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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Proyectar con la naturaleza, de Ian L. McHarg: La fundación del
urbanismo ecológico
Carlos Verdaguer Viana-Cárdenas
Madrid (España), 27 de junio de 2002
Ian L. McHarg (2000) Proyectar con la naturaleza (Barcelona,
Editorial Gustavo Gili, Colección AD+E Arquitectur y Diseño +
Ecología, encargados de la edición española Juan Luis de las
Rivas, Ignacio San Martín y Frederick Steiner)
Design with Nature Ian L. MacHarg (página 95)
De todos modos, antes de cualquier otra disquisición y aunque sea
con un retraso de cerca de dos años, no cabe sino felicitar una
vez más a la editorial y, en especial, al director de la
mencionada colección, el arquitecto Miquel Ruano, por lo que no
merece otro nombre que el de acontecimiento editorial. Un
acontecimiento, eso sí, que ha esperado a producirse nada más y
nada menos que ¡31 años!, coincidiendo casi con el reciente
fallecimiento, a la edad de 80 años, del propio autor del
bellísimo texto.
En efecto, la obra del arquitecto paisajista escocés Ian L.
McHarg fue publicada inicialmente en Estados Unidos en 1969, el
mismo año, por cierto, en que Nicholas Georgescu-Roegen publicaba
otro título imprescindible, La ley de la entropía y el proceso
económico (edición española de 1996, Fundación Argentaria), y en
el que Gregory Bateson contribuía también a esta fascinante
incursión por un continente epistemológico aún por explorar con
el famoso congreso Our Own Metaphor. No cabe duda de que aquel
fue un año de gracia para el nuevo paradigma ecológico.
Con respecto a este significativo retraso de más de tres décadas
en la publicación del libro de McHarg, es difícil resistir la
tentación de hacer referencia al prefacio de la edición francesa,
publicada en 1979, donde el responsable de la edición, Max
Falque, tras revelar que la traducción al francés estaba
terminada desde 1976, lamentaba la desidia y el desinterés
profesionales que habían retrasado la publicación definitiva.
¿Qué calificativos cabría aplicar entonces al mundo del
urbanismo, la ordenación territorial y las editoriales
especializadas en el caso español?
Lo cierto es que el libro ya está a la disposición del público
de nuestro país y que, desde su publicación, ya comienza a
extenderse su influencia como ocurrió previamente en otros
países, donde no tardó en convertirse en obra de referencia
ineludible para todos aquellos preocupados por el impacto de las
intervenciones humanas sobre el territorio y sobre la naturaleza
y en la obra inaugural del denominado environmental planning. De
hecho, las huellas de su influencia se detectan a su vez en otros
títulos seminales de las década posterior, como es el caso de A
Pattern Language/Un Lenguaje de Patrones de Christopher
Alexander, publicado originalmente en 1977, donde uno de los
primeros `patrones', el número 4, `Valles agrícolas', no
constituye sino la trasposición explícita de una de las ideas
fundamentales sobre el territorio expuestas por McHarg. En la
versión sintética de Alexander (quien remite al libro de MacHarg
---páginas 79 a 93--- para el desarrollo más amplio de la idea):
«La tierra mejor para la agricultura suele ser también la mejor
para la edificación. Pero su cantidad es limitada y, una vez
destruida, no puede recuperarse durante siglos», por tanto
«preserve todos los valles agrícolas como tierra de cultivo y
proteja estos terrenos de cualquier urbanización que destruya o
ponga bajo llave la fertilidad única del suelo». Recordemos que
el ambicioso intento de Alexander en la magna trilogía a la que
pertenece esta obra era el de identificar el «modo intemporal de
construir», aquellas pautas, conceptos y prácticas que han
trascendido las vicisitudes y especifidades culturales para
convertirse a lo largo de la historia casi en arquetipos a todas
las escalas de la creación del paisaje construido. Y este es
quizás uno de los elementos básicos a los que el texto de McHarg
debe su permanente fascinación: todo lo que en ella se expone
produce esa extraña sensación casi inaprehensible de
familiaridad, de claridad, de incontrovertibilidad que despiertan
algunas ideas arquetípicas. Como veremos a la hora de hablar de
la génesis del libro, cabría decir de una forma literal que,
remedando a los situacionistas, las ideas de McHarg ya `estaban
en el aire'.
