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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Enric Tello
Miembro de Acció Ecologista y de la CODA
Plataforma Barcelona Estalvia Energia
C/ Obradors, 6-8, Bajos
08002 Barcelona
Tel: (93) 412 76 00
Faz: (93) 412 58 88
Artículo publicado en el n. 11, año 1996, de la revista Ecología
Política, editada por la Ed. Icaria.
Eso significa que pese a todos sus aspectos positivos, y al
indudable éxito popular que ha tenido la recuperación de la fachada
marítima, los Juegos Olímpicos de Barcelona han sido una ocasión
perdida para iniciar un cambio hacia un modelo de ciudad
ecológicamente sostenible. Los criterios ecológicos y bioclimáticos
del proyecto de Villa Olímpica diseñado por un equipo de Greenpeace
para Sidney pueden compararse con la Villa Olimpica de Barcelona,
donde la primacía del diseño puramente externo llegó al extremo de
eliminar los contenedores de basura en la calle mediante
aspiradores neumáticos en los propios edificios que no están
pensados para la recogida selectiva de residuos urbanos. Huelga
decir que antes de 1992 no hubo un verdadero programa de selección
de residuos, salvo una cierta cantidad de contenedores verdes para
vidrio.
Nada de todo esto es sorprendente si analizamos la situación en la
que se encontraban tanto el gobierno de la ciudad como las
organizaciones sociales más relevantes en el tejido asociativo
urbano [3]. Dado el ahogo presupuestario en el que se encuentran
todos los Ayuntamientos en el Estado español, una operación como
los Juegos Olímpicos sólo era posible mediante un pacto del
gobierno de la ciudad con los grandes inversores privados, y con
las demás administraciones públicas que debían financiarla [4]. La
naturaleza de este pacto, que puede definirse como una verdadera
partnership entre los gobernantes electos y los círculos del poder
económico real, ya había sido practicado e incluso teorizado como
"urbanismo concertado" por el actual alcalde de Barcelona, Pasqual
Maragall. En lugar de una planificación global de la ciudad que se
da por imposible, el "urbanismo concertado" consiste en planear
distintas operaciones pactando con determinados intereses
económicos la adecuación de las normas y regulaciones urbanísticas
(como los techos de edificabilidad, por ejemplo) a cambio de la
financiación privada de determinadas obras que se convierten en
patrimonio de la ciudad [5].
La intervención de círculos ilustrados, a menudo vinculados a la
izquierda tradicional, ha imprimido un sello inequívocamente
tecnocrático a las obras olímpicas de Barcelona-92: plazas "duras",
primacía de un frío e ineficiente diseño meramente exterior,
tendencia a las proporciones colosales inhumanas, gestión
irracional e improvisada del verde urbano... Pero también, en
muchos casos, ha suavizado o corregido algunos de los aspectos más
duros del modelo desarrollista. Así, por ejemplo, el trazado de dos
grandes cinturones de circunvalación ya había sido diseñado por
Porcioles, que fue alcalde de la ciudad durante un largo período
(1957-1973) de la dictadura del general Franco. Su realización para
los juegos de 1992 se hizo intentando integrar esas autopistas en
el tejido urbano, y minimizando su impacto (efecto barrera, ruido,
etc.), mediante el soterramiento de muchos de sus tramos.
Precisamente una de las pocas movilizaciones ciudadanas importantes
antes de los Juegos Olímpicos fue la de Nueve Barrios para lograr
que la nueva Ronda de Dalt discurriera cubierta, además de
soterrada, al atravesar ese distrito obrero. En el proyecto
originario la ronda se cubría en largos tramos al atravesar los
barrios ricos de Pedralbes y Sarrià, pero no por Nueve Barrios. La
movilización logró el objetivo de cubrir también muchos tramos de
Nueve Barrios, de modo que ahora sólo discurre sin cubrir por otros
barrios intermedios que no se movilizaron [6].
Sin embargo, tales correcciones no cambiaron la esencia del modelo
desarrollista. La gran operación de Barcelona-92 estaba inspirada
por los objetivos económicos convencionales comunes al gobierno
local, los gobiernos central y autonómico, y los inversores
privados: crecimiento del PIB, competitividad, atracción de
inversiones extranjeras y potenciación de la "Gran Barcelona" como
centro de una eurorregión económica en el Mediterráneo occidental.
La inversión en infraestructuras se dirigió a potenciar el
transporte en automóvil, mientras las demandas de los barrios de
ampliar la red del metro quedaban desatendidas [7]. El transporte
público siguió endeudado, con tarifas cada vez más caras, y
perdiendo viajeros. El tráfico motorizado siguió acaparando el 60
% del espacio viario público, y generando el 90 % o más de los
contaminantes atmosféricos [8]. Nada se hizo para potenciar los
viajes a pie y en bicicleta [9].
