Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 24: Ecología y Ciudad: Raíces de Nuestros Males y Modos de Tratarlos > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n24/aasan.html   
La ciudadanía imaginada
Almudena Sánchez Moya
Madrid (España), marzo de 2002.

1 La ciudad como expresión política

La ciudad como expresión política es el comienzo básico, común, del que parten los integrantes de la mesa redonda; Carlos Verdaguer, Begoña Pernas, Amador Fernández-Savater y Carolina del Olmo. La política entendida como gestión común de lo común y, por ello, construcción ciudadana, reflejo de sus inquietudes y necesidades, así como del papel que éstos juegan al final en dicha construcción, es lo que se ha puesto en cuestión en las ponencias presentadas.

«Nuestro punto de partida es que los espacios físicos siempre son al mismo tiempo espacios sociales. Cada configuración espacial expresa situaciones sociales y, del mismo modo, las atribuciones de significación también vienen siempre estructuradas por hechos sociales.»

Blisset; Brünzels (2000)

A veces olvidamos que la ciudad, el territorio, es la expresión física de los distintos intereses. Son los territorios los que se bombardean, las fronteras, los límites entre las distintas normas, etc. Son, en muchos aspectos, el lenguaje de la organización de nuestra vida cotidiana.

La consideración de lo urbano como expresión de los proyectos de vida y como escenario de conflicto entre proyectos opuestos, y no como algo neutral e inocente, supone un primer acercamiento a la ciudad como representación de estos intereses comunes que lleva a Amador Fernández-Savater a utilizar Génova como metáfora de la sociedad contemporánea, como ejemplificación territorial de los procesos que se están desarrollando a escala mundial; Génova como una ciudad en guerra. Así nos pregunta: «¿Acaso no han decretado las élites imperiales una guerra global permanente después del 11 de septiembre como único modo de salvaguardar la ‘seguridad’ mundial, aunque todos sepamos que se trata de la única ‘solución’ que han encontrado a los gravísimos problemas de ingobernabilidad [...]?».

Al final la ciudad termina siendo la ejemplificación del poder (de igual modo a como ocurre con la gran política) y el capital (como representante de los intereses del poder) aparece como el elemento común que define la construcción y planificación de nuestras metrópolis. Por este mismo motivo, las distintas herramientas que nos ayudan a configurar las ciudades no se quedan exentas de esa necesaria reverencia al capital, creando un planeamiento sometido a las fluctuaciones de los distintos intereses del poder, convirtiendo la flexibilidad, la competitividad y la adaptación a la inversión, en las bases en las que se encuentra el planeamiento actual. Éste será el contexto del que parte Carolina del Olmo para afirmar que «vivimos en una época en la que el ámbito de discusión y decisión ha sido usurpado por las oscuras negociaciones entre gobiernos y élites empresariales, situación que resulta particularmente conspicua por lo que toca al habitar. Y es el gobierno de dichos intereses el que nos ha llevado a la dictadura de la flexibilidad, a la que se ve sometida el planeamiento, donde la noción de planificación o reglamentación de la actividad urbanística, por su supuesta oposición al liberalismo mercantil, resulta estéril.»

A su vez, los intereses del capital también son trasladados en su expresión doméstica a la ciudad, mediante lo que Begoña Pernas denomina la utopía de la clase media, una utopía de la buena vida, que se ha ido forjando a lo largo de los dos últimos siglos y que ha desplazado el acento de lo público a lo privado, llevando a una especie de hipertrofia de la privacidad.

La clase media se identifica como un modo de vida, donde el sueño doméstico, asociado al consumo ha supuesto el gran éxito del capitalismo. La vida privada se plantea en la construcción actual capitalista como el único espacio en que se da la posibilidad de ser distintos, como único espacio para la subjetividad, absorbiendo en él los procesos autónomos de socialización.

«La casa no son lugares íntimos, cerrados al exterior, sino todo lo contrario, espacios virtualmente abiertos y comunicados, penetrados por mensajes, consumo y trabajo y expuestos a todas las inclemencias de la vida pública y de la sociedad del espectáculo. [...] Las casas caracterizadas por la presencia de lo público en lo privado y lo privado en lo público.»

Echeverría (1995)

En la misma línea, Habermas plantea que

«el repliegue de la esfera privada a los recintos interiores de una familia nuclear despojada de funciones y debilitada en su autoridad (la felicidad del rinconcito), sólo en apariencia es un perfeccionamiento de la intimidad, porque en la medida que las personas privadas retroceden en su ineludible rol de propietarios al rol puramente personal de su nada ineludible espacio de ocio, cae bajo la influencia de las instancias semipúblicas. La actividad del ocio da las claves de la pseudoprivacidad de la nueva esfera, de la desintimación de la llamada intimidad.»

Así, los contenidos de la intimidad, del espacio físicamente separado, se desplazan y transforman, se internacionaliza lo doméstico y lo público gira hoy en torno a lo privado y viceversa.

