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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Cleo y la economía del teclado QWERTY


Paul A. David[1]
Stanford (California, EEUU), mayo de 1985[2].


Versión original inglesa

Copyright Note:

  1. This translation was made by Carlos Jiménez from the complete text of the original article;
  2. it is being published electronically with the permission of that article's author (Paul A. David); and
  3. the editor of Boletín CF+S holds copyright only to the Spanish language electronic distribution of the text, and will grant permission for electronic distribution without charge.

Nota sobre Copyright:
  1. Esta traducción fue hecha por Carlos Jiménez a partir del texto completo del artículo original;
  2. se publica electrónicamente con la autorización del autor (Paul A. David);
  3. la editorial del Boletín CF+S tiene sólo derechos sobre la distribución electrónica de la versión castellana, y otorga gratuitamente permiso para su distribución electrónica.


Cicerón esperaba de los historiadores, en primer lugar, que relatasen historias ciertas. Me propongo cumplir con mi deber en esta ocasión ofreciendo un relato casero de historia económica en la cual «se encadenan los despropósitos». El argumento principal de la historia es muy sencillo: en ocasiones es imposible descubrir la lógica (o ilógica) del mundo que nos rodea si no se entiende antes cómo ha llegado hasta la situación presente. Una secuencia aleatoria de cambios económicos es aquella en la que hechos temporalmente remotos, muchas veces más relacionados con circunstancias accidentales que con fuerzas sistemáticas, ejercen una importante influencia sobre el eventual resultado. Estos procesos estadísticamente aleatorios no convergen automáticamente hacia un resultado determinado y son denominados procesos no ergódicos. En tales circunstancias, los «accidentes históricos» no pueden ser ignorados, ni pueden ser convenientemente aislados con el propósito de analizar un proceso desde el punto de vista económico; el proceso dinámico asume un carácter esencialmente histórico.

Esta historia no pretende establecer en qué medida el mundo se rige por estos fenómenos, tan sólo intenta ilustrar un caso concreto. Sólo espero que la narración resulte entretenido para todos aquellos que acudan a él con el fin de descubrir si el estudio del historia económica es una actividad realmente necesaria para los economistas y por qué.



1. La historia del teclado QWERTY


¿Por qué la fila superior del teclado del ordenador está formado por la secuencia de letras QWERTYUIOP y no por cualquier otra? Sabemos que no hay ningún motivo mecánico que exija la odiosa distribución de teclas conocida como «QWERTY» y todos somos lo bastante mayores para recordar que QWERTY ha llegado a nosotros, de alguna manera, procedente de la Era de la Máquina de Escribir. Ciertamente nadie se dejó persuadir por las llamadas a abandonar QWERTY que los apóstoles del teclado DSK (Dvorak Simplified Keyboard) publicaron una y otra vez en revistas comerciales, tales como Computers and Automation.

¿Cúal es el motivo? Usuarios del teclado patentado en 1932 por August Dvorak y W. L. Dealey han establecido récords mundiales de pulsaciones que aventajan considerablemente cualquier marca establecida con el teclado QWERTY. Por otra parte, durante los años cuarenta, experimentos llevados a cabo por la marina de los Estados Unidos demostraron que el incremento de la velocidad de pulsación en teclados DSK permitiría amortizar en apenas diez días de trabajo el coste de la formación de un grupo de macanógrafos. La muerte en 1975 del inventor terminó con cuatro décadas de frustración por el terco rechazo del mundo a su contribución; su muerte le impidió disfrutar de un dispositivo que se incorporó a los ordenadores IIC de Apple y que permitía a los usuarios cambiar su teclado QWERTY por un teclado DSK virtual (aunque tal vez habría aumentado su frustación ante la duda de que alguien, alguna vez, llegara a utilizar dicho dispositivo).

