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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Publicado en:
INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL n. 5
Revista sobre Igualdad y Calidad de Vida
Madrid, 1993
El presente artículo aborda las siguientes hipótesis:
De espaldas al potencial de la naturaleza humana y a los límites de
la biosfera se ha ido realizando un doble desplazamiento del
discurso del deseo: de personas a objetos, de bienes y actividades
no monetarizadas a bienes y actividades monetarizadas. De este modo
se ha ido conformando un modelo pobre en posibilidades, ciego en
perspectivas, loco en su rumbo, que se está convirtiendo en una
peligrosa enfermedad para el planeta.
Las empresas, y en especial las que cuentan con mayores recursos,
necesitan inyectar por cualquier medio sus productos en el mercado,
independientemente de su grado de idoneidad para el bienestar. A
tal objeto realizan un uso intensivo de los medios de comunicación,
especialmente a través del discurso publicitario. Este proceso,
junto con la idea de banco ilimitado de recursos, ha ido
conformando una cultura del bienestar basada en el consumo y
posesión indefinido de objetos y sus signos asociados. Esta cultura
se muestra aberrante y disfuncional para la resolución de las
necesidades mismas del bienestar. El discurso del deseo y del
bienestar, configurado como fiel siervo de las necesidades del
capital, se torna ahora en trampa mortal para las posibilidades de
supervivencia de una buena parte del planeta y para las
posibilidades de bienestar de los que ya tienen asegurada la
supervivencia.
Si se consideran las necesidades de supervivencia (alimentación,
cobijo y salud) y las necesidades de bienestar (identidad,
proyección personal, afecto, seguridad, conocimiento, equilibrio de
valores, poder, estimulación y espectáculo) y se relacionan con un
espacio limitado de recursos, puede observarse cómo la forma en que
las sociedades del Norte resuelven sus necesidades de bienestar
disminuye de manera definitiva las posibilidades del Sur y de las
generaciones futuras de resolver sus necesidades de supervivencia.
Figura 1: Bienestar de alto coste y superviviencia en un espacio
limitado de recursos.
Las necesidades de supervivencia no son negociables, o no deberían
serlo. Son rígidas en sus mínimos imprescindibles. Una persona
necesita un número determinado de calorías, un mínimo de variedad
de alimentos, un resguardo para las bajas temperaturas, y medios
para evitar o corregir ciertas afecciones, etc. Todo ello tiene un
coste mínimo de recursos poco flexible a la baja, si bien puede
incrementarse sustancialmente la eficiencia de los mismos.
Las necesidades de bienestar son sin embargo más variadas y
flexibles, son muchas las formas y diversos los recursos con los
que las personas pueden sentirse bien.
La expropiación de los espacios colectivos de convivencia -la calle
como lugar de encuentro ha sido desplazada por la calle como lugar
de paso (del automóvil)-. La monetarización del territorio para el
esparcimiento y el ocio -¿es un logro que los niños y las niñas no
puedan jugar a la puerta de su casa?-. La dificultad de acceso a
los espacios naturales -cada vez menores- que con frecuencia quedan
a muchos kilómetros del lugar de residencia. La degradación
-irreversible en muchos aspectos- de las condiciones ambientales
que son el sustrato básico para vivir y estar bien ¿Pueden ser
considerados logros del modelo de desarrollo?
La pérdida de las relaciones de control y decisión sobre el medio
social y natural es uno de los fracasos más sangrantes del actual
modelo para la resolución del bienestar. Pérdida que significa,
para una gran mayoría de la población, el abandono de la
posibilidad de participar en la configuración de la realidad. Se
diluye la relación, en especial en los grandes núcleos urbanos,
entre lo que uno hace y lo que ocurre. ¿Qué se puede realizar y
decidir sobre la misma calle en la que vives?. El territorio y la
organización social se configuran al margen de la población. El
poder de decisión queda restringido a unos pocos, y el resto
organiza su pequeño territorio (ámbito familiar) que se vacía de
poder, mientras se rellena de objetos. Y con ello se pierde uno de
los focos principales de bienestar y realización de las personas y
las sociedades.
La orientación del bienestar hacia la interacción entre las
personas, el aprendizaje y el conocimiento, el medio social, el
medio natural, la organización de la comunidad, y uno mismo
permiten un mayor nivel de satisfacción que la orientación hacia
objetos que consumen un mayor nivel de recursos materiales (muchos
de los cuales son no renovables o escasos) y energías. La
asociación de los objetos a valores (prestigio, seducción,
originalidad), treta principal del discurso publicitario, muestra
cómo lo que finalmente organiza la felicidad y la satisfacción son
los valores a los que se asocian los objetos y no los objetos
mismos.
