Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 35: De vuelta al tajo > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n35/nlib.html   
Libros
Gonzalo Sánchez-Toscano Salgado
Madrid (España), marzo de 2008.



Perversidades de la ciudad global

Observatorio Metropolitano  (2007)   Madrid ¿la suma de todos? Globalización, territorio, desigualdad   Madrid. Traficantes de sueños 
La integración de Madrid en los flujos económicos globales ha traído consigo una vertiginosa transformación que ha afectado en todos los aspectos a la naturaleza social, territorial y urbana de la región. La ciudad industrial que durante las últimas décadas había sido escenario de luchas obreras, movimientos vecinales y redes sociales, en la que se fraguaron algunas de las principales victorias del movimiento vecinal en la tranformación urbana de los barrios durante los primeros años de la democracia; es hoy una metrópoli que marca récords europeos de crecimiento económico y se sitúa en la vanguardia de la globalización. En Madrid desembarcan cada día grandes empresas e inversores internacionales, atraídos por las cifras macroeconómicas que sitúan a Madrid como la región metropolitana europea de mayor crecimiento, después de un corto periodo de grandes transformaciones urbanas, sociales y políticas destinadas precisamente a convertir la conurbación madrileña en un emblema de la nueva economía global. Madrid aloja hoy las sedes de grandes empresas que desde la capital operan en los más inesperados rincones del planeta. El área de actuación de la economía madrileña supera ya la superficie regional y la propia geografía española, y se configura con límites imprecisos con traspasan las fronteras europeas y el Océano Atlántico.

Este crecimiento y este nuevo poder económico de Madrid son consecuencia de un modelo de desarrollo explotado hasta el paroxismo por las instituciones madrileñas, una apuesta por el progreso que no ha admitido ningún tipo de contención y que ha sabido ignorar y desarticular cualquier obstáculo o resistencia, cualquier llamada a la cordura que pudiera venir de consideraciones sociales o ambientales, de las redes sociales existentes o de los propios conceptos de democracia, entendida como participación del pueblo en las decisiones políticas, y estado del bienestar. Este proceso de globalización ha venido orquestado con una propaganda institucional sin parangón en la historia reciente, que ha anonadado a la sociedad madrileña a través de una imagen de Madrid como ciudad ganadora, próspera y moderna; incidiendo en que estas ganancias, prosperidades y modernidades han beneficiado a todos y deben constituir un motivo de orgullo para cualquier madrileño de pro. El lema «La suma de todos» ha sido el principal leit motiv de esta inmensa campaña institucional, la frase con la que las autoridades madrileñas han querido imprimir en la sociedad la idea de un progreso incluyente, social y equitativo.

Sin embargo, la globalización ha traído consigo un nuevo orden social que ha roto con algunos de los más elementales aspectos del propio estado del bienestar y que ha agudizado las desigualdades sociales y laborales de décadas pasadas, forjando un modelo social que poco tiene que ver con la imagen equitativa e igualitaria que divulgan las autoridades madrileñas. El crecimiento económico ha necesitado de un frenético proceso de financiarización de la economía madrileña, que ha fortalecido a los nuevos sectores logísticos, la construcción y las nuevas tecnologías, en detrimento de los tradicionales sectores productivos industriales que determinaron la estructura territorial madrileña durante el desarrollismo franquista. Este crecimiento económico a base de grandes flujos de capital de enormes beneficios inmediatos para las empresas transnacionales pero de dudosa estabilidad, ha originado una nueva división del trabajo que, como demuestra Emmanuel Rodríguez López en los primeros capítulos del libro que nos ocupa, ha supuesto un retroceso en el antiguo objetivo social de equiparación de rentas entre los sectores más y menos pudientes de la sociedad. En el campo de los desfavorecidos se aprecia, además, un proceso de etnización y feminización de la fuerza de trabajo que de nuevo nos arroja un panorama social excluyente y segregador para ciertos grupos sociales. Paralelamente, las administraciones madrileñas han optado por la creciente privatización, directa o indirecta, de los servicios públicos esenciales, como la educación o la sanidad, dejándolos en ocasiones en manos de los mismos grupos empresariales beneficiados directamente por el proceso globalizador, como demuestra la cesión a las empresas constructoras de la gestión de los nuevos hospitales ‘públicos’. Así, asistimos a un progresivo desmantelamiento de la estructura social del llamado estado del bienestar que acentúa la vulnerabilidad y desprotección de los grupos sociales más populares. Ni que decir tiene que la participación ciudadana en la configuración de esta nueva ciudad global ha sido absolutamente inexistente, y que el protagonismo que las redes sociales y vecinales llegaron a tener en la configuración urbana madrileña durante las décadas pasadas resulta hoy sencillamente inimaginable.

