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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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La historia del poder local en Brasil, se remonta a las raíces
ibéricas de la colonización de nuestro país y a lo largo de casi
cinco siglos, la autonomía de las instancias locales conoció flujos
y reflujos provocados por los movimientos de formación de nuestro
estado nacional. En todo el período colonial, y en especial durante
los dos imperios, las comunidades locales conocieron una relativa
autonomía debido principalmente a las distancias que las separaban
de la sede colonial y de la metrópoli y de las dificultades de
comunicación con las mismas. Así, las villas, las ciudades y las
provincias debían organizarse para resolver la mayoría de sus
problemas dentro de sus propios límites. A pesar de la
centralización formal y burocrática del Estado en los poderes del
rey o de los emperadores, la presencia real del poder principal era
esporádica e intermitente.
Ya cerca del cambio de siglo, la centralización conoció un período
de mayor fuerza con la fundación de la República, en 1889.
Asimismo, como la llamada Primera República se fundamentaba sobre
el poder oligárquico regional o estatal, la descentralización
continuó existiendo en la práctica política. A pesar de haber
directrices nacionales definidas por los centros Ejecutivos y
Legislativos, prevalecía una fragmentación del poder que favorecía
una cierta independencia regional. Las demandas y los intereses
locales muchas veces se sobreponían a las orientaciones que venían
de la sede. Esta configuración se mantuvo y se fortaleció durante
cincuenta años y solo se modificó con la llegada de la Revolución
de 1930, que tenía justamente por objetivo y motivación oponerse a
ella.
La llegada de Getúlio Vargas al poder ocurrió en un proceso en el
que se buscaba romper los orígenes oligárquicos del Estado
brasileño y pomover una centralización capaz de darle condiciones
para promover la industrialización nacional. Un acto simbólico que
consiguió dar la dimensión de lo que los revolucionarios de 1930
querían hacer e hicieron fue la quema de las banderas de los
estados, lo que significaba el surgimiento de un verdadero estado
nacional, que a partir del golpe de 1937 asumió un modelo
influenciado por el fascismo. A pesar de que la quiebra del poder
oligárquico no había sido completa, Vargas consiguió restringirlo
a sus límites territoriales y estableció, por primera vez en la
historia brasileña, la subordinación real de los estado y
municipios a la voluntad de la sede de la federación.
Con la salida de Vargas de la presidencia de la República y el fin
de su "Estado Nuevo", en 1945 se inicia la democratización del
país, lo que permitió el resurgimiento de los municipios como
instancias de poder autónomas y activas. Esta nueva
descentralización conocía, sin embargo, los límites brasileños:
donde habia una preponderancia de las fuerzas políticas de
izquierda fue retrasada o impedida ya que el poder central estaba
en total consonancia con las directrices americanas de la Guerra
Fría.
El breve período democrático conoció su fin en 1964 con el golpe
militar que instauró una dictadura que duraría poco más de veinte
años. Se inició un nuevo período de concentración de poderes, esta
vez con una violencia inédita que terminó con los derechos
políticos de los alcaldes reción elegidos, impidió la realización
de nuevas elecciones y castró por completo la autonomía de muchos
municipios, bajo la alegación de que estaban en una zona de
seguridad nacional. Dentro de estos estaba la ciudad de Santos, que
vivió un largo período sin poder elegir a su alcalde por ser el
pricipal puerto del país y tener una tradición de izquierda, tal
que era conocida como la "Ciudad Roja", alimentada por un fuerte
movimiento sindical, en especial de los trabajadores del puerto.
El proceso de redemocratización del país se desarrolló junto al
aumento de las presiones descentralizantes para retomar el
verdadero carácter de la federación del Estado braileño. Ya en
1976, al producirse la primera victoria de la fuerzas democrática
sobre la dictadura, el movimiento municipalita se reforzó. Aquel
año, la oposición conquistó las primeras alcaldías y comenzó
experiencias administrativa con éxito en Lajes, Paraná, Piracicaba,
Sao Paulo.