El control sobre la realidad cercana -que se reduce para la mayoría
al espacio doméstico-, el establecimiento de relaciones efectivas
de transformación y las interacciones satisfactorias con las
personas y el medio son sustituidas por la realidad vicaria
(televisión) y la simulación de la realidad (juegos informáticos y
realidad virtual). Despojados del control real, la satisfacción se
reencuentra -monetarizada- en la simulación del control.
Satisfacción que se degrada en la medida en que es cada vez más
tangente a la autoestima, a la relación interpersonal y a la
realidad misma.
El control real del territorio sólo es accesible para la mayoría en
forma de conducta desviada: delincuencia, violencia contra el
mobiliario urbano, conflictividad callejera, etc. El poder sólo es
posible al margen del "orden" social. Y la motivación de control
(poder) continúa siendo clave en la resolución del bienestar.
Contar con los límites del planeta y reducir el despilfarro de
objetos y energía no significa renunciar al bienestar. La
naturaleza humana se muestra generosa en la multiplicidad de
soluciones y versatilidad de sus recursos. Las fórmulas para la
resolución de estas motivaciones del bienestar son numerosas. Una
persona puede alcanzar un alto grado de excitación bajando una
montaña en un 4X4 de seis cilindros, pero igualmente lo puede
alcanzar haciéndolo en mountain-bike en una colina cercana con una
pendiente superior al 25%. Son inumerables las maneras en las que
las personas pueden encontrar un cierto bienestar: las artes de la
seducción, los deportes limpios, las conversaciones especulativas,
la petanca, el montaje de una asociación, la presentación de una
idea ante una numerosa audiencia, el cuidado de las plantas, la
sexualidad, el rafting, un concierto de flauta, cien partidas de
mús, las nuevas relaciones, las amistades "eternas", etc. El amplio
abanico de posibilidades conocidas y otras tantas aún no
descubiertas, ni siquiera imaginadas, parece que se reduce a unas
pocas cuando se contempla la propuesta social-publicitaria.
Mientras se oculta que diferentes fórmulas no son equivalentes en
el consumo de recursos. La elección de soluciones no es indiferente
para la salud del planeta y ha llegado la hora de incluir estas
cuentas en el discurso del deseo.
¿Cuáles son las motivaciones que subyacen al bienestar? Son muchas
las soluciones que han presentado las diferentes escuelas.
Considerarlas todas va más allá de la pretensión del presente
artículo, pero sería fácil ponerse de acuerdo en al menos los cinco
grupos de motivaciones que se presentan en el siguiente gráfico.
Figura 2: Cuadro de motivaciones relacionadas con el bienestar.
La lista de motivaciones y procesos relacionados con el bienestar
podría ampliarse indefinidamente: el gusto por el "equilibrio", la
atracción por la complejidad, la resolución de tareas inconclusas,
el humor y la risa, etc.
Cada una de las motivaciones tiene numerosas posibilidades de
resolución y puesta en juego. La oferta social-publicitaria parece
reducirlas a un escaso repertorio. Se centra en las motivaciones
relacionadas con el espectáculo y dentro de éstas las que se
satisfacen de forma pasiva. Trata también las demás pero de forma
indirecta, a través de la asociación a objetos (altamente cargados
en consumo de recursos limitados). Los objetos y los servicios
monetarizados se interponen como único camino para la resolución de
las motivaciones de bienestar. ¿Qué dice la oferta publicitaria
sobre la identidad más allá de unas cuantas colonias, algún
automóvil y unas cuantas prendas de vestir?. ¿Qué se dice del
aprendizaje, de la seducción, de la resolución de enigmas? El mapa
de posibilidades se reduce, distorsiona y se desplaza hacia un
pequeño grupo de ofertas centradas en la asociación de objetos a
marcas, de marcas a signos y de signos a valores. El repertorio de
formas de afrontar el bienestar se empobrece a medida en que se
incrementan triviales diferencias entre unos productos y otros
hasta ocupar la mayor parte de la información sobre el "cómo estar
bien" que recibe un individuo a lo largo de la jornada.
Figura 3: Motivaciones de bienestar y oferta monetarizada.
No sólo lo que se ofrece de forma mayoritaria es apenas una pequeña
parte del espectro de alternativas posible para estar bien, sino
que coincide con lo más costoso y lo más escaso. Y muchas veces es
ineficaz, pues no se alcanzan las cotas de satisfacción que se
predican.
