Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 24: Ecología y Ciudad: Raíces de Nuestros Males y Modos de Tratarlos > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n24/ajsan.html   
Ciudadanos fecundos: participación y calidad de vida
Jorge Sánchez Santa Cruz[1]
Madrid (España), marzo de 2002.

El grupo Laboratorio Urbano, en colaboración con la Fundación de Investigaciones Marxistas organizó una charla-coloquio sobre participación ciudadana en las decisiones urbanísticas, dentro del Seminario Ecología y Ciudad (razones de nuestros males y forma de tratarlos), que contó con la participación de Agustín Hernández-Aja (Profesor titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid), Julio Alguacil (Sociólogo y participante en las luchas vecinales de Usera y Villaverde, en los años 70 y 80), Isabel Velázquez (representante de una consultoría urbanística) y Oscar Rebollo (Profesor de Sociologia de la Universidad Autónoma de Barcelona, coordinador del Postgrado de Participación y Desarrollo Sostenible (Postgrau Participació i Desenvolupament Sostenible) y miembro de la Asociación de Vecinos de Trinitat Nova), así como del numeroso público asistente. Esta fue la última de las charlas del Seminario y pretendía dar una respuesta práctica a las cuestiones teóricas que se habían planteado en las sesiones anteriores.

La ciudad es un elemento ajeno a aquellos que la habitan porque, en la mayoría de los casos, no tienen ninguna opción de actuar sobre ella de modo alguno y, por tanto, no se adapta a las necesidades de los ciudadanos, sino a lo que se consideró más provechoso en terminos de mercado o, en el mejor de los casos, a lo que alguien pensó que podría servir para esas personas y ese lugar. Se buscaba, de algún modo, plantear las distintas posibilidades de actuación que tienen las personas sobre su ciudad, su barrio o su propia vivienda, cuáles son y han sido los sistemas utilizados por los ciudadanos para opinar sobre los espacios en los que viven y, sobre todo, cómo, dónde y por qué han sido escuchadas estas propuestas y cual es el resultado que se obtiene cuando la participación ciudadana se tiene en cuenta como una de las partes en el diseño, organización y gestión de los lugares de su entorno.

En el comienzo del coloquio, se intentaron definir los términos en los que funciona la participación en el momento actual, ya que de algún modo todas las personas participan: sea de forma voluntaria o involuntaria, activa o pasiva, las acciones del ser humano definen el tipo de sociedad en la que quiere vivir. En este sentido entenderíamos dos tipos de personas, aquellas que no desean variar el entorno en el que se encuentran y aquellas que sí lo desean. Entre las primeras encontramos a los ciudadanos más inmovilistas, pues es la propia inercia del sistema la que ayuda a que todo continúe como está, personas en general satisfechas con sus condiciones de vida y cuya pretensión es perpetuar la situación actual (participan de las reglas sociales). Es entre las segundas en las que encontramos las personas más activas (ciudadanos fecundos), que son los que pueden impulsar cualquier tipo de cambio, personas que pretenden obtener mejoras en su calidad de vida. Para este tipo de opiniones es para las que se hace necesaria la participación ciudadana, ya que la influencia de un ciudadano aislado es nula y sólo en la colaboración con otros se puede encontrar la fuerza sufiente para ser escuchados.

Participación

Sobre algunos conceptos relacionados con la participación se expresaron opiniones encontradas:

Mientras algunos ponentes optaban por entender el liderazgo (natural no como un cargo impuesto) como algo lógico y habitual, que no era negativo para la participación sino que ayudaba a avanzar más rápido, otros pensaban que una colaboración de tipo red es más igualitaria y menos impositiva cuando todos los participantes están en la misma posición, al tiempo que facilita al individuo sentirse parte del colectivo.

Aunque todos se mostraban en contra de una estructura jerarquizada, algunos ponentes definían de una manera mucho más clara hasta donde deberían llegar las funciones de cada una de las partes implicadas en la participación: politicos, técnicos y ciudadanos, dando una mayor importancia a cada parte en una fase de la misma. Otros optaban por un modelo en el que los ciudadanos fueran los máximos responsables de las decisiones en todo momento, sólo auxiliados por técnicos que pudieran ayudar a solucionar las dudas que fueran apareciendo en aquellos apartados más relacionados con cuestiones legales o ajenas a la experiencia de los ciudadanos. Pero, en general, se dio como buena una participación en la que (en palabras de Óscar Rebollo) «los ciudadanos sean los expertos, ya que tienen la experiencia que les da vivir ese espacio, y sean auxiliados por los técnicos en cuestiones técnicas».