Esta lucha por la reconstrucción democrática acabó por desembocar
en el Congreso constituyente que elaboró una nueva carta magna del
país, en vigencia desde 1988. La nueva Constitución procuró
responder a las demandas de la autonomía política y financiera de
los elementos de la federación en relación a la Unión y trató de
alterar la distribución de ingresos entre las instancias del poder.
Se consiguió mucho, a pesar de que los municipios brasileños
todavía tenían una dependencia financiera considerable (ver tabla
1) si se compara con la situación vivida por algunos países
europeos como Suecia, donde el 67% de los impuestos públicos se
quedan en la esfera local.
Aquí cabe un paréntesis sobre una peculiaridad de la historia
municipal del Brasil. Durante los períodos de mayor centralismo el
municipio mantuvo su capacidad de recaudar impuestos, ya que esto
se mantuvo dentro de unos límites rigurosos.
Esta característica diferencia Brasil de mucho países
latinoamericanos y europeos, en los que el poder local no tienen
recaudación propia, a pesar de tener garantizada la fórmula.
Durante la reconstrucción democrática, surgieron y se consolidadon
nuevos actores políticos y sociales como interlocutores entre el
Estado y los representante de la sociedad. Los movimientos
sociales, en especial los urbanos, como el sindical o el de lucha
por la vivienda, pasaron a exigir el apoyo de las autoridades
locales para realizar sus reivindicaciones. Este ambiente ayudó a
reforzar la tendencia descentralizadora que se había aprobado en la
Constitución de 1988.
Hoy, desde el punto de vista legal, los municipios brasileños
gestionan diversas áreas de actuación del Estado. Así como la salud
y la educación básica, en las que el gobierno federal apenas tiene
el papel de señalar las directrices generales. Es el municipio el
quedebe suplir las necesidades de la población y otros servicios
típicamente urbanos, como la recogida y destino de los residuos y
la basura, la actividades culturales y deportivas y el ocio.
En lo que se refiere a la vivienda popular, los municipios todavía
no tienen como norma una presencia activa en la construcción de
viviendas, sin embargo están empezando a legislar sobre el tema.
Todavía hay una dependencia grande entre los estados y la Unión,
principalmente a causa de la forma de financiación y por la poca
voluntad política de los jefes de los ejecutivos municipales para
reservar una parte de sus presupuestos para la construcción de
viviendas. Las ciudades que tienen sus propias políticas
habitacionales, como Santos, todavía son una excepción.
Por último, en la definición de nuestro concepto de poder local
cabe resaltar una característica brasileña de ese proceso de
descentralización. En nuestro país existe un vínculo necesario
entre la municipalización y las políticas neoliberales de búsqueda
de cualquier variante del "Estado Mínimo". Por el contrario, como
este movimiento ha funcionado como uno de los motores de la
democratización del país, lo que busca en su vertiente progresista
es un Estado desprivatizado y capaz de actuar para controlar las
fuerzas del mercado en el ámbito municipal.
Teniendo en cuenta que Brasil tiene una inmensa desigualdad social,
con una concentración de rentas casi sin igual en el mundo, se debe
considerar que, a un enorme sector de la población, no le es dada
la posibilidad de acceder al mercado inmobiliario. El proceso de
fragilización de las relaciones laborales, en marcha en todo el
mundo e implantado en nuestro país con la llegada al poder del
actual gobierno federal, está agravando esta realidad.
Cada vez más, los trabajadores, aún teniendo empleo, no consiguen
alcanzar un nivel de renta suficiente para construir o adquirir una
vivienda. También es creciente el número de personas desempleadas
o dentro del llamado "mercado informal", generalmente un eufemismo
para el trabajo semiesclavo. Con esto crece también la demanda de
vivienda. En Brasil como conjunto, para las franjas de población
más desfavorecidas, con una renta familiar de 300 dólares al mes,
la demanda de vivienda es superior a 10 millones de unidades,
siendo necesarios cerca de 15 millones de nuevas viviendas antes
del año 2000.