Si, tal como decía la publicidad de Apple, el teclado DSK «le permite teclear entre un 20 y un 40 por ciento más rápido», ¿por qué este diseño superior se encontró con un rechazo semejante al que habían sufrido las siete mejoras al teclado QWERTY que se habían patentado en EEUU y Gran Bretaña entre los años 1909 y 1924? ¿Era éste el resultado de un comportamiento caprichoso e irracional de incontables individuos organizados para mantener una tradición tecnológicamente anticuada? ¿O se trataba, como alguna vez insinuó el propio Dvorak, de una conspiración del oligopolio de los fabricantes de máquinas de escribir para suprimir un invento que habría aumentado la eficiencia de los mecanógrafos hasta hacer decrecer la demanda de sus productos? ¿O tal vez habría que tomar en serio la otra «teoría del mal», y preguntarse si la regulación y las interferencias políticas en el «mercado libre» habían provocado el establecimiento de un teclado claramente ineficiente? ¿Habría que echarle la culpa, una vez más, al sistema público de educación, responsable de todos los fracasos?

También se puede considerar que éstas no son las líneas de investigación más prometedoras para buscar una explicación económica al actual dominio del teclado QWERTY. Los agentes responsables de la producción y de la adquisición en el actual mercado de los teclados no se encuentran bajo el control de ninguna costumbre ancestral, conspiración o normativa estatal. Pero, aunque ellos son, tal como se dice, «libres para escoger», su comportamiento está condicionado en gran medida por acontecimientos olvidados hace tiempo y configurado por circunstancias que ni ellos ni sus intereses pueden imaginar. Igual que los grandes hombres de los que Tolstoi dijo: «cada una de sus acciones, que se les aparecen como acto de su libre albedrío, no son, en un sentido histórico, libres en absoluto, sino deudoras de todo el curso de la historia pasada...» (Guerra y Paz, Libro IX, Capítulo 1)

En cualquier caso, ésta es una historia reciente; comienza hace poco más de cien años, con el quincuaqésimo segundo inventor de una máquina de escribir. Christopher Lathan Sholes ejercía profesionalmente de impresor en Milwaukee (Wisconsin, EEUU), mientras que su afición le inclinaba a reparar todo tipo de máquinas. En octubre 1867 logró la patente de una máquina de escribir que había construido con la ayuda de sus amigos Carlos Glidden y Samuel W. Soule; sin embargo el invento de Sholes aún adolecía de varios problemas que debía resolver antes de intentar su comercialización. El punto de impresión no era completamente visible por el mecanógrafo debido a que se situaba bajo el carro del papel; esta «invisibilidad» continuó siendo una característica desafortunada en éste y en otros modelos posteriores mucho después de que el carro plano del diseño original fuese sustituido por sistemas más parecidos al carro cilíndrico de las máquinas actuales. Como consecuencia de esto, las varillas tendían a chocar y a atascarse cuando se tecleaba demasiado rápido, lo que suponía un defecto bastante serio. Cuando una varilla se atascaba cerca del punto de impresión, cada vez que se pulsaba cualquier tecla, sólo se imprimía la primera letra, algo que sólo se descubría cuando el mecanógrafo se molestaba en avanzar el papel y revisar lo que había escrito.

Animado por el optimismo infatigable de James Densmore, socio capitalista del inventor desde 1867, Sholes dedicó los siguientes seis años a perfeccionar «la máquina». A partir de un proceso de prueba y error, reordenó el teclado original de su invento en un esfuerzo por reducir la frecuencia de los atascos de las varillas, de lo que surgió un teclado organizado en cuatro filas muy parecido al QWERTY actual, aunque sólo con letras mayúsculas. En marzo de 1873, Densmore se asoció con E. Remington & Sons, los famosos fabricantes de armas, para fabricar un modelo sustancialmente modificado de la «Máquina de Escribir» Sholes-Glidden. En los siguientes meses los mecánicos de Remington completaron prácticamente la evolución del teclado QWERTY. Sus numerosas modificaciones incluyeron algunos ajustes del diseño del teclado en los cuales la letra «R» ocupó el lugar anteriormente reservado para el caracter «.» en la fila superior, de forma que se encontraran en esta fila todas las letras necesarias para escribir «TYPE WRITER» más rápidamente; los vendedores podían así hacer demostraciones para impresionar a los posibles compradores.

