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Boletín CF+S > 26: Ivan Illich > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n26/aiill2.html   
La pérdida del mundo y de la carne [1]
Ivan Illich
Bremen (Alemania), 5 de diciembre de 2002.

La perte du monde et de la chair

Verlust von welt und fleisch
The loss of world and flesh
La perdita del mondo e della carne

En otro tiempo, al morir, se abandonaba el mundo. Pero hasta entonces, se había estado en él. Ambos pertenecemos a la generación de aquellos que aún habían «llegado al mundo» y que a pesar de ello viven ahora bajo la amenaza de morir sin suelo[2]. Al contrario que los miembros de todas las otras generaciones, hemos vivido la ruptura con el mundo.

El renunciante[3] tomaba el báculo de peregrino y echaba a andar hacia Santiago de Compostela. Podía pedir stabilitas[4] en la puerta de un monasterio o juntarse con los leprosos.

En el mundo ruso, como en el mundo griego, existía la posibilidad de volverse, no monje, sino loco y de vivir de gorra haciendo de bufón en el atrio de la iglesia con los mendigos y los perros. Pero incluso para estos fugitivos extremos del mundo, éste era siempre el marco sensorial de su existencia pasajera. El mundo seguía siendo una tentación, precisamente para aquel que pretendía renunciar a él. La mayor parte de los que pretendían abandonar el mundo se sorprendían a sí mismos haciendo trampas. La historia de la tradición ascética cristiana es la de un heroico intento de honestidad en la renuncia a un mundo al cual cada fibra del asceta quedaba pegada. A la hora de sentir que moría, mi tío Alberto pidió que le sirvieran el VinSanto puesto en botella el año de su nacimiento.

Hoy, es distinto. La historia bimilenaria de la Europa cristiana pertenece al pasado. Aquel mundo en el cual aún nació nuestra generación se esfumó. Se ha vuelto impalpable, no solamente para los más jóvenes, sino también para nosotros, los viejos. Por cierto, los ancianos siempre se han acordado de mejores tiempos, pero no es razón suficiente, para nosotros que estábamos aquí antes de los regímenes de Stalin, de Roosevelt, de Hitler y de Franco, para olvidar la despedida que hemos vivido.

Recuerdo el día en que envejecí de golpe para siempre. Nunca olvidaré las negras nubes de marzo en el sol del atardecer, ni los viñedos de la Sammerheide entre Pötzleinsdorf y Salmannsdorf cerca de Viena, dos días antes del Anschluss (annexión de Austria por Hitler). Hasta ese momento me había parecido evidente que un día engendraría hijos para habitar la vieja torre familiar en aquella isla dálmata. Desde ese paseo solitario, me pareció imposible. El desempotramiento[5] del cuerpo fuera de la trama de la historia lo viví a la edad de doce años, aún antes de que la orden de gasear a los locos del Reich viniera de Berlín.

El poder hablar juntos de esta ruptura en la experiencia del mundo y de la muerte es un privilegio de la generación que conoció el antes. Hellmut, creo que me dirijo a alguien que sabe de qué hablo. El destino hizo de mi, muy joven, el colega, el consejero y el amigo de mujeres y hombres nacidos varios decenios antes que yo. Aprendí así a dejarme edificar y formar por gente que era demasiado vieja para haber podido conocer esta experiencia de desencarnación. Por otra parte, nuestros alumnos son todos hijos de la época de después de Guernica, Leipzig, Belsen y Los Álamos. El genocidio y el proyecto Genoma, la muerte de los bosques y la hidroponía, el injerto cardiaco y el medicidio pagado por la Seguridad Social son igualmente insípidos, inodoros, inasequibles y exteriores al mundo.

La parodia de fiestas del Adviento en torno al cadáver de Erlangen[6] celebra la inhumanidad de un mundo privado de suelo[7]. Nosotros, que somos lo suficientemente viejos y lo suficientemente jóvenes por haber vivido el fin de la naturaleza y el fin de un mundo en armonía con los sentidos, deberíamos ser capaces de morir como ningún otro.

Lo que fue puede recaer en polvo. Lo pasado puede ser recordado. Paul Celan[8] sabía que, del mundo que hemos conocido, sólo queda humo. La aparición del virtual drive de las computadoras me proporcionó un emblema para un modo de ser-borrado-para-siempre comparable al desvanecimiento del mundo y de la carne. La adhesión háptica al mundo[9] no yace enterrada bajo capas de escombros en las profundidades del suelo. Desapareció, como una línea borrada de la computadora.

