| Boletín CF+S > 23 -- De Sur a Norte. Ciudades y medio ambiente en América Latina, España y Portugal > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n23/nlib.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Wagner T. Iglecias (2002) O Estado, o Capital e a "Nova
Cidade" de São Paulo (Universidade de São Paulo)
Mariana Fix[1]
São Paulo (Brasil), septiembre de 2002
Resulta difícil de entender que las políticas puestas en práctica
en Argentina continúen siendo mostradas como ejemplos a seguir
en otros países latinoamericanos, una vez que las críticas
formuladas al nuevo orden neoliberal se han visto dramáticamente
confirmadas por la catástrofe a que éste sistema ha conducido a
nuestros vecinos. A pesar de ello, el modelo urbano
correspondiente a los programas de ajuste económico no ha dejado
de ser expuesto como una propuesta aplicable en otros lugares.
Así ha ocurrido recientemente con uno de los casos más
paradigmáticos, la intervención llevada a cabo en el barrio
bonaerense de Puerto Madero, que la comisión del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) presentó ante los técnicos del
Ayuntamiento de São Paulo. El cometido de dicha comisión es
evaluar si el proyecto del equipo liderado por la alcaldesa Marta
Suplicy --Partido de los Trabajadores (PT)-- para la zona centro
merece o no el crédito solicitado a la entidad.
En realidad, un buen número de propuestas similares está viendo
la luz en diversas ciudades, especialmente en aquellas que
pretenden ser vendidas como ``mundiales''. Se procede a remodelar
los puertos, los centros históricos, las áreas fabriles
abandonadas y el entorno de los trazados ferroviarios, lo que
conlleva la apertura de nuevos frentes de expansión inmobiliaria.
Sin duda, el conocimiento de tales iniciativas es importante a
la hora de establecer las políticas locales; no obstante, su
conversión en modelos exportables presupone el ``olvido'' de las
circunstancias en que se produjeron, de los conflictos y del
impacto real provocados por su ejecución. En general, se intenta
mostrar un proceso extraordinario de transformación urbana a
través de una serie de imágenes que permiten apreciar cómo las
áreas calificadas como ``degradadas'' o ``en declive'' recuperan
su glamour, o bien surgen ``nuevas ciudades'' de la noche a la
mañana.
Eso fue precisamente lo que sucedió en la presentación de Puerto
Madero. La única crítica a la intervención que sus artífices
recordaban fue la realizada por las asociaciones profesionales,
cuestionando la ausencia de concurso público, al tiempo que el
proyecto estaba siendo negociado con el asesor español de
``planeamiento estratégico urbano'', Jordi Borja. Sin embargo,
el análisis de otros grupos va mucho más allá, como casualmente
tuvieron ocasión de comprobar, días antes de la llegada de la
comisión del BID, algunos de los asistentes al viaje de
intercambio a la capital porteña organizado por la Asociación
América Nuestra (ver ``Luchas Urbanas en Buenos Aires'', Correio
da Cidadania, ed. 308).
Aun cuando muchos urbanistas argentinos reconocían la importancia
de abrir la ciudad al Río de la Plata, el proyecto ha sido
valorado como el trazado de una nueva barrera. Su objetivo
primordial no fue democratizar el espacio, sino materializar una
gran operación urbanística, o mejor, una operación inmobiliaria
que incluía la adquisición de terrenos públicos para la
construcción de lofts, edificios residenciales con vistas únicas,
restaurantes caros, torres de oficinas, hoteles de grandes
cadenas, etcétera. En la actualidad, algunos movimientos de
oposición siguen luchando contra la ampliación del proceso de
desarrollo urbano iniciado en el viejo puerto, dirigida por una
parte hacia los barrios antiguos, como La Boca y, por otra, a la
Villa 31 -que, curiosamente, ha pasado a ser el único
asentamiento marginal de Buenos Aires cuyos habitantes viven bajo
amenaza de desalojo-. Estos grupos tratan de impedir la venta de
los terrenos públicos existentes y se afanan por evitar que la
ciudad se convierta en un mero objeto de negocio.