De hecho, puede decirse esto incluso de lo que pasa por ser la
mayor aportación metodológica de la obra, el denominado overlay
mapping, o cartografía mediante superposición de capas de
información, a partir del cual y gracias al espectacular avance
de la herramientas informáticas, se desarrollaron los modernos
Sistemas de Información Geográfica. En efecto, las ideas que
rigen esta concepción metodológica son de una sencillez
apabullante y pertenecen también a una suerte de `sentido común'
arquetípico, cuya idea básica e incontrovertible es que es
preciso conocer la dinámica física del territorio en profundidad
para que las actividades que se sitúen en el mismo generen el
mínimo impacto y a la vez encuentren sus condiciones idóneas de
desarrollo. La representación de las diferentes características,
convenientemente valoradas mediante gradaciones cromáticas, sobre
hojas transparentes y su superposición para obtener nuevos mapas
útiles para la toma de decisiones, no constituye sino la
traducción técnica más directa y sencilla de esta idea. En
palabras de MacHarg: «Normalmente, los mapas de usos del suelo
e incluso, las propuestas de ordenación, muestran categorías de
uso amplias. Los mapas de este estudio se asemejan más a mosaicos
que a carteles... por buenas razones. Son el resultado de pedir
al terreno que manifieste aquellos atributos discretos que, al
superponerse, revelen una gran complejidad. Pero ésta es la
verdadera complejidad de la oportunidad y la limitación. Aún así,
nos pueden parecer caóticos, pero es sólo porque estamos
acostumbrados a la seca regularidad de la zonificación, porque
no estamos acostumbrados a percibir la verdadera diversidad del
entorno, ni a responder a ella en nuestros planes» (página 115)
No cabe duda de que estas aportaciones metodológicas no podrían
calificarse precisamente de revolucionarias ni siquiera en su
momento de publicación, pero si se piensa en la cartografía
básica y en las metodologías que siguen siendo habituales en la
ordenación del territorio, así como en el uso cada vez más banal
de los SIG, se revela con claridad dónde reside la carga de
profundidad que llevan implícitas: su rechazo inherente a la
consideración del suelo como una mercancía o, por decirlo en
términos marxistas, la consideración en un primer plano del valor
de uso del suelo sobre su valor de cambio.
Recurramos de nuevo a las palabras del propio McHarg:
«El determinismo económico como una forma de evaluación imperfecta del mundo biofísico es sólo una de las consecuencias de nuestro legado [occidental, judeocristiano]. Una deficiencia aún más seria es la actitud hacia la naturaleza y hacia el hombre, que emana de la misma fuente, y de la que nuestro modelo económico no es sino una de sus manifestaciones» (página 25)
La aportación de un magnífico abanico herramientas para
intervenir sobre el territorio desde una concepción del mismo
basada, por el contrario, en la diversidad, la complejidad y la
heterogeneidad, habría sido más que suficiente para otorgar al
libro de McHarg su merecida fama. Pero, si ésta se hubiera debido
tan sólo a ello, su destino habría sido sin duda el de muchos
otros libros otrora importantes en el campo de la ciencia y de
la técnica, que restan olvidados en sus pedestales de prestigio
una vez abierto el camino, pero cuyas páginas no vuelve a abrir
nadie, tal vez porque verdaderamente ya no es necesario.
El que esto no haya ocurrido con Design with Nature se debe a que
se trata de algo más que un libro científico o técnico. Escrito
en primera persona con un contagioso apasionamiento y en un
inglés jugoso, exuberante, riquísimo, lleno de las resonancias
arcaicas y cuasi-bíblicas de un Thoreau o un Whitman y de la
tensión poética de un Emerson, estructurado en un denso crescendo
narrativo que impide abandonar la lectura y en el que se
entrelazan armónicamente y con sentido del humor las experiencias
biográficas, las reflexiones filosóficas, las felices metáforas,
las exposiciones científicas, las propuestas técnicas y las
presentaciones de casos, constituye un texto absolutamente
insólito, un inigualable tratado de introducción a la ecología
y una auténtica obra maestra literaria que nos permite vislumbrar
una forma diferente de exponer los conocimientos científicos y
técnicos. La mera enunciación de su índice da una cierta idea de
la exuberancia de esta obra:
La ciudad y el campo
El mar y la supervivencia
La desolación
Un paso adelante
El reparto de papeles y la cápsula
La naturaleza en la metrópoli
Sobre los valores
Una respuesta a los valores
El mundo es una cápsula
Los procesos entendidos como valores
Los naturalistas
La cuenca del río
La región metropolitana
Proceso y forma
La ciudad: proceso y forma
La ciudad: salud y enfermedad
Perspectivas
Y es a este respecto donde hay que hacer la más grave, aunque
única, objeción a la por otra parte, muy cuidada versión española
de la obra, que Juan Luis de la Rivas, Ignacio San Martín y
Frederick Steiner han llevado a cabo a partir de la bella edición
gran formato realizada en 1992 por John Wiley & Sons con ocasión
del 25 aniversario de la misma.
