Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 23 -- De Sur a Norte. Ciudades y medio ambiente en América Latina, España y Portugal > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n23/amgal.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Conservemos la diversidad de especies


María Galindo[1]
(Mujeres creando)

Madrid (España), noviembre de 2002



Invisibles infiltradas


Indias, lesbianas, putas, sudacas, vendedoras ambulantes, ilegales, morenas, gordas, malcriadas, alegres, escandalosas de nacimiento, irreverentes y felinas, estamos aquí bajo el método de la infiltración. Estamos de infiltradas, estamos de intrusas, de ninguna manera tenemos voluntad ni de integrarnos, ni de complementar discurso alguno. Estamos infiltradas, porque así como cuando entra una de nosotras en un hotel de cinco estrellas, nadie supone que llega de huésped sino de ladrona, mendiga o desempleada desesperada, de la misma manera no se sospecha que aquí estemos para decir nuestra palabra, sino para integrarnos a la de `los importantes'.

Los colores que elegimos para nuestras ropas son de muy mal gusto -combinan con el cielo y no con el asfalto- y aunque donde pisamos para trabajar, vender alguna cosita o correr huyendo, vamos de blusa celeste y pantalón amarillo, de rosado manto y verde falda o de rojo brillante, somos irremediablemente invisibles. Son invisibles nuestros cuerpos, nuestras vidas y nuestro trabajo, como invisibles y decretadas inexistentes son nuestras formas de organizar la vida, la muerte, el nacimiento, la vivienda, la comida y todo lo que de nuestras manos y de las de nuestras abuelas salió.

Es por esto que infiltrarnos no es, para nosotras, otra cosa que hacernos visibles ante nuestros ojos. Estamos aquí sin afán ninguno de integrarnos, porque ésa es la manera de desaparecer que nos ofrecen con cinismo. Quieren integrarnos renunciando a todos y cada uno de los gestos que componen el fundamento de nuestra diferencia. Ojo, no es una diferencia que proclamemos reconociendo ningún modelo: la diferencia es tal y vale como tal en el momento en el que tú también eres capaz de reconocerte diferente. Sólo en ese contexto cobra sentido, horizontalidad y respeto. Es una diferencia simultánea a partir de la cual dejamos de ser `simpáticas', `exóticas' o `divertidas' respecto a la normalidad de `lo gris'. Dejamos de serlo respecto al modelo de la distancia corporal asumida como regla de comportamiento. Dejamos de serlo para subvertir la medida de las cosas y los significados y valores que se le atribuye a nuestra vida y a nuestras sociedades desde el colonialismo. No es sólo un baño tibio de alegría perfumada de libertad para nosotras; también lo es para aquellos hijos e hijas del modelo que viven sus desadaptaciones en la clandestinidad, en la `marginalidad', en la impotencia y en la soledad. Con ellas y ellos nos encontramos para confabular juntos y juntas.



No nos celebran fiestas de bienvenida: ¿por qué dicen ahora que aprenderán de nosotras?


La sociedad española como sociedad y no únicamente como Estado cumple todos y cada uno de los requisitos de cualquiera de sus iguales del Norte, que han hecho imposible la felicidad o al menos la tranquilidad de quienes desde el Sur migran a estas tierras buscando derechos que son universales: alimentación, salud, vivienda, un pedazo de cielo y un pedazo de tierra. Quieren fiestas de cumpleaños para las niñas y los niños y parques donde no les agredan cuando juegan con su pelota.

Las aportaciones de mujeres y hombres inmigrantes a las vidas urbanas de las ciudades del Norte son criminalizadas y etiquetadas, y allí donde nos juntamos para auto-organizar nuestra convivencia, lo que se hace es redoblar la vigilancia policial. Esta sospecha decretada sobre nosotras y nosotros es, más que nada, una pedagogía de la intimidación y de la negación de nuestro valor. Entonces, ¿cómo se puede hablar de un `aprendizaje en sentido Sur-Norte'?

