Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 25: Cuarto Catálogo Español de Buenas Prácticas > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n25/amcle.html   
La dimensión psicológica y social, clave de las nuevas prácticas de intervención con asentamientos humanos
Miguel Clemente
A Coruña (España), 2002.

Inútilmente, magnánimo Kublai, intentaré describirte Zaira, la ciudad de los altos bastiones. Podría decirte de cuántos peldaños son sus calles en escalera, de qué tipo los arcos de sus soportales, qué chapas de zinc cubren los tejados; pero ya sé que sería como no decirte nada. La ciudad no está hecha de esto, sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia del suelo de una farola y los pies colgantes de un usurpador ahorcado; el hilo tendido desde la farola hasta la barandilla de enfrente y las guirnaldas que empavesan el recorrido del cortejo nupcial de la reina; la altura de aquella barandilla y el salto del adúltero que se descuelga de ella al alba; la inclinación de un canalón y el gato que lo recorre majestuosamente para colarse por la misma ventana; la línea de tiro de la cañonera que aparece de pronto detrás del cabo y la bomba que destruye el canalón; los rasgones de las redes de pesca y los tres viejos que sentados en el muelle para remendarlas se cuentan por centésima vez la historia de la cañonera del usurpador, de quien se dice que era un hijo adulterino de la reina, abandonado en pañales allí en el muelle.

En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira tal como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas.

Italo Calvino (1983)

1 Los problemas sociales, un reto para las sociedades activas socialmente

Algunos conceptos teóricos y reflexiones importantes

Contar al emperador de los tártaros, el temido Kublai Kan, descendiente de Gengis Kan (que en realidad fue emperador de los mongoles, pero que gracias al genial y empedernido viajero Marco Polo es conocido por nosotros como rey de los tártaros), extrañas historias de inventadas ciudades que le libren de su melancolía, llevó a Italo Calvino a crear toda una serie de relatos de ciudades invisibles, inventables e inventadas, imaginarias y bellas, como ésta de Zaira. Ciudades que recuperan lo imaginario, el elemento de futuro de lo que está por hacer, la ilusión del futuro, y que están por lo tanto repletas de mentes que las crean y recrean, que las inventan y reinventan, es decir, que hacen inseparable lo geográfico y ambiental de lo humano, lo humano de sus problemas; es decir, lo humano y lo social, los problemas de empleo, de ocio, de integración, de desarrollo personal, de educación, de salud, de felicidad. Trinomio indisoluble de lo ambiental, lo económico y lo social, para conseguir eso que desde hace años la Psicología y la Sociología han denominado como Calidad de Vida, algo subjetivo por naturaleza, pero que se enraiza en claros elementos objetivos, tales como el poder adquisitivo, la calidad de los recursos ambientales, o la esperanza de vida. Lo ambiental sólo adquiere importancia humana si genera riqueza para las personas; riqueza emocional, riqueza económica, riqueza social; al igual que lo económico sólo tiene valor si respeta ese sustrato llamado medio ambiente que nos permite la vida, y si evita discriminación social, es decir, crea calidad de vida; al igual que lo social (la educación, la integración, el desarrollo de valores prosociales y de convivencia, de respeto mutuo, de convivencia entre todos) carece de sentido si no contempla una estrategia de respeto y cuidado del entorno medioambiental y si no crea riqueza económica.

El medio ambiente, el desarrollo sostenible, la marginación social, los problemas de desigualdades económicas entre personas y sociedades, al igual que otras cuestiones de la vida, se pueden considerar como problemas sociales. Y si consideramos que las sociedades humanas siempre tienen problemas y presentan sufrimientos de muy diversa índole, y siempre han experimentado la desigualdad, se podría afirmar, junto con Stark, que los problemas sociales son tan antiguos como la humanidad. Y es que, tal y como comenta Smigel, el hombre nunca ha estado libre de problemas sociales. Pero esta afirmación no contradice el que la noción de problema social, desde un planteamiento científico, sea algo bastante novedoso, tanto como lo es el pensar en cambiar las condiciones sociales de nuestra existencia.

En toda sociedad se produce una combinación en una proporción dada de dos elementos, identificados por Merton y Nisbet como fatalismo y activismo o acción colectiva. Las sociedades difieren en sus sistemas de creencias respecto a los problemas sociales, de forma que en uno de los extremos están aquellas que propenden al fatalismo, así como a pensar en los problemas sociales como algo atribuible al fatalismo, sin que se pueda hacer nada por encontrar una posible solución. En el otro extremo se situarían aquellas sociedades en las que existe una filosofía de activismo social, y de utilización de los controles humanos para actuar sobre el universo social; estas últimas, tienden a su vez a percibir los problemas sociales como algo solucionable si se ponen los medios adecuados para combatirlos. Sin duda alguna, las organizaciones que han presentado sus buenas prácticas en materia de asentamientos humanos en esta convocatoria, se sitúan en ese polo del activismo. Y a tenor del número de propuestas que ha presentado España al Comité Técnico Asesor que se reunió en esta última edición en la antigua Cantón, no cabe duda de que este país es uno de los que más se posicionan mundialmente dentro de la dimensión de activismo social.

