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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Libros...


Proyectar con la naturaleza, de Ian L. McHarg: La fundación del urbanismo ecológico

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Proyectar con la naturaleza, de Ian L. McHarg: La fundación del urbanismo ecológico


Carlos Verdaguer Viana-Cárdenas
Madrid (España), 27 de junio de 2002



Ian L. McHarg (2000) Proyectar con la naturaleza (Barcelona, Editorial Gustavo Gili, Colección AD+E Arquitectur y Diseño + Ecología, encargados de la edición española Juan Luis de las Rivas, Ignacio San Martín y Frederick Steiner)



"Si se está convencido, como lo estoy yo, de que con la ecología y el enfoque que nos proporciona se obtienen resultados sorprendentes, se hace imprescindible aumentar nuestros conocimientos en un campo del saber tan esclarecedor."

Design with Nature Ian L. MacHarg (página 95)



En una reseña publicada en la revista Arquitectura Viva hace ya cuatro años (n. 61, julio-agosto 1998), con motivo de la aparición de la colección Arquitectura y Diseño+Ecología y de la publicación en ella de dos títulos clásicos como Arquitectura y clima de Victor Olgyay y Naturaleza y ciudad de Michael Hough, quien firma estas líneas, a la par que felicitaba a la editorial Gustavo Gili por su iniciativa, aprovechaba para lanzar una pregunta: ¿Para cuando la publicación en español de Design with Nature, del padre del urbanismo ecológico, Ian L. McHarg? No es probable que la publicación dos años después, en el 2000, de dicho título mítico, haya sido propiciada por aquella diminuta reseña, pero no deja de ser inevitable la sensación de plegaria atendida.

De todos modos, antes de cualquier otra disquisición y aunque sea con un retraso de cerca de dos años, no cabe sino felicitar una vez más a la editorial y, en especial, al director de la mencionada colección, el arquitecto Miquel Ruano, por lo que no merece otro nombre que el de acontecimiento editorial. Un acontecimiento, eso sí, que ha esperado a producirse nada más y nada menos que ¡31 años!, coincidiendo casi con el reciente fallecimiento, a la edad de 80 años, del propio autor del bellísimo texto.

En efecto, la obra del arquitecto paisajista escocés Ian L. McHarg fue publicada inicialmente en Estados Unidos en 1969, el mismo año, por cierto, en que Nicholas Georgescu-Roegen publicaba otro título imprescindible, La ley de la entropía y el proceso económico (edición española de 1996, Fundación Argentaria), y en el que Gregory Bateson contribuía también a esta fascinante incursión por un continente epistemológico aún por explorar con el famoso congreso Our Own Metaphor. No cabe duda de que aquel fue un año de gracia para el nuevo paradigma ecológico.

Con respecto a este significativo retraso de más de tres décadas en la publicación del libro de McHarg, es difícil resistir la tentación de hacer referencia al prefacio de la edición francesa, publicada en 1979, donde el responsable de la edición, Max Falque, tras revelar que la traducción al francés estaba terminada desde 1976, lamentaba la desidia y el desinterés profesionales que habían retrasado la publicación definitiva. ¿Qué calificativos cabría aplicar entonces al mundo del urbanismo, la ordenación territorial y las editoriales especializadas en el caso español?