Los juegos propiciaron la especulación del suelo y el
encarecimiento de la vivienda hasta niveles desconocidos en
Barcelona. El espectacular crecimiento de la oferta de viviendas,
en una ciudad con una natalidad bajísima y un saldo migratorio
negativo, no frenó el alza de los precios y alquileres al
repercutirse sobre ellos parte del coste de las nuevas
infraestructuras [10]. Mientras la ciudad mejoraba su aspecto
externo, perdía constantemente habitantes que no podían encontrar
una vivienda asequible. Entre 1981 y 1995 Barcelona ha perdido
138.000 habitantes, y 29.000 tan sólo en los últimos cuatro años
después de los Juegos Olímpicos. La población joven y de bajos
ingresos se establece en otras localidades del área metropolitana
de Barcelona con precios inferiores. Otras familias de clase media
y alta huyen de la congestión urbana y buscan casas unifamiliares
de alto o medio standing. El resultado es una mayor segregación
social, una movilidad obligada superior, y una dependencia
creciente de los desplazamientos en automóvil [11].
La producción de residuos también es un indicador interesante. De
250 kilos por persona y año en 1980 habíamos pasado a más de 370
doce años después: un aumento del 50 %. El gran vertedero de
Barcelona, situado en un Parque Natural de la sierra del Garraf,
está muy cerca de la saturación. El encarecimiento del suelo
dificulta la abertura de nuevos vertederos. La alternativa
auspiciada desde el modelo desarrollista es la incineración a gran
escala, justo cuando la polémica científica sobre las dioxinas y
furanos, y las protestas ciudadanas contra estas instalaciones,
ponen cada vez más en cuestión la incineración de residuos sólidos
urbanos. Otro ejemplo lo constituye la ampliación del puerto y el
aeropuerto de Barcelona, considerada indispensable para competir
con otras ciudades europeas [12]. Ese objetivo ha llevado a los
gestores del modelo desarrollista a concebir el desvío del río
Llobregat en su tramo final bajo cuyo delta se encuentra el
acuífero más importante de la región, y en cuyo entorno se
encuentran unos humedales de considerable importancia [13].
La iniciativa de formar esa plataforma surgió de Acció Ecologista,
un grupo de reciente creación vinculado a los grupos de la
Coordinadora de Defensa Ambiental (CODA) del Estado español que
trabajan prioritariamente los problemas de la energía y el
transporte. Nuestro objetivo inicial era ampliar la lucha contra
las centrales nucleares (el 80 % del consumo eléctrico catalán es
de origen nuclear, lo que nos convierte en uno de los países más
nuclearizados del mundo [n. del e.: por país se entiende Comunidad
Autónoma de Cataluña]) mediante propuestas de ahorro energético e
introducción de energías renovables en las ciudades. El reglamento
de participación ciudadana de Barcelona permite presentar una
moción y convocar una Audiencia Pública con el respaldo de diez mil
firmas, o diez mil socios de alguna entidad cívica. Para conseguir
el máximo de respaldo convocamos a otros grupos ecologistas de la
ciudad (Amics de la Bici, Amics de la Terra-Catalunya, DEPANA,
CEPA, Collectiu Agudells, Ecopacifistas de Nou Barris, Grup
Ecologista de Sants, otros colectivos de barrio y la asociación
ecopacifista GEPERUT de los trabajadores de la empresa telefónica),
a la Federación de Asociaciones de Vecinos, y al sindicato
Comisiones Obreras [14].
Preparamos un conjunto de 28 propuestas sobre transporte
(pacificación del tráfico, fomento del transporte público y la
bicicleta, 50 % de espacio viario peatonal, referéndum para reducir
el uso del automóvil), residuos (reducción, reutilización y
reciclaje renunciando a la incineración), urbanismo (ordenanzas y
auditorías que promuevan el ahorro de energía, las energías
renovables y la arquitectura bioclimática) y fiscalidad (modulación
de los impuestos para facilitar los anteriores objetivos). La
presentamos como moción en noviembre de 1992, avalada por más de
cien mil socios y socias del conjunto de doce entidades que la
suscribíamos. Esa cifra multiplicaba por diez el mínimo exigido,
y suponía un respaldo de envergadura desconocida hasta el momento
en Barcelona para una propuesta de ecología urbana [15].
La Audiencia Pública se celebró en abril de 1993, y tuvo una
presencia muy considerable en los medios de comunicación. Era la
primera vez que el medio ambiente se convertía en un tema
importante en la vida política de la ciudad. La ecología urbana
irrumpía de repente a partir de una iniciativa ciudadana auspiciada
por una coalición ecologista, vecinal y sindical muy amplia, y por
un pocedimiento de democracia directa. El gobierno de la ciudad
escuchó los argumentos y las demandas que las diversas entidades
cívicas defendimos en la Audiencia Pública, y se comprometió a
elaborar un Primer Programa de Medio Ambiente para darles
respuesta. La promesa del concejal de la Vía Pública de celebrar un
referéndum sobre el tráfico fue titular de muchos periódicos al día
siguiente. Por las mismas fechas, el ayuntamiento de Barcelona dio
a conocer su adhesión a la Declaración de Amsterdam "Ciudades para
la protección del Clima" que comporta, entre otros compromisos, el
de reducir un 20 % las emisiones de gases de efecto invernadero
para el año 2005, respecto a las de 1987.