Fatalismo y problemas sociales son términos que se refuerzan el uno al otro; así, existe un pensamiento mágico o fantástico, que se produce en mayor medida entre aquellas personas que viven en peores condiciones, y que suelen pensar que sus problemas no son solucionables desde un planteamiento social, lo que refuerza aún más su pensamiento mágico. Estas personas suelen concebir que sólo con su esfuerzo personal lograrán salir de sus problemas, percibiendo que la causa de sus males son ellos mismos, y exculpando por lo tanto a la sociedad. Esta aceptación pasiva de los males por parte de las personas que ocupan los escalones más bajos de la sociedad es algo que ya había señalado Marx, al referirse al `lumpenproletariado'; o por otros científicos sociales al hablar de la clase baja-baja, o de las `infraclases'. Y no han sido pocos los autores que han señalado que el fatalismo que se manifiesta en estas clases es lo que permite el incremento de privilegios para las demás capas sociales, y justifica el que todas las cosas sigan siempre igual, no siendo necesario ningún tipo de cambio. Claro que también es necesario reconocer que, en la mayoría de las sociedades, subsiste a la vez el fatalismo y el activismo; se trata de un problema de proporciones.

Pero el problema es aún más complejo a tenor de lo siguiente. Algunos pensadores, como Weber o Mannheim, han señalado cómo la ética del fatalismo ha sido reemplazada a menudo por la ética de la responsabilidad, de forma que el preocuparse por la solución de los problemas sociales se convierte en toda una obligación moral; así, cuestiones como la apatía que se manifiesta en muchas sociedades a la hora de tratar de resolver los problemas sociales se convierte a su vez en otro problema social. Este fenómeno, que ha sido descrito por Jellinek como la fuerza normativa de lo social, implica que en muchas de nuestras sociedades se ha ido creando una tendencia a considerar casi todo como problemas sociales. De hecho, en un sentido metafórico, se podría argumentar junto con Worsley que todas las cosas son problemas sociales, en cuanto que todas las acciones sociales implican realizar elecciones entre valores en competición. Así, y extendiendo aún más este argumento, nos encontramos con que todos los problemas sociales, por naturaleza, tienen que ver con elementos ambientales, y que hasta se puede considerar (y se debe considerar) que una buena práctica es la actuación que sensibilice a la comunidad de la necesidad de ser consciente de sus problemas y actuar en consecuencia (es decir, de huir del fatalismo social).

Todas las sociedades reconocen tener algún tipo de problema social, es decir, de condiciones o prácticas que suponen una falta de armonía con los valores sociales. Y en las sociedades primitivas se pueden detectar multitud de problemas, existiendo en todas ellas una serie de definiciones de los mismos, a pesar de que no se hablara de problemas sociales en cuanto que algo científico. Esta reflexión implica a la vez la afirmación de que si bien los problemas sociales son específicos de cada sociedad, la mayoría de ellos se presentan en muchas sociedades.

También a menudo los problemas sociales han sido creados o fomentados por personas que poseen alguna forma de influencia social sobre los demás. Este es el caso de los novelistas, de los historiadores, y cómo no, de los políticos. Incluso, tal y como comenta Stark, existe una gran tradición entre los científicos sociales en utilizar la investigación para `crear' problemas sociales, es decir, hacer suya la responsabilidad de hacer públicas las condiciones que producen los problemas sociales, y en consecuencia sugerir la manera de corregirlos. Estas reflexiones nos llevarían a establecer que el problema social debe ser remediado por la acción colectiva: toda condición social que no sea solucionable mediante una acción colectiva puede ir en contra de los propios valores colectivos, pero no por eso llega a ser un problema social. De hecho, no se podía hablar de problemas sociales hasta este siglo, ya que con anterioridad no existían procedimientos para remediarlos. Este es el caso, de temas tales como la pobreza, atribuida durante siglos a factores individuales tales como la falta de motivación de las personas que caían en tal condición, sin que la sociedad pudiera hacer nada por remediarlo. Sin embargo, es preciso considerar también la otra cara de la moneda, de forma que la acción colectiva será más posible si los grupos de influencia participan en el desarrollo de estrategias y de soluciones; así, si un grupo de influencia determina que algo es inadmisible, es posible que se realice un esfuerzo colectivo para tratar de buscar una solución a lo que acaba de ser definido como un nuevo problema social. Así, la comunidad, las personas afectadas por un problema, se convierte en un factor clave que permitirá que las soluciones sean duraderas. Más adelante, al enumerar los criterios que se utilizaron para determinar el listado de buenas prácticas seleccionadas en el concurso nacional, se puede examinar cómo se contempló este criterio.