Lo cierto es que el libro ya está a la disposición del público de nuestro país y que, desde su publicación, ya comienza a extenderse su influencia como ocurrió previamente en otros países, donde no tardó en convertirse en obra de referencia ineludible para todos aquellos preocupados por el impacto de las intervenciones humanas sobre el territorio y sobre la naturaleza y en la obra inaugural del denominado environmental planning. De hecho, las huellas de su influencia se detectan a su vez en otros títulos seminales de las década posterior, como es el caso de A Pattern Language/Un Lenguaje de Patrones de Christopher Alexander, publicado originalmente en 1977, donde uno de los primeros `patrones', el número 4, `Valles agrícolas', no constituye sino la trasposición explícita de una de las ideas fundamentales sobre el territorio expuestas por McHarg. En la versión sintética de Alexander (quien remite al libro de MacHarg ---páginas 79 a 93--- para el desarrollo más amplio de la idea): «La tierra mejor para la agricultura suele ser también la mejor para la edificación. Pero su cantidad es limitada y, una vez destruida, no puede recuperarse durante siglos», por tanto «preserve todos los valles agrícolas como tierra de cultivo y proteja estos terrenos de cualquier urbanización que destruya o ponga bajo llave la fertilidad única del suelo». Recordemos que el ambicioso intento de Alexander en la magna trilogía a la que pertenece esta obra era el de identificar el «modo intemporal de construir», aquellas pautas, conceptos y prácticas que han trascendido las vicisitudes y especifidades culturales para convertirse a lo largo de la historia casi en arquetipos a todas las escalas de la creación del paisaje construido. Y este es quizás uno de los elementos básicos a los que el texto de McHarg debe su permanente fascinación: todo lo que en ella se expone produce esa extraña sensación casi inaprehensible de familiaridad, de claridad, de incontrovertibilidad que despiertan algunas ideas arquetípicas. Como veremos a la hora de hablar de la génesis del libro, cabría decir de una forma literal que, remedando a los situacionistas, las ideas de McHarg ya `estaban en el aire'.

De hecho, puede decirse esto incluso de lo que pasa por ser la mayor aportación metodológica de la obra, el denominado overlay mapping, o cartografía mediante superposición de capas de información, a partir del cual y gracias al espectacular avance de la herramientas informáticas, se desarrollaron los modernos Sistemas de Información Geográfica. En efecto, las ideas que rigen esta concepción metodológica son de una sencillez apabullante y pertenecen también a una suerte de `sentido común' arquetípico, cuya idea básica e incontrovertible es que es preciso conocer la dinámica física del territorio en profundidad para que las actividades que se sitúen en el mismo generen el mínimo impacto y a la vez encuentren sus condiciones idóneas de desarrollo. La representación de las diferentes características, convenientemente valoradas mediante gradaciones cromáticas, sobre hojas transparentes y su superposición para obtener nuevos mapas útiles para la toma de decisiones, no constituye sino la traducción técnica más directa y sencilla de esta idea. En palabras de MacHarg: «Normalmente, los mapas de usos del suelo e incluso, las propuestas de ordenación, muestran categorías de uso amplias. Los mapas de este estudio se asemejan más a mosaicos que a carteles... por buenas razones. Son el resultado de pedir al terreno que manifieste aquellos atributos discretos que, al superponerse, revelen una gran complejidad. Pero ésta es la verdadera complejidad de la oportunidad y la limitación. Aún así, nos pueden parecer caóticos, pero es sólo porque estamos acostumbrados a la seca regularidad de la zonificación, porque no estamos acostumbrados a percibir la verdadera diversidad del entorno, ni a responder a ella en nuestros planes» (página 115)

No cabe duda de que estas aportaciones metodológicas no podrían calificarse precisamente de revolucionarias ni siquiera en su momento de publicación, pero si se piensa en la cartografía básica y en las metodologías que siguen siendo habituales en la ordenación del territorio, así como en el uso cada vez más banal de los SIG, se revela con claridad dónde reside la carga de profundidad que llevan implícitas: su rechazo inherente a la consideración del suelo como una mercancía o, por decirlo en términos marxistas, la consideración en un primer plano del valor de uso del suelo sobre su valor de cambio.

