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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Manuel de la Herrán Gascón [1] [2]
Bilbao (España), 2002.
La evolución tal como nos la presenta el darwinismo o la
Computación Evolutiva puede parecer a simple vista un proceso
descarnado, egoísta y cruel. Para algunos, los Algoritmos
Genéticos son la confirmación matemática de lo inevitable del
egoísmo en el mundo. Otros expresan su disconformidad ante esta
concepción de las relaciones entre individuos, y confían
intuitivamente en el triunfo de la cooperación. Otros, entre los
que me incluyo, llegamos a la misma conclusión a traves de la
observación del mundo real y de las simulaciones por ordenador.
Como describió Teilhard de Chardin, a grandes rasgos, la
cooperación sólo puede aumentar.
¿Tiene realmente el altruismo un lugar en la evolución humana o
acaso es eso lo que queremos creer? ¿Podemos investigar esto con
un ordenador? Vamos a analizar diversas teorías alternativas o
complementarias que explican la evolución de los seres vivos, y
dentro de ellas vamos a ver el papel que tiene o puede tener la
cooperación, relacionándolo todo con la Computación Evolutiva
y la Vida Artificial. Esta exposición se basa en los libros de
los autores citados en la bibliografía al final del texto.
Antes de continuar quiero aclarar que en este documento no se
discute la ética de estos comportamientos, sino que se analiza
por qué algunos o una combinación de ellos son seleccionados en
la evolución. Para saber cuáles son los seleccionados, basta con
mirar a nuestro alrededor, ya que nosotros y el resto de los
seres vivos somos producto de ella. Aún así no debemos olvidar
que el proceso evolutivo es algo dinámico. Hoy se selecciona una
cosa, mañana otra, y en un momento cualquiera conviven
estrategias adecuadas con otras destinadas a desaparecer. El
hombre seguirá evolucionando, no sabemos hacia dónde. Tal vez sea
lo suficientemente diferente como para dar un giro radical al
proceso, tal vez no. Sin embargo, tenemos algunas pistas: la
evolución selecciona aquellas características que aportan a los
individuos una mayor probabilidad de tener descendientes capaces
a su vez de tener más descendientes y así sucesivamente. Si
cualidades como la vista, el olfato, la agilidad, el tamaño, la
fuerza, la posesión de colmillos, el aspecto colorido o la
capacidad de alimentarse de dietas muy variadas han sido
seleccionadas hasta ahora, en lo que respecta a los humanos, los
criterios parece que son y van a ser muy distintos.
¿Son los que más dinero tienen los que más descendencia dejan?
Aunque exista una relación, hay otros factores: el atractivo
sexual en los humanos parece aún mucho más importante que en los
animales, la inteligencia parece también fundamental, pero podría
ser como el tamaño. En principio siempre parece mejor ser más
grande que el otro. Pero puede haber un límite, como parece que
ocurrió con los dinosaurios y los meteoritos. En cambio algún
defecto físico no es importante, siempre que se pueda remediar
con unas gafas, o una simple operación, pero en el resto de los
animales siempre lo ha sido. La cesárea impide la existencia de
una selección en función de varios problemas en el embarazo, por
lo que en el futuro puede ser inevitable que todos los niños
nazcan así, sobre todo si las caderas mejor formadas desde el
punto de vista reproductivo dejaran de ser las de mayor atractivo
sexual, cosa que al menos por el momento no parece haber
ocurrido. En cuanto a los comportamientos, es evidente que la
cooperación (con interés por ambas partes) es el más útil y el
mayoritariamente seleccionado, encontrándose solo algunos casos
de completo egoísmo (como ocurre en los bebés, aunque el ejemplo
tal vez no sea válido por no pertenecer realmente a un entorno
social) y de completo altruismo (mártires, misioneros,
cooperantes, etc).
El que crea que en la evolución ``todo tiende a ir siempre a
mejor'', deberá aceptar que los criterios humanos de ``lo que es
mejor'' no son siempre los mismos que los de la naturaleza. El
que piense que la evolución no tiene una dirección determinada,
deberá admitir que en muchos casos lo seleccionado corresponde
con lo que nosotros llamamos mejor. El criterio de la naturaleza
es sencillo, pero aporta poca información al problema: se
selecciona lo que sobrevive, es decir, sobrevive lo que
sobrevive... aunque suene absurdo. Lo que ocurre con esta extraña
afirmación es que no predice lo que va a sobrevivir. No lo
sabemos. Simplemete estamos definiendo el fundamento de la
evolución... y resulta que nos encontramos con algo tan
fundamental como el espacio, el tiempo, la materia y la energía;
como el principio de identidad A=A o como el modus ponens
causa-efecto.
Los Algoritmos Genéticos basan su funcionamiento en el principio
de la Selección de las Especies, lo que hoy conocemos por
darwinismo. El darwinismo tiene su origen en los trabajos de
Alfred Russel Wallace sobre la tendencia de las variedades de
seres vivos a apartarse del tipo originario, y por supuesto,
también en los trabajos de Charles Darwin. Se cree que los
escritos de Wallace fueron leídos por Darwin creando un fuerte
impacto e interés en él, y se habla de la falta de decoro que
supuso la lectura de los trabajos de Wallace en último lugar
durante la primera sesión de la Sociedad Linneana, el 1 de julio
de 1858, después de la lectura de varios resúmenes de Darwin, aún
habiéndose acordado lo contrario.
En cualquier caso, Darwin se puso a trabajar de inmediato en su
famoso libro El origen de las Especies, que apareció en 1859.
Anteriormente a esto, otras importantes contribuciones fueron la
teoría de Jean-Baptiste de Lamarck y los estudios de Geología de
Charles Lyell (basados en James Hutton), donde se ofrece una
explicación de cómo la selección natural puede imprimir
variaciones dañinas en una especie, y en los cuales se cree que
se basó el trabajo posterior de Edward Blyth sobre la existencia
de una estructura genética característica en toda forma viviente.
Lamarck fue el primero en formular una teoría de la evolución con
coherencia lógica, según la cual existe transmisión de los
carácteres adquiridos de padres a hijos. Esta teoría hoy se
considera incorrecta; aunque algunos autores, como Donald Michie,
en su artículo ``La tercera fase de la genética'' sugiere y
presenta ejemplos que indican que el plasma germinal debe poseer
alguna vulnerabilidad frente a las influencias procedentes del
cuerpo que lo alberga.
