previa
presentación y aprobación de proyectos. Tiene un carácter más
político, sus dirigentes pertenecen a partidos, aunque no se puede
en las asociaciones hacer proselitismo partidista ni religioso.
Apoyo de la Municipalidad
Para funcionar las organizaciones reciben el apoyo de la
municipalidad, en concreto en el tema de la vivienda existe un
'Area Vecinal, perteneciente a la Dirección de Desarrollo
Comunitario, que fomenta el desarrollo de la participación
comunitaria, busca mejorar la gestión y orientar la constitución
legal de Juntas de Vecinos, Comités de Vivienda y Comités de
Adelanto de la Comuna. Para ello ofrece un servicio de información,
asesoría, coordinación, capacitación y autogestión. Trabaja con los
propios interesados en formar un Comité para postular, en lo que se
refiere a los aspectos legales (la redacción y la aprobación de
estatutos). Posteriormente el Comité pasa a la Unidad de Vivienda
que les asesora para cumplir los requisitos para la postulación, a
través de las asistentas sociales.
La correspondencia entre las organizaciones vecinales y las
instituciones municipales no es casual, su estructura se acomoda
muy bien al sistema establecido para la difusión, postulación y
gestión de los programas de vivienda.
Si algún día se logra que las instancias municipales pasen de ser
"organizadoras" de pobladores a ser receptoras y catalizadoras de
iniciativas populares comunitarias se habrá dado un gran paso
adelante. En esta comuna los trabajadores de la municipalidad
parecen receptivos e interesados en el progreso social. El reto es
de todos ellos, pero sobre todo de los pobladores.
Apoyo externo
A nivel de vivienda hay una ONG francesa trabajando con un grupo en
un programa de autoconstrucción. El proceso es lento y laborioso y
en la misma Unidad de Vivienda las asistentas sociales consideran
que la autoconstrucción no es apropiada para colectivos con
excesivas carencias y connotaciones de marginalidad. Para que
funcione es necesaria la cohesión del grupo, la confianza mutua y
el apoyo técnico y social (animación del grupo) que no facilitan
que se constituya en una opción generalizada. Además al ser
preguntados los pobladores señalan que prefieren la vivienda
básica, ya acabada, a la progresiva que casa más con sistemas de
autoconstrucción.
Por otra parte una ONG local va a comenzar a realizar el catastro
de la comuna. La presencia de organizaciones externas es bien
limitada, cada vez más al igual que en el resto del país, pocas se
han consolidado de entre las más de ochocientas que hubo en los
años 80 y muchos países extranjeros han retirado o están retirando
su ayuda pues en el propio país se han generado recursos que antes
no había y que hacen innecesaria la cooperación internacional (otra
de las consecuencias de los buenos datos macroeconómicos del país).
La redistribución es otra historia.
Problemas. Entre la realidad y la esperanza.
Hemos visto tres tipos distintos de organizaciones que deberían
tener objetivos, perspectivas y acciones distintas. Parece claro
que el objetivo principal y la causa de la formación de un Comité
de Vivienda o Comité de Allegados es lograr el acceso a una
vivienda de las ofrecidas en los programas estatales, incluso se
podría entender de una forma malévola y simplista que lo que buscan
es lograr un puntaje mayor y así acceder antes a las subvenciones
estatales a la vivienda. La necesidad acuciante de vivienda ocupa
prácticamente toda su atención.
Las Juntas de Vecinos también parecen tener objetivos bastante
inmediatos, aunque esta vez relacionados con la vida de los
vecinos. Al hablar con dirigentes y preguntar por su labor se
suelen referir a actuaciones para solucionar problemas cotidianos
sin cuestionamientos de fondo. No suele haber cohesión entre las
demandas de las distintas juntas, incluso una junta puede ver al
resto como competidora por los recursos de la Municipalidad, que
son limitados. También se ve cierto desconocimiento de otras
organizaciones funcionando en la misma comuna e incluso en la misma
unidad vecinal.
