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Boletín CF+S 24. Septiembre 2003

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Ecología y Ciudad:
Raíces de Nuestros Males y Modos de Tratarlos

Editorial

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Equipo de Edición: Carlos Jiménez Romera, Natalia Rieznik Lamana, Alfonso Sánchez Uzábal, Álvaro Sevilla Buitrago.

Editorial

Álvaro Sevilla Buitrago
Madrid (España), septiembre de 2003.

Que ce n'est, en un mot, ni l'espoir frivole d'un
monde meilleur ni la crainte de plus grands maux
que ceux que nous envoya la nature, qui doivent
conduire un républicain, dont le seul guide est la
vertu, comme l'unique frein le remords.[1]

D. A. F. de Sade, La Philosophie dans le boudoir

A tan estoica como momentánea ataraxia emplazaba Donatien Alphonse François de Sade a sus lectores, transfigurado en anónimo tribuno ilustrado, uno de los personajes omnipresentes en sus novelas. Inmediatamente se desplegaban, por supuesto, los espejos deformantes de la lógica sadeana, con su muy particular concepto de lo que `virtud' debía significar en el marco socio-político que sigue a la revolución burguesa. La vuelta a la naturaleza en su obra, completamente simétrica de la de Rousseau, suponía un proceso de revolución conservadora formalmente similar al de todos los proyectos de ingeniería social que, desde Platón, apoyan las nuevas políticas en una estructura de gobierno aristocrática (llámense filósofos, príncipes, ilustrados o miembros del Partido sus componentes) perpetuadora de la condición jerárquica del ejercicio del poder. En ocasiones tales utopías han encontrado su figuración en forma de ciudad ideal, trasladando al papel y a la forma urbana las premisas sociales de modelos políticos previamente dictados: la Atlántida y sobre todo la Magnesia platónicas, la Sforzinda del Filarete, etc. En la actitud opuesta encontramos a aquellos que han concebido la política (el gobierno de la ciudad, incluida su naturaleza física) como mediocritas, como término medio ajustado a lo conveniente y necesario. Podríamos aquí señalar al Aristóteles que momentáneamente se aleja de su educación académica y se deja influir por un cierto pragmatismo sofista o al Alberti neo-estoico que construye el tratado de la frugalitas que es De Re Aedificatoria a partir de su consciencia de los «límites de la techné».

No pretendo recaer en el viejo defecto de simplificar nuestro legado histórico y delimitar dos grupos antagónicos, perfectamente impermeables: casi todos los citados y los que podríamos recordar tienen un pie en cada postura y varían su opinión a lo largo de su vida o, incluso, en una misma obra. De hecho ambas perspectivas participan en origen de una concepción ya conflictiva, por la incipiente escisión, de la relación entre hombre y Naturaleza, hombre y realidad, en la que el primero procede como sujeto corrector de la segunda en función de los intereses propios, es homo mensura, actor de una dinámica progresista en pos de un hipotético telos perfecto configurado a partir de los valores políticos. Sólo cabría identificar entonces diferencias de grado entre las distintas posturas, lo cual explicaría en parte las razones por las que la dialéctica entre ambas (asimilable, por cierto, a la disyuntiva «revolución o reforma») tiende a menudo a adquirir una forma contradictoria, morando incluso de modo confuso en el interior de las conciencias. Tal contradicción sigue vigente, como podrá comprobar el lector que se enfrenta a este nuevo boletín.

En él encontrará las actas de las jornadas que, bajo el título Ecología y Ciudad: raíces de nuestros males y modos de tratarlos y organizadas por la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) en colaboración con la asociación de estudiantes Laboratorio Urbano, se desarrollaron entre febrero y marzo de 2002 en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y que posteriormente dieron lugar al libro publicado por la propia FIM y El Viejo Topo. Los participantes concebimos el ciclo como una indagación en los problemas de la ciudad que permitiría proponer una ulterior terapéutica desde distintos ámbitos de reflexión: la primera jornada analizaría la realidad económica y ambiental de los actuales procesos urbanos; en la segunda se profundizaría en el papel que la cultura urbanística y los profesionales han jugado y juegan en tales procesos; en la tercera jornada se abriría el debate a las propuestas de ciudad que desde el ámbito teórico han sido elaboradas históricamente desde distintas posturas; la cuarta y última estaría dedicada al estudio de la posibilidad práctica de las mismas y a la exposición de iniciativas donde la participación ciudadana tiene un rol central. Cada jornada constó de una ponencia principal seguida de dos o tres aportaciones complementarias y una mesa redonda. El lector encontrará en este número los textos de las conferencias y los resúmenes y comentarios a las mesas redondas elaborados por miembros de Laboratorio Urbano.

Revisando a distancia las aportaciones de los participantes, podemos observar que, junto a las medidas terapéuticas, reformistas, propias de la actividad urbanística y objetivo del ciclo, se filtran en los distintos discursos elementos de utopía que beben de las fuentes históricas del urbanismo idealista y replantean constantemente las condiciones de posibilidad de la ciudad en el seno del capitalismo. El homo mensura sofista se convierte en un peligro potencial tras la definitiva fragmentación del conocimiento acontecida a lo largo del XVIII: todo gravita hacia el individuo y su cosmovisión disgregada le hace concebir erróneamente su entorno como materia disponible e inagotable, manejable según los mecanismos de la razón instrumental. Los textos de Sade ya nos hablan de esta fantasmagoría, donde la realidad y la naturaleza son pervertidas al entrar en la órbita de la desviación humana, donde el abuso no tiene final. Que la actual gestión de nuestro entorno tenga mucho de sádica no es sino la enésima llamada de atención a la sociedad civil sobre la problemática de la Ilustración y su contradictorio legado. Los textos que presentamos a continuación recorren a menudo de manera ambigua el espacio de la crítica a este fenómeno, entre el conveniente y realista ajustarse a las actuales posibilidades de cambio y la constatación de los límites de las mismas y la necesidad de una renovación más profunda. A la sostenibilidad correctora se une por tanto la sostenibilidad regeneradora, poniendo de manifiesto una vez más la diversidad de propuestas agrupadas bajo tal concepto. De este fenómeno, no exento de contradicciones, se ha nutrido constantemente nuestro boletín como portal en el que tienen cabida tanto la sostenibilidad real (ocupada en la res), como la sostenibilidad radical (orientada a los principios, a la radix), con el fin de favorecer el enriquecimiento de una crítica plural frente al único y apabullante olvido de nuestro hábitat. En ello estamos y esperamos, con este número, contribuir de nuevo a la continuidad del debate.


Notas


[1]: «Que no es, en una palabra, ni la esperanza frívola en un mundo mejor ni el temor a los males mayores que nos pueda enviar la naturaleza, lo que debe conducir a un republicano, cuya única guía es la virtud y el único freno, el remordimiento.»


Edición del 30-9-2003
Boletín CF+S > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n24/   
 
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