Recurramos de nuevo a las palabras del propio McHarg:


«El determinismo económico como una forma de evaluación imperfecta del mundo biofísico es sólo una de las consecuencias de nuestro legado [occidental, judeocristiano]. Una deficiencia aún más seria es la actitud hacia la naturaleza y hacia el hombre, que emana de la misma fuente, y de la que nuestro modelo económico no es sino una de sus manifestaciones» (página 25)

Contempladas desde este punto de vista, quizás es más fácil entender por qué la ideas conceptualmente incontrovertibles de McHarg y del urbanismo ecológico en general han encontrado y siguen encontrando tan profunda resistencia en un país cuyo presidente, en los albores del siglo XXI, sigue afirmando sin tapujos que el fondo del problema del encarecimiento de la vivienda es la «escasez de suelo urbanizable» (El País, 24 de mayo de 2002) -a pesar de que, según los datos de la AEMA en su último informe ambiental, la superficie edificada ha crecido en Europa un 20 % en las dos última décadas-, y donde, en la Comunidad Madrileña, se acaba de aprobar una Ley del Suelo que hace desaparecer de un plumazo la categoría de «suelo no urbanizable común», haciendo explícita la concepción imperante, según la cual la verdadera y prácticamente única `vocación' del suelo es la de ser soporte del proceso imparable de urbanización al margen de cualquier otra consideración. De hecho, el propio uso generalizado de la palabra suelo, como referente abstracto a una `sustancia' homogénea, isótropa, indeferenciada y, por tanto, fragmentable y mercantilizable, constituye en sí mismo un indicador ideológico.

La aportación de un magnífico abanico herramientas para intervenir sobre el territorio desde una concepción del mismo basada, por el contrario, en la diversidad, la complejidad y la heterogeneidad, habría sido más que suficiente para otorgar al libro de McHarg su merecida fama. Pero, si ésta se hubiera debido tan sólo a ello, su destino habría sido sin duda el de muchos otros libros otrora importantes en el campo de la ciencia y de la técnica, que restan olvidados en sus pedestales de prestigio una vez abierto el camino, pero cuyas páginas no vuelve a abrir nadie, tal vez porque verdaderamente ya no es necesario.

El que esto no haya ocurrido con Design with Nature se debe a que se trata de algo más que un libro científico o técnico. Escrito en primera persona con un contagioso apasionamiento y en un inglés jugoso, exuberante, riquísimo, lleno de las resonancias arcaicas y cuasi-bíblicas de un Thoreau o un Whitman y de la tensión poética de un Emerson, estructurado en un denso crescendo narrativo que impide abandonar la lectura y en el que se entrelazan armónicamente y con sentido del humor las experiencias biográficas, las reflexiones filosóficas, las felices metáforas, las exposiciones científicas, las propuestas técnicas y las presentaciones de casos, constituye un texto absolutamente insólito, un inigualable tratado de introducción a la ecología y una auténtica obra maestra literaria que nos permite vislumbrar una forma diferente de exponer los conocimientos científicos y técnicos. La mera enunciación de su índice da una cierta idea de la exuberancia de esta obra:


La ciudad y el campo
El mar y la supervivencia
La desolación
Un paso adelante
El reparto de papeles y la cápsula
La naturaleza en la metrópoli
Sobre los valores
Una respuesta a los valores
El mundo es una cápsula
Los procesos entendidos como valores
Los naturalistas
La cuenca del río
La región metropolitana
Proceso y forma
La ciudad: proceso y forma
La ciudad: salud y enfermedad
Perspectivas


Ensalzado por Lewis Mumford como un verdadero clásico, comparable a Silent Spring de Rachel Carson y a las obras de Thoreau, pertenece a la estirpe de obras como las citadas de Georgescu-Roegen y Christopher Alexander, o El árbol del conocimiento de Maturana y Varela, el también bellísimo Mind and Nature de Gregory Bateson, o las del propio Mumford, pero su aparente formato de manual técnico o catálogo de casos lo distingue de ellos, haciéndolo aún más excepcional.

Y es a este respecto donde hay que hacer la más grave, aunque única, objeción a la por otra parte, muy cuidada versión española de la obra, que Juan Luis de la Rivas, Ignacio San Martín y Frederick Steiner han llevado a cabo a partir de la bella edición gran formato realizada en 1992 por John Wiley & Sons con ocasión del 25 aniversario de la misma.

