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Boletín CF+S > 32/33: IAU+S: la Sostenibilidad en el Proyecto Arquitectónico y Urbanístico > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n32/nlurb02.html   
Construcción del espacio desde la Participación
Laboratorio Urbano[1]
Madrid (España), 15 de mayo de 2004.
Construcción del espacio desde la Participación| Lámina 1. Catarsis en la Escuela >>>

A2 Perejaume
P2 Lucien Kroll
P5 Salvador Rueda

Dirección del taller: Laboratorio Urbano.
Colaboración: Álvaro Sevilla, Alfredo Ramos, José Luis Fernández, José Pérez de Lama, la Red de Lavapiés, Movimiento por la Dignidad del Sur, Cooperativa de Vivienda Joven, 21 Raíles Verdes, Colectivo Estrella y La Piluka.
Alumnos participantes: Bárbara Aguado Muñoz , Carlos Araujo Palop, Mauro Bravo Hernández, Laura Carrero Cecilia, José Cátedra Castillo, César Corrochano Barba, Miguel Díaz Rodríguez, Marta Domerco Nuñez, Jaime E. Espinosa Benito, Jaime Fernández Calvache, Sarah Fernández Deutsch, Gema Fernández Salgado, Rebeca Fernández Yunquera, Rodrigo García González, Daniel García López, María García Pérez, Jorge Giménez Díaz, Alberto Gómez González, Mayte Gómez, Berta González Salinero, Nereda Gutiérrez Meco, Carina Haberl, Flora Iglesias Lobatón, Mikel Larraza Alvarez, Ana Lázaro Salas, Juan López Aranguru, Fátima Martín Álvaro, Álvaro Marzán Díaz, Andjela Mladjenovic, Helena Muñiz Muñoz, Gaëlle Namont, Sergio Outomuro Sohozas, Christina Pachaly, Gema Parreño Piqueras, Mercedes Peña Martín, Pilar Pérez Flores, Elsa Pineda Hernández, José Antonio Plaza De Pablos, Julia Rodríguez Buján, Inés Santamaría González, Laura Santiago Ryan, Francisco Toledo García, Gonzalo Valiente Oriol, Simón Wakolbinger, Claudia Wolf y Clara Zazo Ruíz, también participaron en el taller los profesores de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid Fernando Roch y Carlos Verdaguer y el profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, Gustavo Romero.

Cinco formas de acercarse a la participación

¿Por qué participación? Cuando hablamos de sostenibilidad es fundamental introducir el concepto de participación como capacidad y derecho de los habitantes/ usuarios/ ciudadanos de analizar, criticar y transformar el medio en el que viven. Los procesos de toma de decisiones suceden casi siempre al margen de las personas que se verán afectadas por sus consecuencias, por lo que muchas de estas decisiones no responden a sus necesidades reales.

Juzgábamos importante introducir en unas jornadas sobre sostenibilidad el factor social. La vinculación de las personas con el medio en el que viven es el primer paso para una reflexión sobre el modelo de desarrollo que estamos produciendo. Y para que se produzca esta vinculación, para desarrollar el sentido de responsabilidad ante el entorno, tanto físico como social y cultural, en el que vivimos, es necesario reforzar los mecanismos de participación en la construcción y transformación de ese medio.

Desde el principio el objetivo fue no sólo diseñar y realizar un taller para las jornadas, sino también investigar en nuestra forma de trabajar y formarnos como colectivo. Se trataba, en definitiva, de que el propio proceso de producción del taller fuera sostenible, en el sentido de que nos aportara una formación, en lugar de limitarse a diseñar un producto. Porque uno de los pilares de la sostenibilidad, tal y como la entendemos nosotros, es la educación, el aprendizaje, por eso nos parecía fundamental desarrollar un proceso que revirtiera en todos nosotros, tanto en los que participaron en el taller como en los que lo organizamos, un proceso que se retroalimentase continuamente.

El punto de partida era la participación como una de las bases de la sostenibilidad; a partir de ahí, había que averiguar qué significa participación y cómo se relaciona con la producción del espacio, nuestro campo de acción. El contenido del taller fue tomando forma a lo largo de semanas, en reuniones en las que fluctuamos entre diversos enfoques para el taller. Al mismo tiempo, fuimos recopilando textos que nos ayudaban a ampliar nuestra visión sobre la participación, y los reunimos en un dossier que después se repartió a los alumnos. Cuando definimos la estructura general del taller, nos repartimos en grupos de trabajo encargados de un día concreto, dejando las reuniones semanales para coordinar el trabajo de los diferentes grupos.