El ayuntamiento también se comprometió a discutir con la plataforma
Barcelona Estalvia Energia su programa de medio ambiente, y a
cederle la palabra en el Pleno Municipal donde iba a presentarlo
(aunque, al final, sólo admitió que el concejal de participación
ciudadana leyera una declaración nuestra). Eso suponía el inicio de
una partnership de naturaleza muy distinta a la del "urbanismo
concertado" practicado hasta entonces. Por eso, en nuestra
intervención dijimos que "el hecho mismo de celebrarse esta
audiencia en el Ayuntamiento de Barcelona tiene un profundo sentido
democrático, porque contrarresta otras tantas audiencias privadas
que presionan desde la sombra a todas las administraciones."
Partimos de la convicción de que "sólo la participación ciudadana
nos permitirá avanzar hacia una Barcelona ecológica, del mismo modo
que el viejo modelo de ciudad ha partido siempre de la
participación, indirecta y parcial, de los grandes grupos de poder
económico en la toma de deicisiones" [16].
A partir de aquí, Barcelona Estalvia Energia ha desarrollado una
interesante experiencia en dos dimiensiones: hacia afuera, en sus
relaciones con el gobierno de la ciudad y con otros interlocutores;
y hacia adentro, en el trabajo de interrelación entre
organizaciones sociales muy diferentes vinculadas a movimientos y
realidades sociales también distintas.
También por las mismas fechas se llevó a cabo la primera
experiencia importante de pacificación del tráfico en el barrio de
la Ribera, con un proyecto reivindicado por las asociaciones de
vecinos y financiado por la Unión Europea. Este proyecto, que lleva
el nombre de Gaudí, ha restringido la entrada de vehículos a los
vecinos y servicios mediante una tarjeta magnética, ha limitado a
10 kilómetros por hora la velocidad de circulación, y ha invertido
la prioridad concediéndola a peatones y ciclistas. Este modelo debe
ampliarse en el futuro a buena parte del casco antiguo. El Primer
Programa de Medio Ambiente promete negociar con las asociaciones de
vecinos y los grupos ecologistas nuevos proyectos de pacificación
del tráfico en otros distritos, pero esa promesa aún no se ha
concretado. Mientras tanto, los intentos de peatonalizar la calle
mayor de Sarriá y otras zonas, o de ampliar las aceras creando
algunos nuevos paseos, están encontrando la oposición de pequeños
comerciantes y otros grupos defensores del automóvil. Es muy
significativo que la adhesión de Barcelona al club de Ciudades
Libres de Coches, creado en marzo de 1994 bajo los auspicios de la
Unión Europea y la red de Eurociudades, se ha hecho de forma casi
clandestina: los medios de comunicación y la inmensa mayoría de
nuestros conciudadanos ignoran aún que Barcelona pertenece al club
de Car Free Cities.
El Primer Programa de Medio Ambiente declara que el transporte
público debe adquirir la preeminencia sobre el transporte privado.
Sin embargo, la abertura de las rondas y el encarecimiento del
transporte público han provocado un aumento de la circulación en
automóvil y nuevas pérdidas en la ocupación de los transportes
colectivos. Los contenciosos entre el gobierno local, la entidad
metropolitana, el goberno autonómico y el gobierno central han
multiplicado la deuda contable del transporte público [18]. También
han bloqueado durante muchos años la integración tarifaria
intermodal de los diversos sistemas (metro, autobuses de empresas
distintas, ferrocarriles del gobierno autonómico y la red de
cercanías de los ferocarriles del Estado central), y las nuevas
inversiones para ampliar la red. La línea II del metro de Barcelona
se empezó a construir hace más de veinte años, pero sólo en 1995 se
ha conseguido inagurar un pequeño tramo después de largas protestas
y movilizaciones de los barrios sin acceso al metro.
El endeudamiento del transporte público es resultado del abandono
sufrido por todas las administraciones, que han canalizado sus
inversiones hacia las infraestructuras en favor del transporte
privado. Sin embargo, se ha intentado traspasarlo a los usuarios
con fuertes subidas reales de las tarifas [19]. Eso motivó una de las
protestas ciudadanas más importantes, convocada por las
organizaciones vecinales y sindicales, y en la que también
participó Barcelona Estalvia Energia: 150.000 viajeros entraron sin
pagar en el metro y los autobuses el 4 de marzo de 1993, como forma
de protesta a la fuerte subida de tarifas. Desde entonces las
subidas han sido algo más moderadas, y la financiación del
transporte público ha sido un tema recurrente en la vida política
local, hasta el punto de convertirse en un caballo de batalla de
las diversas candidaturas que concurrieron a las últimas elecciones
de mayo de 1995 [20].
Una de las propuestas de la Audiencia Pública que el gobierno local
incorporó al Primer Programa de Medio Ambiente fue la creación de
una Mesa Cívica de la Energía en marzo de 1995, con diversos
responsables de departamentos municipales y un representante de
Barcelona Estalvia Energia. De acuerdo con el compromiso adquirido
con la adhesión a la Declaración de Amsterdam "Ciudades para la
Protección del Clima", esta mesa debe evaluar los consumos
energéticos de la ciudad y su contribución a la contaminación
global, y proponer programas de ahorro e introducción de energías
renovables.