Bien, hasta ahora ha aparecido bastante gente, pero todavía hay
más. El darwinismo está también muy influido por la obra del
economista inglés Thomas Robert Malthus, autor de Ensayo sobre
el principio de la población donde expuso sus doctrinas sobre el
crecimiento de la población. Dada la elevada tasa (geométrica)
de reproducción de todos los seres orgánicos, su número tiende
a crecer a ritmo exponencial, y dado que los alimentos, espacio
físico, etcétera, no lo hacen en la misma proporción (crecen de
forma aritmética o lineal), y mientras esto ocurra, nacerán
muchos más individuos de los que es posible que sobrevivan, y en
consecuencia, como sea que generalmente se recurre a la lucha por
la existencia, ya sea con individuos de la misma especie o de
especies distintas, o simplemente con el entorno, intentando
modificar sus características adversas, se desprende que un
individuo, si actúa de un modo provechoso para él, tendrá una
mayor probabilidad de sobrevivir, y será seleccionado
naturalmente. En resumen, que sobreviven los más fuertes.
La teoría de la selección de las especies sostiene que aquellos
individuos de una población que posean los carácteres más
ventajosos dejarán proporcionalmente más descendencia en la
siguiente generación; y si tales carácteres se deben a
diferencias genéticas, que pueden transmitirse a los
descendientes, tenderá a cambiar la composición genética de la
población, aumentando el número de individuos con dichas
características. De esta forma, la población completa de seres
vivos se adapta a las circunstancias variables de su entorno. El
resultado final es que los seres vivos tienden a perfecciónarse
en relación con las circunstancias que los envuelven. En
conclusión: la población cambia (evoluciona) hacia la figura del
más fuerte.
Nadie pone en duda el hecho de que las especies evolucionan
(cambian). Sin embargo, existe una discusión acerca de cómo lo
hacen, por qué lo hacen, y hacia dónde se dirige la evolución.
Las respuestas a estas preguntas no dejan indiferente al
filósofo; tampoco al programador de Algoritmos Genéticos.
La teoría de la selección de las especies argumenta que la
evolución de los seres vivos en la naturaleza, (de la cual
nosotros somos fruto), se produce gracias a la competencia y la
lucha entre los individuos. Este es el cómo; aparentemente el
mismo argumento ilustra el porqué (más adelante se ofrece otra
visión). Los seres vivos evolucionan porque no pueden dejar de
hacerlo: los seres vivos pueden tener o no esta actitud de
competencia, tal vez puedan decidir si participar o no en estas
luchas contra otros, pero en cualquier caso los que no luchen
morirán o se reproducirán en menor grado, por lo que un
comportamiento pacífico tenderá a desaparecer. En cuanto a la
vida, la explicación más sencilla es que se creó al azar y que
su objetivo es obtener individuos cada vez más perfectos y
poderosos.
Darwin incluso intenta probar que la evolución es la divina
providencia de la naturaleza, e intenta justificar lo que a los
ojos del hombre parece éticamente incomprensible; en palabras de
Darwin, «cuando meditamos sobre la lucha, podemos consolarnos con
la creencia de que la guerra de la naturaleza no es continua, que
no se siente miedo, que la muerte es generalmente rápida y que
los vigorosos, los sanos y los felices son los que sobreviven y
se multiplican».
Las conclusiones que se pueden extraer de esto para su aplicación
en la vida real parecen muy peligrosas si se aplican al ser
humano (¡sobre todo si nuestras premisas resultan ser falsas!);
hoy en día constituyen un argumento fundamental para defender la
competitividad propia del mundo occidental. A esto se le ha
llamado darwinismo social, que hoy en día se lleva a la práctica
en gran parte de una forma supuestamente civilizada a través de
decisiones políticas o comerciales, como bloqueos económicos, en
vez de con dientes y garras tal como hacen los animales.
Actualmente cada vez se utilizan menos estos argumentos para
justificar actitudes física y directamente violentas, aunque sí
existen tristes ejemplos de masacres y fanatismos raciales en el
presente. Sin embargo, sí se está utilizando en gran medida para
defender políticas económicas y comerciales de países o empresas,
e incluso estos argumentos son utilizados en conflictos a nivel
personal, apelando a supuestas leyes de la naturaleza con frases
como `es ley de vida' que no son más que una forma encubierta de
la misma lucha por la supervivencia, sin dientes ni garras pero
igual de mortal, o el `matar o morir', todo ello en línea con el
concepto de superhombre propio de Nietzsche.
¿Es esto verdad? ¿Es cierto que el hombre ha evolucionado a
partir de la violencia? ¿Es cierto que sólo puede seguir
evolucionando de esa manera? ¿Dejarían de evolucionar los
animales si fueran pacíficos? Hay que aclarar que Darwin poco
tiene que ver con el darwinismo social, y que he mostrado una
visión del darwinismo intencionadamente extrema (Wallace y Darwin
me perdonen).
Inicialmente, podemos descartar las respuestas extremas. Ni el
completo egoísmo ni el completo altruismo ofrecen buenos
resultados al individuo. Entre los diversos comportamientos
humanos, existe uno muy interesante en el que se combina un deseo
de comportamiento altruista unido a una actividad egoísta. ¿Puede
existir un origen evolutivo a la necesidad de justificarnos?
Las críticas a esta interpretación no se hacen esperar. Se
argumenta que el darwinismo aplicado sin más al hombre es una
interpretación errónea e interesada, que probablemente no fuera
defendida por Wallace ni por Darwin, y que no existe en la vida
real. En primer lugar, el darwinismo puro requiere una escasez
grande, una falta de recursos tal que obligue a los individuos
a competir. Para ello presupone que la población crece de forma
exponencial y los alimentos de forma lineal, lo que no es o no
tiene por qué ser así en el caso del hombre, ya que por una parte
existe el control voluntario de la natalidad (incluso animales
como el canguro son capaces de controlar su reproducción y dejar
de multiplicarse cuando las condiciones del medio ambiente son
adversas), y por otra la revolución industrial, la revolución
informática y la colonización del espacio, que permiten que los
alimentos sigan el ritmo de crecimiento de la población. El
darwinismo social presupone también que los más fuertes y
preparados son los que más se reproducen, y esta es una norma
mucho más habitual en los animales que en el ser humano. En
definitiva, se afirma que el darwinismo explica la evolución de
plantas y animales hasta llegar al hombre, pero no puede explicar
la reciente ni la futura evolución de éste. Por ello muchos
autores sugieren que la evolución tal como la conocemos se
detuvo, según unos, con el descubrimiento del fuego, según otros,
con los primeros controles de natalidad voluntarios, y que a
partir de ese momento el hombre ha evolucionado y evolucionará
de otra forma, tal vez de forma consciente (ingeniería
-manipulación- genética), tal vez con otro mecanismo que no sea
el genético.
