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Jacques Ellul era lo contrario de un intelectual profesional u orgánico. Jurista de formación, se movía en los terrenos de la sociología, de la historia, de la teología. Sin embargo, nunca ha pretendido ser filósofo. Al contrario, no dejaba de insistir en que no lo era. La paradoja es que es uno de los autores más citados por los miembros de la Society for Philosophy of Technology americana. Este es quizás el único círculo en que Ellul, filósofo a su pesar, es tomado en serio y leído como lo merece: como el pensador que ve en la tecnología[1] la apuesta de la época moderna. Según él, lo que determinó el rostro de su siglo no fue la religión, ni la economía, ni la política, sino la dinámica del fenómeno técnico o tecnológico. La religión, la política y la economía han perdido el papel de motor que tuvieron en otras épocas. En todos los aspectos de la existencia humana --colectiva e individual-- la técnica es el factor dominante y la clave para la interpretación del patrón cultural occidental.
Ahora bien, cuando Ellul escribe sobre la técnica, lo hace expresamente en una perspectiva sociológica. Su obra maestra, La technique ou l'enjeu du siècle (1954) es un estudio sobre las transformaciones de la sociedad bajo la influencia de la Técnica. Le système technicien (1977) análiza como la técnica, al volverse sistema, ha traicionado al hombre. Le bluff technologique (1987) revela el descaro implícito en el discurso sobre la técnica.[2] Estos tres libros constituyen lo que se ha llamado el tríptico tecnológico de Ellul.
Por cierto, Ellul ha escrito otros libros importantes sobre la técnica. Los más conocidos son: Propagandes (1962) --sobre la propaganda como medio técnico--, L'illusion du politique (1965) --¿qué pasa con la política bajo la influencia de la Técnica?--, Métamorphose du bourgeois (1966) --sobre el papel cambiante de las clases sociales--, La révolution --sobre la pregunta ¿qué revolución es aún posible?-- y L'empire du non sens (1980)--¿qué ocurrió con el arte bajo la influencia de la Técnica?. Sólo que los libros del tríptico son su contribución intelectual más original.
Pero hay otra paradoja más que la que transformó en filósofo a un autor que proclamaba no serlo. El lector del tríptico puede no adivinar la pasión secreta de Ellul. Este filósofo de la Técnica podría definirse mejor como un teólogo apofático . Empeñó su corazón en la reflexión sobre la relación con Dios y de esta teología íntima emana su mirada sobre la realidad. Pero ha cuidadosamente dividido su obra en dos vertientes: sus escritos sobre la Técnica no presentan huella manifiesta de su inspiración teológica, mientras que sus otros escritos (más íntimos, elaborados más lentamente, menos conocidos) podrían parecer haber sido escritos por otro autor. Esto podría producir una sospecha de esquizofrenia que se esfuma cuando uno entiende que esta separación es metodológica.
Ellul ve sus escritos sobre la Técnica como un llamado a los hombres para convertirse a otra actitud. Pero pretende hacerlo estrictamente en el lenguaje de la sociología. Y, como para volver las cosas aún más difíciles, escoge una sociología - típicamente francesa, a la Durkheim - que no deja ningún lugar a su convicción cristiana colorada de personalismo y de existencialismo. En su visión íntima de la existencia, lo personal está en el centro. Sin embargo, en el estilo sociológico en el cual escogió dar expresión a su crítica de la Técnica, lo personal no tiene lugar. Los hechos sociales de los cuales procede son pensados a partir de lo colectivo, de lo social, de lo supra-individual. Es decir, su visión teológica y su sociología no compaginan sin conflictos.
Dos libros son particularmente útiles para tener una idea de como vivió este conflicto: Perspectives on our Age, Jacques Ellul speaks on his Life and Work, de Vandenburg (1981), y las entrevistas con Ellul realizadas por Garrigou-Lagrange (1981), bajo en título Jacques Ellul, à temps et à contretemps.