A pesar de este truco promocional, el comienzo de la carrera comercial de esta máquina, a la que el destino del QWERTY se encontraba unido, resultó terriblemente precario. Al período de crisis económica de la década de 1870 no era el momento más adecuado para el lanzamiento de una nueva maquina de oficina con un coste de 125 dólares y, en 1878, cuando Remington introdujo su segundo modelo mejorado (que incluía una tecla que permitía alternar entre mayúsculas y minúsculas), la empresa se encontraba al borde de la bancarrota. De esta forma, aunque las ventas empezaron a remontar con el fin de la depresión y la producción anual de máquinas de escribir se elevó a 1.200 unidades en 1881, la implantación en el mercado que el teclado QWERTY había conseguido estaba lejos aún de garantizar su supervivencia; el número total de máquinas dotadas de un teclado QWERTY apenas superaba las 5.000 unidades a comienzos de la decada de 1880.

Tampoco estaba su futuro garantizado por ninguna cuestión técnica; existían mecanismos alternativos al de impresión por varillas que había determinado la distribución de las teclas y que estaban siendo introducidos en la escena norteamericana. No sólo había mecanismos de varillas que golpeaban el papel desde abajo o desde el frente y que permitían ver el punto de impresión, sino que el problema del choque de las varillas podía haberse resuelto con una distribución lineal de éstas, tal y como el joven Thomas Edison había ideado en su patente de 1872 para un cilindro de impresión eléctrica y que posteriormente se convirtió en la base para los teletipos. Lucien Stephen Crandall, el inventor de la segunda máquina de escribir que alcanzó el mercado americano (1879), diseñó un sistema de impresión que utilizaba un manguito cilíndrico para resolver que un caracter determinado golpeara el punto de impresión (también habría que mencionar el carácter revolucionario del diseño «golf ball» de la IBM 72/82). Libres de las limitaciones del sistema de impresión por varillas, máquinas de escribir de éxito comercial, como la Hammond y la Blickensderfer, empezaron a emplear distribuciones de teclado más sensatas que el QWERTY. El teclado denominado «Ideal» situó en la línea principal la secuencia DHIATENSOR, diez letras con las que se podían componer el 70% de las palabras inglesas.

El uso extensivo de las máquinas de escribir comenzó en la década de 1880, produciéndose una rápida proliferación de diseños competitivos, empresas productoras y distribuciones de teclado rivalizando con el QWERTY de la Sholes-Remington. De hecho, a mediados de la década, cuando ya era evidente que se había superado cualquier limitación técnica que pudiera justificar el dominio del teclado QWERTY, la industria estadounidense se dirigía rápidamente hacia un estándar de máquina con sistema de varillas frontales y con un teclado QWERTY de cuatro filas, denominado «Universal». Entre 1895 y 1905, los principales productores de máquinas de escribir con sistemas alternativos a las varillas comenzaron a ofrecer el teclado «Universal» como una opción para sustituir el teclado «Ideal».



2. QWERTY-nomía básica.


Para entender qué ocurrió en el decisivo intervalo que incluye toda la década de 1890, los economistas deben tener en cuenta el hecho de que las máquinas de escribir comenzaban a formar parte de un sistema productivo de mayor escala y con una complejidad interdependiente técnicamente. Además de los fabricantes y los compradores de máquinas de escribir, el sistema incorporó a los mecanógrafos y a una diversidad de organismos (tanto privados como públicos) encargados de formar a éstos en las técnicas de mecanografía. Más importante incluso fue el hecho de que, al contrario que las máquinas de los que formaban parte los teclados, el conjunto del sistema no había sido diseñado por nadie, «simplemente creció», como otros muchos fenómenos de la historia económica.