Desde el punto de vista del programador de Algoritmos Genéticos,
la falta de variedad es un inconveniente. En un Algoritmo
Genético se seleccionan las entidades que mejor resuelven el
problema, pero también se seleccionan otras con peores resultados
cuya composición es distinta a la de los vencedores. Si no se
hiciera esto, el algoritmo se estancaría en una población del
tipo de los vencedores, que se reproducirían unos con otros sin
generar más variedad que la que aporten las mutaciones, de forma
que por una parte, no será posible resolver un problema cambiante
(o sería muy improbable), y por otra, si existen otras soluciones
mejores que la encontrada, no se podría llegar a ellas. Todos los
algoritmos genéticos que `funcionan' (excepto los que resuelven
problemas extremadamente sencillos) implementan alguna forma de
selección que permita la variedad, de forma que se evite en lo
posible que el algoritmo se estanque en un máximo local (¡aunque
en definitiva todos los algoritmos acaban tarde o temprano
estancados en un máximo local, ya que, si no, no se obtendría
nunca ningún resultado!).
Teilhard de Chardin ofrece una visión esperanzadora, positiva y
pacificadora de la evolución, viendo en ella sucesivas etapas de
destrucción (muerte, sin el sentido negativo que habitualmente
se atribuye a esta palabra) y construcción de algo mejor sobre
lo destruido (vida) que producen incrementos de complejidad y de
conciencia, estando el ser humano compuesto inicialmente por un
componente corporal o somático (animal) al que la evolución ha
agregado lo cerebral, intelectual y psicológico (racional), y que
se encuentra evolucionando hacia y adquiriendo el tercer
componente teónico o noosférico (espiritual), y quién sabe qué
otros componentes en el futuro.
Pedro Kropotkin, en su libro El apoyo mutuo [Kropotkin, 1970]
resalta la importancia que ha podido tener la cooperación en la
evolución, sin negar el componente evolutivo en la forma
darwinista.
Herbert Spencer, quien, antes de Darwin, había esbozado ya un
plan de un vasto sistema de filosofía sintética, extendió la idea
de la evolución por una parte a la materia inorgánica, y por
otra, a la sociedad y a la cultura. Para él, la lucha por la vida
(struggle for life) y la supervivencia del más apto (expresión
que usaba desde 1852), representan no solamente el mecanismo por
el cual la vida se transforma y evoluciona, sino también la única
vía de todo progreso humano. Sienta así las bases de lo que se
llamará el darwinismo social, con influencias posteriores en el
capitalismo feroz manchesteriano y el racismo. Thomas H. Huxley,
discípulo fiel de Darwin, publica, en febrero de 1888, en la
revista The Nineteenth Century un artículo que, como su nombre
indica, es todo un manifiesto del darwinismo social: ``The
Struggle for Life: A Programme''. Kropotkin queda conmovido por
este trabajo, donde ve expuestas las ideas sociales contra las
que siempre había luchado fundadas en las teorías científicas a
las que consideraba como culminación del pensamiento biológico
contemporáneo. Reacciona, y pretende refutarlo con una serie de
artículos que van apareciendo en The Nineteenth Century y que más
tarde se convertirían en el libro El apoyo mutuo. Un factor de
evolución.
Kropotkin destaca que la supuesta `incansable lucha sangrienta'
por los recursos no es tan frecuente como Darwin nos hace
imaginar, existiendo otros tantísimos ejemplos de colaboración
entre los individuos agrupados en manadas, familias, etc.
Kropotkin observa que en los animales no es tanta la lucha por
la supervivencia de unos contra otros como la lucha por la
supervivencia contra un entorno hostil, por ejemplo, en el caso
de unas aves que en invierno y ante la escasez de alimentos
deciden emigrar en grupo a otras tierras, en lugar de luchar
entre ellas por un escaso alimento.
Para que exista evolución es necesaria una selección (de los
mejores), y para que exista dicha selección, los recursos deben
ser escasos, no infinitos. Kropotkin está de acuerdo con esto;
es más, Kropotkin está completamente de acuerdo con el
darwinismo. Pero añade un matiz. Debe quedar claro que se habla
del apoyo mutuo como un factor de evolución, no el único ni el
más importante.
Ya que unos individuos serán seleccionados y otros no, este
simple hecho se puede expresar como `los individuos compiten'
(por ser seleccionados). La metáfora es válida, pero puede
malinterpretarse, porque puede suponerse más de lo que se dice.
Veámolos con un ejemplo: si queremos hacer una ensalada de
tomates, podemos ir a una tienda y comprarlos. Intentaremos coger
los mejores tomates: podemos decir que los tomates en la tienda
`compiten por ser seleccionados'. La metáfora puede ser válida,
pero los tomates no se mueven, no pelean entre ellos, y no se
arrebatan recursos. Si pensamos en los tomates en la tierra en
su fase de crecimiento, la metáfora es mucho más acertada. La
clave ahora está en cual es el criterio para seleccionar tomates:
¿se va a seleccionar un número fijo?, ¿se van a seleccionar
aquellos que cumplen ciertas carácteristicas, sean cuantos sean?,
¿una combinación de ambos factores? (a los estudiantes esto les
recordará a las dos formas de determinar los aprobados y los
suspendidos: mediante una prueba individual o mediante la odiada
`campana de Gauss').
Pasemos ahora al caso general de la naturaleza: Kropotkin
argumenta que los límites a la multiplicación excesiva son mucho
más frecuentemente los obstáculos naturales, y no el resto de los
individuos.
La conclusión que se obtiene de aquí es que la cooperación se da
más fuertemente en situaciones de adversidad, y la competencia
en el caso de habitar en un entorno benévolo. Son dos caras de
una misma moneda: un entorno `malvado' genera bondad, y un
entorno `bueno' genera maldad. ¿Se tenderá por tanto a una
distribución determinada de `buenos' y `malvados', ¿o a unos
individuos con cierta probabilidad de mostrarse como `buenos' o
como `malvados'?