En el primer libro, Ellul marca el paso y domina la conversación. Mirando hacia su juventud, trata de retrazar las lineas generales de su trayectoria intelectual. Circunscribe con maestría la zona conflictiva entre su sociología de la Técnica y su inspiración teológica y también aborda los temas no explicitamente teológicos (apofáticos) de su crítica de la Técnica y de la tecnología. Dice lo que debe a la teología de Karl Barth.
Las entrevistas de Madeleine Garrigou-Lagrange son más vivas, incluso humorísticas, porque ella logró inducir a Ellul a hablar de cosas cotidianas que el tenía la tendencia de pasar por alto como irrelevantes. Recogidos por la discreta entrevistadora, estos detalles dan carne al hombre que se encuentra detrás de la gigantesca obra.
Nadie es profeta en su tierra: en Francia, Ellul fue relativamente desconocido. Que yo sepa, si bien varios escritos se encuentran dispersos en algunas revistas, no existe ningún estudio completo de su obra en francés. El país de Europa que más lo leyó es el mío, Holanda. Mi paisano Egbert Schuurman, 1972 fue pionero: publicó una penetrante disertación sobre Ellul. Fue seguido por Kristensen, 1986, quien, bajo el título de Het verraad van de Techniek, escribió un ensayo sobre la sociología de Jacques Ellul. Pero es en los Estados Unidos donde tuvo lugar la verdadera recepción de este autor: América es el país que lo descubrió y el único en el cual más que un puñado de intelectuales lo estudia seriamente. En consecuencia, casi todas sus obras han sido traducidas al inglés. La Society for Philosophy and Technology ha contribuido a ello, pero quizás aún más significativa fue la iniciativa del Departamento de Estudios de la Religión de la Universidad de Florida del Sur: dos veces al año, esta universidad publica los Ellul Studies, una revista con artículos concisos, recensiones y comentarios de la obra de Ellul y de los autores que ésta ha inspirado. Su subtítulo es A forum for Technology in a Technological Civilization, un foro para la Técnica y el discurso sobre ella en una sociedad tecnológica.
Nació el 6 de enero de 1912 como un extraño cuya cuña se encontró por azar en Bordeaux. Los ancestros de su padre eran italianos y serbios, y los de su madre, portugueses y franceses. No es de extrañar que, en tal familia, el joven Ellul creciera libre de sentimientos nacionalistas. Tanto del lado del padre como del de la madre, se hablaba de orígenes judíos. Ambas estirpes eran familas ricas venidas a menos. En la casa, había copas de cristal que se llenaban con vino barato y trastes de Bohemia para puré de papa y frijoles. El joven Jacques fue educado en la tradición de los valores aristocráticos: honor, cortesía, moral, dignidad, resistencia a las presiones, rebeldía contra toda forma de autoritarismo. Toda su vida, Ellul recordó con ternura y agradecimiento el ambiente de la casa familiar.
Ya en la edad de la decisiones existenciales, Ellul, como lo confiesa a Madeleine Garrigou, tomó dos opciones aparentemente contradictorias: una por la fe cristiana, la otra por el marxismo. Por un lado, la revelación bíblica era, para él, una verdad existencial fundamental. Profundizó esta intuición con Calvino y luego con Kirkegaard, pero la influencia mayor fue la de la teología de Karl Barth. Por otro lado, adoptó el pensamiento económico y político de Karl Marx como el marco de su análisis social. Sin embargo, al hablar de su «opción por el marxismo», hay que hacer una reserva mayor: se interesó muy poco por el pensamiento filosófico de Marx. En tanto que jurista, gran profesor de derecho romano en la Universidad de Bordeaux, Jacques Ellul se sentía en harmonía con el espíritu latino. Y los romanos tampoco fueron filósofos: de ahí quizás su rechazo del papel de filósofo y su desdén por la filosofía del autor que influyó su marco sociológico.
Pero, para Ellul, un amigo era más verdadero que todas las verdades de la sociología. Tuvo en particular dos entrañables amigos, amigos de toda la vida: Bernard Charbonneau, un ecologista avant la lettre, y el teólogo Jean Bosc. Ambos han tenido una gran influencia sobre él, como también su mujer, que murió en el 1991. Ella, como lo confesara, logró volverle soportable su aislamiento intelectual y espiritual.