La producción de la inmensa mayoría de las viviendas ocupadas por
las franjas de población de bajo nivel de ingresos, incluso en este
momento, ha ocurrido bajo la iniciativa directa de los propios
usuarios. Particularmente, las familias con renta mensual inferior
a 100 dólares al mes tienen acceso a viviendas precarias a traves
de la producción espontánea (autoayuda o ayuda mutua) o de
programas especiales en los que está presente algún tipo de
subsidio oficial, utilizándoe en ambos casos las llamadas viviendas
progresivas, en las que el usuario se encarga de finalizar la
vivienda de acuerdo con sus posibilidades económicas.
Por tanto, cuando hablamos de vivienda popular nos referimos a
políticas y acciones de poder público para asegurar a ese segmento
de la población el acceso a viviendas adecuadas. Esto no puede
darse sin haber una intención de acuerdo con la lógica del mercado,
que en general ignora la necesidades de esa población excluida y
también sin que el poder público ofrezca financiación y
subvenciones.
Incluimos en nuestro concepto de vivienda popular el suministro de
acceso a los servicios urbanos de esas personas, de tal manera que
se les asegure unas condiciones de vida saludables y dignas,
transformándoles en verdadero ciudadanos. Sin ese presupuesto, la
vivienda se reduce a garantizar un techo para que esa población
popular se pueda reproducir, manteniéndose las mismas codiciones de
exclusión y miseria en que se encontraban.
El primer paso para atacar de frente el problema de la alta de
vivienda en la ciudad de Santos fue la creación de las bases
legales para la intervención del poder público en esta cuestión. El
15 de mayo de 1992 se aprobó la Ley Complementaria n. 53, la ley de
las ZEIS (Zonas Especiales de Interés Social), parte integrante del
plan Director de la ciudad y que se implantó efectivamente al año
siguiente. Esta legislación tiene su fundamento en la Contitución,
que determina, en su artículo quinto, que la propiedad privada debe
tener función social y, en el artículo 182, que esa función social
se cumplirá cuando se "atienda a las exigencias fundamentales de
ordenación de la ciudad incluidas en el plan general".
Es importante observar que, más allá de acer viable la Reforma
Urbana también impulsada por la Constitución, la legislación de las
ZEIS aprobada en Santos, desarrolló criterios específicos para el
uso y ocupación del suelo, rompiendo una serie de límites que
dificultaban la iniciativa de la familias, de las comunidades y de
los empresarios en lo que respecta a la producción de viviendas
regulares a un precio menor.
Son tres los tipos de ZEIS:
ZEIS 1
Areas ocupadas por población de bajo nivel de rentas (favelas, en
general), donde interesan las condiciones para promover la
regularización de la propiedad del suelo, realizar mejoras urbanas
(saneamiento básico, agua, luz, etc.) y construir viviendas y
equipamientos sociales (escuelas, guarderías, centros de salud,
etc.). Las tipologías físiscas pre-existentes en las áreas de la
ZEIS 1 son extremadamente desfavorables, configuran situaciones
dramáticas si conllevan riesgos para la vida, pésimas condiciones
de saneamiento y aspectos ligados a la salud pública.
Son áreas localizadas en los montes y principalmente en la zona
Noroeste de Santos, esta última una región baja, a nivel del mar,
donde hay numerosos palafitos, casas precarias, hechas de madera y
de materiales muchas veces procedentes de la basura, y construidas
sobre áreas inundables o sobre brazos de mar.
Las obras incluyen desde la estabilización de taludes, en el caso
de los montes, incluso grandes cantidades de terraplén en algunas
áreas extensas. Invariablemente, las intervenciones siempre preven
la dotación de infraestructuras (saneamiento básico, drenaje, agua
y electricidad), con la posterior regularización de la propiedad
del suelo.