Por eso, nosotros los setentones somos testigos únicos que guardamos en la memoria, no sólo nombres, sino también modos de percibir que ya nadie conoce. Sin embargo, muchos de aquellos que vivieron la ruptura fueron quebrados ellos mismos. Conozco a algunos que han roto voluntariamente el hilo que los enlazaba a la existencia de antes de la bomba atómica, de Auschwitz y del SIDA. A medio camino de su existencia, se han transformado hasta el tuétano en viejos verdes (en español en el original) que se comportan como si aún pudiera haber padres en un Sistema a punto de volverse un show realizable[10]. Lo que en el Tercer Reich era todavía propaganda y podía ser arañado por el rumor público, se vende hoy como menú de computadora o como seguro, como consulta a los estudiantes, trabajo de luto[11], terapias anticancerosas o terapia de grupo para los que quedan. Nosotros, los viejos, pertenecemos a la generación de los pioneros de este sinsentido. Somos los sobrevivientes de la generación por culpa de la cual el Desarrollo, la Comunicación y los Servicios se han convertido en necesidades universales. La desencarnación enajenante, la pérdida de los sentidos, que es pérdida del mundo[12], y la impotencia programada que hemos propagado son abominaciones. Rebasan en profundidad y en altura las masas de desechos que las nuevas generaciones acumulan en las entrañas de la tierra y lanzan a la atmósfera. Ya desempeñábamos puestos clave cuando la televisión escamotéo lo cotidiano. En cuanto a mí, me prodigué para asegurar que, ventee o llueva, los programas educativos de la radio universitaria sean recibidos en cada pueblo de Puerto Rico. Para entonces, ignoraba aún cuánto iba a reducir esto el radio de los sentidos y a atascar el horizonte. No podía adivinar que pronto, los pronósticos meteorológicos televisados de la noche iban a desteñir sobre la primera mirada matutina por la ventana. Durante varios decenios, traté a la ligera, sin escandalizarme, abstracciones engañosas como «mil millones de seres humanos en una campana de Gauss». Desde el mes de enero de este año, mis cuentas bancarias me llegan ornamentadas con diagramas en columnas para permitirme comparar de una sola mirada mis gastos de escritorio con mis egresos de cantina. Centenas de minúsculas informaciones, amabilidades administrativas y consejos profesionales que se quieren congraciar conmigo reinterpretan mi condicio humana. Hellmut, cuando, hace más de veinte años, tú y yo hablábamos del tema de la educación a perpetuidad, no me podía imaginar cuán insidiosamente - smooth and slick - el proyecto educativo iba a permear la vida cotidiana.

La realidad sensorial está cada vez más recubierta por mandos programados de ver, oír, saborear. La educación para la supervivencia en un mundo artificial[13] empieza en los primeros libros de texto escolares, cuyos escritos se reducen a ser modos de empleo de recuadros gráficos y termina en la dócil aceptación por los moribundos de no juzgar su estado más que por los resultados de las pruebas de laboratorio. Entidades abstractas alborotadoras y colonizadoras del alma han recubierto la percepción del mundo como un acolchado de plástico. Lo noto cuando hablo de la resurrección de los muertos con jóvenes: su dificultad no viene de una falta de confianza, sino del carácter desencarnado de sus percepciones, en un modo de vida en constante distracción de la carne.

En un mundo hostil a la muerte, tú y yo ya no nos preparamos a que «la muerte nos recoja», pero sí, todavía, a una muerte intransitiva [14] . En la ocasión de tu septuagésimo aniversario, celebremos la amistad que nos permite alabar a Dios por la realidad sensible del mundo a través de nuestra despedida de éste.


Notas


[1]: Este bello texto de Ivan Illich sobre la muerte era originalmente una carta de aniversario a su amigo Hellmut Becker, director del Instituto Max Plank para la Investigación en Educación de Berlín. Se leyó en el entierro de Ivan Illich en Bremen, el 5 de diciembre de 2002. La revista Freitag de esta ciudad la publicó en su edición del 13 de diciembre de 2002.

Publicación en alemán:

Illich, Ivan  (1993)   «Welt - abhanden»,   Lust und Last der Aufklärung. Ein Buch zum 80. Geburtstag von Hellmut Becker, Gerold Becker et Jürgen Zimmer (Hg.), Basel: Beltz Verlag, S. 76-79 
Ivan Illich  (2002)   «Verlust von Welt und Fleisch»,   Freitag, 51, 13-12-2002, S. 18. 