Ellul se veía a sí mismo como un hombre de acción. Ahora bien, sus acciones concretas nunca fueron coronadas por el éxito. Sin embargo nunca deseperó y después de cada fracaso, volvió a encontrar el impulso para empezar de nuevo. «Podría decir que fallé en todo, pero no conservo amargura por ello», confesará.
Ellul era miembro de la Iglesia Reformada y, como tal, lanzó varias ideas de reforma. Por ejemplo trató, junto con Jean Bosc, de movilizar a la Iglesia para que fuera más activa en la sociedad. También propuso modificar la formación teológica para preparar predicadores más populares.
Después de la Segunda Guerra Mundial, a consecuencia de sus actividades en la Resistencia, se vió involucrado en la política municipal de Bordeaux. Tras múltiples fracasos, se retiró de la política. Se interesó en la cuestión de la juventud. En colaboración con Yves Charrier, fundó una organización, un especie de club para los blousons noirs, los jovenes contestatarios de los años 1950. Trató de lanzar iniciativas desde la sociedad civil. Con su amigo Charbonneaux, se opuso enérgicamente a la explotación turística de la Aquitania. Aquí también perdió la lucha frente a la tecnocracia, la burocracia y el capitalismo.
Ya que el punto de partida de las reflexiones de Ellul sobre la Técnica es sociológico, el efecto de la Técnica sobre la conducta humana se estudia en las relaciones sociales, las estructuras políticas y los fenómenos económicos. En un epílogo a la traducción americana de La technique ou l'enjeu du siècle, The Technological Society, explica con toda precisión que sociología es la suya. Lo hace defendiéndose del reproche de pesimismo que a veces se le hizo. Según este reproche, su pensamiento no dejaría lugar a acciones individuales efectivas ni propondría soluciones a los problemas desglosados (Ellul, 1954:28). Ellul contesta que, para él, existe una realidad social colectiva independiente de la realidad individual. Las decisiones individuales siempre son tomadas en el marco de esta realidad social; este marco es preexistente, es decir, que es previo a la existencia humana individual y es más o menos determinante. En las sociedades premodernas, esta realidad extrapersonal se expresaba en prohibiciones, tabús y ritos. En la sociedad moderna, es la Técnica la que se ha vuelto determinante. Ellul defiende la idea de un determinismo metodológico: las decisiones de los individuos no son visibles, y como representan iniciativas personales, no pueden ser previstas. El determinismo metodológico no dice lo que va a pasar, sino lo que probablemente va a pasar. La extrapolación sociológica permite distinguir cierta lógica en la evolución de las instituciones. Sin embargo, nunca olvida que los acontecimientos pueden falsificar esta lógica. Por ejemplo, una guerra podría aniquilar la sociedad tecnológica. O un número creciente de personas podría ejercer su libertad y llamar a un cambio de rumbo de esta sociedad. O aún, la libertad de los hombres podría ser redimida por una intervención divina y cambiar el curso de la historia.
Ellul no pierde de vista que las dos últimas posibilidades mencionadas no encajan con la visión sociológica. Es evidente para la tercera, pero el lector perspicaz habrá notado que la segunda no es compatible con la sociología de corte durkheimiano. Además, ninguna puede ser corroborada por hechos conocidos.
Para Ellul, el hombre está determinado, pero puede sobreponerse a esta determinación por el ejercicio de su libertad. El primer paso hacia la libertad es el reconocimiento de su antítesis, la necesidad, el determinismo. En la sociedad moderna, la forma de determinismo más peligrosa es el fenómeno técnico. No se trata de negarlo, sino de trascenderlo por un acto de libertad. El primer libro del tríptico es un «llamado a despertar para los endormecidos», como dice el prefacio de la edición americana.
En este sentido es Ellul dialéctico. Describe la sociedad como totalitaria, pero llama a la libertad dentro de esta sociedad. No excluye la posibilidad de un cambio, pero no trata de describir éste ni de dar receta para él, como todavía lo hacía Marx. Para Ellul, el motor de la dialéctica no se encuentra en la realidad empírica. Su esperanza se fundamenta en la intervención perturbadora del todo Otro.