Actualmente están siendo atendidas cerca de 6.200 familias, según
muestra la siguiente tabla.
| Estado de intervención | |||
| Proyecto | N. de familias | Urbanización | Regularización |
| Dique | 2.808 | 1. y 2. fases - 1.220 familias | en marcha |
| Vila Alemoa | 1.000 | 500 familias | en marcha |
| Vila Progresso | 874 | en proyecto | elaboración del catastro |
| Vila Santa Casa | 156 | en ejecución | terreno adquirido PMS |
| Vila José Menino | 287 | concluida | concluida |
| Torquato Dias | 146 | en proyecto | en marcha |
| Lomba da Penha | 80 | en proyecto | en marcha |
| Caneleira III | 400 | en ejecución | en marcha |
| Vila Telma | 111 | concluida | en marcha |
| Estuário | 88 | en ejecución | en marcha |
| Vila Redençao | 15 | en proyecto | en marcha |
| Vila Pantanal | 183 | en ejecución | en marcha |
| N. Sra de Fátima | 80 | en proyecto | en marcha |
| TOTAL | 6.228 | ||
ZEIS 2
Areas delimitadas donde no exista ocupación y que aparentemente
presentan buenas condiciones para la implantación de proyectos
habitacionales de interés social. Estas áreas están sujetas desde
1994 a un impuesto progresivo sobre la propiedad urbana. Los
dueños de los inmuebles, sin embargo, pueden beneficiarse de
incentivos previstos para la construcción de viviendas públicas,
su destino obligado, así como de parámetros especiales de
parcelación, índice de ocupación y de construcción.
La intercención en estas áreas se caracteriza por la ejecución
y la entrega de lotes urbanizados para la posterior construcción
de las unidades de vivienda en régimen de autoconstrucción,
autoayuda y ayuda mutua, beneficiándose los integrantes de los
movimientos populares de lucha por la vivienda. Por otro lado,
al promover la simplificación de las reglas relativas a los
índices urbanísticos y de edificación, a través de la ley de las
ZEIS, el poder local incentiva también la producción de parcelas
o conjuntos habitacionales por parte de la iniciativa privada y
de las asociaciones comunitarias.
La posibilidad de una mayor densidad de las soluciones
habitacionales en estas áreas, al compararse con las que
establece el planeamiento para el resto de la ciudad, hace
posible una reducción en los costes de infraestructuras.
En estas cuestiones ligadas al diseño urbano, la legislación
aplicada a las ZEIS de tipo 2 permite un repertorio de soluciones
actualmente abandonado, a las que perteneces las antiguas Vilas
Operárias de principios de siglo, las casas superpuestas o los
condominios horizontales.
ZEIS 3
Areas deterioradas formadas por edificios urbanos ocupados, como
cortijos, donde existen condiciones favorables e interés social
en promover proyectos habitacionales, ya sea a través de la
reforma o de la construcción nueva, priorizando a aquellos
habitatntes que ya viven allí. La localización social es la
principal forma de acceso a la vivienda prevista por las ZEIS de
tipo 3. El alquiler social, en la mayoría de los casos, incorpora
un subsidio social, en la medida en que la demanada la
constituyen familias sin recursos.
Al contrario que en experiencias semejantes ocurridas en otros
países, particularmente en Francia, en este caso se trata de
familias con perspectivas de ascensión social a corto plazo, lo
que haría de la "localización social" una especie de estado
intermedio antes de alcanzar una casa propia o la posibilidad de
pagar un alquiler en el mercado. Los mecanismos financieros
creados para mantener progrmas de este tipo en países
desarrollados dificilemte podrían servir de modelo para la
realización en ciudades del Tercer Mundo.