Se ha dicho tantas veces como fórmula, se ha dicho tantas veces con tanto aburrimiento, se ha dicho desde ojos de mirada opaca sin sentido, sin pasión alguna. El aprendizaje en sentido Sur-Norte fue y es frase de alcaldes, embajadores y `oenegistas' que sellan y sellaron con esta retórica las mismas formas del colonialismo. Las únicas y los únicos que les aplauden y asienten son aquellos bien depurados `representantes' de las sociedades del Sur que aseguran su representación con las mismas subvenciones malgastadas que vienen desde el Norte.

Y es que la sed del Norte de beber del Sur, la soledad del Norte que busca calentarse con el Sur, la intuición del Norte de que, si mira al Sur, sus pupilas volverán a brillar, es una voluntad cautiva, intermediada y llenada por los discursos colonialistas del desarrollo, de la cooperación y del voluntarismo, principalmente.

El aprendizaje en sentido Sur-Norte que titula y motiva también esta exposición es el esfuerzo por concretar en un espacio artificial, como lo es el de toda muestra, aquello que en los hechos y en la vida de cada día de las ciudades del Norte fracasa por ejercicio de violencia y de racismo, con una silenciosa complicidad que es masiva.

Denunciar, desnudar y asumir ese fracaso coloca nuestra participación y nuestra presencia en una dimensión justa, la de la práctica social desde la calle. La artificialidad de una palestra no convierte en artificial nuestra palabra, que antes que palabra escrita es grito y voz directa en las calles de las ciudades de nuestra tierra. Cuidar su vivacidad, cuidar su ronquera, sus tonos agudos y sus tonos graves, cuidar su autenticidad, su capacidad de ser directa y de interpelar y conmover es para nosotras una responsabilidad y al mismo tiempo una especie de promesa de desadaptación, es promesa de seguir siendo `gente conflictiva' allí donde vayamos.

Esta vocación de conflicto nos permite transitar de uno a otro plano manteniendo la coherencia con nuestras esperanzas y la fuerza transformadora de nuestra palabra. Esta vocación nos hace insoportables para todas las jerarquías. Esta vocación nos hace demasiado `primarias' y `elementales' para quienes la confrontación está pasada de moda, para quienes piensan que hay que dar paso al pluralismo y dejar enfriar las pasiones fuera.

¿Cómo hemos construido esta palabra que es grito transformador?
Palabra gritona y ambulante es la nuestra,
palabra hambrienta y desempleada es la nuestra,
palabra morena y rubia es la nuestra,
palabra callejera y cotidiana es la nuestra,
palabra amorosa y rebelde es la nuestra;
es palabra que ha abandonado el lamento, el mero testimonio, la mera denuncia para ser palabra convocante e interpeladora.

La construimos mientras nos conocíamos unas a otras, pelando arvejas y picando cebollas; la construimos en la calle, en las manifestaciones públicas, en las búsquedas de empleo o vivienda que para algunas no terminan nunca; la construimos mientras pedíamos un préstamo o recogíamos el cadáver desamparado del bebé de alguna amiga en la morgue. La construimos en las largas filas de los colegios estatales en los que intentábamos inscribir a nuestras hijas y lograr que aquel año estudiasen, la construimos tomando un refresco en la calle bajo el sol quemante de La Paz o Cochabamba. La construimos dentro de historias de amor y de amistad y muy lejos de las salas de conferencias, de las academias, de los museos y de las galerías.

Casi sin darnos cuenta y en medio de carcajadas y de celebraciones de cumpleaños nos hicimos `grafiteras', nuestra especialidad fue cocinar `grafiteadas' bien sazonadas, de las que salieron frases contundentes:

¡Vivan las gordas,
vivan las morenas,
quiero ser mujer sin modelos que imitar!