Se ha encargado ya un estudio de las fuentes principales que
originan la emisión de gases de efecto invernadero en Barcelona [21],
se han iniciado auditorías energéticas en edificios municipales, y
se han emprendido algunos programas de introducción de energía
solar térmica en guarderías y polideportivos municipales, y del gas
natural en la flota de autobuses. Las subvenciones y desgravaciones
fiscales ofrecidas a los particulares para restaurar las fachadas
de los edificios antes y después de los Juegos Olímpicos --programa
conocido como Barcelona ponte guapa--, se han ampliado, por fin, al
aislamiento térmico y acústico. Sin embargo, la promesa de reformar
las ordenanzas de edificación para que contemplen medidas más
efectivas de aislamiento térmico y la introducción de energías
renovables, contenida en el Primer Programa de Medio Ambiente a
propuesta de Barcelona Estalvia Energia, aún no se ha concretado.
El nuevo consistorio surgido de las últimas elecciones se ha
comporometido recientemente, en su plan cuatrienal de acción
municipal, a elaborar un plan energético global para la ciudad.
El capítulo de los residuos urbanos también registra esta
combinación de conflicto y consenso. El proyecto de
macroincineradora se ha convertido en un tema cada vez más
conflictivo, provocando una movilización creciente de la Zona
Franca y otros barrios del distrito de Sants que se ven más
directamente afectados, y a la vez son algunos de los barrios más
desatendidos por el transporte público. Sus pancartas de "Metro si,
incineradora no" salpicaron multitud de actos de los candidatos a
las últimas elecciones municipales. Significativamente, cuando el
Primer Programa de Medio Ambiente se presentó al pleno municipal de
marzo de 1994 los diversos grupos políticos que tomaron la palabra
rivalizaron entre sí para reducir el tamaño de esa incineradora (el
grupo socialista, al que pertenece el alcalde Pasqual Maragall, fue
el que se quedó defendiendo una incineradora mayor). El nuevo
gobierno de coalición formado después de las últimas elecciones
registra dos novedades: la entrada de un concejal de los Verdes
(que se presentaban en coalición con Iniciativa per Catalunya), y
una concejala del grupo nacionalista Esquerra Republicana de
Catalunya. Ambos se presentaron con programas contrarios a la
incineración de residuos sólidos urbanos.
Después de 1992 el gobierno de la ciudad, y también el gobierno
autonómico en toda Cataluña, iniciaron programas de reciclaje de
los residuos sólidos urbanos. Sin embargo, y a diferencia del
programa Residu Mínim (Residuo Mínimo) que se está aplicando en
tres poblaciones del área metropolitana, el ayuntamiento de
Barcelona no ha concertado sus primeros programas de Brossa Neta
(Basura Limpia) con nuestra plataforma ciudadana, ni con la
Plataforma Cívica para la Reducción de Residuos [22]. Por el
contrario, aceptó la financiación y los malos consejos del lobby de
empresas fabricantes de Tetrabrick (ERRA) y de una empresa como la
Coca-Cola. Cumpliendo la ley de residuos aprobada por el Parlamento
de Cataluña, los contenedores de recogida selectiva se han
extendido a casi toda la ciudad (salvo los barrios de Gràcia y el
Casco Antiguo donde las calles son muy estrechas), pero con un
modelo sumamente discutible y sin abrir ese programa a la
participación ciudadana.
Mientras se introduce un contenedor amarillo para recoger
separadamente tetrabricks y otros embases y embalajes de mucho
volumen y poco peso, cuya producción y venta debería reducirse
drásticamente, el programa sigue sin separar la fracción orgánica
ni promover plantas de compostaje que podría dar salida hasta el 45
% del peso de los residuos sólidos urbanos. Tampoco contempla
ninguna medida de reducción en origen de envases y embalajes (por
ejemplo a través de la red de mercados públicos municipales, que en
Barcelona todavía tienen un gran papel en el abastecimiento
cotidiano de productos frescos), o de integración del rastro y
otros mercados de segunda mano a circuitos de reutilización de
productos. De momento sólo existe una trapería de distrito
experimental para dar salida a los residuos domésticos más tóxicos
y voluminosos, pese a que la ley de residuos aprobada por el
Parlament de Cataluña obliga a los ayuntamientos a ofrecer estos
equipamientos a todos los ciudadanos.
Finalmente, los espacios naturales que subsisten en la conurbación
de Barcelona también son fuente de conflictos. El alcalde Pasqual
Maragall es uno de los principales promotores del proyecto de
desvío del río Llobregat para ampliar el puerto y el aeropuerto,
poniendo en peligro el equilibrio de recarga de los acuíferos y las
zonas húmedas del delta. El movimiento ecologista y la plataforma
Barcelona Estalvia Energia nos oponemos a dicho proyecto y seguimos
ofreciendo alternativas ecológicamente más sensatas [23]. El Parque
Natural de la sierra de Collserola, que cierra la ciudad de
Barcelona por el noroeste, ha sido tradicionalmente concebido por
Pasqual Maragall y sus asesores como una especie de central park
metroplitano para usos recreativos. Para los grupos ecologistas y
Barcelona Estalvia Energia, la función primordial de ese parque
natural debe ser la conservación de la biodiversidad, que puede
verse amenazada por una presión excesiva de visitantes. Resolver
ese conflicto supone ofrecer espacios libres alternativos para el
ocio dentro mismo de la ciudad. Pese al crecimiento del número de
parques, Barcelona cuenta sólo con 5 m2 de verde urbano por
habitante --la mitad de la cifra que suele recomendarse para las
ciudades europeas--, que además está muy desigualmente repartido.