En el prefacio de The Technological Society, Ellul da un semblante de la Técnica moderna que evita cuidadosamente todo uso de la palabra fin. Según él, si bien las Técnicas particulares tienen fines particulares, no existe finalidad alguna a la cual la Técnica en su conjunto fuera sometida. Ellul ve la Técnica moderna como la totalidad de los métodos racionales que poseen el mayor grado de eficiencia en todos los campos de la actividad humana. Las características de estos métodos son nuevas en el sentido rn que han sido pensadas en función de la mayor eficiencia posible. En las sociedades tradicionales, las herramientas no eran sistemáticamente sujetas a un imperativo de eficiencia.
El concepto moderno de eficiencia presupone que todo puede ser medio para otra cosa. Con ello se relativiza el valor intrínseco de las cosas. Ya no son los fines particulares los que justifican los medios, sino que el imperativo de eficiencia se ha vuelto el resorte de la dinámica social.
Ellul distingue entre tres esferas de la Técnica moderna:
Ellul contrasta la Técnica moderna con las Técnicas tradicionales.
Desglosa cuatro características de las Técnicas premodernas:
En las sociedades históricas, la Técnica siguió siendo contenida por la sociedad. Esta contención de lo técnico por lo social implica también que el trabajo tiene un papel subordinado. La gente prefería limitar su consumo que trabajar duro. La gente de la Edad Media, por ejemplo, buscaba también la amenidad o el confort, pero sus ideas al respecto poco tenían que ver con las nuestras. Más que confort físico, sus casas ofrecían una atmósfera. Una habitación necesitaba pocos mueblos para serlo. Su atmósfera nacía de las relaciones, de la calidad de los materiales, de la forma.
La obra de Jacques Ellul podría definirse como una caracterología de la Técnica moderna. En ella se definen ocho criterios, ocho características que diferencian la Técnica moderna -la Technique- de las Técnicas premodernas. Son: la artificialidad, la racionalidad, el determinismo propio, el crecimiento auto-alimentado, la indivisibilidad, la relación orgánica entre todas la Técnicas, el universalismo y la autonomía.
Ellul ilustra la tesis de la indivisibilidad (o no-neutralidad) de la Técnica con el ejemplo del carro. «Quien menciona sus tan alabadas ‘ventajas’ no puede pasar por alto que también mata, contamina el aire, hace ganar tiempo a los ricos quitándolo a los pobres y aleja los destinos deseables del alcance de mis pies» (Illich, 1974). Tanto las ventajas esperadas como los efectos no deseados vienen en paquetes indivisibles.
No sorprende entonces que Ellul se haya opuesto a la distinción, en su opinión ociosa, entre usos pacíficos y usos militares de la tecnología. Estaba convencido de que, mientras domine la Técnica, todo lo que es factible acabará por realizarse, independiente de que sea necesario o no, bueno o malo. Para ilustrar el efecto de esta tendencia, toma el ejemplo de las policías modernas y de su inmenso arsenal de métodos de investigación y de acción. En un primer momento, los ciudadanos se alegran de esos progresos, porque piensan que estos les protegen más eficientemente contra los criminales. Pero no olvidemos que toda Técnica inventada para determinado campo acaba por transferirse a otros campos; de hecho, a todo campo donde sea posible su aplicación, independientemente de si es o no necesaria o buena. Las técnicas policíacas amenazan con transformarse en técnicas de control político y de tornar a la sociedad en un vasto campo de concentración. Ellul ni siquiera habla de dictadura, con terror y arrestos abritrarios. La mejor Técnica es la que menos se hace notar. Ellul advierte del peligro de una dictablanda en la cual cada ciudadano es discretamente controlado. Una sociedad en que las intenciones malas de algunos deben ser detectadas con anticipación. Un orden parecido al que reina en un aeropuerto, en el cual cada pasajero es amigablemente tratado como sospechoso y gentilmente investigado antes de subir al avión. En otras palabras, la perfección tecnológica es indisociable de un control total de cada quien, y esto sin que fuera el resultado de una intención política. Tanto los régimenes llamados democráticos como las dictaduras recurren a la propaganda para volver este control aceptable, lo cual es un ejemplo más de cómo una Técnica llama a otra.
