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Cristina Narbona: «Se harán las obras que de verdad se necesiten»

El Periódico de Aragón
Jaime Armengol
Zaragoza (España), 27 de marzo de 2005.

Declaraciones de la ministra de Medio Ambiente

Narbona dice que del Pacto del Agua respetará las inversiones «que no sean irracionales o de excesivo impacto ambiental»

P. España es el tercer país del mundo que más agua consume. ¿Qué piensa hacer la ministra?

R. La OCDE ya recomendó en el 2003 un cambio profundo en la política de agua en España. A lo largo de los años se consolidaron escenarios previsibles de demanda y se adecuó la oferta a esos escenarios, a veces sin tener en cuenta la eficiencia. Ha habido un énfasis extraordinario en construir infraestructura hidráulica, y hoy tenemos problemas de calidad tan importantes como los de cantidad. No se puede mirar al futuro con instrumentos del pasado. Nos lo ha dicho la OCDE y la Comisión Europea, y el presidente Zapatero lo tiene claro.

P. ¿Hace falta una reforma legal, puesto que la Ley de Aguas está concebida con otra filosofía?

R. Hemos propuesto ya retoques. Que haya un sistema de contadores que permita saber de verdad lo que consumimos. Que haya informes preceptivos de las confederaciones hidrográficas antes de que haya un cambio en el uso del suelo que pueda significar nuevas necesidades de agua. Que el agua desalada sea considerada también un bien público. Ya hemos metido algunas mejoras de la legislación vigente y haremos más. Reformaremos en profundidad las confederaciones hidrográficas y existirán bancos públicos de agua en cada cuenca que permitan reasignar el agua para usos más eficientes.

P. Con esta mirada, ¿el Plan Nacional de Regadíos está obsoleto?

R. El plan contempla mucha modernización, el problema es que se había hecho poca. Y ahí hay que darle la prioridad. El objetivo debe ser el ahorro de agua y la reutilización una vez que el agua se depure adecuadamente. España reutiliza todavía muy poco, el 10%.

P. ¿Alguna otra asignatura pendiente?

R. La calidad, sin duda.

P. Ha llegado al ministerio en lo que parece el inicio de un ciclo de sequía. ¿Cómo va a anticiparse a situaciones de posible escasez?

R. Con las obras de mejora que estamos decretando, problemas de abastecimiento urbano no creo que haya. Nos estamos moviendo para ver ajustes en el regadío.

P. ¿Por qué un país con sequías cíclicas no tiene medidas estandarizadas y aborda el problema como una eventualidad?

R. El PHN ya mandataba al Gobienro para que antes de julio del 2003 estuvieran concluidos planes de sequía estructurales y permanentes para todas las cuencas, pero...

P. Usted no se los ha encontrado.

R. Como algunas otras cosas. He encontrado mucha obra en curso, alguna un poco irracional, pero lo que se dice gestión del agua... Por eso estamos acelerando algunos trabajos para que al menos los elementos principales de estos planes de sequía estén aprobados antes del verano.

P. Usted conoce que en Aragón hay una expectativa muy alta con proyectos incluidos en el Pacto del Agua. ¿Se harán todas las obras?

R. Se va a hacer todo lo que de verdad se necesite, esté justificado y no sea una obra irracional o de excesivo impacto ambiental. Nosotros nos hemos encontrado con compromisos de actuación en Aragón que queremos cumplir con el mayor grado de consenso social y político posible, respetando las directivas europeas, algo que tampoco ha sido una guía hasta ahora. Por eso, nos encontramos obras que han sido muy cuestionadas y creo que las instituciones en Aragón dan un ejemplo muy positivo de búsqueda de acuerdos.

P. ¿Cuál destaca?

R. Por ejemplo el del abandono de la presa de Santaliestra, que me parece afortunadísimo. También se ha tomado una decisión mucho más correcta al dejar el recrecimiento de Yesa en una cota intermedia. El grado de consenso ha sido envidiable.

P. Da a entender que sólo se harán aquellas obras que tengan cierto grado de consenso...

R. Unos consensos que, cuanto mayores, mejor.

P. Pero en el caso de Yesa, que citaba, no hay unanimidad.

R. Por eso pedí a la CHE un análisis exhaustivo y público sobre las alternativas al recrecimiento formuladas por la Fundación Nueva Cultura del Agua. De ahí la Confederación recoge elementos muy positivos, como la regulación lateral, que pueden complementar la cota media. Existe una discusión en el plano técnico que hay que analizar bien.

P. Usted acudirá a Ejea la semana próxima, en el corazón de la zona que riega con el agua de Yesa. Allí cunde el nerviosismo por las pugnas políticas en torno a la presa.

R. La realidad de Yesa no responde sólo a una cuestión política, hay razones técnicas, hay cambios en la legislación europea... Si queremos formar parte de la UE no sólo tenemos que pedir el dinero, hemos de cumplir con las reglas de juego, en este caso con las leyes ambientales de la UE. Esto debe entenderlo el ciudadano, porque si no, el coste que tendrían que repercutir estas obras sobre el usuario sería mayor. Queremos garantizar fondos europeos.