Tal como relata Kropotkin, en la naturaleza los animales viven
por lo general en entornos de gran adversidad, y por tanto la
mejor opción es la colaboración y no la competencia. Dawkins
señala (pag. 147) que «los animales salvajes casi nunca mueren
por edad avanzada. El hambre, las enfermedades o los predadores
acaban con ellos mucho antes de que se tornen realmente seniles.
Hasta hace poco esto era también aplicable al hombre. La mayoría
de los animales mueren en la niñez, y muchos de ellos no llegan
a superar la etapa embrionaria» [Dawkins, 1994:147]. Parece ser
que la gran mayoría de los seres vivos mueren de hambre, o a
causa de cambios de temperatura, en muchísimos casos poco tiempo
después de nacer, en un lucha contra el entorno, pero no contra
otros de su misma especie. Si nos fijamos en el número de crías
que nacen por año de una especie, es evidente que la mayoría de
ellas no sobreviven muchos años.
Los antropólogos citan como pueblos que nunca han hecho la guerra
a los habitantes de las islas Andamán, cerca de la India, los
shoshoni de Nevada, los yahgan de Patagonia, los indios mission
de California, los semai de Malasia y los tasaday de Filipinas.
Ejemplos de pueblos que se encuentren casi constantemente en
guerra son mucho más fáciles de encontrar.
Para Kropotkin la escasez de población animal es la situación
normal en el planeta, y el número de animales existentes en un
área determinada no depende de la capacidad máxima de
abastecimiento, sino precisamente de lo que es capaz de ofrecer
en las condiciones menos favorables, en los veranos secos cuando
toda la hierba se quema.
Para Kropotkin el Estado es una entidad que perjudica el
desarrollo del apoyo mutuo. Al absorber el Estado las funciones
sociales, se incrementan los deberes de los ciudadanos hacia el
Estado (impuestos) en detrimento de los deberes hacia el resto
de ciudadanos. En la guilda de la Edad Media, dos `hermanos'
debían cuidar por turnos al hermano enfermo. Con el Estado, basta
con dar al compañero la dirección del hospital público más
próximo. En la sociedad `bárbara' presenciar una pelea entre dos
personas por motivos personales y no preocuparse de que no
tuviera consecuencias fatales significaría atraer hacia uno mismo
la acusación de homicidio, pero de acuerdo con el Estado que todo
lo vigila, el que presencia una pelea no tiene necesidad de
intervenir, puesto que para eso está la policía. Cuando entre los
salvajes -por ejemplo, los hotentotes- se consideraría
inconveniente ponerse a comer sin haber hecho a gritos por tres
veces una invitación a quien pudiera unirse al festín, entre
nosotros el ciudadano respetable se limita a pagar un impuesto
para los pobres.
Aunque objetivamente y a corto plazo el resultado obtenido sea
similar, tal vez en unos casos mejor y en otros peor, en
definitiva se obtiene que el ciudadano centra toda su atención
en su felicidad individual, sin prestar atención a las
necesidades ajenas.
En algunos insectos como las hormigas comprobamos que ha
evolucionado la estrategia contraria. Las feromonas son hormonas
capaces de salir del cuerpo, de circular por el aire y de
penetrar en otro cuerpo. Cuando una hormiga experimenta una
sensación, la emite por todo su cuerpo y todas las hormigas de
los alrededores la perciben al mismo tiempo que ella. Una hormiga
estresada comunica al instante su pena al entorno, de suerte que
éste sólo tiene una preocupación: que cese el penoso mensaje
encontrando un método para ayudar al individuo.
Para Fernando Savater, aspectos éticos como el respeto hacia los
demás son actitudes cuyo origen es en última instancia la
búsqueda inteligente del beneficio propio. Las simulaciones por
ordenador parecen darle la razón. En juegos como El dilema del
prisionero, se observa que el altruismo es perjudicial para el
que convive con individuos egoístas, pero el egoísmo necesita a
quien explotar a largo plazo, por lo que ambas son estrategias
destinadas a desaparecer. Son los pactos propios de la
cooperación los que ofrecen los mejores resultados.
En concreto, experimentalmente se comprueba que en el juego
iterado del prisionero, la mejor estrategia es la del `donde las
dan las toman' o `rencoroso', que comienza cooperando y después
hará lo que su oponente haya realizado en el movimiento anterior:
si cooperó, cooperará de nuevo, y si le traicionó, le
traicionará, lo que supone una cooperación condicional (coopero
si tu también lo haces) teniendo también buenos o mejores
resultados otras variantes con más o menos `memoria' del pasado
(``coopero si tu también lo has hecho al menos las últimas cinco
veces''). En el programa de ``Hormigas y plantas'' de ``Ejemplos
de Vida'' se observa la ventaja que supone la cooperación propia
de las hormigas verdes. Sin embargo las críticas al darwinismo
social son a su vez criticadas por guíarse más por los deseos que
por la lógica, diciendo que son el resultado de muchas y nobles
buenas intenciones pero faltas de realismo, manteniéndose una
calurosa polémica sobre el tema.
La ética y las leyes podrían ser en realidad manifestaciones de
estos pactos de cooperación que la evolución selecciona como
útiles para nuestra propia supervivencia. En cualquier caso, la
ética y las leyes están sujetas a evolución como si de seres
vivos se tratase. Sobreviven y se reproducen aquellas normas
éticas o leyes mejor adaptadas al entorno donde se desarrollan,
y ese entorno somos nosotros mismos. El hecho de que las leyes
y éticas estén sujetas a evolución no quiere decir que sean
justas. Una norma ética ni siquiera tiene que estar relacionada
con algo que esté `bien'. El porqué de esto está relacionado con
el hecho de que la frase con la que comienza este párrafo, a
pesar de ser cierta, no es completa. También podemos decir que
«a ética y las leyes podrían ser en realidad manifestaciones de
pactos de cooperación que la evolución selecciona como útiles
para la propia supervivencia de esas mismas ética y leyes.
La voz de la conciencia que atormenta a los adultos rara vez es
originada por intercambios comerciales beneficiosos para uno
mismo y perjudiciales para el otro. Pocas personas se lamentan
por haber vendido algo a un precio mayor del que realmente vale.
Más bien al contrario. Pero muchos sufren un conjunto de tabús
sexuales puritanos inculcados en la niñez, morbos originados por
la enfermedad espiritual de los educadores, que individualmente
en nada benefician a quien los posee, aunque le permiten una
aceptación social que en ciertos casos puede ser imprescindible.