A la hora de optar por cuál de las múltiples facetas de esta obra
inclasificable se debía situar en primer plano, los autores de
la versión española se han decidido por su caracter científico
y técnico, una opción que se hace explícita en una
bienintencionada nota introductoria titulada La traducción
española: una aventura de comunicación científica. Este título
indica muy claramente la voluntad de obviar uno los principales
retos que planteaba el texto original: su carácter simultáneo de
obra filosófico-literaria y científica, de prédica pasionada y
de manual esclarecedor.
El resultado, desafortunadamente, es una traducción aplicada,
voluntariosa, plana, incluso fatigosa, que no logra conservar
prácticamente ninguna de las cualidades que hacen del propio
texto una obra excepcional, más allá de su contenido. La voluntad
decidida de soslayar cualquier dificultad de traducción que no
sea estrictamente terminológica o científica, desfigura algunos
de los más hermosos pasajes del texto de McHarg y hurta al lector
español de muchos de los matices conceptuales del original. Se
podrían extraer innumerables ejemplos al azar de esta voluntad
pacata de sobre-explicar el contenido despreciando el estilo,
despojándolo por completo de la tensión enfática que lo
caracteriza:
Página 13:
Thus we can say: if you wish to find a location that is likely
to be flooded, then by all means fill in the marsh on either side
of the bay and build there...
(Por lo tanto, se puede decir que si se está buscando un
emplazamiento que se inunde con facilidad, entonces, y sin
ninguna duda, hay que llenar la marisma a ambos lado de la bahía
y construir allí.)
Página 138:
Stripping despoils large areas of land, leaving Bunyanesque
furrows of overburden
(La minería a cielo abierto inutiliza grandes áreas, dejando
surcos característicos formados por la sobrecarga)
Página 144:
This is a method by which the nature of the place may be learned.
It is because... and so, it varies. In its variety, it offers
different resources. The place must be understood. This is the
ecological planning method.
(Con este método se puede conocer la naturaleza del lugar, que
es diversa y que en su variedad ofrece diferentes recursos. Hay
que conocer en profundidad el lugar para utilizarlo y gestionarlo
adecuadamente. Este es el método de la planificación ecológica.)
La obra de McHarg merecía, sin duda, el talento de un traductor
literario inspirado y habituado a los intrincados matices de la
lengua inglesa que permitiera al lector español experimentar al
menos parte de la exaltación que produce indefectiblemente la
lectura del original. A este respecto, y recordando el origen
escocés del autor, no es baladí recordar lo que el escritor
británico Anthony Burgess decía sobre la `terrosidad' o
`carnosidad' arcaicas de la lengua inglesa que se escribe y habla
en Escocia, cuyo vocabulario la hace especialmente adecuada para
la traducción de la Biblia.
No obstante, los mismos ejemplos extraídos al azar del libro de
McHarg permiten comprobar que, en lo que se refiere al contenido,
al menos, ha existido una voluntad meticulosa de no traicionar
en absoluto el original.
Del mismo modo, resulta imprescindible la lectura de la muy bien
informada introducción a la versión española escrita por De las
Rivas, San Martín y Steiner, un texto erudito y denso de
información donde se repasa la peculiar biografía de Ian L.
McHargh (autor en 1996 de una autobiografía de significativo
título: A quest for life) y se enmarca su obra teórica y práctica
dentro del contexto histórico y disciplinar, haciendo cumplida
y necesaria mención a los debates y críticas despertados
inevitablemente por aquel profesional exuberante. De gran interés
son también las referencias a la influencia de McHarg en España
a través de un «pequeño grupo de especialistas» que tuvieron
ocasión de completar su formación en Estados Unidos, entre los
que destaca la figura pionera del maestro de ecólogos Fernando
González Bernáldez, de cuyo fallecimiento, por cierto, se cumple
este año (2002) el décimo aniversario (y de quien podríamos decir
también: ¿cuando va a empezar a ser familiar su nombre entre los
estudiantes de planeamiento y ordenación del territorio?).