Las pintamos en los colegios, en los mercados, en las calles atestadas en las que se encuentran los burdeles:

Para todos los sistemas de machos y fachos
la mujer es una puta,
mueran los sistemas,
vivan las putas

Mientras nuestras pintadas se fueron poco a poco convirtiendo en espejos donde ver otro rostro de las ciudades de nuestro país, mientras se transformaron en mecanismo callejero de cambiar el sentido del dolor y del sufrimiento, se fueron haciendo al mismo tiempo parte fundamental de nuestra vida colectiva, de nuestro visibilizarnos desobedientes, asociadas en una complicidad insólita entre indias, putas y lesbianas.

Después todas nos fuimos haciendo insólitas y fueron llegando más y más. Dejamos de ser cuatro locas y pintamos en nuestra vida y en nuestra historia:

Desobediencia por tu culpa
voy a ser feliz

Y pintamos,

Así como tú me quieres
yo no quiero ser de ti

Todos estos sentidos, valores y significados habían nacido en la calle y cobraban verdadero sentido en ella. Porque eran gratuitos, regalos sencillos a los y las transeúntes de cualquier edad, color de piel, oficio o barrio desde donde llegaran a la calle, sitio máximo de encuentro y de construcción de sociedad y esperanza.

Fuimos constantes en el tiempo, sosteniendo nuestra acción de `grafitear' como quien mantiene y cuida una relación amorosa, porque era el espacio de encuentro con nuestra sociedad que habíamos logrado edificar.

Después de eso empezamos a desarrollar también acciones en las calles; acciones sencillas y cotidianas, escandalosas y provocadoras, festivas y dramáticas.

Y la gente querida, que es la gente anónima de la calle, se asomó a la ventana de nuestros cuerpos para ver dentro cómo derramábamos pedazos de humanidad y de vida en la calzada. Se asomó a la ventana de nuestros cuerpos con timidez, con desconfianza, con rubor, con una ingenuidad que supimos interpretar e interpelar. Se asomó a las ventanas de nuestros cuerpos a recibir flores, frutas y pan, y nuestras danzas lujuriosas fueron seductoras. Y la doble moral tuvo que partirse en dos mitades inútiles para dar paso al calor de los cuerpos. Y el racismo tuvo que huir de escena al sentirse descubierto. Lo vimos tener vergüenza frente a indias descolonizadas: ante su belleza, tuvo que huir rompiendo espejos.

Otras veces temblaron burócratas y otras tantas tuvieron fiebre los policías. Así levantamos otro espacio callejero además de las paredes, el de nuestras acciones. Ellas son mítines donde quienes nos juntamos ejercemos el derecho a pensar nuestras vidas y ridiculizar y confabular contra toda jerarquía.

Ésa es la génesis de esta palabra, la historia de la que nació y el útero del que se alimentó.

Una palabra sincera que, sin micrófono, sin música de fondo, sin luces de colores, sigue siendo avivada por las Mujeres creando; una palabra que empezó por entender que la creatividad transforma las sociedades; una palabra que comenzó adueñándose de la creatividad otrora expropiada o vista como lejana. Vestimos de sencillez la creatividad y se hizo también nuestra palabra.

Palabra sincera es la que tenemos y nuestra voz tiene contundencia porque ha aprendido a hacer eco en tu corazón; palabra nuestra que te invita a recuperar espacios de libertad en tu calle, en la puerta de tu casa, en las plazas y en los parques. Palabra sincera que te susurra al oído la invitación a ser feliz renunciando a tus privilegios.




Para conocer más sobre este tema, la autora recomienda:


Libros básicos

Publicaciones o revistas esenciales
Algunas organizaciones fundamentales en este ámbito Una película de ficción o documental
Una visita



Imágenes de la exposición relacionadas con este artículo (n.e.):



Fecha de referencia: 15-04-2003


1: Titulada en Psicología y en Ciencias de la Educación por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, María Galindo es investigadora, videasta e integrante del movimiento feminista boliviano Mujeres creando. Ha publicado varios libros y artículos sobre feminismo y es miembro del consejo de redacción de la revista Mujer pública. En 2001 obtuvo el premio del público en el Festival de Cine de Bolonia por el programa Creando mujeres y actualmente produce una teleserie feminista, Mamá no me lo dijo.

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