Ellul piensa que el hambre es la otra cara de las técnicas de producción y de distribución de alimentos y que la Técnica en general conduce a la Guerra, como lo deja suponer la indisociablidad de las investigaciones cientificas pacífica y guerrera. Creer que se puede cancelar el águila [N. de T.: la cruz para los lectores españoles] de la moneda Técnica para contemplar como brilla el sol [N. de T.: la cara] es no haber entendido nada.
Aquí queda esbozada la caracterología de la Técnica de Ellul. No corresponde, por supuesto, a lo que piensan ver los que por su profesión se encuentran involucrados en una Técnica particular. La sociología de Ellul no describe el quehacer técnico como se experimenta desde el puesto de trabajo. Pero lo que sí puede decir a los profesionales, si saben escuchar, es que los artefactos técnicos tienen muchas implicaciones y muchos efectos ocultados a la visión profesional desde la etapa del tiralíneas. Pero, muchos de estos efectos rebasan la capacidad de comprensión de muchos ingenieros.
La Técnica se ha transformado en un sistema. Tal es la tesis del tercer libro de la trilogía, Le système technicien. La sociedad que se ha llamado posindustrial, posmoderna, programada, globalizada, quizás quedaría mejor caracterizada como aquella en que la Técnica se ha vuelto un sistema. Para Ellul, un sistema es «un conjunto de elementos que tienen entre sí relaciones tan estrechas que un cambio en uno sOlo de los elementos tiene repercusiones en todos». Por lo tanto, el sistema técnico no es una combinación de partes independientes, sino una integración cada vez más completa que incluye al hombre. Esta integración se ha acrecentado por el efecto de la computadora. En cierta medida, el hombre es excluido del sistema como sujeto, pues, el sistema exige que sólo esté en relación con él como objeto. «En cierta medida» dijimos, porque el hombre-objeto puede intervenir en el sistema,[6] sólo que sus intervenciones son formuladas en los términos del mismo sistema. Poco a poco, esta interacción hace que los hombres empiecen a pensar en los términos del funcionamiento del sistema.
Le système technique cita ampliamente a la literatura crítica e incluso a la Técnica, entonces reciente, incluyendo textos sobre la teoría de la información y de la computación. Se ha dicho que era una versión actualizada de La technique ou l'enjeu du siècle.
Ellul establece una diferencia entre el sistema técnico y la sociedad Técnica o tecnológica. Si bien el primero sigue siendo un injerto sobre la sociedad, procede de una dinámica propia, que, contrariamente a la sociedad, no conoce limitaciones. Un ejemplo: la especialización, la profesionalización y la tecnificación ubican la relación médico-paciente en una luz completamente nueva. El médico ahora se vale más de su calificación profesional que de su don de gentes, lo que le da la posibilidad de desaparecer como persona. Ya no está aquí para responder a preguntas sobre el sentido del acto médico o sobre su propia responsabilidad. Él no es comparable a un doctor de antaño, sino que se ha vuelto un elemento más del sistema biomédico, un elemento integrado junto a todos los otros, como el laboratorio, el vendedor de medicinas, el consejero genético de las mujeres embarazadas (Samerski, 2002), etc. Él es ahora un subsistema de un sistema para el cual todo lo que es posible debe ser llevado a la práctica.
Pero cuidado: la sociedad aún no ha sido absorbida por el sistema técnico. O mejor dicho, es el elemento inadaptable, el elemento que rehúye dejarse transformar en subsistema, el lugar de las ‘malfunciones’. Desde el punto de vista del sistema, la sociedad es el obstáculo por eliminar. Esta eliminación o absorción total de la sociedad por el sistema aún no ha tenido lugar, pero no se vislumbran claramente los brotes de libertad que la impedirán.
Le bluff technologique parte de la distinción que mantiene Ellul entre las palabras technique (Técnica) y technologie (tecnología), una distinción que en neerlandés, probablemente bajo influencia anglosajona, es difícil mantener.[7] La tecno-logía es el logos del discurso sobre la Técnica. A un estudio sobre la (o una) Técnica, Ellul lo llamaría también una tecnología. Sin embargo, la palabra technologie quiere decir mucho más para él. Ellul pasó su juventud y su edad madura como disidente de una sociedad que embalsamaba la Técnica como panacea, remedio universal, «solución de todos los problemas». Es para resistirse a esta tecno-logía (discurso sobre la Técnica) ciega, ingenua o cínica que Ellul escribió sus libros. La cínica voluntad de ceguera sobre lo que la Técnica hace y dice realmente es lo que él llama el bluff, el descaro tecno-lógico. Es particularmente crítico del discurso cínico-ingenuo sobre las Técnicas llamadas de punta, las espectaculares Técnicas de la información, la exploración del espacio, la genética, el átomo, el láser.
En un primer momento, estas Técnicas son como una tormenta que agita las aguas superficiales del océano sin cambiar las corrientes profundas del sistema técnico. Son espectaculares, pero no entrañan ninguna revolución tecnológica. Sin embargo, la atracción por su carácter novedoso permite pasar por alto[8] los conflictos entre el sistema técnico y la sociedad en vía de tecnologización. El desarrollo proliferante de la Técnica puede así perseguirse sin la menor resistencia, en una aparente aceptación total. Los que construyen carreras académicas sobre los conceptos post (por ejemplo: posmoderno, posindustrial, post-narrativa) harían bien en pararse un momento y reflexionar: ¿no he aquí la razón de la desaparición de las grandes narrativas? Ya no son necesarias ya que el sistema tecno-lógico suministra a la vez todas las justificaciones y los cuentos. Mientras que las novedades superficiales atraen la atención, profundas transformaciones sociales ocurren en la sombra de una banalidad incuestionada. Es contra este bluff, este descaro tecnocrático que se levanta Ellul. Mientras la espectacular tecnología militar de las nuevas guerras, la llamada exploración del espacio, Internet (y la racionalización planetaria del control) ocupan la parte delantera del escenario, los actores ubicados en la parte posterior se vuelven simples figurantes. Es una vergüenza mantenerlos en el espejismo de que la política puede aún orientar el showi, influir en las decisiones. En este show, vemos a gente sentarse dócilmente frente a televisores y detrás de computadoras, comprar sus gadgets de hardware y software, invocar a su dios para que le mande sus bonanzas en forma de mayor participación de las innovaciones tecnológicas.
Ellul no se cansa de mostrar que la expansión tecnológica es intrínsecamente ambivalente. Por ejemplo, lo que promete ahorrarte en trabajo duro te lo cobra en agotamiento psíquico. Cada etapa de desarrollo técnico crea más problemas de los que pretende resolver. Por desgracia, si bien los efectos deseados son inmediatamente visibles (¡eficiencia de la Técnica!) los daños que causarán no lo son: tardan en ser percibidos y, cuando lo son, se les intenta atribuir causas naturales,[9]. Se manifiestan en terrenos insospechados. El bluff tecno-lógico, el descaro del discurso oficial sobre la Técnica, estriba en la falacia de que los efectos nocivos de la tecnología se puden separar de sus efectos deseados. Consiste en negar la indivisiblidad de la Técnica.
El último libro de Ellul es mucho más que «una diatriba de 400 páginas», como ciertos críticos lo calificaron. Es un ataque bien argumentado y muy justificado contra la hipocresía y, finalmente, contra la obsolescencia de la apología de la Técnica, de la tecno-logía oficial, dando a la palabra tecnología el sentido que le daba Ellul. La verdad es que la Técnica es generalmente precaria, impredecible, cara, desgastante, desprovista de sentido y fea. En otras palabras: esta obra de la razón, en su conjunto, no es nada racional: uno de estos monstruos engendrados por la razón de que hablaba Goya. Ellul hablaba del terrorismo silencioso[10] de la Técnica, aludiendo a su capacidad de manipular la imaginacion o de modelar el inconsciente para hacer parecer imposible toda resistencia.