En lo que respecta a la génesis y el contenido de Design with
Nature, la mejor fuente es la que ofrece el propio autor en su
Prefacio a la edición del 25 aniversario, que acertadamente se
ha incluido en la versión española, aunque la imagen que ofrece
Max Falque en su prefacio a la edición francesa resume también
de forma muy sintética el origen de la obra de MacHarg tanto como
su idiosincrasia. La escena refleja el ambiente de los cursos
organizados por el escocés en los años 60 y 70 en la Universidad
de Pennsylvania:
«Cada semana, en un anfiteatro donde se apretaban 300 estudiantes... y un número indeterminado de perros (muy populares aquellos años en los campus entonces contestarios), McHarg presentaba a una personalidad. Así es como se sucedieron nombres como Rene Dubos, Leónard Duhl, Le Ricolais, Lewis Mumford, Barry Commoner y muchos otros.
Tras volver a situarse entre los estudiantes en la segunda o tercera fila, McHarg se dedicaba a tomar apuntes aplicadamente. Así es como nació su reflexión, en medio de los estudiantes, escuchando a los hombres más eminentes»
En palabras del propio McHarg:
«Siempre me ha gustado tomar notas detalladamente en las conferencias y como a lo largo de doce años asistí, semana tras semana, a una media de tres, me encontré al final de este periodo con una cantidad de textos procedentes de las charlas impartidas por los mejores, o casi mejores, expertos en el campo del medio ambiente [una lista impresionante de nombres entre los que menciona, aparte de los ya señalados por Falque, a Paul Eherlich, Ralph Nader, Eugene y Tom Odum, Margaret Mead, Erich Frommm, Sir Julian Huxley, entre otros muchos]. Este material, junto con el resultado de las lecturas que realicé para preparar las conferencias, constituyó la base del presente libro.»
Esta confesión abierta y generosa de la deuda que todos tenemos
con las ideas de quienes nos preceden y nos rodean constituye
también una lección fundamental de McHarg y más si pensamos en
las prácticas cada vez más habituales en el mundo intelectual y
académico, donde, cuanto más aumenta el pillaje de la obra ajena,
más parece depender el valor de las ideas y de la propia obra de
una supuesta `originalidad'. Lo cierto es que el libro de McHargh
es un claro ejemplo de cómo el proceso de `compostaje' de las
ideas ajenas, y todas lo son, cuando se realiza sabiamente,
(podríamos añadir: dejando que se produzcan los adecuados
procesos de pirólisis espontánea y de filtración de lixiviados)
da lugar al más rico abono conceptual que imaginarse pueda.
En cualquier caso, a pesar de la declaración de humildad del
autor, es imprescindible recordar que no es sólo el discurso de
las ideas el que da forma al libro, sino que éste constituye
además un tratado metodológico y un catálogo de la aplicación de
dichas ideas a las más diversas escalas territoriales, mediante
la presentación de algunos de los más innovadores trabajos de
planificación ecológica realizados por McHarg con sus despachos
Wallace-MacHarg, Wallace-MacHarg, Roberts and Todd y con la
Universidad de Pennsylvania, desde el magistral estudio sobre las
dunas de la bahía de New Jersey, y el del trazado óptimo de la
autovía escénica de Richmond -donde presenta por primera vez el
método de solapamiento cartográfico-, hasta el ya mítico estudio
de la región de The Valleys de Baltimore, al que hacía referencia
Christopher Alexander, y los varios dedicados a la región
metropolitana de Washington, completando así un total de nueve
casos que demuestran hasta dónde pueden llegar las herramientas
de análisis e intervención si las ideas que las sustentan hunden
realmente sus raíces en la tierra.
Como hemos visto, son innumerables las lecciones que pueden
extraerse de este libro concebido en un momento fascinante, en
el que existía todo un paradigma por explorar, y en el que Ian
L. McHarg, dando prueba de un instinto y un lucidez insuperados,
supo internarse por este nuevo continente recurriendo para ello
a los guías más avezados.
Sumergirse en la lectura del cuaderno de bitácora de aquella
apasionada exploración, su libro Design with Nature, sigue siendo
un ejercicio imprescidible y una fuente inigualable de placer
intelectual y estético.
Mercè Piqueras
Barcelona (Spain), marzo de 2002.