Como un catarro o una gripe, la mojigatería se transmite de unos
a otros, perjudicando al individuo pero sin llegar a su
destrucción». [Erich Fromm, 1991:103,108]
José Antonio Jáuregui, en El ordenador cerebral también critica
el darwinismo [Jáuregui, 1990:244] aunque de forma muy diferente
a las que hasta ahora se han descrito, observando que quienes
creen en la evolución como una ascensión continua e
ininterrumpida de seres hasta el hombre pecan de
antropocentrismo; la teoría de darwin ``nos deja fríos a los
lobos y a las ranas''.
Existen otras críticas al darwinismo aún más radicales, es decir,
personas que critican los propios fundamentos del darwinismo, no
ya aplicado al hombre, sino a bacterias, animales o plantas.
Mucha gente se asombra de que se pueda criticar el darwinismo.
También se extrañaron mucho quienes escucharon por primera vez
la afirmación de que la tierra es redonda, cuando la lógica les
decía sin lugar a dudas que era plana. Esto suele suceder con las
ideas que explican la realidad de una forma simple y fácil de
entender. Por supuesto que las explicaciones simples también
pueden ser verdaderas; lo que quiero decir con esto es que cuando
se lee una crítica de una idea simple y lógica y aceptada por
todos, es necesario adquirir antes una mentalidad muy abierta,
o no se podrá obtener ningún provecho de ella.
Fred Hoyle, en su libro El universo inteligente [Hoyle, 1983]
pone en duda una evolución basada en mutaciones y reproducción
sexual. Según este autor, El origen de las Especies ofrece un
gran conjunto de detalles empíricos (gran parte de ellos,
extraídos de las observaciones efectuadas por Darwin en el
período 1831-1836 a bordo del Beagle) que se presentan como una
demostración de la teoría darwiniana de la selección natural,
cuando no son más que pruebas de la existencia de la evolución,
pero no de su causa. Es decir, que aunque la selección natural
puede producir evolución, no está tan claro que la evolución tal
como nosotros la conocemos y en nuestro planeta se haya producido
debido a este factor, es posible que la causa sea otra o que
existan otras razones añadidas.
Por una parte Fred Hoyle observa que los registros fósiles no
muestran una transformación gradual de las especies como se
podría esperar de una visión darwinista, sino bruscos saltos. Por
otra, analiza los requisitos para la creación de una nueva
característica en una población:
Todo esto lo entiende perfectamente el programador de Algoritmos
Genéticos. Los Algoritmos Genéticos funcionan muy bien en
problemas simples, y parece lógico que la evolución se haya
producido gracias a un mecanismo similar. En un Algoritmo
Genético se eligen las mejores soluciones, para que al
reproducirse, generen otras nuevas que combinen los aspectos
positivos de cada progenitor. Sin embargo, en muchos problemas
ocurre que en la combinación de soluciones no sólo no se
mantienen las cualidades positivas de los progenitores, sino que
además se generan con frecuencia soluciones no válidas, cuya
aproximación al objetivo buscado es nula. A esto se le ha llamado
el problema de la decepción, epístasis o ausencia de bloques
constructores. Aunque el gen mutado se transmita, es posible que
se necesiten otras mutaciones para que el resultado sea
beneficioso. ¿De qué sirven alas con plumas si no puede respirar
el aire? ¿Cómo han podido generarse gradualmente órganos
complejos, como los ojos o las plumas para el vuelo, que no
pueden depender de una única mutación, si solamente el órgano
completo es útil al individuo?
Hoyle encuentra una respuesta a estos interrogantes. Los ojos de
los vertebrados, los de los moluscos cefalópodos, y los de los
insectos han evolucionado de forma bastante independiente; sin
embargo todos ellos enfocan la luz sobre una sustancia llamada
retinol. Relacionando este tipo de ejemplos con las propiedades
de minúsculos meteoritos que habitualmente caen en la Tierra,
Hoyle establece una apasionante y coherente teoría en la que se
propone un bombardeo de material genetico procedente del exterior
como causa de los aparentes saltos de complejidad evolutivos.
«El virus de la descolada fué creado. Alguien lo fabricó y envió,
quizá para terraformar otros planetas preparando un intento de
colonización. Quienquiera que fuese podría estar todavía ahí
fuera» [Orson Scott Card]
En las células, en las plantas, en los humanos, en los animales
o incluso en los programas informáticos se encuentran
comportamientos muy distintos, todo tipo de estrategias de
cooperación, egoísmo o altruismo.
Las definiciones que voy a utilizar son las siguientes: un
comportamiento altruista será aquel que contribuya al bienestar
ajeno a expensas del propio; uno egoísta sería exactamente lo
contrario. Voy a llamar cooperación a las diferentes formas de
acuerdo que se encuentran oscilando en el límite entre altruismo
y egoísmo.
El uso de estas definiciones requiere de una justificación. Desde
cierto punto de vista, se puede argumentar que cuando un
individuo coopera, es porque egoístamente, ha evaluado que eso
le ayuda a conseguir mejor sus objetivos, y por tanto sólo existe
el egoísmo.
Esta aparente paradoja no es más que una estéril confusión de
términos, que lleva a negar una diferencia que sí existe. El
punto de vista según el cual sólo existe egoísmo es una
alternativa que por razones prácticas debemos ignorar, ya que
imposibilita el análisis de la cooperación y el altruismo al
negar su existencia. Pero esto no quiere decir que no sea cierto.
Simplemente, no sabemos si es cierto o no. En el caso de que
fuera cierto que `sólo existe el egoísmo', se negaría la
existencia de la cooperación y el altruismo, y esto nos obligaría
a crear dos nuevos conceptos que podríamos llamar `comportamiento
aparentemente cooperativo' y `comportamiento aparentemente
altruista' para poder tratar el tema.
Ocurre algo muy similar con el solipsismo, o creencia en que sólo
existe uno mismo con sus sensaciones y sentimientos, siendo el
resto una ficción. El solipsismo parece improbable pero no es
posible demostrar su falsedad. De igual forma que ignoramos el
solipsismo o el Teorema de Gödel por ser callejones sin salida
(independientemente de que creamos que sean ciertos o no, o de
que lo sean o no), debemos ignorar la posibilidad de que todos
los comportamientos sean egoístas.
Es decir, no se van a tener en cuenta motivaciones, o lo que es
lo mismo, se va a suponer que cuando un agente tiene la intención
de comportarse de una manera (cooperativa, egoísta o altruista),
es porque posee la motivación de comportarse de esa misma forma.