Nos parece fundamental algo que ya expresamos con anterioridad, fundamentalmente al referirnos a la calidad de vida. La calidad de vida es algo subjetivo (está en la mente de las personas), pero lo normal es que existan claras condiciones objetivas que expliquen la existencia de dicha percepción subjetiva. Igual ocurre con el concepto de problema social. El concepto de problema social permite enlazar los elementos objetivos (la realidad) y subjetivos (la definición), por lo que posee un carácter marcadamente psicosocial. A pesar de todo esto, sin embargo, suelen existir problemas sociales con una base objetiva muy pequeña, donde el componente percibido es el predominante.

Otra serie de cuestiones, importantes de cara a considerar cómo una buena práctica puede solucionar un problema social, son señaladas, entre otros autores, por Stark (1975), y entre ellas conviene destacar las siguientes:

  1. El reconocimiento de un problema social sólo se puede llevar a cabo en sociedades capacitadas para reconocerlo como tal, y por lo tanto para luchar contra él. Por ejemplo, el fracaso escolar es totalmente impensable en países en los que apenas existan escuelas. Evidentemente, esto plantea una serie de problemas en el Comité Técnico Asesor, ya que lo que para un experto, desde la perspectiva de su región, puede ser considerado como una buena práctica, no lo es necesariamente para otros expertos.
  2. Muchos problemas sociales se crean debido al desarrollo de la sociedad industrial.
  3. La mayoría de los problemas sociales que se reconocen como tal son de carácter urbano, lo que implica todo un sistema de valores a la hora de determinar a qué sector de la población se debe intentar favorecer.

Mención aparte merece el pensar y repensar qué es lo que puede ocurrir y/o ocurre después de una intervención. Y es que en general, el paso de lo colectivo a lo individual implica soluciones que a menudo son iatrogénicas; es decir, causan más problemas que soluciones.

El concepto de iatrogénesis ha recibido poca atención dentro del campo de las relaciones sociales; hace referencia fundamentalmente a los efectos negativos de los tratamientos, desarrollándose dentro del campo de la medicina clínica. Fue Illich el que extendió el término iatrogénesis a lo social y cultural, habiendo sido utilizado posteriormente este concepto por Morgan. Pasaremos pues, en las siguientes líneas, a tratar levemente el tema de las intervenciones en las comunidades, es decir, el desarrollo de las prácticas en cuanto tal.

Algunas pinceladas históricas

Para poder explicar la forma de abordar los problemas sociales de una manera correcta, permítanos el lector retomar a Merton. Se centra este autor y pensador de la sociedad en dos parábolas: la primera de ellas, bajo el título de Parábola del señor Jourdain, recoge el papel del personaje de la obra de Molière El burgués Gentilhombre, mientras que la segunda sería la Parábola de Benjamín Rush.

La primera de las parábolas se centra en cómo las personas llevan a cabo comportamientos sin saber lo que están haciendo, tal y como pasa al hablar en prosa sin saberlo, o al expresarse sin conocer las reglas de la gramática; al igual que Jourdain, todos hablamos de los problemas sociales, conozcamos o no las teorías sociales o psicosociales que los puedan identificar y explicar.

La segunda parábola, que se centra en uno de los padres de la psiquiatría americana y baluarte de la independencia estadounidense, advierte sobre los peligros de explicar todos los problemas en función de una única causa (Rush curaba todas las enfermedades de los organismos humanos mediante purgas, ya que todo se debía a la «excitabilidad de la presión sanguínea»); la parábola de Rush nos recuerda que ninguna teoría, de forma exclusiva, puede explicar todo un problema social en su conjunto. Y de hecho han existido siempre varios marcos teóricos de explicación de los problemas sociales, si bien en cada momento histórico predominó, lógicamente, una explicación concreta.

Así, en un principio se utilizó la orientación de la patología social. Se ha denominado así a esta orientación por basarse en la analogía de lo orgánico. Se producen una serie de símiles que utilizan como punto de referencia de las instituciones y organizaciones sociales elementos tomados de la biología. Desde esta perspectiva, se consideraba que las personas o las situaciones se convertían en problemas sociales cuando interferían con el funcionamiento normal de la sociedad `orgánica'. Esa interferencia constituía una enfermedad o patología. Así, para los patólogos sociales, los obstáculos para el progreso social se situaban tanto en los desajustes de tipo individual (ser delincuente, ser dependiente económicamente, poseer ideas políticas extremistas, etc.) como en el mal funcionamiento de tipo institucional (como era el caso de la tan famosa e importante depresión económica). En su forma inicial, la patología social se basaba en la metáfora de la sociedad como organismo vivo, esforzándose los patólogos sociales por hacer clasificaciones de las `enfermedades' de la sociedad. Esta orientación tuvo su mayor apogeo, según Rubington y Weinberg, entre 1890 y 1910, dando paso después a otras, en concreto a la noción de desorganización social, si bien perduran todavía hoy en día planteamientos psicosociales, y sobre todo psicológicos, que perpetúan esta forma de percibir la realidad.