Varios inmuebles antiguos localizados en el Centro histórico de
Santos, se encuentran en fase de recuperación y rehabilitación
con fines de localización social. En estos inmuebles, algunos de
los ex-cortijos, residen cerca de 100 familias, dando comienzo
a uno de los programas de este tipo pioneros en Brasil.
2. La participación popular garantizada por ley es fundamental
para el éxito de la política habitacional del municipio.
En Santos, la participación popular comenzó ya en el proceso de
discusión y elaboración de la legislación que funtamenta nuestra
política habitacional. En ese proceso fueron escuchados y
participaron ampliamente desde los movimientos por la vivienda
hasta los agentes formales de producción inmobiliaria en la
ciudad.
Uno de los instrumentos legales que aseguran la particiapción
popular es la necesidad de que todas las ZEIS de tipo 1 tengan
una Comisión de Urbanización y Legalización (Comul), en las que
tengan representación el ejecutivo municipal, el legislativo y
las entidades civiles. Es competencia de Comul, sobre todo,
acompañar y fiscalizar la elaboración y realización del Plan de
Urbanización y Regularización Jurídica en la zona repectiva.
El consejo Municipal de Vivienda, también creado por ley, y
formado por representantes de la población, de la sociedad civil
organizada y del poder público, es otra garantía de participación
popular. Este consejo tiene como objeto aprobar, supervisar y
generar normas y directrices para la plicación de programas
habitacionales del municipio. Cada dos años tiene lugar la
Conferencia Municipal de Vivienda, en la que se definen los punto
que dirigira el funcionamiento del consejo en los dos años
siguientes.
La primera de esas conferencias tuvo lugar en 1993 y se
caracteriza por una preponderancia de reivindicaciones y
proyectos. El año pasado, con la participación de más de 1.000
personas, se realizó la segunda conferencia, que demostró la
madurez del consejo y de las relaciones entre la población, los
movimientos organizados, la sociedad civil y el poder público.
3. El presupuesto municipal deben garantizar la destinación de
los recursos a los programas de vivienda.
En el caso de Santos, el presupuesto municipal destina el 5% a
los proyectos de vivienda popular. Esta partida se concede a
través de un Fondo de Incentivo para la Construcción de la
Vivienda Popular (Fincohab), constituido por recursos del
presupuesto municipal, mas puede recibir partidas de terceros,
bien del gobierno federal o estatal. De acuerdo con su finalidad,
el Fincohab es un fondo rotativo, o sea, recibe recursos,
financia proyectos y recibe prestaciones de los beneficiarios
finales, aquellos que ya han recibido sus viviendas. Al regresar,
el dinero de los préstamos es utilizado para financiar nuevos
proyectos. El poder público municipal mantiene el fondo,
suponiendo la omisión de los gobiernos federal y estatal. Para
este año, estimamos más de 10 millones de dólares estadounidenses
en el sector. Esta destinación de recursos permitirá que al
terminar el actual mandato, el déficit habitacional de la ciudad,
hoy estimado en 10 millones de viviendas, se haya reducido cerca
de un 50%.
4. El municipio debe articulare mediante fuerzas políticas y
sociales locales para presionar otra esferas del gobierno para
que definan directrices para la vivienda popular y destinen
recursos que se sumen a los municipales.
El poder local no puede considerarse como una isla aislada en
relación a las demas instancias de podel del Estado. Por el
contrario, debe ser un inductor y conductor de la demandas de la
ciudad, haciendolas llegar a los gobiernos centrales. esta
actuación política de representación del poder local es
fundamental para la consolidación de sus relaciones con la
población a la que representa. En el Ayuntamiento de Santos, no
dejamos de participar en el debate político nacional; por el
contrario, consideramos esa actuación como parte fundamental de
nuestro papel político, asumido cuando fuimos elegidos por la
población. Con esa actuación conseguimos, por ejemplo, que el
gobierno federal se comprometiera a financiar parte de nuestro
principal proyecto de viviendas, la urbanización de las favelas-palafitos de Dique da Vila Gilda.