En efecto, del análisis de los mensajes trasmitidos por los
mass-media se deduce un repertorio mínimo de posibilidades para la
resolución de las motivaciones de bienestar. Véase el caso del
transporte, en donde sólo parece alcanzarse el objetivo con una
fórmula dominante: el automóvil. El vídeo sólo es imaginable en el
contexto del hogar. El status se rodea de una constelación ridícula
de signos, las relaciones personales parecen ser una excusa para el
uso de cosmética sofisticada, etc. No forma parte de la propuesta
social-publicitaria el hecho de pasear o de reir hasta la madrugada
y, si aparecen, es sólo como valor asociado a un producto/marca.
A base de mensajes se conforma una cierta cultura, a base de
excluir otros mensajes se desestiman otras formas de cultura.
El discurso publicitario (en sentido amplio) es un "eficaz" sistema
de tratamiento de la información que configura el deseo
-dependiente de la información que recibe- a base de eliminar,
desplazar, redimensionar, distorsionar y falsear las posibilidades
de resolución del bienestar, sin entrar en competencia con ningún
otro discurso que lo ponga en cuestión más allá de una intuitiva
pero ineficaz desconfianza de la cultura popular.
Figura 4: El discurso publicitario como tratamiento de la
información.
El mapa cognitivo de qué es y cómo se puede "estar bien" se
construye fundamentalmente como resultado de una masiva serie de
comunicaciones (icónicas y verbales) entrecruzadas. Mensajes cuyo
único objetivo es el incremento de beneficios monetarios a corto
plazo de empresas y élites.
Esta rocambolesca conformación del deseo de bienestar permanece
además absolutamente ajena al hecho de que los recursos disponibles
en los diferentes habitats son limitados y escasos. No considera
que las formas de resolución de las motivaciones del bienestar no
son indiferentes. Unas tienen un alto coste en términos de consumo
de recursos y otras tienen un coste menor. Unas utilizan recursos
muy escasos y otras pueden hacer uso de recursos cuya reserva es
tan alta que resulta inapreciable la pequeña cantidad utilizada.
Siempre teniendo en cuenta que el conjunto total de recursos es
limitado o escaso, se deduce que el tratamiento del bienestar con
un alto gasto de recursos o con el deterioro de los bienes no
renovables por parte de unos sectores de la población, además de
resultar un fracaso, conlleva la dificultad o imposibilidad de
otros sectores de resolver sus necesidades de supervivencia.
El mito de la racionalidad del mercado. Se le atribuye al mercado
la capacidad de adoptar soluciones racionales globales. El control
de la realidad se desplaza a un ente inexistente, "La mano
invisible", que se supone inteligente para gestionar los recursos
y proponer las soluciones. Pero el motor del modelo de desarrollo
es la acumulación de beneficios monetarios a corto plazo y la
lógica de la acumulación está más cerca del despilfarro y la rapiña
que de la gestión racional de recursos limitados y frágiles,
incluyendo la equidad y las posibilidades de las generaciones
futuras.
El mito de la tecnología que confunde la capacidad de ir
encontrando soluciones técnicas -la historia ofrece numerosos
ejemplos- con la capacidad de encontrar todas las soluciones
pertinentes en el momento oportuno. El mito tecnológico parece
ignorar que ya en la actualidad hay problemas para los que sigue
sin encontrar solución y que la velocidad de destrucción (por la
tecnología incontrolada) puede ser mayor que la de resolución.
El mito del crecimiento ilimitado -progreso- (pretensión
innegociable de las sociedades ricas) que ignora la base limitada
de los recursos naturales en los que se sustenta dicho crecimiento.
El mito de la "Aldea Global" no es otra cosa que la explotación por
parte de unos pocos a áreas cada vez más extensas del planeta.
Donde cada vez hay más gente expulsada de "la aldea". Donde cada
vez las decisiones de menos afectan a más y se toman más lejos y
donde menos información llega a más gente. Paradójicamente las
aldeas reales quedan fuera de la "Aldea".
Los cuatro mitos tienen un factor común: Las iniciativas y el
protagonismo de los colectivos y comunidades quedan fuera y han de
confiar en el mercado, la fe tecnológica, el progreso ilimitado y
la "inteligencia" centralizada. El bienestar se asocia -en este
modelo- a estos cuatro pilares. Fuera quedan la autonomía y
autosuficiencia, las relaciones cercanas y el control de la
realidad cercana.
El reverso de los mitos es el desprecio por la diferencia tanto
cultural como social, por lo pequeño, por la tecnología intermedia
-de un alto nivel de eficiencia y con consecuencias más
controladas-, es la ignorancia y marginalidad de las soluciones
comunitarias, es el desplazamiento de la interacción cara a cara.