«La vida pública ha adoptado un formato doméstico, y ya no hace falta salir a la calle ni a las plazas para estar informados de lo que sucede. La contraposición entre lo público y lo privado se ha modificado radicalmente, convirtiendo a las casas en uno de los principales espacios de la vida social.»

Habermas

Los contextos se deforman, transformando las cargas directamente asociadas a ellos, reproduciéndose las mismas transformaciones que en el trabajo, con la transición del fordismo al postfordismo, donde se ha reproducido una reprivatización de éste y, según Begoña Pernas, adquiriendo las exigencias psicológicas y las cargas morales que antes pertenecían al ámbito familiar.

En una visión contraria, Baudrillard plantea el «fin de lo social», afirmando que «el repliegue sobre lo privado podría ser un desafío a lo político, una forma de resistencia activa a la manipulación política».

Dentro de la dicotomía público-privado, y sus respectivos modelos, cargas y representaciones, surge otro tema, estrechamente vinculado, alrededor de los temas de género. De acuerdo con esto, Soledad Murillo (1998) plantea los peligros que supone asimilar lo privado a lo doméstico, en cuanto a la admisión de un uso diferencial de la privacidad, así como el refuerzo del binomio privado-doméstico en relación con el universo femenino:

«Privado unido a privación da cuenta de una relación constreñida de la vida social del hogar y la familia, es decir, a una división sexual del trabajo entre la vida pública y no doméstica (que no privada). El problema sería determinar por qué razón se asimila privado (en su acepción privativa) a doméstico, cuando el término doméstico en sí mismo denota privarse de un mundo propio en benéfico de los demás. Sería pertinente entonces, reclasificar los conceptos y atribuir a cada espacio lo que le pertenece, es decir, priorizar la vertiente semántica de lo privado a su acepción general de lo propio, y no permitir desplazamientos de significado en función del universo que los represente.»

En cualquier caso, la idea burguesa desarrollada alrededor del mito de que el éxito o fracaso dependen de una combinación sexualmente diferenciada de virtudes privadas y competición pública donde la casa es un espacio fundamentalmente femenino mientras que la ciudad es ante todo un espacio fundamentalmente masculino, sigue actualmente vigente en nuestras cabezas.

«Es más conveniente para la mujer permanecer en la casa que salir fuera, más vergonzoso para el hombre quedarse en la casa que ocuparse en el exterior.»

Jenofonte

«Es tarea de los hombres ocuparse de los campos, del ágora, de los viajes, de la ciudad; de la mujer, el trabajo de la lana, del pan, las labores de la casa.»

Stobeo

2 Memoria y ciudad

La memoria como elemento constituyente de la ciudad, o deconstructivo por su olvido, fue otro de los aspectos en los que se hizo más hincapié en la mesa.

«Toda ciudad, todo pueblo que no es de creación reciente reivindica su historia, [...] Esta explicitación del contexto histórico es bastante reciente en realidad, y coincide con una reorganización del espacio, que tiende, inversamente, a producir un cortocircuito en ese contexto. [...] Esta incesante referencia a la historia entraña frecuentes superposiciones entre las nociones de itinerarios, encrucijadas y monumentos, que son particularmente visibles en las ciudades donde la referencia histórica siempre es más masiva.»

Auge (1992)

Esta esterilización de las ciudades que se está llevando a cabo incluso en los cascos antiguos (símbolos de la reivindicación histórica), donde laberinto, asociado al itinerario, a los lugares abiertos al encuentro y con ello a la vida social, se están desvirtuando.

«Uno de los reproches que se le hacen con frecuencia a las ciudades nuevas, surgidas de proyectos de urbanización a la vez que tecnicistas y voluntaristas, es el no ofrecer el equivalente de esos lugares animados producidos por una historia más antigua y más lenta, donde los itinerarios individuales se cruzan y se mezclan, y se olvida por un instante la soledad: el atrio de la iglesia, la puerta del ayuntamiento, el mostrador del café, la puerta de la panadería. El ritmo un poco perezoso y la atmósfera de charlatanería del domingo por la mañana...»

Auge (1992)

Es esta memoria de multitudes, de vivencias, la que reivindica Amador Fernández-Savater en su ponencia. Un haz de remisiones y evocaciones indisociable de la imaginación, un laberinto imposible de aplanar, vaciar o clarificar del todo. La ciudad es, en cierto sentido, una memoria colectiva, una narración coral del sentido.

Una memoria que se guarda en las paredes y en las esquinas de nuestras ciudades.

«Dicen las paredes/1

En el sector infantil de la Feria del Libro, en Bogotá:
El locóptero es muy veloz, pero muy lento.
En la rambla de Montevideo, ente el rio-mar:
Un hombre alado prefiere la noche.
Al salir de Santiago de Cuba:
Cómo gasto paredes recordándote.
Y en las alturas de Valparaíso:
Yo nos amo.