Por ejemplo, vamos a suponer que si yo tengo la intención de
cooperar con la vecina, es decir, de buscar el beneficio mutuo,
y materializo esta intención cooperativa ayudando a la vecina a
subir las bolsas de la compra, es porque tengo una motivación de
cooperación con la vecina, y no oscuras razones egoístas o
altruistas.
Por otra parte, el análisis de la cooperación, egoísmo y
altruismo se complica si tenemos en cuenta intenciones. Por
ejemplo, una intención amistosa no se tiene que traducir siempre
en una acción amistosa, quizás por la falta de habilidad de quien
realiza la acción. Puedo intentar ayudar a la vecina y en mi
torpeza puedo molestar más que ayudar. Pero si el otro individuo
capta la intención amistosa, es posible que cierta estrategia de
cooperación no se rompa, y la vecina me preste un poco de sal,
aún cuando minutos antes he hecho que cayeran todos sus tomates
por el suelo. Sin embargo, contemplar las intenciones complica
el análisis. En resumen, no se van a tener en cuenta
motivaciones, ni intenciones, sino sólo actos.
«La inmensa mayoría de las acciones, aún las de las personas más
nobles, tienen motivos egoístas, y no hay que lamentarse por
ello, pues si fuera de otro modo, la razón humana no podría
sobrevivir. Un hombre que se preocupara de que comieran los demás
olvidándose de comer él mismo, moriría» [Fromm, 1991:120]
Richard Dawkins ofrece una de las más interesantes pero peor
comprendidas aportaciones al tema de la cooperación y la
competencia entre individuos. En su libro El gen egoísta
[Dawkins, 1994] aparecen tres personajes principales:
El término gen puede referirse a la unidad mínima que se
recombina y hereda, a la unidad mínima que se muta, o a la unidad
mínima que cumple una función en el desarrollo de un nuevo ser
vivo.
Dawkins no se refiere exactamente a ninguna de estas
definiciones. En todas las células del cuerpo de un ser humano
determinado existe la misma información genética: una larga
cadena de ADN idéntica en el interior de cada célula. Para
Dawkins, «el gen egoísta no es sólo una porción física de ADN:
es todas las réplicas de una porción de ADN, distribuidas por el
mundo». Es decir, el mismo alelo o valor en las mismas posiciones
dentro de la cadena de ADN, es el mismo gen egoísta, ya se
encuentre en uno o en distintos individuos. Un gen egoísta de los
que habla Dawkins no sólo está simultáneamente en todas las
células de nuestro cuerpo. Está simultáneamente en varios
individuos.
Esta abstracción de Dawkins sirve para expresar la siguiente
idea: los genes tienen el objetivo de reproducirse a sí mismos,
a costa de lo que sea, pero no a costa de otro segmento de ADN
idéntico, ya que ambos son el mismo gen. Dawkins habla
principalmente de genes egoístas, no de envoltorios egoístas.
Aunque la idea de envoltorio (ser vivo) egoísta aparece de forma
secundaria, los argumentos de Dawkins se basan en el egoísmo de
los genes, no de los envoltorios.
Dawkins llama a los genes egoistas porque para ellos es
inevitable intentar reproducirse a toda costa, a costa de
cualquier otra cosa que encuentren a su paso, pero no a costa de
otro segmento de ADN idéntico, ya que ambos son el mismo gen.
Este concepto de egoísmo no tiene mucho que ver con lo que se
entiende coloquialmente.
Según esta visión somos máquinas de supervivencia construidas por
nuestros genes para su propia perpetuación. Venimos de los genes
egoístas, moléculas autorreplicantes que en cierto momento
`decidieron' que la creación de una máquina como nosotros, con
una capacidad de razonamiento flexible, era lo más adecuado para
sus fines. Hay idealistas que rechazan impulsivamente la idea de
una naturaleza basada en genes egoístas y hay quienes sólo ven
en ella egoísmo y destrucción. Si bien es cierto que demasiadas
veces la naturaleza no es `madre', fuera de nuestra óptica, la
naturaleza es simplemente indiferente. En cualquier caso, Dawkins
habla de genes egoístas, no de individuos egoístas. Y lo que es
más importante: con la teoría de Dawkins, la cooperación e
incluso el altruismo (reales) entre individuos pueden ser
explicados por el `egoísmo' (metafórico) de los genes.
Desde cierto punto de vista, la reproducción es equiparable al
crecimiento. En general ocurre que las células de nuestro cuerpo
cooperan, e incluso que se comportan de forma altruista, ya que
no intentan reproducirse a costa de sus vecinas, sino que
producen un crecimiento ordenado, formando un cuerpo, tal como
conviene a los genes egoístas (Aunque las células defienden el
cuerpo, asi como las hormigas la colmena, y no a ellas mismas).
A nivel de individuo, cuando un individuo coopera con otro y
ambos comparten genes (y dos miembros de la misma especie suelen
compartir más del 90% de ellos), podemos decir que en realidad
lo que ocurre es que los genes egoístas se están ayudando a sí
mismos. Desde este punto de vista, cuando dos individuos de la
misma especie compiten, lo hacen por propagar su 10% diferencial.
Es lógico que si dos individuos comparten el mismo nicho (por
ejemplo, por ser de la misma especie), existirá una mayor
competencia entre ellos. Pero en general, eliminando otros
factores, un individuo tendrá una mayor tendencia a cooperar con
otro (pudiendo elegir entre varios individuos), que será
proporcional al número de genes en que coincidan. Para ello no
hace falta un laboratorio, basta con observar parecidos físicos.
El apoyo mutuo entre los individuos es, efectivamente, un factor
de evolución, pero puede ser visto a la luz de un egoísmo de los
genes.
La teoría del gen egoísta trata de tendencias: los genes egoístas
tratan de reproducirse; esto no quiere decir que siempre lo
consigan. Ya que la teoría del gen egoísta trata de tendencias,
el hecho de que una tendencia determinada no se observe en la
naturaleza no basta para poner en duda dicha teoría. Una razón
es que podría existir otra tendencia opuesta más fuerte cuya
existencia pueda ser también justificada según la teoría del gen
esgoísta.