Volviendo al caso de São Paulo, entre las exigencias del BID
figuraba que el área de actuación del Programa de Rehabilitación
del Centro se restringiese a dos de sus distritos -Sé y
República-, como quería la Asociación Viva el Centro, y en contra
de la posición defendida por los movimientos populares y el
propio Ayuntamiento, favorable a una intervención más amplia que
incluyera otras zonas con mayores problemas sociales. Ahora,
además de traer el citado ejemplo de ``revitalización'' urbana,
la comisión del BID (que prestó su apoyo al desastroso Programa
de Vivienda Cingapura, llevado a cabo durante el mandato de Paulo
Maluf), ha puesto en cuestión un proyecto que, además de
representar una conquista de los movimientos populares,
constituye una de las propuestas más importantes del equipo de
gobierno actual para el centro de la ciudad. Por último, el
crédito plantea la necesidad de aplicar un nuevo modelo de
gestión, que no requiere conceder prioridad a la participación
popular, pero sí a la iniciativa privada.
Conviene recordar que ya existe una versión brasileña de Puerto
Madero en la localidad de Belém. El promotor de aquella operación
fue el Gobierno del Estado de São Paulo -Partido Socialista
Democrático Brasileño (PSDB)-, que contó con la oposición de la
administración local (PT). Los responsables de la gestión
municipal prefirieron invertir en proyectos más democráticos de
uso del espacio público, como la reforma del Mercado Ver el Peso
o el Proyecto Ver el Río, ambos en la margen fluvial.
Ante las presiones del sector privado y de las agencias
internacionales, resta conocer de qué manera el Ayuntamiento de
São Paulo va a responder al reto de elaborar una alternativa para
la zona centro. Las demandas de numerosas entidades locales y
movimientos populares van encaminadas a definir una forma
diferente de actuar, un proceso de renovación que no importe
modelos generadores de exclusión social, cuya implantación suele
provocar consecuencias aún más graves que en sus países de
origen, donde las oportunidades de progreso económico para
algunos han venido acompañadas del incremento de la marginación
y de la segregación espacial para muchos otros.
La introducción de proyectos que favorecen el aumento de las
desigualdades sociales demuestra que las políticas de ajuste
estructural impuestas en América Latina, con el consentimiento
de las organizaciones locales, tienen su expresión física en la
reordenación del espacio urbano.
Difícil imaginar que as políticas implementadas na Argentina
continuem a ser apresentadas como exemplos a serem seguidos em
outros países latino-americanos, depois das críticas ao
neoliberalismo terem sido duramente confirmadas pela catástrofe
a que esse modelo conduziu nosso vizinho. Contudo, curiosamente,
o modelo urbano correspondente ao ajuste econômico continua sendo
vendido como algo a ser aplicado por toda parte. Foi o que
aconteceu recentemente com um dos casos paradigmáticos desse
modelo, Puerto Madero, apresentado aos técnicos da Prefeitura de
São Paulo pela missão do BID (Banco Interamericano de
Desenvolvimento), que veio avaliar se o projeto da gestão Marta
(PT) para a região central merece ou não o empréstimo que
pleiteia.
Projetos urbanos como esse vêm sendo colocados em prática, em
especial nas cidades que procuram se vender como ``mundiais''.
Portos, orlas ferroviárias, antigas regiões fabris abandonadas
e centros históricos são remodelados, e novas frentes de expansão
imobiliária abertas. Conhecer esses projetos ao formular uma
política local é sem dúvida importante. O problema, porém, é que
sua transformação em modelos para exportação pressupõe o
``esquecimento'' da forma como foram produzidos, dos conflitos
e dos reais impactos. Geralmente, um conjunto de imagens trata
de mostrar um processo extraordinário de transformação no qual
áreas ditas "deterioradas" ou "decadentes" recuperam seu glamour,
ou ``novas cidades'' surgem da noite para o dia.