5. La política habitacional debe priorizar la permanencia de la
población en las zonas en las que ya reside.
Debemos a toda costa evitar la transferencia de grandes masas de
población de la zona que ya ocupan, evitando así apartarla de sus
lugares de trabajo. Esto sólo no puede hacerse cuando las
viviendas existente ocupen zonas de riesgo, como es el caso de
la población que vive en los montes de Santos, que a pesar del
elevado coste financiero y humano, debe ser retirada de ese
lugar.
Este tema se justifica por la consciencia que tenemos de la
necesidad de evitar la creación de nuevas demandas de servicios
públicos, como el saneamiento básico y los transportes, por
ejemplo. nuestra política habitacional entiende que la elección
de los lugares de vivienda por la población se da muchas veces
por la proximidad con el trabajo. Moverla provocará una
disminución de su renta, ya que pasará a gatar más en transporte.
En Santos, trabajamo con el concepto del no-transporte, o sea,
evitamos crear la necesidad de desplazamiento diario de casa,
ocio y trabajo.
A partir de esta premisa es en la que desarrollamos el proyecto
de localización social, que procura ofrecer condiciones de
habitabilidad a los moradores de los cortijos que se concentran
principalmente en el centro de la ciudad, donde también están las
principales fuentes de empleo de la población que reside en esas
viviendas precarias.
6. La política habitacional debe integrarse con otras que
incluyan la recuperación de la zonas ambientalmente degradadas,
que busquen la generación de empleo y la oferta de servicios
públicos, como la salud, la educación, la cultura, el deporte,
el ocio, etc.
En Santos siempre procuramos combinar la intervención en el área
de vivienda con otras acciones que también garanticen no sólo una
vivienda digna, sino también las condiciones de habitabilidad que
dependen de la oferta de servicios públicos accesibles y un
ambiente saludable.
Un ejemplo de intervención que también incluye el campo ambiental
es la urbanización de favelas-palafitos de Dique da Vila Gilda.
En ese lugar, además de construir viviendas de albañilería en
sustitución de las chozas, realizamos la canalización de un brazo
de mar, el llamado Rio do Bugre, y creamos un sistema de
saneamiento básico que recuperará las condiciones para el baño
en el curso del río. También se creó un red de servicios públicos
para atender a la población local, que antes estaba obligada a
desplazarse a otras zonas para tener atención médica o escolar.
7. La política habitacional no puede someterse a la lógica del
mercado, de segmentación de los espacios urbanos, y debe evitar
la formación de guetos sociales.
Una política habitacional que tenga como objetivo el deseo de
favorcer el dearrollo social no puede usar la lógica de que la
población de diferentes niveles de renta debe necesriamente
ocupar espacios físicos diferentes. No estamos de acuerdo con la
política vigente en nuestro país durante la década de los años
70 y buena parte del decenio siguiente que apoyaba la
construcción de barrios populares alejados de los centros
urbanos. Esa idea era interesante para la especulación
inmobiliaria, que se beneficiaba con el aprovechamiento de las
zonas intermedias entre los centros y los barrios obreros y
populares alejados. Aseguramos que es bueno para el desarrollo
de la sociedad la convivencia entre los diferentes estratos
sociales. Eso y la experiencia de superación de los conflictos
fortalece la democracia y la idea de igualdad entre los hombres.
Nos gustaría acabar resaltando que una solución para los
problemas de la vivienda de nuestras poblaciones excluídas está
al alcance de la mano, bastando para conseguirla la voluntad
política de extender los brazos alternando los puños cerrados o
abiertos según los momentos de lucha o de acogida.
David Capistrano, médico y alcalde de la ciudad de Santos, Estado
Sao Paulo. Miembro de la Dirección Nacional del Partido de los
Trabajadores. Desde hace trece años se ocupa de cuestiones
relativas al Poder Local.
Fecha de referencia: 31-01-1998
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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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