Administración

La función de la administración es la que planteaba una situación más compleja, puesto que sería de gran relevancia si esta decidiera tener en cuenta a los ciudadanos. Pero frente a quienes pensaban que era fundamental su aportación, había mucha gente del público, perteneciente a diversos colectivos, que no creía en una actitud positiva de la misma, y que defendían que la administración sólo contaba con el ciudadano cuando éste podía servirle para obtener el resultado que deseaba.

Fue de esta duda de donde partió el debate más largo e interesante de la tarde: protesta y propuesta, cómo encontrar un punto de equilibrio entre ambos y hasta qué punto el conflicto es necesario, inevitable o provechoso. Se planteaba la necesidad de cambiar la cultura del conflicto, desde la competitiva (en la que uno gana y otro pierde) a la colaboradora (en la que ambos pueden ganar), de manera que los ciudadanos propongan algo que al tiempo sea útil para ellos y provechoso para la administración. Unos participantes defendieron que la protesta no es útil, que las personas sólo se implican en el momento en que pueden ganar, pero que las situaciones de enfrentamiento producen miedo y no son positivas porque llevan a la crispación y al cierre de las posturas. Mientras que una negociación más colaboradora permite mayores beneficios sin los roces internos que provocan las actitudes de conflicto (más ‘violentas’).

Desde esta postura se mantenía que el problema de las actitudes que buscan el conflicto es que no cuentan con una propuesta sólida detrás, y que por esto no suelen ser escuchadas. Defendían que estas posturas presentan el conflicto como una necesidad, generalmente a priori, ya que las diferencias ideológicas se anteponen a los problemas del barrio (aunque siempre queda la duda de hasta qué punto podemos separar la ideología de la acción), mientras que otro tipo de actitudes que busquen una mayor colaboración pueden resultar más efectivas, facilitan que la administración no cierre su postura y no tienen por qué abandonar la radicalidad a la hora de defender lo que se piensa. Ante estas críticas, otros asistentes, expusieron varios ejemplos actuales de cómo funciona realmente la negociación con las administraciones y cómo, en muchos casos, la protesta es necesaria para que reconozcan al menos la presencia de un interlocutor y unas opiniones que son sistemáticamente ignoradas.

Propuestas de participación ciudadana

Estas opiniones opuestas sirvieron de punto de partida para analizar propuestas de participación ciudadana, en diversos lugares y momentos, así como sus éxitos, sus fracasos o su utilidad:

En Lavapiés, el trabajo de la red de vecinos en el proceso de rehabilitación, no busca la confrontación, pero en el contexto en que se encuentra la negociación no encuentran otra posibilidad pues no existe diálogo posible con el Ayuntamiento. El trabajo de la Red de Lavapiés ha seguido un proceso de investigación y acción participativa. En un primer momento parecía que se había logrado la atención del ayuntamiento ante la propuesta vecinal de un Centro Autogestionado(una propuesta sólida de 100 folios con proyectos concretos). Sin embargo, repentinamente, el Ayuntamiento dejó de asistir a las reuniones, sin previo (ni posterior) aviso. Tres años más tarde presentó ante los medios de comunicación un centro cultural sin el respaldo de los colectivos sociales o culturales del barrio, en el que el modo de gestión obliga a unos plazos de propuesta de actividades o reserva de salas a unos horarios incompatibles con la actividad de los grupos activos, dificultando muchísimo las reuniones vecinales (el centro cierra en fin de semana y los días de diario a partir de las diez, de manera que la gente que trabaja y tiene hijos o alguna ocupación por la tarde tiene muy complicado asistir).

Por otro lado hay integrantes de la propia Red, para los que su reivindicación es en sí misma una confrontación, pues la okupación es un acto de violencia, ya que pone en duda un sistema que perpetúa la posesión de inmuebles en manos de personas que no sólo no los utilizan sino que los convierten en una herramienta para especular.

Usera, Villaverde, Orcasitas, Orcasur y otros barrios del sur formaron parte a finales de los setenta y principios de los ochenta de la mayor operación de realojo de Europa desde la segunda Guerra Mundial. Se realojaron a más de 140.000 personas que vivían en condiciones infrahumanas, pero no se hizo de cualquier manera. La administración aceptó esta deuda histórica con los vecinos que, tras muchísimas luchas y protestas, pudieron colaborar para construir el barrio que querían construir: qué tipo de manzanas, de calles, de parques... incluso cómo querían que fueran sus viviendas (dentro de sus modestísimas posibilidades económicas) para disfrutarlas como ellos quisieran, o que vecinos en paro trabajaran en la construcción de las mismas. Este grandísimo logro tuvo su precio, el proceso de remodelación de barrios en Madrid tiene sus mártires, muertos en las manifestaciones o asesinados, ya sea por las fuerzas de seguridad del estado o por aquellos que creían que podían obtener un mayor beneficio económico de sus terrenos.