Este acercamiento a la mirada de Ellul sobre la Técnica no revela más que un aspecto de su pensamiento. Como sociólogo, muestra que el camino de la cultura tecnológica no tiene salida. Pero no he hablado de Ellul teólogo. Se ha dicho que el pesimismo del sociólogo de la Técnica sólo podía ser soportado por alguien que viviera en la esperanza de la fe. En sus propias palabras, nunca ha buscado una adaptación mutua o una síntesis tranquilizadora entre estas dos vertientes de su obra, sino una confrontación. Lo que es irreconciliable y contradictorio y sin embargo coexistente se encuentra en confrontación. Las tomas de posición existenciales del cristiano Ellul consisten en cortar el nudo gordiano iluminado por su fe. Para entenderlo, hay que distinguir tres niveles de su obra.
Esto coloca al cristiano en la arista estrecha entre teología y sociología. Ellul llama dialéctica a la tensión debida al hecho de que estos dos campos nunca se corresponden, nunca coinciden, sino que se confrontan más allá de toda síntesis. Una gran estudiosa de Ellul, Katharine Temple (1983), advierte al lector: «Sería demasiado fácil subestimar los matices y sutilezas de su pensamiento al describirlo socialmente como un luddita[11] y religiosamente como un profeta o un Savonarola. Describirlo como un pensador uni o bidimensional, sin tomar en cuenta la cuidadosa articulación de su obra sería caricaturizarlo».
Eso pone en claro el porqué Ellul siempre negó que sus análisis, por muy críticos que sean, fueran pesimistas. Sólo se leerá en una perspectiva pesimista si se deja la última palabra a la sociología y si se niega la apertura al cambio que da la esperanza.
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Ellul, Jacques (1962) Propagandes París: Armand Colin, 1962 o París: Economica, 1990
Ellul, Jacques (1965) L'illusion politique París: Éditions Robert Laffont, 1965. o París: Librairie Générale Française, 1977
Ellul, Jacques (1966) Métamorphose du bourgeois París: Calmann-Lévy
Ellul, Jacques (1980) L'Empire du non sens. L'art et la société technicienne París: Presses Universitaires de France
Ellul, Jacques (1987) Le bluff technologique París: Hachette. VERSIÓN INGLESA de Geoffrey W. Bromiley The Technological Bluff, William B. Eerdmans Publishing Company, Michigan, 1990
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Polanyi, Karl (1947) La Gran Transformación Buenos Aires: Claridad, otras ediciones completas: México: FCE (1992) y Madrid: La Piqueta (1989)
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Samerski, Silja (2002) Der Mythos von der ‘informierten Entscheidung’ Manuscrito de una ponencia en el taller Schöne B gesunde - neue Welt? Das humangenetische Wissen und seine Anwendung aus philosophischer, soziologischer und historischer Perspektive, Bielefeld, 17-18 de enero de 2002. Versión francesa de Jean Robert: «Que signifie ici ‘la décison’?». http://www.pudel.uni-bremen.de
Schuurman. Egbert (1972) Techniek en Toekomst, Confrontatie met wijsgierige beschouwingen Assen: Van Gorcum. Versión Inglesa de H.D. Morton Technology and the Future, A Philosophical Challenge. Toronto: Wedge Pub. 1980
Temple, Katharine (1983) «A Consistent Distinction», Cross Currents, Vol. XXXV, No. 1 (monográfico dedicado a Jacques Ellul), p. 33
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Ellul, Jacques (1975) Trahison de l'Occident París, Calmann-Lévy. Ed. española de Arturo del Villar Traición a Occidente, Madrid: Sociedad Hispanoamericana de Ediciones y Distribución. 1976
Ellul, Jacques (1981) La parole humiliée París, Éditions du Seuil. Ed. española de Vicente Sánchez Luis La palabra humillada, Boadilla del Monte (Madrid): Ediciones SM. 1981
Ellul, Jacques (1984) La subversion du christianisme París, Éditions du Seuil. Ed. española de Manuel Mercader La subversión del cristianismo, Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1990
Ellul, Jacques (1987) La raison d'être. Méditation sur l'Ecclésiaste París, Éditions du Seuil. Ed. española de Isidro Arias La razón de ser: meditación sobre el Eclesiastés, Barcelona: Herder. 1989
Ellul, Jacques (1988) Anarchie et christianisme Lyon, Atelier de Création Libertaire. Ed. española de Javier Sicilia Anarquia y cristianismo, México D.F.: Jus. 2005
- En Bibliotraducciones.com, encontramos una referencia completa a las obras de Jacques Ellul que han sido traducidas al castellano: http://bibliotraducciones.com/autores/ellul-jacques.html
En la página de la Asociación Internacional Jacques Ellul, existe una relación de toda la obra de Jacques Ellul, en la cual se especifican los idiomas a los que han sido traducidos sus libros: http://www.jacques-ellul.org/bibliographie%20jacques%20ellul.php
[1]: N. de T.: aquí se presenta una dificultad de traducción: para nombrar
lo que en México se llama tecnología, Ellul siempre dice la
technique, reservando la palabra technologie para lo que significa
etimologicamente: discurso sobre la técnica.