A la hora de optar por cuál de las múltiples facetas de esta obra inclasificable se debía situar en primer plano, los autores de la versión española se han decidido por su caracter científico y técnico, una opción que se hace explícita en una bienintencionada nota introductoria titulada La traducción española: una aventura de comunicación científica. Este título indica muy claramente la voluntad de obviar uno los principales retos que planteaba el texto original: su carácter simultáneo de obra filosófico-literaria y científica, de prédica pasionada y de manual esclarecedor.

El resultado, desafortunadamente, es una traducción aplicada, voluntariosa, plana, incluso fatigosa, que no logra conservar prácticamente ninguna de las cualidades que hacen del propio texto una obra excepcional, más allá de su contenido. La voluntad decidida de soslayar cualquier dificultad de traducción que no sea estrictamente terminológica o científica, desfigura algunos de los más hermosos pasajes del texto de McHarg y hurta al lector español de muchos de los matices conceptuales del original. Se podrían extraer innumerables ejemplos al azar de esta voluntad pacata de sobre-explicar el contenido despreciando el estilo, despojándolo por completo de la tensión enfática que lo caracteriza:

Página 13:

Thus we can say: if you wish to find a location that is likely to be flooded, then by all means fill in the marsh on either side of the bay and build there...
(Por lo tanto, se puede decir que si se está buscando un emplazamiento que se inunde con facilidad, entonces, y sin ninguna duda, hay que llenar la marisma a ambos lado de la bahía y construir allí.)

Página 138:

Stripping despoils large areas of land, leaving Bunyanesque furrows of overburden
(La minería a cielo abierto inutiliza grandes áreas, dejando surcos característicos formados por la sobrecarga)

Página 144:

This is a method by which the nature of the place may be learned. It is because... and so, it varies. In its variety, it offers different resources. The place must be understood. This is the ecological planning method.
(Con este método se puede conocer la naturaleza del lugar, que es diversa y que en su variedad ofrece diferentes recursos. Hay que conocer en profundidad el lugar para utilizarlo y gestionarlo adecuadamente. Este es el método de la planificación ecológica.)

La obra de McHarg merecía, sin duda, el talento de un traductor literario inspirado y habituado a los intrincados matices de la lengua inglesa que permitiera al lector español experimentar al menos parte de la exaltación que produce indefectiblemente la lectura del original. A este respecto, y recordando el origen escocés del autor, no es baladí recordar lo que el escritor británico Anthony Burgess decía sobre la `terrosidad' o `carnosidad' arcaicas de la lengua inglesa que se escribe y habla en Escocia, cuyo vocabulario la hace especialmente adecuada para la traducción de la Biblia.

No obstante, los mismos ejemplos extraídos al azar del libro de McHarg permiten comprobar que, en lo que se refiere al contenido, al menos, ha existido una voluntad meticulosa de no traicionar en absoluto el original.

Del mismo modo, resulta imprescindible la lectura de la muy bien informada introducción a la versión española escrita por De las Rivas, San Martín y Steiner, un texto erudito y denso de información donde se repasa la peculiar biografía de Ian L. McHargh (autor en 1996 de una autobiografía de significativo título: A quest for life) y se enmarca su obra teórica y práctica dentro del contexto histórico y disciplinar, haciendo cumplida y necesaria mención a los debates y críticas despertados inevitablemente por aquel profesional exuberante. De gran interés son también las referencias a la influencia de McHarg en España a través de un «pequeño grupo de especialistas» que tuvieron ocasión de completar su formación en Estados Unidos, entre los que destaca la figura pionera del maestro de ecólogos Fernando González Bernáldez, de cuyo fallecimiento, por cierto, se cumple este año (2002) el décimo aniversario (y de quien podríamos decir también: ¿cuando va a empezar a ser familiar su nombre entre los estudiantes de planeamiento y ordenación del territorio?).