Desde una perspectiva más propiamente urbanística, cabe preguntarse qué papel ha tenido el urbanismo, o la transformación del territorio, en todo este proceso. Por un lado, ha sido la necesaria herramienta para la construcción física de esta nueva metrópoli, que ha requerido de una rápida expansión territorial, y un consiguiente consumo de suelo, sin precedentes en la región madrileña en tan corto intervalo de tiempo. Por otro lado, el modelo de ciudad resultante ha sido una necesaria pieza para la construcción de la imagen de progreso que las instituciones madrileñas han difundido por doquier, una herramienta de alienación que ha configurado unas nuevas ciudades que son el espejo de la segregación social y el individualismo y que nada tienen que ver con el antiguo concepto de ciudad como lugar de convivencia y participación colectiva.

La transformación física del territorio madrileño ha sido una pieza fundamental en este proceso de globalización económica. Las altas expectativas de crecimiento económico que se fijaron las instituciones madrileñas, culminadas con éxito en menos de una década, requerían de una expansión territorial que diese cabida a enormes superficies de suelo que alojaran recintos feriales, plataformas logísticas y grandes ciudades empresariales, acompañadas de un gran despliegue infraestructural que garantizara la necesaria movilidad inducida por la nueva economía global. Así, en la Comunidad de Madrid han proliferado las grandes infraestructuras de transporte en forma de innumerables autovías, líneas de alta velocidad que garantizan la integración metropolitana de las ciudades periféricas y una gigantesca ampliación del aeropuerto de Barajas que se ha convertido en uno de los principales motores de la economía madrileña; una adaptación del territorio a cotas de movilidad desconocidas hasta ahora, en la que las instituciones madrileñas se han visto armoniosamente acompañadas por la administración central, por más que ésta sea de otra sigla política. Mención aparte merecen las ingentes cifras de urbanización residencial conocidas en este mismo periodo por los municipios de la red metropolitana madrileña y su entorno, al calor de una legislación urbanística, tanto estatal como autonómica, redactada ad hoc para propiciar esta expansión territorial, despojando al planeamiento de los límites que tradicionalmente había impuesto en nombre de un desarrollo racional, sostenido y acorde con el interés general.

Los impactos ambientales y territoriales de esta huida hacia delante emprendida por las instituciones madrileñas, aún en un contexto en el que el problema ambiental y la sostenibilidad han cobrado cierta importancia en la opinión pública; han alcanzado una dimensión preocupante y muy difícilmente reversible. Las cifras de consumo de suelo, degradación de los espacios naturales, emisiones derivadas del nuevo modelo de movilidad, consumo de energía, generación de residuos y contaminación del aire en Madrid, apuntan a un panorama absolutamente insostenible desde el punto de vista ecológico, tomando incluso las definiciones más laxas y ‘políticamente correctas’ del concepto de sostenibilidad.

El urbanismo, o el modelo urbano resultante de este proceso globalizador experimentado por el área metropolitana madrileña en los últimos años, ha sido utilizado asimismo como elemento de propaganda, de creación de imagen de progreso y modernidad del nuevo Madrid, como pieza fundamental del inmenso despliegue propagandístico institucional que ha acompañado estas transformaciones. Más allá de la utilización directa de las imágenes de los nuevos recintos feriales, las nuevas infraestructuras y los nuevos complejos empresariales en los anuncios institucionales; se ha creado una imagen idílica y atractiva de las nuevas ciudades surgidas al calor de este boom inmobiliario, creando un nuevo concepto de calidad de vida que exalta los valores del consumo, la individualidad y la segregación social. Un modelo urbano que esconde efectos perversos tanto desde el punto de vista ambiental como desde la perspectiva social, una urbanización de baja densidad y vivienda fundamentalmente unifamiliar que condena a una multiplicación del uso del automóvil y del consumo de suelo; y del que surgen ciudades monótonas y anónimas que dificultan cualquier tipo de relación vecinal, e impiden el arraigo de un sentimiento de pertenencia y colectividad que pueda desembocar en una sociedad civil activa y participativa. Las grandes áreas suburbanas de la periferia madrileña aparecen también como espejo de la segregación social del Madrid global, como lugar de residencia de las clases que han logrado estar dentro del nuevo sistema, aunque sean a la vez las más vulnerables y sensibles en caso de que el mismo se venga abajo. Paralelamente, los sectores excluidos, principalmente los inmigrantes y los grupos sociales con menores recursos, se concentran mayoritariamente en algunos barrios del antiguo centro de la capital, cada vez más degradados como espacio de habitabilidad y convivencia y más valorados como posible centro de terciarización y consumo, dando lugar a ciclos de gentrificación o sustitución de la naturaleza social de algunas de las principales zonas del centro madrileño. Así pues, estamos ante un nuevo panorama urbano muy distinto de la tradicional estructura de Madrid en barrios, habitados por ciudadanos conscientes de su propia identidad y pertenencia: una nueva metrópoli anónima que de nuevo se adapta a las directrices de la globalización económica y relega a los sectores excluidos de los beneficios de la misma a las zonas y situaciones más precarias y vulnerables.

Ante esta nueva configuración de la metrópoli madrileña, Madrid ¿la suma de todos? Globalización, territorio, desigualdad es una necesaria y amplia reflexión escrita desde la Resistencia. Una Resistencia que durante estos años ha encontrado enormes dificultades para reaccionar y seguir el ritmo de un proceso globalizador frenético, alimentado con un dispositivo propagandístico que ha sabido incluso lavar sus más evidentes efectos negativos, presentando como logros incuestionables políticas tan devastadoras y contrarias al interés general como las realizadas por las administraciones madrileñas en campos como la sanidad y el medio ambiente. Este vendaval mediático, este pensamiento único que las instituciones madrileñas parecen haber impuesto durante estos años, ha tenido como uno de sus principales logros la práctica anulación de cualquier oposición política o social a estos fenómenos, una desactivación evidente en lo que se refiere a la política institucional, pero que ha contado con esperanzadoras excepciones en reivindicaciones sociales como la lucha por una vivienda digna, las plataformas vecinales antiparquímetros o las puntuales movilizaciones contra las obras de la M-30, que han llegado a cobrar cierta importancia y resonancia social.

Aún así, ha faltado en la Resistencia una reflexión de fondo sobre lo que ha estado pasando en Madrid durante estos años, una reflexión coordinada e integral que pudiera servir como contrapeso al anonadamiento desarrollista al que las administraciones han sometido a la sociedad civil madrileña. Madrid ¿la suma de todos? Globalización, territorio, desigualdad es, en este sentido, un libro que arroja luz sobre muchos aspectos que por desgracia han permanecido en la sombra durante los últimos años. El Observatorio Metropolitano, un colectivo que agrupa a personas y organizaciones que estudian este proceso desde una perspectiva crítica y militante; ha analizado y diseccionado en ocho capítulos y sus mapas adjuntos las perversas consecuencias de esta globalización madrileña, en sus vertientes económicas, sociales, ambientales, urbanas y culturales. Madrid ¿la suma de todos? Globalización, territorio, desigualdad es, pues, un estudio imprescindible para comprender la transformación que ha experimentado Madrid y para afrontar el difícil reto que debe asumir ahora la Resistencia, en un nuevo contexto en el que el proceso globalizador empieza a dar señales de desaceleración, para la construcción de un proyecto alternativo para Madrid, un proyecto que parta de la implicación de la sociedad civil y que reoriente el futuro de la metrópoli hacia una nueva realidad social y urbana que sea realmente equitativa, abierta e incluyente, que pueda ser en realidad «la suma de todos».

Índice del libro

Atisbos de sostenibilidad para el futuro de la arquitectura

Hernández Aja, Agustín (ed)  (2008)   Arquitectura del Siglo XXI: más allá de Kioto   Jornadas marzo 2006, Iniciativa por una Arquitectura y un Urbanismo más Sostenibles (IAU+S). Madrid. Mairea 

En el nuevo contexto global, el problema ecológico ha adquirido una excepcional relevancia y ha puesto en cuestión las probabilidades de supervivencia del modelo de civilización al que hemos llegado. El sector de la construcción aparece en todos los estudios como uno de los principales responsables de la degradación ambiental global. Este contexto ‘nuevo’, si bien previsible desde hace ya muchos años, ha obligado al gremio arquitectónico a tomar en cuenta un nuevo concepto, la sostenibilidad, con una incidencia social y global considerablemente superior a los tradicionales principios académicos con los que la arquitectura oficial se había autodefinido históricamente. La irrupción de esta nueva realidad en una disciplina que hace siglos que se creía dueña de sí misma ha tenido un considerable impacto, que ha producido reacciones muy variadas y que ha convivido en el tiempo con la asimilación que la sostenibilidad ha encontrado como marca comercial dentro del propio mercado, de la que ha derivado toda la arbitrariedad y vaciamiento semántico que hoy acompañan al ya manido término, dificultando la reflexión social y corporativa en torno a la verdadera raíz del problema.

Así, pues, el aterrizaje de esta nueva realidad exógena en una profesión que durante siglos se ha desenvuelto dentro de un ramillete de conceptos endógenos, que se limitaban en último término a la definición técnica y artística de la arquitectura, ha obligado a los arquitectos a plantearse el impacto ambiental del sector de la construcción, del que, al fin y al cabo, son una parte fundamental. El diagnóstico no ha podido ser más duro: la construcción es hoy directamente responsable de más de 200 impactos ambientales, entre los que destacan las altísimas cifras de ocupación de suelo, alimentadas precisamente en España, durante los últimos años, por el mismo boom urbanizador que ha dado pingües beneficios a no pocos estudios de arquitectura; el alto consumo energético asociado tanto al proceso de construcción en sí como a la utilización continuada de los edificios, la emisión a la atmósfera de gases nocivos, la extracción de materiales, el agotamiento de los recursos fósiles, la generación de residuos sólidos... Tampoco pueden despreciarse los efectos negativos que la construcción tiene sobre las insostenibilidades sociales, económicas y culturales.

La futurible sostenibilidad del sector de la construcción dependerá, por tanto, de la manera en que los arquitectos y urbanistas asuman y afronten estos nuevos problemas, cuya solución no podrá venir de los viejos parámetros formales, compositivos, espaciales, técnicos y funcionales, ni de la prepotente indiferencia ante el entorno que promulgó el Movimiento Moderno, sino de la aceptación, comprensión y puesta en práctica, hasta las últimas consecuencias, de conceptos como el ahorro de energía, la reutilización de los edificios existentes, el aprovechamiento de los factores ambientales de cada emplazamiento, la renuncia a la colonización infinita del medio, el trabajo multidisciplinar y colectivo con otros profesionales y la necesaria implicación de la ciudadanía en el mantenimiento de los edificios y el entorno inmediato.

Arquitectura del siglo XXI: más allá de Kioto recoge el contenido de las segundas jornadas organizadas por el grupo Iniciativa para una Arquitectura y un Urbanismo más Sostenibles (IAU+S) en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, durante los primeros días del mes de marzo de 2006. Estas jornadas reunieron a arquitectos y urbanistas que han asumido, de un modo u otro, la sostenibilidad como reto fundamental para el futuro de la sociedad en general y de la arquitectura en particular. El encuentro se asumió desde el principio desde una perspectiva integradora y multidisciplinar, y contó con ponentes que enfocaron el problema de la sostenibilidad desde disciplinas aparentemente externas como la economía o la sociología, y con la participación de estudiantes de arquitectura que se integraron en los talleres de trabajo desarrollados paralelamente a las ponencias. Tras el éxito del primer encuentro celebrado en 2004, que sirvió como presentación pública de IAU+S, en estas segundas jornadas se amplió la reflexión sobre lo que supone la sostenibilidad y se analizó críticamente el nuevo contexto de una problemática global que avanza a marchas forzadas en brevísimos espacios de tiempo, y que obliga a la sociedad a una reflexión más profunda que supere las circunstancias coyunturales, a llegar, en definitiva, «más allá de Kioto».

El libro que ahora se publica es el resultado material de aquellas jornadas. En él se recogen todas las ponencias, organizadas en torno a las categorías de sostenibilidad, cultura, proyecto y arte; así como los resúmenes e intenciones de todos los talleres y un apéndice de colaboraciones que agrupa aportaciones complementarias a las presentadas durante las jornadas, los primeros premios del concurso de trabajos presentados a los talleres, y textos de varios grupos de investigación encuadrados dentro de IAU+S. El resultado es un libro cuyo interés llega más allá del de unas meras actas vinculadas a un evento concreto, un libro que tiene sentido en sí mismo y supone una magnífica referencia y una excelente base teórica y práctica para calibrar el estado actual del debate sobre la sostenibilidad en la arquitectura y el urbanismo, y afrontar el difícil reto de contribuir desde esta profesión a la llegada a un futuro menos insostenible.

Índice del libro


Edición del 28-3-2008
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Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid Universidad Politécnica de Madrid
Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad
Departamento de Estructuras y Física de la EdificaciónDepartamento de Urbanística y Ordenación del Territorio