En cuanto a la Unión Comunal al representar al conjunto de la
Comuna, parece tratar temas generales, pero como señala la Oficina
de Desarrollo su carácter es básicamente reivindicativo, no
propositivo, tienen escasa capacidad de presentar propuestas y de
gestión. El paternalismo autoritario y la represión del régimen
anterior han dejado como secuelas unas organizaciones acostumbradas
a pedir, a demandar, no a negociar ni a asumir responsabilidades
conjuntas derivadas de enfrentar un proyecto en el que tienen que
aportar además de recibir. Los dirigentes heredaron esa cultura de
la dictadura.
Otro problema con el que a veces se encuentran (tanto en las juntas
como en la Unión) es la falta de representatividad de los
dirigentes, su opinión puede no corresponder con la de los vecinos.
Además el hecho de que durante mucho tiempo fueran designados por
los cuadros técnicos y no elegidos por los pobladores generó una
desconfianza hacia los dirigentes que sólo con el tiempo y su buen
hacer será superada.
En la actualidad la relación con la base no es permanente y hay
poca renovación de dirigentes, lo que no ayuda a reforzar esa
confianza. Hace falta un cambio de estilo, más democracia en su
gestión, los cuadros actuales muchas veces tienen asimilados
comportamientos y modos de gestión poco democráticos. La Unión
Comunal tomó la decisión de que en Noviembre se renovaran todas las
directivas de las Juntas Vecinales.
El nivel de participación es bajo. En eventos y festejos (por
ejemplo las fiestas del 21 mayo por el aniversario de la población)
si que se cuenta con nutrida asistencia, pero a la Asamblea de
Junta, de los más de 1.000 habitantes de la población asisten menos
de un centenar. Esta baja participación se debe en parte a la falta
de información, los delegados, que debieran celebrar después de
cada reunión de delegados una reunión de manzana para informar de
lo que se hizo en la Junta no siempre lo hacen.
Parece claro que el buen o mal funcionamiento de una organización,
su consistencia, depende en gran medida de la capacidad de
liderazgo de sus dirigentes y del apoyo que tengan. En la unión
Comunal y en la Oficina de Desarrollo ofrecen cursos de formación
de dirigentes.
Conclusiones
El propio MINVU reconoce que entregando vivienda aparentemente se
soluciona el problema de la vivienda, pero las familias adquieren
un conjunto de otros compromisos asociados a la vivienda que muchos
no podrán cumplir adecuadamente (pago de las cuentas de
luz,agua...). No puede por tanto ser una tarea sectorial. No se
soluciona la pobreza solo a través de la entrega de una solución
habitacional, es necesaria la organización de la comunidad, la
generación de líderes, el acceso a las fuentes laborales, a la
salud y a la educación, por tanto es necesaria una coordinación
institucional.
En ese proceso todavía no está claro en Chile el papel que le
corresponde al actor social, que la dictadura volvió pasivo. Se
vive un momento de transición. Tampoco se puede forzar la
participación, es una opción personal. Durante la dictadura hubo
gran movimiento a nivel de asociaciones vecinales de J.V.
(manifestaciones de noviembre del 88 y 89). Estaba claro qué
buscaban y todos se unían en la lucha. Hoy el enemigo es la pobreza
y no están definidas las estrategias. Puede ser un gran problema
que las organizaciones populares se limiten a ser "gestoras" del
proceso, han sido asimiladas por la burocracia, integradas en los
canales oficiales pero con ello pueden haber perdido la distancia
que permite ver más allá de lo que ya hay. Los árboles no dejan ver
el bosque, si las organizaciones no ven y creen en sus propias
posibilidades, si no pueden imaginar otros modos de obrar, se
acaban volviendo conformistas, peones del discurso oficial en el
tema de vivienda (que por otra parte y tal vez porque con la
transición dirigentes y han sido incorporados a los ministerios,
aparece innovador).
Fecha de referencia: 31-01-1998
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