Por ejemplo, dos seres de la misma especie portan gran cantidad
de genes iguales. Los genes programan sus máquinas de
supervivencia de forma que se asegure la supervivencia de los
genes, no de las máquinas. Para un gen es indiferente estar en
una máquina u otra, es más, no tiene sentido plantear la
pregunta, ya que el gen egoista está en ambas simultáneamente.
Por tanto, las máquinas tienen la tendencia a ayudar tanto más
a otra máquina cuantos más genes iguales tengan. Por ejemplo, un
ser vivo tiene tendencia a ayudar a los de su misma especie.
Es de esperar que la tendencia a ayudarse entre parientes sea más
fuerte que entre individuos sin vínculos familiares. Entre dos
hermanos la cantidad de genes iguales es mucho más alta. Sin
embargo, los hermanos compiten por el alimento que ofrece la
madre, y compiten precisamente porque cada indivuduo posee un
mayor número de genes iguales a los de sí mismo (el 100%,
evidentemente) que los que se encuentran en su hermano.
Otra razón más básica es que las tendencias no deben,
obligatoriamente, manifestarse inmediatamente. Aun cuando las
circunstancias sean propicias, se trata de un proceso lento. De
hecho, los individuos de una sociedad pueden comportarse según
una Estrategia No Evolutivamente Estable (EEE), y debemos esperar
que en muchos casos ocurra esto, mientras las sociedad está
tendiendo hacia una EEE. Observando una población en un momento
cualquiera, no tenemos por qué encontrar una EEE. La
probabilidades de encontrar una EEE serán más altas cuanto más
estable sea el entorno en que se encuentran.
Dawkins ha sido acusado de tratar los genes como unidad de
selección. Aunque la selección actúa sobre individuos, es
evidente que la selección de individuos modifica el conjunto
genético de la población, lo que indirecta y estadísticamente
produce una selección de genes. ¡También podríamos criticar a
casi todos los biólogos por tratar a los individuos como unidad
de reproducción! Puede parecer asombroso, pero los animales no
nos reproducimos, al menos, no directamente. No producimos copias
de nosotros mismos: producimos copias de nuestros genes y estos,
combinados tal vez con los de otro individuo, y afectados por el
entorno, producirán un nuevo ser. La cuestión crucial es hasta
qué punto la selección de individuos afecta a la selección de
genes. Usando una metáfora, los integrantes de un grupo de rock
(genes) forman un conjunto musical (cadena de ADN, genotipo) que
se desarrolla componiendo canciones (fenotipo, ser vivo) que se
escuchan en la radio (entorno) junto con otras canciones. La
selección actúa sobre las canciones (fenotipo), pero es de
suponer que la selección de canciones produce, en definitiva, una
selección de músicos (genes).
«Che: ¿Ves este pan de azúcar, Debray? [...] Pongamos que pesa
20 gramos. Con lo que podríamos hacer dos buenos trozos.
Doscientas calorías para cada uno y nada más. Pongamos que te
rodean 10 hambrientos y todos dependen de tí ¿Que harías?
Debray: Sacaría a la suerte los dos beneficiados.
Che: ¿Por qué?
Debray: Más vale dos compañeros que tengan la oportunidad de
sobrevivir comiendo un poco que diez que no tengan ninguna,
comiendo diez veces nada.
Che: Pues te equivocas, Debray. Cada cual debe tener sus migajas
y que sea lo que Dios quiera. La revolución tiene sus principios.
Y siempre habrá dos burócratas menos.
Debray: ¿Cree que es mejor que caigan con toda seguridad diez
revolucionarios en absoluta igualdad de condiciones?
Che: Siempre que la moral esté a salvo, la revolución también lo
estará. Si no ¿qué sentido tiene?» [Taibo II, 1997:669-670].
A la luz del concepto de evolución, esta `parábola' del Ché se
puede interpretar de la siguiente manera. La muerte de un grupo
de revolucionarios que deciden compartir la comida antes que
luchar por ella, consiste por una parte, en una decisión que
produce la muerte de dichos revolucionarios, y por otra en una
decisión que permite que `la revolución', `el espíritu de la
revolución' o como se le quiera llamar, permanezca vivo.
Evolutivamente, la revolución es una entidad con identicos
comportamientos que los revolucionarios (nace, crece, se
reproduce y muere), salvo que de un nivel superior (o al menos,
de un nivel diferente). La revolución es una entidad compleja,
que se compone, entre otras cosas, de revolucionarios. Pero en
ciertos casos, puede ser necesaria la muerte de algunos, o
incluso tal vez todos los revolucionarios, para que la revolución
sobreviva.
Parece obvio identificar a la revolución como una entidad
jerárquicamente superior a los hombres, si entendemos que la
revolución está compuesta de un conjunto de hombres. Pero también
podría entenderse la revolución como una más de las ideas que
habitan y compiten en la mente de cada hombre.
La cooperación, entendida como pacto interesado por todas las
partes, y no como altruismo, puede que no siempre reporte
ventajas, o al menos sus aspectos negativos pueden llegar a ser
muy significativos.
«El salvaje caza cuando tiene hambre, y al cazar obedece a un
impulso natural. El que a una hora determinada va todas las
mañanas a su trabajo, procede fundamentalmente por el mismo
impulso, que es el de asegurar su vida: pero en este caso su
impulso es indirecto y es una consecuencia de abstracciones,
creencias y actos volitivos. En el momento en que el hombre sale
para su trabajo no tiene hambre, puesto que ya ha desayunado.
Comprende sencillamente que volverá a tener hambre y que el ir
a su trabajo es el medio de satisfacer su hambre futura. Los
impulsos son irregulares, y los hábitos en la sociedad civilizada
tienen que ser regulares. Entre los salvajes hasta las empresas
colectivas son impulsivas y espontáneas. Cuando la tribu va a la
guerra, el ruido del tambor les enardece militarmente y la
excitación gregaria comunica a cada individuo la necesaria
actividad. Las empresas modernas no pueden realizarse de este
modo. Cuando tiene que salir un tren en un momento preciso es
imposible inspirar a los mozos, al maquinista o al encargado de
señales por medio de una música bárbara. Hacen su trabajo porque
tiene que hacerse; sus motivos son, pues, indirectos; su impulso
no es hacia la actividad, sino a la recompensa ulterior de la
actividad.
Muchos aspectos de la vida social adolecen del mismo defecto. Hay
muchas personas que hablan entre sí, no por el placer de hablar,
sino pensando en los beneficios que les ha de reportar la
cooperación. En todos los momentos de su vida el hombre está
abrumado por las restricciones de su impulso; si está alegre, no
debe ir cantando ni bailando por las calles, y si está triste,
no está bien que se siente en las aceras a llorar, obstruyéndo
el tránsito.