Estos mismos vecinos buscan ahora a través del Movimiento por la Dignidad del Sur que se acabe de saldar la deuda de Madrid con el Sur, con una mayor inversión en infraestructuras, dotaciones o transportes, y que los vecinos tengan derecho a autogestionar esos espacios. Exigencias que se van logrando de forma desigual: la inversión ha aumentado (aunque menos de lo exigido), se ha logrado la autogestión de un centro social y una escuela de jardinería (en unas condiciones legales bastante confusas), etc. pero por ejemplo en el Parque del Manzanares no se ha logrado tener participación.

Ya en 1985 se produjeron movilizaciones vecinales, marchas ecologistas, plantaciones populares, ...y se realizó un proyecto en el que interviene un equipo de técnicos de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM), sociólogos y geógrafos. Se pretendía convertir ese terreno en un parque rural, siguiendo la línea de los huertos que hay actualmente, manteniendo el equilibrio ecológico con iniciativas de economía social: un camping, escuela de la naturaleza, huerto-escuela... La Gerencia de Urbanismo aparentó tenerlo en cuenta al principio cuando se oían más las protestas, pero definitivamente el proyecto lo realizará Bofill y distará mucho de lo que propusieron los vecinos, contará con un campo de golf, un club de campo... en la lógica de la privatización de un espacio público que se destinará a sectores de renta alta que no son los que viven en la zona.

El representante de Trinitat Nova (Barcelona), defendía que mientras mantuvieron una postura de conflicto fueron repetidamente ignorados por la administración y sólo lograron que aparecieran las dudas dentro de sus propios miembros. Sin embargo cuando decidieron cambiar de estrategia y plantear sus propuestas, consiguieron que realmente se contara con ellos para elegir y diseñar los nuevos equipamientos del barrio así como muchos otros elementos urbanos.

La Dehesa de la Villa en Madrid es un caso en el que participan tanto vecinos como ecologistas o políticos, ya que se defiende que este espacio natural tan peculiar es una dotación fundamental del barrio, pero que hay que conservarlo como bosque por su valor ecológico y no convertirlo en un parque de la ciudad.

Conclusiones

La división y enfrentamiento privado-público-colectivo es real y se produce a diario. En cualquiera de las experiencias descritas durante la mesa redonda se han dado momentos de conflicto o estancamiento en los que ha sido necesaria una acción de protesta, como la rotura de las obras de pavimentación en la Dehesa de la Villa o las manifestaciones y cortes de tráfico a lo largo de 3 meses en Trinitat Nova. Y esto ocurre porque desde muchas administraciones no hay ninguna intención de escuchar a los vecinos, sabiéndose con el poder de romper (o iniciar) el diálogo, dejando como única defensa a los que no pueden escoger si ser o no escuchados, el protestar para que de alguna manera se haga pública esa situación.

En todo caso es imprescindible construir la propuesta, aunque resulte difícil. La administración sabe muy bien cómo responder ante la protesta, pero de momento sólo es capaz de responder a una propuesta sólida con el silencio, cuando la presión sea suficientemente fuerte ese silencio no será aceptado. Se debe buscar el equilibrio entre las reivindicaciones y la capacidad de plantear propuestas. El movimiento social debe empujar el cambio político. La cultura vecinal se asocia generalmente con la reivindicación y la protesta. Pero hay que recordar que es ésta, en muchos casos, la única arma de un colectivo que no tiene ningún derecho de elegir, que vive ignorado por aquellos que se supone le representan y que ha sido transformado en un ciudadano invisible. En la mayoría de los casos, por desgracia, la protesta (huelga, manifestación, lucha...) es la única forma que encuentran los ciudadanos para hacerse visibles.

Por último también se habló del papel tan importante que juegan las administraciones, y cómo en ellas está en muchos casos no sólo apoyar la participación ciudadana sino fomentarla. Tenemos ejemplos de administraciones, como Porto Alegre y otras ciudades brasileñas o de distintas ciudades españolas en Cataluña, Sevilla o Córdoba (incluyendo Córdoba capital) han tomado los presupuestos participativos como una forma decidida de apostar por los ciudadanos como motor de las decisiones, por una democracia cercana al individuo en la que éste, aparte de exponer y tratar de solucionar sus problemas o los de su entorno, pueda involucrarse de una forma más cercana con su ciudad, por eso, porque participa de ella.


Notas


[1]: Estudiante de 4º curso en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y miembro de la asociación Laboratorio Urbano


Edición del 30-09-2003
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