El taller constó de dos partes: de lunes a miércoles por la tarde, y jueves y viernes todo el día. Básicamente el esquema era el siguiente: primero, experimentar la participación desde un ámbito común a todos los participantes, es decir, la Escuela de Arquitectura, debatiendo y produciendo propuestas de transformación. Como interludio, se preparó una tarde de reflexión y debate sobre el concepto teórico y las bases ideológicas de la participación, a partir de dinámicas y juegos organizados con la ayuda de dos sociólogos invitados. La idea para la segunda parte era aproximarnos a una realidad urbana cercana, Madrid, e intercambiar experiencias con personas involucradas en la transformación de sus barrios.

Día 01: Catarsis en la Escuela.

En la primera parte, pues, se trataba de experimentar un taller de debate, centrándolo en el espacio de la Escuela y de producir propuestas conjuntamente. La estructura del taller se inspiró en un método aplicado en el ámbito de la ecología urbana, utilizado a nivel europeo, el EASW[2]. En primer lugar, se hizo un diagnóstico rápido sobre la escuela, basado en identificar los aspectos positivos y negativos y ponerlos en común. A partir de ahí, se dividió a los participantes en seis grupos temáticos: el Confort en la Escuela, Vida académica, Vida social, Los espacios comunes, Movilidad y Relación mundo—escuela y mundo—exterior. Cada grupo elaboró cinco propuestas y después se pusieron en común y se sometieron a votación.


Lámina 1. Catarsis en la Escuela

Día 02: Todo lo que usted quiso saber y nunca se paró a preguntar

Al día siguiente se trabajó sobre el tema de la información y la capacidad de transformación de nuestros espacios cotidianos, a partir de un cuestionario y unos paneles con información sobre la Escuela: la huella ecológica (consumo, residuos generados, etc.); la historia (año de creación, guerra civil, etc); la representación de alumnos (sistema de elección de los delegados de alumnos, deberes de los estudiantes, asociaciones de alumnos); los aspectos académicos (planes de estudios, desde el primero de 1875 hasta hoy); los aspectos físicos (accesibilidad, superficie y situación de cada uso); y los presupuestos y salarios (de profesores, bedeles, director...). El objetivo era poder incorporar una visión informada a las propuestas surgidas de la experiencia directa.


Lámina 2. La Escuela invisible

Partiendo de las propuestas más votadas el día anterior, los participantes se dividieron en grupos para desarrollarlas gráficamente. Los temas elegidos fueron: Acondicionamiento de los espacios residuales; Relación con otras carreras, «salir de la burbuja»; Acondicionamiento de la Cafetería; Acondicionamiento del Claustro; Información y mecanismos de participación; Hacer compatible el desarrollo de la vida académica con el desarrollo personal y vital. Al final de la tarde se pincharon los trabajos en la pared y se hizo una sesión crítica, en la que participó un profesor invitado de la Universidad Nacional Autónoma de México, el arquitecto Gustavo Romero, que tiene una gran experiencia en procesos de participación en su país y es uno de los autores del libro Participación en el diseño urbano y arquitectónico en la producción social del hábitat.


Lámina 3. Ejemplo de discusión sobre alternativas de diseño a espacios de la escuela


Lámina 4. Todo lo que usted quiso saber y nunca se paró a preguntar

Día 03 Participar... mola

Esta parte del taller finalizó con una jornada de repaso al marco teórico de la participación y un debate con dos sociólogos y un arquitecto que forman parte de colectivos del movimiento social de Madrid.

Día 04 Derivas urbanas y Día 05 Cine de barrio

Los atentados terroristas del jueves 11 de marzo obligaron a cancelar la segunda parte del taller. Estaba previsto comenzar con un viaje de exploración o deriva por la ciudad invisible, en el que los participantes tendrían que lanzarse a las calles y realizar de manera intuitiva un análisis y una cartografía de la problemática de un barrio concreto, para después intercambiar experiencias con personas de los colectivos sociales de ese barrio. Y para terminar, el viernes se había invitado a José Pérez de Lama, un arquitecto profesor de la Escuela de Arquitectura de Sevilla que explora formas colectivas de construir el espacio e intervenir sobre el territorio, incorporando a la disciplina saberes periféricos, produciendo y cartografiando eventos efímeros de contenido reivindicativo.[3] Por último, pensábamos proyectar películas relacionadas con el tema y hacer un picnic en el patio de la escuela para comentar el resultado del taller.

