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El tsunami urbanizador español y mundial
Ramón Fernández Durán| Madrid (España), abril de 2006.
<<< El tsunami urbanizador español y mundial |La globalización ceba la burbuja especulativa inmobiliaria en el Norte, y el estallido urbano en el mundo entero| ¿Y qué pasa en Europa, en su territorio? >>>

La globalización ceba la burbuja especulativa inmobiliaria en el Norte, y el estallido urbano en el mundo entero

El nuevo capitalismo mundial[3] se desarrolla desde los ochenta con una dimensión crecientemente financiera y especulativa, la más verdaderamente global. Tras el fuerte parón económico de los setenta y primeros ochenta (shocks petrolíferos, crisis del dólar, estanflación,[4] subida brusca de los tipos de interés, estallido de la deuda externa periférica, etc.) se reinicia una nueva fase de crecimiento económico (desigual, cíclica y sobre nuevas bases) y, por supuesto, una nueva etapa de expansión urbano-metropolitana en todo el planeta. En el Norte se activa una vez más el crecimiento del sistema urbano superior, en especial de las principales ciudades globales (Nueva York, Londres, Tokio, etc.), pero su crecimiento es más espacial que demográfico, ante el agotamiento progresivo de las migraciones internas campo-ciudad (si bien su incremento de población se ve ayudado por las migraciones externas), y va acompañado de fuertes reestructuraciones internas (terciarización y reforzamiento de sus centros financieros y decisionales). En el Sur, el estallido de sus principales metrópolis hace que éstas pasen ya a ocupar los primeros lugares mundiales en términos demográficos (México DF, São Paulo, Lagos, Mumbai, Yakarta, etc.), que no económicos. La deslocalización industrial, los planes de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), el desarrollo del subdesarrollo, las guerras de baja intensidad periféricas, los grupos paramilitares y, sobre todo, la desarticulación del mundo rural por la expansión del agrobusiness, son las causas del brutal crecimiento de las megaciudades periféricas; la inmensa mayoría de ellas verdaderos vertederos de la pobreza y la marginación mundial, en gran medida femenina (Davis, 2005). A partir de los noventa se incorpora de forma irrefrenable a este proceso China (la Fábrica del Mundo), que se está transformando a velocidad de vértigo en una sociedad urbana, en su fachada de grandes metrópolis del Pacífico.[5] Y en el Este, tras la caída del muro, el colapso de la URSS, y su aguda regresión económica, se frenan bruscamente los procesos de concentración urbana, que no se han reactivado hasta más recientemente.

Al inicio del nuevo milenio, hay unas 400 metrópolis millonarias en el mundo, de las cuales unas 20 superan ya los diez millones de habitantes (tres cuartas partes de las mismas en la Periferia), y unas pocas se sitúan en el entorno de los veinte millones de habitantes. Más de la mitad de la población mundial (que alcanza 6.600 millones) habita ya en áreas urbanas.[6] Por primera vez en la historia de la humanidad la población urbana supera a la rural, y este proceso va a acelerarse aún más en las próximas décadas, sobre todo en los países periféricos. Y es en éstos donde se concentran ya más de 1.000 millones de personas, es decir, la tercera parte de la población urbana mundial (Davis, 2005; Del Caz, 2004), en suburbios gigantescos (favelas, ranchitos, villas-miseria, chabolas...distintas denominaciones para un mismo fenómeno), en general sin servicios ni dotaciones de ningún tipo. Entre todas las metrópolis, unas 40 se pueden considerar ciudades globales (Sassen, 2006), que funcionan altamente interconectadas entre sí a escala mundial, en especial sus centros financieros y decisionales, constituyendo (junto con los paraísos fiscales[7]) la trama esencial territorial del nuevo capitalismo global. Pero esta interconexión por supuesto no es simétrica, pues se establecen claras jerarquías entre las metrópolis centrales y las periféricas, que determinan geografías de poder (y concentración de riqueza) en constante redefinición, al tener que competir además todas ellas entre sí para captar los flujos mundiales de inversión. Es más, los territorios estatales dejan de ser espacios unitarios, y sus principales regiones metropolitanas son las que se articulan con más intensidad con la economía y las finanzas globales, y se ven condicionadas asimismo por ellas. Igualmente, las nuevas dinámicas urbanas se ven influenciadas por los nuevos paradigmas tecnológicos dominantes (las tecnologías de la información y la comunicación), que permiten una creciente centralización en los procesos de toma de decisión en los espacios centrales, al tiempo que permiten una dispersión mundial en ascenso de los procesos productivos, y una creciente evasión fiscal y lavado de dinero negro en los paraísos fiscales. Todo ello coordinado por un espacio de flujos (la ciberesfera) que opera en tiempo real a escala planetaria.

Todas las metrópolis son bulímicas en cuanto al uso de materiales, energía y manufacturas, y grandes productoras de residuos e impactos territoriales y ambientales, en especial las centrales, que son las que manifiestan las mayores huellas ecológicas (locales y sobre todo globales). No en vano son las que más se benefician del funcionamiento absolutamente desigual de la economía y las finanzas mundiales. Pero, a pesar de ello, todavía existe un muy considerable mundo rural, campesino e indígena, en muchos espacios de la Periferia, que está amenazado por el desarrollo, y sobre todo por la expansión de la agricultura industrializada.[8] Una agricultura de exportación sin campesinos, cuya progresión en todo el planeta va a activar aún más las migraciones masivas. No sólo campo-ciudad en las Periferias, sino Periferias-Centros, en especial hacia sus metrópolis, aunque también Sur-Sur, a pesar de todas las barreras y controles. Esta nueva etapa global de crecimiento urbano se ha visto incentivada asimismo (hasta hace poco) por veinte años de petróleo barato (Fernández Durán, 2003).

Pero recientemente, la lengua de lava urbano-metropolitana, en muchos países del Norte, se ha visto reactivada de forma exacerbada por nuevas dinámicas financiero-especulativas. La huida masiva de capitales de los mercados bursátiles a partir de 2000 (hasta 2003), como resultado del estallido de la burbuja financiera tecnológica de la llamada new economy y, sobre todo, la fuerte bajada de los tipos de interés del dólar que impulsó la Reserva Federal de EEUU a partir de entonces (hasta junio de 2004), para hacer frente al peligro de deflación que podría llevar aparejado el crack bursátil, han generado unas condiciones globales de una enorme liquidez, que ha buscado, y busca, dónde aposentarse. Los tipos llegaron a caer al 1% en el caso del dólar, al 2% en el del euro, y a cerca del 0% para el yen. Todo ello ha propiciado una enorme capacidad de creación de dinero mundial, a partir de sus principales bastiones de emisión en divisas fuertes en el Norte. Esta creación se ha dado a todos los niveles: dinero papel, dinero bancario y dinero financiero (Naredo, 2006a). Es un dinero que se crea en base al crédito, a la generación de deuda a todos los niveles; deudas que se sustentan unas sobre otras, en una pirámide que (hasta ahora) parece no tener fin. Hay dinero para todo (aunque no para todos): para las bolsas del Norte, que han vuelto a crecer tras la abrupta caída del 2000-2003; para los mercados bursátiles periféricos, que han vuelto a florecer tras las crisis de los noventa; para financiar a pymes en los espacios centrales (y especular con ellas) a través del llamado «capital riesgo»; para comprar patrimonio y empresas en la Periferia; para fusiones y adquisiciones entre los grandes actores económicos y financieros mundiales, creando colosos empresariales; para los mercados de derivados fuertemente especulativos, etc.

Y, especialmente, hay una enorme cantidad de dinero que se ha orientado en muchos países del mundo, sobre todo en los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), hacia el sector inmobiliario. Es hacia ese sector que está fluyendo ese chorro sin fin de dinero mundial, que ve cómo se multiplica su valor como si hubiera encontrado, de repente, la piedra filosofal. Se está gestando pues desde hace ya unos años una mastodóntica burbuja especulativa que ha sido caracterizada por The Economist (18-6-05), como el mayor proceso especulativo de la historia del capitalismo. Además, se están creando las condiciones para exacerbar aún más esta locura. Nuevos instrumentos financieros para alimentar a la bestia, para que no desfallezca, para que no estalle, por el bien de todos. Los fondos de pensiones e inversión en expansión se orientan cada vez más hacia el sector inmobiliario. Se crean nuevos fondos inmobiliarios en los países centrales, a los que se les da todo tipo de ventajas fiscales, para que acuda la inversión a los mismos. Se titulizan las hipotecas, para permitir a los bancos financiarse y seguir dando aún más hipotecas, etc.

Todo ello ha generado un boom constructor que, junto con la expansión del consumo que ha propiciado (hasta ahora) el dinero barato y el efecto riqueza de la revalorización inmobiliaria, han permitido superar la crisis de la burbuja tecnológica del año 2000 en EEUU (ayudado también por los acusados recortes de impuestos para los ricos y el fuerte incremento del gasto militar de Bush), generando un nuevo tirón de la economía mundial. Se ha puesto a trabajar, a demandar y a consumir (artificialmente) al territorio. Pero no sólo es construcción residencial, de oficinas, o de centros comerciales (el modelo Wal Mart-Carrefour [9]); los fondos de pensiones y las aseguradoras están plenamente dispuestos a invertir en negocios de creación de grandes infraestructuras de transporte (vuelve con fuerza el peaje), pues buscan rentabilizar sus carteras a largo plazo. Tienen sumas ingentes de dinero que necesitan colocar de forma que garanticen réditos seguros en el tiempo. Además, estas infraestructuras son necesarias para interconectar la fábrica global y las metrópolis, y para alojar (e incentivar) la movilidad motorizada que genera todo este modelo productivo (mundial) y territorial, al tiempo que permiten su despliegue. Pero no sólo son necesarias grandes infraestructuras de transporte, sino que también es preciso tejer redes de oleoductos y gasoductos, de grandes tendidos eléctricos, de telecomunicaciones y de agua, en donde cada vez más participa el capital privado; eso sí, con apoyo de las instituciones financieras internacionales,[10] y la ayuda y el aval de los Estados (partenariados público-privados). Esta dinámica está siendo especialmente intensa en India, China, Sudeste Asiático y Pacífico, donde el crecimiento urbano está siendo verdaderamente espectacular, y en donde el tráfico portuario dobla ya al de todos los puertos del Atlántico (Barreda, 2005). Y recientemente, también, se han reincorporado a esta locura constructora inmobiliaria los países extractores de petróleo (en especial los de Oriente Medio: Dubai, Qatar, Kuwait, Arabia Saudí, etc), debido a los ingresos excepcionales obtenidos por la fuerte subida del oro negro, después de dos décadas de crudo barato, con la edificación de edificios verdaderamente espectaculares en sus metrópolis, auténticas catedrales en el desierto.

El capital dinero se expande sin control, y se aposenta cada vez más en el territorio como soporte de valor que lo catapulta hacia el infinito, mientras que el llamado «capital natural» no hace sino menguar. Pero este proceso afecta sobre todo a los países del Norte, y en especial al mundo anglosajón (donde la mercantilización de la vivienda y la desregulación urbanística es mayor), con EEUU (hasta ahora) como uno de los epicentros de este tsunami mundial. Sin embargo, no incide en todos los países centrales por igual. En Japón, por ejemplo, los precios inmobiliarios caen desde hace quince años, y en Alemania se encuentran en suave regresión también desde 1997. Son las dos grandes excepciones. Por otro lado, en Europa la intensidad del proceso es desigual, resaltando muy específicamente la potencia del tsunami urbanizador en el caso de España, como veremos a continuación. En definitiva, el dinero se encuentra más seguro, en general, invirtiendo en el suelo de Occidente, aunque también sale a hacer sus pinitos tímidamente en los territorios periféricos, y en concreto en China (The Economist, 18-6-05). Pero en los espacios periféricos las operaciones inmobiliarias se concentran especialmente en sus metrópolis más significativas, y dentro de ellas sólo en determinados enclaves altamente centrales, simbólicos y rentables. El resto queda claramente fuera de estas dinámicas. En todo caso el capital dinero de los espacios centrales sale a comprar grandes extensiones de suelo rural (como en la Patagonia argentina, caso por ejemplo de Benetton), pero no a arriesgarse en operaciones urbanas en territorios metropolitanos altamente conflictivos, donde se concentran millones de personas desposeídas, unas reducidas clases medias zarandeadas por la globalización y con una limitada capacidad de compra, y unas oligarquías que se atrincheran en guetos exclusivos superprotegidos y cada día más militarizados.


Notas


[3]: Eso que la literatura oficial ha venido a denominar «globalización», y que no es sino una brutal redefinición de todo tipo de relaciones de poder (capital transnacional-capital nacional; capital financiero-capital productivo, capital-estado, capital-trabajo, centro -periferias), en beneficio de las sectores más transnacionalizados y financiarizados del capital de los espacios centrales.
[4]: Combinación de estancamiento económico e inflación.
[5]: Desplazamiento de unos trescientos millones de habitantes del campo a las áreas urbano-metropolitanas en los últimos treinta años. El proceso de urbanización más rápido de la Historia (Davis, 2005).
[6]: En 1800 el porcentaje de población urbana mundial era del 3%, de una población total de unos 1.000 millones de habitantes, y en 1900 el 15%, de una población global de 1.500 millones (Fernández Durán, 2003).
[7]: Los paraísos fiscales se localizan en islas o pequeños Estados en las cercanías de EEUU (Caribe), o en el entorno europeo, y cumplen un papel trascendental en el nuevo capitalismo global financiarizado. El mundo de las finanzas delictivas y especulativas, en gran medida inmaterial, también necesitan de un espacio físico para refugiarse y protegerse, y para reproducirse y proyectarse mundialmente.
[8]: Esta expansión del agrobusiness se ve favorecida por las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y los acuerdos de libre comercio en general (Tratado de Libre Comercio (TLC), MERCOSUR (Mercado Común del Sur), UE-México, UE-Chile, etc), que están propiciando la expansión de la agricultura de exportación, desarticulando el mundo campesino e indígena tradicional. El impacto del TLC en el campo de México ha sido verdaderamente impresionante, provocando no sólo una intensificación del crecimiento urbano en México, en concreto en el Distrito Federal, sino la duplicación de la emigración campesina en EEUU, que alcanza ya los 25 millones.
[9]: Wal-Mart es ya la mayor empresa transnacional del mundo, tras desplazar del primer puesto a General Motors.
[10]: Grupo del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Asiático de Desarrollo, Banco Africano de Desarrollo, Banco Europeo de Inversiones, Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, etc.


Edición del 30-6-2014
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