sui generis">
| Boletín CF+S > 36: Sexto Catálogo Español de Buenas Prácticas > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n36/asagu.html |
El Concurso Internacional de Buenas Prácticas para mejorar la calidad de vida —Best Practices in improving the living environment— que patrocina la ONU, y que este año entra en su sexto ciclo, tiene como objetivo principal seleccionar las mejores experiencias internacionales destinadas a afrontar problemas cotidianos del individuo en general y de los grupos marginales en particular, en su medio ambiente urbano, de forma que se contribuya a una mejora apreciable de la calidad de vida colectiva.
Me gustaría aquí recordar que resultan de especial interés en este concurso los siguientes aspectos:
En relación con el aspecto medioambiental del concurso, me gustaría destacar que se ha reducido el número de prácticas en este apartado y que, lo que puede ser más preocupante, éstas son menos innovadoras que las presentadas en la anterior edición. Tal situación puede deberse a la ‘normalidad’ de la política medioambiental en nuestro país, tras prácticamente una década de funcionamiento del Ministerio de Medio Ambiente y casi dos décadas de pertenencia a la Unión Europea e incorporación del acervo comunitario sobre la materia. Esta interpretación puede, sin embargo, ser completada con otra más negativa que incidiría en la rutinización a la baja de la gestión medioambiental de muchas administraciones locales y también regionales, cuando no en el descuido de los valores medioambientales en momentos en los que parece primar la especulación urbanística y la despreocupación por el cuidado de los recursos no renovables. Del total de dieciséis prácticas medioambientales presentadas, la mayoría se refiere a actuaciones urbanas globales, siguiendo en número aquellas relacionadas con la gestión de recursos y residuos y, finalmente, con la restauración de espacios naturales.
Dentro del apartado urbanístico, una parte importante de las prácticas se ha vinculado a actuaciones de mejora de barrios modernos y a procesos participativos en la gestión de las ciudades. Los elementos positivos de los casos estudiados se relacionan con la innovación, a diferencia del apartado medioambiental, y con el partnership. Por el contrario, se echa en falta un mayor ahínco por parte de los responsables de las prácticas por transferir o difundir las buenas experiencias llevadas a cabo.
En el apartado de inclusión social y género se han seleccionado once prácticas, de las cuales siete constituyen proyectos presentados por varias ONG y otras cuatro actuaciones son protagonizadas por administraciones regionales o locales. La gran diversidad de proyectos se concreta tanto en actuaciones como la integración social de colectivos de personas sin hogar, jóvenes e inmigrantes, como en aquellos otros centrados en la igualdad de género o la participación de los ciudadanos en el ámbito municipal.
En las prácticas españolas seleccionadas se han premiado, además del contenido o impacto de las propuestas, los aspectos de procedimiento que facilitan la participación en el proceso de toma de decisiones por los afectados, así como todos aquellos elementos que contribuyen a una mejor governance medioambiental, urbanística y social, tales como la relación transparente entre administración y administrados, la puesta en práctica de mecanismos de asignación de responsabilidades hacia quienes deciden —accountability— y la implantación de estrategias de evaluación y seguimiento —follow-up— de los programas aprobados. Por supuesto, todas aquellas experiencias no promovidas por las administraciones, sino por algunas ONG u otro tipo de organizaciones de la sociedad civil, que han tenido un impacto positivo en las poblaciones interesadas y que cumplen estos requisitos, han sido recogidas con especial interés.
Han sido rechazadas aquellas prácticas que se limitan a cumplir la legislación vigente. Tampoco se han considerado para la selección aquellas que estaban en un estado muy incipiente de desarrollo (con nulo o escaso impacto) o que no contaban con un grado de partenariado apreciable (falta de cooperación entre distintos agentes). Y es que, como la ONU ha reconocido en numerosas ocasiones, la participación, o la democracia participativa, no es sólo un medio para conseguir cosas sino un fin en sí mismo, ya que sirve para educar a la gente, hacer conscientes a los individuos de sus posibilidades y méritos y generar confianza colectiva a la hora de afrontar retos futuros.
| Boletín CF+S > 36: Sexto Catálogo Español de Buenas Prácticas > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n36/asagu.html |