La aparición de la mecanografía «al tacto» (un avance significativo respecto al método de cuatro-dedos-en-busca-de-las-teclas) a finales de la década de 1880 resultó crítica, debido a que esta innovación estaba, desde su concepción, adaptada al teclado QWERTY. La escritura al tacto dio lugar a las tres características del sistema de producción que se estaba gestando y que tuvieron una crucial importancia para el dominio indiscutible de la distribución QWERTY en los teclados; estas tres características eran: interdependencia técnica, economía de escala y quasi-irreversibilidad de las inversiones. Estos tres elementos se constituyeron en los ingredientes básicos de lo que se podría denominar QWERTY-nomía.

La interdependencia técnica, o la necesidad de una compatibilidad entre el soporte físico (hardware) de los teclados y el soporte lógico (software), representado por la memorización por parte del mecanógrafo de la distribución de las teclas, significaba que el valor real de la máquina de escribir como instrumento de producción dependía de la disponibilidad de una preparación y una formación específicas que, como el aprendizaje de un teclado en particular, era decisión del mecanógrafo. Con anterioridad a la expansión hacia el mercado doméstico, los principales compradores de máquinas de escribir eran empresas comerciales, cuyos intereses y criterios de compra eran independientes de los técnicos que iban a utilizar dichas máquinas. De hecho existían pocos incentivos (tampoco después los ha habido) para que estas empresas realizaran cualquier tipo de inversiones en formar capital humano que después pudiera ser utilizado en cualquier otra empresa[3]. Por otro lado, la compra por parte de una empresa de una máquina de escribir con teclado QWERTY permitía externalizar la formación de los mecanógrafos. De esta forma, se aumentaba la probabilidad de que un mecanógrafo decidiera aprender el teclado QWERTY antes que otro teclado cuya presencia en el mercado fuera más reducida. Así, el coste global para el empresario que había confiado en el teclado QWERTY tendía a reducirse según éste obtenía la aceptación general frente a otros sistemas; mientras, en el mercado de la formación de mecanógrafos se daban condiciones esencialmente simétricas.

Estas condiciones, que permitían la reducción de los costes, lo que se denomina sistema de economía de escala, tenían una serie de consecuencias, entre las que, indudablemente, la más importante era la tendencia hacia una estandarización de facto a través del predominio de un único teclado como resultado final del proceso de competencia entre los distintos sistemas. Para analizar la situación se puede realizar la siguiente simplificación: imaginemos que los compradores de máquinas de escribir no tuvieran en general ningún tipo de preferencias sobre los teclados y sólo se preocupasen del número de mecanógrafos preparados existentes en el mercado para cada tipo específico de teclado. Supongamos que los mecanógrafos, por su parte, no expresaran una preferencia clara por aprender el teclado QWERTY frente a otros métodos, pero que se mostrasen atentos a la distribución de los diferentes teclados en el mercado. A continuación imaginemos a los miembros de esta población heterogénea decidiendo de forma aleatoria qué tipo de formación realizar. Se puede ver, con una reducción ilimitada del coste de selección, que cada decisión aleatoria en favor del teclado QWERTY aumentaría la probabilidad (aunque no la garantizaría) de que el siguiente en elegir se decidiera también en su favor. Desde el punto de vista teórico de los procesos aleatorios, lo que observamos aquí es equivalente al «esquema de extracciones sucesivas» generalizado. En un esquema sencillo de esta clase se utiliza una urna conteniendo bolas de varios colores y cada vez que se saca una bola de un color determinado, se añade a la urna otra bola más del mismo color; de esta forma, la probalidad de sacar un determinado color aumenta cada vez que se saca una bola de dicho color y ésta es función lineal de las proporciones de los diferentes colores presentes en la urna. Un reciente teorema expuesto por W. Brian Arthur et al [W. Brian Arthur et al, 1983; 1985] nos permite decir que cuando la forma generalizada de dicho proceso (caracterizado por un incremento ilimitado de las aportaciones) se extiende indefinidamente, el factor proporcional de uno de los colores converge en la unidad con probabilidad igual a uno.