En lo que respecta a la génesis y el contenido de Design with Nature, la mejor fuente es la que ofrece el propio autor en su Prefacio a la edición del 25 aniversario, que acertadamente se ha incluido en la versión española, aunque la imagen que ofrece Max Falque en su prefacio a la edición francesa resume también de forma muy sintética el origen de la obra de MacHarg tanto como su idiosincrasia. La escena refleja el ambiente de los cursos organizados por el escocés en los años 60 y 70 en la Universidad de Pennsylvania:


«Cada semana, en un anfiteatro donde se apretaban 300 estudiantes... y un número indeterminado de perros (muy populares aquellos años en los campus entonces contestarios), McHarg presentaba a una personalidad. Así es como se sucedieron nombres como Rene Dubos, Leónard Duhl, Le Ricolais, Lewis Mumford, Barry Commoner y muchos otros.

Tras volver a situarse entre los estudiantes en la segunda o tercera fila, McHarg se dedicaba a tomar apuntes aplicadamente. Así es como nació su reflexión, en medio de los estudiantes, escuchando a los hombres más eminentes»


En palabras del propio McHarg:

«Siempre me ha gustado tomar notas detalladamente en las conferencias y como a lo largo de doce años asistí, semana tras semana, a una media de tres, me encontré al final de este periodo con una cantidad de textos procedentes de las charlas impartidas por los mejores, o casi mejores, expertos en el campo del medio ambiente [una lista impresionante de nombres entre los que menciona, aparte de los ya señalados por Falque, a Paul Eherlich, Ralph Nader, Eugene y Tom Odum, Margaret Mead, Erich Frommm, Sir Julian Huxley, entre otros muchos]. Este material, junto con el resultado de las lecturas que realicé para preparar las conferencias, constituyó la base del presente libro.»

Esta confesión abierta y generosa de la deuda que todos tenemos con las ideas de quienes nos preceden y nos rodean constituye también una lección fundamental de McHarg y más si pensamos en las prácticas cada vez más habituales en el mundo intelectual y académico, donde, cuanto más aumenta el pillaje de la obra ajena, más parece depender el valor de las ideas y de la propia obra de una supuesta `originalidad'. Lo cierto es que el libro de McHargh es un claro ejemplo de cómo el proceso de `compostaje' de las ideas ajenas, y todas lo son, cuando se realiza sabiamente, (podríamos añadir: dejando que se produzcan los adecuados procesos de pirólisis espontánea y de filtración de lixiviados) da lugar al más rico abono conceptual que imaginarse pueda.

En cualquier caso, a pesar de la declaración de humildad del autor, es imprescindible recordar que no es sólo el discurso de las ideas el que da forma al libro, sino que éste constituye además un tratado metodológico y un catálogo de la aplicación de dichas ideas a las más diversas escalas territoriales, mediante la presentación de algunos de los más innovadores trabajos de planificación ecológica realizados por McHarg con sus despachos Wallace-MacHarg, Wallace-MacHarg, Roberts and Todd y con la Universidad de Pennsylvania, desde el magistral estudio sobre las dunas de la bahía de New Jersey, y el del trazado óptimo de la autovía escénica de Richmond -donde presenta por primera vez el método de solapamiento cartográfico-, hasta el ya mítico estudio de la región de The Valleys de Baltimore, al que hacía referencia Christopher Alexander, y los varios dedicados a la región metropolitana de Washington, completando así un total de nueve casos que demuestran hasta dónde pueden llegar las herramientas de análisis e intervención si las ideas que las sustentan hunden realmente sus raíces en la tierra.

Como hemos visto, son innumerables las lecciones que pueden extraerse de este libro concebido en un momento fascinante, en el que existía todo un paradigma por explorar, y en el que Ian L. McHarg, dando prueba de un instinto y un lucidez insuperados, supo internarse por este nuevo continente recurriendo para ello a los guías más avezados.

Sumergirse en la lectura del cuaderno de bitácora de aquella apasionada exploración, su libro Design with Nature, sigue siendo un ejercicio imprescidible y una fuente inigualable de placer intelectual y estético.