Dicen las paredes/2

En Buenos Aires, en el puente de La Boca:
Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie.
En Caracas, en tiempos de crisis, a la entrada de uno de los barrios más pobres:
Bienvenida, clase media.
En Bogotá, a la vuelta de la Universidad Nacional:
Dios vive.
Y debajo, con otra letra:
De puro milagro.
Y también en Bogotá:
¡Proletariados de todos los países, unios!
Y debajo, con otra letra:
(Último aviso.)

Dicen las paredes/3

En Montevideo, en el barrio Brazo Oriental:
Estamos aquí sentados, mirando cómo nos matan los sueños.
Y en escollera, frente al puerto montevideano del Buceo:
Mojarra viejo: no se puede vivir con miedo toda la vida.
En letras rojas, a lo largo de una cuadra de la avenida Colón, en Quito
¿Y si entre todos le damos una buena patada a esta gran bruja gris?

Dicen las paredes/4

En pleno centro de Medellín:
La letra con sangre entra.
Y abajo, firmando:
Sicario alfabetizador.
En la ciudad uruguaya de Melo:
Ayude a la policía: Tortúrese.
En un muro de Masatepe, en Nicaragua, poco después de la caída del dictador Somoza:
Se morirá de nostalgia, pero no volverá.»

Galeano (1989)

Pero finalmente tiene que plantear que la reestructuración permanente de las empresas, la flexibilidad, precisan de espacios neutros, abstractos, que se puedan reconfigurar de manera constante al ritmo endiablado de las necesidades de acumulación flexible del capital. Así, los logros de una historia compartida, o de una memoria colectiva, se borran ante la neutralidad de los espacios modernos. El consumo estandarizado va contra las referencias locales, así como el lugar de trabajo mina la memoria interiorizada, compartida por los trabajadores.

Nuestros espacios comunes se transforman en lugares homogéneos, en espacios redundantes, especializados y privatizados (López de Lucio, 2001)[1]. En calles asépticas, vaciadas de contenidos afectivos y, con ello, convertidas en espacios sin memoria, que llevan, en última instancia, a reivindicar los monumentos como último referente de la historia común, pero ya carente de ese carácter de construcción múltiple que poseen las ciudades.

El constatar nuestras ciudades como un espacio sin memoria será más la línea de Carolina del Olmo: «el hecho de que las ciudades sean un espacio de apariencia variable y dúctil que apenas guarda memoria de lo sucedido no implica en absoluto que sea el espacio de la libertad, aunque sí contribuye a oscurecer la situación.» Y de Begoña Pernas: borrar los determinantes de clase ha sido la labor esencial de la ideología de clase media en el último siglo. Este trabajo de redefinición del espacio social, basado esencialmente en la construcción y extensión de la vida privada, se plasma en nuestras ciudades sin memoria, donde el espacio común tiende a perderse.

3 ...y los ciudadanos

Si la memoria como construcción colectiva de los ciudadanos tiende a ser cada vez más desplazada hacia una historia monolítica de acontecimientos, la construcción de la ciudad como una representación de los intereses colectivos de los ciudadanos tiene poco futuro.

En esta línea irá Carolina del Olmo, cuestionando la posibilidad por parte de los expertos de salirse de la planificación del mercado, así como las posibilidades de sobreponerse a las distintas políticas e interiorizaciones del capital. Y Carlos Verdaguer, que expondrá que incluso los urbanismos más utópicos basados en la participación eran con el pueblo, pero sin el pueblo. Serán algunas de las notas críticas ante las posibilidades de un planeamiento participativo.

Las herramientas de éste, así como las distintas vinculaciones de los ciudadanos en la construcción de la ciudad, fueron los vías que se dejaron abiertas para el coloquio posterior.

Referencias bibliográficas

Augé, Marc  (1992)   Los no lugares, espacios del anonimato   Ed. Edisa 

Blisset, Luther; Brünzels, Sonja  (2000)   Grupo autónomo a.f.r.i.k.a. Manual de la guerrilla de la comunicación   Ed. virus 

Constant, Jorn  (1977)   «Otra ciudad para otra vida. La creación abierta y sus enemigos»,   Textos situacionistas sobre el arte y el urbanismo, Ed. La Piqueta 

Debord, G.  (1956)   La sociedad del espectáculo   Ed. Pre-textos 

Echevarria, Javier  (1995)   Cosmopolitas domésticos   Ed. Anagrama 

Galeano, Eduardo  (1989)   El libro de los abrazos   Siglo veintiuno de España editores 

López de Lucio, Ramón  (2001)   «Horizontes de dispersión»,   UHF nº2: 11 escenarios habitables envasados al vacío,  

Murillo, Soledad  (1998)   «Los peligros de asimilar privado a doméstico»,   Fisuras nº 6: Los cien mil cuartos de la las cien mil casas,  

Notas


[1]: Según Ramón López de Lucio, los tres problemas básicos que afectan a los espacios públicos de nuestras ciudades son redundacia, especialización y privatización.


Edición del 30-09-2003
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