Se abrió paso después la orientación de la desorganización social. Fueron fundamentalmente tres tipos de características sociales las que según Rubington y Weinberg (1981) crearon toda una serie de condiciones indeseables de vida en las grandes ciudades norteamericanas: se trataba de la migración, la industrialización y la urbanización. Los resultados de dichas condiciones siguen considerándose en la actualidad grandes problemas sociales, como es el caso de la delincuencia, de la drogadicción, el alcoholismo, la enfermedad mental, etc. En un primer momento, dichos problemas sociales poseían una dimensión pequeña, por lo que la perspectiva de la patología social todavía poseía una credibilidad para el tratamiento de los mismos; sin embargo, la expansión excesiva de estos problemas planteó la necesidad de buscar nuevos marcos explicativos, creándose el caldo de cultivo adecuado para el surgimiento de la orientación de la desorganización social.

Una de las ideas que retoma la perspectiva de la desorganización social de la caduca patología social es la de que la sociedad es un todo, que posee un conjunto de partes integradas entre sí; el problema se produce ante una posible descoordinación de unas partes con las otras. Y uno de los conceptos centrales dentro de esta orientación es el de regla: las reglas no sólo van a definir las diferentes partes de la sociedad, sino que también van a definir cómo se van a interrelacionar dichas partes entre sí. De esta manera, se empezaron a percibir los problemas sociales como elementos que demostraban las desintegraciones sociales, construyéndose poco a poco una orientación que trataba de explicar con sus conceptos no sólo cómo se producía y se creaba la organización social, sino también cómo se producía y se creaba la desorganización social. La desorganización social se convierte en una perspectiva más rica, compleja, intelectual y sistemática para la comprensión de los problemas sociales, planteándose el error que suponía (tal y como lo hacía su predecesora patología social) emitir juicios de tipo moral, abogando por estudiar los mismos, en lugar de efectuarlos; de esta manera, la orientación que estamos abordando se vuelve más objetiva, y se evita efectuar declaraciones sobre manifestaciones propias.

Fue ganando terreno después la orientación de la desviación social, claramente asociada a la denominada como Escuela de Chicago. Esta Escuela desarrolló teorías de gran importancia, como es el caso de la teoría de los núcleos concéntricos en el desarrollo urbano, capaz de predecir diversos niveles de desorganización social en diversos sectores de la ciudad (cuestiones verificadas también por los estudios que relacionan la salud mental con variables ambientales, que además permitieron el desarrollo de los estudios sobre Psicología Social y Medio Ambiente). Claro que simultáneamente, la Escuela de Harvard también desarrollaba sus trabajos. Un concepto fundamental para la Escuela de Harvard fue el de la anomia, utilizado en primer lugar por Durkheim en 1897 en su estudio sobre el suicidio.

La consideración de la desviación social desde un planteamiento estructural-funcionalista comprende el análisis, en primer lugar, del pensamiento academicista de Emile Durkheim, para analizar posteriormente la perspectiva de Merton, autor que revisa la teoría de la anomia del pensador francés y la `ajusta' a las peculiaridades y singularidades de una sociedad como la norteamericana; por último, nace una de las variantes funcionalistas de especial proyección sobre las ciencias sociales europeas, denominada como `teoría sistémica', y representada por autores como Luhmann, Amelug, Jakobs, etc.

Lo que hizo Durkheim fue analizar el nuevo marco estructural animado por las mismas ideas que motivaran en su día los análisis que efectuó Comte, el denominado padre fundador de la Sociología: a partir de las ruinas de la sociedad del momento inicial, construir otra, de carácter racional, de tipo solidario, y en la que la ciencia era el motor de análisis del cambio social que se estaba experimentando. Por lo tanto, Durkheim se enfrenta a la necesidad de resolver todo un problema social, como era el de la `regeneración social' de una sociedad como la francesa, que poseía altos grados de desintegración y de insolidaridad. Y ese será su objetivo principal al escribir su primera obra, De la división del trabajo social.

Algunos autores, mientras se iba creando una Sociología que enfatizaba la necesidad de crear y de alcanzar un consenso social, y de restablecer continuamente un equilibrio, se centraron en la perspectiva de que en la sociedad lo normal era el desequilibrio y las desigualdades, lo que provocaba continuamente conflictos. Así, y paralelamente a la orientación de la desintegración social, fue naciendo la perspectiva del conflicto, que desde el planteamiento de los problemas sociales se convertiría en la orientación del conflicto de valores, alimentándose de pensadores que estaban convencidos de la existencia de estructuras `defectuosas' en la sociedad, e incluso algunos de ellos propugnando la necesidad de cambiarlas. Nace así una nueva orientación en el estudio de los problemas sociales.