Foi justamente o que aconteceu em mais essa apresentação de Puerto Madero. A única crítica lembrada pelos apresentadores foi a do Colégio de arquitetos argentinos que questionou a ausência de concurso público, quando o projeto era negociado com o consultor espanhol de ``planejamento urbano estratégico'' Jordi Borja. Entretanto, as críticas de outros grupos vão muito além disso, como coincidentemente puderam ver dias antes da vinda da missão do BID alguns dos participantes de uma viagem de intercâmbio a Buenos Aires, da Associação Nossa América (ver ``Lutas urbanas em Buenos Aires'', Correio da Cidadania, ed. 308).
Se muitos urbanistas argentinos concordavam com a importância de se abrir a cidade ao Rio da Prata, eles viram no projeto de Puerto Madero não a realização de uma abertura mas, ao contrário, a construção de mais uma barreira. No lugar de um projeto para democratizar o espaço, realizou-se uma grande operação urbana, ou melhor, uma operação imobiliária com a venda de terras públicas para a construção de lofts, edifícios residenciais com vista exclusiva, restaurantes caros, torres de escritórios, hotéis de grandes cadeias. Movimentos de oposição ainda hoje lutam contra a expansão de Puerto Madero, de um lado em direção a bairros antigos, como a Boca, e, de outro, rumo a Villa 31, não por acaso a única favela da cidade sob ameaça de despejo. Lutam contra a venda de terras públicas e o tratamento da cidade como negócio.
Voltando ao caso paulistano, o BID já tinha exigido que a área
de atuação se restringisse a dois distritos, Sé e República, como
queria a Associação Viva o Centro, contra os movimentos populares
e a própria Prefeitura, que defendiam uma área de abrangência
maior, para incluir os distritos com maiores problemas sociais.
Agora, além de trazer exemplos como esse de ``revitalização''
urbana, a missão do Banco (que por sinal apoiou o desastroso
programa habitacional Cingapura, na gestão Maluf) questionou o
projeto habitacional da Prefeitura para a área central, uma
conquista dos movimentos populares e uma das principais
iniciativas da gestão atual na região. Por fim, o empréstimo
requer um novo modelo de gestão, que não necessariamente prioriza
participação popular, mas sim da iniciativa privada.
Vale lembrar que temos já uma versão de Puerto Madero no Brasil,
em Belém. Contudo, lá o projeto foi implantado pelo governo do
Estado (PSDB), com oposição da Prefeitura (PT), que preferiu
investir em projetos mais democráticos de uso do espaço público,
como a reforma do mercado Ver o Peso ou o projeto Ver o Rio,
ambos na orla.
Diante das pressões do setor privado e das agências
internacionais, resta saber de que modo a Prefeitura de São Paulo
vai enfrentar o desafio da construção de uma nova forma de ação
no Centro, pela qual lutam muitas entidades e movimentos
populares que atuam na região. Ou seja, optar por um projeto que
não importe modelos de renovação urbana com exclusão, que aqui
implantados geram conseqüências ainda mais graves do que em seus
países de origem, com a abertura de frentes de negócios para
alguns, e o aprofundamento da exclusão social e da segregação
espacial para muitos outros. A importação desses projetos, que
geram aumento da desigualdade social, mostra que o ajuste
econômico imposto à América Latina, com a anuência dos parceiros
locais, tem também uma expressão física, na reordenação do espaço
urbano.
Fecha de referencia: 15-04-2003
| Boletín CF+S > 23 -- De Sur a Norte. Ciudades y medio ambiente en América Latina, España y Portugal > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n23/nlib.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Ciudades para un Futuro más Sostenible
Búsqueda |
Buenas Prácticas |
Documentos |
Boletín CF+S |
Novedades |
Convocatorias |
Sobre la Biblioteca |
Buzón/Mailbox
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
—
Universidad Politécnica de Madrid
—
Ministerio de Fomento
Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad
Departamento de Estructuras de Edificación
—
Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio