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Boletín CF+S > 27: El Plan Hidrológico español: un estudio de caso > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n27/aaest2.html   
La princesa sin agua [1]
Antonio Estevan[2]
Ondara (España), noviembre de 2003.

Hay un componente atávico en la necesidad de preocuparnos por el agua. La obsesión por el agua cercana y segura ha acompañado a la humanidad en toda su historia, en todos los continentes y en todos los climas. A menudo intentamos olvidarlo, o incluso negarlo, imaginando épocas doradas en las que el agua fluía, cristalina y abundante, sin esfuerzo humano y al alcance de todos. Pero en la historia de la humanidad, esos paraísos acuáticos sólo han existido en contadas ocasiones y lugares, y su disfrute ha estado casi siempre limitado a los ricos y los poderosos.

Las leyendas y los mitos acuáticos ligados a la necesidad de asegurarse el agua se repiten en todas las culturas. Un brillante ensayo presentado hace algunos años en un congreso de antropología en Granada, paraíso acuático por excelencia, rastreaba a través de la historia la leyenda de la princesa de la ciudad sin agua, que promete su mano a aquel de sus pretendientes que antes sea capaz de construir el acueducto que asegurará para siempre la abundancia de agua, primero para ella y su palacio, y luego también para su pueblo (Delpech, 1995).

Bajo distintas versiones y con distintos pretendientes constructores (héroes, magos, diablos...) la leyenda aparece una y otra vez en las cuatro esquinas del planeta. Se la encuentra bien definida en culturas tan dispares como el Al-Andalus árabe o la Renania medieval, con claros antecedentes comunes en leyendas muy anteriores de la cultura fenicia y otras culturas mediterráneas, y éstas a su vez con la legendaria reina Semíramis de las culturas babilónicas y asirias, protoimpulsora de la irrigación y el dominio del agua. Y, enigmáticamente, también aparece en el Imperio Inca y en otras culturas americanas precolombinas, supuestamente aisladas de las culturas del viejo continente.

Rastreando hacia la noche de los tiempos para intentar resolver el enigma, Delpech hallaba indicios de la existencia en Asia Central, en oscuras épocas pre-indoeuropeas, de un misterioso culto a la diosa Shimaliya, dueña de las cumbres nevadas, que enviaba desde las altas cimas el agua para beber y regar. Posiblemente los primeros pobladores americanos procedentes de Asia llevaron consigo esta leyenda primigenia. Las sucesivas princesas sin agua americanas y euroasiáticas serían producto de la difusión y evolución universal del mito arcaico de la divinidad femenina fundadora, civilizadora y constructora, que dominando el agua hace posible la agricultura estable y el asentamiento en la ciudad.

Ni siquiera el triunfo de la Razón Ilustrada en el Siglo XVIII acabó con este encadenamiento histórico de mitologías hidráulicas. La Ilustración, y su hija la Revolución Industrial, continuaron intentando ofrecer, entre otras muchas ilusiones, la de conseguir la eterna abundancia de agua en los campos y en las ciudades. En lugar de recurrir a diosas acuáticas, reinas legendarias o princesas seductoras de héroes, encomendaron la tarea a La Ciencia y La Técnica, los grandes mitos modernos que, por cierto, también fueron y siguen siendo representados mediante figuras femeninas. Durante algún tiempo, y gracias al esforzado trabajo de estas nuevas diosas, el sueño de la eterna abundancia del agua pareció hacerse realidad. Pero ya se está comprobando que, como todo sueño, el agua ilimitada no va a ser más que un breve paréntesis (limitado a unos pocos países durante unas pocas generaciones) en la terca historia de la escasez del agua.

Pese a los malos augurios acuáticos que últimamente se vislumbran, nuestra época sigue sin resignarse a abandonar la ilusión de la abundancia de agua. La humanidad ya no puede confiar en ninguna de las antiguas diosas, ni siquiera en la Técnica Hidráulica, cuyo ingenio sirve cada vez menos según se va agotando la materia prima con la que trabajaba, esto es, los recursos naturales de agua. Llega el momento, por tanto, de la aparición de nuevas diosas acuáticas. No hay más que estar atento a la actualidad para comprobar el ascenso meteórico de una nueva deidad acuática, poderosa y deslumbrante: la Desalación.

La nueva diosa emerge de los mares, como una Venus Desaladora, ofreciendo agua infinita a los pueblos costeros, siempre resecos de sol y de sal. Y acostumbra a cumplir fielmente sus promesas, a condición de que los humanos le paguen los tributos que reclama, cuantiosos pero llevaderos, en forma de energía y de dinero. Por eso, no es de extrañar que esté concitando la adhesión de crecientes círculos de admiradores que se inclinan a sus pies...y también el recelo de los viejos héroes, magos y diablos constructores de acueductos, que temen que su estrella decline para siempre.

Pero contra lo que algunos de sus más devotos fieles parecen creer, el reinado de esta nueva diosa no será más que otro episodio en el eterno sueño del agua ilimitada. Ahora, igual que siempre, la historia va deprisa, y no tardará en comprobarse que, como ya les ocurrió a la diosa Shimaliya, a la reina Semíramis, a las Princesas sin Agua y a la Técnica Hidráulica, tampoco la Desalación, ni los mitos acuáticos que vendrán en los siglos venideros, podrán calmar la sed de la humanidad.

Aristóteles ya señaló que el apetito de los seres humanos es insaciable, y probablemente no consideró necesario añadir que la sed también lo es. Tanto él, como Buda y otros grandes pensadores de la antigüedad, descubrieron tempranamente que la escasez, y el sufrimiento que a ella se le asocia, son casi siempre un problema de relación entre medios y fines, entre recursos y deseos. Los deseos del ser humano son infinitos, pero los recursos nunca pueden serlo en el mundo real. Sólo lo son en los reinos legendarios que los seres humanos necesitamos idear para intentar escapar de nuestras limitaciones, ya sean acuáticas, aéreas, o terrenales.

Referencias Bibliográficas

Delpech, François  (1995)   Mujeres, canales y acueductos: contribución para una mitología hidráulica,   El agua: mitos, ritos y realidades; coords. J.A. González y A. Malpica, ed. Anthropos. Barcelona 

Notas


[1]: Publicado en El País - Comunidad Valenciana, 3 de Noviembre de 2003
[2]: consultor ambiental y miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua


Edición del 1-9-2004
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