[Las notas al pie corresponden a la traducción realizada por Valentina Borremans y Jean Robert (amigo íntimo y colaborador de Illich). N. de E.]
[2]: Bodenlos: literalmente, sin suelo, sin fondo como se dice de un abismo.
[3]: Aussteiger, del verbo aussteigen, salir, bajar, por ejemplo de un tren: aquel que «sale del siglo» a la manera de los monjes medievales o renuncia al mundo como los sanyasis de India. Cf Weltflüchtling: el que huye el mundo.
[4]: Stabilitas: allusión al concepto medieval de peregrinatio in stabilitate.
[5]: Ausbettung: una palabra que se buscaría en vano en un diccionario. Intento de encontrar un equivalente alemán a la palabra inglesa disembedding acuñada por Karl Polanyi, autor de La Gran Transformación, del cual Ivan es en cierta medida el alumno. En su magnífico prefacio a La Grande Transformation, Louis Dumont propone las traducciones «desincrustación», «desencastramiento», «desempotramiento».
[6]: Die Adsventsfeier um die Erlanger Leiche: allusión a un hecho siniestro: en 1991 o 1992, en la ciudad de Erlangen, una mujer embarazada sufrió un accidente que la dejó en estado de muerte cerebral. Los médicos quisieron llevar a término el embarazo de este cadáver conectado a una máquina de supervivencia artificial. Por su lado, los periodistas transformaron la espera en grotesco Adviento mediático. El fruto de las entrañas de la muerta nació muerto.
[7]: Der weltlose Unmensch: el inhumano sin mundo; la expresión no deja de evocar el diccionario del ‘Unmensch’, pequeño manual de desnazificación del idioma alemán contra el cual Paul Celan protestó con toda su fuerza poética.
[8]: Paul Celan (anagrama de su verdadero nombre), nacido en Cernowicz en Bukarina en una familia judía que había conservado piadosamente el alemán clásico. Profesor de instituto en Francia, Celan renovaba de noche la poesía alemana.
[9]: Die Welthafte an der Welt: propongo «adhesión háptica al mundo», en parte seducido por la proximidad etimológica de haften (del alemán: estar pegado, ser inherente a) y de haptein (del griego clásico: tocar, unir, crear una relación, un vínculo para curar, retornar a la integridad).
[10]: Das «zur machbaren Show gewordene System»: alusión a la idea de los «regímenes escópicos»: desde William Hunter, el mundo moderno habría abandonado los regímenes escópicos de la imagen y habría entrado al régimen escópico del show. Por otra parte, el mundo de la tecnología, dominado hasta fechas recientes por los profesionales, se estaría transmutando en Sistema, en el cual los «gentiles consejeros» y los «gentiles facilitadores» se encargarían de transformarte dulcemente en subsistema administrable. Cuando murió Ivan, Sajay, Silja y otros trabajábamos sobre el tema de esta transición de la edad de la tecnología a la época de los sistemas. La expresión comentada aquí condensa las dos ideas.
[11]: Trauerarbeit: un ejemplo de aquella «criminalidad lingüística» que Ivan practicaba a veces. «Trabajo de luto» es una pobre traducción. En inglés existe el monstruoso «bereavement counselor», el professional del luto. Hay aquí un dejo de ironía hacia la Sra Kübler-Ross. Otro acto de «criminalidad lingüística» consistió en revelar la proximidad etimológica de krieg, la guerra y de kriegen, recibir. Dando un salto sobre la barrera de las lenguas, se podría decir: «the go-getter is ‘ein Krieger’». El «trabajo de luto» es un espécimen de trabajo fantasma.
[12]: Die weltenfremdende Entsinnlichung: la pérdida de los sentidos y del sentido que enajena del mundo.
[13]: Die Erziehung zum unwirklichen Machwerk: la educación de la cosa hecha irreal, es decir de los productos de la factibilidad técnica ilimitada.
[14]: Der intransitive Tod: caminar es el ejemplo de un verbo intransitivo: no admite complemento directo, no puedo «ser caminado». Al contrario, transportar es el ejemplo de un verbo transitivo. ¿Morir es intransitivo o transitivo?


Edición del 21-06-2004
Traducción del alemán: Valentina Borremans
Jean Robert

Revisión: Natalia Rieznik Lamana
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