Aunque los sindicatos de Parques y Jardines han pedido
reiteradamente la inclusión de un representante de Barcelona
Estalvia Energia en el Patronato de esta empresa municipal, esta
otra posibilidad de colaboración aún no ha sido abierta.
El panorama de estos últimos tres años presenta, por tanto, un
balance complejo. Se han empezado a registrar avances
significativos gracias al logro de puntos de consenso entre el
gobierno local y los interlocutores ecologistas, vecinales y
sindicales de Barcelona Estalvia Energia. Pero subsisten muchos
puntos de conflicto porque la mayor parte de la coalición que
integra ese gobierno local, y de su entorno de técnicos y asesores,
ha ido aceptando la globalización creciente de los problemas del
medio ambiente sin revisar en profundidad el modelo tradicional de
ciudad que están acostumbrados a gestionar. La ecología urbana se
ha convertido en una cuestión cada vez más presente e ineludible.
Pero el crecimiento económico, concebido con los parámetros e
indicadores tradicionales, y la competitividad para atraer
inversiones foráneas, siguen dictando las prioridades. Es muy
significativo que el Plan Estratégico de Barcelona sigue sin
incorporar de verdad el medio ambiente como un aspecto fundamental
de sus objetivos, y sin invitar a los interlocutores ecologistas al
proceso de toma de decisiones por consenso.
La disonancia entre las declaraciones de carácter ecológico, como
la reciente adhesión a la carta de Aalborg de "Ciudades y pueblos
por la Sostenibilidad", y la inercia del viejo modelo desarrollista
de ciudad, resulta cada vez más evidente [24]. La evolución futura
depende de ese conflicto entre lo viejo y lo nuevo. Depende, por un
lado, de hasta qué punto la nueva coalición "rojiverde", que por
vez primera incorpora a un concejal de los Verdes al que se ha
encargado un nuevo ámbito que se llama "Ciudad Sostenible", sea
capaz de desarrollar una política coherente encaminada hacia una
nueva dirección. Depende igualmente de la capacidad del tejido
asociativo ecologista, vecinal y sindical para impulsar desde la
sociedad civil ese cambio de rumbo, sabiendo trabajar con
inteligencia tanto desde el conflicto como con el consenso. Y, por
último, también depende de la actitud de los otros gobiernos y de
los otros interlocutores sociales que por regla general presionan
a favor de la conservación del viejo modelo desarrollista.
El resultado de actuar unilateralmente en la ciudad es la
amputación del propio ciudadano o ciudadana. Ésa es la razón
que nos impulsa --no sin contradicciones-- a encarar desde el
ecologismo los problemas económicos y sociales, a integrar
desde el sindicalismo la experiencia del trabajo en el
entorno, a incorporar desde el movimiento vecinal nuevas
dimensiones al concepto de calidad de vida. Por eso iniciamos
hoy un debate ciudadano sobre ecología urbana, con una
perspectiva integradora y poniendo en el centro las
necesidades de todas las personas."
Cuando seis representantes de nuestra plataforma acudimos en junio
de 1994 a la conferencia de Manchester sobre Ciudades y Desarrollo
Sostenible pudimos comprobar que nuestra forma de organizar ese
sujeto social colectivo en favor de otro modelo de ciudad era
bastante anómala, respecto a las formas habituales en las demás
ciudades europeas o del Norte desarrollado. En cambio, resultaba
muy familiar a los representantes de organizaciones ciudadanas de
países del Sur. En el Norte lo habitual es que las organizaciones
ecologistas, las organizaciones vecinales (allí donde aún existen)
y los sindicatos se muevan cada uno por su lado en compartimentos
estancos. Cada cual se organiza en función de sus centros de
interés para establecer su propio diálogo --y si llega el caso su
propio proceso de partnership-- con los gobiernos o con otros
interlocutores.
A nuestro entender esa dinámica favorece tres rasgos que no nos
gustan: la tendencia a los movimientos de un sólo asunto, la
tendencia a que tales movimientos de un sólo asunto se organicen
como lobbies de presión separados unos de otros, y la tendencia a
que los procesos de negociación en la toma de decisiones se hagan
cada vez más opacos y distantes del común de los ciudadanos. Puede
que esos rasgos de la institucionalización de los movimientos
sociales del Norte tengan su razón de ser cuando se trata de
acceder a centros tan alejados como la Unión Europea o los grandes
ministerios de los gobiernos de cada Estado. Aún así, esa dinámica
nos parece discutible y problemática desde el punto de vista
democrático. Pero nos parece especialmente inadecuada para
auspiciar un cambio hacia la sostenibilidad de las ciudades, donde
la vida política debería estar más cerca de los ciudadanos, y donde
separar los problemas que afectan a su vida cotidiana en
compartimentos estancos resulta aún más artificial [26].