Dentro de la Sociología europea, el tema del conflicto era algo habitual, a partir de las influencias de Marx, que describió la historia en términos de confrontaciones entre las clases sociales. Más adelante, sería Simmel quien analizaría el conflicto como una forma de interacción social. Pero en América, la orientación del conflicto era algo inhabitual, hasta que en 1925 Frank comenzó a utilizar esta perspectiva en el estudio de los problemas sociales. A pesar de este momento inicial, no sería hasta diez años después, en concreto con los trabajos de Fuller y Myers, cuando se puede hablar de una auténtica perspectiva con fuerza en la interpretación de los problemas sociales.

La desorganización social, para los teóricos del conflicto, pasa a ser simplemente una etiqueta que encubre el fallo de determinados teóricos a la hora de poder comprender las organizaciones entre las personas, al no seguir estas organizaciones siempre los estilos típicos de la clase media. Como afirman Rubington y Weinberg, se llegó a culpar a los representantes del anterior enfoque de encubrirse a sí mismos, al proclamar la existencia de problemas sociales libres de valores, totalmente objetivos. Por contra, esta perspectiva no aspira ni a dicha objetividad ni a dicha cientificidad, limitándose a procurar un servicio a la sociedad mediante sus análisis.

2 Hacia la evaluación de las buenas prácticas españolas en materia de asentamientos humanos

A menudo es difícil plasmar en una serie de criterios concretos las ideas que acabamos de exponer con anterioridad en la parte teórica. Sin duda a menudo la realidad es de tal riqueza, que es difícil llegar a concretar en un listado de indicadores lo que pueda permitir cribar y discernir las iniciativas que se presentaron al concurso. Y sin embargo el establecimiento de dichos criterios es algo ineludible para poder ser ecuánime y poder establecer, con la mayor objetividad posible, la selección que se pretende. Así, se tuvieron en cuenta por parte de este experto los criterios que se detallan a continuación, criterios que contemplan por un lado los que establecieron las propias bases del concurso según Naciones Unidas, como aquellos que en función de todo lo expuesto hemos considerado que eran importantes. Expongamos a continuación los mismos.

Y una vez expuestos los criterios que se emplearon para la evaluación de los proyectos, examinemos el resultado de la aplicación de los mismos a las diversas prácticas presentadas cuya temática fundamental era la de centrarse en los aspectos de tipo social.

3 El resultado de la evaluación de las prácticas presentadas

Quisiera aclarar en primer lugar que todas las prácticas que fueron seleccionadas a nivel estatal lo fueron por unanimidad, existiendo entre los tres miembros a los que se nos encargó la evaluación una unanimidad a la hora de determinar qué proyectos deberían ser calificados como positivos y ser enviados al comité asesor técnico. De esta manera, y si bien en este artículo sólo se hace referencia a aquellas prácticas en las que el componente social es el de mayor peso, los tres evaluadores opinamos y decidimos sobre la totalidad de los trabajos.

Evidentemente, en todo proceso de evaluación es necesario efectuar una criba, de forma que ha habido prácticas que no han superado los criterios establecidos. En el caso de las prácticas presentadas dentro de este área, los criterios de exclusión fundamentales fueron el de basarse en hipótesis no testables ni testadas; el que la práctica que se presentaba no pudiera ser calificada como buena práctica (siendo por lo tanto su realización obligación de la entidad que desarrollara el proyecto); el que la actuación que se planteara tuviera una cabida mejor en otros contextos evaluativos, o lo que es lo mismo, que difícilmente se pudiera plantear que fuera una práctica encuadrable dentro de lo que denominamos como asentamientos humanos (quizá dentro de un contexto exclusivamente educativo, o exclusivamente de reinserción, etc., puedan tener mejor cabida algunas de las actuaciones), o el que se trate de sólo un proyecto, pero sin que posea ningún nivel de desarrollo (y por lo tanto, no sea posible obtener ningún indicador de la idoneidad de la práctica desarrollada). Realizaremos a continuación una breve exposición de aquellos proyectos que fueron calificados positivamente, indicando las razones que permiten calificarlos como tales.

En primer lugar hemos de referirnos a aquellas prácticas que fueron seleccionadas por implicar una actuación integrada, contemplando simultánea y correctamente coordinados los aspectos sociales, económicos y ambientales. En concreto se inscribieron dentro de esta forma de actuación tres programas, que fueron los siguientes:

El programa integral de intervención en el barrio de realojo de Fontarrón (Madrid)