Puede haber varios posibles candidatos a la hegemonía, pero a priori no se puede afirmar con certeza cuál de entre los colores, o distribuciones de teclado, será el que acabe dominando al resto. Esa parte de la historia es fácilmente determinada por «accidentes históricos», o lo que es lo mismo, por una secuencia particular de elecciones realizadas al principio del proceso. Es aquí donde factores efímeros y esencialmente aleatorios tienen una mayor probabilidad de ejercer una importante influencia, tal y como ha sido mostrado con pulcritud por el modelo de la dinámica de competición tecnológica bajo retornos crecientes [Arthur, 1983]. La intuición sugiere que si las elecciones se hubieran tomado con una perspectiva de futuro, en lugar de optar por una perspectiva de corto plazo basada en los costes inmediatos de los distintos sistemas, el resultado final podría haber estado fuertemente influido por las expectativas creadas: un sistema concreto podría haber triunfado sobre sus rivales por el mero hecho de que los usuarios (bien los empresarios o bien los mecanógrafos) hubieran previsto su triunfo. Esta intuición parece confirmarse por los recientes análisis formales de Michael Katz y Carl Shapiro [Katz y Shapiro, 1983] y de Hard Hanson [Hanson, 1984] sobre mercados donde los consumidores de productos rivales se benefician de las «externalidades» proporcionadas por la compatibilidad con el sistema o la red en los que se integran. A pesar de que la ventaja inicial adquirida por el QWERTY gracias a su asociación con Remington era cuantitativamente muy reducida, su magnificación por las expectativas bien pudo ser suficiente para garantizar que la industria se decidiese, sin posibilidad ya de dar marcha atrás, por un estándar de facto basado en el teclado QWERTY.

Este punto sin retorno se alcanza muy pronto, a mediados de 1890, y parece que viene condicionado por el alto costo de la conversión de los mecanógrafos y la consiguiente cuasi-irreversiblidad de la inversiones en la formación específica de éstos. Entre tanto había aparecido una importante asimetría en cuanto a la conversión de los teclados: mientras los costes de formar a un mecanógrafo aumentaban, los costes de modificar la distribución del teclado de una máquina de escribir se reducían. En la medida que los nuevos mecanismos de impresión alternativos a lo largo de la década de 1880 estaban liberando a los teclados de las limitaciones que habían condicionado la gestación del QWERTY, también estaban liberando a los fabricantes de su dependencia técnica respecto de cualquier tipo de distribución de teclado. De esta forma, los fabricantes de máquinas de escribir con teclados alternativos podían fácilmente cambiar el teclado para aprovechar la expansión del QWERTY y lograr la compatibilidad con el importante número de mecanógrafos especializados en este teclado y cuya reconversión no era tan barata. En esta situación concreta, la secuencia en que se había desarrollado esta evolución determinó la preferencia económica por adaptar las máquinas a los hábitos de los hombres (o las mujeres, como fue cada vez más habitual) que hacerlo a la inversa. Y estas circunstancias no han cambiado desde entonces.



3. El mensaje.


Como moraleja, quiero dejar un mensaje de fe y esperanza. La historia del QWERTY resulta muy intrigante para los economistas. A pesar de la presencia del tipo de externalidades que el análisis estático estándar nos dice que interferirían en la consecución de un sistema con un grado de compatibilidad óptimo socialmente, la competencia en el marco de un mercado inmaduro llevó a la industria a una estandarización prematura, basada en un sistema erróneo apoyado tan sólo en un sistema descentralizado de toma de decisiones. Los resultados de este tipo no son tan exóticos; para que se produzcan parece que sólo es necesaria la presencia de una fuerte interdependencia técnica, economía de escala e irreversibilidades relacionadas con la formación y el aprendizaje. Desde luego, no produce ninguna sorpresa a los lectores de los pasajes clásicos de Thorstein Veblen en su obra Alemania y la Revolución Industrial [Veblen, 1915], donde habla del problema de los vagones de ferrocarril excesivamente reducidos que se habían impuesto como estándar en Gran Bretaña y «los problemas de asumir el liderazgo»; igualmente, estas cuestiones resultarán penosamente familiares para los estudiantes obligados a asimilar los detalles de los merecidamente ignorados escritos (ver los estudios del autor entre 1971 y 1975) sobre los obstáculos que la parcelación y las prácticas tradicionales supusieron para la mecanización de la agricultura británica, y la influencia que tuvieron sobre la mejora de la productividad en ciertos sectores industriales hechos de la historia de los factores de los precios en Estados Unidos que se remontan hasta el siglo XIX.