P. De esa obra depende además el abastecimiento a Zaragoza. ¿Cuándo estará lista?

R. No me gusta dar fechas. La CHE tiene la indicación de trabajar con la máxima rapidez. Y yo espero acabar esta legislatura en una situación muy distinta a la que hemos heredado. Antes se daban fechas todos los días, se hablaba mucho de obras y de agua, pero pasan cosas tan surrealistas como que ahora por fin va a dar agua una desaladora que se licitó siendo yo secretaria de Estado de Medio Ambiente, hace diez años.

P. ¿Usted es partidaria de volar alguna presa ya construida?

R. Todavía no he llegado a esa decisión pero hay países que lo hacen. Como concepto no lo rechazo porque donde haya alternativas mejores y donde se aprecie que los efectos han sido más negativos que positivos está justificado. Heredo un patrimonio hidráulico de tal magnitud que lo que me preocupa es gestionarlo con seguridad y eficiencia.

P. Hay obras que nadie quiere recibir. En Aragón, hay un ejemplo, el embalse del Val. ¿Tiene solución?

R. No la puedo dar en este momento porque antes de tomar medidas drásticas hay que ver si lo ya construido puede servir o no para algo. Desde luego, como monumento a la estulticia no quiero tener una presa.

P. Hay quien entiende que usted no quiere hacer obra hidráulica.

R. Eso no es verdad. Lo que no queremos es hacer disparates. Hay que pensar también en otras actividades que generan riqueza. Por ejemplo, toda la actividad del turismo fluvial. Hay presas que yo me encuentro diseñadas hace 50 años, y que yo sepa las presas no son como el vino, que ganan en solera. La España de hace 50 años no es la de ahora.

P. Desde esa perspectiva, el regadío de los Monegros, diseñado hace cien años, carecería de sentido.

R. A Agricultura yo no voy a decirle nunca que obstaculicemos un regadío que signifique riqueza, pero hay que hacer estas cosas con más inteligencia, sabiendo que estamos en un proceso en el que paulatinamente habrá que recuperar todos los costes asociados al agua. De aquí al 2010, la directiva europea establece ese principio. Hay que identificar qué cultivos o qué territorios merecen una moratoria en ese principio, aplicando un criterio de equilibrio territorial y de fuga de población.

P. ¿Qué piensa del discurso de la España interior que se despuebla frente a una periferia litoral que soporta cada vez más presión?

R. Tres de cada cuatro españoles viven en el 3% del territorio nacional. Hay que equilibrar el país y tomar decisiones más inteligentes de futuro en nuestro litoral.

P. Se le puede acusar de intervencionismo y de impedir el desarrollo.

R. Yo apuesto por un desarrollo duradero, saludable, que no sea pan para hoy y hambre para mañana. La extraordinaria concentración urbanística junto a la línea de mar tiene que ser revisada. No es la única forma de hacer una oferta turística. Hay otros valores que pueden ser ofrecidos al visitante. Agotar la playa y el sol a base de cemento es algo que tiene los días contados.

P. ¿Cree que el trasvase del Ebro que ustedes derogaron iba encaminado a engordar esa oferta de urbanización y complejo de ocio?

R. Sí, porque entre otras cosas nunca se les dijo a los probables usuarios del trasvase cuál iba a ser la tarifa a pagar. Es más, la ministra Elvira Rodríguez llegó a decir que esas tarifas se conocerían cuando se terminara la obra, una obra de 4.200 millones de euros. Esa es una de las razones por las cuales varias direcciones generales europeas consideraban ese trasvase inviable desde el criterio económico. Los regantes no sabían cuánto iban a tener que pagar ni tampoco se habían identificado los usuarios del agua trasvasada.

P. En esas zonas se les vendió el lema «Agua para todos».

R. Un lema que contrasta con el hecho de que el Gobierno anterior no aprobara el decreto en el que debían fijarse las cuantías y los correspondientes usuarios. Sin embargo, en la Comunidad Valenciana todo el mundo creyó que el agua iba a ser para él, y para todos, sin demasiados límites. Por supuesto que tiene que haber agua para todos los ciudadanos, pero también para la propia naturaleza, para mantener ecosistemas vivos.

P. Hay sectores que le acusan de fundamentalismo ecológico.

R. No se trata de fundamentalismo ecológico, sino de ver que las fórmulas para hacer dinero fácil a cualquier coste no son buenas.

P. En caso de que el plan AGUA, alternativa al trasvase para el Levante, sea insuficiente, ¿se replantearía una transferencia desde el Ebro o desde otro río?

R. Primero hay que hacer lo que está previsto. De aquí al 2008 está previsto que desarrollemos está alternativa al trasvase gastando menos y mejorando la calidad.


Edición del 10-3-2006
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