Llevado a cabo por la asociación sin ánimo de lucro Iniciativas Fontarrónr, este programa ha supuesto formación y apoyo profesional para personas en paro, sin cualificación profesional, con cargas familiares y con escasa o nula valoración personal, atendiendo desde 1981 a 8.336 personas, consiguiendo trabajo con contrato a 4.000. Ha fomentado la inserción laboral de personas con serias dificultades de integración laboral, debido a problemas de alcoholismo, drogadicción, etc. Ha proporcionado formación profesional a 120 jóvenes considerados como fracasados escolares y considerados como colectivo de riesgo, incorporando al mercado laboral a 103 de ellos. Pero además, y a través de la creación de un club infantil, un grupo de teatro, organización de actividades al aire libre, programas de respeto al medio ambiente, se ha generado un incremento de la cultura de los habitantes del barrio. Y eso por no citar los programas que ha puesto en marcha para atajar el problema del alcoholismo y de la drogadicción. Para ello, el programa ha desarrollado desde actividades terapéuticas de tipo psicosocial (como los seminarios de autoestima), a aquellos formativos escolares o profesionales. Contempla por lo tanto una perspectiva de género pero de manera transversal e integral, se preocupa del medio ambiente, genera riqueza en todos los sentidos a los habitantes del barrio, y ofrece óptimas posibilidades de ser generalizado a otros contextos. Podríamos citar otros muchos aspectos positivos de este programa, pero sin duda lo ya mencionado, de por sí, merece la más loable de las calificaciones.

Coruña Solidaria (La Coruña)

Se trata de un plan integral que viene desarrollándose desde 1995, y que ha planificado sus actividades hasta el año 2005, con el objeto de conseguir un buen hábitat urbano que mejore la calidad de vida de presentes y futuras generaciones. Se trata de la transformación de la ciudad desde una situación pasada de falta general de infraestructuras destinadas a posibilitar la calidad de vida de los ciudadanos, a crear un espacio urbano humanizado, repleto de oportunidades, respetuoso con su entorno ambiental y comprometido con la sostenibilidad global del planeta. Para ello se crea el concepto de red social, un entramado de prestaciones y servicios que articula a su vez tres tipos de redes: la red de centros cívicos (trece en total, que llevan a cabo programas de intervención y seguimiento en personas, familias y colectivos desfavorecidos económicamente, disponiendo para ello todos de equipos multiprofesionales), la de servicios especializados (dirigida básicamente a colectivos en exclusión social, y formada por seis equipos especializados: mujer, infancia y familia, inclusión social, discapacitados, drogodependientes, y personas mayores; realiza actividades como la teleasistencia a ancianos, un comedor social que proporciona más de 20.000 comidas al año, etc.), y por último la red de cooperación Coruña Solidaria, que es un espacio de participación ciudadana y comunitaria integrado por 135 instituciones de la ciudad que representan a la casi totalidad del tercer sector: fundaciones, instituciones benéficas, organizaciones sindicales, organizaciones profesionales, universidades, entidades financieras, etc. En su conjunto, la red, en su vertiente social, engloba a un total de 1.800 personas voluntarias, 28.000 socios que apoyan económicamente su trabajo, y genera empleo para 550 personas. Sin duda una experiencia que ofrece amplios resultados positivos, que es fácilmente exportable a otras ciudades, y que consigue un gran objetivo, humanizar la ciudad. Hemos de destacar que esta práctica qwuedó finalista en Dubai, fundamentalmente por la gran capacidad de asociación que ha demostrado, por el fortalecimiento de la comunidad conseguido, por tratar las cuestiones de género e inclusión social de una manera integral, por su innovación y capacidad de transferencia, y por su preocupación por el medio ambiente.

Proyecto de intervención social integral en Aldea Moret (Cáceres)

Se trata de la tercera de las experiencias englobables dentro de la perspectiva integral citada. Se trata de una experiencia de optimización de las condiciones de vida de los habitantes de un barrio de Cáceres, proporcionándoles un acceso igualitario a los sistemas de protección social (vivienda, educación, empleo, salud...). Se trata de ir más allá de la mera concesión de viviendas para aquellos colectivos necesitados, proporcionándoles además una adaptación al entorno, reduciendo la mendicidad y la práctica de ocupaciones marginales, reduciendo el fracaso escolar entre los niños y jóvenes, facilitando al acceso a la vida laboral a los que la precisan, proporcionando acceso sanitario a las mujeres embarazadas y posteriormente a sus hijos, organizando actividades de convivencia entre los vecinos, dinamizando especialmente a los colectivos de mujeres y jóvenes, y consolidando los cauces de participación social (creando otros si así fuera necesario). Toda una perspectiva integral, por lo tanto, con resultados, al igual que las otras dos experiencias anteriores, más que tangibles. Toda una buena práctica, exportable, de gran impacto, y de gran apoyo para la comunidad.