En este punto, estoy convencido de la existencia de otros casos del mismo tipo que éste del teclado QWERTY, ocultos en la historia, en los límites mismos del universo perfectamente ordenado que el analista económico moderno imagina; se trata de casos que aún no percibimos ni entendemos por completo, pero cuya influencia, como la de las estrellas oscuras, se extiende sin embargo hasta dar forma a las cuestiones más visibles de la economía contemporánea. Así, la mayor parte del tiempo estoy convencido de que los placeres y los terrores de la exploración de estos mundos serán lo suficientemente atractivos para aventurar a los economistas más inquietos hacia el estudio sistemático de los procesos dinámicos de la historia económica como medio para alcanzar una mejor comprensión de la disciplina.



Agradecimientos


Esta investigación ha sido posible gracias a la subvención económica del Programa de Innovación Tecnológica de la Universidad de Stanford. Douglas Puffert proporcionó una valiosa ayuda en la investigación. Parte, aunque no toda, de mi deuda hacia las opiniones de Brian Arthur sobre este tema y otros relacionados se encuentra reflejada en las referencias. Toda la responsabilidad de los errores y malinterpretaciones, así como de las peculiares opiniones aquí esbozadas es de mi exclusiva competencia. Existe una versión ampliada, con referencias completas y disponible bajo pedido con el título "Understanding the Economics of QWERTY or Is History Necessary?".



Referencias bibliográficas.


Arthur, W. Brian (1983) "On Competing Technologies and Historical Small Events: The Dynamics of Choice Under Increasing Returns" (Technological Innovation Program Workshop Paper, Department of Economics, Stanford University, November)

Arthur, W. Brian, Ermoliev, Yuri M. and Kaniovski, Yuri M. (1983) "On Generalized Urn Schemes of the Polya Kind" (Kibernetika, No. 1,' 1983, 19, 49-56 - translated from the Russian in Cybernetics, 19, 61-71)

Arthur, W. Brian, Ermoliev, Yuri M. and Kaniovski, Yuri M. (1985) "Strong Laws for a Class of Path-Dependent Urn Processes" (in Proceedings of the International Conference on Stochastic Optimization, Kiev, Munich: Springer-Verlag)

David, Paul A. (1971) "The Landscape and the Machine: Technical Interrelatedness, Land Tenure and the Mechanization of the Corn I Harvest in Victorian Britain" (in D. N. McCloskey, ea., Essays on a Mature Economy: Britain after 1840, London: Methuen, ch. 5)

David, Paul A. (1975) Technical Choice, Innovation and Economic Growth: Essays on American and British Experience in the Nineteenth Century (New York: Cambridge University Press)

Hanson, Ward A. (1984) "Bandwagons and Orphans: Dynamic Pricing of Competing Technological Systems Subject to Decreasing Costs" (Technological Innovation Program Workshop Paper, Department of Economics, Stanford University, January)

Katz, Michael L. and Shapiro, Carl (1983) "Network Externalities, Competition, and Compatibility" (Woodrow Wilson School Discussion Paper in Economics No. 54, Princeton University, September)

Veblen, Thorstein (1915) Imperial Germany and the Industrial Revolution (New York: MacMillan)

Traducido por Carlos Jiménez Romera.

Fecha de referencia: 10-07-2002


1: Departamento de Economía, Encina Hall, Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305.
2: Publicado originalmente en: American Economic Review, 75 (2), Mayo de 1985.
3: De hecho, sobre el ejemplo mencionado al principio del artículo, se trata de una empresa muy particular, la Armada de Estados Unidos, y en periodo de guerra, la que realizó el experimento de enseñar a sus empleados a utilizar el teclado DVORAK

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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
 
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