Mariano Vázquez Espí
Ondara (España), abril de 2000.
Lynn Margulis, Dorion Sagan
(1986) Microcosmos. Four Billion Years of Evolution from Our
Microbial Ancestors.
(versión castellana de Mercè Piqueras, Microcosmos, Barcelona:
Tusquets, 1995)
He leído la reseña del libro Microcomsos que publicaste en la
dirección:
http://habitat.aq.upm.es/boletin/n12/n12lib.html
Quería comentarte algunas cosas en relación a dicha reseña.
También revisó la traducción alguien de Editorial Tusquets (creo
que fue Ambrosio Fernández, que luego tradujo ¿Qué es la vida?),
que realizó algunas correcciones con muy buen tino, pero que
estuvo a punto de transformar todos los DNA y RNA en ADN y ARN,
sin tener en cuenta que eso no es cuestión de lengua, sino de
nomeclatura bioquímica. (En obras posteriores de la misma
editorial he visto que no les importan las normas internacionales
de nomenclatura bioquímica y han optado por ADN y ARN.) De todos
modos, tras la publicación, aún detecté algunos errores y en
algún rincón de mi ordenador tengo un archivo con la fe de
erratas, que incluyo con el ejemplar del libro cuando regalo
alguno.
En cuanto a la participación de Jorge Wagensberg, su función
consistió en decidir que se publicase el libro; decisión que tomó
unos dos o tres años (¿o fueron cuatro?) después de que le
hiciésemos llegar el original americano. Es posible que el libro
quedase oculto bajo algún montón de revistas científicas, papeles
o más libros, ya que tuvimos que recordárselo con otro ejemplar.
Entonces la decisión fue r.pida.
En realidad, la gestación de la publicación española aún fue más
larga. Primeramente lo tuvo otra editorial que, llegado el
momento, no se atrevió a publicarlo porque temía no encontrar los
canales adecuados para su comercialización (es una editorial
dedicada principalmente a libros de texto universitario). Para
ellos hice una primera traducción, y algunos capítulos de la
copia en papel que les entregué ---y que luego no se econtró por
ningún lado--- contenían correcciones hechas a mano después de
consultar a Lynn Margulis. Al cabo de varios años, al imprimir
de nuevo aquellos capítulos para Tusquets, tuvimos que volver a
corregirlos.
Cordialmente,
Mercè Piqueras
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- Mercè Piqueras Apartat 16007 E-08080 Barcelona, Spain mpiq@retemail.es Què cal saber? Fulls lexicogràfics de la Societat Catalana de Biologia http://www.iec.es/scb/saber.htm -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
En primer lugar gracias por todos tus comentarios. También perdón
por el retraso en contestar, pero en el caso de mi buzón
particular, lo electrónico es más lento que lo postal (debido
fundamentalmente a la cantidad recibida).
«No es este ni el libro más reciente ni el mejor ilustrado de los muchos que han escrito estas personas, madre e hijo. Pero me ha impresionado. Hablar sobre él, como en una reseña típica, es innecesario. El libro habla por sí sólo. Bastarán algunos párrafos para que usted decida si le interesa...[1]». Aquí se habla correctamente de "madre e hijo". Sin embargo, en la nota n. 1 se dice: «Debe advertirse que la versión castellana no es una simple traducción. Las autoras pusieron especial cuidado en la producción de la traducción española realizada con la ayuda de Mercè Piqueras, Ricard Guerrero y Jorge Wagensberg.» O sea, que el hijo se convierte en hija. No es la primera vez que ocurre. ¿Quizás porque el nombre "Dorion" suena a los oídos latinos como nombre de mujer? (En la traducción italiana hablan también de las autoras.)
El resto de tus comentarios y precisiones son pertinentes, y no
me queda sino reconocer mi responsabilidad en los errores que
señalas.
Ahora tendría dos opciones: corregir la reseña o añadir tu
mensaje y esta respuesta en la sección libros de un próximo
boletín. Esto será lo que haga, sobre todo por una razón: aunque
en Internet parece que uno puede corregir lo que se le antoje y
cuando se le antoje, mi política editorial es considerar Internet
como de papel: no sólo porque a estas alturas existirán varias
copias impresas de la reseña que comentamos, también porque los
archivos de Internet deben tener historia y ésta no debe ser
manipulada.
Salud
Mariano Vázquez
Fecha de referencia: 16-07-2002
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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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