[2]: N. de T.: fiel a su convención, Ellul usa aquí la palabra
technologique en el sentido de «referente al discurso sobre la
technique».
[3]: N. de T.: ver Diccionario del desarrollo. Una
guía del conocimiento como poder [The Development dictionary]
(Sachs, 1992). Las contribuciones que hablan explicitamente de la hazaña
trumanesca son: Introducción, Sachs (pp. 2, 3);
Desarrollo, Gustavo
Esteva (pp. 52, 53); Producción, Jean Robert (p.
277).
[4]: N. de T.: ver en particular la contribución de
Esteva, Desarrollo
en el Diccionario del desarrollo .
[5]: N. de T.: todos los intentos de traducir la palabra inglesa
disembedding, a la cual Polanyi, 1947, en su libro
La Gran Transformación, ha dado el sentido
específico de ruptura de la trama social tradicional que
precede el surgimiento de esferas autónomas como la economía,
la educación, la política, la religión. La Gran Tranformación se puede leer como la
historia de la progresiva desincrustación
—disembedding— de la
esfera económica de la trama común de las relaciones sociales.
[6]: N. de T.: el sistema, se dice entonces, es
interactivo.
[7]: N. de T.: lo que el autor dice de su idioma, lo podemos decir del
nuestro. En una nota, indica que ha tratado de evitar la palabra
neerlandesa technologie cada vez que Ellul no la usaba en francés
en el mismo contexto. La palabra techniek (tecnica) designa un
modo de hacer las cosas, del griego technè; mientras
technologie
(tecnología) significa literalmente discurso sobre la technique.
La dificultad estriba en parte en que Ellul, desde
La technique
ou l'enjeu du siècle, llama technique a mucho más que
«un modo de hacer». Para él la Technique es un conjunto integrado, un sistema
de procedimientos racionales orientados hacia la eficiencia. Es,
en este sentido, «la apuesta del siglo XX».
Menos estricto que Tijmes en mi traducción, he escrito
tecnología en vez de Técnica cada vez que el uso español
hacia parecer esta última palabra extraña. Me he permitido
escribir Technique o Técnica con mayúscula cada vez que he
querido insistir en que me refería expresamente a lo que Ellul
llama la Technique.
[8]: N. de T.: en neerlandés se dice
bagatelizeren, bagatelizar.
[9]: Un ejemplo es el debate sobre el cambio climático en el cual se
niega que su causa mayor son todos aquellos que usan coches.
¡Automovilistas dormilones de todos los países,
despierten!
[10]: N. de T.: ...o insidioso.
[11]: N. de T.: la palabra significa rompedor de máquinas, del nombre del
mítico Thomas Ludd, un tejedor artesanal del cual se dice que,
alrededor de 1750, rompió algunos de los primeros telares
mecánicos. Incendiar o rayar los coches estacionados en las
banquetas sería un acto de luddismo. Desinflar sus llantas en
cambio es un acto de coraje cívico.
| Boletín CF+S > 37: Fe en el progreso > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n37/aptij.html |