A la perspectiva enfatizada por las tres prácticas ya comentadas es preciso añadir otro aspecto más, el de la cooperación internacional. Y una de las prácticas presentadas poseía dicha caracterización, que será la que comentaremos a continuación:

Infraestructura de hábitat y apoyo a la producción agrícola para los damnificados del huracán Mitch en las comunidades rurales del municipio de Telpaneca (Nicaragua)

Se trata de una práctica que se desarrolló entre 1999 y 2001, coordinada por la ONGD Inter-Acción, contando con una entidad contraparte en Nicaragua, y con el apoyo de la Junta de Castilla y León. Sus objetivos fueron la recuperación de las condiciones básicas de hábitat y de accesibilidad a los poblados, la recuperación de las actividades de producción agrícola, y la capacitación de los beneficiarios para la autoconstrucción y reorganización de la vida social de las comunidades. Es importante destacar que para la construcción de las casas se utilizó el adobe, consiguiendo así la sostenibilidad ecológica. Y también es muy importante recalcar que las viviendas las construyen los propios damnificados, concienciándolos de que ellos deben ser agentes de su propio desarrollo. Además, se ha dignificado el papel de colectivos antes desfavorecidos socialmente, como es el caso de las mujeres; el programa ha cambiado el rol tradicional de la mujer como ser pasivo y reproductor, dotándola de una participación activa e igualitaria con el varón. Se ha conseguido beneficiar a 944 personas, pertenecientes a 185 familias, construyéndose 40 viviendas, 40 letrinas, recuperando 4 kilómetros de caminos, realizando dos talleres, etc. Se trata, por lo tanto, de toda una buena práctica. Hemos de comentar, sin embargo, que en el comité asesor técnico se consideró más idóneo que las prácticas las presentaran los países en las que las mismas se desenvuelven, y no sus promotores.

Otro grupo que queremos destacar es el de aquellas prácticas que enlazan la problemática de género con la inclusión social en general, y con el fomento y la creación de empleo. En concreto se presentó una práctica con dichas características, que se expone a continuación.

Programa Kali, inserción laboral de las mujeres gitanas de la provincia de Córdoba

Se trata de un programa llevado a cabo entre instituciones públicas, empresas privadas y asociaciones de mujeres gitanas, con el objetivo de desarrollar un modelo de intervención social a través de un programa mixto de formación y prácticas en empresas dirigido a mujeres gitanas de la provincia de Córdoba, para potenciar la integración e inserción laboral de estas mujeres en el mercado laboral y en la sociedad en general. Se trata de un programa muy innovador, en cuanto que diseña una formación basándose en la realidad económica del territorio y adaptándola al colectivo objeto de intervención. Así, en primer lugar se localizaron las empresas en las que las mujeres de étnia gitana podrían conseguir trabajo, y después se las formó en consecuencia. Además, el plan de formación comprende dos fases, la primera de ellas transversal o preocupacional, y la segunda de formación ocupacional.

Algunas cuestiones que también contempla el programa, como un servicio de guardería para que las madres que participen en el mismo puedan seguir su formación y posteriormente ir a su trabajo sin problemas, aseguran que el mismo posea una sostenibilidad fuerte. Se trata, en definitiva, de un programa de amplio espectro en la inserción de un colectivo desfavorecido, con repercusiones en el ámbito formativo, ocupacional-laboral, de integración comunitaria, etc.

Otro gran apartado sería el de los Programas integrales que contemplen específicamente la noción de género, pero creando a la vez tejido social. Dentro de este apartado se clasificó una propuesta, que exponemos a continuación:

Puesta en marcha y desarrollo de la comisión transversal de género de la Diputación Provincial de Córdoba

La novedad de esta práctica reside en incorporar a todas las Delegaciones de la Diputación Provincial de Córdoba dentro de un plan de actuación conjunto, según el cual todas ellas tienen integradas acciones de igualdad de oportunidades y de integración de la perspectiva de género en la planificación de sus programaciones. Es, por lo tanto, una acción claramente transversal, de forma que la preocupación por el género no se aísla del quehacer habitual de una institución, sino que precisamente se inscribe en todas y cada una de sus actuaciones. Hemos de mencionar que esta iniciativa fue muy valorada por el comité asesor técnico, y la práctica fue finalista. Además, consideramos que es un buen ejemplo a seguir por parte de todos los organismos públicos.

Desde una perspectiva positiva, hemos de destacar dentro de otro apartado las prácticas que se enfoquen hacia el fomento de valores de carácter prosocial y de convivencia y respeto mutuo. Desde esta perspectiva también se seleccionó una práctica, que se detalla a continuación.

Fomento de la tolerancia y de la convivencia: Campaña municipal de educación y sensibilización ciudadana a favor de la tolerancia y la convivencia, Burgos, una ciudad para todos

Es común que una comunidad se identifique por oposición a otras, por lo que considerada de forma aislada, lo que ocurre es que las diferenciaciones se buscan dentro de la misma. Es por esta razón por lo que a menudo surgen problemas de estereotipación negativa de unos grupos frente a otros, es decir, de creación de prejuicios. Y los prejuicios, lógicamente, suelen cebarse con los grupos en riesgo y desfavorecidos, fomentando aún más las discriminaciones sociales. Consciente de esta dinámica, el Ayuntamiento de Burgos elaboró un Manifiesto por la Tolerancia, como paso inicial de desarrollo de toda una serie de actuaciones destinadas a educar a la comunidad en el respeto mutuo, la convivencia, la aceptación y valoración de las diferencias. Esta actuación se inscribe dentro de la Agenda 21 de la ciudad, y, lo que resulta aún más importante, implica actuaciones siempre relacionadas con el ocio, el divertimento, de forma que las personas se socialicen en el respeto mutuo de manera natural, sin percibirlo como un objetivo específico que se pretende inculcar desde una institución. Sin duda se trata de un buen ejemplo de prevención primaria de la marginación y la desviación social, exportable a otros contextos urbanos.