Organizarse como grupo de presión de un solo asunto comporta además
un problema práctico adicional para encontrar el rumbo hacia
ciudades sostenibles: convierte a los gobiernos en árbitros de una
resultante de fuerzas contrapuestas que presionan en sentidos
opuestos. Sin embargo, la supuesta función árbitral de los
gobiernos dista mucho de ser neutral. Sempre estará sesgada por las
opciones y prioridades de los grupos políticos que forman ese
gobierno, y por aquellos lobbies que tengan un mayor poder de
presión. Por ese camino pueden conseguirse algunos resultados
parciales correctores del modelo desarrollista --tal como muestra
el caso de Barcelona hasta la fecha--, pero nunca cambiar el modelo
mismo en profundidad. Dicho de otro modo, para que el desarrollo
sostenible pueda convertirse en algo más que un recurso retórico o
una mera suavización subalterna del modelo desarrollista, es
necesario contraponer una mayoría social amplia y articulada al
poder económico real que se oculta en los pasillos y las audiencias
privadas. La alternativa a un modelo tecnocrático de gestión, en el
que todos los grupos de presión actúan a puerta cerrada, es un
modelo de democracia participativa.
La apuesta de Barcelona Estalvia Energia es una apuesta por esa
democracia participativa. Cabe preguntarse, sin embargo, si no nos
hemos convertido en una variante más de los grupos de presión. Está
claro que no somos un lobby homogéneo, de los que se organizan para
lograr un solo asunto. ¿No nos habremos convertido sin embargo en
una coalición de organizaciones que actúa como una especie de lobby
común? Nuestro discurso no es el de un grupo de presión
circunstancial. Intentamos perfilar un camino hacia una ciudad
justa y sostenible contemplando a la vez la multidimensionalidad
del fenómeno urbano. Ésa es la gran ventaja de sentarse a trabajar
juntos diversos grupos ecologistas con miembros de las asociaciones
de vecinos y de los sindicatos. Nuestras propuestas buscan utilizar
todos los mecanismos existentes de democracia directa --audiencias
públicas, referéndums--, y desarrollar otros espacios de
participación ciudadana y cogestión.
Las iniciativas de Barcelona Estalvia Energia han llegado a los
ciudadanos a través de los medios de comunicación habituales. Pero
también se han expresado a través de los canales propios de los
sindicatos y de las asociaciones de vecinos. Publicaciones como La
Veu del Carrer [27] y Ona sindical, que se han hecho eco
reiteradamente de nuestras propuestas, llegan mensualmente a los
48.000 socios y socias de las asociaciones de vecinos, y a los
54.000 afiliados al sindicato Comisiones Obreras residentes en
Barcelona. De esa forma la cultura ecologista va entrando en
círculos mucho más amplios que el de los grupos ecologistas, y a la
vez se enriquece al acercarse a otras problemas y realidades
sociales. Sin embargo, también hemos podido comprobar que la
incorporación activa al proyecto de una ciudad ecológica de esa red
de afiliados a los sindicatos y las asociaciones de vecinos no es
una tarea fácil, ni puede estar exenta de conflictos. Por eso, una
de nuestras prioridades actuales es descentralizar a los consejos
de distrito el proceso de negociación con el ayuntamiento de
cuestiones como la pacificación del tráfico, la ampliación de
espacios peatonales o la selección de residuos, para ofrecer
mayores espacios de participación a los grupos y asociaciones de
cada barrio.
Una contribución importante para evitar eso es empezar a establecer
criterios normativos e indicadores fiables que midan de forma
concreta la evolución real de algo tan complejo como la
sostenibilidad ecológica de una ciudad. La dificultad principal no
estriba en disponer de un panel de indicadores alternativo, que
midan por el método de aproximaciones sucesivas si una ciudad se
acerca o se aleja de los criterios de sostenibilidad. En ese plano
el principal obstáculo reside en el dominio casi absoluto que hoy
ejercen los indicadores económicos convencionales, y en especial la
primacía atribuída a la evolución del producto interior bruto como
guarismo del bienestar universal.
Por eso nos parece de gran interés la elaboración de indicadores de
sostenibilidad iniciada por un Panel Cívico en la ciudad de
Seattle, en los Estados Unidos, y por la New Economics Foundation
junto a diversas ciudades de Gran Bretaña, entre otros lugares [28].
Los miembros de Barcelona Estalvia Energia que acudimos a la
conferencia de Manchester sobre Ciudades y Desarrollo Sostenible
pudimos entrar en contacto directo con la experiencia de Seattle,
y hemos propuesto a diversos expertos y activistas sociales en
campos muy diversos la puesta en marcha de un proyecto similar para
Barcelona. Deliberadamente quisimos que ese Forum Cívico "Barcelona
Sostenible", cuya tarea es medir el estado ambiental y social de
nuestra ciudad, fuera a la vez más amplio y distinto que Barcelona
Estalvia Energia.
Barcelona Estalvia Energia está inmersa de lleno en el conflicto
ambiental y en los procesos de negociación en los que a veces se
puede alcanzar un consenso parcial. No queremos que los indicadores
de sostenibilidad se conviertan en otro terreno de conflicto. Ésa
es una tarea que para ser efectiva debe conseguirse por un
amplísimo consenso, de modo que podamos coincidir en el uso de unos
mismos indicadores personas o grupos que luego discrepamos sobre
las políticas más adecuadas para que tales indicadores se muevan lo
más rápidamente posible hacia la sostenibilidad. El Forum Cívico
Barcelona Sostenible, en el que todo el mundo participa a título
estrictamente individual, comenzó a trabajar en junio de 1995.