[..] La sociedad civilizada es imposible sin grandes
restricciones al impulso natural, puesto que el impulso natural
no produce sino las formas más elementales de cooperación social
y no las formas complejas que exige la organización económica
moderna»
Las conclusiones obtenidas con este programa son:
Exactamente, ¿dónde está la respuesta? ¡Aquí mismo! La libertad
del individuo, su capacidad de cambio, está en la Vida Artificial
(es decir, en las simulaciones, en su capacidad de predicción,
en su conocimiento). Veamos. Si la influencia del grupo sobre el
individuo es tan grande, y queremos favorecer o reprimir algún
comportamiento, ya sea en individuos o incluso en todo el grupo,
lo que primero que debemos hacer es conocerlo, y admitirlo.
Después explorar sus efectos: representar, predecir, simular,
probar, experimentar. Lo mismo que con cualquier otro problema.
La vida artificial permite hacer prospecciones sobre el resultado
de cada elección. Aumenta nuestra información en el momento de
la decisión, aunque somos nosotros quienes decidimos.
Toda evolución tiende en última instancia al altruismo, que es
la estrategia que posee el mayor beneficio potencial global.
`Altruismo' es equivalente a `explosión de diversidad', es decir,
ocupar todos los nichos posibles hasta llegar a convertir toda
la materia del universo en materia viva. Ese momento marcaría
aparentemente el límite de la explosión de vida, pero ésta podría
ser aún mayor, como de hecho ya ocurre. Las mismas partículas de
materia podrían ser simultáneamente elementos constituyentes de
más de una entidad viva, cuando estas entidades vivas forman una
estructura multinivel, tal vez jerárquica, como ocurre con las
células de la piel de un humano, un humano y una comunidad de
humanos.
El egoísmo puede llevar a la destrucción total, y en cualquier
caso, malgasta recursos si se compara con el altruismo perfecto.
Sin embargo, el altruismo requiere de estrategias robustas. Si
la cooperación no fuese mejor que el egoísmo, todavía seríamos
seres unicelulares. No lo somos. Somos pluricelulares. Salvo en
el caso de existir un cáncer, nuestras células cooperan (aunque
podrían no hacerlo, mientras beneficie al conjunto). La
cooperación parece estar relacionada con la aparición de
entidades de orden superior, como nosotros respecto de las
células, o las células respecto de las moléculas. Lo mismo le
ocurre a las ideas.
La evolución por tanto, explica la cooperación, pero ¿explica el
altruismo? Yo creo que el altruismo es un paso más en la
cooperación. Si varias entidades cooperan durante mucho tiempo,
es posible que se produzca una configuración muy
interdependiente. Como en las células de nuestro cuerpo. Todas
se necesitan mutuamente. Si el cuerpo muere, las células mueren.
La mejor estrategia como célula de un cuerpo es realizar
correctamente su propia función local, no tratar de invadir al
resto. En cierto modo, la célula no pierde por ello su
individualidad, sino que la enfoca hacia el cuerpo. En cierto
sentido se hace más vulnerable, y en otro más poderosa. La célula
transmite su capacidad de reproducción al organismo entero,
porque le es beneficioso. Como todas las células tienen la misma
información genética, todas ellas trabajan por obtener un cuerpo
sano, que se pueda reproducir.
En una familia humana, normalmente existe bastante altruismo
entre sus componentes. Unos se sacrifican por otros, y en muchos
casos no se obtiene nada a cambio, o únicamente la capacidad de
perpetuación de los genes. Los miembros de una familia trabajan
por la familia. Surge un concepto de nivel superior. Surge porque
es estable, porque es mejor. Además la familia tiene más
información genética común que la que se tiene con extraños.
También todos los humanos tenemos entre nosotros más información
genética común que la que tenemos con otros animales o plantas.
¿Es suficiente esa propiedad para producir la cooperación entre
hombres? Parece que no. Sin embargo, la cadena de ADN es la
esencia de la célula. ¿Es también la cadena de ADN la esencia del
hombre? Yo propongo que no; que la esencia del hombre es su yo
sensible. Si los yo sensibles de todos los seres vivos fueran en
definitiva la misma cosa, y todos fuéramos conscientes de ello,
podría producirse la cooperación, el altruismo y la aparición de
Gaia. El sentimiento de satisfacción que nos da el altruismo, y
la frustración de las actitudes egoístas podrían ser la sombra
de la entidad de nivel superior que ya estamos formando.
Barnett, S.A. et al. (1962) Un siglo después de Darwin, 1. La
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Castrodeza, Carlos (1997) ``La evolución sin Darwin: La
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Fouts, Roger y Tukel Mills, Stephen (1999) Primos hermanos.
Lo que me han enseñado los chimpancés acerca de la condición
humana (Grupo Zeta, 1. edición. Título orginal: Next of Kin.
What Chimpanzees Have Taught Me About Who We Are. Un libro
fundamental, que tal vez resuelva el problema del origen de la
inteligencia, mostrando las fatales consecuencias de nuestra
ignorancia.)
Fromm, Erich (1991) El arte de amar (Ed. Paidos. Barcelona)
Herrán Gascón, Agustín de la (1998) La conciencia humana.
Hacia una educación transpersonal (Ed. San Pablo.)
Hoyle, Fred (1983) El universo inteligente (Ed. Grijalbo. Una
valiente crítica al darwinismo)
Jáuregui, José Antonio (1990) El ordenador cerebral
(Editorial Labor. Un punto de vista muy original acerca del ser
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Kropotkin, Pedro (1970) El apoyo mutuo (Ediciones Madre
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Morgan, Marlo (1996) Las voces del desierto (Muttant Message
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Redfield, James (1997) Las nueve Revelaciones (Ediciones B,
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acerca de la evolución, muy en la línea de Teilhard de Chardin
y la Gestalt, con sugerencias muy útiles para la vida de cada
uno.)
Russell, Bertrand (1997) La conquista de la felicidad Ed.
Espasa Calpe. Madrid. 1. edición, 1978.
Taibo II, Paco Ignacio (1997) Ernesto Guevara, también
conocido como el Ché (Biografía. Ed. Planeta)
Fecha de referencia: 22-10-2002
| Boletín CF+S > 21 -- El pasado es un país extraño > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n21/amher2.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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