Por último, queremos destacar dos experiencias englobables dentro del apartado de lucha contra los problemas sociales y de lucha contra la desintegración social, destacando además el factor novedad. Se exponen a continuación.

Tratamiento integral de transeúntes crónicos sin hogar (Barcelona)

Esta práctica, que presenta la Associació Rauxa, se enfrenta a la problemática de los sin casa, con el añadido de que, en la mayoría de las ocasiones, son poblaciones que, de poseer un problema de drogadicción (generalmente de alcoholismo), no van a aceptar acudir a ningún tipo de centro donde ser tratados. La propuesta de esta asociación para conseguir la integración de las personas marginales en la familia y en la sociedad, consiste en ofertar a los indigentes que puedan albergarse en una furgoneta, dentro de la cual se utilizarán técnicas motivacionales y de captación para conseguir que los indigentes acudan a un albergue o comunidad terapéutica de la institución, donde se les puede aportar un procedimiento terapéutico de intervención para procurar la deshabituación. Después los sujetos pasarían a un sistema más autónomo y reinsertador, yendo a vivir a pisos de la institución. La cuarta fase implica la inserción laboral de los sujetos mediante un sistema de cooperativas, y la quinta, o fase de Alta, la creación de un nuevo estilo de vida para conseguir mantener la abstinencia. El éxito de este programa (aproximadamente el 50% de los sujetos se mantienen estables y abstinentes) es grande. Sin duda el recurso a una furgoneta es una gran novedad, plenamente exportable, y muy rehabilitador. Es, a nuestro juicio, una buena práctica.

Acortando distancias, construyendo relaciones (Madrid)

En este caso la actividad se desarrolla por parte de la Asociación RAIS (Red de Apoyo a la Inserción Sociolaboral). Trata de conseguir esta organización la construcción de redes sociales de protección y promoción social en el entorno en el que se mueven las personas sin hogar, y el facilitar el acceso a los distintos recursos necesarios para iniciar procesos de integración sociolaboral para personas que se encuentran fuera de la red de servicios sociales normalizados. Por lo tanto, nos enfrentamos a la misma población que en la práctica anterior, normalmente personas indigentes. Y para su actuación, se va a utilizar como gancho y como base empresarial la venta de una publicación, pero no como un mero recurso económico (no es preciso recordar lo nefasto de casi todas las experiencias similares) sino implicando al futuro vendedor en todo un proceso formativo (de 80 horas) que va a posibilitar un trabajo terapéutico. Así, el eje central es la actuación comunitaria. Los resultados han sido muy positivos, ya que casi 100 personas se involucraron en el proceso, y se consiguieron 34 incorporaciones laborales estables. Además, se crea una red social de integración alrededor de cada sujeto para conseguir su fortalecimiento como persona y su salida de la marginación. Sin duda, otra buena práctica, sobre todo teniendo en cuenta que los resultados obtenidos, muy positivos, se han conseguido en sólo un año.

4 A modo de conclusión

Comenzábamos este breve artículo con un pequeño relato de Italo Calvino sobre la ciudad de Zaira. Y tras la exposición de aquellas prácticas que, desde la vertiente social, han sido seleccionadas por el jurado nacional, la opinión de este autor es la de que, de alguna manera, en muchas de nuestras ciudades se va produciendo ese proceso de magia que consigue dotarlas de un sentido más humano, más personal, más cálido, más mágico, un sentido que llena las cosas de sentido, las semantiza, las hace nuestras, cálidas y agradables.

Llena de satisfacción el comprobar cómo en muchas de las prácticas presentadas sus promotores han exprimido su imaginación y su capacidad de previsión en aras de conseguir asentamientos auténticamente humanos, lo más libres posibles de problemas sociales, lo más tolerantes, inclusivos, y creadores de tejido social. Y ya que estamos en estas breves líneas finales, permítanos el lector o lectora emitir unos juicios de futuro, unas, si se quiere, pequeñas recomendaciones de cara al futuro:

Referencias bibliográficas

Italo Calvino  (1983)   Las ciudades y la memoria, 3,   en Las Ciudades Invisibles Madrid: Siruela, pp.25-26, 2000 

Edición del 30-12-2003
Revisión: Álvaro Sevilla Buitrago
Boletín CF+S > 25: Cuarto Catálogo Español de Buenas Prácticas > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n25/amcle.html   
 
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