De nuevo salta la pregunta: ¿inflación de retórica o verdadero
cambio de rumbo? La respuesta es, probablemente, ambas cosas. Por
una parte, la globalización económica y la mundialización de los
problemas tiende a alejar cada vez más del alcance de los
ciudadanos los verdaderos centros de decisión importantes. A la
vez, sin embargo, la magnitud de los retos ambientales y sociales
es de tal envergadura, y las transformaciones que demandan son de
tal calado, que las propias formas de gobernabilidad tradicionales
quedan en entredicho [30]. Incluso si las dinámicas tecnocráticas
convierten en retórica vacía tales declaraciones rubricadas por los
gobiernos, su mera existencia se convierte en una nueva fuente de
legitimación para los movimientos populares, ciudadanos y
ecologistas de todo el mundo que pueden invocarlos.
Conviene no pasar por alto que --por lo menos sobre el papel-- la
asociación cada vez más íntima entre las nociones de desarrollo
sostenible, gestión planificada de los recursos comunes, y
democracia participativa, constituye una combinación francamente
disfuncional a las dinámicas conservadoras del sistema hoy
dominantes. Mientras la reacción neoliberal canta las excelencias
del mercado y da por enterrada cualquier veleidad de planificación
que no sea la de las propias empresas multinacionales sobre dicho
mercado, las tareas que se desprenden de la Agenda 21 ponen de
nuevo sobre la mesa la necesidad de una planificación democrática
de las ciudades, de sus recursos y de su economía. Cuando el
neoliberalismo de este fin de siglo promueve sin complejos el
vaciado de contenido real de la democracia representativa
parlamentaria, el avance real de los procesos iniciados en la
Cumbre de la Tierra dependen cada vez más de su arraigo ciudadano
a través del redescubrimiento de la democracia participativa que
siempre han reclamado los movimientos sociales alternativos.
Los movimientos ecologistas de todo el mundo somos impulsores de
una nueva democracia económico-ecológica para el siglo XXI, que
rompa los diques de contención erigidos por el viejo liberalismo
entre la esfera pública representativa y la esfera privada del
mercado, en el mismo sentido que el cartismo obrero y el sufragismo
feminista fueron portadores de la democracia de los siglos XIX y
XX. Debemos reclamar y desarrollar a fondo los procedimientos de
consulta, partnership y consenso propios de la democracia
participativa que se invocan en los grandes tratados mundiales
sobre el medio ambiente. Pero al entrar en ellos debemos recordar
siempre que sin conflicto no ha habido ni habrá nunca
transformación social alguna. Por eso es tan urgante para el
movimiento ecologista profundizar en la cultura política de la
noviolencia, que desarrolla la lógica del conflicto y el pacto como
dos formas de un mismo proceso de transformación. Espero que la
pequeña y aún incipiente experiencia de Barcelona Estalvia Energia
contribuya también a esa tarea.
Barcelona, diciembre de 1995
Fecha de referencia: 30-11-1997
J. Martínez Alier (1992): "Urbanismo y ecología en Barcelona", en
'De la economía ecológica al ecologismo popular', Icaria,
Barcelona, pp. 139-160; (1991): "La Barcelona olímpica" (, Ecología
Política, vol. 2, pp. 101-107)
E. Tello (1994): "Barcelona 94: de la especulación olímpica a la
incoherencia ecológica"
(Gaia, vol. 5, pp. 29-31.)
A. Recio (1993): "Movimiento urbano, ecología e intereses sociales:
experiencias de la Barcelona postolímpica"
(Mientras tanto, vol. 54, pp. 15-28.)
A. Montserrat i Moliner (1986): "El finançament
olímpic i la Gran Barcelona" (, en J. Codina (ed.), 'El Baix
Llobregat i els Jocs Olímpics 92', Centre d'Estudis Comarcals del
Baix Llobregat, Martorell, pp. 52-61. Véase también, en el mismo
volumen pp. 28-30, el premonitorio escepticismo del ecólogo Ramon
Margalef sobre la gran operación olímpica:) R. Margalef "Jocs
Olímpics i ecologia".
A. Recio (1990): "Especulación en la Barcelona Olímpica"
(Mientras tanto, 43, 1990, pp. 8-12)
E. Moreno y M. Vázquez Montalbán (1991): Barcelona, cap a on vas?
(El Triangle, Barcelona.)
A. Recio "Movimiento urbano, ecología e intereses sociales:
experiencias de la Barcelona postolímpica"
(Op. cit., p. 19)
Sobre continuidades y discontinuidades de la Barcelona de hoy con
la de Porcioles:
J. A. Estévez (1993): "Barcelona, ¡dónde has llegado!"
(Mientras tanto, 55, pp. 27-31, y AA.VV.)
J. A. Estévez (1992): "La Barcelona de Maragall"
(La Veu del Carrer, 10/11.)
FAVB(1991): "Cotxe-ciutat"
(En AA.VV., 'La Barcelona dels barris', FAVB/Generalitat de
Catalunya, Barcelona, pp. 153-161.)
Acció Ecologista (1992): Algunes dades sobre l'ecologia de la ciutat
de Barcelona
(AE/FAVB/USCOB, Barcelona.)
E. Tello "Ciudades sostenibles: una cambio de rumbo"
(Mientras tanto, n. 64.)
