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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
En un sistema democrático, los ciudadanos tienen derecho a
participar directamente en asuntos públicos, como son las
condiciones y procesos urbanos que afectan a su vivienda, barrio,
ciudad o territorio.
En un sistema oligárquico, los ciudadanos o no participan o si
lo hacen es con menor éxito que unos pocos agentes asociales
movidos por un desmesurado afán de lucro (promotores,
conseguidores, políticos pluriempleados, ...).
En un sistema totalitario, los ciudadanos son excluidos, no
tienen derecho a participar en las decisiones que afecten a éstos
u otros asuntos.
En nuestro país no falta de nada y rige un sistema mixto.
Hay algún ejemplo de funcionamiento democrático, como cuando
decidimos convertirnos en una monarquía o ingresarnos en el
atlántico norte.
Hay más ejemplos de funcionamiento oligárquico, como la escasa
y raramente exitosa participación ciudadana en materia de
urbanismo, frente a la sobrada e increíblemente eficaz
participación de los mismos pocos de siempre.
Y hay algunos ejemplos de funcionamiento totalitario, como la
exclusión de la población gitana en todo proceso urbanístico que
les afecte.
Aunque este número está dedicado a la participación ciudadana,
este artículo está dedicado a la exclusión ciudadana, y comenta
algunos actos de urbanismo totalitario promovidos por las
administraciones madrileñas contra nuestros vecinos gitanos, que
han llegado en nuestra ciudad a ser deportados a un vertedero de
basuras, enfrente de un aliviadero de depuradora o dentro un nudo
de autovía.
En la agonía de la dictadura dura, surge en nuestro país una
movilización vecinal, que exige, entre otras cosas, la
eliminación de los barrios de chabolas. Ante esta tesitura, los
primeros ayuntamientos democráticos madrileños no tienen otra que
financiar programas institucionales de erradicación de la
infravivienda, y son eliminadas las principales concentraciones.
Pasa el tiempo y los movimientos vecinales resultan incómodos y
son subrepticiamente desarticulados. Los ayuntamientos
democráticos cambian el insignificante signo político y son ahora
ayuntamientos populares, que abordan de una forma más barata y
europea el problema de la infravivienda: en lugar de erradicarla
deciden ignorarla o reubicarla.
Sólo quedan gitanos, migrantes y paupérrimos habitando chabolas,
y en varios poblados se fuerza un éxodo que, además de barato,
genera plusvalías y otros beneficios: los primitivos suelos de
asentamientos de infravivienda son recalificados y vendidos a
promotores privados, y la difícil integración social de estas
poblaciones es abandonada por un proyecto a más corto plazo de
desintegración cultural.
Alguien asertó que el fascismo comienza con un malévolo uso del
lenguaje, y en cuanto a población gitana y chabolas, existe un
paradigmático ejemplo: Las distintas administraciones públicas
que tutelan esta capital crearon un organismo para atacar el
problema de la infravivienda, y eligieron para éste un nombre que
constituye una inequívoca declaración de principios: Consorcio
para el Realojamiento de Población Marginal. El significado de
esto, siguiendo al Diccionario de la Lengua Española de la Real
Academia, es:
Fecha de referencia: 31-01-1998
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