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Boletín CF+S > 21 -- El pasado es un país extraño > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n21/nmvaz.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

La historia de la vida, la vida de la historia


Mariano Vázquez

Prometí en el editorial del número 20 que nos ocuparíamos de la «la descripción de las relaciones entre `vida', `eficiencia', `competencia'». Hemos tardado (nunca habíamos acumulado tanto retraso) pero la ocasión ha llegado.

En la construcción de teorías sobre la evolución o la historia de las cosas está en discusión cuándo y en qué medida la `causa final' de Aristóteles tiene libertad para operar y sobredeterminar la sucesión de causas y efectos en sus existencias. Desde el momento en que el `progreso' de la sociedad humana se vea como inevitable, la `finalidad' de la historia se encumbra e, incluso, alguien ocioso, sin otra cosa que hacer, puede decretar `su fin'. Además, la aceptación de un `fin previsto' supone siempre un pensamiento religioso, en el sentido de supersticioso. Una vez aceptada la `selección natural' como progreso inevitable, la `teoría de Darwin', tal y como ha sugerido Javier Sampredo (véase El País 22-5-2002), aunque en apariencia nació `contra' la religión, se ha trastocado en religión a su vez. Este tema del determinismo finalista es `el tema' que hemos querido revisar en este número.

En el caso de las ideas sugeridas por Darwin, hay un debate estéril que resulta difícil de evitar (una vez metidos en harina): qué o qué no dijo el `padre fundador', etc. Realmente es lo de menos. Lo que cuenta aquí es que el acento en el carácter teleológico de la evolución (``la meta final''), acento que muchos férreos antidarvinianos veían en peligro tras la publicación del Origen de las especies (y las razas...), fue fácilmente recuperado por la versión más popular e interesada de la selección natural. Una vez que se tiene fe en que la selección natural de lo mejor funciona de modo general, las condiciones presentes quedan justificadas (a pesar de guerras, miserias, crisis ambientales, etc): en esa contabilidad, el presente no es sino el futuro de hace apenas nada, asi que si el futuro de mañana nos deparará seguras `mejorías', lo que tenemos hoy no es otra cosa que la `mejoría' del ayer.

Hay una pregunta a la que es necesario dar respuesta (aunque nadie la pida): ¿de qué les puede servir a los `agentes' de las `buenas prácticas' la lectura de este número? Pienso que de mucho. El reconocimiento de la existencia de `contingencias históricas' permite desembarazarse tanto de falsas promesas ajenas como de falsas esperanzas propias. De hecho, en no pocas `buenas prácticas' interviene como factor fundamental de éxito, ese reconocimiento: estoy pensando en los proyectos Rio-Cidade, Favela-barrio (en Rio, véase, por ejemplo, http://www.armazendedados.rio.rj.gov.br, http://habitat.aq.upm.es/bpal/onu/bp028.html, http://habitat.aq.upm.es/bpal/onu/bp039.html) o Guarapiranga (en São Paulo, véase, por ejemplo, http://habitat.aq.upm.es/bpal/onu/bp029.html, http://habitat.aq.upm.es/bpal/onu/bp037.html). El problema es, como tantas veces, si los agentes de las BPs tendrán tiempo como para meditar sobre ello (suponiendo que, a estas alturas, no lo tuvieran ya claro).

Pero también puede pensarse en fracasos, como la parca difusión de las energías limpias en tantos países `desarrollados'. Pues, parafrasenado a Marvin Harris, de poco vale el `buen invento' de engranar reciclaje de materiales con recolección de energía solar, cuando, por un puñado de dolares, puede comprarse toda la electricidad de origen fósil o nuclear que se desee (y esto, desafortunadamente, lo sé bien, por haber experimentado personalmente un fracaso de ese tipo). Al igual que el teclado DVORAK es conocido y nos evitaría el tropezar de nuestros dedos según bailan frenéticos por todo el teclado, lo cierto es que para librarnos de QWERTY (incluso suponiendo que sea mejor hacerlo) no basta la simple existencia de DVORAK. Pues no se trata de dioses peleando en el Olimpo. Salir de los valles a los que nos conduce la historia pasada, no sólo exige saber de algún otro valle interesante, exige sobre todo encontrar un puerto practicable o, en el peor caso, escalar montañas que se nos pueden antojar insuperables. (Dificultades estas que, quien quiera que se haya dedicado a la optimación de soluciones en problemas `interesantes', conoce bien, ---subrayadas ya por Schrödinger en su What is Life?) Como esta característica es muy abstracta y genérica, a posteriori no puede extrañar la variedad de disciplinas que este número convoca: biólogia, urbanismo, informática, sociología, etc.

Como cita Lowenthal, la construcción de la historia en buena medida es ``recordar el futuro e imaginar el pasado''. Una vez que se reconoce la diversidad de imágenes posibles, la elección de una no es cosa trivial, pues condicionará el curso de nuestras acciones presentes. Sin duda, como insistía siempre Feyeranbend, anything goes, ``todo vale'': por supuesto que la selección natural opera en tales o cuales detalles (como las medidas de los picos de los pájaros en las Galápago, que varían de año en año; o como en el color de las polillas británicas, que especulan entre lo claro y lo oscuro); pero también lo hace la cooperación entre unidades equiparables de un cierto nivel de organización en tales o cuales otros (véase el textito de García-Bellido citado más abajo). Pero la construcción de una historia de la cooperación se me antoja mucho más útil para la acción presente que una historia, por otra parte tan distraída, de la lucha.

Tiene gracia que en el XIX los manuales se titularan `Historia Natural' (al modo en que, oportunamente, tituló Mumford su artículo) o, incluso, `Filosofía Natural'; y que en la segunda mitad del XX vieran la luz manuales tan valiosos como La economía en evolución (Naredo) o The Evolution of Designs (Steadman). Ese `intercambio' (amén de muchas otras cosas) sugiere buscar cómo construir una teoría de la evolución o de la historia más abarcadora, en la que no quedarían excluidos ni los `seres inanimados' ni las `sociedades humanas'.

Sería estupendo que este número propiciara un debate (no limitado a las personas que lo han escrito). De hecho, son muchos los temas que el número no trata (o apenas menciona), pero que están muy activos detrás de las bambalinas: los sucesivos y jerarquizados niveles de organización en la evolución que, finalmente, parecen haber conducido a lo viviente; la tensión entre el mundo exterior y el interior de cada ser (como oportunamente recordaba Antonio García-Bellido en su necrológica de Stephen Jay Gould, El País 29-5-2002); la contingencia histórica (más allá de las formulaciones de David en su artículo ejemplificador); la emergencia de la novedad (Georgescu-Roetgen); el entrelazamiento entre la acción y el conocer (Maturana, Varela); la singularidad o la generalidad de la conciencia-de-sí...

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