I. Pérez Arnal (1993): "Els immaterials"
(En 'Barcelona 1993', Quaderns d'Arquitectura i Urbanisme, 187, pp.
20-29.)
J. Ll. Mateo "El Vallès, nou territori" y R. Barba y R. Pié "El
Vallès, suburbi-corredor-perifèria", (1993) (, ambos en 'Barcelona
1993', Quaderns d'Arquitectura i Urbanisme, vol. 187, pp. 103-129.)
E. Tello "Barcelona 94: de la especulación olímpica a la
incoherencia ecológica" (, op. cit;) "Ciudades sostenibles: un cambio
de rumbo" (, op. cit.)
J. Carrera y J. Maluquer (1995): "El Plan de Infraestructuras del
Delta del Llobregat"
(Gaia, 9, pp. 36-43.)
T. Marshall (1994): "Barcelona and the Delta: Metroplitan
Infraestructure Planning and Socio-ecological Projects" (
Journal of Environmental Planning and Management, vol. 37 n. 4, pp.
395-414.)
Barcelona Estalvia Energia (1993): "Barcelona Estalvia Energía: ¿Un
giro en la política ecológica municipal?"
(Mientras tanto, 54, pp. 109-116.)
Acció Ecologista (1993): "Barcelona Estalvia Energia: primer balance
de una experiencia de ecología urbana"
(En pie de paz, 27, pp. 47-52.)
Barcelona Estalvia Energia (1993): "Barcelona Estalvia Energía: ¿Un
giro en la política ecológica municipal?"
Mientras tanto, 54, pp. 114-115.
Barcelona Estalvia Energia (1994): "Declaración de Barcelona
Estalvia Energia con motivo del primer programa de actuación del
ayuntamiento dedicado al medio ambiente"
(Mientras tanto, 58, pp. 121-130.)
A. Recio y E. Tello (1993): "Costes privados del transporte público,
costes públicos del transporte privado: un problema de modelo de
ciudad"
(Mientras tanto, 53, pp. 9-15.)
J. M. Naredo y L. F. Sánchez Ortiz (1994): "Las paradojas del
automóvil"
(Archipiélago, 18/19, pp. 81-96.)
FAVB (1995: "Les primeres mesures que els barris exigim" (, publicadas en el número extraordinario de 'La Veu del Carrer' dedicado a las elecciones municipales (n. 31-32, pp. 16-17). En el tramo final de la campaña el PSC llegó a desplegar en diversos puntos de la ciudad pancartas con la firma de Pasqual Maragall que rezaban: "aquí se abrirá una boca del metro".)
E. Tello "Factores del cambio de modelo energético en la ciudad:
el caso de Barcelona" (, op. cit.)
J. Carrera y J. Maluquer "El Plan de Infraestructuras del Delta
del Llobregat" (, op. cit.)
D. Eritja (1994): " Un barniz verde para el Ayuntamiento de
Barcelona. Recapitulación después del Pleno de Medio Ambiente, y
plan de trabajo de los colectivos de Barcelona Estalvia Energia"
(En Pie de Paz, 33, pp. 39-42.)
"Barcelona Estalvia Energía: ¿Un giro en la política ecológica
municipal?" (, doc. cit., pp. 110-111.)
D. Eritja " Un barniz verde para el Ayuntamiento de Barcelona. Recapitulación después del Pleno de Medio Ambiente, y plan de trabajo de los colectivos de Barcelona Estalvia Energia" (, op. cit., p. 42.)
Barcelona Estalvia Energia (1993): "Com estalviar energia"
(La Veu del Carrer, 12, pp. 9-12.)
E. Tello (1994): "L'ecologia arriba a l'Ajuntament"
(La Veu del Carrer, 21, p. 3.)
FAVB "Les primeres mesures que els barris exigim" ( (pp. 16-17);
junto con los artículos de ) M. Andreu "Vianants: una espècie que ha
de sobreviure" ( (pp. 4-5);) M. Bach "Pedalejant per Barcelona" ( (pp.
4-5) y) E. Tello "Barcelona: ciutat, ecologia, ciutadania" ((pp.
8-9) a La Veu del Carrer, 31-32) , (1995).
La revista de CCOO del Barcelonès, L'Ona sindical, tiene desde los
inicios de Barcelona Estalvia Energia una sección fija sobre
ecología urbana que ha ido dando puntual cuenta de las actividades
de la plataforma.
The Sustainable Seattle (1993): Inicators of Sustainable Communty
Seattle ()
Local Agenda 21 UK (1994): Sustainable Indicators Research Project
(UNA-UK/The New Economics Foundation/The Local Government Management
Board, Londres.)
D. Karanjac "Guidelines for Partnership between
Public Authorities and NGO in the context of Local Agenda 21" (,
ponencia presentada a la Conferencia sobre la cooperación entre
poderes públicos y ONGs organizada por la Oficina Europea del Medio
Ambiente (European Environmental Bureau) en Valencia los días) ( 6 y
7 de noviembre de 1995.)
A. King y B. Schneider (1991), ( informe al Club de Roma titulado
precisamente) La primera revolución mundial (, Plaza y Janés,
Barcelona.)
| Boletín CF+S > 3 -- Especial sobre PARTICIPACIÓN SOCIAL > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n3/a1etel.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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