Participar no es sólo hablar por hablar

Uno de los primeros aspectos a destacar es el interés que demostraron los estudiantes en el taller: todos los días asistieron más de treinta personas mostrando un gran entusiasmo durante las cinco horas que duraron los debates y actividades. La elección de la Escuela como espacio a analizar, el único que compartían los participantes y del que podían opinar desde su experiencia personal, tenía el riesgo de despertar poco interés en los alumnos por estas mismas razones: es el lugar donde venimos todos los días, conocemos y vivimos todo lo que no funciona en él. Esta vez no se trataba de lanzar protestas al aire, sino de pararse a reflexionar sobre nuestro entorno y sobre nuestra vida en él. Algo tan sencillo a lo que nunca dedicamos tiempo en el ritmo vertiginoso de nuestro cotidiano, pero que es esencial para dotar de contenido nuestras vidas. Después de estas sesiones hemos empezado a construir una visión crítica sobre lo que nos rodea, una opinión fundada y unas propuestas, que sustituyen a la insatisfacción y pasividad anteriores.

Las discusiones se centraban en las pequeñas experiencias que cada uno tiene del lugar, lo que le gusta y no le gusta, lo que funciona en el uso que hace de él. No se trataba de resolver el mundo sino de hacer propuestas concretas y aplicables. Sin embargo, a lo largo de los diálogos en cada grupo, hicimos descubrimientos de los usos tan variados que se hacen de este espacio que compartimos y del distinto análisis que aporta cada uno; surgieron debates que remitían a cuestiones más profundas sobre cómo entiende cada uno lo que es una escuela de arquitectura: un lugar para formarse, para realizar actividades en grupo, actividades vinculadas a la arquitectura o no, para relacionarse con gente de otras carreras y buscar el intercambio.

Al final de cada día acabábamos todos, organizadores y participantes, con un reconfortante sentimiento de satisfacción. Satisfacción que viene de ver cómo un grupo de individuos tan distintos, que tiene como único punto en común el uso de un espacio, puede llegar a analizarlo de forma conjunta y organizada, y a proponer soluciones colectivas, que respondan a las necesidades que, entre todos, se han identificado. Comprobamos que se puede trabajar en taller y además es divertido...

El taller, por el contexto en el que se realizaba, en las jornadas de IAU+S, en la Escuela de Arquitectura, tenía la particularidad de tener unos usuarios que son al mismo tiempo futuros constructores/ diseñadores de la ciudad. El enfoque que probamos en el taller trata de dotarnos de una herramienta proyectual más, una forma de dotar los proyectos de contenido y adecuarlos a las características propias de un lugar y las personas que viven él.

El taller contó sin embargo con una gran falta, que hace todo el proceso poco representativo de la población que usa a diario este lugar: no pudieron venir más que tres profesores y ningún miembro del Personal Administrativo y de Servicios, lo que produjo una homogeneidad grupal que no se corresponde con la complejidad real, al no abarcar las perspectivas que tienen éstos, tan distintas de la que tiene el estudiante. Para no contribuir al incorrecto uso de los términos al que se juega hoy en día, es necesario aclarar algo: una participación real sería un proceso sistematizado en el que se asegurase la implicación de los diferentes grupos de población, no sólo de los que se interesan en moverse.

Los aprendizajes del taller aportan nuevas ideas a la reflexión continua que venimos haciendo desde Laboratorio Urbano sobre los procesos de construcción de la ciudad y sobre nuestra enseñanza como técnicos especialistas en la construcción del espacio. Se pueden construir propuestas de forma colectiva, en procesos de autoaprendizaje y de apropiación del entorno. Son ejemplos que demuestran cómo los ciudadanos tienen la capacidad de hacer un análisis de su barrio, llegando a proponer alternativas a los planes urbanísticos que se les imponen desde las instituciones.


Notas


[1]: Laboratorio Urbano es un colectivo de estudiantes de arquitectura de la ETSAM interesado en la investigación de las relaciones que se producen entre el espacio físico y las personas. http://www.laboratoriourbano.tk
[2]: European Awareness Scenario Workshop, más información en http://www.cordis.lu/easw
[3]: Página web: http://mcs.hackitectura.net/tiki-index.php, en especial le corresponde a él el apartado osfavelados.


Edición del 1-3-2006
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