Las personas que participan en proyectos colectivos y tienen acceso
a la toma de decisiones interdependientes con otras personas
manejan un conjunto de motivaciones más amplio y variado por lo que
tienen más posibilidades de mantener unos niveles más altos de
satisfacción y bienestar. Las personas que participan de forma
activa en la colectividad tienen menos posibilidades de sufrir
patologías como el aislamiento social, la abulia, la depresión, los
problemas de autoestima, la indefensión. La invitación a participar
en organizaciones y actividades colectivas con proyección social es
conocida, -aunque no suficientemente utilizada- como solución
terapéutica eficaz.
La organización colectiva permite acceder a un elevado número de
interacciones, y por lo tanto facilita el desarrollo de la
significación social. Supone cambio, riesgo e incertidumbre en la
medida en que se enfrenta a una realidad compleja y dinámica.
Satisface por lo tanto la motivación de estimulación y espectáculo.
Supone la realización de proyectos concretos en los que se ponen a
prueba las motivaciones funcionales. La toma de decisiones
colectiva incrementa las posibilidades de comprensión de la
complejidad, aumenta las referencias, el conocimiento y la
implicación personal. La organización colectiva facilita una
relación de responsabilidad con el patrimonio colectivo
sociocultural y natural.
Una recuperación del control de la realidad cercana por parte de
las colectividades que la habitan -lo que supone implicaciones
políticas y económicas contrarias al modelo de desarrollo actual-
permitiría un amplio abanico de posibilidades de resolución de las
motivaciones de bienestar. En las operaciones de cuidado,
transformación y control del territorio las colectividades
encuentran numerosas vías para obtener placer, conocimiento y
satisfacción. Los bucles de retroalimentación de los efectos de sus
acciones son más cortos, se pueden calibrar mejor los resultados de
sus movimientos y acciones y por lo tanto permiten tomar decisiones
más acordes con las posibilidades reales del medio natural y
social.
Figura 5: Ejes para una reorientación del modelo de bienestar.
La construcción del bienestar en el espacio desmonetarizado evita
las aberraciones que de éste se derivan como la acumulación
incontrolada, la centralización de las decisiones relevantes para
el bienestar y el despilfarro de los recursos escasos. El espacio
desmonetarizado es el espacio de propiedad común. Los recursos son
en muchos casos renovables o ilimitados. ¿Cuál es el gasto de
recursos reales de la conversación, del disfrute de los cuerpos o
de jugar al escondite? La orientación hacia el espacio
desmonetarizado induce a reivindicar lo público y lo colectivo como
eje esencial del bienestar -antes de que esté totalmente
privatizado/monetarizado-. Permite además realizar intercambios de
trabajos entre personas de forma más equitativa -en la medida en
que la acumulación de beneficios no es el objetivo principal-.
Induce a cuidar los bienes de la vida todavía no totalmente
privatizados como el agua, el aire, las amistades, la prole, el
manto vegetal. El espacio desmonetarizado hace las cuentas de otra
forma, distingue más facilmente lo esencial de lo trivial, abre el
espectro de posibilidades de resolución del bienestar.
Configurar el discurso del deseo de otra forma requiere de otras
redes de información diferentes a las que lo configuran en la
actualidad. Las redes horizontales, entretejidas desde la
experiencia colectiva, producto de la reflexión, el contraste y la
necesidad de coordinación, son redes abiertas al ingenio de las
sociedades más allá del ingenio publicitario. Se hace necesaria una
cierta desconexión de las redes unidireccionales, verticales, y
monetarizadas. Es preciso ir desplazando la información
unidireccional masiva, -al servicio de la acumulación de
beneficios- con la información bidireccional orientada a un
bienestar más equitativo y acorde con el fundamento motivacional de
la naturaleza humana y con "los límites de la realidad".
El modelo de bienestar debe incluir en sus cuentas y en su diseño
los criterios de equidad y de limitación de recursos. La
participación social y la acción colectiva se muestran como un eje
clave entre ambos criterios a la vez que proporcionan una base más
sólida para desarrollar de forma efectiva el bienestar de las
sociedades.
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sociocultural: una propuesta metodológica
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Cofer C.N. (1979): Psicología de la motivación
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Costa M.,López, E. (1986): Salud comunitaria
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Fdez. Duran R. (1993): La explosión del desorden
(Fundamentos. Madrid)
Naredo J.M. (1987): La economía en evolución
(Siglo XXI. Madrid)
Offe, C. (1992): Partidos políticos y nuevos movimientos sociales
(Sistema. Madrid)
Palazuelos, E. (Coord.), (1988): Dinámica capitalista y crisis
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(Akal. Madrid)
Schumacher, E.F. (1978): Lo pequeño es hermoso
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Fecha de referencia: 30-11-1997
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