Más sobre Microcosmos


Mercè Piqueras
Barcelona (Spain), marzo de 2002.
Mariano Vázquez Espí
Ondara (España), abril de 2000.


Lynn Margulis, Dorion Sagan
(1986)    Microcosmos. Four Billion Years of Evolution from Our Microbial Ancestors.
(versión castellana de Mercè Piqueras, Microcosmos, Barcelona: Tusquets, 1995)




From mpiq@retemail.es Wed Mar 20 02:52:39 2002

He leído la reseña del libro Microcomsos que publicaste en la dirección:

http://habitat.aq.upm.es/boletin/n12/n12lib.html

Me ha gustado mucho lo que dices del libro. A mí también me impresionó cuando lo leí, a pesar de que ya había leído otras cosas de Lynn Margulis. No sé si es por el cariño que le tomé durante la traducción, pero de momento es el que prefiero de LM. Tiene otro que también me gusta mucho ---tanto por el contenido como por las ilustraciones muy bonitas, especialmente las de Chris Lyons---, pero que ninguna editorial se decidió a publicar en castellano: The Garden of Microbial Delights.

Quería comentarte algunas cosas en relación a dicha reseña.

Gracias de nuevo por tus comentarios elogiosos. Aunque yo no sea más que la traductora, he sentido el libro siempre como un poco mío; como si yo fuese el ama de cría que ha ayudado al bebé a desarrollarse.

Cordialmente,

Mercè Piqueras

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- 
Mercè Piqueras 
Apartat 16007 E-08080 Barcelona, Spain 
mpiq@retemail.es 
Què cal saber? Fulls lexicogràfics de la Societat Catalana de
Biologia 
http://www.iec.es/scb/saber.htm 
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

From mariano Tue Apr 16 22:52:06 2002

En primer lugar gracias por todos tus comentarios. También perdón por el retraso en contestar, pero en el caso de mi buzón particular, lo electrónico es más lento que lo postal (debido fundamentalmente a la cantidad recibida).

«No es este ni el libro más reciente ni el mejor ilustrado de los muchos que han escrito estas personas, madre e hijo. Pero me ha impresionado. Hablar sobre él, como en una reseña típica, es innecesario. El libro habla por sí sólo. Bastarán algunos párrafos para que usted decida si le interesa...[1]». Aquí se habla correctamente de "madre e hijo". Sin embargo, en la nota n. 1 se dice: «Debe advertirse que la versión castellana no es una simple traducción. Las autoras pusieron especial cuidado en la producción de la traducción española realizada con la ayuda de Mercè Piqueras, Ricard Guerrero y Jorge Wagensberg.» O sea, que el hijo se convierte en hija. No es la primera vez que ocurre. ¿Quizás porque el nombre "Dorion" suena a los oídos latinos como nombre de mujer? (En la traducción italiana hablan también de las autoras.)

No se trata de que el hijo se convierta en hija, sino que madre e hijo se convierten en `ellas' en vez de en `ellos': lenguaje no sexista, discriminación positiva,... llámalo como quieras: es un juego que practico ocasionalmente: otras veces hubiera escrito `l@s autor@s'...

El resto de tus comentarios y precisiones son pertinentes, y no me queda sino reconocer mi responsabilidad en los errores que señalas.

Ahora tendría dos opciones: corregir la reseña o añadir tu mensaje y esta respuesta en la sección libros de un próximo boletín. Esto será lo que haga, sobre todo por una razón: aunque en Internet parece que uno puede corregir lo que se le antoje y cuando se le antoje, mi política editorial es considerar Internet como de papel: no sólo porque a estas alturas existirán varias copias impresas de la reseña que comentamos, también porque los archivos de Internet deben tener historia y ésta no debe ser manipulada.

Salud     

Mariano Vázquez


Fecha de referencia: 16-07-2002

Boletín CF+S > 20 -- Vidas «tecnológicas». Ecos de Brasil... > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n20/nlib.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
 
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